Chapter 1: Evolución Sin Nombre
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Dormía plácidamente en su cama como si nada pudiera interrumpir su sueño, pero la luz del sol que entraba por la ventana llegó a su rostro y le hizo abrir poco a poco los ojos. Fue en aquellos instantes en los que se encontró con el rostro de alguien familiar a quien conocía de un largo tiempo, el rostro de alguien que le miraba fijamente.
- Buenos días, dormilón. – Le saludó Free de la Hoya, apoyando sus brazos en la orilla de la cama, y su cabeza encima. Había estado observándole desde vete a saber cuánto tiempo… era uno de los tantos malos hábitos que poseía el rubio.
- ¡¡AAAAAH!! – Valt se llevó el susto de su vida, retrocediendo y cayendo de espaldas dándose un buen golpetazo. Free se puso de pie, asomándose. – Ay… qué daño.
- Vaya qué despertar más tranquilo tienes.
- ¿Y qué te esperas?! ¡Es tu culpa! Odio esa mala costumbre que tienes… - Dijo.
Free se acercó a él, pasando por el lado de la cama y ofreciéndole su mano para ayudarle a ponerse en pie. Fue en ese momento, cuando ambos volvieron a cruzar miradas, que Valt se percató de unas notables ojeras en el que era mayor que él por dos años. Justo acababa de acordarse de que llevaba tres días durmiendo solo en aquella habitación porque Free empezó con la evolución de Drain Fafnir con la ayuda de Raúl, el actual entrenador del BC Sol desde hacía poco más de un año y medio.
- ¿Cómo ha ido? – Preguntó el pelinegro sin quitarle los ojos de encima al rubio, quien inclinó la cabeza.
- ¿El qué?
- La evolución de Fafnir, por supuesto.
Free pareció pensarse muy mucho si contestar o no. Valt sujetó sus brazos, contemplándole con aquella insistencia con la que de la Hoya ya se había familiarizado bastante. Le dio por esbozar una pequeña sonrisa, sorprendiendo al más bajito.
- ¿Te apetece verle? – Free rompió su silencio.
- ¡Oh pues claro! – Accedió todo motivado.
El otro asintió y abrió su armario donde cogió una pequeña caja. Valt se sentía impaciente y nervioso tratando de imaginar cuánto habría cambiado el bey de su mejor rival. Pero eso no duró mucho. En pocos minutos, Free le mostró a Fafnir y Valt se quedó boquiabierto por la nueva apariencia del inseparable compañero de beybattles de Free. Nada más mirar a Fafnir pudo percibir que su poder había crecido considerablemente, pero, mirando a su dueño se percató de que… ¿No estaba tan feliz como debería? El japonés no comprendió esa seriedad.
- Fafnir luce genial, ¿Te ha costado mucho repararlo?
- Raúl me echó un cable. – Contestó y miró a Fafnir. – Recuerda que te dije que la evolución de Fafnir era complicada, tanto que he necesitado dos noches y tres días enteros. – Y se notaba que se sentía agotado. Su cara lo decía por él.
- ¿Entonces cuál es el problema? Ya puedes volver a practicar beyblading como antes.
- Me temo que no.
- ¿Eh? – Alzó las cejas sin comprender.
- Fafnir ha mejorado tanto que necesita un nombre nuevo, aparte de eso hay muchas cosas que ya no son «como antes» - recalcó con cierto retintín. – Debo practicar con él y averiguar su nuevo funcionamiento y cómo se desempeña según la situación.
- ¡Perfecto! ¡Valtryek y yo te podemos ayudar! – Exclamó entusiasmado, pero Free mantuvo su seriedad e incluso pareció algo más triste. – Oh venga no pongas esa cara. Si yo fuera tú estaría dando saltos de alegría porque mi compañero hubiese sido capaz de hacerse más fuerte, ¡Y sé que Fafnir lo será todavía más que ahora!
- Parece que todavía no lo comprendes, Valt. – Free devolvió su vista en Fafnir. – Creí que ya lo sabrías, pero… cuando un bey se hace más fuerte que su blader resulta imposible manejarlo.
- ¿Qué? – Eso lo puso pálido. - ¿Quieres decir que Fafnir es… más fuerte que tú?
- En cierto modo sí. – Contestó, provocando que Valt no pudiera entender a qué se refería. – Tengo que practicar con él para saber mejor la nueva condición de Fafnir.
- ¡Pues estupendo! ¡Valtryek quiere un poco de acción así que cuando tú quieras!
- No servirá de nada decirte que no, ¿Verdad?
- ¡Ja, ja, ja! ¡Cómo lo sabes, colega!
Free mantuvo su mirada sobre Valt y terminó suspirando entre el aburrimiento y la resignación. El japonés sólo se rio, antes de invitarle a ir a desayunar. Free contempló la caja, antes de aceptar la propuesta de Valt con quien se fue al comedor del club después de dejar a Fafnir en el armario. Para cuando llegaron ya se oía el escándalo de algunos miembros del equipo como Rantaro y Silas que ya le daban al tema de quién de los dos era mejor blader y poniendo a Kuza en medio del asunto. Valt intervino a tiempo, pero para qué si la situación no mejoró. Free se sentó después de que Anch le diera su desayuno tras un alegre recibimiento, para después mantenerse al margen de la disputa entre el grupito de amigos del que no se sentía parte todavía.
Le era muy fácil ignorarles a todos, incluso cuando Silas trataba de meterle en el follón.
Poco después apareció Christina que se rio nada más ver la situación. Pero le gustó ver que Free empezaba a relacionarse más con el resto. Raúl y Trad también estuvieron ahí al tiempo que Sasha mandaba a callar tanto a Rantaro como a Silas para tener un poco de paz y es que la pobre se había agobiado de tantos comentarios sin sentido. Eso hizo que Free pudiera respirar más relajado, ya que en más de una ocasión la comida se le había atragantado. Silas se encaró a Sasha, pero no por mucho tiempo pues no quería pelearse con ella a sabiendas que acabaría recibiendo un comentario por parte de su compañera que lo dejaría en jaque mate.
- Parece que las gallinas se han calmado… - Le dio por decir a Free.
- ¿Cómo que gallinas? – Se indignó Silas mirándole molesto.
- Con el escándalo que habéis montado incluso antes de que llegáramos Valt y yo…
- ¡¿Disculpa?! – El enfado de Silas sólo empezaba a volver a crecer. – No sé quién es al que le da por desaparecer de aquí y luego actuar como si nada.
- Oh vaya no lo sabía… - Salió el sarcasmo del rubio.
- Es verdad, no te hemos visto en tres días. ¿Qué has estado haciendo? – Ya fuera un golpe de suerte o no, Rantaro, quien ya se había calmado, intervino con una tranquilidad que hizo efecto en el mal ambiente creado por el malhumor de Silas.
– Se limitó a decir tras encogerse de hombros y seguir engullendo la comida.
Los comensales que compartían mesa intercambiaron miradas, cada cual más sorprendido. Empezaron a soltar comentarios, pero Free pasó olímpicamente de ellos, más centrado en su desayuno. Los ejercicios de cada mañana abrían su tremendo apetito. Sasha contempló al rubio con sumo interés por saber su nuevo alcance de poder y es que ella creía que Fafnir no podría seguir haciéndose más fuerte debido a su altísimo nivel como bey… pero al parecer no era así y todavía le quedaba espacio para seguir evolucionando, justo como Valtryek.
- Pues no me voy a quedar con las ganas. Tú y yo vamos a tener una revancha, Free. – Le desafió Silas, señalándole con el dedo.
- ¡EEEH! ¡Primero voy yo! – Se quejó Valt.
- ¡Ni hablar! ¡Poneos a la cola, tardones! ¡Yo seré el primero! – Intervino Kuza con su buena confianza.
- ¡¡Eh, no ignoréis al Amo!! ¡Vosotros no estáis a la altura así que dejad que se encargue este profesional de aquí! – Se señaló a sí mismo.
- ¡Jah! ¡¿Profesional?! ¡¿Quién, tú?! – Se burló Silas. – Ni siquiera has conseguido dominar a tu bey desde que Free te echó una mano con su pequeña modificación, ¡Así que no te des tantos aires, Kiyama!
- ¡¿Quieres que te demuestre que puedo hacerte pedazos?! ¡Así de paso te bajo los humos, que estás muy gallito!
- ¡Eh Free! ¡Di contra quién quieres pelear! – Dijo Kuza mirando directamente al rubio que había estado comiendo y manteniéndose al margen de la conversación.
Eso hizo que los cuatro bladers restantes de la mesa pusieran sus ojos sobre el aludido que alzó sus ojos para observarles con la cuchara en la boca y con una expresión que por sí misma ya decía que no se había enterado de absolutamente nada de la disputa que acababa de tener lugar. Cada uno lucía de lo más impaciente por saber una respuesta que no llegó ni en los próximos cinco minutos en los cuales Free inclinó la cabeza y permaneció quieto.
- ¡¿Qué te pasa?! – Habló Silas. - ¡¿Vas a quedarte ahí como un pánfilo?! ¡Di algo!
- ¿Qué hay que decir? – Respondió.
Entre los cinco volvieron a intercambiar miradas sólo para caer al suelo a lo más puro estilo anime.
- Pues a quién eliges para combatir, está claro. – Le dijo Sasha.
- Hm… - Hizo Free de forma pensativa. – Hoy no me apetece. Quiero tomarme un descanso después de tres días currando…
- ¡Oh venga ya! ¡No seas aguafiestas! – Protestaba Silas. - ¡Me debes una revancha y lo sabes!
- Silas… - Quiso intervenir Valt.
- ¡La última vez fue hace muchísimo y perdí de manera humillante! ¡Así que dame la revancha, Free!
- Silas espera… - Valt lo intentó de nuevo.
- Lo siento, pero va a ser que no. – Respondió Free con toda la simpleza del mundo.
Silas iba a decir algo más, pero Sasha y Rantaro le frenaron a tiempo. Eso sirvió para que Valt no tuviera que convencer a su compañero de combatir contra el rubio, al menos hoy. Pudieron seguir desayunando con calma, pero a ninguno les faltaba un tema de conversación y menos entre Kuza y Valt. Esos dos tenían cientos de anécdotas por contar e incluso cuando ya se cansaban del asunto se ponían a hablar de cualquier otra cosa como beys, beyblading, rivales… o bromear con Rantaro y meterse con su forma de vestir sólo para pasar el rato. Free fue el primero en terminar de comer, que llevó la bandeja para que Anch se ocupara del resto después de dar las gracias y largarse de allí en un santiamén.
Valt y Silas le perdieron de vista.
- ¿Cómo habrá sido la evolución de Fafnir? – Preguntó Kuza incapaz de quedarse quieto en su asiento. Su cacatúa Karl estaba sobre su cabeza.
- No lo sé, pero tengo ganas por saberlo. – Sonrió Sasha, que en parte lucía nerviosa por ello.
- Su apariencia ha cambiado bastante así que creo que ahora es todavía más fuerte que antes. – Añadió Valt, acaparando la atención.
- ¡¿Eeh?! – Sus compañeros le miraron automáticamente. Silas era el más impresionado.
- ¡¿En serio?! – Pero a Kuza le brillaban los ojos.
- Sí. – Valt asintió, más serio en comparación.
- Por tu cara puedo deducir que has percibido el alcance de su fuerza actual.
En parte, es sólo que… - Miró la puerta de entrada del comedor, dirección por la que Free se había ido. – Free me dijo que necesita practicar para conocer las nuevas habilidades de Fafnir. Incluso mencionó que le pondría un nuevo nombre.
- ¿Tanto ha cambiado para cambiar su nombre? – Preguntó Sasha.
- ¿Y qué te esperas? – Habló Silas, dando un bocado al pan. – Cuando un bey evoluciona tanto necesita un nombre acorde con ese cambio.
Ellos se quedaron pensativos, pero no por demasiado tiempo. Valt y Kuza terminaron de desayunar y enseguida se retaron mutuamente para ir a practicar. Rantaro fue tras ellos pocos minutos después. Silas y Sasha quisieron tomárselo con más calma ya que el día tenía muchas horas para ir deprisa y corriendo a matarse en un entrenamiento. Por su lado Christina abandonó el comedor para ir al despacho, revisando en su portátil la bandeja de su correo electrónico y volviendo a poner aquella cara preocupada que llevaba días expresando.
Chapter 2: ¡Ánimo Roktavor! ¡El Desafío de Free!
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El email que había recibido era de suma importancia, pero todavía no tenía ni idea de cómo podría avisar al mejor blader del mundo para anunciarle lo que ocurría. El que sí le sorprendió fue Raúl nada más aparecer por la puerta repentinamente.
- Oh, Raúl qué sorpresa.
- He, he. Vi que te ibas con mala cara y supe que algo iba mal, así que por eso he venido.
- Ah… ¿Tanto se me nota?
- A leguas. Vamos, puedes contármelo si quieres. – Se acercó a paso relajado, con las manos en la espalda.
- Es esto. – Giró el portátil.
Raúl contempló un mensaje que la dueña del BC Sol había recibido. Pero lo que más le impactó no fue el contenido en sí sino la persona que lo había enviado: Lui Shirosagi, el segundo al mando del equipo formado por los Cinco Grandes en el mundo del beyblading, o lo que era lo mismo: los cinco mejores bladers del mundo, siendo Free de la Hoya su líder oficial. Raúl miró a Christina empezando a ver la raíz del problema y es que le bastaba con observar la cara de la joven para conocer el origen de su desasosiego.
- No se lo has dicho todavía, ¿verdad? – Preguntó directamente. Christina suspiró, negando con la cabeza. – Han pasado cuatro días, deberías habérselo contado ya. No creo que Lui esté dispuesto a esperar mucho más por una respuesta.
- Es que me preocupa cómo pueda reaccionar Free. Él no se siente cómodo con los Cinco Grandes.
- Recordemos que es quien está al mando de ese equipo y debemos tener presente que esos cinco bladers están para proteger el beyblading. Que Lui haya contactado contigo significa que algo pasa. Ya sabes cómo es ese chico.
- No, créeme que no. Aquí quien le conoce mejor…
- Soy yo. – Intervino una voz.
Raúl se giró al tiempo que Christina tragaba saliva. Free acababa de hacer acto de escena, con esa cara pasota de siempre pero obviamente parecía haber escuchado parte de la conversación. No tuvo que pedir permiso para terminar de entrar en el despacho, dejando que la puerta se cerrara detrás de él. Con calma se puso frente a Christina, mirándola fijamente y poniéndola nerviosa a ella, algo que no se le pasó por alto al muchacho.
- Creí que descansabas. – Habló Christina después de unos tensos cinco minutos de puro silencio.
- No tenía sueño. – Respondió con toda la simpleza del mundo. – Bien, ¿Qué pasa? Estás muy seria.
- Uh… no es nada…
- Yo creo que deberías decírselo, Christina. – Intervino Raúl como la voz de la razón. – Es algo que tiene que saber y no servirá de nada que lo aplaces para luego. Será peor si dejas que suceda de la otra manera.
Ella no respondió, sino que se lo pensó una y otra vez bajo la atenta observación de Free que permanecía expectante queriendo conocer la situación de la que Raúl hablaba y de la que no estaba al tanto. Si tenía algo que ver con el BC Sol entonces era importante, ¿Pero y si era algo… más serio que eso?
- ¿Vas a estar callada todo el rato o me vas a contar qué pasa? – Insistió Free, harto de tanto aguardar. Eso puso en aprietos a Christina. – Si lo prefieres puedo averiguarlo yo, no tengo ningún problema. – Soltó sin tacto alguno, y su tono de voz demostraba su creciente irritación.
- Es mejor que lo mires por ti mismo. – Le acercó el portátil.
Free pareció dudar unos instantes muy breves antes de acercarse a ver lo que había en la pantalla. Ninguno de sus dos interlocutores fue capaz de distinguir alguna emoción en particular en su rostro desde el momento en el que empezó a leer el mensaje. Christina temía bastante la reacción del rubio, ya que todo el mundo conocía lo impredecible que era el muchacho. El hecho de que mostrara esa calma puso en tensión a la dueña del BC Sol. Free era como una bestia dormida que simplemente arremetía de manera repentina, causando un gran alboroto a su alrededor antes de que todo volviera a la normalidad, dejando siempre una huella latente de sus acciones. Por eso se sentía incómoda.
- ¿Qué opinas? – Preguntó Raúl mirando al joven.
- Creí que me avisarías. – Free posó su vista sobre su amiga de la infancia, quien para él era como su hermana mayor. – Han pasado cuatro días, ¿Cuándo ibas a contármelo?
- Esperaba el momento oportuno… Nunca has reaccionado bien con la mera mención de los Cinco Grandes.
- Porque no me interesa ser parte de ellos.
- Pero aun así lo eres. – Intervino Raúl una vez más. – Es algo que no puedes ignorar. Lo que hay que hacer es responder al mensaje de Lui por si acaso y prepararnos para su llegada.
- ¿Crees que sea lo mejor?
- Eso nos quitará una preocupación de encima. Además, estaría bien tener en cuenta la posibilidad de que esos cinco bladers quieran reunirse aquí.
Free no puso buena cara. Se veía de lejos que todo esto le había enfadado pues no hacía ningún esfuerzo por ocultar su enojo reflejado en su rostro. A él siempre le había dado igual lo que pensaran los demás de su persona. Christina le miró e intentó decirle algo cuando observó en silencio que Free ponía sus manos en sus bolsillos para darse la vuelta y largarse de allí. Raúl logró que ella se mantuviera callada con un simple gesto que la muchacha entendió a la perfección. Era mejor dejar ir al rubio. Bastaba con soltar alguna palabra para provocar una muy mala contestación de su parte ya que en eso Free era todo un experto. ¿Herir los sentimientos del resto? Eso se le daba demasiado bien, pero sólo Christina era conocedora del motivo real tras toda esa intransigencia.
Aún gracias que se iba sin decir nada, sólo por respeto a ella.
Christina se dio prisa en contestar el mensaje ahora que Free conocía la noticia. Desde que había hecho a Raúl el entrenador oficial del equipo todo había ido a mejor pese a los altibajos. Dudaba mucho que con Free dentro del BC Sol eso fuera a cambiar. Christina sabía que Free respetaba a Raúl sólo porque este último había sido el rival más fuerte de Jinbei, el abuelo de Christina. Después de aquello, ella se ocupó de otros asuntos que habitualmente la mantenían ocupada y es que mantener a un equipo de bladers no era nada fácil. Raúl la dejó sola para entretenerse con los jóvenes miembros del BC Sol, acabando en el gimnasio donde Valt y Kuza parecían llevar rato ahí junto a Rantaro al que ayudaban a mejorar con Roktavor.
- Venga Kuza, una vez más.
- ¡Por supuesto! ¡Venga Karl, anima tú también! – Miró a su cacatúa.
- Es hora del duelo, hora del duelo. – Decía el pájaro revoloteando alrededor de los chicos.
- Veo que estáis pasándolo bien eh, ¡Hi, hi, hi! – Habló Raúl acercándose a paso relajado.
- ¡Hola Raúl! – Saludó Valt. – Estamos echándole una mano a Rantaro. Poco a poco parece que va mejorando con Roktavor.
- Eso sin contar con las veces que ha explotado solo, ¡Ja, ja, ja!
- Qué cruel eres recordándomelo… - Lloriqueaba el rubio.
- Me sé de uno que como te viera así lo sería todavía más.
La cara de Rantaro enrojeció rápidamente al saber perfectamente a quién se refería Kuza. Para algunos no era un secreto que los sentimientos de Kiyama por cierto rubio del Sanbat United eran demasiado obvios y más teniendo en cuenta que ambos eran tal para cual con esas absurdas discusiones que dejaban mucho a la imaginación. Sasha muchas veces había hecho alusión al famoso refrán que decía así: «los que se pelean, se desean», metiendo más cizaña al asunto. Pero Rantaro trataba de centrarse en Roktavor teniendo muy presente que Free le había dado un desafío para obligarle a subir su nivel como blader.
- Veo que lidiar con la fuerza de Fafnir no es nada fácil para Roktavor. – Dijo Raúl mirando el bey del muchacho.
- Free no iba en broma cuando me dio esa advertencia…
- ¿Qué te dijo exactamente?
- Pues…
***
- Sólo te daré un consejo. – Dijo Free. – Fafnir es un dragón obstinado y ambicioso. Hasta que Roktavor y tú no sepáis corresponder con la misma determinación no podréis dominar la fuerza que os acabo de otorgar. Tened cuidado.
***
- Eso fue lo que dijo. – Terminó de contar Rantaro.
Raúl se llevó la mano a la barbilla, pensando. Kuza y Valt cruzaron miradas, el primero sin saber qué se le estaba pasando por la cabeza al anciano. Rantaro era el que menos se estaba empanando del asunto en general. Ni siquiera sabía cómo desenvolverse en todo este jaleo en el que Free le había metido desde que había arreglado a Roktavor. Y repentinamente Raúl se echó a reír.
- No es tan difícil saber qué es lo que Free quiere de ti, Rantaro.
- ¿Cómo? ¿Tú lo sabes? – Preguntó Kuza.
- ¿No os habéis dado cuenta? – Sonrió Raúl. – Free es el mejor blader del mundo y siempre hace hincapié en el vínculo entre el bey y su blader. ¿Por qué creéis que Fafnir es tan poderoso?
- ¡Ah…! – Valt abrió los ojos, captando el mensaje.
- ¡Así es! ¡El bey se nutre especialmente de los sentimientos de su blader, no sólo de la energía que le es transmitida! Lo que Free quiere que aprendas es a vincularte con el espíritu dentro de tu bey, darte una pequeña porción de la fuerza que poseyó Fafnir en su primera evolución es sólo un empujón para lograrlo.
- Oh vale, ahora lo entiendo mejor. ¡Pues le demostraré a ese tío frívolo quién es el Amo aquí!
- ¡Así me gusta, Amo! ¡Venga! ¡Vamos a practicar tú y yo ahora! ¡Kuza, quédate descansando, haciéndonos de árbitro!
- ¿Hablas en serio? Porque no quiero quedarme al margen de la diversión, ¡Así que me apunto también! – Protestó el aludido.
- ¡Eh venga ya! ¡Tú has tenido tu rato con Rantaro, ahora me toca a mí!
- ¡No seas avaricioso, Valt! ¡Tienes que compartir el tiempo con tus colegas!
- ¡Y ya lo hago!
- ¡Ni en tus sueños!
Raúl se rio a carcajada limpia viendo esa discusión taaaaan típica de dos buenos amigos. Le recordaba a su juventud cuando Jinbei y él hacían lo mismo, perdiendo la noción del tiempo como dos buenos tarugos hambrientos de una buena batalla, pero sin querer ceder sólo por mera obstinación. Rantaro intentaba poner paz, pero los otros dos le mandaban a callar en cero coma segundos, pero al final fue quien puso orden pegándoles un chichón a cada uno. Raúl se lo pasaba bomba siendo testigo de una escena así, y recordó que no tenía nada que ver con la tremenda seriedad de Free De La Hoya a quien no había visto estar en una situación de este tipo hasta el momento, aunque tampoco era algo que le extrañara mucho. Conocía perfectamente cómo el mundo del beyblading llegaba a oscurecerse una vez llegabas a la cima donde la única ley que existía era la del más fuerte. Por eso Free era cruel, porque de esa forma sobrevivía entre tantos peces gordos dentro de este deporte… peces gordos como Lui y el resto de los integrantes que formaban los Cinco Grandes.
El anciano ya imaginaba que lo único que estaría haciendo De La Hoya sería dar vueltas por el bosque en compañía de aquel ciervo que Jinbei crio personalmente junto a su nieta y el rubio.
- ¡Aaah! ¡Pero qué desastre! – Se quejaba Kuza al ver cómo los tres bey terminaban sufriendo un final explosivo simultáneo.
- ¡Valtryek!
- ¡Roktavor!
Los otros dos recogieron a sus preciados compañeros, así como Kuza a Cognite. Se habían tirado un largo rato entrenando sin muchos cambios por parte de Roktavor, el cual seguía mostrando dificultades para manejar la fuerza de Fafnir. Es como si el dragón dorado se negara a ceder su poder tan fácilmente, pero bueno, Rantaro ya estaba al tanto de ello gracias a la advertencia de Free. Debía trabajar duro y hacer más estrecho su vínculo con Roktavor, sólo así lo lograría. Valt y Kuza estaban a su lado para echarle una mano, los tres sabiendo perfectamente que en una condición así Rantaro no podría presentarse ante una batalla… o eso es lo que ellos creían.
La hora del almuerzo se les pasó volando, yendo directamente al baúl del olvido. Yacían tan centrados en su entrenamiento y en echarle una mano a Rantaro que ni pensaron en ello, sobre todo Valt con ese tremendo entusiasmo. Raúl se había quedado sentado en una de las gradas del gimnasio viéndoles practicar sin descanso. Al final los tres acabaron agotados después de tantos lanzamientos y sentados en el suelo, sudando por el esfuerzo que habían hecho. La risa de Raúl se escuchó por allí en el fondo. Valt miraba el techo del edificio.
- Eh chicos… ¿Soy el único que se muere de hambre?
- Qué va… - Respondía Kuza.
- Más quisieras… - Rio Rantaro. – Oh, me apetece comer pan de bey de tu madre, Valt.
- Uh… pan de bey… - Repitió el aludido. - ¡¡Eso es, pan de bey!! – Se reincorporó. - ¡A lo mejor Anch tiene algunos hechos!
- ¡Sí, sí! ¡Vamos a preguntarle! – Se animó Kuza. – Raúl, ¿Tú te quedas aquí?
- Os seguiré dentro de un ratito, id tranquilos.
- ¡Venga va! ¡El último que llegue es un perdedor! – Valt salió corriendo.
- ¡Eh, no se vale empezar la carrera sin avisar! ¡Par de tramposos! – Protestaba Rantaro detrás de sus dos amigos.
Raúl volvió a reírse con ganas. Le resultaba demasiado divertido ver cómo eran los jóvenes del BC Sol, sobre todo Valt. Ese chico desbordaba de entusiasmo por todas partes y siempre alteraba al personal con su potente energía, y era lógico dado lo hiperactivo que llegaba a ser. Por esos sus compañeros se animaban tan fácilmente gracias a él. Pero obviamente la única excepción era Free De La Hoya y aunque eso pudiera extrañar a todo el mundo, para Raúl era algo muy normal. Estar en la cima del beyblade tenía sus consecuencias, pues él mismo les llegó a explicar a los chicos que un blader no podía permitirse el lujo de dejarse influenciar por sus emociones y que eso a la larga resultaba en una actitud fría e impasible.
Pocos entendían el complejo significado de ser el mejor blader del mundo.
Chapter 3: ¡Amasando pan! El primer beso de Valt
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Valt y sus dos amigos llegaron al comedor, corriendo hacia Anch a la que asaltaron con preguntas sobre si tenía pan de bey y si podría hacer más para ellos. La mujer soltó una gran carcajada, prometiéndoles que haría unos cuantos para ellos para recompensarles el trabajo duro. Eso los animó tanto que lo celebraron. Esperaron en unas sillas sentados, pero Valt decidió ir a ducharse primero dejando solos a Rantaro y a Kuza. Pasando por el pasillo de los dormitorios, Valt se acordó que Cristina todavía no había solucionado el tema de aquella habitación permanentemente vacía hasta que no fuera arreglada. Entonces recordó que tal vez la dueña del BC Sol tendría otros asuntos que atender y se habría olvidado de ello, nada nuevo en realidad.
Entró en el cuarto que compartía con Free, o, más correcto era decir que Free compartía con él. Nada más cerrar la puerta se dio cuenta que aquí no había nadie. Encontrar al rubio a estas horas era toda una rareza pues habitualmente estaba en el bosque con aquel extraño ciervo del que parecía ser muy amigo. Una vez más entró en curiosidad y rebuscó en el armario del mayor para encontrarse con aquella vieja caja repleta de los discos de música de Bob Marley. Dirigió su vista hacia la puerta, temeroso de que Free apareciera repentinamente y le pillara in fraganti, como ya había ocurrido en varias ocasiones. Lo más inquietante de todo es que él nunca se había enfadado con su persona. Las reacciones de Free eran incluso más impredecibles para el propio Valt.
- Él nunca habla de sí mismo… - Se dijo en voz alta con un CD en la mano. – Sólo hace muchas preguntas… - Y preguntas de cosas EVIDENTES.
Valt siempre había tenido la sensación de que a Free le faltaba empatía. O puede que tal vez no entendiera las emociones del resto porque él no fuese capaz de sentirlas. Pero por alguna razón Cristina le había elegido como el compañero de habitación más apto para Free. Eso debía ser por un motivo especial que su amiga no le había contado. Puede que ya fuera hora de saberlo, pero no sin antes ir a la ducha. Lógicamente Free y él se habían organizado para el tema del espacio en el baño, sobre todo cuando ambos usaban un champú distinto para el pelo.
Sin entender el motivo y al pensar en ese cabello rubio, Valt se puso a analizar el cuerpo de su compañero de cuarto. Al contrario que él, Free tenía una musculatura bien definida y no era para menos con todos esos entrenamientos tan extremos que le vio hacer en el pasado pero que ahora tenía prohibidos incluso después de haber superado su rehabilitación. Christina seguía preocupada por su condición física. Además de eso, gracias a todos los abrazos que habitualmente le daba al mayor, Valt había podido comprobar que la piel de Free era muy suave pero también mucho más caliente que la suya. ¿Sería cosa de su energía? Pero lo que más le llamaba la atención es que pese a todo eso, su amigo tuviera una figura tan fina y delgada que hasta engañaba a cualquiera haciendo creer que era débil cuando era todo lo contrario. De La Hoya era el único del equipo capaz de levantar rocas realmente grandes…
Su propio cuerpo le hizo volver a la realidad cuando sintió un latigazo extraño que aceleró su ritmo cardíaco. Últimamente tenía esta sensación cuando su mente se ponía a divagar sobre el físico de Free… como si quisiera conocer más de él y descubrir esos secretos que De La Hoya nunca le mostraba a nadie. En ocasiones como estas, Valt se preguntaba si es que sentía algo especial por Free pese a que ni siquiera entendía lo que quería decir «especial».
Cuando terminó de ducharse y vestirse, abandonó la habitación para volver al comedor. Rantaro seguía allí, pero Kuza no.
- ¿Dónde está Kuza? – Se acercó mirando a su amigo.
- Ha tomado tu ejemplo y se ha ido para darse un chapuzón.
- ¿Y tú no vas a hacerlo con toda la sudada de antes?
- Es que me da pereza.
- No seas asqueroso, Rantaro. – Habló Anch. – Ve ahora mismo si no, no tendrás pan de bey para ti.
- ¿Queeeeeeeee? ¡Eso es chantaje! – Protestó. - ¡¡Pues nada, a mojarse el culo se ha dicho!! ¡No me eches de menos, Valt!
- Ja, ja, ja. Tranquilo, estaré aquí para cuando volváis.
De ese modo, Valt se quedó en compañía de Anch a la que decidió ayudar entrando en la cocina. Ella aceptó de buena gana su arranque por echarle una mano y entre los dos se pusieron manos a la obra con el pan. La madre de Valt era panadera así que era un arte familiar. Valt tenía experiencia haciendo panes, pero prefería los que hacía mamá obviamente. Los de ella siempre le hacían llorar de lo buenos que le salían. Precisamente el olor a pan recién hecho fue lo que atrajo a cierto rubio que apareció silenciosamente, observando que el lugar permanecía vacío como de costumbre después del almuerzo. Lo que sí notó fue que unas sillas estaban mal puestas y como un animalillo curioso se acercó, inclinando la cabeza intentando averiguar qué hacían en esa posición.
- ¡Ay que me quemo!
- ¡Cuidado, no cojas así la bandeja!
- ¡Es más fácil cuando lo hacía en casa!
- ¡Pero bueno! – Se escuchó la protesta de Anch.
- ¡Es que Anch, el horno está muy alto para mí!
- ¡Eso es porque no bebes la suficiente leche! ¡Ya verías que así crecerías más!
Free se giró habiendo oído esas inconfundibles voces. Le sorprendió que Valt estuviera metido en la cocina con Anch, pues nunca antes había visto al japonés preparar algo si no que zampaba la comida que Anch hacía con todo el amor del mundo. Ella cuidaba la alimentación de todos los miembros del BC Sol, incluyéndole a él. La única diferencia es que Free no era capaz de valorar ese esfuerzo porque algo en su mente lo bloqueaba automáticamente, por eso solía pasar el menor tiempo posible en este lugar. Había algo en su interior que huía de vete a saber qué.
Se acercó a la barra donde Anch siempre les daba su ración de comida variada a cada uno, y como si no tuviera nada mejor que hacer, simplemente le dio por esperar. Se apoyó con los brazos, poniendo encima su cabeza y sorprendentemente empezó a quedarse dormido rodeado del delicioso aroma a pan recién hecho. Poco a poco sus piernas se fueron flexionando hasta que terminó sentado en el suelo, apoyado en la pared sin haberse enterado. Sólo al cabo de un rato una voz parecía llamarle con insistencia. Free se negaba a despertar, pero cuando fue abriendo los ojos se encontró con los de Rantaro y Kuza, acompañados de paso por un Silas que le observaba preocupado.
- Eh hola. – Le saludó Silas, sonriendo. – Menos mal que te has despertado.
- Uh… ¿Qué ha pasado?
- ¿No lo sabes? – Preguntó Kuza. – Te hemos encontrado ahí en el suelo tal cual estás ahora.
- Eso es. Nos has dado un buen susto. – Dijo Rantaro.
- Oh… - Hizo al percatarse de su postura.
- ¿Te encuentras bien? – Preguntó Silas, con una de sus manos en el hombro del rubio.
- Sí, lo siento… me he quedado dormido sin darme cuenta.
Rantaro y Kuza intercambiaron miradas, no muy convencidos y menos cuando Free se acababa de disculpar. Silas le restó importancia y le ayudó a levantarse, viendo al rubio bostezar. En ese momento apareció Anch en el mostrador, saludándoles a todos con una gran alegría y avisándoles de que el pan estaría hecho muy pronto. Rantaro y Kuza lo celebraron, Silas sonrió. El único que lució apático fue Free. Al verles, Anch consideró la idea que le dio Silas de hacer más pan. Rantaro y Kuza asintieron con la cabeza, deseosos de tener más cantidad que poder zampar.
- Heh, no esperéis que yo me ponga a amasar pan. Era lo último que me faltaba ya, alimentar a estos muertos de hambre. – Silas se cruzó de brazos.
- Venga, Valt y Anch necesitan una mano. – Se quejó Kuza.
- Como me meta yo lo voy a estropear todo. La cocina no es lo mío. – Añadió Rantaro.
- ¿Puedo entrar yo? – Free se señaló a sí mismo, como si fuera un niño pequeño preguntando algo tan evidente.
- ¡Pues claro! ¡Estoy convencida de que a Valt le encantará que estés con él!
- Pero espera, Free. – Le llamó Rantaro. - ¿Tú sabes hacer pan?
El rubio le miró con esa cara llena de aburrimiento, y sonrió repentinamente.
– Quién sabe.
Fue una respuesta del todo extraña. Rantaro miró a Kuza, quien se encogió de hombros al no poder darle una explicación. Aquí nadie conocía los motivos detrás de las palabras de Free De La Hoya, el cual entró a la cocina junto a Anch.
- Valt, mira quién ha venido a ayudarnos.
- ¿Uh? – Se giró. - ¡OH! ¡Free! – Reaccionó y fue corriendo hasta él para darle un abrazo con las manos cubiertas de harina. Al aludido no pareció importarle. - ¡Vaya, qué sorpresa! No esperaba que estuvieras dispuesto a trabajar un poco.
El otro contempló el rostro del pelinegro en completo silencio durante un ratito, inclinando la cabeza antes de volver a ponerla recta.
- ¿Estás contento? – Preguntó con voz suave.
- ¡Pues claro! Sabes que me gusta pasar tiempo contigo, ¡He, he! – Como si fuera un gato, frotó su rostro contra el pecho del más alto aprovechando que éste no rechazaba su contacto.
Era difícil tener a un Free receptivo.
- Bueno, ¿Y qué tengo que hacer? – Habló Free tras un par de minutos.
- ¡Tenemos que amasar la masa del pan! ¡Ven, yo te enseño!
Anch se rio, llena de ternura al ver cómo el mejor blader del mundo empezaba a tener una vida más social. Observar cómo interactuaban esos dos era un verdadero pasatiempo pues cualquiera podía darse cuenta de lo opuestos que eran, pero lo mucho que se aportaban entre sí. Valt llenaba de vida y alegría el mundo de blanco y negro de Free, sacándole de su apatía y despertando su interés y sus ganas por hacer más cosas. Y Free aportaba esa calma y esa capacidad de reflexión que Valt necesitaba. Hacía tiempo que Anch no veía al rubio así de feliz, ya que esa sonrisa lo decía todo y más cuando los ojos oscuros de Free se encontraban con los castaños de Valt. Ella los dejó hacer, ocupándose del horno y también de la comida que preparaba con el fin de que estuviera lista para cuando el reloj marcara las dos de la tarde.
Valt se entretenía enseñando a Free a hacer pan. Se notaba a leguas que para el rubio era la primera vez, pero aprendía bastante rápido. Sin embargo y durante los errores que cometía De La Hoya, se formaba un ambiente enrarecido entre los dos cuando Valt ponía sus manos sobre las del mayor para mostrarle los movimientos que debía hacer. Era esa cercanía la que les hacía reaccionar. Al menos a Valt que se topó con esa mirada que le observaba directamente, estando apenas a unos centímetros de su dueño.
- ¡Ah sí! ¡Tienes que empezar a darle forma! – Reaccionó el pelinegro saliendo de su ensimismamiento. Free asintió, sin decir nada, pero luciendo de lo más distraído gracias al otro.
- ¿Está bien así?
- ¡Oh! ¡Se te da genial!
- ¿No hay que ponerle sal?
- No, ya le puse yo un poco antes.
- Pues vale. ¿Entonces directo al horno?
- ¡Directo al horno! – Dijo alegremente.
Free contempló a Valt mientras Anch le ayudaba a abrir el horno para meter la bandeja, junto a otras masas que había hecho el japonés que dio pequeños brincos, impaciente porque el pan se hiciera cuanto antes. Incluso cogió de las manos al rubio, celebrando el momento como si fuera algo especial siendo en realidad uno bastante normalito. No obstante, a Free le invadió un sentimiento nostálgico que no supo explicarse a sí mismo. Es como si el júbilo de Valt llegara hasta su interior, profundizando en su corazón y despertando emociones que él creyó inexistentes.
- ¡Tienen que estar muy buenos esos panes! – Exclamaba el japonés con impaciencia, sin soltar las manos de Free.
- Me alegra verte tan emocionado. – Dijo con su habitual voz baja.
- Es que es la primera vez que yo te enseño algo. – Le miró de frente. – Y estoy muy contento, porque tú también lo estás, ¿no?
- Sí. – Asintió con simpleza. – Nunca antes me habían invitado a elaborar pan. – Inclinó la cabeza. – Se me hace… familiar.
- ¿Eh?
En aquel momento Valt cometió el terrible error de no comprender esas palabras. Free no le dio más conversación, pero siguió luciendo feliz. Una vez que los dos se acercaron al resto, en el mostrador, fue testigo de la charla del grupo de amigos formado por Valt y compañía. Él no dijo nada en ningún momento, se limitó a ver cómo sus compañeros tenían discusiones absurdas en las que Silas salía bastante escaldado, pero todos terminaban entre risas. Rantaro y Kuza husmeaban el olor que salía desde la cocina, y es que se les abría el apetito. Silas aprovechó la ocasión para burlarse de ellos, comenzando otra riña entre colegas. Valt se tronchó de la risa, antes de detener su atención en Free.
- ¿Te lo estás pasando bien? – Le preguntó el japonés, viendo la respuesta afirmativa del mayor con un simple movimiento de cabeza. – Ahora que me doy cuenta… has estado callado todo el rato. ¿Hay algo que te preocupe?
- No, qué va. Estoy bien. – Respondió. – Disfruto viéndoos a vosotros y oyendo esos comentarios tan tontos que soltáis.
- Oh vale. – Dijo, sin saber qué responderle. - ¿Sabes, Free? Estoy deseando comer pan.
- Sí, yo también.
- El pan que has hecho tiene que estar delicioso. ¿Podremos compartirlo con los chicos? – Señaló a sus colegas que seguían a la carga con esa disputa que se oía de fondo, al margen de la conversación que ellos dos tenían por su cuenta.
Durante unos segundos Free lució estar en shock por las palabras de Valt. No comprendió la importancia de haber elaborado personalmente el pan con su ayuda, pero por alguna razón era algo que Valt parecía valorar. Inclinó la cabeza, tratando de comprender los sentimientos que el pelinegro le demostraba.
- Por mí está bien. – Respondió varios minutos después, encogiéndose de hombros. Valt asintió, con una alegre sonrisa. – Es sólo un pan, ¿no?
- Pero lo has hecho tú.
- ¿Y qué tiene eso de especial?
- ¡Pues mucho! Es la primera vez que vas a compartir algo con nosotros. Al menos a mí la idea me hace feliz.
Free se quedó callado viendo el rostro de Valt. Le dio por esbozar una gentil sonrisa al sentir la calidez del japonés que se rio y rodeó sus hombros con total confianza. Free no profirió queja alguna. Hubo un pitido dentro de la cocina y Valt fue corriendo para intentar abrir el horno, que quedaba más alto de lo que su mano podía alcanzar. Anch se desternilló y Free se acercó, rodeando las piernas del pelinegro para alzarle lo suficiente para que su compañero pudiera lograr su objetivo. Gracias a eso Valt pudo sacar las bandejas de los panes y dárselas a Anch. Free le fue soltando poco a poco y una vez más, ambos quedaron a escasos centímetros del contrario. Fue una escena que Rantaro, Kuza y Silas vieron desde el mostrador.
- Tiene tela la cosa, ni que esto fuera una peli romanticona. – Se quejó Silas.
- ¡Cállate! Es súper tierno… - Dijo Rantaro sacando un pañuelo de quién sabe dónde para morderlo.
- ¿Habláis en serio? – Kuza era el más desconcertado de los tres.
- Tan sólo mírales, se ve a leguas. – Contestaba Silas, con su habitual tono protestón. – Quién iba a decir que esos dos iban a…
- ¡Bueno pues ya están los panes recién hechos! – Intervino Anch poniéndose justo delante tapando el beso que tuvo lugar entre Valt y Free. – Aprovechad que están calentitos, ¡Es cuando saben mejor!
En cuanto escuchó eso, Valt se apartó enseguida de Free sólo para tirar de su mano y volver con el grupo. Reconoció el pan que había elaborado De La Hoya y decidió dividirlo en trozos para los demás, incluyendo al rubio y a Anch. Fue un momento que todos disfrutaron y entre risas acabaron contagiando a Free que por fin se integró con el grupo siendo el último en probar el pan que él mismo había hecho con la ayuda de Valt. Rantaro ya estaba zampando los otros panes del plato, igual que Kuza. Silas se lo quiso tomar con más calma. Entonces apareció Honey acompañada de su hermana mayor, Sasha.
- Vaya, así que comiendo y sin invitar a los demás. ¡Eso no está bien! – Se acercó la chica de pelo azul fingiendo estar molesta.
- ¿Me das un poco? – Preguntaba Honey mirando a Silas.
- Toma, hay de sobra. – Le entregó un pan entero para ella sola.
- ¡Oh chicas! Qué bien que habéis llegado. Perdonad que no os haya dicho nada, pero estos chavales me han pillado desprevenida con que querían que hiciera pan.
- Aunque al final Free y yo la hemos ayudado. – Saltó Valt, sorprendiéndolas.
- ¿En serio? – Tuvo que preguntar Sasha, poniendo sus ojos sobre el rubio quien se limitó a asentir. – Qué raro, tú en la cocina.
- Sí, ¿verdad? – Contestó.
Chapter 4: Recuerdos Del Pasado
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Tras aquello hubo un agradable ambiente entre los chicos. Valt disfrutaba del pan, y de paso gastando bromas a sus compañeros, aunque él también salía recibiendo cuando Honey le preguntaba que quién hacía el pan más bueno: si Anch o su madre. El japonés se quedó congelado frente a esa encrucijada en la que siempre terminaban metiéndole. Por ello no se percató cuando en un momento dado, Free desapareció de allí silenciosamente y sin avisar. Sasha fue la única que le vio irse, arqueando una ceja al percibir algo extraño en el rubio.
Durante aquel año y medio de una dura rehabilitación que por fin había finalizado para Free, quien ahora tenía en sus manos a Fafnir en un nuevo nivel, muchas cosas habían cambiado en el joven. Todos habían notado que para ser él se había vuelto más sociable, lo cual alegraba al equipo en general. Sin embargo, eso sólo causaba una preocupación cada vez mayor en Cristina, pues ella junto a Raúl habían sido los únicos en notar que Free se comportaba de una manera especialmente extraña. Otros del BC Sol como Silas lo percibían y trataban de averiguarlo por pura curiosidad, pero sin llegar a descubrir la razón detrás.
A causa de eso Cristina en parte creía que poner a Valt como el compañero de habitación de Free podría servir, pero eso empezaba a no ser suficiente. Los malos hábitos que Free supuestamente olvidó en el pasado estaban regresando… malos hábitos que trajeron recuerdos desagradables a Cristina de las tantas veces que ella se asustó por no comprender por qué el que ella consideraba su hermano pequeño actuaba de esa manera tan rara. Es como si Free quisiera hacer más patente que era un chico incomprensible para la gran mayoría. Sólo unos pocos podían darse el lujo de decir que conocían sus secretos, los cuales sólo Cristina sabía porque sus padres no se hallaban presentes y su abuelo falleció hacía ya algunos años.
Pero sentada en la silla de su despacho, delante del ventanal, hizo que la dueña del BC Sol se girara para ver el paisaje a través del cristal. Al pensar en su abuelo Jinbei no evitó que por su mente pasara la posibilidad de que tal vez el bloqueo mental de Free estuviera comenzando a desaparecer, devolviéndole al rubio esa etapa de su vida traumática que él simplemente pareció olvidar. Fue una advertencia de la psicóloga que se ocupó de su caso en aquel entonces: debido a la incapacidad de Free para enfrentarse a ello, por lo pequeño que era durante esa época, pasaría mucho tiempo hasta que todo ese suceso doloroso volviera a su vida cuando él se viera más preparado para lidiar con ello.
Inevitablemente ese momento estaba llegando.
«Free…», pensó Christina, angustiada. «Nunca has hablado de tu pasado, ni de ti mismo… pero desde que Valt está contigo es como si algo en ti hubiera reaccionado. ¿Tal vez la psicóloga tuvo razón en aquellos momentos?», pero esa posibilidad sólo provocó que el miedo se apoderase de ella.
¿Cuántas veces no fue testigo de cómo Free perdía el control en las beybattles contra otros bladers? O aquel día cuando los horrorizó a absolutamente a todos en otra de sus batallas, cuando al descontrolarse y llevado por su grave ansiedad le dio por morderse el brazo y hacérselo polvo al provocarse aquellas terribles heridas que le hicieron sangrar como si fuera un cerdo degollado. Cristina lloró muchísimo, y tuvo pánico. Incluso recurrió a su abuelo, que por aquel entonces continuaba vivo, sobre si estaba bien que Free continuara siendo un blader.
Aún recordaba las palabras de Jinbei…
***
- Verás Christina... – El hombre sentado en una mecedora contempló la puesta de sol. – Para Free no existe otra cosa más que el beyblade. La vida que él tuvo ya no existe, se derrumbó sólo para convertirse en una imagen lejana de un mundo que ya no le pertenece.
- ¿Y eso qué significa, abuelito? – Por su corta edad de diez años, no podía entender las complejas palabras del aludido que miró a su nieta con un afecto palpable.
Él acercó su mano para posarla sobre la cabeza de la niña, esbozando una sonrisa bajo la curiosa mirada azul de la pequeña. Jinbei suspiró y dirigió sus ojos cansados hacia el bosque.
- Significa que debe crear su propio mundo y construirlo de cero, encontrar su lugar en una realidad que debe comenzar a comprender y empezar a conocerse a sí mismo y aceptar todo lo ocurrido. Pasará mucho tiempo hasta que eso sea posible, por eso, querida mía, quédate a su lado. – Miró a Christina. – Él te necesita, y te necesitará en el futuro.
- Pero ya has visto lo que ha pasado… no creo que practicar beyblade sea bueno para él si se hace daño a sí mismo.
- Sí, puedo entender tu dolor, pero, así como yo lo comprendo… - Hizo una pausa en la que su nieta levantó la mirada. – Lo mejor que puedes hacer es ver el dolor que hay en su corazón. Si le quitas el beyblade, estoy convencido de que será lo mismo que condenarle a buscar un objetivo en esta vida que jamás encontrará. Él está destinado a ser un blader, y confío en que su destino será trascendental.
- Pero abuelito…
- Tan sólo deja que sea él quien elija su camino. Nadie tiene el derecho a marcarle qué sendero debe seguir. Sólo podemos estar ahí para guiarle y apoyarle. El resto lo tiene que hacer él.
***
Cristina llevó una mano a su pecho. Ahora, con dieciocho años, podía entender muchísimo mejor las palabras de su abuelo que no antes a sus diez. En estos instantes se sintió como una tonta. Su abuelo Jinbei siempre fue consciente del dolor que Free guardó en su corazón, por mucho que ese bloqueo mental le hubiera alejado de los traumáticos eventos que tuvieron lugar al perderlo todo… especialmente el amor de una familia. Fue por eso que cerró sus ojos y le dio por hacer un análisis de toda su vida, hasta que Free apareció en ella.
