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24.- Daddies on TV.
Para mayo, Izuku estaba de 7 meses y su cuenta de Instagram estaba en el top 10 de héroes con mayor número de fans en Japón.
—Es una lástima que en la Hero Billboard Chart JP todavía estés 5 lugares por debajo del mío, nerd —le chanceó Katsuki, que categóricamente se había rehusado a la sugerencia de Kukawara para hacer lo mismo y competir con su propia cuenta.
En su opinión, bastaba y sobraba que de vez en cuando Izuku subiera alguna fotografía o video de él interactuando con Mahoro. En un inicio, Katsuki se había negado a participar en aquella charada e Izuku no había insistido en lo absoluto, pero luego de reunirse con Kirishima y el resto de la autonombrada Bakusquad para una salida a beber a un izakaya, su amigo le había comentado que las últimas encuestas habían demostrado que su personalidad inaccesible lentamente estaba cambiando hacia un héroe en quien se podía confiar y que tenía su instinto paterno justo en el punto exacto.
Así que Katsuki no había puesto pegas cuando Izuku capturó el momento exacto en que Katsuki se acostó en el sofá a ver las noticias y Mahoro caminó hasta él e intentó subirse para acompañarlo. Por si sola, esa fotografía rompió el record de likes en lo que iba del año, y le dio la vuelta al mundo como el prototipo de que ser héroes y compaginarlos con una familia era posible.
A Katsuki en realidad no le importaba demasiado su recién descubierta popularidad en las redes sociales. Salvo por un par de publicaciones a la semana, Izuku no sacaba su móvil o interrumpía su vida cotidiana en búsqueda del mejor ángulo, y el resto del tiempo continuaba siendo la mejor madre posible para Mahoro.
Tras el incidente con la anciana en el parque, las aguas poco a poco habían vuelto a su cauce, y Katsuki se había confiado que después de la intervención del equipo de publicidad en la agencia y ahora que el público volvía a estar de su lado su trabajo como héroe regresaría a ser lo que era antes, pero claro, eso era exceso de optimismo de su parte y Kukawara les tenía reservados algo peor.
—¿Qué demonios significa eso de que estaremos en vivo por televisión? —Gruñó Katsuki al teléfono apenas Kukawara les envió por correo a él y a Izuku la información pertinente.
Katsuki era del tipo que día y noche se mantenía alerta a cualquier llamado de la agencia porque nunca se sabía cuándo una horda de villanos quería destruir Japón hasta los cimientos, pero esa mañana que tanto él como Izuku tenían libre se fue directamente al garete no por un aviso similar, sino por un correo de parte de su publicista en la que les informó que tendrían también libre el siguiente día porque se había confirmado su participación en un show de amenidades.
—Pásame a Midoriya —pidió Kukawara sin inmutarse, más que habituada al carácter explosivo del héroe Ground Zero con el que lidiaba al menos una vez por semana.
Intercambiando con Izuku el móvil por Mahoro, Katsuki escuchó impaciente la mitad de la conversación en la que el nerd sólo dijo frases como ‘sí’, ‘ya veo’ y ‘entiendo’ como si estuviera dando su brazo a torcer antes siquiera de intentar zafarse de aquel compromiso.
Atenta a la expresión de su rostro, Mahoro le tocó la cara con su manita justo en medio de la frente, y Katsuki destensó los músculos que había contraído como si se preparara para una pelea.
—¿Abuwabab? —Inquirió Mahoro en su lenguaje de bebé, y a pesar de que sentía que ni de broma podría jamás declarar que era una traducción literal, Katsuki le respondió.
—Estoy bien, Maho-chan. Papá no está enojado contigo, ¿ves? —Se forzó Katsuki a sonreír no con su propia sonrisa, sino remedando una del idiota de Todoroki que en el pasado le había funcionado—. Es sólo que a veces los adultos tenemos que lidiar con otros adultos cuya capacidad cerebral es mínima y es frustrante, pero ya lo descubrirás por tu cuenta cuando seas mayor.
—Dawabu —dijo Mahoro, y Katsuki se contentó con abrazarla con más fuerza contra su pecho e intercambiar con ella esencias.
Izuku todavía habló por teléfono por casi 10 minutos más, y para entonces Katsuki había dejado a Mahoro en el suelo para que jugara con su última obsesión: Un tren de madera cuyas ruedas giraban formando una melodía de cuna.
—¿Y bien? —Preguntó Katsuki con desasosiego, e Izuku confirmó su peor terror.
—Kukawara apalabró nuestra aparición en un programa matutino de televisión.
—¡Al carajo! No vayamos.
Izuku suspiró. —No es tan simple como sólo no ir.
—¿De qué hablas? No es como si no pudiéramos ‘encontrar’ —enfatizó con comillas en el aire— una situación peligrosa con algún villano y que requiera de nuestra cooperación. Para efectos prácticos, yo golpearé a los villanos mientras tú te encargas del rescate y la evacuación. Seguro que así nos ganaríamos más puntos que tratando de jugar a las celebridades de pacotilla.
—Imposible. Kukawara organizó que unos internos nos lleven en automóvil, así que a menos que de pronto estalle una batalla campal en pleno centro de Musutafu estamos obligados a entrar al estudio y...
—¿Y? —Presionó Katsuki por más.
Izuku se encogió de hombros con desgana. —Francamente no lo sé. Sus instrucciones fueron que estuviéramos puntuales, que lleváramos a Mahoro, y que fluyéramos no como personas sino como familia.
—¡Carajo! ¿Y eso qué mierda significa? —Gruñó Katsuki, y por una vez Izuku no le riñó por su elección de lenguaje.
Claro quedó entre ambos que su publicista podía ser brillante, pero que también a veces podía ser tan críptica que les hacía doler la cabeza con sus estrategias.
—¡Chicos, que gusto verlos aquí! —Dijo una voz que en un principio Katsuki creyó que provenía de ningún lado en particular y se trataba de una broma, pero Izuku se giró hacia su derecha, y con mejor memoria que él por el tiempo que habían pasado en U.A. saludó a Tôru Hagakure. Alias la chica invisible por la que Katsuki jamás había sentido ningún interés durante sus 3 años de preparatoria para convertirse en héroes.
Con Mahoro en un brazo y la pañalera colgando de otro, Katsuki dejó que fuera Izuku quien se pusiera al día con su vieja compañera de clase mientras él examinaba el estudio de televisión en el que ese día participarían en un segmento de entrevista, al parecer hablando un poco de cómo compaginaban las 2 facetas de su vida en una y aclarar cierto malentendido respecto al estatus de su relación.
Kukawara había estado con ellos en el trayecto hacia el estudio de televisión y había hecho hincapié en ser ellos mismos y no tomar demasiado en cuenta la cámara. No en balde había elegido ese show matutino porque era aquel en el que su excompañera de clase trabajaba, y por primera vez la conversación entre ésta e Izuku despertó la atención de Katsuki cuando Hagakure explicó que en un principio había trabajado como guardaespaldas de una de las estrellas de otro show y que por su cuenta había tenido la oportunidad de participar frente a la pantalla por mera casualidad y a los ejecutivos les había encantado su desempeño.
Casi 2 años después tenía su propio show, y había sido de su cuenta propia que saliera la invitación para tener a Izuku y a Katsuki en su programa en un entorno de mayor intimidad que si se tratara de cualquier otro anfitrión.
A Katsuki no dejaba de parecerle irónico que fuera precisamente Hagakure la estrella en ascenso de la barra matutina de shows cuando después de todos esos años todavía no tenía ni la menor idea de cuál era su aspecto, pero al parecer en eso radicaba su encanto, pues se valía de su carisma para atrapar la atención del público y era reconocida como una celebridad menor capaz de guiar hacia buen puerto la narrativa de cualquiera que pasara por su set.
Al menos Kukawara había elegido bien, y Katsuki se sintió más a sus anchas cuando luego de unos minutos de ponerse al día con Izuku, Hagakure los llevó a su propio camerino y les prometió enviar a las chicas de vestuario y maquillaje para que los prepararan.
—Y una mierda, no usaré maquillaje —gruñó Katsuki, y Hagakure no se lo tomó a mal.
—Tendrás que hacerlo para no verte gris en la pantalla. Además, no es nada extremo. Sólo un polvo para matizar la grasa y el sudor.
—¡El jodido sudor es mi quirk, chica invisible! —Replicó Katsuki, y en su brazo registró un golpe juguetón.
—Te lo encargo, Midoriya —dijo Hagakure a Izuku, y éste prometió poner a Katsuki en regla.
Katsuki habría querido mantener su negativa hasta el final para participar en aquel circo, pero ni un par de minutos después su camerino se llenó con un grupo de personas que trabajando con habilidad y en coordinación los separaron en 3 grupos bien definidos.
Izuku se mostró aprensivo por tener que dejar a Mahoro al cuidado de 2 chicas que elegían en esos momentos entre media docena de cambios de ropa, pero pronto tuvo que centrarse en sí mismo cuando él tuvo delante una cantidad todavía mayor de opciones para vestirse. Katsuki tampoco se quedó atrás, y pronto comenzaron con los preparativos para salir al aire.