Sí, fue en aquel orfanato al que acudió acompañada de sus padres… Cuando conoció a un niño prácticamente aterrorizado por su nuevo entorno…
***
- ¿Cómo ha estado durante estos días? – Preguntó la madre de Cristina. La pequeña no supo a quién se refería.
- Tenemos problemas para manejarle. No deja de esconderse en cualquier rincón que pilla y nos resulta difícil encontrarle.
- ¿De quién están hablando, papá? – Cristina tiró de la chaqueta americana de su progenitor para llamar su atención y quien la sujetaba de la mano para que no se perdiera.
- Pronto lo sabrás, cariño. – Le contestó.
La madre de Cristina se enteró por boca de su interlocutora que el niño a quien ella había venido a buscar no parecía ser del todo sociable y que sospechaban que hubiera sufrido algún tipo de maltrato antes de perder a sus padres. Cristina era la única que, con sus diez años, no se enteraba mucho de la situación.
Vieron a varias personas corriendo de aquí para allá por los pasillos buscando al pequeño que no daba señales, y llamarle era perder el tiempo pues hacía caso omiso para no salir de quién sabe dónde. Los progenitores de Cristina se miraron entre sí, sin notar cómo su hija se soltaba de la mano de su padre y se iba por su cuenta siguiendo los pasadizos del recinto. Giró su cara de un lado a otro, intentando hallar a ese niño que parecía no querer saber nada del mundo que le rodeaba.
En realidad, la niña se lo tomó como si todo esto fuera un juego. Encontrar a alguien siempre era algo entretenido, ¿Y qué mejor forma de pasar el rato que esa? Estar con sus padres la aburría, porque ellos nunca le contaban nada. Solían hablar de negocios, y de otros temas que ella no podía entender por su corta edad. Lo único que Cristina sabía con seguridad es que siempre estaba con su abuelo Jinbei. Papá y mamá eran empresarios y se pasaban las horas muertas en el trabajo, de modo que no se ocupaban de ella correctamente. Eso la entristecía mucho, debido a lo sola que la hacía sentir. Ser hija única empeoraba considerablemente la situación por la que ella pasaba. No tenía a nadie con quien jugar.
Los otros niños se burlaban de ella porque sabían que era mitad japonesa y mitad española. Sus padres ya habían presentado quejas en el colegio, pero nunca era suficiente…
Llegó a unas escaleras y su fino oído captó un sonido de lo más sutil. Era como si fuese alguien respirando agitadamente tratando al mismo tiempo de no hacer ruido. Siguiendo aquello, terminó debajo de esos escalones y, al mirar en un pequeño hueco de entre un montón de cajas de madera repletas de cosas, vio a un niño hecho un ovillo que temblaba como una hoja. ¿Cómo se las había arreglado para meterse ahí? Era un escondrijo tan y tan pequeño que hasta le dio la sensación de que era de lo más incómodo.
- Hola, ¿estás bien? – Habló, rompiendo el silencio. Notó que el pequeño detenía su respiración automáticamente. Ella esperó pacientemente, contemplando cómo el otro alzaba la vista para enseñarle sus ojos que casi parecían dos agujeros negros debido a la profunda tristeza de su dueño. - ¿Qué haces ahí? ¿te duele algo? – Preguntó entonces al ver aquella cara empapada por las lágrimas del que parecía ser menor que su persona.
Pero no recibió respuesta. Aquel extraño niño de pelo rubio con ese par de mechones pelirrojos se la quedó mirando con el terror reflejados en sus oscuros ojos tan vacíos como un precipicio del que no veías el fondo. Sin embargo, Cristina no reaccionó mal sino todo lo contrario: sonrió.
- Yo soy Cristina, ¿Te gustaría ser mi amigo?
- ¿Uh…? – Pestañeó, sin moverse de donde estaba.
- No tienes por qué estar solo. – Dijo ella. – Podemos ser amigos. Además, ¿no es aburrido esconderse ahí? – Preguntó, observando cómo el niño abrazaba con más fuerza sus piernas y ocultaba un poco más su mentón en sus rodillas.
La señal era clara: desconfiaba de todo y de todos, incluyéndola a ella.
Era como un pobre animalillo asustado que no sabía dónde se encontraba y ni fe tenía en que otros fueran a darle la mano para ayudarle y protegerle, creyendo que sólo le pasaría algo malo, y por eso se metía en rincones tan pequeños como el que ocupaba ahora mismo porque difícilmente le encontrarían y le sacarían de ahí. Él cabía perfectamente de modo que pasaba aún más desapercibido. Su cuerpo, sin embargo, todavía temblaba por el miedo.
- ¿No tienes a dónde ir? – Cristina rompió el silencio una vez más. – Me parece que mis padres te están buscando, quieren traerte a casa para que estés conmigo.
- ¿Ir… a… casa? – Repitió en voz baja y con una voz temblorosa, haciendo que la niña tuviera que esforzarse un poquito para poder oírle.
- ¡Pues claro! Mi casa es enorme, ¡Así de enooooooorme! – Abrió los brazos en una exageración por imitar el tamaño de su hogar. – Y tenemos un jardín gigantesco y un bosque justo al lado, ¡Allí viven los ciervos que ha criado mi abuelo! Estoy segura que te encantaría verlos.
- ¿Hay… ciervos? – Preguntó, mostrándose sorprendido. Cristina asintió.
- ¿No te gustaría conocerlos? Son muy sociables, ¿Quién no quiere a un ciervo como mejor amigo?
Al pequeño se le iluminó la cara y todo al pensar en ello y la sonrisa de Christina le hizo entrar en confianza. Ella extendió su mano, ofreciéndole un nuevo mundo ahora que el suyo se había derrumbado para simplemente convertirse en un vestigio y dejar atrás un débil indicio de que una vez existió. El rubio acercó su pequeña mano temblorosa, aún lleno de dudas, pero que con toda y con esas estableció contacto físico con la joven que le ayudó a salir de ahí. Sin soltarle, le llevó con sus padres que no estaban muy lejos de ellos.
El niño permaneció cabizbajo y sólo levantó la vista un par de veces contadas para mirar a Cristina quien no le soltó en ningún momento. Era la primera persona que le sonreía después de cómo había terminado llegando hasta este orfanato.
- ¡Oh Cristina, cielo! ¿Dónde te habías metido? – La vio su madre acercándose, para poner sus manos en sus hombros después de un abrazo.
- Me aburría así que fui a jugar. – Contestó ella, con la simpleza tan típica de una niña de su edad. – Mira, he hecho un amigo. – Señaló al niño rubio escondido detrás de ella, temeroso de que le vieran.
Ambos adultos intercambiaron miradas, antes de que la directora del orfanato se quedara boquiabierta preguntándose cómo esa chiquilla había sido capaz de hallar a ese jovencito que tantos quebraderos de cabeza les había dado a todos los que trabajaban aquí. No podía dar crédito a que ese muchachito se hubiera acercado a alguien o hubiera permitido la sola cercanía de un desconocido. Todos los trabajadores lo habían intentado, incluyéndola a ella, pero el pequeño siempre terminó desapareciendo para esconderse en sus rincones secretos.
- Hola. – Saludó suavemente el padre de Cristina, agachándose de rodillas para quedar a la altura del menor que se sujetaba a la camisa rosa que utilizaba Cristina, aún detrás de la misma. – Tú eres el hijo de Yolanda y Arnau, ¿verdad? – Utilizaba un tono de voz bajo y hablaba poco a poco para intentar asustar lo menos posible a su joven interlocutor de siete años. – Nosotros somos amigos de papá y mamá desde hace mucho, nos hablaron de ti constantemente.
- Papá y mamá… están durmiendo. – Fue lo que contestó el niño.
Los progenitores de Cristina lucieron confusos, y su hija todavía más. Ninguno entendió lo que esas palabras querían decir. La directora tosió, para llamar la atención. Les ofreció acompañarla ahora que el niño había aparecido al fin. Cristina observó que entraban en una sala mientras ella se quedaba fuera con su nuevo amigo.
- ¿Tus padres están durmiendo? – Preguntó entonces la niña de diez años haciendo asentir al otro.
- Los vi dormir en una habitación del hospital. Les llamé, pero no me respondieron.
Para Cristina aquello fue del todo incomprensible. No sabía qué significaba eso, ¿Cómo que dormían? ¿en el hospital? Ella recordaba haberles oído decir a sus padres que el niño era huérfano así que… ¿Cómo era posible todo esto? Miró la puerta sin saber cuándo los vería salir por la misma, y como no quería aburrirse de nuevo dirigió sus ojos azules hacia su compañero. De un bolsillo de su vestido sacó lo que parecía ser un bey, de esos que últimamente se llevaban mucho.
- ¿Te gusta el beyblade? – Preguntó, haciendo entrar en curiosidad al chavalín. – Mi abuelo es entrenador de un equipo llamado BC Sol, y me ha enseñado muchas cosas.
- Yo… no tengo uno como ese. – Señaló.
- ¡Oh, no te preocupes! ¡Te puedo dejar el mío!
- ¿De veras? – Se sorprendió. Para él recibir tanta amabilidad por parte de esta niña era algo confuso, que lo desconcertaba.
- ¡Por supuesto! Nunca puedo jugar con nadie porque los demás me odian así que tengo que hacerlo sola. – Cristina mostró su tristeza, bajando la mirada. - ¡Pero puedo enseñarte! – Aunque rápidamente se puso alegre, para animar a su interlocutor. – Si te apetece, claro…
- Me gustaría. – Dijo, captando la atención de la niña. - ¿Me enseñas?
A Cristina le brillaron los ojos y tardó más y menos en aceptar. Cogió al rubio de la mano y ambos caminaron por el edificio en la búsqueda de un estadio libre que poder utilizar. La compañía de la muchacha parecía tranquilizar el miedo del pequeño que no apartaba su vista de ella.
- ¡Claro que sí! ¡Ven conmigo!
Chapter 5: ¡Charla confusa! ¿Fallo De Memoria?
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Los días fueron pasando desde entonces. Rantaro avanzaba en sus prácticas con Roktavor de manera ferviente, y Valt siempre estaba ahí para ayudarle. Claramente el equipo ponía de su parte para mejorar en general, especialmente Sasha. Ella quería alcanzar el nivel del actual mejor blader del mundo para poder enfrentarlo en condiciones. Sin embargo, Free se mantenía al margen del BC Sol yendo al bosque a hacer beyblade en su estadio secreto en aquella especie de templo en ruinas que, sinceramente, recordaba muchísimo al Oráculo de Delfos. El ciervo que frecuentaba aquella zona acudía siempre que De La Hoya estaba ahí, pues ambos eran viejos amigos desde la infancia del rubio y prácticamente habían crecido juntos, al lado de Cristina. Claro que ese pasado era algo que Free no tenía en mente en estos instantes.
El chico seguía averiguando las nuevas habilidades de Fafnir, todavía sin haberle encontrado un nombre ideal que pudiera encajar con su nueva evolución, y es que «Drain Fafnir» ya no servía. Por eso, mientras hacía lanzamiento tras lanzamiento en el estadio, Free lucía pensativo al también percatarse de que ni siquiera su manera de hacerlo era suficiente. Debía mejorar y cuanto antes mejor. No sabía cuándo se presentaría Lui, y si el resto de los miembros de los Cinco Grandes vendrían al mismo tiempo… lo único de lo que era consciente es que, actualmente, se consideraba un blader débil que debía volver a empezar con su bey casi como si volviera a ser un novato de tres al cuarto, una idea que por supuesto no podía siquiera tolerar.
Había llegado lejos hasta convertirse en el top número uno del beyblade. Era el blader con el ranking más alto. Era el más fuerte. Estaba en la cima y por encima de todas esas bestias capaces de aplastar a cualquiera. Pero el mundo deseaba volver a verle, por eso la prensa solía incordiar a menudo acercándose a la sede del BC Sol. Menos mal que Cristina seguía rechazando las entrevistas a sabiendas de que los periodistas preguntarían cosas incómodas con tal de saber qué había sido de Free De La Hoya y si era cierto ese rumor que se había expandido sobre su retirada en el beyblade. Es como si el hecho de querer tomarse un tiempo para él, al margen de todo, diera rienda suelta a que la gente se tomase el lujo de soltar gilipolleces. Quisiera o no, eso se convertía en parte de su estrés.
Su entrenamiento con Fafnir concluyó. Cogió a su compañero y más que marcharse, se quedó ahí contemplando su bey en completo silencio. El viento sopló y escuchó unos pasos detrás de él que le hicieron girarse. Se trataba de Valt. Ninguno dijo nada, sino que se mantuvieron la vista fija entre sí, como esperando algo del contrario. Para Free, Valt era como un animalillo curioso que se acercaba poquito a poquito sin dejar de observarle, atento a cualquier pequeña acción como si intentara asegurarse de que no le cazaría cual depredador a su presa. El rubio permaneció quieto y en calma e inclinó la cabeza una vez tuvo al otro justo enfrente.
- ¿Estabas aquí? – Preguntó Valt, rompiendo el silencio.
- Uh… ¿tal vez? – Devolvió la respuesta con un tono de voz sarcástico, encogiéndose de hombros.
- Cristina te estaba buscando, ¿sabes?
- Nada nuevo. Imagino que querrá hacer unas pruebas para el equipo.
Inevitablemente eso hizo que Valt se acordara de la primera vez que conoció a Free y el mal comenzar que tuvieron los dos, aunque más tarde su relación mejorase. Aquel día Valt no comprendió de dónde venía esa frialdad ni por qué De La Hoya era un chico tan borde (algo que no había cambiado mucho, había que decir). Ahora podía entenderlo mucho mejor después de haberse tomado la molestia de insistir con Free, pues de alguna manera pareció conectar con él y provocar que el rubio entrara en curiosidad con su persona. El interés seguía siendo algo mutuo.
- ¿Qué hacías? – Sonrió Valt. Free no le respondió. - ¿Practicabas beyblade?
- ¿No es obvio?
- Puedo echarte una mano.
- Olvídalo. Valtryek necesita un descanso. – Señaló el bey del pelinegro, que rascó su nuca. - ¿Has venido a buscarme?
- No exactamente. – Rio y miró el cielo unos instantes antes de devolver sus ojos en los de Free. – Quería pasar un rato contigo, necesito relajarme.
Free no contestó. En su lugar, se fijó en el cuerpo de Valt y notó su rigidez. Fue suficiente para percibir su estrés y lo espesa que yacía la mente del japonés que había acudido a él para despejarse un poco. Sí, esa era la palabra ideal: despejarse. Valt esperó a que el rubio hiciera algo, contemplando que volvía a inclinar la cabeza sólo para terminar de ponerla recta y mostrarle una sonrisa.
- ¿Valt?
- Eh, ¿sí?
- ¿Quieres dar un paseo?
- ¡Claro! Me vendrá bien.
El mayor simplemente se giró para comenzar a caminar, sin esperarle. Valt corrió un poco para ir a su lado. El chico de vez en cuando miraba al español, sólo para encontrarse con la habitual seriedad del adolescente. Free sabía que era observado, pero no se tomaba la molestia de devolver el mismo gesto, casi pasando olímpicamente de las acciones de Valt. Ya sabía de sobras lo curioso que era el japonés. El atardecer hacía del ambiente algo más relajado, el viento jugaba con la fronda de los árboles de hoja perenne y Valt localizaba de vez en cuando aquel ciervo que daba la sensación de estar siguiéndoles.
- Oye Free. – Le llamó de repente. – Ese ciervo… ¿Nos está vigilando?
- Está valorando la posibilidad de acercarse a nosotros. – Respondió. – Él no te conoce lo suficiente así que por eso está dudando.
- ¿Eh? ¿Es por mí? – Se señaló.
- Tú eres el único que no frecuenta tanto esta zona…
- Ya, pero… - No supo qué decir. - ¿Cómo es que siempre que te veo a ti por aquí, veo a ese animal también?
- Porque somos viejos amigos. – Contestó con contundencia. – Ese ciervo lleva aquí desde que yo vine a vivir con Cristina. Su abuelo nos crio.
Valt miró sorprendido a Free. Era la primera vez que el rubio le contaba algo de su vida, lo cual le hizo feliz pero también le creó un montón de preguntas. Cristina nunca compartió sus anécdotas con él si tenían relación con Free. Inevitablemente eso terminó provocando que, a la larga, Valt tuviera la sensación de que Cristina trataba de mantener la vida privada de Free a un lado, como si fuera un turbio secreto que nadie debía descubrir. Era inquietante el hecho de que el propio Free tampoco compartiera nada. Personas como Silas lo habían hecho en más de una ocasión así que… ¿Cuál era el problema?
- ¿Llevas mucho tiempo viviendo con Cristina, Free? – Preguntó Valt en un intento por indagar un poco más. El aludido le miró.
- Desde los siete años, ¿Por qué?
- ¡No, por nada! Es que… nunca me cuentas nada sobre ti. – Valt se puso de lo más nervioso. Por un momento temió que De La Hoya fuera a cabrearse con él por interesarse en sus cosas.
- Tampoco hay mucho qué contar. – Free se encogió de hombros.
- ¿En serio? Yo creo que sí. No sé, tal vez cómo empezaste con el beyblade, si alguien te enseñó, incluso alguna trastada que les hubieses hecho a tus padres.
- Huh, me da mucha pereza tener que hablar de todo eso… - A Free le dio por bostezar. – Que yo recuerde Cristina siempre ha estado a mi lado.
Valt lució desconcertado. Aquello no tenía sentido. Con su mirada trató de distinguir alguna trola, alguna mentira… pero fue en vano. Aparte de que eso no se le daba especialmente bien, y menos con Free, no vio en su interlocutor alguna señal que pudiera indicarle que le estaba mintiendo en su cara. ¿Qué querían decir sus palabras? ¿Cómo que siempre había estado con Cristina? Aquello no tenía sentido. O al menos Valt no lo encontraba.
- ¿Y tus padres? – Preguntó Valt, insistiendo.
- Ellos están durmiendo. – Contestó, confundiendo todavía más al japonés.
- ¿Durmiendo? – Repitió, arqueando hasta la ceja. Free le miró.
- Sí, durmiendo. – Free asintió. – Cuando era pequeño traté de despertarles, pero no me escucharon.
Por primera vez Valt se temió lo peor. Un desagradable escalofrío le recorrió el cuerpo entero y miró nervioso a Free sin saber qué pensar. Su instinto le decía que aquí había algo muy peligroso, y le sirvió como freno antes de querer cuestionar más cosas para saberlas. Su interés fue encerrado por su temor y en su lugar, la idea de preguntarle a Cristina le pareció mejor. Las palabras de Free eran difusas, no dejaban nada en claro y el rubio tampoco parecía querer esforzarse en darle una mejor explicación. Aun así, mientras observaba a su interlocutor se percató de un detalle…
Free estaba intentando recordar, pero sin éxito. Su expresión así lo reflejaba.
En silencio, Valt esperó a que el mayor quisiera compartir algo, pero aquello nunca llegó. Siguieron caminando, y el japonés se daba cuenta que aquel ciervo todavía iba en paralelo a ellos, sin aproximarse. Eso le recordó lo que Free le había dicho antes: el animal y él, eran viejos amigos que se habían criado juntos por el abuelo de Cristina. Apenas había oído hablar del abuelo de Cristina, sólo gracias a las meras menciones de Raúl. Nadie más había sacado el tema. Valt tragó saliva. ¿Qué era lo que ocultaba la dueña del BC Sol en realidad?
Se toparon con una pequeña pradera y Free optó por sentarse tal cual sin tomarse la molestia de buscar un rincón. Valt le miró, indeciso, pero terminó haciendo lo mismo sólo que a su lado. El sosiego continuó y se prolongó un largo rato en el que ninguno soltó palabra. Para Valt era incómodo y desesperante, no estaba acostumbrado a esto pese a que era lo que quiso en un primer lugar al ir a buscar a Free, el experto en transmitir esta clase de tranquilidad. Pero por lo de antes, Valt no se sentía tan a gusto.
- ¿Qué pasa? – Sorprendentemente fue Free quien terminó diciendo algo.
- Nada, ¿Por qué?
- No sé. Para ser tú estás muy callado.
- ¿En serio?
- ¿Hace falta que te recuerde lo hiperactivo que eres?
- He, he. No, gracias.
Free intuyó que ocurría algo. Habitualmente Valt solía hablar sin parar cuando los dos compartían tiempo a solas. Hoy parecía que esa costumbre no se iba a cumplir. Aun así, no le importó mucho. El rubio intentaba recordar eventos pasados de su vida, pero en su mente existía una especie de… obstáculo que no era capaz de superar. Aquello sólo le frustraba y le metía todavía más en su propio mundo al tratar de averiguar a qué era debido. Valt podía notar su creciente inquietud.
- ¿Free? – Le llamó.
- ¿Qué pasa?
- ¿Va todo bien?
Hubo un pequeño silencio. Valt miró al rubio, quien suspiró. Casi por primera vez, Valt pudo contemplar cómo su interlocutor expresaba la molestia en su rostro como tratando de hacerle saber que le ocurría algo, al no saberlo explicar con precisión.
- ¿Estás enfadado por lo que te he preguntado antes?
- Qué va. No es por eso.
- ¿Entonces?
- Es sólo que… - Free tiró ligeramente de su pelo rubio, algo bastante inusual en él. – Hay algo en mi cabeza que no funciona.
- ¿Qué quieres decir?
- No lo sé, es difícil de entender hasta para mí.
- Podemos… acudir a Raúl, ¡Él sabe muchas cosas!
- Nah, paso. – Free se tumbó en la hierba, con los brazos detrás de su cabeza. – No voy a estar contándole a alguien cosas tan personales.
- Pero él conoció al abuelo de Cristina, ¿no? – Valt se acercó, casi poniéndose encima del mayor que le observó fijamente. – Puede que conozca cosas de ti que ni siquiera te podrías habrías planteado.
Free no dijo nada, pero percibió que podía ser una posibilidad para su persona. ¿Por qué no? Quizá el abuelo le habría contado cosas a Raúl incluso después de haberse retirado como blader para convertirse en entrenador y crear el BC Sol. Valt estuvo esperando alguna reacción de su parte, tratando de ser paciente o… aprendiendo a serlo. No había otro remedio con Free De La Hoya, pues presionarle era en vano. El rubio se lo pensó y repensó, y así varias veces en unos prolongados veinte minutos que casi desesperaron a Valt, quien se apartó y contempló cómo el otro se ponía de pie.
- Se está haciendo tarde. Será mejor ir volviendo ya. – Fue lo que inesperadamente le dijo el mayor. Para Valt fue… bastante decepcionante.
- ¿Estás seguro? – Se levantó. Free asintió.
- No querrás que Cristina te eche la bronca, ¿verdad?
- ¡No por favor! Cualquier cosa menos eso… Cristina da miedo cuando se enfada.
- Celebro que lo pienses. No hay mayor ogro que ella cuando se cabrea. Es todo un espectáculo, tal vez debería hacer palomitas para cuando pase…
- No me puedo creer que estés diciendo eso… Tú no eres el Free que yo conozco.
Pero más que contestar a eso, el aludido terminó por reírse, contagiando sin querer a Valt. De ese modo volvieron por donde habían venido. Esta vez no hubo rastro del ciervo, lo cual extrañó a Valt. Los dos fueron testigos de cómo la noche se les caía encima cuando el sol desapareció por el horizonte, ocultándose tras unas lejanas montañas. Pronto las temperaturas comenzaron a bajar y el fresco se fue notando, especialmente ahora que seguían deambulando por el bosque. Valt temió el haberse perdido, siguiendo a Free que se conocía la zona como la palma de su mano. Y es que había una larga historia detrás de ese detalle.
Chapter 6: Noche de espera
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Finalmente llegaron a la sede del BC Sol después de dejar atrás el bosque. Valt olió la comida que Anch hacía y es que habían llegado justo a la hora de cenar. Cogió a Free de la mano para arrastrarle, todo impaciente por poder llenarse el estómago. El rubio sólo observó aquel gesto, viendo su mano unida a la del otro e inclinando la cabeza, entrando en curiosidad. Inevitablemente recordó la cantidad de veces que Valt le había dado un abrazo inesperadamente, sin que él lo pidiera. Era como cuando en su niñez con Christina...
- ¡Valt! ¡Estamos aquí! – Rantaro le vio llegar. – Madre mía, ¿Dónde estabais?
- Fuimos a practicar un poco, ¿verdad? – Valt miró a Free, quien se encogió de hombros.
- Eh, muchachos, venid aquí. – Les llamó Anch. – He hecho vuestra ración de comida, para que no vayáis luego a dormir con la tripa vacía.
- ¡Oh gracias, Anch! ¡No sé qué haría sin ti! – Exclamaba Valt contento por ver su bandeja. - ¿No es genial? – Miró a Free.
- ¿Estás contento? – Preguntó el mayor, Valt asintió.
- Comer con los amigos siempre es motivo para estarlo, ¡Y más cuando la comida está hecha por una gran cocinera como Anch!
- Oh Valt, harás que me ponga roja. Je, je, je. – Anch puso sus manos en sus mejillas, notando la vergüenza.
Valt se rio, y la escena resultó algo divertida pues hasta Rantaro se les acopló con unos pocos comentarios. Free fue el único que se mantuvo callado observándolo todo. Él no estaba acostumbrado a este tipo de cosas y eso se notaba por su poca implicación en la situación. Sorprendentemente apareció Christina que se unió a la cena del equipo y Free optó por estar con ella, algo inesperado para Valt, quien se sentó con sus colegas entre los que Sasha se encontraba.
- Oye Valt dinos una cosa. – Saltó Silas, sentado al lado de Kuza.
- ¿Qué pasa, Silas?
- ¿Qué hay entre Free y tú?
- ¿Eh?
Los comensales que compartían la mesa se quedaron igual de desconcertados que Valt. Fue una pregunta que nadie vio venir. Valt no comprendió a qué venía... hasta que recordó aquel beso que Free le dio en la cocina de Anch antes de la hora de comer. Rápidamente se le subieron los colores a la cara, haciendo reír a Sasha.
- Parece que alguien está enamoradoooo. – Canturreó Kuza.
- ¡Enamorado, enamorado! – Repetía Karl, la cacatúa del moreno.
- ¡Eh! ¡Eso no es verdad! – Protestó el pelinegro.
- Oh venga ya, lo llevas escrito en la cara. – Le señaló Sasha.
- ¡¿Queeeeeeee?! ¡No puede ser! ¡Quitádmelo, por favor! – Restregaba sus manos por su rostro.
- Oh, tío... esto es surrealista. – Silas difícilmente se aguantaba la risa.
Eso contagió al resto, que inevitablemente llamó la atención de los demás en el salón. Christina sonreía al ver que sus bladers pasaban un buen rato. Sin embargo, cuando le dio por mirar a Free se percató de que yacía más serio que de costumbre y apenas había tocado la comida. Free le daba vueltas al guiso con la cuchara, casi como si ni siquiera pudiera ver el plato que tenía delante. En silencio y contemplando al rubio, Christina se percató que el adolescente se había metido en su mundo y que por eso no reaccionaba ante ningún estímulo externo. Daba la impresión de que había entrado en shock, pese a que no era así. Ella acercó su mano, sin llegar a tocarle porque justo en ese momento Free la miró. Menudo susto que le dio.
- ¿Qué pasa? – Le preguntó él, con toda la calma del mundo.
- Eso te iba a preguntar yo a ti. – Dijo.
- Oh, es que me he quedado en Babia.
- ¿De verdad? – No era para nada convincente esa respuesta. Free inclinó la cabeza.
- Hoy he pensado mucho en ti. – Soltó de repente, provocando que Christina se pusiera roja como un tomate.
- ¿Có- cómo dices?
- Valt vino a buscarme por la tarde, dimos un paseo por el bosque. – Devolvió sus ojos hacia el plato de la comida, ignorando al grupo de Rantaro y compañía en una mesa más lejana. Aun así, hacían mucho alboroto. – Me ha estado preguntando cosas extrañas.
- ¿Qué tipo de cosas?
- Sobre el abuelo, y sobre papá y mamá.
En esos instantes Christina se puso pálida. Casi temió que algo hubiera ido mal en aquellas horas en las que ella estuvo ocupada lidiando con asuntos técnicos del equipo. Pero la inexpresividad de Free era lo que más la asustaba, pues por ello era incapaz de saber si la curiosidad de Valt le había afectado de algún modo. Christina se acordó de todo lo que estuvo pensando días atrás sobre su infancia al lado de Free, y las palabras de su abuelo respecto al mismo.
- ¿Tú sabes por qué el abuelo Jinbei se fue a dormir? – Free miró directamente a Christina, haciendo que ella se atragantara al empezar a cenar. Increíblemente el rubio le restó importancia, como si no le importara que la chica pudiera ahogarse ahí mismo.
- Él... ya era muy mayor. En algún momento tenía que pasar. – Le contestó. «¿Por qué demonios ha sacado el tema ahora?», pensó bastante molesta. Free permaneció callado un par de minutos, antes de insistir:
- ¿No se va a despertar?
- Ya han pasado años, es imposible.
Free mantuvo su vista sobre Christina, percibiendo su irritación. Como consecuencia inclinó la cabeza sin dejar de mirarla. Eso incomodaba muchísimo a Christina, a quien se le cerró el estómago por la machaconería del rubio. Justo en ese momento apareció Raúl, como si fuera un salvavidas para la joven que se levantó de allí tras saludarle antes de llevar la bandeja de la comida en la barra para que Anch la recogiera cuando pudiera. Después tardó más y menos en marcharse de allí como alma que lleva el diablo. Eso dejó a Free desconcertado.
- ¿Es que ha pasado algo? – Preguntó Raúl tomando asiento con un café en las manos.
- Está enfadada conmigo. Creo.
- Vaya, qué inusual. Ella suele preocuparse más por ti en vez de enfadarse.
- Bueno no es tan extraño. – Dijo con la cabeza inclinada. – Le pregunté por el abuelo.
- Oooooh, ahora lo entiendo.
- ¿Qué es lo que entiendes? – Preguntó sin tacto.
- Christina sigue dolida por la muerte de Jinbei pese al tiempo transcurrido. Por eso se ha enfadado. No le ha sentado bien que le hayas hablado de él.
- ¿Ah sí?
- ¿Cómo, no te has dado cuenta?
- Pues no.
Raúl entró en curiosidad. Claro que no conocía a Free de la Hoya tan bien como Christina o tal vez algunos miembros del BC Sol, pero esa poca empatía le sorprendía cada día más. Era como un problema que al mismo tiempo se desplegaba en un complejo rompecabezas en el que había otros conflictos subyacentes que estaban todos relacionados entre sí, acabando por hacer una mezcla de lo más turbia. Con esas simples palabras, el mejor blader del mundo acababa de demostrarle que no tenía la capacidad para distinguir las emociones del resto, o tal vez sí que podía y lo ignoraba deliberadamente por alguna extraña razón. Raúl ya era un hombre con un buen puñado de años encima y una larga experiencia. Había viajado muchísimo y conocido a un sinfín de personas de gran variedad. Por ello, para él era indudable que Free tenía un serio problema en el terreno emocional, como si nadie le hubiera enseñado siquiera algo tan básico como pensar antes de decir las cosas, o tener un mínimo de consideración.
Tras aquello cada uno fue terminando de cenar y recogerlo todo. Valt y Rantaro se quedaron para ayudar a Anch así que Sasha y Honey se animaron también, convenciendo a Silas en el proceso. El dueño del pelo verde terminó cediendo entre refunfuños que hizo reír a los presentes. A Free le dio por desaparecer como un fantasmilla que se coló entre sus compañeros sólo para no dejar rastro por el pasillo. Haciendo gala de su sigilo, él la buscó por cada rincón que su mente creyó <<probable>>. Incluso fue al despacho, pero se sorprendió al encontrarse la sala vacía.
Lejos de marcharse, cerró la puerta tras de sí nada más entrar y aprovechó la ocasión para quedarse ahí y contemplar su alrededor. ¿Cuántas horas no habría estado Christina aquí, atendiendo asuntos importantes para el BC Sol? ¿Cuántas de ellas no le habría hecho compañía? Por algún motivo todo eso le hacía sentir algo extraño en su pecho que le puso especialmente incómodo. Acercándose a la mesa, encontró un pequeño cuadro en el que estaba el abuelo. Contempló la foto, acariciándola por encima del cristal que la protegía y en sus oscuros ojos se reflejó la melancolía.
«¿No se va a despertar nunca?», le dio por pensar a Free. Había inclinado la cabeza sin entender por qué las personas cuando cerraban los ojos, algunas no volvían a abrirlos nunca más, como con sus padres. Tenía una imagen borrosa de ellos que confundía su mente.
Free no podía entender la causa por la cual Christina pudiese estar afectada, pero no quería dejar las cosas de esta manera. Aun así, se tomó su tiempo para conocer más al detalle el despacho. Había algunas imágenes de los padres de Christina, en las que incluso él también salía, ligeramente más escondido para pasar más desapercibido. Contemplar aquello y recordar esos momentos sólo hizo más patente su sensación de que parecía un bicho raro que allá a donde fuera, nunca terminaba de encajar. Y es que las palabras de Valt volvieron a su mente...
***
- ¿Llevas mucho tiempo viviendo con Christina, Free?
- Desde los siete años, ¿Por qué?
- ¡No, por nada! Es que... nunca me cuentas nada sobre ti.
- Tampoco hay mucho qué contar.
- ¿En serio? Yo creo que sí. No sé, tal vez cómo empezaste con el beyblading, si alguien te enseñó, incluso alguna trastada que les hubieses hecho a tus padres.
- Huh, me da mucha pereza tener que hablar de todo eso... Que yo recuerde Christina siempre ha estado a mi lado.
***
¿Por qué le costaba tanto comprender cosas como esas? Llevándose una mano al pecho tuvo la impresión de que, de manera intencionada, pero ignorando su voluntad, su mente había echado algo importante al baúl del olvido. O eso es lo que él creía. Christina tenía a sus padres, por mucho que estos últimos tuvieran que viajar por negocios, pero seguían vivos. Sin embargo... ¿Dónde estaban los suyos? Desde aquel día que los vio por última vez en una sala de un hospital extraño, no había vuelto a saber nada de ellos. Ni una señal, ni nada que le hiciera saber que volverían. Nada. Absolutamente nada.
De repente un latigazo de un intenso dolor emocional le atizó. Su respiración se agitó, y por poco la ansiedad se le descontrolaba. Estuvo a punto de morderse el brazo izquierdo, protegido por el guante largo que Christina le regaló en sus inicios como blader para que no siguiera haciéndose daño. De todos modos, las cicatrices que ocultaba eran la prueba de que su poderosa mandíbula era capaz de atravesar su piel caliente y hacerle sangrar como a un cerdo degollado. El dolor físico siempre le servía. Permaneció media hora ahí para calmarse y abandonar el despacho.
Christina siempre había estado a su lado, en las buenas y en las malas, incluso cuando se ponía enfermo, o cuando no quería comer y perdía peso. Ella fue la única en estar ahí a cada momento cuando él sentía que el mundo era demasiado hostil debido a lo complicado que le resultaba comprender su entorno. Por eso sentía la necesidad de encontrarla e intentar entender a la dueña del BC Sol y sus sentimientos, algo que poco tiempo atrás habría sido impensable.
Llegó a la pequeña mansión que era la residencia de la familia Kuroda. Él se la conocía muy bien de la cantidad de veces que deambuló por aquellos pasillos infinidad de noches a causa de su insomnio por pesadillas extrañas que parecían reales, las cuales de vez en cuando se repetían, aunque él no dijera nada de su existencia. Miró de un pasillo a otro nada más entrar y subió y bajó escaleras sin percibir la presencia de nadie. Entonces se topó con la habitación de Christina. Antes de llamar, inclinó la cabeza al oír unos sollozos desde el interior. Ella estaba ahí.
«¿Debería?», se preguntó a sí mismo mirando su mano pensando en si lo más adecuado sería tocar la puerta. Esa idea no le convenció.
Por primera vez tuvo consideración. Descartó la opción de entrar y ver a Christina. En su lugar respetó la soledad de la dueña del BC Sol y le dio su espacio. Se sentó al suelo, apoyado en la pared y a un lado de la entrada del cuarto, sólo para esperar. Era lo mejor que podía hacer según él.
Chapter 7: ¡Ya están aquí! ¡Los mejores bladers del mundo!
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El día siguiente llegó más rápido para la mayoría. El sol atizaba con bastante fuerza, pero para la alegría de muchos bladers del BC Sol el verano hacía semanas que les había dejado atrás. El otoño había dado su inicio y con él, los primeros árboles comenzaban a cambiar su follaje verde por tonos como el naranja, el amarillo y el rojizo variando entre sus distintas intensidades. La belleza de esta zona particular de la ciudad, prácticamente al lado del bosque de árboles de hoja perenne, era uno de los atractivos turísticos del lugar. Por suerte, la sede del BC Sol era un recinto privado, así que no se podía entrar sin el permiso de su dueña, Christina Kuroda. La chica al salir de su habitación con su habitual apariencia elegante, se llevó una buena sorpresa al encontrarse a Free ahí sentado en el suelo. Se lo quedó mirando en silencio, sin saber qué hacer.
«¿Ha estado ahí toda la noche?», pensó. Poco a poco se fue agachando y tocó el hombro izquierdo del muchacho, notando que la piel del chico estaba tan caliente como habitualmente. Era la consecuencia de usar la energía dorada para nutrir la fuerza de Fafnir. - ¿Free? – Le llamó suavemente, pero no fue escuchada. – Eh, Free. Despierta. – Le zarandeó un poco, logrando que el aludido abriera sus ojos.
- Hm... - Se quejó. - ¿Christina...? – Pero reaccionó cuando la vio, reconociéndola al instante. Ella asintió.
- Buenos días, Free.
No hubo respuesta. En lugar de eso, Christina fue pillada desprevenida con un abrazo inesperado del joven que la rodeó con sus brazos buscando su cariño. Ella se había quedado quieta, impresionada por esa acción. Free de la Hoya no era especialmente un muchacho afectuoso, y era normal por la vida que había llevado hasta ahora. Siempre que la había abrazado, era por un motivo en concreto pues sólo con ella había vuelto a descubrir lo que era el amor que le fue arrebatado de golpe, mermando sus capacidades para comprender el suceso traumático que le llevó posteriormente a tener dificultades bastante serias en el terreno emocional.
- ¿Va todo bien, Free? – Preguntó Christina, correspondiendo a ese sincero gesto, encontrándose con el cálido cuerpo del aludido.
- ¿Sigues... enfadada conmigo?
Aquella contestación la dejó estupefacta. En su cabeza algo hizo click. Al parecer, Free se había quedado ahí dormido esperándola sólo para hacerle esa pregunta y disculparse a su adorable manera. Era algo que sólo hacía con ella: pedirle perdón a base de abrazos. Cuántos no habría rechazado creyendo que era una acción hipócrita de su parte, hiriendo de paso los sentimientos del rubio en el pasado. Menos mal que eso había quedado atrás. A Christina le tomó tiempo comprender el excéntrico comportamiento de Free, tan incomprensible y fuera de lo normal para la gran mayoría.
- No, ya no. – Respondió la dueña del BC Sol. - ¿Estabas preocupado?
- Tuve miedo.
- ¿Por qué? – Entró en curiosidad. «Qué tonto es...», pensó llena de ternura.
- Pensé que no querrías verme más.
- ¿Cómo iba a hacer algo tan cruel? – Protestó ella con un tono infantil. – Sería desastroso dejarte solo.
- Entonces, ¿Te vas a quedar conmigo?
- Pues claro que sí.
Free se separó para mirarla de frente, y Christina le mostró una gran sonrisa al tiempo que ponía sus manos en las mejillas del otro que aceptó su cercanía antes de recibir unos cuantos besos en la cara. No se movió ni un centímetro, permitiéndose disfrutar de ese pequeño momento fraternal con la dueña del BC Sol.
- ¿Quieres ir a desayunar? Casi son las ocho.
- Claro.
- Recuérdame luego que te obligue a echar una siesta. Eso de que duermas como lo has hecho esta noche no me ha gustado.
- Lo siento, no volverá a pasar.
Christina le sonrió y asintió. Le ofreció su mano y estrechándosela, Free fue con ella para ir hasta el comedor del equipo. Es como si el mal ambiente de ayer no hubiera ocurrido, pero para ellos ya era un asunto arreglado. Christina lucía sentirse mejor y Free parecía feliz. Pero el hecho de hacer manitas llamó la atención de algunos miembros del equipo, que malinterpretaron una vez más la relación que unía a ambos. Anch los vio y les saludó. Era de lo más extraño verles llegar juntos, y más de esa manera. Aunque pronto esa tranquilidad terminó con la llegada de Valt Aoi.
- ¡¡¡FREEEEEE!!!
Un grito y sin tiempo para reaccionar, ese fue un buen resumen de lo que acababa de pasar. Valt había corrido para abalanzarse sobre Free y menos mal que éste era lo suficientemente fuerte y resistente para aguantar casi cualquier cosa, porque de lo contrario habría terminado en el suelo a causa de su bruto compañero que se quedó sujetándose a él como un koala a su eucalipto favorito. Free lució algo mosqueado por esa repentina acción y por verse obligado a aguantar por lo menos cuarenta y ocho kilos encima y en su espalda.
- Valt, suéltame. – Gruñó.
- ¿Eeeeeeeh? ¡Pero tío, he estado preocupado toda la noche! – Protestó el aludido con su habitual infantilismo. - ¡¿Tú sabes el frío que he pasado en la cama?!
Aquella frase no pudo ser de lo más sospechosa. Al menos para Silas y Sasha que intercambiaron miradas al interpretar mal las palabras del japonés. Para ambos el mensaje que se enviaron mutuamente con los ojos era evidente. Menudos mal pensados. Pero casi parecía que Valt lo hacía a posta, aunque nada más lejos de la realidad pues el chico ni se daba cuenta de las tremendas tonterías que decía:
- ¡Te he estado echando de menos! ¡¿Qué es eso de no avisarme?! – El chaval seguía reprochando sin soltar al rubio que había puesto una cara... – ¡Eso no se hace!
- Valt, he dicho que me sueltes.
- ¡¡No me da la gana!! ¡Tienes que recompensarme! ¡Ni que sea a una batalla de beyblading!
- Ah... - Suspiró. Christina se estaba aguantando la risa, al contrario que los demás.
- No te preocupes, Valt. – Se acercó Silas, dispuesto a meter cizaña. – Estoy convencido que aquí míster vagancias querrá complacerte muy bien cuando estéis a solas, ¿no es así?
- ¿Perdón? – Free miró al dueño del cabello verde.
- ¡JA, JA, JA, JA! – Sasha acabó desternillándose.
- ¡¡Oh, eso es una gran idea!! – Valt ni se dio cuenta de lo que Silas quería decir. - ¡Haz caso de Silas, Free! ¡Tienes que complacerme en lo que yo quiera!
«Esta panda de capullos...», pensó Free con un cabreo cada vez mayor.
- Dios mío, la que se ha liado en un momento... - Murmuraba Kuza, temiendo que pudieran meterle en el embrollo. Silas comenzó a reírse, y Sasha ya estaba llorando sin control por lo mismo.
- Así que, ¿Qué me dices Free? – Preguntó Valt.
- Qué pereza me ha entrado de repente... - Fue el intento del aludido de eludir responsabilidades.
- Vamos, no seas tímido hombre. – Silas sonrió con picardía. – Si ya sabemos lo vuestro.
- ¿Qué? – Free y Valt arquearon la ceja e incluso pudieron mirarse entre sí. - ¿Lo nuestro? – Hablaron a la vez.
- Oh, ¿Ya lo habéis olvidado? – Se acercó Rantaro. – Nos encantó ver vuestro momentito romanticón en la cocina.
- ¿Cómo? – Valt los miraba sin entender.
- Oh, mierda... - Free por su parte se llevó la mano a la cara.
Al final resultó que les habían visto. Silas se aprovechó todavía más y entre Rantaro y él hicieron que Valt colapsara con tanta información. El pobre pilló un mareo de los buenos y por poco se caía de la espalda de Free de no ser por Christina. El rubio casi los asesinaba con la mirada, por el mal rato que estaba pasando... y a primera hora de la mañana, o a segunda, ya había perdido la cuenta. Eso asustó a Rantaro que rápidamente se alejó para esperar a que Anch le diera la comida, pero Silas no se amedrantó. De hecho, hasta se acercó a él murmurándole cosas, sólo para terminar recibiendo un golpetazo en la cabeza. Eso le hizo quejarse, pillando un enojo de campeonato. Christina zarandeaba a Valt para hacerle reaccionar, pero del chaval sólo salía espuma de la boca hasta que a Free se le ocurrió la brillante idea de colarse dentro de la cocina a por un vaso de agua fría que le tiró encima al pelinegro.
Anch calmó la situación con la llegada del desayuno. Christina respiró aliviada, al tiempo que llegaba Raúl saludando con alegría habiendo oído el jaleo que se había montado antes. Sentados en la mesa, el grupo de Rantaro y compañía siguieron dándole al tema y avergonzaron sin querer a Valt sobre su supuesta relación con Free. El pobre no entendía más de la mitad de las cosas, y a veces Sasha saltaba en su defensa... pero por poco rato. Valt tenía la cara roja al recordar el beso que le dio Free en todos los morros después de haberle enseñado a hacer panes, pero... era sólo un beso, ¿no? Dudaba mucho de que tuviera gran importancia. Sólo que como era el mejor blader del mundo, sus amigos se flipaban demasiado con las fumadas que soltaban.
Además, no es como si Free hubiera tenido la intención de repetir eso. Había mantenido las distancias, actuado como habitualmente lo hacía y como si nada hubiera ocurrido. Le miró, ya que estaba sentado con ellos habiendo ignorado al personal entero. Sin embargo, antes de tener tiempo de nada el sonido de un helicóptero llegó a sus oídos y, justo como el resto, salieron a ver qué era. Free fue el único que decidió seguir zampando la comida como si eso fuera lo más importante del mundo.
Los miembros del BC Sol salieron al exterior, viendo cómo un helicóptero aterrizaba provocando un aire fuerte que obligó a muchos a poner los brazos por delante. Christina no entendía a qué venía esta visita inesperada hasta que pensó que tal vez podrían tratarse de ellos cinco... Raúl también estaba ahí, contemplando la escena. Las palas se detuvieron cuando el descenso se completó con éxito. Cuando las puertas se abrieron, dejaron sorprendidos a más de uno del BC Sol pues ante ellos se presentaron los Cinco Grandes, incluyendo a Joshua Burns. Por supuesto, el primero que bajó fue ni más ni menos que Lui Shirosagi, quien hasta entonces había sido el rival más fuerte de Free de la Hoya y el segundo blader mejor del mundo hasta su posterior derrota contra Shu Kurenai alias Ojo Rojo.
- ¡Eh! ¡Mirad quiénes han llegado! – Pero Valt encontró alegría al ver a Xander.
- ¡Hola Valt! ¿Qué tal? – El pelirrojo se acercó con una enorme sonrisa de oreja a oreja. – Cuánto tiempo sin vernos, tienes una pinta estupenda.
- ¡Lo mismo digo! Waow, no me esperaba que fuerais a venir todos. – Valt apretó las manos en señal de entusiasmo.
- Ha sido cosa de Lui. – El más alto señaló al dueño de aquella cabellera que tanto se asemejaba a un fuego azul. Valt se mostró serio.
- No hemos venido aquí para jugar a los amiguitos así que yo no me ilusionaría tanto si fuera tú. – Habló el aludido.
- ¡Eh! ¡Eso no es nada amable!
Lui le ignoró totalmente, mientras Joshua se ponía a saludar al resto con su habitual faceta presumida bastante bien escondida con su aparente dinamismo. Honey corrió a los brazos del actor de cine, celebrando su llegada. Kuza y Rantaro intercambiaron miradas pensando que esto no podía ser una mera casualidad. Lui caminó hacia Christina, sin prestar atención a los demás. La muchacha de dieciocho años expresaba esa seriedad que siempre mostraba cuando quería hacer saber que el asunto era especialmente importante. Sasha tragó saliva, sin entender qué hacían aquí los Cinco Grandes.
- Has tardado mucho en responder mi mensaje. – Fue lo primero que le soltó Lui al ponerse delante de Christina, quien se cruzó de brazos.
- Tengo muchas obligaciones y como bien espero que sepas, no puedo priorizaros a ti y a tus exigencias.
- Muy valiente de tu parte, pero nos has hecho perder un tiempo muy valioso. – Le murmuró. - ¿Dónde está? – Preguntó directamente. Christina no le respondió. – Muy bien, pues iré a buscarle yo mismo.
Chapter 8: ¡Confusión y caos! ¡El autoproclamado como el más poderoso!
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Sin pedir permiso, Lui apartó a los demás que le impedían el paso y entró en el edificio. Algunos le siguieron, como Valt y Rantaro, y el resto de los Cinco Grandes. Joshua era el único que lucía especialmente nervioso ante la idea de volver a ver a Free, a quien vieron seguir zampando la comida con toda la tranquilidad del mundo. Eso hizo que Lui entrara en cólera y caminara silenciosamente hacia él, y, aprovechando que el rubio yacía de espaldas, dejó a todo el mundo boquiabierto cuando estampó al blader número uno en toda la mesa de un solo puñetazo en la cabeza, provocando un ruido enorme. Anch salió de la cocina, alarmada.
- ¡¿Qué ha sido eso?!
- Ay madre... - Rantaro se llevó las manos a la cabeza.
- Está claro que ese tipo quiere morir. – Añadió Rickson.
El ambiente era realmente tenso. Joshua se mordía el labio ya que, como el resto, no sabía cómo iba a reaccionar Free que se quedó tal cual después del golpe de Lui que no apartó su amatista mirada sobre su rival, quien se fue levantando poco a poco con los ojos escondidos debajo de su flequillo.
- Tú... - Susurró de la Hoya. - ¡Eres un hijo de la gran puta!
- ¡Jeh! ¡Yo también me alegro de verte!
Y es que nada más verse se liaron a hostias literalmente. Valt se quedó boquiabierto. Christina intentó intervenir para parar esa pelea, pero siendo arriesgado para ella obligó a Silas a detenerla y menos mal que lo hizo pues, nada más apartarse, vio cómo los otros dos salieron corriendo en una persecución mutua. Ren Wu Sun suspiró, llevándose la mano a la cara en lo que Xander se reía, dispuesto a no perderse ese espectáculo. Joshua le siguió, queriendo entender mejor aquel recibimiento tan... violento. Christina les pidió mantener la calma, pero fue ignorada porque muchos ya se habían ido antes de que ella siquiera hubiese pensado en esas palabras.
- ¡¿Se puede saber qué pasa?! – Preguntaba Valt corriendo por los pasillos oyendo los gritos de Free y Lui en la distancia.
- ¡Amigo mío estás viendo el saludo legendario de los dragones! – Le contaba Xander, a su lado.
- ¿El saludo legendario de los dragones?
- Sí. – Intervino Ren Wu Sun. – Lui y Free son rivales desde hace años y su relación es tan feroz que su manera de solucionar las cosas es a través de la violencia. Muy triste, la verdad.
- ¡Vamos Ren, no seas un aguafiestas! ¡Esto es muy divertido! – Xander se desternilló.
- ¿Pero se puede saber por qué no pueden tomarse las cosas... con más calma? – Rantaro corría con ellos.
- ¡Es la manera que tiene Lui de avivar las llamas de la determinación del Dragón Dorado! – Xander era el único que parecía realmente feliz con todo esto.
Y es que tanto Free como Lui correteaban de un lado a otro, intercambiando buenos golpes o sujetándose de las manos para ver quién tenía más fuerza, justo como estaban ahora cerca de un estadio de beyblading. Los chicos los vieron. Ren Wu Sun intentó intervenir para detenerles, pero fue inútil. Xander no se lo permitió porque quería disfrutar del espectáculo. Free y Lui hacían presión en los músculos de sus brazos, sin quitarse la vista de encima; el segundo sonreía y el primero mostraba una expresión llena de enojo.
- Vaya, vaya, alguien aquí ha perdido facultades. Estoy decepcionado... - Se burlaba Lui.
- No lo estarás tanto cuando tu cara se encuentre con el suelo.
- Oh, ¿en serio? Al menos no soy yo el que se ha comido la mesa entera con el plato incluido. ¡Ha, ha, ha, ha, ha!
- Cht... - Free apretó la mandíbula. Movió los brazos hacia la derecha, pero Lui supo predecirle, de modo que ninguno se liberó del agarre.
Ambos movieron sus cuerpos de un lado a otro, así que la distancia física entre ellos fue reduciéndose sin que se dieran cuenta, o al menos esa fue la sensación que daba de buenas a primeras. Valt observaba la situación con la boca abierta, sin saber qué hacer para calmar las cosas. ¿Cómo meterse en una pelea... entre dragones? Saldría mucho peor que escaldado, ¿Tal vez con el culo en llamas? No, puede que completamente chamuscado. ¿Quién iba a querer Valt Aoi a la parrilla?
- ¡AH! – Se quejó Lui cuando recibió un tremendo cabezazo por parte de Free, alejándose del mismo. - ¡Qué hijo de la gran puta estás hecho! ¡Eso no se vale!
- Oh cuánto lo siento, creía que te conocías el truco. – Contestó. – Técnica asesina de Free de la Hoya: ¡Golpe de frente!
- Jeh, búscate un buen diccionario para los nombres, ¡Payaso!
- ¡Cht...! – Free corrió hacia él.
- ¡Alto!
Velozmente Ren Wu Sun se había puesto en medio antes de que de la Hoya consiguiera alcanzar a Lui Shirosagi. Eso frenó al rubio quien se detuvo a tiempo antes de chocar con el castaño. Xander puso las manos en jarra, volviendo a reírse en lo que Valt soltaba el aire contenido en sus pulmones por la tensión. Nadie se había atrevido a inmiscuirse en aquella disputa, pues no era un secreto el hecho de que Lui sabía artes marciales y parecía que Free había aprendido mucho de él... quizá tantas refriegas habían tenido algo que ver con eso.
- No hemos venido aquí a perder el tiempo con vuestros asuntos personales sino por algo mucho más importante que nos ha convocado a los cinco. Tenemos mucho de qué hablar así que deteneos ya. – Ren Wu Sun se mostró firme ante los otros dos, sin amedrentarse por sus interlocutores.
- Heh... menudo aguafiestas. – Sonreía Lui encogiéndose de hombros. Adiós a la diversión.
- ¿Hay algún sitio en el que hablar tranquilamente? – Ren Wu Sun miró directamente a Christina.
- La sala de reuniones del club. Es por aquí, seguidme. – Dijo ella haciendo un ademán. – Free, tú también.
Todos se movilizaron hacia allí, siendo Christina la que encabezaba el grupo y Free el último de todos. A los Cinco Grandes no les pareció mal que los miembros del BC Sol estuvieran presentes, total, necesitaban saber la gran última noticia que estaba expandiéndose por todo el mundo. Valt intuía que ocurría algo malo, así que con más razón tomó asiento junto a Rantaro y el resto. A excepción de Free que permaneció cerca de la puerta, los demás bladers que formaban parte de los Cinco Grandes se quedaron delante de todos los presentes. Joshua miraba fijamente a de la Hoya sin entender mucho su actitud. Se suponía que era el líder del equipo al cual también pertenecía, así que... ¿Qué demonios hacía ahí?
Ren y Xander le pidieron a Christina buscar unas cosas en su portátil, poniendo un poco nerviosa a la joven que no entendía a qué venía todo esto, pero pronto lo entendería. Afortunadamente tenían un proyector cerca. Raúl se quedó al lado de la dueña del BC Sol, también a la espera.
- No vendría mal que alguien nos diera una explicación. – Habló Rantaro, entre tanto silencio. - ¿Qué ocurre?
- Algo muy gordo debe pasar para que los Cinco Grandes se hayan reunido. – Kit mostró su preocupación.
- ¿Ah sí? – Preguntó Honey, sentada con él. Se giró, para mirar a Free. - ¿Es eso cierto?
- Algo así. – El rubio se encogió de hombros, con evidente desinterés. – Los Cinco Grandes sólo se reúnen en caso de alguna emergencia. Lo que no entiendo es... - Señaló a Joshua. - ¿Qué está haciendo él aquí? Ya no es parte de los Cinco Grandes, al menos, no que yo sepa.
- Él insistió en venir. – Lui había puesto las manos en jarra, moviendo ligeramente los hombros. – No hubo manera de decirle que no cuando el helicóptero es suyo.
- ¡Así es! ¡Gracias a mí estáis aquí, pero...!
Rápidamente Joshua llamó la atención cambiando su posición al caminar hacia Free con todos los ojos puestos sobre él. Sorprendió a los presentes cuando le dio un abrazo al rubio que le miró más bien desconcertado mientras una mirada amatista atravesaba al moreno con furia, aunque a Joshua le importó más bien poco. Era la primera vez que estaba tan y tan cerca de Free y eso era gloria bendita. Lástima que de la Hoya no tuviera esa predisposición para corresponder a su gesto.
- Oh, mi querido Free, ¡Te debo una gran disculpa! – Decía Joshua, exagerando un poco con su tono de voz algo dramático. Es como si estuviera rodando una película. – No tuve oportunidad de disculparme contigo por lo que hice en la Liga Mundial.
- Pierdes el tiempo esperando a que me importe. – Soltó de la Hoya sin tacto. – Además, eso ya ha quedado atrás y no podemos cambiarlo, así que olvídalo ya.
- ¡Pero no puedo! Me dolieron tus palabras y busqué una manera de encomendar mi error.
- Pues una manera de hacerlo sería pirándote de aquí. No eres parte de los Cinco Grandes, así que no pintas nada.
- Me temo que ahí te equivocas, Free. – Intervino Ren Wu Sun. – Todos los bladers están implicados en lo que ocurre en el mundo en estos momentos.
- ¿Cómo que todos los bladers? – Repitió Valt.
- Lui fue el primero en enterarse. – Xander miró al aludido.
Desde luego Lui lucía bastante molesto, ahora, vete tú a saber por qué. El chico suspiró, como si no quisiera hablar y en parte le irritaba el hecho de tener que hacerlo sólo porque la situación lo requería. No sólo por el bienestar de los miembros de todo el BC Sol, que desde luego a él le interesaba tres pimientos, pero que tenía especial relevancia para Free de la Hoya y eso es lo único que lo hacía ceder.
- Ha aparecido un poderoso blader que se hace llamar a sí mismo como «el más fuerte de todos» - al decir eso, lo hizo mirando fijamente a Free. Joshua se había apartado cuando el rubio le obligó a hacerse a un lado. – Desde que ha aparecido, las cosas en el beyblading han empezado a cambiar.
- ¿En qué sentido? – Preguntó Rickson.
- ¿Cambiando? ¿Cómo? – Siguió Kuza.
- Haciendo algo parecido a lo que hacía Shu Kurenai con su paranoia de ser Ojo Rojo. – Respondía Lui, haciendo que Valt bajara la cabeza. Fue un detalle que a Free no se le escapó.
- Ve al grano, Lui. – Exigió el rubio, haciendo suspirar al otro.
- Ese blader está destruyendo todos los beys que encuentra, pero eso no es todo... también está involucrando la seguridad de los bladers. – Sentenció, dejando un ambiente frío. – Muchos hospitales, empezando por Japón, están colapsando de la cantidad de bladers heridos que han intentado detener a ese tipo.
- ¿Y cómo sabes tú eso? – Sasha se puso de pie. – Se supone que eres el segundo más fuerte, ¿no? Eso significa que habrías sido una de sus primeras presas.
- Todavía estaba con la evolución de Lúinor así que fue imposible. Tuve suerte en ese sentido, pero sé que vendrá a por mí tarde o temprano. Además, os recuerdo que perdí contra Shu Kurenai en las semifinales de la Liga Internacional, así que es probable que ese desgraciado haya sido el primero en sufrir ese destino.
Mientras se armó un buen escándalo, Valt permaneció callado al margen de todo igual que Free, quien le miró a distancia. Valt apretó las manos, sin poder evitar preocuparse por Shu. Su mejor amigo de la infancia, pese a todos los errores cometidos, se había convertido en el segundo en la cima del ranking después de vencer a Lui en la Liga Internacional así que... ¿Qué habría sido de él? ¿Estaría herido como muchos otros bladers? Se puso tan nervioso que empezó a no sentir las manos de la presión que aplicaba, hasta que el contacto cálido de otras le sacó de sus cavilaciones. Reaccionando, vio que se trataba de Free que se había acercado a él. Su cara expresaba una seriedad bastante especial con la que Valt ya se había topado antes, como cuando en la Liga Internacional Shu rompió a Valtryek expresamente para que no pudiera presentarse a otra batalla a tiempo.
- ¿Free?
- No pienses en eso ahora, Valt.
- ¿Eh? Pe- pero...
- Tarde o temprano sabrás si él está bien, lo que importa es lo que podemos hacer en estos momentos.
Los dos se mantuvieron la mirada, y Valt asintió con la cabeza obteniendo el mismo gesto por parte del otro que permaneció cerca de él. Rickson, Rantaro y los demás no paraban de preguntar y comentar cosas. La sala de reuniones se había convertido en un gallinero. Raúl miró a Christina que seguía las indicaciones de Ren Wu Sun, hasta que pudieron encontrar el vídeo de la última noticia. Había sido difícil hallarlo debido a que muchos peces gordos no querían desvelar lo que estaba pasando a los medios de comunicación. El follón que se había montado era gordo.
- A ver, miembros del BC Sol. – Ren alzó la voz, captando la atención sin mucho esfuerzo. – Quiero que miréis esto.
A continuación, en la pantalla que había a un lado de Christina, empezó una grabación. Era un periodista que informaba de los últimos acontecimientos más recientes. Habló sobre un blader llamado Phi, quien junto a sus seguidores estaban causando una gran conmoción al mundo del beyblade. Valt no puso buena cara, sin percibir la creciente molestia de Free a la cual se le añadía la impotencia. El resto de miembros del BC Sol se quedaron sin habla al ver las imágenes que vieron: centenares de hospitales de lo largo y ancho de Japón colapsados de la cantidad de bladers heridos, y algunos bastante más graves. Se llegó a mencionar que unos pocos estaban incluso en la UCI.
Por eso los Cinco Grandes habían sido convocados. El mundo del beyblade necesitaba a sus cinco mejores bladers para frenar esta catástrofe que tanto impacto social había tenido. Fue entonces que el periodista soltó la pregunta de dónde se encontraba y qué habría sido de Free de la Hoya del que hacía tiempo que nadie sabía nada, dado que el BC Sol no había querido comentar algo al respecto. Todo terminó ahí y ninguno de los presentes se atrevió a soltar palabra, ninguno excepto cierto rubio que sí lo hizo:
- Tenemos que organizarnos. – Habló Free acercándose a Lui.
- Vaya, ya era hora de que lo dijeras. ¿Por qué te crees que hemos venido? – El dueño de Lúinor resopló. – Afortunadamente Lúinor y yo estamos listos para cualquier cosa. Sólo quedas tú, Free.
- ¡Yo también tengo ganas de partir cabezas! – Comentó Xander uniéndose a la charla.
- Antes que eso... - Free volvió a señalar a Joshua. – Él es el que sobra.
- ¡Ni hablar! – El moreno se acercó. - ¡Todavía formo parte del equipo!
- Dejaste de ser uno de nosotros desde el momento en el que fuiste derrotado en la Liga Mundial por Silas. Recuérdalo: los Cinco Grandes deben mantenerse invictos ante aquellos que no sean del equipo. – Free habló con toda la frialdad del mundo.
- Free por favor, reconsidéralo. – Le pidió Joshua. – No puedes hacerme esto.
- Yo no he hecho nada. La responsabilidad es tuya, por perder.
- Pero podemos tomar una alternativa. – Se acercó Ren Wu Sun.
- Te escucho. – Dijo Free.
- Con todo lo que está pasando, y con ese tipo llamado Phi suelto por ahí... necesitamos todo el apoyo del que podamos disponer. – Contaba. – Aunque Joshua deje de formar parte de los Cinco Grandes, estaría bien tenerle a nuestro lado.
Xander pareció estar de acuerdo, poniéndose al lado de su compañero. A Joshua le brillaron los ojos y miró tanto a Free como a Lui, quienes eran los que estaban al mando del equipo formado por los mejores bladers del mundo, especialmente el rubio. Aun así, Free no lucía convencido. No trataba a Joshua de perdedor, sino que simplemente estaba haciendo cumplir las normas que había en el equipo. Los miembros del BC Sol aparte de sentirse excluidos, prestaban atención pues no todos los días se reunían estos bladers a charlar y menos delante de otras personas. Definitivamente debían sentirse como auténticos privilegiados.
Chapter 9: ¡La decisión de Free!
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Free guardó silencio, dejando a la espera a los presentes. Christina pidió a su equipo que empezara con su rutina habitual y con ello, los Cinco Grandes se fueron quedando solos. Valt se giró para mirar a Free una última vez antes de salir por la puerta. ¿Qué es lo que planearían? Lo primero que hizo fue acudir al gimnasio, para entrenar con Valtryek con ganas. Necesitaba mantener la mente ocupada o de lo contrario su preocupación por Shu le haría actuar de manera imprudente... tan imprudente como ser capaz de coger sus cosas y tomar un vuelo directo a Japón. Hasta se atrevería a buscar a ese tal Phi y desafiarle, para demostrarle quién mandaba aquí. Pero claro, hasta él mismo sabía que eso era sentenciarse a sí mismo. No conocía las habilidades de ese blader ni las consecuencias que llegaría a sufrir si hacía un paso en falso. ¿Y si Valtryek era destruido? ¿Podría arreglarlo de nuevo?
Rantaro y Kuza aparecieron, y esta vez acompañados de Silas. Los tres tenían las mismas inquietudes que él, aunque a los dos últimos no les importara mucho el tema de Shu. Pero Rantaro y Valt tenían a otras personas en las que pensar, aparte del dueño de Requiem Spryzen. Y eso se notó con cada nuevo lanzamiento
- Vaya, esto es bastante penoso. – Dijo Kuza. – Al parecer la charla de antes os ha desanimado bastante.
- Es normal. – Habló Rantaro. – Tenemos muchos seres queridos de los que preocuparnos. No podemos con la idea de que hayan podido resultar heridos, ¿verdad, Valt? Uh... oh no.
El pelinegro estaba terriblemente serio. Era obvio en quién pensaba. Su mente viajaba una y otra vez en Shu Kurenai, pero no sólo en él sino también en sus hermanos. Hacía relativamente poco que su hermano pequeño se había convertido en blader y ahora no paraba de decirse a sí mismo el mal momento que había elegido Toko para eso. ¿Qué tal si aparecía ese tal Phi o alguno de sus seguidores y le hacía algo? O su hermana Nika. Confiaba en que su madre les protegería, pero ella no podía estar las veinticuatro horas del día pendiente de ellos cuando tenía un negocio que mantener en la panadería... Por eso, en estos momentos, trataba de reprimir sus emociones. La preocupación era cada vez mayor y reconoció que dentro de sí mismo estaba naciendo el impulso de querer ir a Japón, aunque fuera sólo para quedarse tranquilo a sabiendas de que no era adecuado dejar el equipo pese a que los Cinco Grandes estaban presentes, así como Free. Pero sobre todo con Free. Con él aquí no había nada que temer.
Aunque al reparar en esos pensamientos se sintió mal. Una vez más él y absolutamente todos confiaban en que Free les sacaría del apuro. El mundo entero le buscaba porque era el blader más fuerte de la última década. Pese a que en la Liga Internacional Valt fue declarado ganador, la verdad es que, como muchísima gente, también coincidía en el hecho de que fue el propio Free quien decidió abandonar por petición de Christina antes de ser trasladado al hospital a causa de sus extremismos al llevar el duelo demasiado lejos... por esa razón le seguían considerando como tal, aunque el título estuviera ahí, esperando a que uno de los dos lo reclamara para despejar cualquier duda.
Pero Valt podía intuirlo: Free no haría lo que los demás esperarían de él. Siempre había sido así pero incluso tratando de mentalizarse, era consciente que igualmente le sorprendería. ¿Podría el blader más fuerte del mundo, el gran Free de la Hoya, darle la espalda a todas esas personas que habían puesto sus esperanzas en él? Su corazón prefería darle el beneficio de la duda.
- ¡Eh! ¡Tierra llamando a Valt! – Le hizo reaccionar Rantaro.
- ¿Uh? – Levantó la vista. – Oh, chicos...
- Valt, ¿Estás bien? – Kuza lucía preocupado. – No te ves muy concentrado...
- Estaba pensando. Pero... me parece que no soy el único que está angustiado por su gente, ¿verdad?
- Daigo y Wakiya siguen en Japón. – Respondía Rantaro. – Hace mucho que no hablo con ellos, y debería llamarles...
- Sí... - Valt bajó la mirada. – Creo que si Wakiya supiese algo habría venido de inmediato. Es muy típico de él llamar la atención.
- Precisamente por eso estoy preocupado, Valt. – Dijo Rantaro. – Porque no lo ha hecho.
- Yo también debería llamar a mis amigos. – Habló Kuza. – Pero Lui dijo que las cosas han empezado en Japón, ¿no?
- Pero vete tú a saber. – Resoplaba Rantaro. – No sé vosotros, pero yo voy a ir a Japón. Ni loco me quedo yo aquí esperando a que me digan algo.
- ¿Y Christina? – Kuza miró al más alto. – No creo que le parezca bien.
- Tendrá que aceptarlo. Es mi decisión y es mi derecho ir a ver a mis seres queridos, ella no puede impedírmelo.
- Coincido con Rantaro. – Valt rompió su prolongado e inusual silencio. – Yo tampoco me quiero quedar. Necesito ver a mis hermanos y comprobar que Shu esté bien.
- Pe- pero chicos... os vais a meter en un buen lío. – A Kuza le parecía una auténtica locura el actuar de ese modo, era todo tan precipitado...
- Nada a lo que no estemos acostumbrados ya. – Sonrió Valt. – Recuerda que dejamos el equipo para viajar hasta México a buscar a Shu, ¡Así que no es muy diferente de aquella vez!
- ¡Valt tiene toda la razón! ¡Por los amigos, lo que sea!
Sin mediar palabra, los dos dejaron a Kuza allí con Karl en su hombro. Al moreno no le convencía el hecho de que abandonar BC Sol temporalmente para ir a Japón fuera algo que Christina aprobara. Obviamente esos dos hacían las cosas sin un plan en mente, lo cual era hasta más peligroso. Si tanto jaleo había en Japón era evidente pensar que el enemigo seguía allí haciendo de las suyas sin que nadie pudiera pararle los pies. Ese tal Phi se había ganado la fama a pulso, pero también estaba el hecho de que nadie le quería. Kuza suspiró, sin saber qué hacer. La presencia de los Cinco Grandes en parte le amedrentaba, y es que esos cinco eran algo así como la autoridad en el mundo de los bladers. Ellos siempre marcaban un camino, distinto por cada miembro, y siempre señalaban lo que les parecía bien de lo que no... aunque, claro, Free era la única excepción a esta regla.
Free de la Hoya nunca se metía en esos jaleos, básicamente por puro desinterés.
Valt y Rantaro subían las escaleras buscando a Christina. Se toparon con Rickson y con Kit, quienes les habían dicho que la dueña del BC Sol estaba ocupada, pero a ellos dos no les importó mucho. Para cuando llegaron al despacho, antes de siquiera llamar escucharon una conversación que les impactó:
- ¡¿Cómo que no vas a hacer nada?! ¡Free se trata de que el beyblade está en peligro!
- Me da igual, eso no es asunto mío.
- Los Cinco Grandes han venido porque saben que te necesitan. ¿Qué digo? ¡El mundo te necesita! ¿Vas a darle la espalda de esta manera?
- Yo no pedí ser el mejor del mundo, y lo sabes.
- No entiendo a qué viene todo esto.
- No tienes por qué entenderlo. Sólo venía a hacértelo saber. La decisión ya está tomada.
- ¿Y qué harás entonces? ¿Te irás como siempre has hecho? ¿Te esconderás en el bosque hasta que la tormenta haya pasado? Porque desde luego es muy egoísta e injusto lo que pretendes hacer. Justo ahora cuando más te necesita el mundo...
Pero no hubo respuesta. Valt y Rantaro se apartaron justo en el momento en el que la puerta se abrió. Free les miró unos instantes antes de irse, sin haberse tomado la molestia de contestar a Christina, dejándola con la palabra en la boca y la cual le gritaba desde dentro de la sala. Los otros dos no entendían mucho lo que ocurría, pero sólo sabían que la situación acababa de empeorar. Se acercaron a Christina, que trataba de tranquilizarse sentada en su escritorio con las manos en la cabeza.
- ¿Chris? – Valt se acercó con cautela. - ¿Va todo bien?
- Oh, Valt... Rantaro. – Les miró. – Ojalá... - No puso buena cara.
- ¿Qué ha pasado? – Preguntó Rantaro. – No es normal que Free y tú discutáis.
- Dice que no quiere ser parte de todo lo que está ocurriendo y que no hará nada al respecto. – Contó, echando un pesado suspiro. – No comprendo por qué ha tomado esa decisión, pero me molesta que haga este tipo de cosas sin consultarme primero. Siempre igual...
- Pero tal vez lo ha hecho por un motivo de peso. – Valt saltó en la defensa del rubio. – Cuando abandonó BC Sol lo hizo pensando en nosotros para que mejorásemos, o cuando nos dedicaba a Rantaro y a mí esos comentarios tan desagradables sólo para que cogiéramos al toro por los cuernos y enfrentáramos con valor la situación.
- Ya lo sé, pero esto es distinto, Valt.
- ¿Distinto en qué? – Preguntó.
Christina volvió a suspirar por segunda vez. Free nunca solía revelar sus verdaderas intenciones a no ser que fueras un radar y las supieras detectar a través de sus palabras que habitualmente dejaban un rastro muy sutil. La dueña del BC Sol no negaba que Valt tenía razón, ella no ponía en duda su fe en Free, pero esta vez el rubio no lo hacía por el equipo, y mucho menos por el mundo. Su silencio dejó en vilo a Valt, mientras Rantaro tomaba asiento en la silla que había frente al escritorio.
- Free está huyendo. – Habló la joven de dieciocho años. Sus dos interlocutores se sorprendieron. – No sé si es porque teme no saber enfrentar la situación, o es porque no ha dominado a Fafnir.
- A lo mejor no es eso, Chris. – Dijo Valt. – Ahora que lo pienso... durante el paseo que dimos ayer se comportó de manera extraña.
- ¿De manera extraña?
- ¿Qué hizo? – Se interesó Rantaro.
- Empezó contándome que el ciervo que vive en el bosque es un viejo amigo suyo, y luego que tu abuelo los educó a los dos. – Contaba Valt. – Le pregunté por sus padres, pero creo que no entendí lo que él quiso decirme...
- Te dijo que dormían, ¿no es así? – Saltó Christina, que no lució extrañada. Valt asintió. – Ah...
- Pero me da la sensación de que intentó recordar algo, porque me dijo que su cabeza como que no funcionaba bien o algo así.
- Ya veo... - Christina cerró los ojos. – Así que... ya está comenzando.
Valt y Rantaro intercambiaron miradas sin haber comprendido aquello. Sin embargo, Valt siempre era un chaval intuitivo y sabía que Christina conocía los secretos más turbios de Free. Sí o sí debía ser la que mejor podía deducir qué era lo que le ocurría a Free últimamente. Los dos esperaron a que ella quisiera compartir sus cosas con ellos, pero pasaban los minutos y ahí seguían. Valt se impacientaba a cada segundo que pasaba, y Rantaro hacía un pequeño esfuerzo para no aburrirse.
- Rantaro, ¿Podrías dejarnos a solas un momento, por favor? – Christina rompió el silencio.
- Uh... vale. Estaré esperando fuera. – El aludido accedió, bastante desconcertado por esa repentina acción.
El rubio se levantó, colocando bien la silla antes de irse. Miró a Valt, como queriéndole decir que después le contara más o menos lo que pasaba. Valt asintió, quedándose junto a la dueña del BC Sol que con un gesto con la mano le indicó que tomara asiento. Valt negó con la cabeza, ya que no le apetecía. Entonces el silencio volvió, sin embargo, el semblante serio de Christina advertía a Valt de que la joven se encontraba pensativa. Casi meditaba todo lo que fuera a contarle, porque para haberle pedido a Rantaro un poco más de privacidad...
Valt tragó saliva, poniéndose nervioso.
Chapter 10: ¡La historia del Dragón Dorado del BC Sol!
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- Te has dado cuenta, ¿verdad, Valt? – Christina volvió a mirarle. – Free nunca habla de sí mismo.
- Eh, sí. Es verdad. ¿Eso es... habitual en él?
- Siempre ha sido así desde que le conozco, pero sospecho que tiene una justificación.
- Uh... con el paseo de ayer... se me pasó por la cabeza el venir a preguntarte a ti, Christina.
- ¿Eh? ¿Preguntarme qué, Valt? – Respondió con un amable tono de voz.
El chico caminó un par de pasos hasta quedar delante del escritorio. Christina le percibió de lo más inquieto, y puede que hasta preocupado, sentimientos que, si eran por Free, ella podía entender a la perfección. Era difícil no hacerlo con ese cabeza hueca que nunca atendía a razones cuando tomaba una decisión.
- Free dijo que sus padres dormían. – Habló Valt. - ¿Tú sabes qué quiso decir con eso? Porque desde luego a mí me ha asustado...
- Bueno... - Suspiró antes de ponerse en pie. Valt permaneció atento, observando cómo la dueña del BC Sol cogía un cuadro de una estantería para acercárselo. - ¿Nunca has visto esta foto?
- Qué va. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba ahí. – Dijo. - ¿Este es Free de pequeño?
- Tenía siete años en esa imagen. Mis padres quisieron hacernos una foto para recordar el día de cuando le adoptaron.
- Oh ya veo... - Dijo sin darse cuenta, hasta que se percató de ello. - ¡Espera! ¡¿Adoptado?!
- Sí. – Asentía Christina con la cabeza. – Legalmente Free es mi hermano pequeño. Sus padres y los míos eran muy amigos y tenían una relación muy cercana. Cuando se enteraron de que Free estaba en el orfanato de la ciudad, decidieron ocuparse de él.
- ¿Qué ocurrió con sus padres?
- Murieron en un accidente de tráfico.
Aquella revelación fue impactante para Valt, quien se quedó mudo al no saber qué decir. Muchas cosas empezaron a encajar en su cabeza. ¿Tal vez por eso Free tenía esa extraña costumbre de mirarle mientras dormía durante las noches? ¿O quizá era el motivo que justificaba su poca empatía? De nuevo, en su cabeza comenzaron a formularse tantas preguntas que Valt temió colapsar otra vez. Christina se dio cuenta, sonriendo. Valt tuvo que sentarse, para evitar desplomarse por la impresión.
- Llevo años intentando averiguar hasta qué punto a afectado eso a Free. – Christina siguió con su explicación, haciéndolo con calma. – Desde que empezó a vivir conmigo en mi casa, él nunca habló del tema. Mis padres creyeron oportuno no sacarlo si no se daba el caso, así que se quedó como... apartado.
- Pero eso no es normal. Quiero decir... vale, Free era tan sólo un crío de siete años, pero... ¿no se interesó por lo menos en entender lo que les pasó a sus padres?
- Ese es el principal problema, Valt. – La expresión de Christina reflejó su inquietud. – Free resultó herido en aquel accidente y estuvo un tiempo hospitalizado. Mis padres creen que cuando estuvo en condiciones, le dieron la opción de ver a sus padres, al menos eso fue lo que nos contó uno de los agentes. – Suspiró, mirando el cuadro que tenía en sus manos. – Entonces mi abuelo sugirió buscarle ayuda profesional a Free para saber cómo estaba él.
Una psicóloga. Claro, eso era lógico. Valt podía entenderlo. En casos así era muy difícil que uno supiera lidiar con todo aquello, pero, por lo que estaba intuyendo, parecía que nadie, ni siquiera la propia Christina, conocía la verdadera magnitud del daño emocional que había recibido Free... o tal vez se equivocaba.
- La psicóloga les dijo a mis padres que Free era demasiado joven para comprender lo que había ocurrido y para asimilar que su mundo se había venido abajo. Le diagnosticaron estrés post-traumático, pero no en qué grado.
- Vaya... - Valt bajó la mirada. – Entonces... ¿Free recuerda algo sobre eso?
- No lo sé. – Se encogió de hombros. – Como ya has visto, Free no habla de sí mismo y mucho menos de cómo se siente. Eso complica mucho las cosas. Pero... - Hizo una pausa que causó la turbación de Valt, y más cuando Christina posó en él sus ojos azules. – Él empezó a reaccionar desde que te conoció.
- ¿Qué? ¿Yo? – Valt se señaló a sí mismo. – Pero yo no he hecho nada... especial.
- No se trata de si son acciones «especiales» o no, Valt. Se trata de que eres capaz de alcanzarle. Tú estás conociendo al verdadero Free.
Valt se quedó con esas palabras: al verdadero Free. Le causaron una gran impresión. Sin embargo, no comprendía qué es lo que había hecho él exactamente. Tal vez por su mera personalidad hubiese provocado algo en el corazón de Free. El rubio siempre se mostraba más accesible y comunicativo con él que con el resto, a excepción de Christina claro estaba. Y aunque ahora le hubiese visto más distante de lo usual por la presencia de los Cinco Grandes, Valt sabía que Free no se negaría a pasar un rato a su lado. Por muy opuestos que fueran, se complementaban y poco a poco el japonés se percataba de ello.
- El estrés post-traumático de Free... - Christina le sacó de sus cavilaciones. – Le provocó un bloqueo a nivel mental y emocional, de modo que parece incapaz de acordarse de nada que tenga relación con sus padres.
- ¿Y cómo sabes tú todo esto? – Le dio por preguntar, muerto de la curiosidad.
- Yo estaba presente cuando la psicóloga se lo contaba a mis padres, ellos creyeron oportuno que yo conociera la condición de Free para saber tratarle correctamente. – Respondió. – Ya lo has visto. – Alzó ligeramente la mano, a modo de explicación. – Free reacciona de manera diferente con cada persona, y es muy habitual en él evitar a las personas porque no se siente cómodo.
- Sé que Free es muy solitario, y aunque diga que es porque le gusta, yo creo que no es muy bueno que pase tanto tiempo solo.
- Me alegra que lo pienses. – Sonrió, pero por escasos segundos. – Pero no podemos obligarle a hacer algo que no quiera, ya sabes cómo es.
Valt se quedó callado. Empezaba a comprender por qué Christina le había escogido a él como al compañero de habitación de Free. Era tan obvio... y lo ignoró tan fácilmente al principio sólo porque compartir más ratos con el mejor blader de mundo le pareció como un deseo hecho realidad. Se sintió estúpido y por ello, restregó sus manos en su cara insultándose mentalmente a sí mismo por lo tonto que había sido. Es como si Christina estuviera intentando decirle que él era la clave para que Free empezara a avanzar en su vida, alejándose de ese estancamiento en el que se hallaba actualmente. Pero había algo más que ella no le había contado...
- ¿Y qué hacemos entonces, Chris? – Habló al cabo de unos minutos. La aludida se había mantenido callada, respetando su espacio para que asimilara toda la información. – Has dicho que Free tiene un bloqueo, ¿no?
- Sí. ¿Por qué?
- Pues... ah... - Rascó su mejilla, sin saber qué pensar. – No sé si podré hacer algo para ayudarle...
- En realidad, no necesitas hacer nada que no hayas hecho ya. – Esa respuesta le dejó sorprendido. – El bloqueo de Free está desapareciendo lentamente, y eso lo sé porque sus malas costumbres están regresando.
- ¿Y eso... es algo bueno, algo malo...? – Preguntaba Valt con un tono lleno de duda.
- En parte es algo bueno porque podrá solucionar esos problemas que en el pasado no pudo porque era demasiado joven y no tenía las herramientas para ello. – Contestó antes de resoplar y mirar el escritorio al bajar la cabeza. – Pero por el otro lado es algo malo... muy malo. Me da miedo lo que pueda ocurrir.
- ¿Por qué? ¿Piensas que pueda perder el control?
- Sí. – Cerró sus ojos y se cruzó de brazos, casi abrazándose a sí misma buscando un refugio en su zona de confort. – Free nunca ha sido bueno manejando sus emociones, ya lo viste cuando te enfrentaste a él en la Liga Internacional aquel día.
Valt tragó saliva. Cómo olvidar aquello, si es como si hubiese ocurrido ayer mismo. Se acordaba de ese Free que ni siquiera pensaba en sus acciones, simplemente estaba determinado a aplastarle a cualquier precio... incluso si debía ir más allá de sus propios límites físicos y poner en riesgo su condición como blader. Desde el primer momento a Valt le pareció que aquellas venas dilatadas eran una mala señal, y eso por no hablar de la presión que Free ejercía sobre todo su cuerpo en general al usar esa energía dorada mientras perdía el juicio a velocidades de vértigo a cada segundo que pasaba. Es como si en lugar de enfrentarse a una persona normal y corriente... se enfrentara a un dragón monstruoso que estaba deseando hincarle el diente para probar la sangre fresca. Pero cuando se percató de que, ya yendo demasiado lejos, se mordió el brazo con aquella tétrica expresión en los ojos... Fue como ver a un psicópata sufriendo un brote de locura. Total, para que todo terminara con un Free desplomado en el suelo, incapaz de moverse y con el cuerpo hecho trizas y sudando por la alta temperatura causada por esa energía, hasta ser llevado al hospital más cercano de urgencia.
El pelinegro entrecerró los ojos. Aquello nunca desaparecería de su mente. Lo tenía grabado a fuego. Por eso comprendía el temor de Christina. Él también deseaba que aquello no se repitiera, pero los dos sabían que, de algún modo, no podrían impedírselo a Free y menos ahora si su bloqueo estaba desapareciendo. Eso significaba que todos esos traumáticos momentos de su infancia volverían, que él se daría cuenta de que su mundo prácticamente ya no existía y que no era el que siempre creyó... y despertarían emociones que, para qué engañar a nadie, serían demasiado fuertes para el propio Free.
- Hasta ahora Free siempre ha sido capaz de escuchar mi voz incluso cuando ha perdido el norte. – Habló Christina al cabo de veinte largos minutos de puro silencio. Valt la miró, sin decir nada. – Aunque él entre en esa espiral de ansiedad y enloquecimiento... por mucho qué... él siempre ha podido reconocerme. – Apretó su pecho con su mano derecha, queriendo expresar su angustia. – Siempre he pasado miedo, porque... bueno ya lo sabes por experiencia propia. – Alzó la mirada para ver a Valt. – Free es impredecible, es por eso que soy la única que puede acercársele cuando está en ese estado.
- Pero él sabe lo que le está pasando, ¿no?
- Me temo que no. – Respondió. Valt tragó saliva. – Por más que Free sea el mejor blader del mundo, él posee emociones que no puede dejar a un lado y por ello pierde toda capacidad de razonamiento. Hasta que no decidí mantenerme pendiente de él y vigilar que no volviera a pasar, fui testigo de cómo otros bladers eran heridos seriamente a manos de Free y terminaban en el hospital.
Aquello era nuevo. ¿Free violento? A Valt le resultaba hasta extraño. Ese no era el Free que él conocía, ese chico tranquilo, y vago hasta morir. Pero por la expresión de Christina no cabía duda de que aquello que ella le contaba era real, sólo que de una época oscura del rubio desde mucho antes de que se conocieran... mucho antes de que siquiera supiera del BC Sol.
- Pero de alguna manera Free sabe que ha causado mucho sufrimiento y se ha sentido mal. – Christina continuó con su relato. – A partir de esos momentos Free dejó de actuar violentamente contra otros bladers, y en su lugar... - Se mordió el labio inferior, haciendo una pausa forzada.
- Oye Chris, si no quieres seguir hablando de esto por mí no hay... - Intentó decir Valt viendo cómo de afectada estaba su amiga quien, suspirando, puso la mano por delante, negando con la cabeza en señal de que le diera tiempo para seguir.
- Estoy bien, gracias. – Dijo.
- ¿De veras? – Insistió, no muy convencido. La otra asintió.
- Es sólo que recordar eso me sigue aterrorizando.
- ¿Qué fue... lo que hizo Free? – Se atrevió a cuestionar. - ¿Te hizo daño?
- No. Él nunca me ha puesto la mano encima, es incapaz. Dime, Valt. – Le miró directamente. - ¿Nunca te has preguntado por qué Free lleva ese guante largo en su brazo izquierdo?
Eso provocó que el chico se quedara en silencio, percatándose de ese detalle. Siempre había creído que era porque a Free le gustaba, porque si dormía con eso puesto... además, nadie en el BC Sol le había sacado ese tema, pero en estos instantes Valt imaginó que sería a causa de que nadie lo sabía. De nuevo, surgía esa barrera que Christina había impuesto en el BC Sol para que ninguno de sus miembros pudiera siquiera interesarse por la vida privada de Free. Aquí nadie conocía ese trasfondo que para Valt empezaba a ser de color negro. ¿Cómo es que Free había soportado todo eso? Por más que lo pensara, sólo se daba cuenta que el rubio no se había tomado siquiera la molestia de buscar comprensión... y que nadie se la había mostrado de la manera en la que siempre la necesitó. ¿Quizá por eso Free siempre se refugió más en Christina?
- Yo le pedí que se lo pusiera y que no se lo quitara. – Christina le devolvió a la realidad. – En sus inicios, como blader, después de que se diera cuenta de hasta qué extremos llegaba su violencia... Free decidió redirigir esas emociones de otra manera. – Le contaba. – Y la manera que encontró... - Bajó la mirada. – Fue autolesionándose.
- ¿Cómo? ¿Se hacía daño a sí mismo? – Eso sí que era preocupante.
- Free reprimía lo que sentía e incluso se negaba a admitir ciertos sentimientos. Eso sólo alimentó su ansiedad, por la cual él comenzó a morderse el brazo. Literalmente.
- Oh... No... no puede ser. Es una broma, ¿verdad? – Valt se sentía incrédulo. Christina negó con la cabeza. – Pero... eso es imposible...
- Sé que siempre has visto a Free usando ese guante, pero te aseguro que, si vieras cómo tiene el brazo te darían ganas de salir corriendo. Cuando sufre ansiedad se muerde con tanta fuerza que inevitablemente se hace heridas profundas. – Explicó. – Fue a partir de que le diera ese guante y le pidiera que no se lo quitara que aparentemente esa peligrosa costumbre desapareció... hasta que se enfrentó contra ti.
- Lo siento. No quería que...
- Oh, no, Valt. No es tu culpa. – Le interrumpió rápidamente, con una torpe sonrisa al haber metido la pata. – Al contrario, tenemos mucha suerte de que estés con nosotros. – Dijo. – Free necesita liberarse de todas esas emociones y necesitaba un cambio para despertarse de toda esa apatía, digamos que... era imprescindible que alguien le diera un «chute de energía».
No hubo necesidad de decir nada más. Christina ya se lo acababa de decir todo. Él era todo lo que Free buscaba. Y todo lo que el BC Sol había estado esperando. Los dos se quedaron en silencio. Christina decidió atender unas cuantas cosas en su portátil para respetar el silencio y el espacio de Valt, hasta que éste le avisó que necesitaba tumbarse un rato. Ella no puso pegas y le deseó un buen descanso. Para fortuna o desgracia de Valt, es que al compartir habitación con Free significaba subir a lo más alto del edificio y muchas veces creía que los escalones por los cuales subía y bajaba cada día se hacían interminables en algunas ocasiones, especialmente cuando no tenía ánimo. Free solía estar fuera, raras veces se hallaba en el cuarto.
Chapter 11: Una nueva competencia, ¡Los celos de Lui!
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Una vez llegó, directamente se tumbó. Estaba solo, otra vez. Rantaro le había invitado a ir al comedor para ver si se animaba con la agradable compañía de Anch, pero lo rechazó por esta vez. Ahora era él quien requería de tiempo para procesar todo lo que Christina le había contado. Y es que le sorprendía que realmente lo hubiera hecho sin poner pegas. Tuvo la sensación de que ella ya había intuido que él lo haría, al relacionarse mucho más con Free de la Hoya que antes. Si lo pensaba fríamente resultaba evidente que iba a buscar las respuestas a sus intrigas tarde o temprano. Christina sólo había aguardado hasta que el pelinegro tomara esa decisión y la buscara. ¿Qué es lo que haría ahora? Nunca imaginó que la vida de Free pudiera ser así... tan dura, y más mal valiera decirlo de este modo, pero era una vida desgraciada llena de dolor y desdicha. Lo peor de todo es que el rubio no recordaba nada, pero Valt realmente lo dudaba. Puede que Free sí pudiera acordarse de algo.
- Ah... - Suspiró pesadamente. Cogió la almohada y la puso sobre su cara.
Esto complicaba sus planes. Seguía queriendo ir a Japón, pero ahora mismo su cabeza estaba colapsada. Tal vez fue un error acudir a Christina. Sin embargo, no era nada raro en él escoger los peores momentos para hacer las cosas. No deseaba decepcionar a la dueña del BC Sol, a la que consideraba una gran amiga, pero... ¿cómo iba a reaccionar ella cuando se enterase de que pretendía irse? ¿Podría incluso dejar a Free solo ahora que conocía su auténtica situación? Bah, pues claro que podía. El rubio sabía cuidarse solito, no necesitaba a nadie que le protegiera, así había sido desde antes de que se conocieran y dudaba mucho que fuera a cambiar. Free era más fuerte que él en la mayoría de los sentidos, aunque quizá en el emocional pudiera ser diferente pero no le culpaba. ¿Qué clase de persona estaría bien en su lugar? Diablos.
Dio vueltas en la cama mientras el tiempo avanzaba. Curiosamente no había un reloj de pared en ese cuarto, que ahora estaba más lleno gracias a él. Free sólo tenía esa caja de los CD's de Bob Marley, aparte de las herramientas que guardaba en el armario por si algún día las necesitaba para Fafnir, o por si le daba el punto de ayudar a alguien como ya había hecho con Rantaro. Suspiró pesadamente una segunda vez al pensar en su amigo. Kiyama debía estar impacientándose de tanto esperarle.
Al final no salió de allí ni para cuando llegó la noche. Escuchó que llamaban a la puerta, reconociendo las voces de Rantaro y Kuza que le dejaron tranquilo cuando les dijo que no tenía hambre. Aquello sólo preocupó a sus amigos. Afortunadamente no había visto a Free desde que salió del despacho de Christina poco antes de la hora de la comida. Ahora mismo no le apetecía pensar en él sino en lo que quería hacer y lo que debía de hacer. En menudo lío se había metido...
Acabó quedándose dormido tumbado en la cama. Era tal la carga emocional que soportaba y tal el colapso mental que tenía que su mente reaccionó haciéndole caer ante el sueño para intentar estar mejor. Ni siquiera volvió a acordarse de la hora de cenar y eso preocupó a Anch cuando no le vio llegar por el comedor del club. Rantaro y compañía sentados en la mesa, también tenían caras algo largas. Que Valt se saltara una comida era de todo menos normal. En el BC Sol se sabía que cuando eso ocurría es porque al chico le pasaba algo. Los Cinco Grandes no estaban presentes, al parecer habían coincidido con la idea de explorar la ciudad española... al menos la mayoría. Lui Shirosagi era el único que obviamente habría estado pasando el tiempo con Free de la Hoya, su viejo rival.
Los dos llegaron juntos, viendo al resto del equipo cenando. Sutilmente Free miró de un lado a otro, buscando a cierto compañero suyo. A Lui no se le pasó por alto ese detalle.
- ¿Otra vez pendiente de él? – Llamó su atención a base de protestar. Free ni siquiera le miró, sino que fue a buscar su ración de comida.
- Oh, Free, qué alegría me da verte. – Le recibió Anch con cierta expresión preocupada pese a mostrar esa sonrisa.
- Hola, ¿Qué pasa? – Preguntó directamente para ahorrarse el hecho de tener que decir algo innecesario.
- Pensaba que Valt estaría contigo, conociéndole... como no ha venido a cenar.
- No le he visto en todo el día. – Contestó. – Quizá esté en mi cuarto. – Y es que ya se lo imaginaba: trasteando con su caja de discos de música de Bob Marley. Ya le había pillado varias veces, así que tampoco le resultaría nada extraño que volviera a hacerlo.
- Buah, qué más da lo que haga o deje de hacer. – Se acercó Lui. – Ya es mayorcito para saber lo que hace.
- No es normal que Valt no baje a cenar. – Dijo Anch con las manos en jarra mirando al blader de Lúinor. – A él le encanta comer.
- Si quieres puedo llevarle algo. – Free se encogió de hombros. Lui casi le asesinaba con la mirada.
- Me harías un gran favor si lo hicieras, Free.
- Claro, tampoco es lo que me cuesta.
Anch se puso de lo más contenta y le pidió que esperase un poco, entrando de nuevo en la cocina y dejándole junto a Lui. Free vio la molesta expresión de su rival, e inclinó la cabeza sin entender a qué venía su mal humor. En el fondo se sentía preocupado porque Valt no hubiese bajado a cenar. Le conocía lo suficiente como para no saber que al chaval le encantaba zamparse la comida de Anch, ya que habitualmente repetía. El llevarle algo de comer le daba a Free la oportunidad de tener una excusa para ver cómo se encontraba.
- Él está perfectamente. – Le dijo Lui, apoyado en el mostrador mientras le observaba. Free no le respondió. - ¿Por qué te tomas tantas molestias con ese idiota?
- Es mi compañero de habitación... - Le dio por contestar.
- ¡¿Y eso qué importa?! – Pero sólo sirvió para aumentar la irritación del otro. - ¿Te crees que soy tonto y que me chupo el dedo? Él te interesa, ¿verdad?
- Ah... - Suspiró. – Tan celoso como siempre...
- ¡¿Perdóname?! – Usó un tono de voz que demostraba su incredulidad. - ¿Por qué iba a estar celoso de ese niñato?
- Cuando se trata de Valt te pones muy a la defensiva. Es como si no te gustara el que él esté conmigo.
- Eso no es lo que me cabrea. Lo que me cabrea es tu actitud y la suya. – Dijo, haciendo que Free permaneciera expectante a la espera de una explicación. – Sé cómo te mira. Conozco perfectamente la expresión que pone cuando está contigo. Y lo veo aún más en tus ojos. Él te gusta, admítelo.
- Oh vaya, vivimos en una paranoia... - Le salió la vena sarcástica.
- ¡¡Deja de vacilarme!! – Dio un golpe en el mostrador. Desde la otra mesa, Rantaro y algunos les miraron sin saber qué pasaba. - ¡¿Tengo que recordarte que tú eres mío?!