A favor de la televisora Katsuki al menos tuvo la tranquilidad de que Mahoro estaba en buenas manos y las personas encargadas de él e Izuku tomaron en cuenta su opinión vetando colores o ciertas prendas. Izuku fue el primero en quedar listo con un atuendo casual pero a la vez moderno que hacía resaltar sus músculos mucho más de lo que sus prendas holgadas y deportivas hacían con normalidad. El corte era especialmente diseñado para omegas, y hasta Katsuki tuvo que reconocer que se veía increíble.
Él por su cuenta vistió con pantalones de vestir y una camisa que por insistencia suya se arremangó por encima de los codos y que las chicas de vestuario catalogaron como buena idea antes de ofrecerle un chaleco en vibrante color rojo que combinaba con sus ojos.
Para Mahoro escogieron un vestuario que combinaba con los colores del de ambos padres, e Izuku sacó su móvil y tomó un par de fotografías con ella sonriendo a la cámara.
—Oh, olvidé preguntarlo: ¿Puedo compartirlas?
—Por supuesto, Deku-san. Y no olvide utilizar su propio hashtag del show: #WonderDuoEnStealthShow.
Con 5 minutos de tranquilidad antes de tener que salir al plató, Katsuki se sentó en un sofá y agachando la cabeza entrelazó las manos sobre su nuca.
—¿Nervioso?
—... un poco.
—Estaremos bien, Kacchan —dijo Izuku al posicionarse frente a él, y despacio levantó Katsuki la cabeza.
—Lo dices demasiado convencido de ti mismo, y claramente recuerdo lo rígido que estabas durante tu primera entrevista.
—Seh, Kirishima pensó que estaba imitando su quirk —sonrió Izuku al recordarlo—, pero he mejorado. Ambos lo hemos hecho.
—Ya.
—Lo digo en serio. Estoy seguro que esta vez no harás explotar los micrófonos que te acerquen al rostro.
—Argh. —Katsuki hizo una mueca—. Una vez, sólo una vez hice eso y me lo recordarán hasta el fin de mis días...
—¿Sólo una? Mmm, yo puedo recordar al menos 3 ocasiones diferentes cuando-... ¡Oh!
Tirando de Izuku, Katsuki lo hizo sentarse en sus piernas, y éste no perdió tiempo en rodearle los hombros con sus brazos y acercar sus rostros hasta que la punta de sus narices se tocaron.
—Si me besas, arruinarás el maquillaje.
—No me importa, nerd.
—Uh-uh... —Confirmó Izuku que a él tampoco, y al menos por unos cuantos minutos, compartieron de ese ritual tranquilizante entre ellos antes de salir en vivo.
A consideración de Katsuki, la estrella de la entrevista fue Hagakure guiando las preguntas que les realizaba hacia derroteros favorables para ellos. En ningún momento se inmiscuyó en asuntos que Katsuki se habría negado a responder por principios, fue graciosa, los hizo participar a su manera, y en general fue una anfitriona educada que incluso consiguió arrancarle un par de comentarios ingeniosos, ninguna palabrota, y que se ganó a Mahoro con 2 peluches de Ground Zero y Deku que el staff había preparado para ella.
Horas después, Katsuki revisó por su cuenta la transmisión en línea del show, y se prometió a sí mismo que sin falta le enviaría flores a Hagakure por el favor que les había hecho, porque apenas terminar con el programa Kukawara había llamado para hacerles saber que eran tendencia en Japón con 8 de los 10 hashtags disponibles, y que en absolutamente todos ellos eran las estrellas.
—Y si me lo preguntas —dijo Izuku entrando a su habitación luego de salir de la ducha y revisado que Mahoro continuara durmiendo en su cuna—, la fama está bien, pero prefiero mi trabajo como héroe.
—¿Qué, cero ofertas para co-protagonizar con Hagakure en su show? —Le chanceó Katsuki desde la cama, dejando su móvil sobre la mesita de noche y levantando las mantas para que Izuku se metiera con él.
—No bromees con eso. Estar en el ojo público es divertido, pero prefiero el anonimato.
—Mmm, tan sólo esperemos que eso sea una posibilidad después de que nazca el bebé #2 y el interés el público por nuestra familia crezca de manera exponencial.
—Jo, espero que no.
—Esperemos que no —confirmó Katsuki, agradecido de que Izuku se acostó dándole la espalda y con insistencia le tomó del brazo y se rodeó con él su abultado vientre de 7 meses.
De momento y al menos por ahora, Katsuki no podía pedir nada más.
Era feliz.
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