- ¿Desde cuándo? – Preguntó, conteniendo su enojo.
A Lui se le hinchó la vena del cuello. Prácticamente los dos se miraban como los dragones feroces que eran en realidad. Y es que Shirosagi no podía siquiera pensar en la idea de que hubiera alguien más en la vida de Free cuando él había sido el primero de todos... él era el único que le conocía de verdad, y sabía cómo se desenvolvía en la mayoría de las situaciones incluyendo las más íntimas. No toleraría que nadie más lo supiera. Es como si... invadieran su territorio más sagrado. A pesar de que era una persona posesiva, era su manera de demostrar su amor. Pero siempre se encontraba con aquello que siempre le hacía estallar: la desvinculación de Free. Por más que lo intentara, nunca conseguía que Free se atara a él y parecía que el mero hecho de intentarlo sólo provocaba la reacción contraria. Cuanto más trataba de ligar al rubio a su persona, más se chocaba con su innata rebeldía.
Esa libertad con la que actuaba el rubio era lo que despertaba sus miedos más profundos. Y en el fondo era incapaz de comprender qué era lo que le faltaba para que Free llegara a quererle del modo en que comenzaba a querer a Valt. Eso le reventaba.
- Valt no es tan especial. – Habló Lui tras varios minutos. Free miraba el techo de la sala. – Ni siquiera es un buen blader. No te ganó en la Liga Internacional, ¡Esa batalla es inconclusa y lo sabes!
- Técnicamente es una victoria en su historial de batallas de beyblade. – Contestó con toda la simpleza del mundo. – Cuando un rival abandona, es una victoria lo mires como lo mires.
- Los cojones. – Se cruzó de brazos. – Es sólo que no estabas en condiciones. Sé perfectamente que habrías estado haciendo tus entrenamientos extremos de siempre y eso te habría pasado factura.
- Vaya, no sabía que quisieras tanto a Valt... - Dijo sarcásticamente.
- ¡No le quiero! ¡Me saca de quicio!
- Oh, ¿En serio? – Preguntó, todavía con ese sarcasmo.
- ¡Mierda! ¡He dicho que no me vaciles! – Se puso rojo del tremendo enojo. Free posó sus ojos en él. – Sabes que no me gusta la idea de compartirte con nadie, mucho hago ya tolerando que seas el rival de otros...
- Pensaba que no había compromiso entre nosotros. – Dijo, apoyándose de espaldas en el mostrador. Anch tardaba mucho... - Nunca te dije que fuera a tener nada serio contigo y tú no pusiste pegas. De hecho... ¿no fue tuya la idea?
- En aquel entonces no había nadie más para ninguno de nosotros.
- Sí... es verdad. Aunque en mi primera vez no fuiste muy gentil...
- ¿Cuándo lo he sido? – Frunció el ceño. – Tú tampoco lo has sido mucho conmigo, ¿Quieres que te refresque la memoria de todo lo que me has hecho tú a mí? Porque dudo mucho que seas tan cruel con Valt, deberías avisarle al menos lo que pretendes con él porque el pobre imbécil no se da cuenta de dónde se está metiendo.
Free suspiró. Esta conversación le aburría. No soportaba los celos de Lui, despertaban lo peor de él por las cosas que escuchaba. Conocía de antemano la faceta posesiva de Lui y hasta el día de hoy la había tolerado bien a pesar de las tremendas discusiones que habían tenido a lo largo de los años. Había química entre ellos, porque juntos habían comprobado que podían exteriorizar aquello que nunca expresaban abiertamente ante los demás. En el caso de Free era su frustración y su intensa ferocidad por la cual había logrado someter a Lui desde hacía ya mucho. Pero no se podía decir que Lui fuera bueno y obediente. Todo menos eso. Era tan competitivo como él, por eso no era nada raro que entre ellos rivalizasen hasta en la cama para ver quién dominaba a quién y en muchas ocasiones llegaban a utilizar la violencia.
Pero para Free empezaba a no ser suficiente. Aquello había comenzado a no servirle, ya que sentía que no dirigía esos sentimientos de la manera adecuada. Pensaba que hacer eso era demasiado tóxico, ya que después le invadía la pesadumbre al ser consciente de que aquello no solucionaba sus problemas. Sólo sentía un vacío que era cada vez más grande y doloroso. Por esa razón ya no había tanto interés de su parte y sabía que eso a Lui le molestaba, porque lo intuía.
- Perdona por hacerte esperar, Free. – Llegó Anch. – Toma, he hecho un bocadillo, un pan y algo de carne y verduras. – Dijo, entregándole una pequeña caja. - ¿Podrías llevárselo a Valt, por favor?
- Claro. – Respondió. – Ahora mismo.
- Muchas gracias. – Sonrió. – Oh, ¿Tú quieres comer algo? – Miró a Lui, con esa afable sonrisa. El chico se cruzó de brazos, cerrando sus ojos. Anch rio un poco. – Venga, tener el estómago lleno mejorará tu enfado. – Intentó convencerle y pareció surtir efecto, pues vio la duda en aquel rostro de su orgulloso dueño.
- Vale, pero que conste que lo hago porque tengo hambre. – Contestó de morros.
Anch volvió a reírse y se puso manos a la obra. Lui vio que Free se iba y resopló. Esta situación empezaba a cabrearle de lo lindo, ¿Tal vez no sería mala idea poner a Valt en cintura? A lo mejor eso le serviría al chico para enseñarle quién mandaba aquí y que Free ya tenía dueño. Sólo había un problema: la reacción del propio Free. Lui desconocía el vínculo que unía a esos dos, y temía la cólera del rubio a sabiendas de que era más fuerte que él, incluso físicamente. Pero debía intentarlo, ni que fuera a una batalla de beyblade. Eso sería lo más justo. Valt era un chico debilucho que no sabía defensa personal, así que no estaría bien de su parte ponerle la mano encima. El único que quedaría mal sería él.
«Prepárate Valt Aoi, pronto vas a saber quién soy yo.», pensó Lui.
Chapter 12: ¡La decisión de Valt!
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Cuando llegó a la habitación, se lo encontró todo a oscuras. Suerte que se la conocía como la palma de su mano. Cerrando la puerta con suavidad, dejó la caja sobre la mesa que había al lado del armario y se acercó a la cama que Valt ocupaba y a quien veía dormir plácidamente. Free observó que parecía haberse tumbado directamente, pues ni las zapatillas se había quitado. Todavía en silencio, le fue quitando la diadema dorada que Valt usaba para sujetarse el pelo, dejándola sobre la mesita de noche. Se sentó en la orilla de la cama, contemplando al muchacho y vigilando especialmente su pausada y tranquila respiración que le advertía de que el joven descansaba.
- Hm. – Free sonrió y acercó su mano para acariciar la cabeza de su compañero, un gesto que hasta ahora había hecho exclusivamente con Christina. Sin embargo, aquel pequeño instante duró menos de lo que él habría deseado.
Se dio cuenta que Valt abría los ojos. Al parecer se había despertado a causa del contacto con su cálida piel, ya que le miró antes de restregar sus manos por su cara para quitarse inútilmente el sueño de encima. ¿Cuánto rato llevaba ahí echando la mona? Free aguardó a cualquier reacción por parte del japonés.
- Uh... ¿Free? – Habló en voz baja, creyendo que era un sueño.
- Hola. – Saludó. - ¿Cómo ha ido esa siesta?
- ¿Siesta...? ¿Qué siesta? – Preguntó, mientras se le cerraban los ojos. – Yo no... he hecho ninguna siesta... - Decía en un bostezo.
- Oh, no lo sabía. – Salió con su sarcasmo, pero con una sonrisa. Valt le miraba fijamente, aunque daba cabezadas por estar quedándose dormido.
- ¿Free? – Le llamó. – Deberías... sonreír más.
Eso hizo que el aludido inclinara la cabeza, entrando en curiosidad mientras sus mejillas se teñían de un tono rosado. ¿Significaban esas palabras que al japonés le gustaba su sonrisa? Fuera lo que fuera, no entendió cómo un comentario tan trivial tuvo tal efecto en él. Por inercia se acercó a Valt, olvidándose de la discusión que tuvo antes con Lui en el comedor. El pelinegro seguía más dormido que despierto, así que simplemente se dejó hacer. Notó las cálidas manos de Free en sus mejillas y antes de poder decir nada, su boca fue ocupada por unos finos labios que presionaron los suyos suavemente. Para Valt fue un contacto agradable, que sin embargo también contribuía a que su sueño aumentara, pero eso no quitó con que volviera a buscar esa misma calidez que aparentemente se alejó de él.
Miró a Free todavía adormilado y reduciendo la distancia física se apoyó en el pecho del mayor para cerrar los ojos mientras se agarraba a su camisa. El rubio le contempló bastante sorprendido por esa inesperada respuesta. Puede que Valt no estuviera siendo consciente de lo que hacía después de todo.
- ¿Valt? – Le llamó. El aludido sólo soltó un suspiro relajado.
- A partir de ahora serás mi almohada...
- ¿Perdón? – Preguntó totalmente desconcertado.
- Es que hace frío... y tú siempre estás tan calentito... - Dijo, bostezando. Free volvió a sonrojarse, inclinando la cabeza.
- Anch me pidió que te trajera la cena, viendo que no has bajado...
No hubo respuesta. Free contempló a Valt que frotaba su cara como si fuera un gato en un momento de mimos mientras movía sus manos para cogerse por la espalda del mayor, quien en respuesta por su sensibilidad física intentó alejarse sin éxito. Valt no quiso soltarse, y eso hizo que el rubio resoplase mientras el otro se volvía a acomodar para estar más a gusto. Free le miró, terminando por ceder. Le rodeó con sus brazos, haciendo que Valt sonriese.
- Vale, como quieras... - Dijo el rubio, resignado.
El silencio regresó rápidamente. Valt parecía haberse dormido de nuevo ahora que tenía una fuente de calor a la que no iba a dejar ir ni por todo el oro del mundo. Pero para Free estos instantes traían recuerdos a su memoria de cuando él hacía algo parecido con Christina sólo por no querer estar solo. Empezaba a comprender más o menos la ternura que ella pudo sentir en aquellos momentos. Era la clase de contacto humano que tan extraño le resultaba, pero al que poco a poco comenzaba a acostumbrarse. Como pudo se movió para apoyarse en la pared aprovechando que la cama estaba al lado de la misma, de ese modo no estaría tan incómodo. En sueños Valt lo notaba y volvía a ponerse cómodo, acabando por estar sentado encima del otro, poniéndole entre incómodo y, por primera vez, nervioso.
Free no sabía qué pensar, ya que no podía hacer nada más que quedarse ahí tal cual para permitir el descanso de Valt. Sólo le miraba, respetando el sosiego que necesitaba el pelinegro para dormir. Una pequeña idea se le pasó por la mente y con lentitud alzó su mano, dudando de si utilizarla para acariciar la cabeza del otro hasta decidirse y encontrarse con el oscuro cabello del otro. Era una acción inusual en él que simplemente le nacía de dentro.
<<¿Se ha quedado dormido de veras?>>, pensó, curioso. Se inclinó para intentar ver el rostro de Valt, viendo sus ojos cerrados y la tranquilidad en su expresión.
Luego le dio por mirar la caja que había dejado sobre la mesa, a un lado del armario. Como Anch se enterase que Valt no había comido seguro que pillaría un buen cabreo... aunque eso ya no era responsabilidad suya. Siendo de noche, con toda probabilidad la mayoría estaría pasando a dormir ya, con lo tarde que parecía. Free no tenía intención alguna de salir. Pese a que permanecer así era realmente absurdo... era la clase de paz que él quería encontrar y que conseguía gracias a que Valt se la transmitía pese a lo hiperactivo que siempre era. Poco a poco comenzaba a comprender mejor por qué la gente siempre se ponía de parte del chico nipón.
Apoyó su cabeza sobre la del otro, y hundió la mitad de su rostro en el cabello negro de Valt a quien abrazó con un poco más de fuerza. Lo que sentía era completamente diferente de lo que sentía por Lui. No había ferocidad, no había nada por lo que competir, ni la necesidad de demostrar que él era el más fuerte. Con Valt no había nada de eso, sino que existía la comprensión que de alguna manera siempre estuvo buscando y que sin embargo sólo halló en Christina y su abuelo. Valt le daba ese cariño que nadie más era capaz de brindarle, trayendo a su vida alegría e interés por hacer las cosas y vivir aventuras nuevas, trayendo... esa esperanza que perdió en algún momento de su vida. Free apenas era capaz de entenderlo, e incluso asumirlo tan de golpe. Y es que cuando se quiso dar cuenta, sus mejillas se habían convertido en pequeñas cascadas de agua salada creada por sus ojos.
Entonces se dio cuenta: era el vínculo que le unía a Valt, que finalmente había cobrado importancia para él.
El día siguiente llegó más rápido de lo que Valt creyó. Fue al despertarse que se percató que se encontraba entre los brazos de alguien y al moverse, cuál fue su sorpresa de ver a Free ahí, completamente dormido y apoyado en la pared. ¿Cómo había terminado así con él? Fue tal la vergüenza que le invadió que su cara se puso roja como un tomate mientras su corazón latió más deprisa. Contempló el rostro del rubio en silencio, y sin tener mucha idea de lo que hacía, simplemente le dio un beso. Sus labios se toparon con otros mucho más cálidos y ligeramente entreabiertos, una sensación agradable que para Valt fue como un fuerte estímulo en forma de latigazo recorrerle la espina dorsal y expandirse por su cuerpo. Puede que también fuera su nerviosismo.
Girándose levemente tras apartarse, se percató de que llovía. España parecía leer su pensamiento y en respuesta, le mostraba un cielo triste cubierto de nubes grises, casi negras, mientras dejaban ir el agua y esperaban la llegada de los relámpagos y el trueno. Pero Valt ya tenía la decisión tomada: iba a volver a Japón. Y con eso en mente, tuvo que alejarse todo lo suavemente posible de Free, abandonando ese calor tan acogedor que el rubio desprendía siempre. Aunque intentó ser silencioso, hizo un poco de ruido y temió que eso despertara a de la Hoya que acabó tumbándose en la cama sin enterarse de nada. Valt suspiró aliviado y metió lo imprescindible en una mochila para salir de aquella habitación.
¿Había que decir que por poco se caía por las escaleras en más de una ocasión? Era demasiado gafe como para que no le pasara nada. Entonces se topó con que Rantaro y Kuza le esperaban en la entrada del edificio, el primero con los brazos en jarra y el segundo con una sonrisa. Sorprendido, el pelinegro se acercó.
- ¿Pero se puede saber qué hacéis aquí? – Preguntó una vez los tuvo delante.
- ¿No es obvio? ¡Vamos a ir contigo! – Exclamaba Kuza.
- ¡A Japón, A Japón! – Decía Karl, la cacatúa del moreno abriendo y cerrando las alas. Por alguna razón lucía feliz.
- Pero no tenéis por qué hacerlo. – Dijo Valt. – Quiero decir... - Puso su mano detrás de su cabeza. – Me alegra y tal, pero...
- ¡Déjate de tonterías, Valt! – Rantaro le rodeó el cuello, casi ahogándolo. - ¡Nosotros también queremos asegurarnos de que Wakiya y los demás estén como una rosa! No aceptaremos un NO por respuesta, ya lo sabes.
Valt les miró y acabó resoplando, accediendo luego con una gran sonrisa. Lo lamentaba porque sabía que a Christina no le iba a hacer mucha gracia el que dejaran el BC Sol sin avisar, pero era inevitable. Se trataba de sus amigos, de sus hermanos pequeños, de su madre, y de Shu... Valt los quería ver a cualquier precio, y si la dueña del equipo al que pertenecía ahora se cabreaba mucho con él entonces correría el riesgo. Puede que los demás como Sasha o Silas pudieran molestarse, pero estaba convencido de que acabarían por entenderlo. De quien no estaba tan seguro era de Free de la Hoya, dadas las raras interpretaciones que hacía el rubio...
De ese modo abandonaron las instalaciones del BC Sol, y se adentraron en la ciudad. Kuza y Rantaro la habían recorrido mucho a lo largo del tiempo que llevaban en España, así que gracias a ellos Valt no se perdió. Les tomó por lo menos una hora de a pie para llegar al aeropuerto y gracias a que tenían dinero por ser bladers muy conocidos, pudieron pagar el avión que tomarían para volver a Japón. Y es que los derechos de imagen siempre se pagaban muy caros... Sin embargo, les tocó la peor parte del viaje: la espera. No era nada raro que los aviones llegaran con retraso, pues tampoco iban a ser los primeros ni los últimos en pasar por eso.
- ¿Cómo creéis que estarán? – Les preguntaba Kuza, moviendo los pies en su asiento, al no poder mantenerse quieto. Los tres tenían su equipaje cerca, por si acaso.
- Yo espero que bien. – Decía Valt mirando el exterior a través de la cristalera. – Son bladers muy fuertes, sé que se las habrán apañado para defenderse de esos canallas que la están liando por Japón.
- Pero no se ha dicho nada del Sanbat United. – Saltó Rantaro. – Y el que Wakiya no haya salido por las noticias es una muy mala señal.
- ¡No te preocupes, Rantaro! – Valt apretó los puños, también para ocultar su creciente y angustiosa preocupación. - ¡Ellos estarán bien, ya lo verás! ¡Yo confío en ellos! ¡Ese tal Phi no habrá podido derrotarles tan fácilmente! ¡¿Qué digo?! ¡Ni siquiera debería pensar en algo así!
Rantaro y Kuza intercambiaron miradas, no muy convencidos. Conocían a Valt desde hacía mucho y sabían perfectamente que el muchacho trataba de convencerse a sí mismo a base de puro optimismo. No sabían la situación real que había en Japón, incluso cuando la idea de volver no fuera del todo buena cuando el enemigo había hecho de las suyas en territorio nipón. Lui Shirosagi había tenido suerte por no estar en condiciones, pero puede que en su lugar Shu hubiera sufrido las consecuencias ahora que era el segundo blader mejor del mundo. Eso era lo que más mortificaba a Valt. Por muy fuerte que fuera Shu, era el hecho de que compartía un fuerte vínculo con él, era su mejor amigo de la infancia. No podía con la idea de que hubiera podido ser derrotado y llevado directamente a un hospital.
Y la espera fue criminal para los tres, pero sobre todo para Valt que se dedicó a caminar de un lado a otro en el aeropuerto, perdiéndose unas cuantas veces. Las horas pasaban y su nerviosismo aumentaba a cada segundo, de tal modo que su corazón sufría una taquicardia al no saber calmarse. Eran en momentos como estos en los que Valt echó de menos a Free. Esa calma tan característica del rubio era lo que solía tranquilizarle a él, por eso en ocasiones buscó su consuelo cuando lloraba o le abrazaba, ya que ese cuerpo tan cálido también le ayudaba a encontrar su propio sosiego.
Pero ahora Free no estaba con él.
Finalmente, el avión terminó llegando a las tres de la tarde. A los chicos les había dado tiempo a comer algo antes de coger sus cosas y dar inicio a su viaje. Pero otra vez les tocaría aguardar hasta llegar a tierra firme... catorce horas les quedaban por delante. Pensar en eso casi ponía histérico a Valt. Ojalá alguien pudiera inventar una máquina para teletransportar personas... eso sería un gran ahorro de tiempo, y dinero. Pero claro, eso era pedir demasiado. La tecnología no estaba tan y tan avanzada, así que esa idea sólo existía en las películas de ciencia ficción. Curiosamente Kuza se las había apañado para con el tema de Karl, su cacatúa. Pero al mirar a Rantaro se percató de que también lucía preocupado, y le pareció lógico.
Rantaro pensaba en Wakiya como el que más, sin olvidarse del resto de sus amigos. Pero era el dueño del Sanbat United quien le traía de cabeza. Obviamente trataría de localizarle, así que Valt estaba convencido de que acabarían yendo por su cuenta, y Kuza con uno de los dos. El pelinegro tenía claro lo primero que haría: buscar a Shu en su casa, pues sabía dónde dejaba una copia de las llaves, así que no tendría problemas para entrar en la vivienda, ya que sus padres eran empresarios y siempre estaban fuera, como el suyo propio. Aunque pensar en eso no le servía, y menos en el avión. Sólo acabaría estresándose más de lo que ya estaba. Por eso, decidió echarse a dormir. Cuando pudo conciliar el sueño, notó una sensación extraña... o más bien su cuerpo se la hizo sentir: le faltaba algo. Al abrazarse a sí mismo mientras descansaba, pudo entenderlo: tenía frío y de manera inconsciente buscaba el calor de Free.
Eso le hizo despertarse, con la cara colorada. ¿Qué demonios le ocurría? No podía estar divagando con ideas extrañas en su cabeza. ¿Tal vez era la culpabilidad que le nacía por ser consciente de que su decisión no era la adecuada en una situación en la que el BC Sol se encontraba en alerta? Y es que una parte de él se mortificaba al creer que actuaba mal ante la posibilidad de que sus compañeros de equipo pudieran resultar heridos pese a que Free se encontraba con ellos. Inevitablemente eso le hizo cuestionarse si Free poseía la fuerza necesaria para derrotar a un enemigo del que apenas comenzaban a saber algo... Todo era tan confuso...
Chapter 13: ¡De vuelta a Japón! ¡¿Shu hospitalizado?!
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Al llegar a Japón vieron que era de noche. Entrando en el aeropuerto tras coger el equipaje, vieron que eran las diez y media. Rantaro y Kuza estaban hambrientos, al contrario que Valt. Tenía tantas cosas metidas en la cabeza y tal vorágine de emociones que su estómago se había cerrado por su estrés. Y el gentío que había no ayudaba, pues los agobiaba a los tres en general. Les costaba encontrar un hueco por el que avanzar y decidieron parar en una cafetería para al menos no salir de allí sin haberse llevado un bocado a la boca. Sorprendentemente, Valt no quiso nada.
- No puedes estar sin comer, Valt. – Decía Rantaro sentado en la mesa.
- Rantaro tiene razón. Sabemos que estás preocupado, pero eso no te ayudará en nada. – Intentaba convencerle Kuza, tratando de ser más comprensivo.
- Lo siento chicos, de veras, es que no puedo. No me entra nada.
- ¿Pero ya has comido algo antes de que hiciéramos todo este viaje?
- La comida que trajo Free anoche. – Contestó.
- Ah bueno, entonces tampoco has estado tanto tiempo sin comer. – Rantaro respiró más tranquilo. – Es cierto, ahora que hablas de Free... ayer lo vi discutir con Lui en el comedor.
- ¿En serio? – Preguntó Valt, entrando en curiosidad.
- Lui parecía muy enfadado por algo. – Kuza le dio un mordisco a su bocadillo de morcilla, dándole también a Karl. – Y me dio la sensación de que Free sólo se estaba aguantando las ganas de darle un buen golpetazo.
- Después del recibimiento que tuvieron... - Valt hizo memoria, recordando el momento en el que llegó aquel helicóptero del que bajaron los cuatro mejores bladers del mundo buscando a su líder y cómo Lui se tomó la libertad de entrar en las instalaciones del BC Sol sin pedir permiso. – Parece que Lui conoce mucho mejor a Free que yo... - Susurró.
Rantaro y Kuza intercambiaron miradas, sin entender por qué Valt había soltado algo tan extraño como eso, y más con ese tono de amargura. Entonces Rantaro se acordó del motivo y le dio por sonreír.
- Me parece que alguien está celoso.
- ¡No estoy celoso! – Protestó dando un golpe en la mesa. Sus dos amigos se rieron. - ¡De veras que no!
- Pobre inocente... - Dijo Kuza. - ¿Entonces por qué le das tanta importancia? – Preguntó haciendo que Valt apoyara la cabeza sobre sus brazos.
- No lo sé... - Resopló, casi desanimado. – Pero siento rabia cada vez que veo cómo Lui trata a Free con esa familiaridad sabiendo que yo no puedo porque apenas sé algo de su vida. – Su cabeza viajó cuando Christina le reveló la trágica historia detrás del rubio, quien aparentemente no podía recordar. Eso sólo lo entristeció más al ser consciente de que no era algo de lo que pudiese hablar abiertamente con sus amigos sólo por el bienestar de Free.
- Pero es normal, Valt. – Dijo Rantaro dándole un sorbo a su batido de chocolate. – Free no habla de sí mismo, así que es imposible saber algo de él.
- Oh es verdad, no me había dado cuenta de eso. – Kuza cayó en la cuenta de ese detalle, haciendo que el rubio llevara su mano a su cara sin poder creerlo. – Pero es muy extraño. Quiero decir... lo más normal sería que alguien, como tú o como yo... - Decía mirando a Rantaro. – Compartiera alguna experiencia personal, ¿no?
- Ya, pero Free no es así. – Suspiró Valt, conteniendo la lengua. – A Free no le gusta hablar de su vida privada. A mí sólo me ha contado un par de cosas contadas.
- ¿Qué cosas? – Se interesaron sus amigos.
- Ah... No tiene importancia.
- ¡Venga, escúpelo, escúpelo! – Insistió Kuza.
Valt temió el haber metido la pata, pero le bastó con pedirles a sus colegas el no hablar del tema con nadie. De ese modo quedó como si fuera un secreto entre los tres. El pelinegro reveló lo que Free compartió con él, poniendo algunas diferencias por su cuenta, algo como el haber sido adoptado por la familia de Christina, y ser educado por el abuelo de la misma. Aquello dejó petrificados a sus compañeros que intercambiaron miradas sin dar crédito ante lo que acababan de oír. Para Rantaro aquello tuvo sentido, ya que muchas veces pensó si de la Hoya no tenía familia e inevitablemente aquella duda volvió a asaltar su cabeza. Y sin pensarlo mucho se lo preguntó a Valt, quien sólo pudo encogerse de hombros para fingir con que no lo sabía. Su instinto le decía que no debía ir por ahí contando lo que Christina le había dicho porque confiaba en él.
De alguna manera su intuición le decía que era lo mejor para Free. Era una forma de protegerle. Aunque para Valt resultara injusto, en parte comprendía el punto de vista de Christina por mantener oculta esta información... Free no recordaba nada, debido al bloqueo que tenía. No sería adecuado que alguien le fuera a buscar para sacarle el tema cuando él no podía siquiera debatir o defenderse ante cualquier comentario, y vete a saber cómo podría reaccionar. Pensar en esa posibilidad provocó que la inquietud de Valt regresara. ¿Qué iba a pasar cuando ese bloqueo desapareciera? ¿Cómo se lo iba a tomar Free?
Sin darse cuenta, se hacía las preguntas de una realidad que tanto miedo le daba a Christina.
- Venga, tenemos que irnos. Ya se ha hecho tarde. – Rantaro señaló un reloj de pared que marcaba las once y cinco de la noche.
- ¡Vaya! ¡¿Ya son las once?! – Para Kuza es como si hubiesen pasado cinco minutos, puede que incluso menos. – Pero si hace un momento estábamos por la tarde...
- Eso fue en el avión, idiota. – Dijo y vio que Valt tenía una cara de terror. – Eh, Valt, ¿Qué pasa?
- Pues... e- es que... - Temblaba como una hoja, desconcertando a su compañero. – Me acabo de acordar que... he... he, he, he... - Rio, hecho un manojo de nervios. – No he avisado a mamá...
- Oh mierda...
- ¿Y cuál es el problema? – Kuza giraba su cabeza de un lado a otro para mirar a sus interlocutores.
- Es que resulta que la madre de Valt tiene un carácter de armas tomar y...
- Oh, ya lo pillo... - Asintió el moreno, comprendiendo el asunto. – Bueno, pero no tienes de qué preocuparte, Valt. – Miró a su amigo, sonriéndole. – Puede que se enfade, pero seguro que se alegrará un montón de verte, es tu madre al fin y al cabo.
- Sí, tienes razón... pero da miedo cuando se enfada.
Eso terminó por hacerles reír antes abandonar la cafetería. Menos mal que iban abrigados, ya que el frío les recibió con un viento violento que les pareció dar una bofetada a cada uno, a Kuza casi se lo llevaba volando como quien dice por lo delgado que era. Tiritando, tuvieron que soportar el estar expuestos a las bajas temperaturas que provocaba el invierno y es que algunas nubes sospechosas se acumulaban en el cielo nocturno casi como si fuera a nevar en cualquier momento. Kuza quiso saber qué harían primero. Valt y Rantaro se miraron entre sí y discutieron las distintas opciones que tenían, acordando que irían primero a casa debido a que el hospital les denegaría la entrada porque el horario de visitas había terminado hacía por lo menos casi seis horas... Fue algo curioso para Kuza, a quien los otros dos le explicaron que Japón funcionaba de una forma ligeramente distinta. Los hospitales del territorio nipón tenían algo así como un horario de oficina que incluía las visitas, y muchos ya no te atendían pasadas las horas laborables, por mucho que funcionaran las veinticuatro horas del día.
Siempre se aprendía algo nuevo, o eso fue lo que Kuza pensó.
Valt invitó a Kuza a ir a su casa, y por supuesto el moreno no rechazó la oferta. Acompañaron a Rantaro a la suya, acordando que quedarían juntos para organizarse mejor mañana. De ese modo, Valt y Kuza se quedaron solos caminando por la calle. No había ni un alma de modo que pasear a estas horas despertaba la inseguridad de cualquiera.
- ¿Las calles de Japón son así de solitarias? – Preguntó Kuza, que no ponía buena cara precisamente.
- Qué va. Estamos en una zona apartada de la ciudad, por eso no hay nadie. Si viviera en pleno centro te aseguro que no habría silencio.
- Es que con la luz de las farolas y todo tan a oscuras...
- Ja, ja, ja. Sé cómo te sientes, me ha pasado lo mismo muchas veces. Pero no te preocupes, mi casa queda cerca de aquí.
- ¿Cuánto es <<cerca de aquí>>? – Repitió, haciendo retintín en las propias palabras que Valt había dicho. Él se rio.
- Media hora.
- ¿Queeeee? ¡¿Media hora?! – Protestó.
- Por lo menos...
- Para entonces Karl se habrá congelado... - Miró a su cacatúa que puso por dentro de su sudadera para que no tuviera frío. – No sabía que en Japón hiciera tanto frío. Cabrones, no me habéis avisado.
- ¡Claro que te avisamos! Pero no nos has hecho caso. Y yo que pensaba que en Alemania hacía todavía un clima peor que el nuestro...
- Hombre suele hacer frío, pero... no tanto como aquí.
- Japón es una isla enorme, así que como tenemos prácticamente el mar en todas partes... - Se encogió de hombros, dando entender el resto.
- Con lo a gustito que estaba yo en España... - Resopló.
Valt se rio, y decidió callarse. Estaba sorprendido consigo mismo al distinguir la rabia, algo impropio de él y mucho más el reprimirse. Pero era cosa del estrés por haber hecho un viaje tan largo después de una larga espera hasta la llegada del avión, y teniendo en cuenta su preocupación con toda la gente implicada... De nuevo le asaltó la duda de si había tomado la decisión correcta de volver a su país natal sin haber avisado a nadie, ni siquiera a Free. Pero pensar en él no le ayudó para nada sino todo lo contrario. Aunque no podía evitarlo, Free era... alguien importante en su vida.
Tras aproximadamente media hora llegaron. Valt entró en casa, saludando. Rápidamente sus hermanos pequeños acudieron nada más oír su voz y se abalanzaron literalmente sobre él, tirándole al suelo. Kuza se quedó a un lado, un tanto incómodo con la situación. Rápidamente apareció Chiharu, la madre de Valt. Kuza se llevó una sorpresa al ver el tremendo parecido entre Valt y ella, cuestionándose cómo sería el padre, pero la respuesta se mostró sola ante sus ojos dorados cuando encontró un cuadro sobre un mueble en el que aparecía un hombre rodeado de su familia.
Chiharu saludó a Kuza después de haberle echado la bronca del siglo a Valt por no avisarla de antemano, y menos si traía a un amigo. El muchacho se disculpó, antes de presentar a su compañero de equipo. Sus hermanos le recibieron alegres sin parar de decir que le habían visto por la tele, y alucinaron aún más cuando vieron salir a Karl. Chiharu se asustó tanto que salió corriendo para luego volver con un matamoscas, haciendo un espectáculo junto a sus hijos. Karl se escondió en la capucha de la sudadera de su dueño, como el pájaro inteligente que era.
Después de aquel contratiempo, Chiharu decidió hacerles algo de cenar. Los hermanos pequeños de Valt tuvieron que hacer caso a su madre e ir a la cama, aunque no quisieran, pero más valía no hacer enfadar a mamá. De ese modo el ambiente entró en sosiego, y los recién llegados pudieron relajarse. Mientras se hacía la cena, Chiharu tomó asiento junto a sus jóvenes interlocutores.
- Cariño, te noto algo tenso. – Dijo mirando a su hijo, el cual resopló.
- Lleva así todo el viaje. – Señaló Kuza a su amigo. – Rantaro y yo hemos intentado animarle, pero no hemos podido.
- Es que estoy preocupado. – Confesó. – En España, llegaron los mejores bladers del mundo... - Le contaba a su madre. – Ya sabes, Lui y compañía.
- Sí, les conozco. Salió por las noticias eso de que necesitaban que ellos tomaran acción contra el tipo que está causando todo el caos ese en el beyblade. ¿Pero vosotros estáis bien?
- Como una rosa. – Sonreía Kuza. - ¿Cómo están las cosas aquí? – Preguntó.
- Ese tal Phi obligó a hacer un torneo y acabó ganando... gran parte de los bladers salieron heridos y muchos están en el hospital de gravedad. Dicen que es como si hubieran sido contaminados.
- ¿Eh? ¿Contaminados? – Reaccionaron ambos.
La mujer asintió y les contó lo que más o menos sabía. Resultaba que varios médicos de distintos hospitales de Japón coincidieron en un curioso detalle: los bladers presentaban manchas negras de las cuales parecía salir una especie de energía oscura con distintos pigmentos que iban desde el tono escarlata más oscuro a uno violáceo. Aquello había preocupado a todo el mundo, especialmente a los especialistas que trataban a los bladers a conciencia. Existían teorías que buscaban justificar esta confusión, teorías que llegaban a la conclusión que como la gente sabía, los bladers eran capaces de usar su energía vital en las batallas de beyblade, y dejaron caer una pregunta: ¿Qué pasaría si alguien poseía una energía que tuviera la capacidad de contaminar las del resto? Como si fuera un virus que se transmitía a raíz de tener contacto con ese origen.
Eso puso los pelos de punta de Valt y también los de Kuza, que intercambiaron miradas. Aquello era simplemente aterrador y más cuando no sabían las consecuencias de ser eso cierto. Chiharu también parecía algo intranquila, por eso les había confesado que les había pedido tanto a Toko como a Nika el no practicar beyblade en público por temor a que pudiera ocurrirles algo. Valt en parte estaba tranquilo por haber visto que su familia estaba bien, coincidiendo con su madre en que había hecho bien en haber tomado esa decisión. Toko y Nika eran demasiado pequeños para entender la gravedad del problema, pero Valt sabía que antes o después acabarían por hacerlo.
- ¿Y sabes algo de Shu, mamá? – Tuvo que soltar esa duda.
- Creo que está en el hospital... - Dijo con una enorme tristeza. Valt abrió sus ojos, totalmente incrédulo. – Ese tal Phi llegó a Japón y desafió abiertamente a Shu al no haber tenido suerte con Lui. Y ya sabes cómo es tu amigo, Valt...
- No puede ser... - Bajó la cabeza. Kuza tragó saliva. – Eso... eso significa que Shu... ¿Ha perdido?
- Eso parece. – Respondió el alemán, con la tensión reflejada en su cara. Temía una mala reacción de Valt.
- Pero es imposible. Shu es muy fuerte... no puede haber perdido.
- ¿Por qué no vas mañana a comprobarlo? – Sugirió Kuza. – Si ahora no podemos ir a...
- ¡¡SHU NO PUEDE HABER PERDIDO!! – Gritó inesperadamente, levantándose de la silla y dando un golpe seco en la mesa. - ¡NO! ¡ME NIEGO A ACEPTAR QUE ESO SEA VERDAD! ¡SHU ES DEMASIADO FUERTE COMO PARA HABER SIDO DERROTADO! ¡AHORA MISMO PIENSO CANTARLE LAS CUARENTA! ¡ESTA BROMA DE MAL GUSTO HA LLEGADO DEMASIADO LEJOS! – Decía yéndose corriendo.
- ¡¡Valt, hijo, espera!! ¡Es demasiado tarde para salir! ¡Es...! – Su madre fue detrás de él. – Rayos...
- No se preocupe, señora Aoi, yo iré con él para que no esté solo. – Dijo Kuza antes de salir por la puerta.
Chapter 14: ¡Irrumpiendo en el hospital! ¡La situación real!
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Valt corría como si no hubiera un mañana. Había desbordado, sintiéndose como un auténtico estúpido al dejarse llevar por todo su optimismo y es que toda esa preocupación de golpe y porrazo se había convertido en rabia e incredulidad. No podía aceptar la idea de que Shu hubiera sido derrotado, ¡Y menos aún haber sido enviado al hospital! Kuza iba detrás de él a varios metros a distancia, sin perderle de vista. Mantenía a Karl sujeto y oculto dentro de su sudadera. El moreno sabía que no podía dejar solo a Valt en un momento así, pues temía que hiciera cualquier tontería de las suyas. Le conocía. Valt era extremadamente impulsivo y nunca pensaba las cosas con claridad, y menos en situaciones de este tipo en las que era incapaz de manejar sus emociones correctamente.
Con la broma llegaron al hospital. Kuza respiraba agitado, sin entender de dónde sacaba Valt las energías para subir esa cantidad de escaleras. Pero simplemente le siguió. El pelinegro miró de un lado a otro mientras los presentes que trabajaban allí le miraban expectantes. Un guardia de seguridad se acercó.
- Buenas noches, chico, ¿Puedo ayudarte en algo?
- ¡SÍ! – Respondió sin reparo. - ¡¿Dónde está Shu Kurenai?! ¡Necesito verle!
- El horario de visitas terminó hace seis horas. Regresa mañana, ¿vale?
- ¡¡NO PIENSO MOVERME DE AQUÍ!! – Gritó. Kuza le alcanzó, por fin.
- Valt, tienes que calmarte. – Le pidió su amigo, recibiendo una mirada casi asesina que lo asustó.
- ¡¿Alguien me va a decir dónde está Shu Kurenai?! – Se acercó a recepción. Entre unos y otros se miraron, dudosos de querer responder.
- Será mejor que hagas caso a tu amigo y te calmes, joven. – Le respondieron. Eso sólo provocó que el enojo del blader fuera en aumento.
- ¡¡SOY VALT AOI, NO PIENSO CALMARME SIN ANTES VER A SHU!! ¡¿DÓNDE ESTÁ?!
- En la habitación cuatrocientos. – Una voz familiar llegó a sus ojos. Valt abrió los ojos. – Mira que eres escandaloso, se te oye desde la otra punta del pasillo. Gracias por respetar el descanso, eh.
- ¡¿Wakiya?! – Preguntó, incrédulo. - ¡Oh, Wakiya!
Rápidamente corrió hasta el rubio. El guardia de seguridad quiso detenerle, pero Kuza no le dejó, haciéndole entender que no iba a hacerle nada. Valt abrazó a su amigo de la infancia, quien usaba el típico atuendo de paciente de hospital. Wakiya sonrió y decidió, por una vez, dejarse abrazar y corresponder al gesto viendo que eso podría ayudar a que el pelinegro pudiera tranquilizarse después del estado en el que había llegado, irrumpiendo de esa manera en el interior del edificio cuyos especialistas respetaban el silencio todo lo posible para garantizar el descanso de sus pacientes. Para el equipo médico no había nada más importante que eso.
Tras varios minutos, Valt se separó para mirar a Wakiya de frente.
- Qué alegría verte... aunque hubiera preferido que estuvieras mejor. – Señaló la escayola que el rubio tenía en la pierna izquierda. - ¿Qué ha pasado?
- ¿No te has enterado? – Preguntó. – Un tal Phi apareció junto a toda su calaña y empezó a causar un enorme desastre, lo peor de todo es que ahora se han expandido por todo Japón y están provocando un caos tremendo en todas partes.
- Así que era verdad... - Dijo, desanimado. Kuza se acercó.
- Hola, Wakiya. – Saludó.
- Hey, ¿Qué pasa? – Alzó la mano. – Veo que vosotros dos estáis de una sola pieza. Eso son buenas noticias. Parece que Phi no ha llegado a España todavía.
- ¿Cómo que <<todavía>>? – Recalcó Kuza. Valt permaneció atento.
Wakiya suspiró.
- Phi está buscando a los Cinco Grandes. – Confesó. – Lo dijo en varios enfrentamientos en los que estuve presente antes de que me tocara el turno a mí. – Dijo con cierto tono amargo. – Buscó a Lui, pero tuvimos suerte... él estaba ocupado aprendiendo a manejar a su bey después de su evolución. – Valt tragó saliva.
- Pero... ¿cómo se enteraron ellos? – Preguntó Kuza.
- Como Phi estaba en Japón para ese momento, Lui acabó por enterarse. Fue idea suya contactar con el resto de los Cinco Grandes, así que le eché una mano tirando de contactos.
- Tenías que estar tú detrás de ese milagro, Wakiya. – Sonreía Valt, conteniendo las ganas de llorar. – Gracias.
- Es pronto para dármelas. – Dijo seriamente, empezando a caminar. – Os llevaré con Shu, está despierto desde hace rato.
- Oh, ¿En serio?
- Sí, tus gritos le han despertado.
- Ups... lo siento. - Puso su mano detrás de su cabeza, bastante avergonzado.
Wakiya sonrió. Tanto a Kuza como a él les parecía normal la reacción que Valt había tenido. De hecho, Wakiya ya se la esperaba, al contrario que Kuza. Era la diferencia que existía entre un amigo de la infancia, que te conocía de toda la vida, y alguien que sólo lo hacía desde una cantidad de tiempo determinada. Los médicos de recepción y el guardia de seguridad se quedaron más tranquilos al ver que Valt se había calmado ya que ahora parecía atender a razones, al menos, aparentemente. Menos mal que Wakiya había aparecido, de lo contrario a saber qué habría pasado.
Y, mientras caminaban por los pasillos, el rubio les ponía en situación:
- Los Cinco Grandes pretenden derrotar a Phi, pero para eso necesitan de nuestra ayuda. La ayuda de todos los bladers disponibles. – Explicaba, subiendo al ascensor y marcando el número de una planta en concreto. Valt y Kuza le escuchaban con atención. – Pero claro, Free no estaba con ellos así que no pueden actuar por su cuenta sin que él esté presente.
- No sabía que Free fuese tan importante... - Dijo Kuza.
- Es el líder de los Cinco Grandes. – Wakiya le miró. – Los Cinco Grandes es un equipo formado por los mejores bladers del mundo, y es obvio que Free sea el cabecilla del grupito si es el top one.
- ¿Pero se sabe cuántos bladers están bajo el yugo de ese tal Phi? – Preguntó Valt.
- Es lo que se está intentando averiguar, lo malo, es que con toda probabilidad no se conocerá a la mayoría por no haber estado en algún torneo oficial. Y no es secreto para nadie que en el mundo existen bladers que pueden ser un auténtico problema...
- Vaya, el asunto es más grave de lo que imaginábamos, ¿verdad, Valt? – Kuza no puso buena cara, pero sin recibir respuesta, contempló la seriedad del aludido.
- Los Cinco Grandes no pueden hacerlo todo ellos solos. – Siguió hablando Wakiya, mientras el ascensor iba de planta en planta poco a poco. – En el Sanbat United me están ayudando mucho a conocer a otros bladers para pedir su ayuda.
- Imagino que tú fuiste quien les recomendó reunirse en España si había tantos problemas aquí. – Dijo Valt.
- Obviamente. – Resopló. – Habría sido como ahorrarle el trabajo a ese bastardo de Phi... - Su voz sonó llena de malestar. – No podemos dejar que los Cinco Grandes caigan tan rápido.
- ¡No digas eso, Wakiya! – Exclamaba Kuza intentando animar el tenso ambiente. - ¡Son los Cinco Grandes! ¡Y además está Free!
- Precisamente por eso. – Contestó el aludido. – Phi se ha autoproclamado como el blader más fuerte del mundo, pero sabe perfectamente que no lo es. ¿Por qué pensáis que ha buscado a Lui?
Al soltar esa pregunta, algo encajó en la cabeza de ambos. Valt abrió los ojos, captando el mensaje. Resultaba obvio y sin embargo... a él se le había pasado por alto, sólo porque había estado en España. Claro, incluso la reunión de los Cinco Grandes en las instalaciones del BC Sol no podía ser un mero milagro. Difícilmente las cosas sucedían por mero capricho del destino en situaciones como estas. Kuza tragó saliva, cada vez más consciente de que lo que ocurría era realmente serio.
- Phi va detrás de Free... - Susurró Valt. Wakiya cerró los ojos.
- Así es. – Respondía el rubio. – Hace mucho que nadie sabe nada sobre Free, la dueña del BC Sol no ha querido dar explicaciones al público y me parece lógico. Creo que ha sido una idea muy inteligente, porque mira lo que está pasando ahora.
- Oh no... - Valt bajó la cabeza, poniéndose pálido. - ¿Qué habría pasado si Christina hubiese dicho nada?
- ¿No es obvio? Piensa un poco, melón.
- Habría sido como poner en peligro a Free. – Saltó Kuza. Wakiya asintió.
- Para que luego no digáis que ciertas decisiones no son unas buenas decisiones a la larga. Habría sido desastroso que Phi hubiese ido directamente a España de haber conocido la condición de Free, porque imagino que vosotros la conoceréis. – Los miró.
- Hace poco que ha conseguido completar su rehabilitación y hecho evolucionar a Fafnir, pero ahora está del mismo modo en el que lo estuvo Lui. – Le contó Valt con toda la confianza del mundo. – Ni siquiera le ha puesto un nombre nuevo, y me ha dicho que ahora Fafnir es más fuerte que él.
- Oh cielos, la situación empeora por momentos... - Wakiya se llevó la mano a la cabeza. – Eso significa que Free no está al cien por cien de sus facultades como blader.
- Sólo necesita más tiempo, Wakiya. – Dijo Valt, apretando las manos para aguantar el agobio que sentía.
- ¿Ah sí? Pues eso es precisamente lo que no tenemos, Valt. Más vale que Free trabaje duro y el doble de rápido de lo contrario...
El ascensor se abrió después de detenerse. Wakiya salió, en lo que Valt y Kuza intercambiaron miradas. Como miembros del BC Sol, sabían que la decisión que había tomado Free era totalmente opuesta a la que el mundo esperaba de él. Valt se lo contó a Kuza cuanto tuvo la oportunidad. Wakiya los esperó y les guio hasta el cuarto de Shu. Los médicos que pasaban por allí lucieron desconcertados al ver a los recién llegados cuando el horario de visitas ya había terminado, pero algunos reconocían a Valt y por eso no decían nada. Había quienes le consideraban el mejor blader del mundo, y parecía que el tal Phi no compartía esa idea pues de lo contrario habría ocurrido lo que Wakiya les había comentado y habría ido directamente a España. Menos mal que no había sido así.
Llegaron a la habitación cuatrocientos y Valt no lo dudó en abrir la puerta. Allí se encontró con Shu, que le saludó antes de recibir un fuerte abrazo por parte de su amigo de la infancia. Kuza también se acercó junto a Wakiya, y tomaron asiento alrededor de la cama del blader que tenía varios vendajes en distintas partes de su cuerpo aparte de una escayola en el brazo derecho y un collarín en el cuello. Parecía haberlo pasado muy mal.
- ¿Cómo estás? – Preguntó Valt.
- Heh, bueno... bastante lesionado, como puedes ver. – Confesó. – Mira que haber acabado así...
- Ya bueno, siéntete afortunado de no ser el único. – Comentó Wakiya.
- Sí... pero, ¿qué hacéis vosotros aquí, si puede saberse? – Preguntó al caer en ese detalle.
- Valt se enteró de que estabas aquí y salió corriendo. – Kuza señaló a su compañero. – No hubo forma de pararle.
- ¡Es que no podía quedarme de brazos cruzados! – Quiso justificarse el pelinegro, echándose a llorar. - ¡Estaba... estaba preocupado! ¡Y asustado!
- Siento mucho toda esta situación, Valt. – Se disculpaba el dueño de aquel blanco cabello que recibió otro abrazo. – Pensé que podría derrotar a Phi pero... es más poderoso de lo que creí. Además...
Valt se apartó y como sus compañeros, vio una mancha negra en la mano izquierda de Shu. Aquello le atemorizó. Fue entonces cuando Wakiya mostró una que también poseía en el brazo derecho. Los dos comentaron que no había problema si otras personas les tocaban, ya que no iba a ocurrir nada. Para Valt fue como si le tirasen un cubo de agua fría, ya que sabía que aquello no era nada bueno. Rápidamente intentó pensar en alguna manera de liberar a sus dos amigos del poder oscuro de Phi, pero ninguno tenía los conocimientos necesarios para hallar una solución al respecto. Kuza por su lado trató de mantener el ánimo y ser más optimista ahora que Valt yacía tan afectado por la situación real. Wakiya suspiró, confesando su temor por no comprender el efecto de la energía de Phi en otras personas.
- ¿Qué podemos hacer, entonces? – Preguntó Valt.
- Por el momento nos queda esperar. – Wakiya se cruzó de brazos. – Ya tengo a unos cuantos en el Sanbat United que están buscando más bladers, y algunos miembros de mi equipo están hospitalizados, como un servidor. – Se señaló a sí mismo.
- ¿No hay noticias de Free de la Hoya? – Habló Shu.
- Oficialmente no. – Respondía Wakiya. – Y nos viene bien. Si el BC Sol no anuncia nada sobre él, Phi no sabrá dónde buscarle. España es muy grande.
- ¿Vosotros no sabéis nada? – El dueño de esos ojos rojos miró a los otros dos interlocutores. Kuza decidió mantenerse en silencio, pero posando su vista en Valt.
- Me temo que no os va a gustar lo que os voy a decir, chicos. – Empezó a hablar el pelinegro, captando toda la atención. – Free de la Hoya... nos ha dado la espalda.
- ¡¿QUÉ?! – Reaccionó Wakiya. Shu se quedó serio, sin añadir comentarios. - ¡¿Cómo?! ¡¿Qué quieres decir?!
- Le oí discutir con Christina antes de volver a Japón. Free no tiene intenciones de hacer nada por nosotros o por el beyblade. No quiere saber nada de nada.
- ¡Oh mierda! ¡Eso nos jode completamente! ¡No puedes estar hablando enserio, Valt!
- Me temo que así son las cosas. – Respondió el aludido, muy apenado.
- ¿Y si lo está haciendo por algún motivo que no haya querido contarnos? – Intervino Shu. – Hasta donde he visto, es el tipo de persona que se toma las cosas muy seriamente cuando se trata del beyblade y nunca ha estado al margen cuando los Cinco Grandes actúan.
- Yo también pienso igual, Shu. – Dijo Valt. – Conozco bastante bien a Free desde que soy su compañero de habitación. Le ayudé y le apoyé durante su rehabilitación como para no saber que lo está haciendo por alguna razón.
- ¿Rehabilitación? – Repitieron Wakiya y Shu.
- No me has contado esa parte. – Siguió el rubio.
- Ya sabéis lo que sucedió en mi batalla contra él durante la Liga Internacional durante las semifinales. Al parecer... toda esa energía que utilizó le hizo mucho más daño del esperado y su rehabilitación fue larga. No sólo eso, también necesitó tiempo para la evolución de Fafnir y ahora está averiguando cuáles son sus nuevas habilidades.
- Como Lui con Nightmare Lúinor. – Dijo Shu. Valt asintió. – Eso significa que todavía no está al cien por cien...
- Ya se lo dije yo, gracias por recordárselo. – Saltó Wakiya.
Y una vez más se quedaron callados. Kuza era el único que se mantenía más al margen observando la conversación que tenía lugar. Podía comprender la enorme frustración que sentían ellos, pues él también la compartía. No entendía por qué el mejor blader del mundo tomaba una decisión como esa, ¿Acaso el beyblade no le importaba? ¿O puede que Valt y Shu hubieran acertado y Free escondiera una razón de peso detrás de sus acciones? Pero lo que estaba más claro que el agua es que no podían esperar nada de él.
Chapter 15: Charla entre dragones
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En España el sol calentaba la tierra, aunque poco a poco iba atardeciendo conforme las agujas del reloj, que marcaban las seis y media, iban avanzando. En pleno bosque, se encontraba sentado en la orilla de un lago que tenía una pequeña isla en su centro. Era uno de sus lugares favoritos donde sólo cuatro gatos contados sabrían encontrarle. Llevaba todo el día ahí, sin hacer nada en especial. El ciervo le había estado haciendo compañía, sentado a su lado como su buen amigo de la infancia. Su presencia siempre calmaba el vacío que sentía en su interior, pues el animal era uno de los escasos vínculos que todavía conservaba de un pasado que para él resultaba muy lejano.
El viento soplaba, jugando con las hojas de los árboles de su alrededor y trayendo un ambiente de relajación y sosiego. Movió hasta el agua en forma de pequeñas ondas que desaparecían al cabo de poco. Respiró profundamente y dejó ir el aire acumulado mientras alzaba sus oscuros ojos hacia el cielo para observar las nubes y algún que otro pajarillo revoloteando de un lado a otro. Esta manera de perder el tiempo era sin duda su preferida. Era su forma de despejarse de todo y bajar su nivel de estrés.
- Así que estabas aquí. – Pero unos pasos que venían por su espalda le advirtieron de que su soledad se había terminado. No necesitó girarse para saber quién era. – Veo que sigues teniendo la mala costumbre de darte el piro en cualquier momento. – Dijo sin recibir respuesta, pero acercándose y tomando asiento al lado del rubio. – Hm... - Hizo, pensativamente. – Conozco esa cara que pones. Tienes miedo, ¿verdad?
- ¿Miedo? – Repitió. - ¿Tú crees?
- Siempre te he visto poner esa expresión cuando te sientes inseguro. – Lui se cruzó de brazos. Curiosamente estaba tranquilo. Su cara parecía la de un chaval que no rompería un plato, salvo que él no era ese tipo de persona.
- ¿Has venido a echarme en cara esa tontería?
- Qué va. Yo no malgasto el tiempo en chorradas como esas.
Ninguno dijo nada. Lui respetó el silencio de Free, sabiendo que era lo que necesitaba. De vez en cuando le miraba, echando un suspiro. En ocasiones no podía comprender cómo el rubio lidiaba con la tormenta de emociones que Lui sabía que existía en su interior, y menos aún el hecho de que se aislara de esta manera. Aunque una parte de él lo comprendía porque también era un lobo solitario, o en su caso... un dragón solitario. Era su orgullo lo que le impedía pedir por ayuda, pero no era lo mismo con Free. Él no lo hacía por orgullo.
- Déjame adivinar. – Habló Lui. – Estás triste porque Valt se ha ido sin avisarte. – Dijo y vio cómo inconscientemente el otro apretaba la mano. – ¡Ajá! Te he pillado.
- Qué me importa a mí lo que él haga.
- ¿En serio? Porque no lo parece. – Dijo burlándose de él. Free resopló. - ¿Sabes? Has hecho bien en venir aquí dejando a esos imbéciles con tus compañeros de equipo. – Obviamente hablaba de los Cinco Grandes. – Se han puesto como gallinas histéricas en cuanto se han enterado de tu decisión.
- Me sorprende que tú no te hayas cabreado.
- Al contrario que ellos, yo te conozco desde hace mucho. – Lui se puso más serio. – Sé que lo estás haciendo por un motivo que tal vez ni tú mismo sepas.
- Eso no tiene mucho sentido... - Susurró.
- ¿Vas a negarlo? – Preguntó, sin recibir respuesta. – Nunca hablas de ti mismo, y sé que es porque hay algo de tu vida que te niegas a recordar porque no sabes enfrentarte a ello.
Sin moverse, Free abrió los ojos más que antes. Algo había reaccionado en su persona por las palabras de Lui, casi como si él hubiera dado en el clavo. Su mente viajó en aquel paseo que dio con Valt semanas atrás y le confesó que había algo en su cabeza que no <<funcionaba>>. Y es que cuando intentaba acordarse de su infancia, era tal la bomba de emociones que le sacudía por dentro que automáticamente se distanciaba para volver a dejar esa parte de sí mismo a un lado, ignorándola, haciendo como si no existiera... negándola. ¿Cómo es que Lui se había dado cuenta de ello?
- Y yo que pensaba que se te daba mal ver los problemas de los demás. – Habló Free tras diez minutos. Lui se lo quedó mirando.
- ¡Ja, ja, ja, ja! – Se echó a reír. – Aunque cueste creerlo es lo que mejor se me da. Puedo saber qué es lo que siente cualquiera nada más mirarle fijamente. Además, el lenguaje corporal es una gran fuente de información.
- Sí... es verdad.
- ¿Entonces qué, Free?
- ¿Qué de qué, Lui? – Contestó, provocando la risa del otro una vez más.
- ¿No quieres solucionar ese conflicto que tienes?
- No es un conflicto.
- ¿En serio? – Preguntó con ironía. – Yo que tú me lo plantearía seriamente. Puede que ese sea el secreto para que domines la evolución de Fafnir, que, hablando de eso... ¿Le has dado nombre ya?
- Qué va. No se me ocurre ninguno. Me da mucha pereza pensar en uno ahora mismo...
Y otro silencio se formó. Lui notaba especialmente raro a Free. Habitualmente él solía evitar el hablar de sus sentimientos, de sus propios problemas... pero esta vez no era así. Quizá es que el rubio empezaba a darse cuenta que cerrándose en banda no iba a conseguir nada más allá que seguir alimentando ese bloqueo sólo por huir todo el tiempo de lo mismo, de aquello que tanto le mortificaba. Tantos años de rivalidad y momentos compartidos, incluso cuando tuvieron relaciones sexuales, había hecho que Lui conociera a Free casi como la palma de su mano. Era el pasado del rubio lo único que seguía oculto como el mapa inexplorado de un videojuego de ordenador. Por lo demás... Free no tenía secretos para él.
- Ren y los demás deben estar muy cabreados. – Habló Free, sacándole de sus cavilaciones.
- ¿Por qué te crees que he venido aquí? – Resoplaba Lui. – Me dolían hasta los oídos de sus gritos. Joshua te estaba defendiendo todo el rato, menudo gilipollas.
- Oh, qué sorpresa. El chico realmente me aprecia. Vaya un tipo raro...
- Si tienes en cuenta que eres su ídolo y su amor platónico, entonces tiene bastante sentido.
- ¿Amor platónico? – Repitió confuso.
- No me digas que tampoco sabes lo que es eso... - Dijo, viendo la expresión del rubio. – Ah, yo alucino contigo.
- Tú mismo me has dicho muchas veces que soy un desastre cuando se trata de lo emocional. Creo que Christina llegó a decirme lo mismo, sólo que de otra manera... - Inclinó la cabeza.
- Eso es porque tus padres te han educado mal.
Extrañamente Free se mantuvo en silencio y Lui se percató de ello. Al contemplar, vio ausencia en los ojos del muchacho, pero también su intento de acordarse de las personas que acababa de mencionar. Lui entró en curiosidad, dejando de apoyarse sobre sus brazos y acercándose un poco al rubio para ver mejor su expresión y analizarla al detalle. Puede que así pudiera saber ese misterio que seguía rodeando a de la Hoya.
- No los recuerdo. – Confesó Free inesperadamente. Lui frunció el ceño, desconcertado a más no poder.
- ¿Me estás tomando el pelo? – Protestó. - ¿Cómo no vas a acordarte de ellos? Son tus padres, deberías poder hacerlo. – Dijo. Free no respondió, sino que trató de hacer un esfuerzo para acceder a sus memorias durante su infancia, pero sólo era capaz de acordarse del sonido de una tormenta, antes de que su mente se pusiera en negro. – Así que realmente no puedes... - Lui se sorprendió al distinguir ese pequeño cambio en la expresión del rubio.
- Cada vez que lo intento, algo dentro de mi cabeza me lo impide. Ya me ha pasado muchas veces. – Dijo, mostrando parte de su frustración.
Lui suspiró y se alejó sólo para cruzarse de brazos y ponerse a pensar. Free le miró antes de acercarse y apoyar su cabeza en el hombro del otro, que no rechazó su contacto. El ciervo les miraba con calma. Al final Lui terminó rodeando los hombros del rubio con su brazo, evitando cruzar sus ojos amatistas con los oscuros del contrario con el fin de no admitir que esta clase de momentos algo diabéticos le avergonzaban y le gustaban. Free sólo sonrió, poniéndose más cómodo con toda la libertad del mundo mientras a su nariz llegaba el suave aroma del japonés. Puede que fueran rivales y hubiera una gran competencia feroz entre ellos en la mayor parte del tiempo y en casi todos los ámbitos de su relación, pero también existían pequeños instantes como estos en los que se podía palpar la confianza que compartían y el afecto sincero que difícilmente se mostraba ante los demás.
Desde que Valt se había ido a Japón con Rantaro y Kuza, Free había notado que Lui se había relajado más. Eso sólo le demostró que su rival había sentido muchísimos celos y aunque le molestaba, también se le hacía adorable.
- Oye Free. – Le llamó Lui repentinamente. El aludido sólo esperó. - ¿No has pensado en volver a tu casa?
- ¿Volver a mi casa? – Repitió, y por su tono de voz se notó que no había entendido esas palabras. – Eso no tiene sentido. Siempre he vivido con Christina, ya lo sabes.
Lui no lució especialmente convencido. Miró a Free, mientras algo en él no le cuadraba. Todo el mundo sabía que Christina y Free no eran familia biológica, pero sí que se llevaban conociendo desde que eran unos críos. La prueba estaba en el estrecho vínculo que existía entre ellos. Entonces una idea cruzó por la cabeza de Lui, quien simplemente se mantuvo callado, optando por aparcar el tema. Eso ayudó a que Free se relajara, todavía apoyado en él. Eran raras las ocasiones en las que podían estar solos disfrutando de una calma así, por esa misma razón querían aprovechar la oportunidad.
Había que admitir que estar en un sitio como este hacía que te relajaras, o al menos, esa era la sensación que tenía Lui. Poco a poco comenzaba a comprender por qué a Free le gustaba estar tan solo. No es sólo porque así evitaba sentirse como un alien entre tanta gente sino también porque era aquí, en su soledad, donde aprendía a conocerse a sí mismo. Sin embargo, al pensar en eso, Lui se percató de que Free era el que menos se conocía a sí mismo, precisamente. El problema era ese bloqueo que él había sabido identificar en el rubio. Algo en esa mente le impedía recordar al rubio quién sabe qué eventos de su vida. Y obviamente, Lui no tenía intenciones de permitir que eso continuara por más tiempo. La dueña del BC Sol guardaba especial relación en este asunto en concreto, y Shirosagi intuía, de algún modo, que ella era cómplice de que Free siguiera estancado.
- Te noto tenso. – Habló Free repentinamente.
- Estaba pensando. – Confesó.
- Ese es tu mayor defecto. – Se rio, apartándose para mirarle directamente. – Piensas demasiado.
- ¿Me vas a decir que tú no lo haces cuando se trata de tu equipo?
- Hm... tienes razón. Eso no te lo puedo negar.
- Ah, qué estúpido eres. – Resopló, como queriendo mostrarse indignado.
Pero a Free le daba gracia. Ya estaba acostumbrado a lidiar con la faceta orgullosa de Lui, la cual sólo escondía su vulnerabilidad que Free descubrió tiempo atrás. Puede que por eso hubiera caído una y otra vez en los encantos del blader que se encontraba a su lado y al cual se acercó. Fue algo brusco, pero sujetó su rostro con la única finalidad de darle un beso que sorprendió al japonés, quien intentó apartar al rubio con sus manos. Eso sólo provocó una singular pelea para ver quién lograba apartar las del otro, pero al final Free acabó sometiéndole al tumbarle en el suelo para quedarse encima de una manera algo violenta, reteniendo sus manos por encima de su cabeza mientras se adueñaba de sus labios sin delicadeza. La tensión de su cuerpo fue desapareciendo gracias al calor que desprendía de la Hoya, quien notó cómo toda esa resistencia terminaba reduciéndose.
Chapter 16: Placer al aire libre Parte I
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- Eres un sucio tramposo. – Le espetó Lui con molestia. Free sonrió de nuevo.
- El sonrojo de tu cara no dice lo mismo.
- ¡Cállate! Es tu culpa por atacarme así.
- Oh, vaya, cuánto lo siento. La próxima vez intentaré avisarte. – Soltó con sarcasmo.
- Cht...
- Aún tengo que vengarme por el golpe de <<bienvenida>> de esta mañana. – Recalcó, observándole. Lui arqueó una ceja. – Y ya que estamos solos... quisiera aprovechar el momento.
- ¡Espera! ¡¿Qué?! – Protestó. Había entendido perfectamente el doble sentido de esas palabras. - ¡Ni hablar! ¡Y menos con este ciervo aquí que no nos quita el ojo de encima!
- ¿No te apetece? – Inclinó la cabeza. – Bueno, me da igual lo que digas. A mí sí me apetece.
- ¡No puedes obligarme!
- ¿De veras?
Ese tono de voz serio le hizo recordar a Lui todas aquellas veces en las que Free acabó obligándole, ya fuera porque no se controló a causa de su rabia o fuera cosa de su tremenda frustración. El caso es que cuando él quería, quería, y punto. Obviamente al japonés le parecía de lo más injusto, pero... cierto era que por alguna razón eso le causaba mucho morbo. Sin embargo, hacerlo al aire libre no es una idea que le resultara especialmente cómoda y menos con un animal observando, aunque fuera a distancia. A Free no parecía siquiera importarle.
- ¿Y bien? – Inquirió el rubio. - ¿Te has decidido ya? – Insistió, sin recibir respuesta. Lui apartó la vista. – Vale, parece que tendré que preguntarle directamente a tu cuerpo.
Pese a resistirse, Free apartó sus manos violentamente antes de atacar su cuello. Rozó peligrosamente sus dientes sobre su blanca piel, casi amenazando con utilizar su poderosa mandíbula para morderla y hacerla sangrar. No sería la primera vez para Lui, pero el éxtasis estaba demasiado lejos para Free todavía. Aun así, el dueño del cabello azul siempre parecido al fuego tuvo que contenerse para no dejar soltar suspiros mientras su propio cuerpo le traicionaba. No era sólo esa boca sino también aquellas manos inquietas, pero tan condenadamente cálidas. Ése era el hechizo de Free de la Hoya... esa abrumadora calidez que poseía y desprendía. Casi parecía hacer honor al nombre de su equipo beyclub sin darse cuenta.
Pero seguía empeñado en no dejarse dominar. Si con las manos no le valía, lo intentaba con las piernas. Empujaba con sus pies al rubio, quien se le imponía a base de someterle a través de su propio peso corporal y su fuerza física. Sin embargo, eso sólo provocó otra pelea por ver quién apartaba las manos de quién, y alguna que otra bofetada y golpe mal dado terminó siendo ejecutado, pero eso sólo parecía ser parte de la diversión para Free.
- ¿Tan pronto y ya quieres que te trate mal? – Preguntaba el rubio, subiendo la camisa del contrario.
- Tú no eres el que manda aquí.
- Hm... - Hizo pensativamente, pasándose el pulgar sobre sus labios. – Si quieres ser violado puedes decírmelo abiertamente.
- ¡¿QUIERES MORIR?!
Free inclinó la cabeza, todavía con esa sonrisilla. Pero eso fue una mala idea. De una sola patada, Lui le derribó y antes de poder reaccionar, ya tenía al japonés sentado encima de él con media camisa mal puesta. Por puro morbo, Free relamió sus labios, mordiendo el inferior muy levemente.
- Tienes suerte que no tenga nada con lo que atarte. – Le dijo Lui. – No voy a dejar que hagas lo que te dé la gana.
- Oh, ¿de veras?
En vez de usar las palabras, el beso que recibió de Lui fue brusco y salvaje en el que hubo más de un mordisco. Free se quejaba, pero poco le importaba a Lui quien sujetó con fuerza la mano derecha del contrario para impedir cualquier acción. Aprovechando la ocasión, retiró la camisa amarilla que tapaba el pecho del rubio sin apenas suavidad y dejando a la vista esa piel tan blanca como la suya, pero mucho más caliente. No dudó en comenzar a pasearse con ella con toda la familiaridad del mundo. Free sólo se dejó hacer, expectante. No mostró resistencia, a la espera de la oportunidad adecuada para hacerse con el control de la situación. De esa manera también complacería el orgullo del que estaba encima de él.
- Hgm... - Apretó los labios dejando ir aquel suspiro cuando las manos del japonés se toparon con los laterales de su torso y sus caderas, rozando parte de su espalda que no tocaba la hierba. – Vas muy lento... - Le dijo.
- Si voy muy rápido, tardarás mucho. – Le soltó sin tacto. – Aunque bueno, eso para ti no es un problema, ¿no? – Se acercó a ese cuello tan expuesto, utilizando su lengua para recorrerlo. Notó el momento exacto en el que el cuerpo de Free reaccionaba, erizando su vello corporal y haciendo que su dueño cerrase los ojos ante la sensación. – Tú eres muy afortunado...
- Cállate. Eres demasiado suave.
La rabia en su tono de voz se notó a tal punto que reaccionó de manera violenta pues apretó con fuerza sus dedos en el torso de Lui, como si quisiera aplastarle las costillas. Pero aquello le sirvió para hacer que el otro se detuviera en seco, e intentó posicionarse sobre él, pero Lui ejerció resistencia, de modo que no lo consiguió de esa manera. Los ojos feroces de cada uno se encontraron antes de que Free sujetara ese rostro con esa descarada sonrisa y se adueñara de esos labios en un beso rudo, devolviéndole los mordiscos con más fuerza que la que él había aguantado antes.
- ¡¡Hgg...!! – Lui le daba golpes en el brazo y en el pecho, tratando de apartarle al estar sintiendo el dolor. Pudo notar el sabor metálico, producto de las heridas causadas por esos dientes que se mostraron ante él en una sonrisa victoriosa por parte de Free. – Hijo de puta... eso ha dolido.
- No te preocupes... - Se acercó de nuevo a él. Lui quiso apartarle, pero Free sujetó con fuerza su muñeca, dejándola a un lado de sí mismo. – Me aseguraré de hacerte gritar. – Le susurró en el oído antes de retirarle el chaleco de plumas blancas que utilizaba Shirosagi y lo dejaba caer a un lado, no demasiado lejos. – Llevaba mucho tiempo sin poder verte, así que... no me vas a dejar con las ganas.
- Mierda, eres un puto enfermo. – Espetó, molesto y rojo de la vergüenza por esos comentarios.
- Heh. – Rio, mirándole mientras se disponía a quitarle la camisa. – Sé bueno y coopera conmigo, sabes que si te resistes será peor para ti.
Aquello era sin duda una amenaza, y no en vano. Free hablaba muy en serio. Lui lo veía en sus ojos. El chico se estaba encendiendo muy deprisa, pues a cada segundo que pasaba y que tocaba su cuerpo, aumentaba su afán por fundirse con él. A regañadientes, levantó los brazos mirando a Free con enojo y contemplando esa mirada complacida de su dueño que dejó su torso desnudo. El viento casi le hizo sentir frío, pero rápidamente el contacto directo con la piel caliente de Free le protegió de esa sensación. Tragando saliva, acarició esos brazos marcados por esa delineada musculatura del rubio, producto de los entrenamientos extremos que hacía. Otra vez tuvo la impresión de que su mente se perdía en ese contacto mientras permitía que Free recorriera su cuello y sus clavículas a su antojo, paseando sus manos por su espalda haciéndole temblar y suspirar.
El muy canalla se conocía muy bien su cuerpo, pero no era el único. Cada uno tenía en su cabeza un mapa del otro. Era la experiencia acumulada en los constantes encuentros íntimos entre los dos en los cuales siempre podían desahogar sus frustraciones, su intensa pasión y hallar la calma... aunque a Free le costara más que a Lui.
- Ah... - Gemía Free al sentir que su espalda era acariciada. Se apoyó en Lui, quedándose quieto. El otro entendió a la perfección el mensaje y continuó con sus acciones.
- Gírate. – Le susurró.
Curiosamente Free le obedeció. Lui le miró atentamente y se acercó a la nuca del rubio para depositar un beso. Tuvo la vista lo suficientemente fina para darse cuenta de un detalle tan pequeño como el contemplar cómo parte del cabello de Free también se erizaba. Mientras que con las manos se dedicaba a explorar una vez más el tonificado pecho del muchacho, con la boca hacía un camino de besos por su espalda, dejando caer algún que otro lengüetazo ejecutado en zonas que hacían temblar al mejor blader del mundo que respiraba tembloroso y agitado por las sensaciones que le sacudían. Lui sabía perfectamente que lo primero era estimular al rubio, pues por muy multiorgásmico que fuera, también se reprimía mucho como si algo le bloqueara de manera constante y le impidiera disfrutar al cien por cien.
- No te detengas... - Le pedía Free.
A Lui le resultaba extraña aquella petición. Habitualmente el rubio era de mucha acción y pocas palabras, pero... esta vez era diferente. Por eso decidió acercarse, reduciendo completamente la distancia física y haciendo que ambos cuerpos se tocaran. El manto cálido que envolvía siempre a Free, se expandió en Lui quien rodeó al otro en un abrazo sincero.
- ¿Tanto tiempo ha pasado que necesitas esto? – Le susurraba con calma en el oído. – Tienes que relajarte. Estás muy tenso.
- Hm... - Suspiró, con los ojos escondidos debajo del flequillo. Alzó sus manos, sujetando los brazos de Lui para aceptar su cercanía. Shirosagi guardó silencio, esperando alguna respuesta.
Y en realidad no la hubo. A Lui le dio la sensación de que Free iba a decirle algo, pero en vez de eso se quedó callado y quieto. Pero se llevó una inesperada sorpresa. El rubio había alejado una de sus manos para alcanzar con ella el chaleco de plumas blancas, antes de sujetar de nuevo el brazo con el que Lui seguía rodeándole. El japonés intentó soltarse cuando Free se fue poniendo de pie, cargándole como si fuera un saco de patatas. Más fue completamente inútil porque el rubio podía de sobras con él. Se alejaron de aquel claro, perdiendo al ciervo de vista y acabaron en un rincón algo más... discreto. Definitivamente Free conocía muy bien el bosque que tanto frecuentaba. Pero ahí no terminó todo.
Al ver que su chaleco era usado como una cuerda para atar sus manos, Lui intentó zafarse, pero sólo le sirvió para toparse con la violenta faceta de Free, recibiendo un par de golpes. El rubio le había traído a un árbol que tenía una gruesa branca rota por encima de su cabeza y en la cual sus manos fueron puestas, alzadas para que no pudiera usarlas. Miró a Free, apretando la mandíbula, pero el rubio todavía tenía sus ojos ocultos antes de abrirle las piernas para posicionarse entre ellas. Lui movió sus pies, pero Free los sujetó.
- Pórtate bien. – Le exigió en voz baja. Se aproximó a él, y Lui se puso nervioso cuando de la Hoya le observó directamente, pudiendo contemplar esa expresión de depredador feroz que había puesto. Esos ojos marrones tan oscuros ahora habían cambiado a un color dorado a causa de la energía que utilizaba el rubio, despertada a través de sus emociones. – Vas a ser mío, te guste o no.
- Siempre te gusta ir por las malas, ¿verdad? – Dijo queriendo mantenerse orgulloso pese a su posición. Free sólo inclinó la cabeza, más de la cuenta, no obstante. <<.Se está enfadando...>>, pensó al interpretar correctamente ese gesto.
- Mi cuerpo pide sentirte, eso es todo. – Confesó directamente. – Lui. – Se aproximó, rozando sus labios con los del otro. – Déjame hacerte disfrutar...
Eso dejó sin argumentos al arrogante dragón blanco de Japón, cuya cara tenía toda roja por esas palabras que sonaban gentiles y necesitadas de su atención. No pudo evitar relajar su expresión, al tiempo que sus labios se fundían con los del contrario. Trató de mover sus brazos, pero fue inútil. Free había usado su chaleco como una cuerda para atar sus manos con fuerza y mantenerlas bloqueadas gracias a esa rama. Inteligentemente, Free sujetaba sus muslos a sabiendas de que, sin poder levantar sus piernas, Lui no podría liberarse de la branca gruesa del árbol.
Inevitablemente notó las ganas de suspirar cuando Free comenzó a atender su cuerpo a base de besos y algún que otro mordisco intencionado que le hacía sobresaltarse. Pero acabó gimiendo cuando aquellos dedos se clavaron ligeramente en su abdomen. Free le miró, descendiendo por su cuerpo a propósito con el fin de darle una erótica imagen de él. Con la boca entreabierta, Lui terminó cerrando sus ojos. Free se centró en su vientre, bajando un poco de vez en cuando, rozando el pubis del contrario. Iba tan despacio que Shirosagi tuvo tiempo para relajarse, porque esa táctica siempre funcionaba con él y el rubio lo sabía. Lástima que no pudiera usar sus manos...
Las caricias del chico aumentaban la temperatura de su cuerpo, igual que los besos que recibía, y fue a más cuando incluso con los pantalones todavía puestos, Free ya hacía movimientos pélvicos contra su cuerpo. Eso sin duda lo excitó.
- Hg... Lui... - El rubio gimió con su cara oculta entre su cuello y su hombro. – Quiero más...
- Eres un idiota... ¿Crees que... que esto es suficiente para mí o qué? – Espetó. - ¡Huh...! ¡He- hey...! – Gimió también cuando el rubio hizo embestidas más fuertes. Sus pantalones comenzaron a molestarle seriamente...
Free le miró, con esa expresión algo desencajada por el placer que sentía. El beso que le dio demandó pasión al tiempo que Lui sentía unas manos ajenas peleándose por quitarle lo que le quedaba de ropa. Esa manera de actuar tan desordenada le dio gracia. A veces Free de la Hoya podía ser tan impaciente... por eso le ayudó levantando su cadera tras hacer fuerza con sus piernas, haciendo que Free lograra su objetivo y le dejara desnudo. No sintió vergüenza. No era la primera vez que lo hacían. Sólo estaba la diferencia de que era al aire libre. Sin embargo, los dos se miraron mutuamente por unos minutos. Free no le pidió permiso para acariciarle las piernas, jugando con la sensibilidad de Shirosagi que empezaba a evadir su vista de la del contrario.
- Todavía no me has abrazado... - Dijo Free, pegando su frente en la del otro.
- ¡¿Cómo pretendes que lo haga?! – Alzó la voz. - ¡¡Mira cómo me tienes!! – Su cara enrojeció rápidamente. Con todo el descaro del mundo, Free le hizo un buen repaso visual, tomándose hasta su tiempo para disfrutar de las vistas.
- ¡Oug...! – Se quejó cuando inesperadamente fue apartado por una dolorosa patada.
- ¡Deja de mirarme, imbécil!
- No me gusta que me pegues...
- ¡Tú también lo haces así que jódete!
Free le observó con la protesta escrita en la cara, pero cual masoquista se acercó a sabiendas de que podría recibir otra patada. Y de hecho así sucedió. Lui se estaba vengando de él. Aun así, la excitación del dragón blanco de Japón no pasaba desapercibida para el rubio, quien, sujetando los pies del contrario, logró acercarse a él. No tuvo reparo en abrirle otra vez de piernas mientras hacía que el rostro de Lui volviera a competir con un semáforo, o en este caso, con las hojas de los árboles, teñidas de pigmentos rojizos por la presencia del otoño. Y aún más cuando esos ojos amatistas contemplaron que los de Free le miraban fijamente a medida que se acercaba a su miembro erecto, dispuesto a complacerle. La imagen del rubio dándole placer fue demasiado para Lui.
El japonés cerró sus ojos cuando sintió esa boca húmeda en su sexo. Era caliente y a veces le apretaba y le succionaba demasiado fuerte, pero tenía su punto así que no era del todo desagradable. Su cuerpo se tensaba por el placer, y a veces su cadera se movía sola. Hubo un momento en el que Free se detuvo para apartarse y acercársele para besarle, sin encontrar ninguna resistencia. Sin embargo, no dejó de mover sus manos para mantener la excitación de Lui, oyendo cómo de agitado respiraba y contenía inútilmente sus gemidos. Su propio cuerpo le traicionaba temblando por el placer que recibía.
- Ah... ah, ¡Odio que...! ¡Hg...! ¡Me tortures...! ¡Ah, mierda...! – Pero incluso entre gemidos era capaz de protestar como el dragón orgulloso que era. Pero para Free fue divertido.
- Me alegra que disfrutes tanto. – Le dijo sin contemplaciones. - ¿Quieres que haga algo más o te conformas con esto? – Preguntó de manera provocativa. Él se estaba aguantando muy bien con el fin de que Lui gozara.
- Hg... capullo...
- ¿Hm? – Arqueó una ceja, apretando ligeramente las manos. Eso hizo que Lui arqueara su cuerpo entero, quejándose. – Perdón, creo que no te he escuchado bien.
- ¡Eso duele...! – Cerró uno de sus ojos, con una lagrimilla. Free se quedó en silencio, pero muy cerca de él. – Mueve las manos...
- ¿Quieres que las mueva? – Preguntó, recibiendo un movimiento de cabeza. - ¿Así o más rápido?
- Hm... más rápido... - Odiaba tener que hacer algo así, pero sabía que, de no hacerlo, se podrían tirar el día entero en esta situación. Free nunca tenía prisa por nada. - ¡Ah, ah...! – Gimió con fuerza cuando el rubio aumentaba la velocidad en su miembro erecto. - ¡No pares...! – Pidió, dejando las piernas rígidas.
Free contemplaba su cara roja por el intenso placer, el cómo parte de esa saliva caía por la comisura de los labios enrojecidos y con restos de sangre que él mismo había hecho salir con sus mordiscos. Redujo la distancia, para adueñarse de ellos de nuevo, topándose con que Lui parecía haber estado esperando esa acción de su parte. Sin embargo, un mal movimiento de la pierna derecha del japonés hizo que el rubio tuviera que apoyarse en él, aunque por suerte sin detener su movimiento en su sexo. Siguió masturbándole, hasta que Lui no pudo más. Entre gemidos alcanzó el clímax, manchando las manos de Free que quedaron salpicadas de su semen.
Lui respiraba agitado, con los ojos cerrados y recibiendo otro beso, más suave en comparación con el resto.
- ¿Te ha gustado? – Escuchó a Free. Lui no pudo responder, porque su cuerpo demandaba oxígeno. – Lo tomaré como un sí. – Sonrió. – Pero... - Sin importar si sus manos estaban pringosas, separó las piernas de Lui una vez más. – No puedo aguantar más. – Le susurró presionando contra su cadera. Lui sintió ese duro pene a través de los pantalones que el rubio todavía llevaba puestos.
- No me culpes a mí por reprimirte, idiota.
- Vaya qué agradecido... - Soltó con sarcasmo. – Encima que te hago disfrutar...
- ¡No me lo restriegues! ¡Cabronazo! – Intentó darle otra patada, pero esta vez no funcionó. Free sujetó su pie, y lo lamió ante sus ojos.
- Te prometo que te gustará... como siempre te ha gustado.
Chapter 17: Placer al aire libre Parte II
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Lui apretó la mandíbula y cuando se quiso dar cuenta, de la Hoya ya se había quitado la ropa que le quedaba. Le miró, con una sonrisa antes de jugar con su cuerpo utilizando sus dedos impregnados del semen del japonés, a modo de lubricante. Era la gentileza momentánea de Free, para no hacerle daño después. Sentir cómo los movía por dentro siempre le resultaba una sensación rara, pero que de alguna manera se le hacía placentera. Y es que después de tanto tiempo, una pequeña preparación con cariño no venía nada mal. Free estaba concienciado con respecto a ese detalle, añadiendo el hecho de que conocía muy bien su cuerpo y la forma en la que reaccionaba. Ambas miradas se encontraron, y Lui entrecerró la suya soltando un gemido cuando notó que Free entraba en su cuerpo sin previo aviso para cuando retiró su mano.
De la Hoya quería asegurarse de contemplar su rostro cada vez que lo hacía sólo para excitarse más. Juntó su frente con la de Lui, al tiempo que sujetaba sus hombros. El calor los invadió a los dos una vez el Dragón Dorado acabó tocando las profundidades del otro.
- Lui... - Susurró su nombre, haciendo que el otro le mirase para contemplar el placer escrito en la cara del joven que no dejó de moverse. – Hgm... - Se mordió el labio inferior. – Tan caliente...
A pesar de que ya había llegado antes al orgasmo, nunca se quedaba satisfecho con una sola vez y afortunadamente Free conocía la manera de encenderle de nuevo. Él siempre le complacía antes que a sí mismo, y eso en ocasiones frustraba a Lui porque eso significaba que Free se reprimía más de la cuenta. Hubiera deseado tener las manos libres para tocar ese cuerpo tan cálido, y ahora cada vez más cubierto de ese manto de sudor. Al principio las embestidas eran lentas, para mantener el placer mutuo, pero también era lo que Free quería para acariciar el cuerpo de Lui con sus propias manos sin importar si las tenía pringosas por lo de antes. Ahora que estaban tan excitados, no eran capaces de pensar de una manera normal y el rubio el que menos.
Su mente se nublaba cada vez más, y eso en parte también le frenaba, pues curiosamente su cabeza le hacía recordar las veces que en el pasado perdió el control por motivos completamente diferentes en situaciones que nada tenían que ver con la de ahora. Era el medio que usaba su cerebro para castigarle con la culpa que nunca reconocía abiertamente, huyendo del rostro empapado en lágrimas de Christina cuando la obligó a ser testigo de todas esas acciones. Aquello seguía grabado en su memoria, por el impacto que tuvo en su persona.
- Free... vas lento... - Le habló Lui, notando que algo iba mal.
- ¿Quieres... que vaya rápido? – Le preguntó, mirándole. Sus ojos todavía presentaban ese tono dorado. Lui asintió.
- Hg... no estaría mal que... liberases mis manos... - Le dijo. - ¡¡Aah...!! – Gimió con fuerza ante una fuerte embestida.
- Ni de coña. – Respondió con ferocidad. – No te has portado bien...
- Cabronazo...
- Hm... - Hizo una torcida sonrisa.
En ese punto, Free hizo estocadas más bruscas para arrancarle gemidos a Lui. No apartó su vista de él, para ver cómo se retorcía del placer gracias a su atención. Pero ahí también empezó su propia tortura. Aunque no llegaba a eyacular, Free experimentaba pequeños pero fuertes orgasmos, sin perder la erección. En respuesta se aferraba al cuerpo de Lui, arañando con fuerza su espalda, y rozando ese cuello con sus dientes para clavarlos en la piel blanca del japonés que se quejaba, siendo conocedor de que el rubio había iniciado su ciclo de éxtasis. Más le valía prepararse, ya que el rubio nunca atendía a razones en un estado así. Y lo peor de todo es que en ocasiones difícilmente llegaba a oírle. A cada embestida que daba, aumentaba el placer de ambos y aunque para Free era importante intentar mantener en su cabeza el hacer disfrutar a su compañero, su propio cuerpo le traicionaba al sentir esos orgasmos constantes pero breves que eran como una bomba para la estabilidad de su mente.
Movió más rápidamente su cadera, oyendo los gemidos de Lui y cómo se tensaba por la excitación. El beso que se dieron fue breve por la demanda de oxígeno que necesitaban, pero Lui contempló cómo brillaban esos ojos dorados de su dueño que inconscientemente utilizaba su energía que se expandía por su propio cuerpo, envolviéndolo en una gran calidez con la cual el dragón blanco de Japón ya estaba familiarizado.
- ¡Ah! ¡Deja de morderme! – Se quejaba de nuevo. Aquellas manos calientes apretaban su espalda mientras la potente mandíbula del rubio hacía sangrar parte de la zona del cuello que era castigada por esos dientes ahora manchados en el líquido escarlata. - ¡Hg... Free...! – Pero al mismo tiempo también le invadía el placer de esas embestidas que, desde hacía rato, habían abandonado toda intención de ser gentiles con su persona.
El otro no se dio por aludido, ni siquiera escuchó su nombre. Su cuerpo temblaba y su mente trataba de mantener su cordura, en una lucha interna contra la bestia de su interior que intentaba liberarse de su jaula. Para Free era como si enfrentara un sufrimiento desconocido, topándose siempre con su frustración. Por eso no le importaba si hacía daño a Lui, al cual siguió mordiendo. Su lucidez mental iba y venía según los orgasmos que experimentaba mientras su miembro seguía erecto y apretado en aquellas paredes internas del cuerpo que estaba poseyendo sin contemplaciones. Oía la lejana voz de Lui, y su agitada respiración, siendo su contacto y su aroma lo que más podía reconocer.
- Free. – Le llamó Lui como pudo. Parte de su saliva bajaba por la comisura de sus labios y sus mejillas estaban muy rojas. Los ojos le brillaban por el placer. - ¡Free...! – Volvió a intentar llamarle, aunque le salió medio mal por el gemido que se le escapó. Pero eso pareció surtir efecto porque el chico le miró, deteniéndose unos instantes. – Deja de reprimirte... - Dijo en voz baja, contemplando cómo el otro ponía mala cara, antes de bajar la cabeza mientras respiraba agitado.
Pero antes de poder comentar algo más, los labios de Lui fueron ocupados por los de Free. No pudo hacer nada para evitarlo, aunque sorprendentemente vio que el rubio parecía haberle escuchado porque por fin desató sus manos. Cuando movió sus brazos, sintió dolor por el largo rato de haber estado en la misma posición. Curiosamente el otro permaneció quieto, rodeándole con sus manos. En silencio Lui quiso averiguar qué es lo que ocurría, antes de poder tocar el cuerpo cálido del Dragón Dorado. Eso hizo reaccionar a Free que en cuanto le miró directamente, recibió un beso del otro que no rechazó. Su mente estaba tan alterada que sólo cuando su espalda tocó la hierba del suelo fue cuando se percató que Lui se había posicionado encima de él. Se sintió enfadado.
- Vamos no pongas esa cara. – Habló Lui, todavía con esas mejillas rojas. – He estado sometido un buen rato... ahora me toca a mí.
- Los cojones. – Protestó, reincorporándose para quedar sentado. – No voy a quedarme debajo.
- Bueno... estamos en una buena postura. – Lui sonrió de lado, antes de sentarse completamente sobre el miembro todavía erecto de Free.
- Aaah... - Gimió, cerrando los ojos. Lui inclinó la cabeza.
- Creo que así es... más profundo. – Susurraba.
- Sin duda... - Sujetó la cadera del otro, demandando movimiento.
Lui alzó el rostro del rubio para darle otro beso, comenzando a moverse. Aunque para Free supuso un latigazo de placer recorrerle el cuerpo entero, pues se separó de esos labios para contemplar cómo esa cadera subía y bajaba y a veces iba en círculos, arrancándole más gemidos. El dueño de aquel cabello azul puso una mano sobre su pecho, ejerciendo fuerza para que Free acabara de nuevo tocando el suelo con su espalda desnuda. Eso permitió que Lui pudiera apoyarse mejor. Y para el rubio no dejó de ser excitante y erótico. Podía contemplar la cara de Lui, inundada por el placer, y además de eso, pasear su vista por ese cuerpo atlético que se fundía en uno solo con el suyo propio. No apartó sus manos de las nalgas del chico que se encontraba encima, tratando de ayudarle a moverse mejor.
Oía su agitada respiración, y el cómo le llamaba. Los dos se miraban y Lui se fue acercando a él, reduciendo toda distancia física entre ambos. Free le recibió con un abrazo rodeando su espalda, mientras aquella hiperactiva cadera continuaba moviéndose y haciéndole experimentar esos pequeños orgasmos que casi parecía que le hacían tocar la locura, poniendo en peligro su cordura. Free notaba cómo su mandíbula se tensaba, llegando a distinguir en lo más profundo de su interior que su ansiedad le atizaba para hacerle recaer en su más vieja y peligrosa costumbre de autolesionarse a sí mismo a base de infringirse mordiscos hasta hacer salir la sangre en abundancia porque sus dientes se topaban con venas que cedían ante su poderosa mandíbula.
Pero su brazo izquierdo estaba demasiado lejos como para poder mordérselo. Por eso cerró la boca cuando su lengua se topó con el hombro de Lui.
- ¡Ag...! - Se quejaba de nuevo el japonés. - ¡¿Por qué siempre me muerdes?! – Protestaba, pero no pudo alejarse. Free le sujetaba con fuerza, sin dejar de clavar sus dientes en su piel una y otra vez. - ¡Ah...! ¡Para... pa...! – Iba a decir, pero inesperadamente Free cambió de nuevo las posturas sin avisar, quedándose encima de él. - ¿F- Free...?
Se había asustado. Aquellos ojos estaban muy abiertos, quizá demasiado. El tono dorado era más potente que antes, y cuando Lui contempló que el chico inclinaba la cabeza pudo darse cuenta que ni siquiera le reconocía. Había desatado justo lo que no debía haber despertado. Las embestidas de Free fueron más salvajes, chocando su cuerpo contra el suyo de manera brusca y salvaje, haciéndole gemir y gritar porque también siguió notando aquella mandíbula castigar su piel. Empezó a ser desagradable para él, en cierto modo. Sus manos fueron completamente bloqueadas cuando Free las sujetó con las suyas de manera violenta. Lui no tenía manera de sacárselo de encima. Lo único que sabía es que había perdido la cuenta de cuántas veces había llegado al clímax sólo para volver a estar igual en pocos minutos debido al frenesí sexual en el que Free había entrado, descontrolándose en el proceso.
Y es que, a simple vista, no daba la impresión de que un muchacho tan vago como Free pudiera poseer semejante apetito sexual que no cualquiera sería capaz de soportar. Al menos no cuando se volvía una bestia incapaz de razonar.
Sin embargo, Lui empezó a darse cuenta que Free llegaba a su límite. Lo supo a través de la velocidad de las embestidas que hacía, cada vez más rápidas y fuertes. Había notado hasta el líquido preseminal que liberaba. Y esas manos calientes se aferraban a su cuerpo, apretando y arañándole una y otra vez, obligando a Lui a contener toda esa fuerza. En cuestión de minutos, escuchó el gemido medio ahogado de Free y su agitadísima respiración mientras experimentaba el clímax y liberándose en su interior como Pedro por su casa. Después de aquello, se quedó encima suyo, utilizándole de almohada para descansar. Lui no dejó de abrazarle, tratando de recuperar algo de energía.
En el proceso notó que el cuerpo del rubio se relajaba, dejando atrás toda la tensión muscular general que sintió antes tocándole. También vio que la energía dorada de Free desaparecía, volviendo a la inactividad. Siempre le había resultado curioso que el rubio la utilizara cada vez que tenían sexo y entraba en ese estado de puro desenfreno. La idea que cruzó antes por su mente, sobre el misterioso y oculto pasado del joven al que acogía con sus bazos, regresó.
- ¿Te sientes mejor? – Logró preguntar al cabo de un rato en el que Free se mantuvo inmóvil. Ahora respiraba con más calma, pero no le contestó. Al menos había parado de morderle, pero eso no significó que su cuello no le doliera.
Free recuperaba sus propias energías, abandonando el cuerpo de Lui en el que estuvo un prolongado rato. Parte de su semen salió del dueño del pelo azul, a quien no pareció importarle mucho, al menos ahora. Lentamente su cabeza volvía a ordenarse, recobrando la cordura perdida. Se fue apartando poco a poco, llevando su mano izquierda a su cara. Lui redujo la distancia entre los dos, queriendo asegurarse de que el rubio se sentía bien. Sin preguntar, tocó su brazo para apartarlo gracias a que el otro no se resistió.
- ¿Te he hecho mucho daño? – Habló Free entonces. Su voz sonó seria. No quería levantar su mirada, escondiéndola debajo del flequillo.
- Blegh, sólo quedarán cicatrices. Ya sabes que tienes unos dientes fuertes. – Dijo, echando una risilla. – Pero si te alivia saberlo... cuando me mire en un espejo te buscaré para darte tu merecido.
- No pensaba en lo que estaba haciendo... - Susurró. Lui tragó saliva.
- Eh venga, no te desanimes. – Sujetó las mejillas del rubio, queriendo respetar su espacio sin levantar el pelo que tapaba esos ojos oscuros. No hubo respuesta. – Hacemos esto para liberarnos de la carga que soportamos, ¿vale?
Pero eso no sirvió. Free negó con la cabeza. Lui empezó a asustarse, porque esto no era normal. Al rubio no solía pasarle esto. Lui vio que su rival ponía su mano derecha sobre uno de sus pectorales, sin levantar la cabeza. Eso le hizo sonreír para acercarle a él y abrazarle, notando cómo esas cálidas manos le rodeaban. Casi parecía que Free se refugiaba en el calor de su cuerpo. Por eso Lui acarició su espalda, para relajarle. El otro cerró sus ojos, tratando de no pensar, y dejar la mente en blanco.
- No te preocupes, Free. – Le dijo Lui, repentinamente. – Ya verás que todo mejorará.
Chapter 18: ¡Charla entre amigos! ¡La teoría de Wakiya!
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Cuando llegó la mañana siguiente, Valt apenas pudo desayunar tranquilo. Su madre y sus hermanos lo notaron. Kuza intentó animarle, pero poner la televisión había sido un error que sólo devolvió al pelinegro de regreso a sus preocupaciones. Por primera vez se sintió molesto con Free por estar quedándose al margen de todo lo que ocurría, y lo peor de todo es que no podría hacer nada para hacerle cambiar de opinión. Después de aquello, Rantaro les sorprendió con una visita. Fue el momento ideal para que Valt y Kuza le pusieran al tanto de la situación. Cuando le confirmaron quiénes de sus amigos habían visto en el hospital, la angustia de Rantaro por Wakiya fue tan evidente que salió corriendo hacia allí, pero inesperadamente... Valt no fue a acompañar a su amigo, al contrario que Kuza.
La madre de Valt se acercó a su hijo, quien rechazó su contacto antes de salir por la puerta. Necesitaba despejarse. Toko y Nika intercambiaron miradas, sin saber qué era lo que pasaba por la mente de su hermano mayor.
Caminar por las calles que tanto tiempo llevaba conociendo le hizo sentirse curiosamente extraño. Con el tema de ese blader llamado Phi suelto, su propio hogar le resultaba hasta un sitio en el que ni siquiera podía confiarse. ¿Cuántos seguidores tendría ese tipo que estaba destruyendo el beyblade? ¿Acaso era consciente de ello? ¿Cuál era su objetivo con todo esto? Valt se hacía demasiadas preguntas, las cuales era completamente incapaz de responder. Incluso dudaba de si Valtryek y él poseerían la fuerza necesaria para sacar al mundo de este apuro. Podía comprender por qué la gente estaba empeñada en querer saber acerca de Free. El rubio era la esperanza de todos... pero él les había decepcionado con esa decisión que había tomado.
Puede que Christina tuviera razón... puede que Free finalmente estuviera reaccionando conforme ese bloqueo mental se deshacía después de tanto tiempo. Pero eso a Valt le frustraba. Tenía que pasar justo ahora...
- ¿Valt? – Una voz familiar le sacó de sus cavilaciones. Al alzar la vista, el aludido se quedó sorprendido.
- ¡Daigo!
Corrió hacia su amigo, abrazándole con fuerza una vez lo tuvo al alcance de sus manos. Daigo le recibió con una sonrisa, alegrándose de haberle visto. Notó que el pelinegro se aferraba a él, casi para cerciorarse de que no era una ilusión. Pasaron varios minutos hasta que se separaron para mirarse.
- No sabes cuánto me alegro de que estés aquí. – Dijo Valt. – Tal y como están las cosas tenía miedo de que te hubiera pasado algo...
- Así que tú también te has enterado. – Vio el asentimiento de su compañero. – En cuanto me llegó la noticia cogí un avión desde Francia para ver qué podía hacer aquí en Japón. Para entonces, Shu ya había sido ingresado y Wakiya acababa de perder.
- ¿Has podido ver a ese tal Phi?
- No, es bastante escurridizo. En su lugar, los bladers que le apoyan hacen el trabajo sucio como ya podrás imaginar.
- Eso significa que no sabe que estás aquí.
- Creo que en realidad no soy una de sus presas. Mis compañeros y yo hemos descubierto que Phi va cazando a los bladers que estuvieron principalmente en la Liga Internacional.
Escuchar eso puso a Valt en tensión. Conocía a todos los bladers participantes, y temió por alguno de ellos. Ya había comprobado que los Cinco Grandes estaban en perfectas condiciones, pero otros como Shu no habían tenido la misma suerte. Pero hubo algo que cruzó por la mente de Valt... ¿Por qué pasaba todo esto precisamente en Japón? ¿Tendría Phi a más bladers de otros países actuando en su nombre? Eso sólo logró asustarle más pues, si era así, entonces el equilibrio del mundo estaba en peligro.
Daigo le invitó a ir a una cafetería, así que Valt aceptó. No le vendría mal tener una charla. Conocía a Daigo desde hacía unos cuantos años, fueron compañeros en el instituto, y aunque su relación había sido complicada al principio, con el tiempo hasta actualmente se transformó en un vínculo sincero basado en la confianza mutua. Llegaba a tal punto que los dos siempre estaban ahí para cuando el otro realmente lo necesitaba. Quizá no era una casualidad el haberse encontrado con su amigo después de todo...
- He visto que la energía de ese tal Phi es capaz de contaminar a otros bladers. – Hablaba Valt, dándole vueltas a un batido que se había pedido.
- Sí, he visto la marca que tiene Shu. – Asentía Daigo con la cabeza. – Poco se sabe de los efectos que tienen, más allá de que van debilitando cada vez más a su víctima.
- ¿Qué opinas tú, Daigo?
- Pues... si quieres que te sea honesto, para mí ese tipo es como una cobra que te envenena. Hay bladers que se niegan a luchar contra él porque ya conocen de antemano el resultado sin necesidad de un enfrentamiento directo.
- ¿Tan mal está la cosa en Japón?
- Es un completo caos, en todas partes. El número de bladers que apoyan a Phi es elevado. – Dijo con una cara muy seria. Valt tragó saliva. – Sospecho que son todos los bladers que han sido marginados y apartados a un lado por aquellos que organizan las ligas, las copas y los torneos oficiales... Phi se ha aprovechado de todo ese odio concentrado.
Valt pudo imaginárselo. No sería la primera vez que se topaba con bladers de ese calibre y sabía que, si Daigo no iba mal encaminado, entonces el problema era mucho más serio. Habitualmente los bladers que habían sido «olvidados» se concentraban todos en un mismo punto, acabando por formar una especie de equipo clandestino que luego podía expandirse desde las sombras por un ancho territorio dentro del país. O incluso gente ambiciosa como Ashtem, el dueño de la secta del Snake Pit con todos esos poderosos bladers... era el primer sospechoso que Valt tenía en mente. No podía descartar ninguna opción.
Pero era eso... esa clase de bladers eran realmente problemáticos. Bastaba con que apareciera un tipo como Phi para apoyarle, y puede que así hacerse con el control del cotarro. No era una idea muy descabellada si uno tenía en cuenta que bladers así tenían un profundo odio y desprecio con los bladers «oficiales» como por ejemplo los Cinco Grandes. Eso significaba que, aunque Free tuviera muchos admiradores, también tenía a gente que deseaba verle bien muerto. O al menos, Valt tenía esa sensación. Pero si no había pasado nada grave con Free, sólo se debía a que el propio Free era un blader muy temido por su fuerza.
- Daigo tenemos que hacer algo. – Dijo Valt. – No podemos dejar que ese tal Phi siga haciendo de las suyas.
- Sí, pero es más fácil decirlo que hacerlo. – Le contestó. – Acercarse a él no es fácil, no suele estar solo. Al menos siempre que ha aparecido, ha habido alguien a su lado.
- ¡Basta con desafiarle y ya está!
- No Valt, eso es peligroso. Si te expones, sólo te pondrás en bandeja de plata para que te pase cualquier cosa.
- Pero... ¡Soy uno de los mejores bladers del mundo! – Se mantuvo optimista, pese a que Daigo le notó nervioso. - ¡Puedo vencer a quien se me presente!
- Lo mismo dijo Shu, y mira cómo ha terminado. Y todavía gracias que no ha acabado grave. Hay bladers que están en cuidados intensivos, y de algunos se esperan que no salgan de esa. Ese tal Phi está cobrándose sus primeras víctimas
Eso hizo que Valt se pusiera pálido. ¿Cómo podía ser eso? Se trataban de vidas humanas, no era legal sentenciarlas de ese modo. ¿Cómo es que las autoridades no habían hecho nada de nada? ¿Tal vez no consideraban a Phi culpable? Nah, era absurdo hasta el pensarlo. Valt no entendía qué ocurría ni por qué ese tipo era tan y tan cruel. Cada cosa que escuchaba era peor que la anterior... le resultaba lógico que muchos bladers se asustaran y decidieran mantenerse al margen, ¿Puede que a Free le hubiese pasado eso? No. Hasta donde había visto, Free era una de las personas más valientes que conocía. O eso creía.
Daigo suspiró.
- ¿Has hablado con Wakiya? – Preguntó de repente Kurogami.
- Anoche. Fui al hospital en cuanto me enteré que Shu estaba allí. No esperé que él también...
- Heh, bueno, Wakiya ha tenido mucha suerte. Una pierna rota, es lo que muchos habrían querido.
- Pero los dos están contaminados, Daigo. – Dijo, pero el otro curiosamente permaneció callado. - ¿Daigo? – Le llamó.
- Al parecer no os lo ha revelado todavía. – Alzó sus ojos. – Yo también hablé con Wakiya mucho antes de que llegaras a Japón, Valt. Hablábamos de esta situación y entonces, de repente, a él se le ocurrió una idea que me resultó disparatada.
- ¿Una idea? – Repitió, arqueando una ceja. - ¿Qué idea, exactamente?
- Wakiya dijo algo como esto...
***
- ¿Sabes, Daigo? – El rubio se cruzó de brazos mientras permanecía sentado en su cama de hospital. – Anoche estuve pensando en algo
- No soy adivino así que suéltalo ya, Wakiya.
- Si existe un blader como Phi capaz de infectar la energía de otros bladers... ¿no crees que habrá alguien capaz de purificarla?
- ¿Qué? – Se sorprendió al oír eso. - ¿Pero eso sería posible?
- ¡Pues claro! – Exclamó apretando las manos para hacer énfasis. – Si lo piensas tiene todo el sentido del mundo.
- Ah, menuda tontería. – Dijo, moviendo la mano como para restarle importancia. - Dudo mucho de que haya un blader así. Siempre es más fácil ensuciar que limpiar, así que...
***
- Así que eso fue lo que te dijo. – Habló Valt que había guardado silencio para oír el relato que su amigo acababa de contarle.
- Me pareció una tontería, pero... con todo lo que ha ido pasando hasta ahora, ya no me parece algo tan absurdo.
- No sabía que nuestra energía pudiera tener propiedades así... - Valt se cruzó de brazos, pensándolo. – Pero yo creo en Wakiya. – Sonrió repentinamente, sorprendiendo al otro. – Él siempre nos ha ayudado en todo lo que ha podido, no creo que debamos dudar ahora de su palabra.
- Valt...
- ¡Hay que tener fe en los buenos amigos! – Apretó la mano en un puño.
Daigo terminó sonriendo, y asintiendo con la cabeza para darle la razón. El pelinegro acabó convenciéndole. Las ideas de Wakiya solían ser muy precisas después de un exhaustivo análisis dentro de la mente de ese presumido inaguantable. Pero era cierto... debían confiar en Wakiya, y al menos darle una oportunidad a la teoría que él había compartido porque al menos alguien pensaba y utilizaba la cabeza en toda esta situación en vez de lamentarse por lo que le había ocurrido. Wakiya sabía lo que estaba en juego mucho mejor que ellos, por eso, incluso desde el hospital, no paraba quieto. En ocasiones era demasiado responsable, o quizá es que se tomaba las cosas muy enserio. Fuera cual fuese la razón, era obvio que Wakiya no se quedaría tan tranquilo ingresado con una escayola en la pierna esperando a recuperarse. Él no era de los que perdían el tiempo, independientemente de su condición física.
- Oye, ¿Has venido tú solo desde España, Valt? – Le preguntó Daigo repentinamente.
- Qué va. La idea de volver fue de Rantaro, pero Kuza quiso acompañarnos.
- Al parecer os habéis hecho muy amigos eh.
- Sí, Kuza es un gran compañero. Me siento feliz de haberle conocido. – Valt bajó la mirada, contemplando el bollo que tenía delante, en un plato. – Siempre nos está apoyando y animando.
- Y se ve que eso es lo que más falta te hace ahora mismo. – Esas palabras sorprendieron al pelinegro que miró al otro. – No necesitas decírmelo porque ya lo reflejan tus ojos. Tienes dudas, ¿verdad?
- Jo, odio ser tan evidente... - Resopló, haciendo reír a su compañero. – Cuando los Cinco Grandes llegaron a España y nos contaron lo que pasaba... tuve una mezcla de emociones. Me sentí preocupado por todos vosotros, por mis hermanos...
- Así que finalmente Wakiya lo ha conseguido y esos cinco se han reunido. Menos mal, algo que funciona...
- Sí, pero... me temo que no todo es coser y cantar, Daigo.
- ¿Eh? ¿A qué te refieres?
- Se trata de Free.
Aquello causó la inquietud de Kurogami, quien en silencio dejó que Valt le pusiera en situación. Menudo asombro se llevó cuando escuchó de boca de su interlocutor el que Free de la Hoya había decidido mantenerse al margen. Eso era sin duda catastrófico. El mundo entero necesitaba de ese poderoso blader que les había dado la espalda a todos, a absolutamente todos. Daigo se sintió molesto, y frustrado, sentimientos que Valt pudo comprender a la perfección. Y es que una vez más a su mente regresó lo que Christina le contó, y cómo su instinto le avisaba de mantenerse callado para no revelar nada de eso. No era algo que pudiese decir tan abiertamente a alguien, ni siquiera a sus amigos. Eso en parte también le afectaba, pues no sabía cómo asimilar toda aquella información todavía.
Valt sentía que comenzaba a colapsar, y mira que las cosas no habían hecho más que empezar. Una parte de él se preparaba para cargar con una enorme carga que definitivamente no le correspondía. Daigo se llevó las manos a la cabeza, sin saber cómo enfrentarían a Phi sin el apoyo indispensable de Free de la Hoya. En las noticias seguían preguntándose qué había sido del dueño de Drain Fafnir. El mundo buscaba al blader número uno desesperadamente, como si todo dependiera de él... Valt pensaba en ello, intentando convencerse de que Free tenía una razón especial para actuar de la manera en la que lo estaba haciendo.
Chapter 19: ¡Trampa en el subsuelo! La que surge de entre las sombras...
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Por otra parte, Rantaro había llegado al hospital y por suerte no se perdió a la hora de encontrar la habitación de Wakiya, aunque no evitó correr de un pasillo a otro topándose inesperadamente con Kuza y sorprendiéndose de que Valt no hubiera venido con él. Los dos entraron en el cuarto de Murasaki que recibió un abrazo inesperado por parte de Kiyama. Al lado de la cama de Wakiya había una mesa con el portátil del chico, un móvil y varios dispositivos cuyo funcionamiento era completamente desconocido para Kuza.
- Veo que tú también has sufrido las consecuencias... - Dijo Rantaro, mirando al rubio. - ¿Cómo te sientes? ¿Hay algo que podamos hacer por ti?
- Si podéis curarme la pierna a base de magia realmente os estaría agradecido. – Soltaba Wakiya con un tono de amargura. Odiaba estar ingresado por la impotencia que sentía. - ¡Y la comida es un auténtico asco! ¡¿Quién demonios es el chef?! ¡Le pienso cantar las cuarenta!
- Venga, Wakiya, cálmate. – Sugería Kuza, un poco nervioso. El aludido resopló.
- La conexión del Wi-Fi del hospital es malísima y tengo problemas para contactar con mi equipo. Así no hay quien logre hacer nada.
- Menos vas a lograr si no te relajas un poco, colega. – Rantaro se sentó a su lado. Kuza lo hizo a los pies de la cama.
- Si estuvierais en mi situación os garantizo que estaríais peor que yo.
Era normal que Wakiya estuviera tan molesto. Pese a haber tenido mucha suerte de haberse llevado una sola lesión tras enfrentarse a Phi, para el rubio el estar limitado de esta manera era frustrante. Rantaro no sabía qué hacer exactamente para animarle, y Kuza sólo tenía ganas de salir por la puerta con tal de no aguantar un ambiente tenso como este.
- ¿No habéis venido con Valt? – Preguntó entonces el dueño del Sanbat United.
- Tenía muy mala cara cuando Rantaro vino a verte. – Saltó Kuza.
- Ah, pobrecillo... - Suspiró Wakiya. – Debe estar pasándolo mal.
- Sí, llevaba así desde antes de venir a Japón.
- Los Cinco Grandes llegaron al BC Sol, menuda sorpresa que nos dieron... - Kuza resoplaba para intentar relajarse un poco.
- ¡Ahá! ¡Así que esos imbéciles por fin están juntos! ¡Ya era hora! – La reacción de Wakiya les tomó desprevenidos. Rantaro y Kuza intercambiaron miradas. – Yo fui quien ayudó a Lui con ese plan, es imprescindible que esos estúpidos se mantengan unidos si queremos salir de este apuro.
- Eh... sí, sólo hay un problema, Wakiya. – Rantaro tragó saliva.
- ¿Qué problema?
- Pues verás... según lo que me ha dicho Valt... - Se estaba poniendo nervioso ya que veía a venir un rebote por parte de Murasaki. – Free no quiere saber nada de esto...
- Ah... bueno, Valt ya me lo dijo. – Eso dejó boquiabierto a su interlocutor. - ¿Por qué crees que tengo todo esto aquí? – Señaló todos los dispositivos electrónicos que había en la mesa. – Si no fuera por la mala conexión de este maldito hospital de mala muerte ya habría podido hacer algo. Mierda...
- Entonces... - Habló Kuza. - ¿Qué deberíamos hacer ahora?
- Pensar un plan, ¿a ti qué te parece? Claro que aquí el único que parece tener cerebro soy yo.
- ¡¿Qué has dicho?! – Reaccionó Rantaro. - ¡Repítelo si te atreves, so memo!
- ¡¿Quieres que te diga en tu cara lo retrasado que eres?!
- ¡¿Cómo que retrasado?! ¡Yo al menos no voy lloriqueando por ahí cuando estoy en un sitio alto!
- ¡Eh! ¡Eso no tiene gracia! ¡Cualquiera le puede tener miedo a las alturas!
Y se pasaron un buen rato discutiendo. Kuza decidió no meterse para no salir recibiendo. Ya se conocía el dicho que, en peleas de dos, el tercero que se entrometía era el que terminaba peor. Era preferible que discutieran en el cuarto, dado que Wakiya tenía la suerte de no tener ningún compañero... por el momento. Quizá era cosa de su dinero. Kuza suspiró y miró a su cacatúa, Karl. Lucía tan feliz en su hombro, como si las cosas no fueran con él. Era un pájaro afortunado, no tenía mucho de lo que preocuparse. Que... hablando de preocuparse... eso le hizo pensar en Valt. No podía imaginar cómo se estaría sintiendo.
Valt caminaba por las calles, ahora en completa soledad. Daigo había tenido que irse para hacer unas cosas, de modo que sólo le quedaba deambular sin destino alguno, como un alma en pena. Miró a Valtryek, hallado en su mano, como si con eso pudiera encontrar las respuestas que buscaba.
- ¡Ah...! – Reaccionó cuando vio que le arrebataban su bey.
- ¡Ya es mío!
- ¡Eh, espera! ¡Devuélvemelo! ¡No puedes llevarte a Valtryek!
- ¡Si lo quieres de vuelta tendrás que venir a por él!
Siguió a la chica que corría veloz como un rayo, era sin duda sorprendente para Valt. Se esforzaba por mantener el ritmo, pero cuando creía que la perdía de vista, ella aparecía de nuevo. Le dio la impresión de que quería que realmente la siguiera, lo cual le hizo sospechar. Pero eso no importaba. Debía recuperar a Valtryek, ¿Cómo podía ser posible que a día de hoy pudiera ser tan torpe y permitir que se lo robara una desconocida? Mira que llegaba a ser gafe de cojones...
No supo cuánto rato llevaba corriendo, pero a medida que continuaba se percató de que el paisaje de su entorno iba cambiando. Había llegado a los barrios peligrosos de Japón donde vivían grupos marginados. Por alguna razón su conversación con Daigo sobre los bladers <<olvidados>> volvió a su mente, y tuvo un mal presentimiento. Terminó cayendo por un hueco en el suelo que le llevó directamente a las aguas subterráneas de la ciudad. Un olor desagradable inundó su nariz por completo, pero no pudo perder el tiempo con eso.
- ¡Eeeeh! ¡Venga, venga! ¡Atrápame si puedes! – Esa chica le llamaba. Casi parecía tomarle el pelo.
- ¡¿Por qué no me devuelves a Valtryek de una vez?! ¡Esto no tiene gracia!
Valt corrió detrás de esa joven una vez más. El suelo era resbaladizo por la humedad del sitio, así que debía tener cuidado ya que por poco no se caía a esa agua sucia y de un color tan turbio. Valt no quiso saber cómo había terminado así, y le daba pavor que esa chica pudiera caerse y que Valtryek se mojara. Entonces vio una puerta abierta por la que desapareció esa muchacha. Lo dudó pocos segundos antes de entrar, sin darse cuenta que se cerraba automáticamente detrás de su persona. Todo estaba oscuro. Lo único que escuchaba el pelinegro era su agitada respiración. ¿Cuántos kilómetros habría hecho?
- ¿Hola? – Alzó la voz, para hacerse de escuchar. Entonces unas luces iluminaron un pasillo, como indicándole el camino a seguir.
Siguió todo recto y tropezó, sólo para descubrir que se deslizaba por un tobogán metálico del que cayó desde arriba, en una especie de escenario rodeado de cadenas. Vamos, era un sitio que desde luego no te daba la bienvenida de una manera agradable. Valt sintió miedo. Vio a la chica al otro lado, e intentó correr para alcanzarla, antes de estamparse en el suelo cuando encontró que unas cuerdas rodeaban con fuerza sus tobillos. ¿Cuándo llegaron ahí? Ni siquiera lo había notado.
- ¡Eh! ¡¿A qué viene esto?! – Le dio por protestar al verse limitado, moviendo las piernas para intentar romper las cuerdas, pero fue en vano. - ¡Devolvedme a Valtryek!
- Por fin has llegado...
Una susurrante voz logró llegar hasta los finos oídos de Valt. El chico contempló cómo aquella multitud de personas se apartaba para dejar pasar a una chica de aspecto singular pues vestía todo negro y llevaba en los brazos un conejo rosa realmente siniestro... Un escalofrío le recorrió entero, y su instinto empezó a hacer de las suyas al decirle que saliera de allí lo antes posible, que no dejara que esa muchacha se acercara a él. Inevitablemente el miedo empezó a actuar en su cuerpo en forma de sudor frío, de agitación en su respiración moderadamente controlada por el pelinegro, y su vello corporal erizado por la señal de alarma causada en su organismo.
- ¡Todos nuestros esfuerzos han dado sus frutos! – Valt se quedó mudo al ver que ese conejo podía hablar. No entendió lo que ocurría, simplemente ese peluche... parecía ser como una persona, sólo que en lugar de ser de carne y hueso estaba hecho de tela, hilo y algodón.
Algo muy turbio estaba pasando... y su mente no era capaz de entender nada.
- Valt Aoi, soñé con que este día llegaría. – Dijo aquella joven de cabello negro. Su largo flequillo tapaba completamente sus ojos. – Por fin estás aquí.
- Cht... - Hizo él, hecho un manojo de nervios. - ¡¿Quién eres tú y de qué me conoces?! – Alzó la voz sin pensar. - ¡Devuélveme a Valtryek o si no...!
- ¿O si no qué? – Ella alzó el bey del pelinegro, casi amenazando con lanzarlo con fuerza contra el suelo. – No estás en posición de exigirme nada... yo que tú me portaría bien.
Valt se vio obligado a callar, tragándose de paso su orgullo. No podía negar algo tan cierto como eso. Se encontraba en lo que parecía ser la guarida de una depredadora acostumbrada a cazar siempre a sus presas con una precisión tal que hasta daba miedo. Y no era sólo eso. Valtryek se hallaba bajo el poder de esa chica, por ello, Valt no podía darse el lujo de hacer un paso en falso. No quería que Valtryek sufriera ningún daño. Ahora estaba en Japón y no conocía a nadie que fuera un técnico para arreglar posibles daños en los bey de los bladers... así que, si algo le ocurría a Valtryek, definitivamente se metería en un problema importante.
- Eso ya me gusta más. – La joven de prendas negras sonrió complacida. – Verás, no es muy difícil conocerte, has estado en la Liga Mundial e Internacional, ¿recuerdas? Obtener información sobre ti es bastante sencillo... para el que sabe dónde buscarla, claro.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Tú sabes dónde está Free de la Hoya, ¿no es así?
- ¿Y qué si es así? – Se mostró desafiante. Vio al conejo moverse, como si pudiera mirar a su dueña con esos ojos de plástico. Era realmente aterrador pensar que esa cosa pudiera tener vida propia.
- Sabemos que el BC Sol es un equipo español, pero como imaginarás... España es muy grande, de modo que buscar por toda la península ibérica sería una pérdida de tiempo muy valiosa. – Decía, acariciando su peluche.
- Díselo de una vez, ¡Me estoy impacientando! – Reprochaba el conejo. – Nosotros... - Incluso fue capaz de esbozar una sonrisa de lo más tétrica al contemplar a Valt.- Queremos destruir el mundo del blader número uno.
Valt sintió cómo su corazón hizo un latido profundo. El miedo terminó de apoderarse de él. En unas milésimas de segundo, todo aquello que Christina le contó sobre Free regresó a su mente. Fue tan rápido que le causó hasta migraña. Aquel conejo empezó a reírse escandalosamente, y fue un sonido que Valt preferiría no tener que escuchar. Vio a esa chica pelirroja de ojos ámbar cerca de la que ahora poseía a Valtryek. El pelinegro no era capaz de comprender quién era toda esta gente y qué quería decir su interlocutora con que deseaban destruir el mundo de Free. Sin embargo, no era algo que Valt pudiese permitir. Si llegaba a ocurrir, ni siquiera Christina llegaría a perdonárselo.
De alguna manera, saber toda la historia de Free le había hecho entender cuán frágil podía ser el rubio... y más si éste no era capaz de defenderse con respecto a su pasado.
- No voy a dejar que le hagáis nada a Free. – Habló entonces, poniéndose serio. - ¡Además! ¡Ni siquiera lograríais hacerlo! ¡Free es demasiado fuerte para todos vosotros! ¡Fafnir acabaría destrozándoos a todos de un plumazo!
- ¡Eh, Vani! ¡Enseñémosle a este mocoso de qué estamos hechos! – El conejo parecía haberse enfadado.
- Es una pena... - Dijo la aludida, llevando su mano a un lado de su cara. – Quería hacer esto por las buenas. ¿No puedo convencerte de que nos lleves hasta donde está Free de la Hoya?
- ¡Por supuesto que no! ¡Yo mismo me encargaré de todos vosotros, no me importa cuántos seáis! ¡Si queréis perjudicar a Free antes os tendréis que enfrentar a mí!
Hubo un silencio sepulcral. Valt ni siquiera estaba convencido de lo que decía. En estos momentos el joven luchaba contra su propio miedo, tratando de que no se apoderase de él. Aun así, no parecía servirle de mucho. Notaba que su propio cuerpo iba cediendo a causa de que, de manera inconsciente, se preocupaba mucho más por su propia supervivencia que no por Free de la Hoya. Y es que una parte de Valt no podía asimilar el hecho de que, incluso en Japón, existiera gente que tuviera a Free en el punto de mira. Que vale, quizá no era tan raro, pero para él definitivamente era impensable dejar que gente así encontrara una oportunidad para actuar. Debía evitarlo a toda costa, pero... ¿podría hacerlo?
El ponerse a dudar le pasó factura. Su respiración se agitó. Vani contemplaba en silencio cómo el temor de su joven interlocutor crecía por momentos. Estar bajo tierra, sin nadie que pudiera protegerle o acompañarle en esos instantes afectaba a su capacidad para mantener la cabeza fría. Vani no necesitaba decir nada para saber distinguir lo que le pasaba a Valt con lujo de detalles. Esbozar una sonrisa no ayudó al chico.
- ¿Qué dices, Nigs? – Miró al conejo rosa. - ¿Lo hacemos?
- ¡Venga! ¡Me muero de ganas por aplastar a este idiota!
- ¿Eh? – Valt pestañeó.
- Toma. – Vani lanzó a Valtryek, que cayó en las manos de su dueño. – Resolveremos esto en una batalla de beyblade. – Dijo. – Sígueme.
Ella se dio la vuelta y aunque Valt dudó unos instantes, por inercia acabó acompañándola. No se le pasó por alto el hecho de que esa multitud de personas no le quitaron el ojo de encima, sobre todo esa chica pelirroja que sonreía con malas intenciones. Valt tragó saliva, todavía sudando frío.
<<¿Dónde narices me he metido?>>, pensó, atemorizado.
Entonces llegó a una sala enorme. Era un estadio que tenía pinta de haber sido abandonado desde hacía años, y que había sido restaurado con el dinero de alguien. Puede que por Vani. Ella le señaló un estadio, antes de que quedaran los dos frente a frente. El resto de personas, todas ellas bladers, tomaron asiento en las gradas disponibles mientras unos focos blancos se encendían por encima de las cabezas de ambos contendientes. Vani lucía totalmente relajada, al contario que Valt. Ella podía ver cómo de rígido y tembloroso estaba el cuerpo del chico en respuesta al miedo que todavía existía en él.
- Haremos lo siguiente: - empezó a decir. – El primero que logre tener tres puntos ganará. Si pierdes, nos tendrás que llevar hasta Free de la Hoya, pero si ganas, te dejaremos marchar y no te volveremos a molestar... hasta la próxima vez.
- ¡¿Cómo que <<próxima vez>>?! – Protestó, y la señaló con el dedo. - ¡Eres una tramposa! ¡Eso no se vale! ¡Haga lo que haga, saldrás ganando tú! ¡Es obvio!
- El fin justifica los medios. – Dijo antes de poner a Nigs sobre su cabeza, tapando el lazo negro que utilizaba para sujetarse el pelo.
- ¡Mierda! ¡¿Pero quién demonios eres tú?!
- ¿Todavía lo preguntas? – Se rio. - ¡Soy tu peor pesadilla! ¡Venga, empecemos!
- ¿Listos? – Un chico que hacía de árbitro les avisó. - ¡Pues empezad!
- ¡Tres...! ¡Dos...! ¡Uno...! ¡Lanzamiento!
Chapter 20: Vínculo
Chapter Text
Había decidido salir del despacho con el fin de poder darse un paseo. Necesitaba despejar su cabeza. Las instalaciones de su equipo extrañamente se escuchaban silenciosas, excepto el gimnasio. Cuando le dio por ir allí, se encontró con que los demás entrenaban. Algunos la vieron y la saludaron, y Christina respondió con la misma alegría. Sólo Silas y Sasha fueron capaces de ver que ella parecía triste por algo... quizá porque Valt, Rantaro y Kuza se habían ido sin ni siquiera avisarles. Pero no era la única. Free de la Hoya se mostraba especialmente distante, puede que afectado por lo mismo.
Christina dejó que sus bladers siguieran practicando. Sasha y Silas intercambiaron miradas, ya que practicaban juntos.
- ¿Estará bien? – Preguntaba Sasha.
- No lo sé, no me dio esa sensación. – Silas se encogió de hombros, no muy seguro. – Desde que esos tres se piraron, se ha respirado cierta tensión, ¿no crees?
- Pues sí... - Sasha echó un vistazo a sus compañeros. Kitt era uno de esos que tenía una cara larga. – Puede que algunos del equipo no se lo hayan tomado bien.
- Con todo lo que está pasando no me extraña nada. – Resoplaba el dueño del cabello verde. – Esos idiotas siempre haciendo el indio...
- Conozco a Valt desde hace mucho. – Saltó Sasha defendiendo al japonés. – Sé que él se ha ido a Japón porque está preocupado por los amigos que tiene allí. Si yo fuera él habría hecho lo mismo.
- Ah... - Suspiró. – Sí, tienes razón. – Cerró los ojos. – Sólo espero que no se meta en líos, se le da demasiado bien.
- Caramba, ¿estás preocupado por los chicos, Silas? – Sasha esbozó una sonrisilla.
- ¡¿Q- qué?! ¡Cla- claro que no! ¡¿Por qué iba a preocuparme yo por ese grupo de imbéciles?! – Sin embargo, a pesar de sus palabras, sus rojas mejillas le traicionaban. Sasha se rio. - ¡¿De qué te estás riendo, estúpida?!
- Eres orgulloso eh, mira que no reconocerlo...
- ¡¿PERDÓN?!
- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué cara se te ha puesto!
Christina se había alejado desde hacía un ratito del gimnasio. Incluso había salido de las instalaciones de su equipo, que ella misma en parte decidió reformar para convertirlas en un hogar para sus bladers y también para todo el BC Sol, quedando sólo aquella pequeña mansión como un recinto privado al que sus bladers no acostumbraban a acercarse, quizá por respeto porque era su casa... y la de Free. Al pensar en él, Christina volvió a entristecerse. No le había visto sonreír desde que Valt se había ido. Parecía que no le había sentado especialmente bien el que su compañero se hubiera marchado sin ni siquiera haberle dicho adiós. Christina sabía que, algo tan simple como eso, que tan fácil de comprender era para los demás, resultaba tedioso y una ardua tarea para la mente de Free. Había emociones que el chico no sabía comprender, y no es que no lo hubiera intentado.
Era ese bloqueo mental, que se lo impedía. En el proceso le convertía en una persona sin empatía que sentía frustración por esa misma razón. Cuántas veces no habría visto Christina todos y cada uno de los intentos de Free por ponerse en el lugar de la gente que le rodeaba, incluyéndola a ella... sólo para terminar fracasando.
Cuando se quiso dar cuenta, terminó en el estadio de beyblade secreto de Free, en aquel templo que tanto recordaba al Oráculo de Delfos. Era el lugar donde los dos jugaron juntos de pequeños con el primer bey que compartieron. Christina contempló el lugar, bajo la luz del atardecer. Este era uno de los sitios favoritos de Free, pero hoy, extrañamente, carecía de un alma que alejara la soledad de este rincón del bosque. Porque era eso lo que se respiraba aquí... una profunda soledad. Llevándose la mano al pecho, Christina se acercó al estadio y reconoció algunas marcas recientes de hará apenas un día o dos. ¿Tal vez de los entrenamientos de Free por conocer el nuevo funcionamiento de Fafnir, al cual todavía no le había puesto nombre?
- ¿Chris? – Una voz suave la llamó a distancia. Ella se puso de pie, contemplando al rubio.
- Oh, hola Free. – Saludó. Intentó sonreír, pero sólo le salió una sonrisa triste. El rubio miró de un lado a otro antes de volver a dejar sus oscuros ojos sobre ella, inclinando la cabeza como un animalillo curioso. - ¿Has ido a pasear?
- He entrenado un poco. – Contestó, mientras se acercaba. - ¿Me esperabas?
- ¿Eh? – Se sorprendió. – No... bueno... en realidad quería despejar un poco mi cabeza y mis pies me trajeron hasta aquí. Je, je.
Free permaneció en silencio, a su lado y delante del estadio. Su rostro expresaba de nuevo aquella impasibilidad. Sin embargo, a Christina no le molestaba que Free se quedara callado. Era la forma que tenía él de permitirle a ella el disfrutar de la mutua compañía. No obstante, Free la miró.
- He venido porque he sentido que me llamabas. – Le dijo de repente, pillándola desprevenida. – Hace mucho que no venías aquí, ¿es que ha pasado algo?
- Qué va. Ya sabes que las cosas técnicas del BC Sol son un poco estresantes... revisar la información sobre posibles nuevos torneos, o alguna noticia importante, o revisar la condición de cada uno de nuestros compañeros de equipo. – Explicaba bajo la faceta taciturna tan característica de Free. – Pero... ¿cómo es eso que «has sentido que te llamaba»? – Recalcó con interés.
- No es la primera vez que me pasa. – Respondió, antes de volver a quedarse callado.
Christina contempló el rostro de Free y pudo ver que había un conflicto en su interior. El rubio intentaba expresar algo para hacérselo saber, pero al parecer, no encontraba la manera adecuada o... tal vez creía que el simple hecho de hablarlo pudiera ser malo. No era la primera vez que Free se reprimiera delante de ella, por eso, alzó su mano para acariciar su rostro con cariño. Contempló esos ojos que volvieron a mirarla, y la dueña del BC Sol le regaló una sonrisa gentil que le invitaba a abrírsele. Christina era única haciendo esto, pues ella entendía mejor que nadie el lenguaje no verbal de Free. Puede que Lui fuera quien rivalizase con su persona en este sentido.
- Tú... ¿te acuerdas de cuando íbamos al colegio? – Habló de la Hoya entonces. Su voz se escuchó en un tono bajo, susurrante. Casi parecía tener miedo de ser escuchado.
- Claro que me acuerdo. – Respondió Christina, con calma. – Empecé a ver las cosas en positivo gracias a ti.
- Un día... unos tipos se metieron contigo. – Free pareció ignorarla completamente, como perdido en su mundo. Había bajado la mirada, enfrascado en aquel momento de su pasado. – Yo no estaba contigo. – Y soltaba frases simples, después de varios minutos. Christina trataba de ser paciente, porque era lo que Free necesitaba para poder hacerle entender qué era lo que había en su mente en estos momentos. – Me perdí por los pasillos. Pero... me pareció oír tu voz.
- ¿A mí? – Christina se señaló a sí misma.
- Decidí seguirla y... pude encontrarte en aquella calle. – Levantó la vista, para posarla sobre ella. – Te estaban haciendo daño.
Entonces Christina entendió a qué instante de la niñez se refería Free. Era cuando él acababa de llegar a su vida, formando parte de su familia. Desde que se conocieron por primera vez en aquel orfanato, habían estado juntos como dos buenos hermanos inseparables. Free no había soltado esa mano que sujetó la suya para guiarle en su nueva vida, dejando atrás otra muy olvidada en su mente de la que, ni siquiera actualmente, tenía constancia de su existencia. Era como una caja de Pandora, esperando para poder abrirse, sólo para conservar dentro algo realmente valioso pero oculto.
- Fue la primera vez que te enfadaste. – Siguió hablando Christina, cuya mano abandonó el rostro de Free para sujetar ambas manos. Gracias a eso pudo sentir de nuevo la calidez que desprendía su piel como consecuencia de la energía que usaba el blader para Fafnir. – Les pegaste una paliza... a pesar de que eras tan pequeño.
- ¿Ah sí? – Preguntó repentinamente. Christina tragó saliva, asintiendo. – No recuerdo mucho esa parte. Sólo sé que... - Inclinó la cabeza. Su mente parecía jugársela. Eso provocó un latigazo en el interior de Christina, quien pudo reconocer su propio miedo. – Algo en mí no podía tolerar que nadie te hiciera sufrir, por eso... supongo que por eso les di su merecido.
Y se hizo silencio. Free miraba a Christina, casi sin interés en obtener una respuesta de vuelta. Ella recordaba muy bien esos momentos. Fue la época previa a la que siguió posteriormente cuando Free empezó a ser un blader oficial en el mundo del beyblade y su ansiedad empezaba a mostrarse para enseñarle a los demás que había algo en él que no funcionaba correctamente, al menos, en su mente. Cuántas veces no se habría asustado Christina, hasta llegar a traumatizarse cuando fue testigo de que, al final, la ansiedad de Free alcanzaba extremos que ella no podía seguir permitiendo. Eso la hizo observar el guante largo que Free seguía usando desde entonces hasta el día de hoy.
- Todavía tienes que cumplir la promesa que me hiciste. – Dijo Christina. El cambio en la expresión de Free fue realmente sutil, pero no pasó por alto a la joven que yacía con él. – No te preocupes, sé que lo lograrás.
- Ya... - Respondió secamente.
Con un simple contacto visual Christina comprendió la necesidad inmediata del rubio, a quien le abrazó con un cariño que él sabía que no encontraría en nadie más. Era el tipo de amor y confianza que una vez, en un pasado olvidado, la vida le había arrebatado de cuajo; tan de golpe... que prácticamente había roto su mente, la cual, en un acto desesperado por autoprotegerse, se deshizo de esos recuerdos creando un bloqueo llamado amnesia disociativa. Sin embargo, Christina sabía que algo así no duraría eternamente. Poco a poco, Free mostraba señales que demostraban que no iba mal encaminada, y que la psicóloga acertó cuando les advirtió a sus padres y a ella de que esto terminaría ocurriendo.
Pero Christina se sintió mal consigo misma sólo por querer evitarlo... por querer mantener a Free de esta manera, a pesar de lo mucho que él sufría independientemente que, de forma irónica, no pudiera darse cuenta de algo tan simple como su propio dolor. Obviamente era una prueba de que, ni siendo el tipo más solitario de todo el equipo, no se había tomado la molestia de conocerse a sí mismo de la manera adecuada, con el camino adecuado.
- Te quiero mucho, Free. – Christina besó la cabeza del aludido, notando cómo éste la apoyaba en su hombro y en respuesta, la estrechaba contra su caliente cuerpo. Christina cerró los ojos, disfrutando del contacto.
Era la manera de Free de corresponder a sus palabras. Era algo habitual. Ella decía «te quiero» y luego caía un abrazo por parte del rubio en una contestación automática. No necesitaban palabras para entenderse la mayor parte del tiempo. Por eso Christina respiró con calma, mientras a su nariz llegaba el aroma de Free. Era un olor característico dada la temperatura ligeramente más elevada en su cuerpo, convirtiéndole en algo parecido a una estufa humana. Sin embargo, no era desagradable. Muchas veces la fragancia de Free era su salvavidas cuando les daba por dormir juntos. Él la salvaba de sus pesadillas, y ella era esa fuente de afecto que Free había perdido en el pasado.
- Cumpliré mi promesa. – Dijo Free cuando se separó después de un largo rato. Lucía bastante más calmado que antes, gracias a ese abrazo. Christina asintió.
- ¿Vas a quedarte a entrenar? – Preguntó.
- Sí, me gustaría estar un rato con Fafnir. – Sacó su bey para mirarlo.
- Y dime, ¿No le has puesto un nombre?
- Todavía no. Ya sabes que soy malísimo para esas cosas...
- Claro que no. Tú eres el que se convence a sí mismo de eso. – Christina volvió a sujetar las manos de Free. – Recuerda que fuiste tú quien le puso un nombre a nuestro bey.
Por unos instantes los ojos de Free brillaron al acordarse de eso. Fue cuando empezó a aprender en el beyblade, descubriendo que tenía un talento innato para ello. Fue cuando le dieron la primera evolución que se le ocurrió un nuevo nombre para el compañero que Christina y Free compartieron en su niñez. ¿Cómo había podido dejar de pensar en ello durante tanto tiempo?
- ¿Aún lo tienes? – Preguntó Free entonces.
- Por supuesto. Jamás podría deshacerme de él.
- Me... alegro mucho. – Bajó ligeramente la cabeza, con una pequeña sonrisa. Christina aprovechó para juntar su frente con la del rubio, ya que éste era un poco más alto que ella.
- Conservo todos y cada uno de los pequeños detalles que hacías en mis cumpleaños. – Confesó, con cierto sonrojo en su rostro. Free abrió los ojos, viendo los azules de la heredera de la familia Kuroda.
- ¿Todos?
- Todos. – Dijo con una sonrisa más amplia. – Incluso el garabato que hiciste para mí.
- Oh no...
Christina se rio al ver esa reacción, porque antes de que Free se apartara para evadir su mirada, ella ya había sujetado su rostro para mantener ese contacto que los dejaba a escasos centímetros. Para ellos no era nada raro el darse un beso, cogerse de la mano e incluso compartir algo de intimidad. Era el modo que habían aprendido para demostrarse la confianza que sentían por el otro, lejos de ser algo romántico pues era mucho más el amor que había entre los dos tan falto de etiquetas y todo tipo de estereotipos creados por las personas. Ellos se querían, y punto.
- Tengo que volver al despacho. – Comentó de repente Christina, que siguió sin apartarse. – Pero tengo tan pocas ganas...
- Pues déjalo para luego. Qué más da...
- Ojalá, pero sabes que son cosas que deben hacerse. Si lo dejo para después se me irá acumulando... - Dijo. Free se quedó callado. – Pero terminaré lo antes posible para estar contigo. ¿Te parece bien?
- Sí, claro.
Y otro silencio más. Ninguno se alejó del otro. Free no quería deshacer ese cálido contacto y Christina como la que menos. Era en momentos así cuando la armonía se palpaba entre ellos. Sus narices se rozaron, en un delicado kunik que ambos mantuvieron por prolongados minutos sintiendo el olor del otro. Christina bajó poco a poco sus manos, para sostener las de Free. Cualquiera que les viera podría tener la impresión de que ambos se encontraban en una especie de encuentro más bien espiritual.
- Se está haciendo tarde... - Susurraba Christina, en voz baja.
- ¿No puedes... quedarte un poco más? – Free entrelazó sus dedos con los de su compañera.
- Me temo que no, pero podemos cenar juntos si quieres. – Dijo, antes de escuchar cómo el rubio respiraba y dejaba ir el aire, casi protestando en silencio. Eso la hizo reír. - ¿Quieres que durmamos juntos?
- Es una buena idea... hace mucho que no duermes conmigo...
- ¿Quiere decir eso que me echas de menos? – Preguntó con una tierna sonrisa, viendo el asentimiento de Free. - ¿Por qué no me lo has dicho antes?
- Dejamos de hacerlo después de que volviera de América, ¿recuerdas? – Al decir eso, la cara de Free expresaba tristeza.
Christina acarició su rostro, con suavidad y con el mismo cariño, casi queriendo quitarle ese sentimiento del corazón. Free cerró sus ojos, dejando que su sentido del tacto hiciera que su propio cuerpo reconociera por su cuenta el contacto con su compañera.
- Nunca me has dicho cómo te han ido las cosas con los Raging Bulls. – Habló entonces Kuroda. – Trad me dijo que te vio muy apagado. Si quieres puedo escuchar lo que quieras compartir conmigo. – Ofreció.
Free la miró, antes de bajar la vista al suelo. La duda se reflejó en su cara mientras se hacía palpable lo mucho que se reprimía. Christina continuó con las caricias, dándole su tiempo. Así es como funcionaba Free de la Hoya... a base de otorgarle el espacio necesario para tomar sus decisiones uno podía acceder a su corazón poco a poco. Había que mencionar que cabía el riesgo de que no volviera a abrir la boca si se le interrumpía. Era un chico al que había que tratar a conciencia. Entenderle era un auténtico desafío, debido a que, por su condición mental y emocional, se había convertido en un rompecabezas.
- ¿Te disgustaste conmigo cuando me fui?
- Claro que sí, pero... entendí que era injusto de mi parte. Lo estabas haciendo por el equipo. Pude comprenderlo gracias a Valt.
- ¿Valt?
- Fue él quien vio tus intenciones al cabo de un tiempo. Y... al parecer acertó. En cuanto el equipo mejoró, tú volviste.
- Así que Valt...
- Parece que está aprendiendo a ver a través de ti con su instinto. ¿No te lo había dicho? Es un chico especial.
- ¿Más que yo? – Preguntó. Christina se echó a reír, al verle celoso.
- Los dos sois especiales, cada uno a su manera. Tú eres el sol del BC Sol, y el dragón que nos protege.
- Algún día... ¿crees que haya alguien a quien quieras más que yo?
- Ah, qué tontorrón te pones a veces. – Protestó, medio riendo. Eso hizo que Free esbozara una pequeña sonrisa, todavía impregnada de tristeza.
- En América... - Dijo de repente, captando la atención de la otra. – Te eché de menos. Pensé en... en volver, muchas veces de hecho... - Entrecerró los ojos. Christina permaneció callada, para permitirle que se expresara. – No me gustó irme del BC Sol. – Hizo una mueca con el rostro para demostrar ese dolor emocional que tantos meses había permanecido oculto.
Christina no necesitó decir nada. Con un abrazo le bastó. En un acto inconsciente, Free se aferró a ella con medio rostro oculto entre el hombro y el cuello de la joven que sonreía y acariciaba su espalda de la misma manera mimosa con la que acostumbraba. Aquella etapa en la que el BC Sol se vio abandonado por su mejor blader fue dura para los dos. Christina seguía sintiéndose estúpida porque fue gracias a Valt que logró comprender el motivo detrás de la decisión que tomó Free.
- ¿Nos vemos en la cena? – Preguntó cuando Free se separó de ella. Él asintió. – Vale, no te mates entrenando, ¿de acuerdo? – Acarició su rostro, recibiendo un asentimiento por parte del otro.
Con un dulce beso, Christina se despidió para dejarle un ratito a solas. Free la vio irse, antes de perderla de vista. Estuvo tentado a ir detrás de ella, pues una parte de él por alguna razón necesitaba estar a su lado para recibir ese cariño. Pero debía respetar el que Christina también tuviera sus obligaciones. Ella siempre solía hacer esas excepciones para atenderle, aunque tampoco le pidiera gran cosa más que un abrazo o estar sentado a su lado sin hacer nada más que compartir el calor mutuo. Era algo con lo que ambos habían crecido y ahora no podían prescindir de ello. Free ya había experimentado eso, cuando en su momento se fue a América y le resultó espantoso, pero... precisamente por haber sufrido esa distancia logró reconocer que existía cierta dependencia hacia Christina.
Sacó a Fafnir y lo contempló unos minutos antes de ponerse a practicar con él.
Chapter 21: ¡Contra las cuerdas por la verdad! ¡La amenaza de Lui!
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Conforme se acercaba a su despacho, una mala sensación sacudió el corazón de Cristina. Debido a la inquietud que sintió, llevó una mano a su pecho. Esta clase de «presentimientos» era lo que más odiaba porque no solían fallar. Ya había visto que sus bladers se habían reunido en el comedor, porque había oído la voz de Anch hablando con ellos y probablemente Raúl estaría con ellos. Puede que los Cinco Grandes también... a excepción de Free, claro. Le sorprendía que Joshua no fuera detrás del rubio, corrían los rumores de que era un gran seguidor del rubio. ¿Tal vez le podría la vergüenza? Nah, Cristina dudaba que alguien como Joshua fuera tímido. Quizá se sentía intimidado. Free a veces podía asustar a cualquiera sin que se diera cuenta.
Entonces al levantar la vista, se dio cuenta de que una persona se encontraba apoyada en la pared, a un lado de la puerta de su despacho. Deteniéndose, permaneció callada viendo a su nuevo interlocutor posar su amatista mirada sobre ella. Ninguno sonrió.
- Por fin llegas. – Habló Lui Shirosagi. – Llevaba un buen rato esperando, ¿sabes?
- No es normal que alguien como tú se tome esa molestia. – Cristina optó por mantener la calma. Este blader siempre lograba alterarla. – Debe haber algo importante que quieras hablar conmigo.
- Así es.
- Pues lo siento, pero tengo cosas que hacer para el equipo. Tendrá que ser en otro momento. – Cerró los ojos, acercándose a la puerta tocando el pomo de la misma con su mano.
- Sin embargo, el bloqueo de Free no puede esperar tanto... ¿verdad? – Soltó Lui, como queriéndolo dejar caer, mientras seguía cruzado de brazos. Cristina se quedó paralizada en el sitio. – Parece que tengo razón. – Dijo al haber visto la reacción de la chica, que le miró. Lui no necesitó palabras para entender perfectamente qué era lo que había en la cabeza de la dueña del BC Sol. – No necesito buscarte para saber qué es lo que le ocurre a Free.
- No sé de qué me estás hablando, así que si me disculpas... - Abrió la puerta, pero antes de poder cerrarla, Lui ejerció fuerza para entrar con ella.
Cristina respiró profundamente para no enfadarse. Conocía a este chaval lo suficiente para saber que era el tipo de persona obstinada que no paraba hasta salirse con la suya. En eso era como Free, pero a una escala ligeramente menor. La ambición de Free era la única que Cristina había visto que podía llegar a extremos insospechados. Lui cerró la puerta tras de sí de una manera brusca, casi dando un golpetazo. Se acercó paso a paso a la muchacha, hasta acorralarla entre la mesa y su cuerpo. A Cristina le resultó más complicado el mantener la calma con esos ojos agresivos fijos en los suyos. No era un secreto para nadie que Lui era bastante violento.
- No necesitas hacerte la tonta conmigo. – Habló el japonés tras un par de minutos que supusieron una angustia para Christina. - ¿Te crees que eres la única que conoce a Free como la palma de su mano? – Cuestionó con un tono irónico que hacía palpable su desprecio. – Podrás engañar a tus bladers de pacotilla, pero no intentes hacerte la lista conmigo.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Saber... algo.
- ¿Cómo por ejemplo?
- Mmm... ¿Qué tal el pasado de Free?
Al hacer era mera pregunta, el rostro de Cristina empalideció. Rápidamente el miedo la invadió cuando recordó todos los momentos en los cuales lo pasó mal debido a las acciones de Free años atrás, pero aquello no era lo único por lo que su miedo era desatado y Lui se daba cuenta de ello. Bastaba con mantenerle la mirada fija para distinguir con precisión todas y cada una de las emociones que sacudían desde dentro a la dueña del BC Sol. Debía aprovechar esta ocasión, pues imaginaba que después de esto, su interlocutora tendría pocas ganas de volver a estar a solas con él.
- No conozco su pasado. – Dijo Christina, rompiendo su silencio.
- Jeh... ¡He, he, ha ha, ha! – Rio, alejándose ligeramente antes de cogerla bruscamente por el cuello de su camisa. – Mira, Christina... estoy intentando ser paciente contigo, pero no me estás facilitando las cosas. Sé que Free lleva casi toda su vida a tu lado, el tiempo necesario como para que tú sepas sus secretos más ocultos.
- ¿Y eso qué te importa a ti? – Se puso a la defensiva. - ¿Tienes celos?
- ¡¿Qué?! – Reaccionó poniendo mala cara. - ¡Ha, ha, ha, hi hi! – Sólo para volver a reírse. - ¿De veras crees que podría estarlo de alguien como tú? – Descaradamente miró de arriba abajo a la muchacha que se puso más seria.
- ¿A qué viene tu repentino interés por este tema?
- Viene a que no voy a dejar que sigas manteniendo a Free de la misma manera. – Contestó, desconcertándola. – Le conozco desde hace cuatro años, puede que a simple vista no parezca mucho, pero créeme que sé más que cualquiera de los de tu equipucho de tercera.
- No necesitas insultar al BC Sol, así que te pediría que te ahorrases esos comentarios.
- Oh cuánto lo siento. Pero sabes que llevo la razón. – Se volvió a encarar a ella. – Has mantenido a Free alejado de todo estímulo emocional dejando que se aislara a sabiendas de que eso también le perjudica. – Empezaba a decir, haciendo que Cristina apretara la mano derecha escondida detrás de su pelvis. – Conocí a Free antes de convertirse en el mejor blader del mundo, ¿y sabes qué? Me llamó mucho la atención el cambio tan brusco que hizo cuando alcanzó el primer puesto del ranking internacional. Desde entonces no he parado de preguntarme qué fue lo que le ocurrió.
Y entonces Lui guardó silencio intencionadamente, casi esperando una respuesta que nunca llegó. Cristina no se vio capaz de abrir siquiera la boca. El miedo hacía temblar levemente su cuerpo y ella apretaba ligeramente su mandíbula para no hacer tan evidente ese temor. Shirosagi sonrió, contemplando esas reacciones nuevamente. Sus afilados ojos, tan expertos en detectar cualquier tipo de mensaje no verbal a través del mismo lenguaje corporal, hacía que, para él, Cristina fuera como un libro abierto. No importaba lo que intentara hacer, siempre sabría ver dentro de ella.
- Sé que sabes su pasado, el que tuvo antes de conocerte. – Rompió de nuevo el silencio. Sabía que insistir con el tema acorralaría mentalmente a la joven, y puede que, para entonces, ella confesara. – No es secreto para nadie el que Free no es familia tuya, pero sí sé que somos unos pocos los que sabemos que es tu hermano adoptivo.
- ¿A dónde pretendes llegar con todo esto? – Preguntó precipitadamente a causa del estrés que sentía. Lui sonrió y se acercó a ella de tal manera que casi rozaba sus labios.
- Creí que ya te habías dado cuenta, pero tranquila... sé que tu mente está alterada por mi culpa. – Dijo, aguantándose la risa. – Quiero que me cuentes el pasado de Free.
- ¿Para qué? ¿Qué utilidad tiene eso para ti ahora?
- Free no recuerda esa parte de su vida, así que se la pienso revelar yo mismo.
Sin embargo, la respuesta de Cristina pilló totalmente desprevenido al japonés. Una fuerte bofetada le alejó de la dueña del BC Sol, y su blanca mejilla quedó marcada por la mano de Cristina. Por poco no se caía al suelo y todo. Con los ojos bien abiertos, contempló el enojo reflejado en el semblante de la chica que respiraba levemente agitada por lo que había tenido que hacer, aunque Lui pensó que había sido tal vez una reacción causada más bien al sentirse amenazada por él, lo que no entendió era el por qué. Con ese golpe, lo único que llegó a comprender Lui es que Christina parecía querer mantener oculta esa información que conocía... y mantenerla todo lo lejos posible de Free.
- ¿No quieres que...?
- ¡Free no necesita saberlo! – Le interrumpió rápidamente. Se le notaba hecha un manojo de nervios. Lui había tocado un tema especialmente espinoso para ella. - ¡Free está bien como está ahora! ¡Sólo está triste porque ha pasado por muchas cosas desde la Liga Internacional! ¡Pero él...!
- ¡Él está completamente bloqueado! – Lui alzó la voz, haciendo callar a Cristina. - ¡He podido comprobarlo de primera mano! ¡Además! ¡Él mismo lo está diciendo a gritos incluso sin palabras! ¡¿Por qué te cuesta tanto darte cuenta?!
- Eso no es verdad, Free no...
- ¡Free está sufriendo mucho más de lo que crees! – Lui se acercó a ella, señalándola como si fuera una vulgar culpable de un horrible crimen. – Y tú eres responsable de permitir eso.
- ¡Te equivocas! – Apartó la mano de Lui de un manotazo. - ¡Yo siempre he cuidado de él! ¡Tú eres el que apenas le conoce!
- ¡¿Ah sí?! – Se molestó. – Pues si realmente no le conociera tan bien, no estaría aquí hablándote de esto ahora mismo, y creo que lo sabes perfectamente. – Dijo, haciendo que Cristina apretara la mano de nuevo. – Free no recuerda a sus padres, pero hay algo en su mente que no se lo permite y el hecho de que tú conozcas esa parte de su vida y no se lo hayas contado me parece muy egoísta.
Cristina estuvo a punto de arremeter, pero esta vez no le funcionó. No es que ella fuera violenta, pero se sentía muy atacada. Este tema llevaba enterrado mucho tiempo, oculto de los ojos curiosos. ¿Cómo demonios había podido alguien como Lui enterarse? Entonces pudo acordarse del vínculo que unía a Lui con Free. Pese a ser rivales, ellos dos también confiaban profundamente entre sí. Seguramente Free le habría contado algo, algunos comentarios extraños de los suyos respecto a este asunto. ¿Y si a lo mejor Lui ya llevaba sospechándolo desde vete tú a saber cuándo? Esta posibilidad no sorprendería en lo absoluto a Cristina.
Lui Shirosagi era demasiado inteligente y en ocasiones podía ser un verdadero dolor en el culo. Era el tipo de persona a la que no querrías tener de enemiga. Era muy problemático y al parecer, un depredador nato que sabía cuándo atacar y cuándo defender lo que consideraba suyo. Puede que por "suyo", hubiese incluido a Free por los motivos que fueran y que ella ni siquiera imaginaba.
- Sólo le estoy protegiendo... - Bajó la cabeza. Lui arqueó las cejas, desconcertado. Cristina suspiró y se apoyó en el escritorio con las manos. – Él no es un chico normal...
- Lo único que estás haciendo es alargar lo inevitable. ¿Por qué crees que tiene tanta ansiedad? – Preguntó, haciendo que ella abriera sus ojos para mirarle. – Cuando estamos solos habitualmente se abre conmigo, y sé que está buscando la respuesta a toda esa frustración que tiene dentro. – Contaba con calma. – Puedo entender que te dé miedo, pero no es bueno lo que estás haciendo. Es muy tóxico.
- ¡Claro que no! – Protestó. - ¡Hago lo mejor para él!
- ¡SÓLO LE ESTÁS REPRIMIENDO! – Gritó. - ¡A ÉL Y A SU VERDADERO SER!
Ver esa tremenda resistencia cabreaba a Lui. Por más que lo intentara, Shirosagi sólo veía miedo, miedo y más miedo en Christina. Ella no parecía dispuesta a compartir el motivo detrás de todo ese pánico que la atenazaba desde dentro, pero era precisamente eso lo que le impedía ayudar adecuadamente a Free. Esa manera de «proteger» desde luego sí que asustaba a Lui. Era egoísmo y veneno en estado puro, al menos desde su punto de vista. Era el egoísmo de una niña que no había sabido aceptar que su hermano tarde o temprano debería afrontar lo que una vez no pudo pero que ahora podía, porque tenía la determinación y la capacidad de entendimiento necesarias. Observó en silencio que Cristina había cerrado sus ojos, dándole la espalda. Para Lui fue como si ella le estuviera diciendo que seguía huyendo de todo esto y que estaba hasta dispuesta a obligar a que Free permaneciera en la misma condición, totalmente estancado sólo con el fin de que así, ella no saldría de su zona de confort.
Suspiró.
Paso a paso se acercó para quedarse detrás de Cristina, quien al percibirle tan cerca, le miró de reojo. Respiró temblorosa, tratando de calmarse a sí misma o, mejor dicho: intentando calmar el miedo. Su corazón se había acelerado porque de manera inconsciente temía por su propia supervivencia al desconfiar de la auténtica naturaleza de Free... una que desde luego ni ella ni nadie conocía. Eso es. Ella estaba asustada del verdadero Free, aquel que llevaba oculto durante tanto tiempo.
- No pienso perder mi tiempo obligándote a soltar lo que sabes. – Hablaba Shirosagi. – Pero te lo advierto... - Hizo una pausa, poniendo el dedo índice por delante de él. – Si no se lo cuentas tú, se lo contaré yo.
- ¿Por qué haces esto? – Preguntó ella, girándose. - ¿Desde cuándo el bienestar de Free te importa tanto?
- Para mí sigue siendo mi rival y el más fuerte, independientemente de su batalla contra Valt en las semifinales de la Liga Internacional. – Respondió. – Su bienestar me importó desde el momento en el que empezó a significar algo para mí, por eso no voy a permitir que una niñata mimada como tú siga dándole problemas.
- Tú eres el único que los causa.
- ¿Estás segura de eso? – Preguntó, con tal tono de voz y con una seriedad tal que Cristina percibió que Lui sabía algo que ella ignoraba completamente. – Se nota que Free no confía en ti del mismo modo que en mí.
- ¿Qué quieres decir? – Por alguna razón, aquello la ofendió. Se llevó la mano al pecho, tratando de entender.
- Quiero decir que gran parte del sufrimiento de Free es por tu culpa. – Contestó directamente, dejando impactada a su interlocutora. – No necesito que...
Entonces el sonido de la puerta abrirse de golpe interrumpió a Lui. Los dos vieron que justamente era el rubio quien había hecho acto de escena. El japonés se mostró sorprendido, pero para Cristina fue un alivio. Free permaneció taciturno, más centrado en observar a los dos presentes y percibiendo en el proceso una tensión tal que hasta podía cortarse con un cuchillo. No tuvo que preguntar para saber ver que Lui parecía intimidar a Cristina, o al menos su postura corporal le indicaba que la amenazaba de alguna manera que a ella le hacía sentir mal. Frunciendo el ceño, y ocultando su irritación, se fue acercando poco a poco sin apartar la vista de Lui. Actuaba como un dragón que se imponía por encima del otro a medida que se acercaba al tesoro que protegía con colmillos y garras, en este caso, a Cristina.
Lui retrocedió unos pasos, dejando que Free se pusiera por delante de la heredera de la familia Kuroda. Hubo un silencio prolongado en el que ninguno soltó palabra. Aunque Cristina trataba de respirar tranquila, el aire que salía de sus pulmones era más bien tembloroso a causa del estrés cuyos efectos todavía persistían en su organismo. Free la oía gracias a su fino sentido auditivo. Sin embargo, la observación del rubio hacia el dueño del cabello azul era más bien hostil y feroz. Lui se había dado cuenta de ello.
- Heh. – Sonrió Lui entonces. – Has llegado en un buen momento, Free. – Dijo, sin recibir respuesta. – Justo estábamos hablando de ti.
- Qué me importa. – Su tono de voz fue seco y frío, marcaba distancia, pero también demostraba cierta agresividad. Cristina optó por quedarse callada.
- Intentaba convencerla de hablar contigo sobre algo importante, pero no he tenido suerte. – Dijo. - ¿Pero sabes? El que ahora estés aquí me ahorra el tener que esforzarme de más.
Free permaneció en silencio, no obstante, miró de reojo a Cristina. La posición de sus brazos por delante del pecho demostraba su temor y su inseguridad, y al mismo tiempo era un gesto que servía para levantar una barrera entre Lui y ella como una manera que tenía su subconsciente de protegerla. Entonces sus oscuros ojos volvieron a fijarse en los otros amatistas de Shirosagi.
- ¿Qué me dices, Cristina? ¿Por qué no se lo cuentas de una vez?
- Te lo advierto, Lui. – Saltó Free, apretando las manos. – Deja a Cristina en paz.
- Free... - Susurró la aludida.
- Ella tiene muchos asuntos de los que ocuparse como para tener que lidiar contigo.
- Ahí te doy la razón, pero... ¿estás seguro de que esos «asuntos» son los únicos de los que se preocupa? – Preguntó, haciendo dudar al rubio que arqueó una ceja a modo de confusión. – Ella no es tan sincera como crees. – La señaló, haciendo que Free volviera a hacer lo mismo de antes al mirarla de reojo sólo para devolver la vista hacia el Dragón Blanco de Japón.
- ¿La estás acusando? – Preguntó entonces de la Hoya, cuyo enojo se incrementó. Su tono de voz sonó directo y hasta contundente.
- ¿No es obvio? – Se encogió de hombros. – Tú mismo eres consciente del sufrimiento que has soportado por su culpa. Pero claro... no es más ciego el que no quiere ver.
Esa metáfora fue del todo incomprensible para Free y fue algo que para Lui no pasó desapercibido. Los dos se conocían demasiado bien como para no saber ver las cosas en el otro, sin embargo, lo que Lui trataba de hacerle entender al rubio era como una adivinanza demasiado compleja para el chico. Curiosamente, la manera de reaccionar de Free fue mirando de nuevo a Cristina, quien casi se sintió cuestionada ante esa expresión en la cara de Free. Ella no supo si era enojo, duda... ¿o desconfianza?
Lui se echó a reír al ver el panorama, con los brazos cruzados. Free le observó fijamente, manteniendo su boca cerrada tratando de mostrar indiferencia pese a que su enojo era palpable para los dos presentes. Pero para el Dragón Blanco de Japón esta era una oportunidad de oro pues con Free aquí, le resultaría muy fácil el que Christina confesara todo lo que estuviera ocultando.
- Creo que has pasado demasiado tiempo aquí en el BC Sol. – Habló Free repentinamente. – No me gusta la idea de que estés causándole problemas innecesarios a Cristina, así que lárgate.
- Oh, vaya, qué sor...
- ¡QUE TE LARGUES! – Gritó, activando su energía dorada en el proceso y la cual agrietó el suelo debajo de él. Cristina se asustó.
- Free, venga, tranquilízate. – Intervino entonces, poniéndose a su lado. El chico no la miró, pero pareció escucharla, bajando los brazos que había alzado ligeramente en un acto inconsciente.
Lui miraba atentamente a Free, interpretando correctamente esa reacción por parte del rubio. Era un método de defensa de su mente para no querer darse cuenta de lo que trataba de expresarle. Al parecer, ese bloqueo era más fuerte de lo que había imaginado. Es como si algo dentro del mismo actuara por su cuenta, detectando los mensajes sutiles y potencialmente peligrosos para esa falsa estabilidad construida a lo largo de los años gracias a Cristina.
- Muy bien. – Accedió Lui. – Pero antes de irme sólo te diré una cosa, Free. – Dijo, señalando a Cristina. – Ella no es la persona que tú piensas que es. Cuanto más tiempo pases a su lado, más te irás intoxicando. Recuérdalo.
Tras eso, el dueño de Lúinor abandonó el despacho. Cristina pudo respirar algo aliviada, pero Free se quedó ahí quieto, tratando de entender esas palabras sin molestarse a mirar a la que consideraba su hermana mayor... pese a que legalmente lo era. Unas caricias en la espalda le hicieron reaccionar, contemplando entonces los ojos azules de Cristina, tan llenos de gentileza y preocupación al mismo tiempo.
- Gracias por haber venido. – Le dijo ella, con una sonrisa.
- Sentí que me llamabas. – Otra vez salió con eso, aceptando el abrazo de Christina. - ¿Estás bien?
- Sí, sólo... tengo estrés... ¿Puedes quedarte un rato conmigo, por favor?
- Claro.
Y la rodeó con sus brazos, permitiendo que ella se refugiara en el calor de su cuerpo y en la protección que esas manos le ofrecían. Free contemplaba a la joven mientras algunos recuerdos de su niñez con Cristina pasaban por su mente, en un momento más que inadecuado. Inevitablemente parecía que Lui había sembrado la semilla de la duda que ya echaba raíces.
Chapter 22: Primer intermedio
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Después de un largo rato fueron a cenar. Los Cinco Grandes excepto Xander seguían ausentes. El pelirrojo había decidido quedarse para pasar un buen rato con los miembros del BC Sol acompañando a Silas y a Sasha a la mesa. Kitt y Honey se habían aprovechado de la ausencia de Valt y compañía para comer junto a los otros tres. Ninguno puso pegas, siendo además que Honey era la hermana pequeña de Sasha. Lui no estaba, lo cual alivió muchísimo a Christina que se sentó junto a Free en un lado más apartado para tener un poco más de privacidad. Él lucía cómodo.
Como habitualmente el ambiente entre los bladers era animado y acogedor. Cada uno hablaba de lo suyo, y aunque la preocupación sobre el tema de Phi era evidente, se respiraba mucho más la calma y el optimismo que cualquier otra cosa. Aquello ayudaba a que la dueña del BC Sol pudiera ser capaz de relajarse, mientras Free parecía ir y venir de su mundo casi como si su propia realidad le importara un comino. Christina no reparó en ese detalle.
- Parece que esta noche hará frío. – Dijo entonces Free al mirar por el ventanal. Eso llamó la atención de Christina.
- Tienes razón. Se ha levantado el aire. ¿Ves por qué te digo de comprarte un pijama que te abrigue?
- Bah. – Se encogió de hombros. - ¿Para qué si luego me voy a terminar asando de calor?
- Al menos uno fino de manga larga...
- Estoy bien con los que tengo de verano. – Comentó. – Aunque a Valt le gusta que no utilice ninguno... - Murmuró.
Christina se lo quedó mirando sorprendida por haber oído eso. Al parecer, el pelinegro había sido capaz de establecer una confianza mucho más profunda con el rubio de lo que ella creyó posible. Vale que Valt ya le había mencionado sobre las malas costumbres de Free, como pruebas irrefutables de que empezaba a existir un vínculo palpable, pero... a pesar de todo eso, a Christina le sorprendía. Free no era de los que formaba vínculos, porque era desastroso para mantenerlos.
Xander zampaba la comida, y solía repetir más. Menos mal que Anch solía hacer comida de sobras porque a alguno siempre le daba por engullir. Silas y Sasha miraban al pelirrojo vaciar los platos casi en tiempo récord.
- ¿Me vas a decir que en tu equipo no se mueren de hambre, Xander? – Preguntaba el dueño del cabello verde. – Porque macho, eres un pozo sin fondo.
- ¡Ha, ha, ha! ¡Este cuerpazo hay que mantenerlo, colega! ¡No se va a mantener solo! – Xander se tronchaba, tan animado como siempre. - ¿Y qué hay de vosotros? Sois un par de fideos. Vosotros sí que tenéis pinta de moriros de hambre.
- Tenemos nuestra manera de comer. – Silas se encogió de hombros. – No necesitamos tanta cantidad como tú.
- Bueno teniendo en cuenta que es un tío grande... - Decía Honey. - ¡Es mucho más alto que yo!
- ¡Y mirad qué músculos! – Aportaba Kitt.
Xander volvía a reír, bromeando y entreteniendo a los más jóvenes del grupito. Sasha se rio en lo que Silas suspiraba. Xander a menudo podía ser cargante y demasiado brusco a la hora de decir las cosas. Él no tenía filtro. Era como una bestia... se comportaba de manera salvaje. Quizá Ren Wu Sun le habría enseñado unos pocos modales, pero no parecía haber tenido mucha suerte. Que hablando de él...
- ¿Y Ren? – Preguntó Silas al percatarse de que no le veía a menudo por aquí.
- Hace largas sesiones de meditación. – Contestaba Xander, más calmado. – Se ha enfadado mucho con la decisión de Free. – Miró al rubio, sentado en otra mesa con Christina. Ambos parecían hablar con esa armonía que tan evidente se hacía cuando estaban juntos. – Así que quiere manejar su propia rabia para no utilizarla contra nadie que no lo merezca.
- Ese sí que sabe lo que hay que hacer. – Dijo Sasha de repente. – Me da que otros deberían tomar ejemplo.
- ¡¿Disculpa?! – Silas se dio por aludido, a sabiendas de que ese comentario iba para él. Sasha se rio, le encantaba meter un poco de cizaña. – Puedo entender que estéis molestos, a mí tampoco me gusta la actitud de Free, pero... - Giró su rostro para ver al blader. – Le conozco desde hace algún tiempo y sé que siempre actúa por un motivo.
- Puede que tengas razón, Silas. – Habló Xander. – Pero no tenemos tiempo para jugar a los detectives. Es tan simple como elegir un bando u otro... pero ese tío simplemente parece mandarlo todo al carajo.
- Eso es muy típico de Free. – Aportó Sasha, observando a su hermana comer y gastándole bromas a Kitt para distraerle y robarle la comida del plato. – Él siempre se mantiene al margen de todo aquello que no le interese.
- Creo que desde que Valt se fue a Japón, ha estado más desanimado.
- ¿Valt se ha ido a Japón? – Xander se sorprendió.
- ¿En serio no lo has notado? – Silas alzó las cejas, viendo que el pelirrojo negaba con la cabeza. – Oh, madre mía... para ser uno de los Cinco Grandes eres muy despistado.
- Pues poca broma, porque Lui y Free están decidiendo qué cambios haremos en el equipo. – Dijo Xander. – Ren Wu Sun y yo les hemos pedido tiempo para pensar las opciones.
- ¿Pensar? ¿Tú? – Silas se tuvo que aguantar la risa.
Xander se puso serio y casi se asustaban, sólo para terminar incómodos al ver cómo el más alto se partía el culo de risa él solito. Sasha y Silas intercambiaron miradas, incapaces de soltar ningún comentario. Menos mal que no había grillos cerca... El dueño del cabello verde suspiró y decidió que ya era hora de ir a descansar, metiéndole prisa a Kitt porque todavía seguía siendo su compañero de habitación. Como el chico, muchos del equipo empezaron a hacer lo mismo. Anch se despedía de cada uno, con una sonrisa antes de quedarse charlando animadamente con Xander, el único dispuesto a no pegar ojo porque todavía derrochaba mucha energía. Fue el momento en el que Christina se acercó a él acompañada de Free.
- Al final has cenado aquí. – Habló la dueña del BC Sol con una sonrisa.
- ¡Oh sí! ¡Quería probar la comida! – Exclamaba con una gran sonrisa. – Pensaba que vendría alguno más de los Cinco Grandes...
- No, me temo que no. – Respondía Free, con la cabeza inclinada en señal de aburrimiento. – Lui se largó, no creo que venga de aquí unas largas horas...
- Meeeeeh, ¡Mejor así! Ese idiota a veces es insoportable.
- Y que lo digas. – Coincidieron Free y Christina.
- Entonces, Xander. – Siguió Kuroda. - ¿Vas a dormir aquí?
- Tengo una habitación en un hotel de la ciudad. De hecho, esperaba que Ren Wu Sun viniera para ir juntos, pero creo que me ha dado plantón...
- Nada nuevo. – Free bostezó. – Haz lo que quieras, pero no destroces nada. Yo me piro a dormir... empiezo a estar zombi. – Dijo, haciendo reír a Christina.
- Buenas noches, Xander, ¡Y buenas noches Anch!
- ¡Buenas noches, querida! – Se despidió la aludida desde la cocina.
Xander alzó la mano, viéndoles marchar. Él siguió los mismos pasos y salió de las instalaciones del BC Sol para adentrarse en la ciudad. Barcelona era realmente grande, te harían falta días para recorrerla entera y probablemente no te quedaras satisfecho por la cantidad de posibilidades que ofrecía: desde plazas y monumentos históricos, hasta edificios tan famosos como la Sagrada Familia que todavía seguía incompleta después de varios siglos. Muchos pensaban que Gaudí debía estar retorciéndose en su tumba por ello. Claro, que todo esto era algo que Xander ni sabía ni le interesaba saber. Su único objetivo en mente era volver al hotel para asegurarse de que Ren Wu Sun estaba allí. Lo malo es que tenía bastante mala orientación y Barcelona era demasiado enorme... perderse era lo más sencillo, sobre todo si venías de fuera.
Claro que siempre había algún animalillo por ahí atraído por los semáforos...
- ¡Oh, Xander! – Escuchó una voz que le hizo girarse.
- ¡Anda, Joshua! – Reaccionó. - ¡Vaya! ¡Se me había olvidado que estabas aquí también!
- ¡Oye! ¡Eso ofende! – Reprochó. El otro se rio. – He usado mi tiempo para hacer turismo en esta hermosa ciudad. ¡Su gente es encantadora! ¡Y me adora! Se ve que mi fama en las pantallas ha llegado lejos, ¡Claro! ¡No podía ser menos! ¡Ser Joshua Burns no es fácil!
- Pues me alegro que te vaya todo tan bien, ¿sabes? Me parece que por el BC Sol esperaban que estuvieras yendo detrás de Free todo el rato. He oído que es tu ídolo secreto.
- ¡Es mi ídolo, pero no es secreto! – Dijo. – Sólo que no me gusta decírselo a todo el mundo... - Puso su mano detrás de su cuello, luciendo nervioso. Xander pestañeó con curiosidad.
- Un momento... - Se acercó a la cara de Joshua. - ¡Yo me conozco esos ojitos! ¡Tú te has enamorado, cabronazo!
- ¡¿PERDÓN?! ¡Claro que no!
- ¡JA, JA, JA, JA! ¡Al graaaaaaan Joshua Burns le han robado el corazón!
- ¡¡Cállate pedazo de escandaloso!!
Xander no comprendió esas palabras, pero pronto lo hizo. Joshua era un famoso actor de cine que parecía ser bastante conocido en todo el mundo. Sólo tipos tan ermitaños como Free de la Hoya desconocían por completo su existencia debido a su escasa o nula atención a la televisión. Rápidamente fans de todos los rincones del barrio en el que estaban se acercaron y Joshua tuvo que salir por patas con Xander detrás de él. Tras ellos les seguía una estampida de fanáticos de Joshua que gritaban su nombre. La mayoría eran mujeres adolescentes. Esto hizo que el moreno recordara que algo así sucedió en América, cuando conoció a Free por primera vez. Él ni siquiera le conocía de nada, y al principio actuó como si no le importara siquiera su célebre nombre, restándole importancia como quien tira un papel y se olvida de ello.
No supieron durante cuánto tiempo estuvieron huyendo de los fans, pero Xander había cogido a Joshua para ir más rápido. ¿Ya sabéis no? Piernas más largas, zancadas mayores. Terminaron en un parque grande, y se sentaron cerca de unos árboles. Estaban bastante aislados, y apenas había farolas cerca de modo que sólo les quedaba la luz natural de la luna.
- No sé cómo no te puede estresar todo eso. – Dijo Xander tras un largo rato de silencio. – Yo soy tú y me da algo.
- Eso es porque no lo comprendes. – Tiró hacia atrás su pelo, en una actitud presumida y arrogante. – Los fans me adoran, pero yo también los adoro a ellos.
- Vale, creo que tienes razón. No lo entiendo.
- ¡Ja, ja, ja! No te preocupes, mi buen amigo. Ser una estrella es duro, mucho más que ser un blader.
- ¿Sabes? Con esas palabras sólo me dan ganas de darte una buena hostia, ¡Ja, ja, ja! – Se tronchaba. - Debería planteármelo... - Pero luego pareció pensárselo de verdad.
- ¡No, por favor! – Reaccionó alejándose de inmediato.
- ¡Tranquilo, que era una broma! ¡Ja, ja, ja! Ya sé que tengo demasiada fuerza.
Hablar de fuerza le recordó a Joshua cuando en América tuvo un encuentro con Free de manera casual. Él estaba feliz, pero De la Hoya no. De hecho, el rubio solía irritarse a menudo en su presencia. Joshua se acordó de cómo fue acorralado entre una pared y el blader, quien la destrozó detrás de su persona utilizando su energía sin que se diera cuenta. Por eso tenía mala experiencia con personas que poseían mucha fuerza física.
- Pero ahora hablando en serio... ¿Tan fan eres de Free?
- Hm. – Joshua bajó la cabeza. – Él es dos años mayor que yo, y desde que tengo memoria, siempre ha sido el número uno en el beyblade. He visto todos y cada uno de sus enfrentamientos oficiales, he visto cómo poco a poco se convertía en el mejor blader del mundo. Desde que lo vi por televisión la primera vez, llamó mi atención. Tuve... una corazonada con él.
- Vamos, que fue un amor a primera vista.
- ¡No! ¡Claro que no! – Joshua se puso rojo como un tomate. – Bueno... tal vez sí. – Admitió, avergonzado. Xander se echó a reír. – Supongo que es porque él tiene cosas que yo no.
- ¿Cómo por ejemplo? – Se interesaba el pelirrojo.
- ¡Tiene ese carisma que a mí me falta muchas veces! ¡Se toma las cosas muy enserio y por eso es tan guay verlo luchar! ¡Puedes ver su determinación en sus ojos! ¡Y esa vibración que te dice lo poderoso que es! ¡Es como cuando el héroe se enfrenta a una leyenda!
- Eh, Joshua... estamos hablando de la vida real, no de las películas.
- ¡Pero las películas son un reflejo de la realidad! ¿Quién te dice que algún día no terminaré haciendo la película de mi vida con Free en ella? ¡Oh, amigo! ¡Eso es una gran idea! ¡Debería comentársela a mi guionista!
- Oh, no... - Xander se llevó la mano a la cara.
- ¡Mañana mismo pienso contactar con él! ¡Esto no se me puede olvidar! ¡Lo apuntaré hasta en mi agenda de «cosas urgentes»!
Y a partir de entonces, Joshua se fue por su cuenta hablando consigo mismo. Xander se despidió de él, pero sin haber sido siquiera escuchado. Joshua se había metido tanto en su mundo y en su fantasía que ignoraba su entorno. Parecía que cada vez que se trataba de Free de la Hoya todo cambiaba en su cerebro. Desde luego, Xander no entendía a alguien como Joshua. ¿De veras que las celebridades estaban como una regadera? Porque Joshua casi parecía vivir en una paranoia donde sólo existía lo genial que era él y lo que a él le parecía genial. Todo muy pintoresco...
Le dio por suspirar pesadamente.
- ¿Eh? – Entonces, le dio por mirar de lado a lado. - ¡¡OH MIERDA!! – Se llevó las manos a la cabeza. - ¡¿DÓNDE DEMONIOS ESTOY AHORA?! ¡REN ME VA A MATAR!
Y echó a correr buscando el punto de partida en el que estuvo antes. De mientras, maldecía mentalmente a Joshua por haberle dejado en una situación así, ¡Y es que encima va y le dejaba solo, sin preocuparse por él! Apretando la mandíbula, Xander se prometió a sí mismo vengarse de esta mala pasada.
Chapter 23: ¡Hacia la verdad oculta! ¡Medios y contactos!
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Pasaron varios días desde entonces. Hubo cierto revuelo en el BC Sol debido a las noticias sobre lo que pasaba en Japón. Valt había acaparado la atención, y al mismo tiempo traído la esperanza a muchos bladers que confiaban en que sería capaz de derrotar a Phi, el cual curiosamente no se había pronunciado. Christina era una de las personas del beyclub que se mostró preocupada y decepcionada al recordar que el pelinegro no la había avisado antes de irse. Pero tanto Silas como Sasha, junto a Kitt y Honey, confiaban en que Valt y compañía eran muy conscientes del lío en el que se habían metido al estar en territorio enemigo, por decirlo de alguna manera. Todos conocían la fuerza de Valt, incluso Free.
Pero el rubio era el único que se mantenía al margen de todo esto. De hecho, él ni siquiera era conocedor de la noticia retransmitida en televisión. Paseaba por la pequeña mansión que pertenecía a los padres de Christina, y donde ellos vivían todavía. Llevaba rato dando vueltas por los pasillos. Su mente buscaba algo, y su instinto le ayudaba. Durante esas dos semanas que habían transcurrido, algunas visiones habían tenido lugar en su cabeza en la cual también pasaban las palabras de Lui acerca de algo que Christina sabía y que, según había llegado a entender Free, ella estaba escondiendo algo. ¿Pero el qué? ¿Y por qué?
Los padres de Christina eran empresarios de modo que casi siempre se encontraban fuera, viajando por el mundo. Y hasta que Jinbei no pasó a mejor vida, Free y Christina siempre disfrutaron de una gran libertad. Pero Free se sentía diferente. No era propio de él buscar respuestas a las dudas que tuviese, porque habitualmente esperaba a que dejara de tener importancia y su apatía hacía el resto. Más en esta ocasión era diferente. Algo en su interior se negaba a restarle relevancia a todo lo que pasaba. Quería descubrir lo que Lui intentó decirle con otras palabras. Durante este lapso de tiempo, Free había entendido que Lui jamás se tomaría la molestia de hablar en privado con Christina si no era por un motivo de peso, y tal y como lo recordaba, ellos dos hablaron de su persona.
Desde aquel día, Christina se había mostrado más esquiva que de costumbre. Incluso cuando durmieron juntos, no lo hacía mirándole a él mientras estaban tumbados en la cama disfrutando de la paz del silencio de cada uno. Ella le daba la espalda, marcando distancia y una barrera que Free no podía cruzar. Él era completamente incapaz de entender la actitud de Christina, y no le ayudaba en nada el que la muchacha evadiera todo intento de sacar el tema. Gracias a eso, Free había empezado a creer en las palabras de Lui: Christina no estaba siendo sincera.
Por eso se encontraba explorando la mansión. No es que no se la conociera, después de casi una década viviendo en ella, pero por primera vez le prestaba atención a cualquier detalle que antes siempre pasó por alto. Lo primero que hizo fue buscar en la habitación de Jinbei, la cual nadie había pisado desde su muerte debido a que fue un gran golpe para el Clan Kuroda. Todavía se acordaba de cómo Christina se deprimió y cómo él tuvo que sacar fuerza por los dos, pese a estar igual o peor, con el fin de que su compañera pudiera seguir adelante. Tal vez Lui tuviera razón... tal vez se había dejado intoxicar por culpa de Christina. ¿Cómo es que no se había parado a pensar en ello hasta estos momentos?
¿Qué era lo que estaba ocurriendo realmente?
Mirando por una estantería, un libro llamó su atención. Alcanzándolo con la mano, nada más abrirlo, Free vio que se trataba de una especie de diario escrito por el propio Jinbei. Aprovechando que estaba solo y que difícilmente alguien le encontraría ahí, se puso a leer sin importarle si estaba de pie. Se lo tomó con calma. El abuelo Jinbei parecía haber dejado plasmadas sus experiencias de cómo formó el BC Sol gracias a una blader llamada Danae. Ese nombre se le hizo familiar, así que Free decidió continuar sólo para descubrir que esa mujer se apellidaba De la Hoya, justo como él. Su cabeza estableció una posible conexión por sí misma. Sentía que estaba a punto de descubrir algo importante.
Jinbei aprendió mucho de esa mujer, bastante más mayor que él casi por diez años. Según el abuelo, Danae era una persona misteriosa que parecía más bien conectada con algo mucho más grande como lo era el propio universo, pero que por alguna razón se dedicaba al beyblade del que hacía años ella había resultado ser una campeona invicta por mucho tiempo... hasta que lo abandonó de forma repentina. Jinbei no pareció apuntar el motivo en este diario, quizá porque Danae jamás llegó a contárselo. El propio Jinbei señaló que fue debido a que Danae simplemente desapareció un día, y que no volvió a verla. Eso inquietó a Free. ¿Acaso habría algún tipo de relación entre esa blader y él? No le parecía una mera casualidad el que compartieran apellido.
Ahí no terminó todo. Conforme seguía leyendo, Free encontró que Jinbei conoció a la que fue la hija de Danae: Yolanda. Cuando ese nombre apareció frente a sus ojos, algo en su interior le quiso hacer cerrar el libro y alejarse automáticamente. El rubio distinguió que se trataba de su propio miedo, pero esta vez decidió encararse a él. Haciendo un esfuerzo, continuó con lo que estaba leyendo. Yolanda también era una apasionada del beyblade, y lo fue durante un tiempo antes de que Jinbei expresara en el diario que la joven deseó ayudar tanto a los otros bladers que, con su novio Arnau, levantó la que posteriormente sería una de las empresas más importantes en el mundo del beyblading: Industrias Danae.
«¿Industrias Danae?», pensó Free arqueando una ceja. Una vez más regresó a su persona una sensación de familiaridad, todavía más cercana, no obstante. Le sonaba de algo, ¿pero de qué? Vale que era famosa por el país e incluso en el extranjero, pero... no era sólo por eso.
En el diario ponía que Yolanda pasaba por altibajos, debido a que levantar un negocio de la nada era especialmente complicado. Jinbei siempre estuvo ahí para ayudarla, de modo que su hija se hizo una amiga muy cercana de la empresaria. Free reconoció que se trataba de Elena, la madre de Christina. Sin darse cuenta, el rubio empezaba a explorar ese pasado olvidado, salvo que ese diario era de un tiempo en el que él ni siquiera existió. Aun así, Free continuó interesado en seguir adelante. Pasando las páginas del diario, encontraba con que Elena se casó con un hombre llamado Mako años antes de que Yolanda contrajera nupcias con Arnau. Abrió los ojos, casi como si algo en su mente comenzara a encajar poco a poco.
Se puso tan pálido y su cuerpo reaccionó de tal manera que se sintió obligado a parar ahí. Dejó el libro en su sitio, mientras notaba que, extrañamente, tenía frío y calor al mismo tiempo. Se sentó en el suelo, necesitando un rato para normalizar todas esas sensaciones que, al parecer, provenían de su mente, la cual se resistía a algo que él todavía desconocía por completo. En algún momento se tumbó y se quedó dormido, olvidándose por completo de que había dejado la puerta entornada.
Sentado en una silla del balcón, esperaba a que desde el otro lado le respondieran. No es que él fuera especialmente paciente, pero aquella idea seguía presente en su mente y confiaba en que pudiese funcionar y tal vez cambiar el transcurso de los acontecimientos de una manera favorable para ellos. Por eso Lui intentaba permanecer sereno. Ya sabía que Murasaki desde hospital tendría muchas limitaciones, pero si sabía algo sobre ese tipo desde que le había ayudado con unas cuantas cosas, es que siempre conseguía salirse con la suya.
- ¡Vaya al fin me llamas! – Le respondieron al fin.
- Perdona, pero fuiste tú el que me has hecho esperar de más. – Protestó.
- ¡Rantaro está aquí y...! Bah. – Resopló. - ¿Qué ocurre?
- Necesito que me eches un cable.
- ¿Otra vez? ¿sabes? Todavía sigo ingresado así que no te esperes milagros de mi parte, estar aquí es una auténtica pérdida de tiempo. ¡No sabes la que se está liando!
- Pues tengo buenas noticias para ti y para esa pandilla de debiluchos. – Dijo.
- Te escucho. – Wakiya sonó más serio. Rantaro y Kuza parecían estar con él a juzgar por la vocecilla de una cacatúa por ahí en el fondo que Lui supo reconocer.
- Sé cómo hacer que Free cambie de opinión. He descubierto la manera de lograrlo y estoy prácticamente convencido de que servirá.
- ¡Joder! ¡Por fin alguien que aparte de mí que utiliza la cabeza! – Exclamaba Wakiya. – Muy bien, dime, ¿Qué has pensado?
- He descubierto que Free tiene un bloqueo que le impide recordar su pasado. Sospecho que eso tiene relación directa con sus limitaciones como blader. Puede que su auténtico potencial esté... digamos que sellado, y que por eso se sienta estancado.
- Eso tendría mucho sentido. – Wakiya se escuchó pensativo. – Lo que no entiendo es... ¿qué pinto yo en todo esto?
- Tú eres el experto averiguando cosas, estoy seguro que, si buscas algo relacionado con Free, ni que sea algo de su familia, lograremos sacar alguna cosa de provecho.
- Sabes que estoy en Japón, ¿no? – Inquirió el rubio. – Poco puedo hacer yo desde aquí. Lo suyo sería estar ahí en España, que es donde ha nacido Free.
- ¿Por qué te crees que te llamo a ti? Tú tienes muchos contactos, y de los buenos, además. Utiliza los sesos, que se te da muy bien.
- Vale, pero entonces necesitaré que tú pongas de tu parte. – Dijo de repente. – Yo me pondré manos a la obra, si es que este par de idiotas me dejan.
- ¡¿Qué nos has llamado?! – Protestaba Rantaro.
Lui les escuchó discutir desde el móvil, resoplando con una cara de fastidio enorme. Una parte de él agradecía no estar ahí, pero la otra habría deseado justo lo contrario para mandarles a callar y ponerlos en situación. Sin embargo, nada a distancia era fácil.
- Lui. – Le llamó Wakiya tras varios minutos. – Ya que estás en España... intenta averiguar todo lo que puedas.
- Es difícil comenzar sin tener una pista.
- Utiliza lo que sepas sobre Free para ello, seguro que lo conseguirás.
- Ah, está bien.
- En cuanto encuentre algo, te pondré al tanto.
- Pues estaremos en contacto.
Y la llamada terminó ahí.
Lui se puso en pie, para apoyarse en la barandilla metálica. Contempló el atardecer con sus ojos amatistas, pensando. Su mente hizo un buen repaso de todo lo que había conocido sobre Free de la Hoya. Sabía que la manera de deshacer ese bloqueo que sufría el rubio era obligándole a este último a encontrarse directamente con su pasado, eso impediría que su subconsciente pudiera huir. No obstante... ¿cómo podría hacerlo? Ni siquiera tenía seguro que Free hubiera nacido en Barcelona, cabía la posibilidad de que se hubiera mudado aquí tras ser adoptado por la familia de Christina.
Entonces un conocido, que también era blader, acudió a su mente como un milagro caído del cielo. Por suerte, en el pasado hicieron buenas migas y mantuvieron el contacto a través del número. Lui no sabía cómo estaría el chaval, pero decidió probar suerte. Buscó el contacto y empezó a llamarle. La espera fue bastante prolongada, pues duró cerca de diez minutos que casi colmaban la paciencia del Dragón Blanco de Japón.
- Hey, ¿qué pa...?
- ¡¿CÓMO QUE «QUÉ PASA»?! ¡ME HAS HECHO ESPERAR DEMASIADO! – Gritó el dueño de Lúinor.
- Aw, hacía tiempo que no escuchaba tu voz cabreada. Vaya, ha pasado mucho eh.
- Mierda, tú siempre igual.
- Yo también me alegro de hablar contigo, ha, ha, ha. En fin, ¿qué te ha dado para llamarme?
- Tú eres un adoptado de mierda y conoces esos temas, así que mueve tu culo a España porque tenemos cosas que hacer.
- ¡Ha, ha, ha! Veo que pedir las cosas «por favor» va mucho contigo eh. ¡Venga! ¡Págame el viaje y me tendrás ahí en menos de dos días!
- ¡¡Pero serás...!!
- Necesitas mi ayuda, ¿no? – Claramente era un chantaje, muy típico de él. - ¿Tenemos trato o no tenemos trato?
- Ah... lo que hay que hacer por algunos idiotas...
- Así me gusta. ¡Ya verás! ¡Nos lo pasaremos muy bien! Estoy deseando verte la cara...
Lui suspiró y antes de responder cualquier tontería, decidió colgar la llamada. Su compañero, desde el otro lado de la línea se rio. Estaba en lo más alto de un rascacielos de Japón, básicamente en pleno centro de Tokio. Le dio por sonreír de una manera malévola, con el móvil encendido en la mano. Lo apagó para meterlo en su bolsillo y mirar la carretera debajo de sus pies. Se veía pequeña debido a que estaba por lo menos a más de cuarenta metros. Las personas lucían como hormigas y siempre que las contemplaba, ideas homicidas acudían a su trastornada mente.
- ¡Bueno! – Exclamó, colocándose mejor la capucha que cubría su cabeza. - ¡Parece que el mundo necesita de ti, Aizawa! ¡Así que allá vamos! – Alzó el puño al cielo. – Claro, eso sin antes joder a unos cuantos capullos... - Dijo antes de saltar para caer hacia el suelo, como si se hubiera precipitado para suicidarse. ¡Pero nada más lejos!
Pese a que la gente que le vio se asustó, el chico activó su jetpack para volar lejos y a toda velocidad. Claro, que su enferma sonrisa tampoco faltó. Se dirigió hacia el hospital, con claras intenciones de buscar problemas. Sabía que Lui le avisaría en cuanto su vuelo estuviera listo, pero no se iba a ir de Japón sin haberlo pasado bien...
Chapter 24: ¡Reforzando vínculos! ¡Una cita imprevista!
Chapter Text
En el despacho, ella seguía inquieta. No podía olvidar que días atrás había sido puesta contra las cuerdas, por decirlo de algún modo, por Lui Shirosagi. Christina era capaz de notar cómo el miedo la atizaba desde dentro, distrayéndola de sus obligaciones. En parte, su preocupación por Valt y los chicos también influía en su estado de ánimo. Podía palparse en ella su creciente tensión. Sabía que Lui tenía razón, y sabía aún más que era prácticamente imposible detener a Shirosagi... porque tarde o temprano la verdad saldría a la luz. Lo único de lo que ella no era consciente, es que aquello estaba más cerca de lo que imaginaba.
Christina había intentado evitar que ese momento llegara... el momento en el que Free finalmente se topara con su auténtico pasado, aquel que su mente había bloqueado por completo y que Lui tenía toda la intención de deshacer de una vez por todas. Ella era consciente de que, para entonces, el auténtico Free despertaría. Eso era lo que más temía. Había visto las facetas más oscuras de Free: su ansiedad y cómo se autolesionaba, hasta darle palizas a bladers inocentes nada más terminar un encuentro sólo para enviarles al hospital a causa de su descontrol, así como esa vibración que Free emitía por sí mismo sin darse cuenta y que advertía de que era un chico bastante más peligroso con el que había que tener un cuidado especial. Por todas esas experiencias, Christina sentía que hasta su propia vida podría estar en riesgo.
Nadie conocía al auténtico Free ni su naturaleza. ¿Y si era más destructivo y agresivo? ¿Y si le daba por hacerle daño por haberle estado ocultando la verdad durante tanto tiempo? O peor aún... ¿Y si arremetía contra el equipo entero? Puede que esa fuera una posibilidad remota, pero seguía siendo eso... una posibilidad.
- Hm... - Suspiró, tratando de relajarse. Había contenido el aire, por estar pensando en esas cosas. Por Internet miraba las últimas noticias en Japón que, desde España y a través de televisión, no se hablaban de forma tan abierta.
Al parecer en Japón estaba habiendo un nuevo caos desde la aparición pública de Valt Aoi. La prensa se cuestionaba si era cosa de ella, por ser la dueña del BC Sol. Eso enfadaba a Christina, porque Valt la había puesto en una delicada situación... como si no tuviera suficientes preocupaciones ya. Pero, desde una perspectiva más optimista, alterar el gallinero no parecía del todo una mala idea. Nuevos bladers, que apoyaban a Phi, aparecían y eso les permitía saber cuántos podían añadir a la lista para diferenciarlos la próxima vez. De todos modos, era algo muy arriesgado para Valt pues su seguridad estaba lejos de ser garantizada cuando se había metido de lleno en la boca del lobo.
Se tiró varias horas investigando por su cuenta. A veces oía a sus bladers que salían al exterior para ir a entrenar. El hecho de ver el atardecer, y recordar todo lo que ocurría con Free en estos instantes la hacía sentir incómoda. Cierto era que se había mostrado esquiva con el rubio, pero era inevitable. Una parte de ella le veía como una amenaza, a pesar de que De la Hoya había estado ahí, a su lado, toda su vida. O casi toda. Pero Free era demasiado impredecible, y Christina no se veía dispuesta a exponerse a algo que para ella resultara aterrador. Miró el oso de peluche que estaba sobre su escritorio, y lo cogió para achucharlo entre sus brazos. Era un intento de refugiarse de alguna manera para liberar el miedo, pero bastaba con intentarlo para dejarse atrapar todavía más por él.
Cuando llegó la noche, y por ende, la hora de cenar, Christina no vio a Free. Suspiró, algo tensa, casi sin atreverse a entrar por el comedor. Silas lo notó, así que se acercó a ella.
- Cualquiera diría que te han dado la peor noticia de tu vida. – Dijo.
- Oh, Silas...
- ¿Qué tal? Tienes una cara terrible.
- Ya... es que estoy muy estresada. – Y aquello era una verdad innegable. El juego de Lui había hecho su efecto. Esa amenaza taladraba su mente una y otra vez. - ¿No has... visto a Free?
- Qué va. – Se encogió de hombros al tiempo que alzaba ligeramente los brazos para negar con la cabeza. - ¿No será que estará en el bosque? Siempre le gusta aislarse.
- Sí, puede que tengas razón... - Bajó la cabeza.
- Oye, Chris, ¿Va todo bien? – Silas se acercó un poco a ella, poniendo una mano en su hombro. Lucía preocupado. - ¿Habéis discutido?
- No, claro que no. Es sólo que... - Pensó en qué decir, cómo explicarse, pero sin éxito. No era algo de lo que sintiera capaz de hablar. – Últimamente... Free ha actuado extraño.
- Ah, sí. Está más esquivo de lo habitual. Yo también lo he notado. – Silas se alejó para poner las manos en jarra. Christina le miró. – A lo mejor la presencia de Xander y el resto tengan algo que ver. No he visto a Free estar especialmente cómodo con ellos pululando por aquí.
Eso no era ningún secreto para Christina. Sabía de antemano que Free odiaba ser parte de los Cinco Grandes, y les evadía siempre que podía. Ya le expresó en su momento, incluso en presencia de Raúl, que él no deseó ser el mejor blader del mundo y parecía hasta más feliz por el simple hecho de que, oficialmente, lo fuera Valt pese a que el resto de bladers del planeta discreparan sobre el resultado de la batalla que tuvieron durante las semifinales en la Liga Internacional. Porque esa era otra. Christina imaginaba que la dura rehabilitación por la que había pasado Free, todavía seguía en la mente de este último. Si algo era especialmente complicado para Free, era enfrentarse a sus miedos.
- Si quieres puedo ir a buscarle. – Le dijo Silas, sacándola de sus cavilaciones.
- No. – Contestó automáticamente. El chico vio el temor en sus ojos, lo cual le preocupó. – No es necesario. Free sabe cuidarse solo...
- Hm... - Hizo, no muy convencido. – Oye... ¿seguro que va todo bien? – Insistió.
Christina no le respondió, de hecho, pensó una y otra vez en si darle alguna contestación. Pero darle ese pequeño lapso de tiempo a Silas le sirvió para que éste supiera que no, que algo rondaba mal. Algo ocurría, y fuera lo que fuese, no era nada bueno. Christina nunca se ponía así, si el asunto no era realmente serio. Resopló.
- Venga, vamos a dar un paseo. – Dijo de repente, sorprendiéndola.
- Pero... ¿y la cena?
- Ya pensaremos en eso luego. Necesitas que te dé un poco el aire. Va, vamos.
Al principio dudó, pero terminó siguiendo al más alto en completo silencio. Era la primera vez que Silas decidía compartir tiempo con ella de forma voluntaria, pues antes no se habían tomado la molestia de relacionarse mucho entre ellos. De todos modos, este pequeño gesto por parte de Silas era algo que Christina agradecía. Al salir de las instalaciones del BC Sol, decidieron adentrarse en la ciudad. Barcelona podía llegar a ser muy bonita por la noche con sus locales abiertos, y cafeterías realmente agradables. Christina solía llevar dinero encima para casos como estos.
Miró a Silas, sin saber muy bien si la ignoraba o es que se sentía incómodo. Pero le vio reaccionar, poniéndose rojo como un semáforo cuando ella le cogió del brazo de manera suave, casi con cariño.
- ¿Te apetece ir a tomar algo? – Preguntó la dueña del BC Sol.
- No llevo dinero.
- Tranquilo, invito yo.
- Cht... - Hizo ese sonido con la boca. – Como quieras... - Giró la cara, con tal de no dejar que ella le viera avergonzado, a pesar de que ya sabía que era inútil.
- Ven, es por aquí.
Christina sujetaba a Silas, guiándole por las calles transitadas de Barcelona. El tráfico casi parecía ser el mismo que durante el día y es que en una ciudad tan importante, aquí la actividad cotidiana nunca cesaba. Sin embargo, eso no significaba que fuera menos peligrosa y Silas era más consciente de ello que nadie. Su complicada vida le había enseñado muy bien hasta qué punto eran capaces de llegar algunas personas. Por eso parecía casi más pendiente de su alrededor que de Christina, preocupándose por la seguridad de ella. Dudaba mucho que su amiga supiera defenderse ella solita. Uno de los dos debía vigilar por si acaso.
Giraron varias esquinas, y Christina caminaba tan deprisa que el pobre de Silas por poco se chocaba con alguien. Protestaba por ello, haciendo reír a la joven de dieciocho años. Un extraño pensamiento asaltó en la cabeza del dueño del cabello verde, al tener la sensación de que esto parecía una cita romántica que no un paseo. Imaginó que Christina lo pasaría peor en caso de haber ido al bosque, dado que era el lugar favorito de Free para desaparecer y aislarse del mundo.
- Ya hemos llegado. – Dijo Christina.
Delante de ellos había un restaurante que también hacía de cafetería y bar, todo en uno. Resultaba acogedor, pero a simple vista se notaba que aquí venía la gente con dinero. Silas miró a Christina, bastante sorprendido. Él nunca se había podido permitir... pequeños lujos como estos. Ella sonrió, y le arrastró consigo para entrar.
- Buenas noches, señorita Christina. – Rápidamente acudió un camarero que parecía conocer de hacía tiempo a la aludida. – Veo que hoy viene acompañada de un... joven galán. – Sonrió casi de manera forzada, debido a las pintas poco elegantes de Silas, quien notó la actitud del trabajador.
- Hola, Jordi, buenas noches. – Sonreía ella. – Bueno, ha sido idea suya venir así que no pude decir que no. – Llevó su mano a un lado de su rostro, con una risilla tímida. – Al parecer se conoce bien la ciudad. Silas, te presento a Jordi, es un viejo amigo. Jordi, este es Silas Karlisle, uno de mis mejores bladers del BC Sol. – Hizo un ademán a cada uno.
- Un placer conocerte. – Extendió su mano.
- Ya, claro. – La estrechó, sólo por mera educación. – Que sea una mesa para dos. – Dijo directamente.
- Por supuesto. Seguidme, por favor.
Christina parecía pasárselo bien. Por su lado, Silas no dejaba de preguntarse si esto era una broma de mal gusto. Miraba a la heredera de la familia Kuroda, sin entender por qué había dicho eso de que él se conocía Barcelona. Era una ciudad demasiado enorme como para que se la conociera «tan bien». Vale que se tomaba su tiempo para conocerse muchos barrios nuevos para expandir su conocimiento sobre la zona que frecuentaba, y aun así nunca se solía perder ninguna nueva noticia. En Barcelona siempre había problemas. Menos mal que no era él, el policía.
Jordi les llevó a una mesa con unas buenas vistas de fuera. El local era bastante grande, con una primera y hasta segunda planta. Silas había visto a muchos trabajadores, tanto mujeres como hombres. Pero se fijaba bastante más en los clientes... todos bien vestidos, tan elegantes. Se notaba que tenían billetes llenando sus bolsillos. Se sintió incómodo al mirarse a sí mismo, usando la misma ropa cotidiana de siempre porque por eso, rompía totalmente con la imagen del establecimiento. ¿Y qué culpa tenía él? Era un pobre muerto de hambre, por cruel que sonara, pero era la realidad. No era un tipo rico... o bueno, sí que lo era, pero hacía algo de provecho con el dinero que a él le sobraba.
Ser un blader tan famoso y conocido, siempre significaba ganar mucha pasta. Silas no imaginaba la cantidad ahorrada que tendría alguien como Free.
- Me has traído a un sitio de lo más cutre. – Silas se cruzó de brazos.
- ¿No te gusta? – Preguntaba Christina, luciendo de lo más feliz. – A mí me encanta. La comida que hacen aquí es una exquisitez. Productos frescos.
- Vete tú a saber.
- Ya lo comprobarás cuando nos den la carta.
- Deberías haberme avisado de antemano. – Silas se apoyó en la mesa, para estar más cerca de su interlocutora. - ¡Mira dónde estamos! ¡Y yo con la ropa de la calle!
- Tienes razón, lo siento, se me había olvidado. – Christina se aguantaba la risa. – Pero me hace ilusión que demos nuestro primer paseo.
- ¡Esto NO ES un paseo! – Recalcó, perdiendo la paciencia.
- ¿Ah no? ¿Entonces cómo lo llamarías tú, Silas?
- ¡¿E- eh?!
Eso lo puso en aprietos. Su cara enrojeció nuevamente, y Christina se hizo la tonta. Silas se llevó la mano a la cara, desviando la vista a otra parte. Fueron gestos que a Christina no se le pasaron por alto. Estaba demasiado acostumbrada al lenguaje no verbal de Free como para no entender lo que le ocurría a su blader. Sin embargo, se le hacía de lo más divertido. ¿Qué es lo que estaría pasando por la mente de Karlisle? Moría de curiosidad tratando de adivinarlo.
- Si quieres... - Habló Christina con suavidad. – Puedes llamarlo una cita.
- ¡¿Perdón?! – Oír eso, fue la gota que colmó el vaso de la vergüenza de Silas. Sus mejillas se encendieron todavía más que antes. - ¡Por favor, no digas eso! – Se puso de lado, sentándose mal.
- Eh, venga siéntate bien. Estamos en un sitio con clase.
- Me da lo mismo, no tengo por qué aparentar algo que no soy.
- Qué pocos modales. – Se rio.
- ¡Los que he aprendido! – Golpeó ligeramente la mesa, haciendo que los demás comensales se girasen a ver qué pasaba. – Mierda... - Resopló al sentirse observado. – Me siento como un bicho raro rodeado de más bichos hipócritas...
- Shhh, te van a oír.
- ¿Y tengo yo la...?
- Disculpad. – Jordi se acercó. – Lamento mucho haber tardado. Os he traído la carta. – Dijo al tiempo que la entregaba. - ¿Queréis saber nuestros nuevos platos?
- ¿Habéis hecho nuevos platos? – A Christina le brillaron los ojos.
- ¡Por supuesto! ¡Siempre estamos repasándola gracias al formulario que hacen nuestros clientes de manera voluntaria y anónima! – Jordi parecía orgulloso de poder contar algo así. – Nuestros clientes son nuestra máxima prioridad así que conocer su opinión nos es de gran ayuda.
- Yo no he visto esos formularios por ninguna parte. – Protestaba Silas.
- Están a un lado de la puerta, nada más entrar. A mano derecha. – Jordi le sonrió. – Cuando salgáis los veréis.
- Por supuesto. Pondremos de nuestra parte, ¿verdad, Silas?
- Lo que tú digas. ¿Pedimos ya?
- Jordi, ¿Qué nos recomiendas? – Preguntaba ella. Silas rodó sus ojos.
Cuando el camarero se puso a hacer su explicación, Silas prácticamente desconectó. Prefería guiarse por su instinto, mirando la carta. Más lo único en lo que podía fijarse era en los precios. ¡Este sitio era carísimo! ¡¿Cómo Christina le había traído aquí?! Oh claro, era la dueña del mejor equipo español, así que se lo podía permitir. Al pensar en eso, por alguna razón, Silas se cuestionó si Christina habría venido con alguna ex pareja o... alguien especial para ella. Entonces le invadió otra duda al acordarse de que entre Free y ella existía un vínculo bastante... cercano, o puede que demasiado. Tuvo curiosidad en saber. Esperó a que Jordi terminara con sus recomendaciones, casi engatusando de paso a Christina y al parecer, a su exigente paladar. Puede que Christina no sólo tuviera un buen equipo sino también un sentido del gusto realmente fino. Jordi parecía conocerla desde hacía mucho.
- Antes de irme, señorita Christina.
- Dime.
- Hace mucho que no veo a su hermano Free, dele muchos recuerdos de mi parte. Se nota mucho su ausencia.
- Oh, bueno ya le conoces... todo en lo que sabe pensar es en el beyblade. – Se rio. – Pero gracias, se los daré.
Jordi asintió y se fue para darles tiempo a escoger lo que fueran a comer. Christina miraba la carta, tan feliz. Silas no pudo quedarse callado por más tiempo, así que comenzó:
- ¿Hermano? – Repitió Silas, con cierto tono irónico.
- Cierto, en el BC Sol no os lo hemos contado. – Respondía Christina, prestándole atención. – Free y yo somos hermanos por ley. Mis padres le adoptaron hace tiempo así que hemos estado juntos desde entonces.
- Pensaba que erais... ¿novios? – Se encogió de hombros.
- Ja, ja, ja. – Se tapó la mano, con las mejillas ligeramente sonrojadas. – Sí, da esa impresión. Tenemos una relación bastante íntima, pero en realidad es porque existe una profunda confianza entre nosotros.
- Uh... no sé cómo puedes contarme esto sin ponerle pegas.
- Lo hago porque siempre te has preocupado de tus compañeros, y sé que te mantienes pendiente de Free. – Devolvía su vista a la carta. – Por eso no me molesta hablar de esto contigo.
- O sea que en el fondo lo haces por Free. ¿No crees que te preocupas demasiado por él?
- Free es un chico que necesita atención y mucho amor, por eso me preocupo por él. Es un auténtico desastre cuando está solo.
- ¿En serio?
- Oh sí. Cuando éramos pequeños se escapaba de casa, para explorar el bosque y encontrar al ciervo. – Contaba, haciendo que Silas se acordase de ese animal que vio en cuatro ocasiones contadas, por decir algo. – Siempre volvía a casa empapado, con la ropa hecha un asco y todo cubierto de barro... y trozos de planta silvestre. – Explicó. – En ocasiones se metía en el despacho de mi padre, para ser pillado in fraganti y regañado en el proceso. O cuando robaba comida de la nevera a altas horas de la noche. – Se aguantaba la risa. – Ahora que lo pienso... - Llevó su dedo a su mentón. – Ha sido bastante problemático en nuestra niñez. Me daba cada susto...
- Me recuerda a alguien metiéndose en líos...
A la mente de Silas acudió Valt Aoi. ¿En cuántos líos no le habría metido el chaval? Le resultaba curioso que Free hubiera sido tan parecido al pelinegro mientras fue un niño. Eso sólo le hacía cuestionarse el por qué había cambiado tanto. Puede que todo tuviera relación con el beyblade. De todos modos, le parecía un poco desconsiderado de su parte en querer indagar tanto en la vida personal de Christina cuando apenas empezaba a conocerla mejor.
- Sí, es como Valt. – Dijo ella tras varios minutos. – Pero por suerte Free ya no es así.
- «Por suerte»? – Repitió desconcertado. Christina se rio.
- Nada, es una larga historia. – Contestó para no seguir con el tema. Lució algo incómoda, así que Silas optó por no insistir. – Creo que ya sé qué me voy a pedir.
- Hostia, yo ni siquiera lo he pensado.
Christina se rio por segunda vez, antes de recomendarle un plato. Por el nombre, Silas no lució muy convencido, pero no supo cómo, terminó accediendo. Había música clásica de fondo, en un volumen bajo que resultaba relajante. Silas llegaba a reconocer alguna que otra melodía, sorprendiendo a Christina. El muchacho se avergonzó por ello, sin darse cuenta que cada vez que se mostraba tímido, para Christina resultaba realmente adorable. Con la broma, los dos lo estaban pasando bien. La dueña del BC Sol se había olvidado completamente de lo ocurrido con Lui, con respecto a Free pues no se acordó de ninguno de los dos durante el resto de la cena.
Silas disfrutó de la comida. Christina le explicó de donde venía y todo, haciendo gala de su conocimiento sobre el establecimiento del que al parecer era clienta habitual. Claro, por eso la conocían tanto, igual que a Free. Gracias a este largo rato de por lo menos más de dos horas, tanto blader como dueña del equipo del beyclub llegaron a conocerse mucho más y para cuando ella fue a pagar mientras escribían en los formularios, acordaron de volver aquí en otra ocasión. Como no podía ser menos, hubo un momento en el que salió el chef a saludar a Christina antes de volver a la cocina. Jordi fue quien se despidió de ellos, invitándoles a regresar cuando lo desearan.
Hacía un poco de frío, pero ambos tuvieron que apechugar por no haber traído ningún abrigo. Silas le dio su chaleco, que le quedaba un poco grande a Christina, lo suficiente para que ella pudiera cubrirse al menos los brazos y parte del pecho. Le sonrió a Silas, que apartó la mirada, haciendo reír a la otra mientras volvían a las instalaciones del BC Sol.
- Ah, estoy muerta. – Decía Christina, una vez llegaron. – Me duelen los pies.
- ¿No crees que usar calzado plano de vez en cuando ayudaría en eso? – Sugería Christina.
- Tienes razón... debería planteármelo más a menudo.
- Guau, no puedo creerme que hayamos pasado tanto tiempo fuera...
- Pues no sé tú, pero yo me lo he pasado bomba. – Christina estaba sonriente. – Sobre todo cuando ponías esas caritas tan adorables.
- ¡¿Cómo te atreves a decir eso?! – Silas se cabreó, conteniendo sus ganas de lanzarle algo o siquiera el pensar en darle algún golpe... sin maldad, claro. Christina se tronchó. - ¡Eh! ¡No es divertido! – Protestó.
- Lo siento, es que me resulta taaaaan tierno...
- ¡¡Christina!!
- ¡JA, JA, JA, JA! ¡Ay, que me meo y todo!
- Suerte que luego el que no tiene modales soy yo.
- Ah... qué risa por favor... - Se secaba las lágrimas. - ¿Cuándo te apetece que volvamos allí? ¿Mañana?
- ¡¿Mañana?!
- Lo siento, es que la comida está tan buena...
- Dios, ahora entiendo por qué Valt y tú os lleváis tan bien...
- ¡¿Qué has dicho?!
- ¡Ajá! ¡Te he pillado! – La señaló. – Ya me tocaba a mí vengarme.
- No cantes victoria. – Dijo de repente. Silas la miró desconcertado. – Ya sé lo que vamos a hacer mañana. Le diré a las chicas que iremos de compras, ¡Y te vas a venir con nosotras!
- ¡¿QUEEEEEEEEEEEEEE?! – Gritó.
- Shhhh, shhhh. – Hizo entonces. – Los vas a despertar a todos, ¡No chilles tanto!
- ¡¿Quieres convertirme en un burro de carga?! ¡Ni hablar!
- Oh, qué mal concepto tienes de mí, Silas... - Se acercó peligrosamente. El aludido tragó saliva, poniéndose nervioso. - ¿Quién dice que sólo compraremos nosotras? Tienes que ir bien vestido para volver al restaurante.
- Oh no... - Dijo, empalideciendo. «Creo que ahora entiendo mejor a Free...», pensó.
Christina se rio al ver su cara y se despidió de él con la mano. No se sintió preparada para hacerlo con un beso pues la única persona que besaba ella era a Free, al cual hacía horas que no había visto. Así de animada entró en la que era su casa, en la mansión a un par de metros del resto de las instalaciones para el BC Sol, y fue directa a su habitación. Se daría una ducha, antes de irse a dormir.
Chapter 25: ¡Trastornado! ¡El maestro de los problemas!
Chapter Text
Había tenido que madrugar al día siguiente para no llegar tarde al aeropuerto de Barcelona. No había recibido ninguna llamada de su «colega». Lui hubiese tenido que preferir no recurrir a un chico con una cabeza tan trastornada como lo era Jin Aizawa, pero era el único experto en los temas que él debía tocar si quería obligar a Free de la Hoya a enfrentarse de una buena vez a su pasado y deshacer ese bloqueo. Aizawa era el que mejor sabía qué método utilizar pues, siendo ambos menores de edad, y con Christina con pocas ganas de colaborar, Lui se veía... forzado a traer a uno de los bladers más problemáticos de quizá todo el mundo.
¿Cuántas veces no la habría liado Aizawa? En muchas ocasiones, en el mundo del beyblade se habló de él por su tremenda capacidad para meter a cualquiera en un buen lío, lío del que él salía impune. Lui todavía no comprendía cuál era el truco de Aizawa, pero sólo sabía una cosa: era la persona más adecuada para hacer todo el trabajo sucio que él tenía en mente.
Alguna que otra persona se le quedaba mirando en el aeropuerto, y en más de una ocasión había tenido que esconderse por ser reconocido por fans que le persiguieron un buen rato. Le resultó bastante patético el tener que estar dentro del baño de mujeres con el fin de no ser encontrado. Menos mal que estaba vacío... Suspiró y sacó el móvil, notando la vibración al estar recibiendo una llamada. Reconoció el número y antes de responder, abrió la puerta para mirar fuera. No había moros en la costa.
- El avión acaba de aterrizar. – Escuchó desde la otra línea.
- Estoy aquí dentro esperándote.
- Déjame adivinar. ¿Reunión en una cafetería?
- Ah, odio cuando me lees la mente.
- ¡Ha, ha, ha! Es una de mis especialidades. – Contestaba. Su voz sonaba cansada. – Oh sí, gracias por el viaje... está guay cuando no pagas tú.
- Serás... - Apretó la mano, poniéndose de malhumor.
- Estoy viendo a un montón de gente, será difícil encontrarte con lo famoso que eres.
- Ese es el punto. Hay una cafetería cerca de la entrada, la verás en cuanto entres.
- No te preocupes, mis espíritus guardianes me ayudarán a encontrarte. Es difícil no localizar a un tipo macabra como tú.
- ¡¿A quién llamas macabra, jodido cabrón?!
- ¡Ahora nos veremos, mi querido dragoncito! ¿Qué tal si me compras algo de comer? ¡Estoy hambriento!
- ¡¡Pero qué cara más dura, encima que te he pagado el viaje!!
- Venga, aprovecha ahora que estoy despierto. Sabes que cuando me quedo dormido puedo tirarme un día entero echando la mona.
- Joder... - Resopló, caminando entre la gente tratando de no llamar la atención. – Tú y tu maldita narcolepsia.
- ¡No es narcolepsia! ¡Son mis espíritus que me ponen a dormir!
- Lo que tú digas, ahora nos veremos.
Y colgó antes de poder recibir cualquier respuesta. Desde este momento de su vida, su paciencia iba a ser puesta a prueba a cada momento pues uno siempre se ponía histérico con un tipo tan excéntrico como Aizawa. Por supuesto, Lui trataba de no cabrearse. Había muchas cosas que hacer y ponerse a discutir era lo que menos le convenía. Con eso en mente llegó a la cafetería. Su compañero no parecía haber llegado todavía. Puede que entre tanta gente fuera complicado para él localizar el sitio, pero, en teoría, iba a «sentir su energía». Aizawa hablaba constantemente de sus espíritus, como si fueran reales, pero lo único real es que todo el mundo le tomaba por un loco. Sin embargo, en ocasiones contadas, Lui a veces creía que lo que su colega decía estaba lejos de ser una mera paranoia creada por esa cabeza constantemente atacada por la narcolepsia que obligaba a su dueño a ponerse a dormir repentinamente.
El mundo de Aizawa era complicado de entender, y demasiado oscuro como para que cualquiera se atreviera a meterse. Lui era de esos pocos que tenía el carácter lo suficientemente fuerte y atrevido para carecer de ese miedo, descubriendo en Aizawa un gran aliado que le salvaba de situaciones bastante críticas. ¿Quién no te decía que un tipo problemático podía ser alguien tan útil? Siempre y cuando no lo convirtieras en tu enemigo, que entonces estabas condenado a pasarla putas.
- ¡¡Mi querido dragoncitooooo!!
Abrazo inesperado por la espalda, antes de terminar al suelo. Lui reconoció la voz de Aizawa que se había abalanzado literalmente sobre él para darle una sorpresa, aplastándole con sus maletas en el proceso. Lui no entendió por qué el blader había llegado tan cargado de cosas. Protestó y se lo sacó de encima antes de invitarle a tomar como mínimo a un buen cacaolat, calentito, con un par de bollos y un bocadillo. Puede que mezclar salado con dulce fuera chocante para algunos, pero era muy habitual en Aizawa. ¿Quizá por eso luego sufría dolores de estómago?
- Buah, menudo viajecito. Ha sido bastante aburrido. – Se quejaba Aizawa. - ¡Ni siquiera me querían dejar pasar! Dichosos controles de seguridad...
- Con ese careto de trastornado que tienes, no me extraña. Es difícil fiarse de alguien que tiene una cara como la tuya.
- Mi cara es preciosa, es sólo que no todo el mundo sabe apreciarla.
- Qué arrogante ha sonado eso, ha, ha, ha.
- En fin, vayamos al grano. – Dijo, cortando el buen rollo. – Si me has pedido ayuda es por algo importante, ¿no?
- Sí. Imagino que por eso habrás traído todos tus trastos.
- ¡No son trastos! Son distintos portátiles, y dispositivos electrónicos con un software que yo mismo he hecho, ¡No veas lo eficaz que es! Ideal para hackear cualquier tipo de sistema... ¡Ah! ¡Eso es muy emocionante!
- Un día de estos me vas a meter en una buena...
- ¡Ja, ja, ja, ja! Con lo guapo que eres seguro que sales ileso.
- Hm, ¿debería tomármelo como un elogio? – Se cruzó de brazos. Aizawa le dio un mordisco al bollo que más cerca tenía.
Se quedaron unos minutos callados. Aizawa se centraba en la comida y en el batido. Parecía que había pasado cierto tiempo desde la última vez que comió, lo cual causaba la curiosidad de Lui. Y es que desde luego su interlocutor engañaba a simple vista, aunque claro, tampoco parecía tan inofensivo si hasta los guardias de seguridad del aeropuerto de Japón quisieron denegarle el vuelo quizá por su apariencia. No era nada descabellado el pensar que alguien como este chico podría ser un psicópata en potencia. Desde luego Lui continuaba sin entender cómo es que Aizawa conseguía solucionar sus problemas con tanta facilidad, o salir de los mismos sin ni siquiera tener que hacer algo porque dejaba que otros lidiaran con el marrón con tres pares de cojones.
Era un sinvergüenza rematado con el que había que andarse con ojo. La mayoría de sus acciones siempre traían consecuencias, pero no para él sino para los demás. Daba la sensación de que el propio Aizawa ni siquiera era consciente de la suerte tan buena que tenía. Es como si el universo estuviera constantemente de su parte.
Rápidamente Lui le puso en situación pasados diez minutos en los que Aizawa devoró los bollos, con el cacaolat parecía ir más despacio. Aizawa, aunque no le miraba todo el rato, le escuchaba atentamente y eso era suficiente para el Dragón Blanco de Japón. Ese era otro mal hábito del pelinegro que se sentaba delante de su persona... parecía que no te prestaba atención, pero, oh amigo, qué equivocado estabas. Mientras tú hablabas, la mente del chaval trabajaba a velocidades de vértigo de modo que habitualmente acababa adelantándose a tus conclusiones, o cualquier cosa que hicieras, dijeras o pensaras. Lui se sentía algo extraño hablando él solo, casi ignorado porque Aizawa observaba por encima de su cabeza como si pudiera ver algo invisible.
- Hm, ya veo. – Respondió al fin cuando Lui concluyó con su explicación. – Resumiendo: una tía petarda, más falsa que Matusalén, le ha mentido a su hermano, el cual no sabe ni en qué mundo vive, y tú quieres conseguir esa información que ella posee pero que no te quiere dar y que no sabes dónde encontrar.
- Eh... sí, básicamente.
- Por eso me has llamado.
- Exacto. Tú eres el que sabe sobre todo esto. Eres adoptado, ¿no? Imagino que podrás... no sé, decirme qué puedo hacer.
- Pues poder no puedes hacer nada. – Soltó de manera contundente, sorprendiéndole. – Vamos, no es difícil entenderlo mi querido dragoncito. Somos dos menores de edad, y los orfanatos no conceden ese tipo de información a chavales como nosotros. Si ni siquiera se lo facilitan a los adultos...
- Entonces... ¿Qué opciones tenemos?
- Teniendo en cuenta nuestra situación... - Se puso pensativo hasta esbozar una sonrisilla que puso los pelos de punta a Lui, quien vio que Aizawa cogía una bolsa. – Es hora de hacer... ¡Maaaaaagia! – Dijo, sosteniendo la bolsa con una mano y con la otra pasándola por delante de él.
- Vamos que vas a hacer tus hackeos de siempre.
- ¡Ha, ha, ha! Amigo mío, el mundo del hacker es muy complicado. Te puede pasar cualquier cosa.
- Hm, no suena muy seguro...
- ¡Claro, porque no lo es! ¡¿No es emocionante?! – Abrió los ojos, haciendo una sonrisa de lo más tétrica. Lui arqueó una ceja, no muy convencido de que esa mente estuviera teniendo un juicio coherente en estos momentos, pero... ¿cuándo los tenía?
- No sé yo...
- Me has traído a un sitio perfecto. Esta cafetería tiene Wi-Fi gratuito, lo he visto apuntado ahí. – Señaló un punto detrás de él. – Sólo tengo que conectarme, ¡Y voilà!
- Eh espera. – Puso la mano sobre el portátil, antes de que el otro pudiera abrirlo. – Acabas de llegar, relájate al menos ahora.
- Estoy demasiado aburrido. Deberías haberme pagado un viaje de lujo.
- ¡He hecho lo que me ha parecido mejor! – Protestó, mientras la vena de su sien se inflaba.
- No te preocupes, mi querido dragoncito. Esto será coser y cantar. Es más complicado detectar un dispositivo conectado a un Wi-Fi gratuito, créeme... - Señaló al resto de clientes con móviles y tablets.
Lui suspiró y no tuvo más remedio que dejarle hacer. No valía la pena tratar de convencerle de lo contrario si le había llamado precisamente para que hiciera algo así. Con Aizawa las cosas no salían nunca como uno las tenía previstas en la mente. Este chico era un verdadero experto en romper los esquemas del resto, importándole tres pimientos. Shirosagi se mantuvo tranquilo, pidiéndose además un café. Manteniéndose en silencio, vigilaba su alrededor esperando que nadie se diera cuenta de lo que estaba haciendo Aizawa, quien tenía los ojos fijos en la pantalla haciendo vete a saber qué.
- ¿Cuándo empezaste a... hacer eso? – Preguntó Lui de repente.
- Desde los ocho años. – Respondía, todavía atento al ordenador. – Ya sabes cómo van las cosas... primero ves algo que no conoces, así que te entra la curiosidad y cuanto más sabes, más quieres aprender de ello. Es un bucle. – Explicó.
- ¿Y nunca te ha pasado nada?
- Por poco no hacía que mis padres terminaran en la cárcel. La policía sospechó de ellos en vez de mí porque era un crío, y encima con el portátil que tenía entonces...
- Vamos que se armó una buena.
- Ya te digo, ¡Ji, ji, ji! No veas lo divertido que fue...
- No me lo puedo creer... ¿no te asustaste ni nada?
- ¡Qué va! – Miró a Lui. - ¿No te había dicho que mis espíritus guardianes llevan cuidando de mí desde que nací? Mi madre dice que soy muy especial.
- Claro, especialmente trastornado. Si yo fuera tú iría a un psiquiatra o algo.
- Ya he ido y han terminado más locos que yo.
Lui se quedó sin argumentos, prácticamente. Aizawa se rio, explicando que eran sus espíritus los que condujeron a la locura a los especialistas. Eso hizo sonreír de manera nerviosa al Dragón Blanco de Japón, quien veía que definitivamente Aizawa de inofensivo no tenía nada. Empezó a pensar que tal vez había sido un error recurrir a él, pues su instinto le decía que acabaría metido en algún lío. Era increíble que los padres del chaval le hubieran perdonado, o algo... vete tú a saber. Aunque quizá lo más increíble de todo es que Aizawa no mostraba ningún tipo de arrepentimiento, o siquiera empatía por lo mal que lo pasaron sus padres. De hecho, daba toda la impresión de que, si pudiera volver a ese momento de su infancia, Aizawa volvería a hacerlo. Eran amigos de la infancia, así que le conocía muy bien.
- ¿Aizawa? – Le llamó, sin recibir respuesta. - ¿Puedo saber qué te dio por meterte en el beyblade?
- En realidad, el beyblade no me interesa mucho, pero mola ser blader. – Sonrió de nuevo de aquella forma traviesa. Sólo por eso, Lui ya vino a venir alguna experiencia problemática por parte de Aizawa. – No siempre se puede hackear porque no siempre se tiene un motivo para ello, así que busqué otra manera para fastidiar a la gente, de modo que el beyblade fue una oportunidad de oro.
- «Fastidiar a la gente» ... - Repitió. - ¿Tanto te gusta?
- Oh, es lo más divertido del mundo. – Se rio. Tecleaba algo en el portátil. – He oído que Valt Aoi estaba en España, por eso te dije de pagarme el viaje.
- Pues estás mal informado. Ese imbécil está en Japón.
Hubo silencio sepulcral. Aizawa se quedó quieto, y Lui esperó a una respuesta. Vio que el pelinegro le miraba y por un momento el dueño de los ojos amatistas pudo ver el enojo que se convirtió en diversión en cuestión de segundos. Esos cambios en el estado de ánimo en Aizawa realmente le incomodaba. Sus reacciones eran tan impredecibles como las de Free de la Hoya, sólo que con más maldad. Esa cabeza trastornada siempre hacía las cosas sabiendo que eran malas, y aun así continuaba adelante sin importar qué.
- Pues es una pena... porque se ha metido en la boca del lobo.
- Ya lo sé, pero allá él. Ya tiene catorce años, sabe lo que hace. – Se cruzó de brazos. Entonces Aizawa hizo como que olía su alrededor. - ¿Qué pasa? – Arqueó la ceja, por segunda vez.
- ¿No lo hueles?
- ¿Eh? ¿El qué?
- Los celos. Huele a celos.
- ¡¡PERO SERÁS...!! – Se levantó, dando un golpe seco en la mesa y haciendo ruido. Su cara se puso roja.
Aizawa se desternilló, cabreando todavía más a Lui. Los clientes del establecimiento miraron a los chavales, intentando saber qué era lo que ocurría. Después de ese pequeño contratiempo, Aizawa siguió con lo suyo y Lui no volvió a abrir la boca. No podía creer que alguien como el pelinegro hubiera sabido ver a través de él. Empezaba a arrepentirse seriamente de haber recurrido a su persona. Lo que tenía que hacer a veces por el bienestar de Free de la Hoya... luego ese rubio desgraciado nunca apreciaba todos sus esfuerzos, porque le restaba importancia como si fuera algo meramente mundano. Aizawa frotó sus manos, se le veía concentrado, pero pasándolo bien. Esa enferma sonrisa ponía nervioso a Lui. Todavía le sorprendía que no hubiera ocurrido nada y mira que llevaban rato aquí. ¿Puede que el Wi-Fi gratuito tuviera algo que ver? ¿O quizá era parte de los secretos de Aizawa?
Chapter 26: ¡Robo en la noche! ¡El plan de Aizawa! Parte I
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- ¡Bingo! – Celebró entonces Aizawa. - ¡Aquí está!
- ¿Qué? ¿Has encontrado algo?
- Juzga por ti mismo, mi querido dragoncito.
Aizawa giró el portátil, permitiéndole ver a Lui la imagen de un orfanato con una serie de datos a un lado y otra serie de datos al otro. Era bastante complicado de entender, porque eran demasiados números. Miró a su interlocutor, buscando alguna respuesta.
- ¡Es el orfanato! – Exclamó. – Esto que ves en la parte izquierda son códigos de encriptación que nos ayudarán a acceder al sistema operativo que tengan, son muchos, por eso hay más en la otra parte de la pantalla.
- ¿Y eso significa...?
- Que podremos acceder a toda la información que posean, ¡Y ni siquiera podrán detectarnos!
- ¿Va en serio?
- ¡Muy en serio! Pero por el momento es mejor que nos vayamos. – Señaló detrás de él.
Lui vio a un par de tipos, sin comprender mucho qué era lo que se le había pasado por la cabeza a Aizawa, pero éste le cogió de la mano para salir corriendo. El dueño del establecimiento les gritó porque se habían ido sin pagar. Esos dos hombres al parecer comenzaron a seguirles, así que a ambos muchachos les tocó correr con ganas. Lui tuvo que ayudar a Aizawa con su equipaje, lo cual complicaba bastante el hecho de huir. No sabía quiénes eran esos sujetos, pero imaginaba que por culpa del pelinegro se habían metido en un buen lío. Pero ir así por el aeropuerto llamó la atención de más personas y, como no podía ser menos, vieron que los fans de Lui se añadían a la «persecución». Eso los fastidió a los dos, ya que poca distancia podían poner ante esos hombres que iban tras ellos.
- ¡Ay! – Aizawa se tropezó, cayendo al suelo.
- ¡Jin! – Lui se acercó a él, pero el aludido puso la mano por detrás. Era una indicación que le dijo a Lui de no aproximarse más a su persona.
Rápidamente un aura oscura rodeó por completo a Aizawa, cuyos ojos ámbar empezaron a brillar en un tono azul celeste. Esa energía pareció ejercer presión a su alrededor, ya que el suelo se agrietaba cada vez más, obligando a Lui a retroceder tres pasos sin apartar la vista del chico que se puso en pie para girar sobre su cuerpo casi como si estuviera haciendo movimientos marciales propios del Tai Chi, dirigiendo su energía contra esos hombres sin importar las personas que estuvieran de por medio. Lui no supo cómo lo hacía, pero contempló cómo aquellos tipos eran empujados con tal fuerza que, junto a otra gente, terminaron casi a la otra punta del recinto. Volviendo a la normalidad, Aizawa cogió de nuevo sus cosas y con Lui, salió del aeropuerto.
El Dragón Blanco de Japón le estuvo mirando casi todo el rato, sin entender qué era lo que había sucedido. Se suponía que un blader sólo podía usar su energía durante los combates para nutrir al bey y al espíritu que había en su interior... pero por alguna razón su cabeza empezaba a crear ideas que de sentido parecían tener más bien poco. Pero sin darse cuenta, lo que Aizawa le había mostrado era parte de los secretos no revelados en el mundo del beyblade.
Lui llamó a un taxi, que los llevó hasta el hotel donde se alojaba el dueño de Lúinor. Era bastante carillo, pero Lui se lo podía permitir. No por algo era uno de los mejores bladers del mundo. Salir por televisión no era gratis, gracias a los derechos de imagen. Llegaron a la habitación, una buena suite espaciosa de cama doble. Aizawa alucinó en colores, y dejando sus cosas en el suelo, no tardó mucho en tirarse al lecho, hundiéndose ligeramente en él mientras hacía la croqueta.
- Es una nube... - Decía, sonriendo tan feliz. Lui se apoyó en la pared, con los brazos cruzados. No dijo nada. – Cómo se nota cuando estás con alguien a quien le sobra el dinero.
- Corta el rollo. – Contestó directamente. – Quiero que me cuentes qué es lo que has hecho antes, mientras corríamos. – Pidió.
Aizawa pareció ignorarle de manera intencionada. Actuaba como un animalucho que, pese a lucir solitario y emitía un sentimiento de abandono, lucía feliz por estar en un colchón tan cómodo y con las sábanas que olían a un agradable suavizante de esencia de lavanda. Permaneció callado, casi sin interés para hablar. Lui se dio cuenta, gracias a su experiencia en comprender el lenguaje corporal de las personas... tal vez debería plantearse el agradecérselo a Free.
- No quería hacer eso, en realidad... - Decía mientras se iba sentando poco a poco. Empezaba a notársele somnoliento.
- Eso da igual. Ya lo has hecho, así que cuéntamelo.
- ¿Para qué? No tiene sentido... - Se encogió de hombros.
- Porque puede que lo necesite hacer en alguna ocasión. No sabes que ese tal Phi va detrás de nosotros, ¿verdad?
El silencio de Aizawa fue del todo revelador para Lui. La expresión del pelinegro le hizo entender que, al parecer, guardaba algún tipo de conexión con el blader que había puesto patas arriba Japón... y puede que más países. Aizawa suspiró, sin muchas ganas. Abrió la boca, en un intento por hablar, pero su visión se volvió borrosa y sin darse cuenta terminó quedándose dormido. Lui se acercó casi corriendo antes de que el otro pudiera caerse de la cama. Sosteniéndolo en brazos, momentáneamente tuvo una sensación extraña. Con ese rostro sumido en el sueño, Lui vio que Aizawa lucía especialmente serio y... triste. Era una expresión similar que le había visto poner a Free cuando dormía.
Suspirando, dejó al muchacho tumbado en la cama en una postura adecuada que le resultara cómoda. Él se quedó sentado, apoyando la espalda en los cojines para intentar relajarse. Esperaba que Wakiya también pudiera encontrar algo de utilidad, pero Lui empezaba a dudarlo. Por alguna razón, todo lo relacionado con Free de la Hoya se mostraba como un secreto realmente oculto y muy bien protegido... tal vez demasiado. ¿Quizá debería presionar más a Christina? No. Aquello no era una buena idea y menos con el Dragón Dorado del BC Sol merodeando cerca. Lui ya había sido testigo de la sobreprotección de Free hacia Christina, ¿pero y si eso cambiaba? ¿Cómo reaccionaría Free una vez que se encontrara con la verdad que al parecer le habían estado ocultando?
Cuando abrió los ojos se percató que ya era de noche. Mirando a su izquierda, no vio a Aizawa hasta escuchar el sonido proveniente del baño, que vio al chico salir del mismo. Estuvieron unos instantes en observación mutua. Lui resopló, sin saber la hora que era, pero contempló en silencio que el pelinegro rebuscaba algo entre sus pertenencias. Se acercó a él después de levantarse de la cama, queriendo saber qué era lo que el otro iba a sacar.
- ¿Qué haces?
- Preparándome.
- ¿Para?
- Para irnos.
- Eh, vale... creo que no te estoy pillando.
- Es básico. – Dijo, mirando la pared que tenía delante. – Tengo todo lo necesario para encontrar el orfanato, colarnos, conseguir la información y pirarnos, ¡Facilísimo!
En cuanto escuchó eso, el cerebro de Lui necesitó un par de minutos para asimilar la información con tal de asegurarse de que no era una paranoia suya por estar todavía medio dormido. ¡Que esa es otra! ¡¿Cómo diablos había podido ceder al sueño?! Le parecía mentira... quizá era Aizawa y esa tranquilidad que desprendía, porque en ocasiones podía provocar reacciones como la suya. ¿De veras que podía hacer magia incluso fuera del ciberespacio?
- No sé si estoy dispuesto a meterme en un marrón como ese. – Respondió, cruzándose de brazos.
- Sabía que dirías eso, por eso... - Recolocó su gorra. – Voy a hacerlo igualmente, con o sin ti, pero... - Le miró de reojo, haciendo algo intimidante su mirada. – Si no cooperas conmigo, olvídate de que quiera compartir contigo esa información tan valiosa.
- ¿Desde cuándo es tan «valiosa» para ti? – A pesar del chantaje al que estaba siendo expuesto, Lui decidió mantener la calma. No iba a cabrearse con un tipo como Aizawa a sabiendas de que se la podría jugar.
- Cuando me explicaste en la cafetería que a tu amigo le habían mentido, fue suficiente para que me revelaras el importante hecho de que él desconoce esa realidad. – Respondió. – Y si se trata de Free de la Hoya, claramente es una información valiosísima. – Sonrió. – Piénsalo. – Dijo, mirándole de nuevo tras haber apartado la vista instantes antes. - ¿Cómo podría reaccionar el mejor blader del mundo? Ha, ha, ha, me apuesto lo que sea a que acabará destrozado.
La cara de Lui expresaba toda su tensión. Vale que lo tuvo en cuenta, pero Aizawa tenía razón... Free no conocía esa parte de su vida, porque su mente la había olvidado a través de ese bloqueo. Eso significaba que todo cambiaría para el rubio, absolutamente todo. Y Lui temía que lo que Aizawa decía pudiera hacerse realidad. Al Dragón Blanco de Japón le invadió una enorme preocupación, debido también a que sintió temor. Si bien Free había sido siempre un chico de lo más impredecible incluso cuando se enfadaba. Nadie sabía cuál era su respuesta en alguna situación en concreto. Y es que nadie conocía al verdadero Free, aquel que había estado esperando para despertar después de tanto tiempo... El verdadero Dragón Dorado del BC Sol, el auténtico Free de la Hoya, no el que todos conocían actualmente. El Free actual no era más que una vaga sombra de su auténtico ser.
Aizawa siguió rebuscando en una de sus mochilas, dándole tiempo a Lui a considerar mejor las opciones que tenía sobre la mesa. El pelinegro siguió a lo suyo, encontrando un par de clips para el pelo.
- Ahora no sé si es una buena idea seguir con esto...
- Oh amigo, es demasiado tarde para parar. – Dijo Aizawa, poniéndose de pie con una mochila colgando de su espalda. – Tú también eres consciente de que el mejor blader del mundo no puede seguir en una situación así. Claro que esto tendrá consecuencias, pero, seamos optimistas, nos ahorraremos muchos más problemas en el futuro con Free de la Hoya.
- No cantes victoria. No sabes cómo es.
- Menos problemático que yo en el sentido negativo seguro. – Se rio. – Vamos Lui, lo estás haciendo por él. Es amor, ¡No puede ser malo!
- Si no quieres que te lance por la ventana será mejor que nos pongamos en marcha. – Protestó, avergonzado. Aizawa se le quedó mirando, hasta reírse. - ¡¿QUÉ TE HACE TANTA GRACIA?!
- Perdón, es la cara que has puesto. Estás enamorado hasta las trancas eh...
- ¡¡CÁLLATE O TE DARÉ TAL PATADA EN EL CULO QUE SALDRÁS DISPARADO POR LA VENTANA!!
Aizawa se desternilló, antes de casi correr para abandonar la suite de Lui, quien resoplando le siguió, todavía con las mejillas encendidas como un semáforo en rojo. Cogieron un ascensor, y la gente que iba con ellos les observaba... o más bien tenían su atención puesta en Aizawa debido a que, aparte de usar una gorra, una capucha cubría su cabeza. La imagen que daba era desde luego extraña pero llamativa. Despertaba la desconfianza de cualquiera. Con el móvil en la mano, Aizawa estableció la ruta a seguir. Al parecer había hecho hasta una aplicación propia para orientarse en sitios que no conocía, con el fin de evitar Google Maps, que siempre te hacía recorrer el camino más largo con la alta probabilidad de perderte.
Era una idea inteligente, teniendo en cuenta que ninguno de los dos había visitado mucho Barcelona.
- ¿Qué es lo que haremos? – Preguntó Lui.
- Debemos encontrar el orfanato, y cuando lleguemos, nos aseguraremos de que no haya guardias de seguridad ni nada por el estilo.
- Dios, ni que esto fuera una peli...
- No, pero estaremos cometiendo un delito igualmente. Yo tengo catorce años, no tendré los mismos cargos que tú con tus dieciséis. Las leyes de España no tendrán piedad de nosotros ni siquiera por ser extranjeros.
- Oh, mierda. ¿Cómo he terminado así?
- Vamos, no nos pasará nada. – Curiosamente, Aizawa mostró una gentil sonrisa que desconcertó por completo a Lui. – He hecho esto miles de veces. Si sigues mis instrucciones al pie de la letra, no nos pasará nada. Sólo recuerda ser silencioso.
- ¿Cómo que has hecho esto «miles de veces»?
- Vivir en las calles te obliga a recurrir a extremos que una persona normal no haría, ¡Pero eh! ¡Yo sé que no soy normal! ¡Por eso me tienes aquí, ha, ha, ha! – Rodeó sus hombros. – Haremos... ¡Magia! ¡Eso es! ¡Le daremos un toque Jin a toda esta aventura!
Lui no estuvo muy convencido de hacer todo esto, y menos con ese «toque Jin». Lo único por lo que hacía esto era por Free, porque le importaba y porque se preocupaba por ese rubio desagradecido. Aizawa era el único capaz de recurrir a métodos tan poco legales como estos porque... a quién pretendía engañar, colarse en un orfanato era meterse en una propiedad privada sin permiso, lo cual ya era un delito, además de eso, iban a coger información confidencial, lo cual se sumaba a la lista de los delitos... eso sin olvidar el modo en el que fueran a entrar dentro del recinto. Mirase como lo mirase, para Lui todo esto era hacer las cosas mal. Como les pillaran...
Chapter 27: ¡Robo en la noche! ¡El plan de Aizawa! Parte II
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Seguía a Jin recorriendo las calles anchas de Barcelona. En más de una ocasión, el pelinegro estuvo a punto de cruzar con un semáforo en rojo, y gracias a Lui, su pie derecho se salvó en un par de ocasiones de ser aplastado por las ruedas de los coches que circulaban por las carreteras. No había mucha presencia de la policía, y es que al Dragón Blanco le ponía nervioso toda esta situación. Observando a Jin, se percató que para él era completamente natural porque ya estaba más que acostumbrado. Shirosagi pensó que eso de vivir en las calles siempre tenía sus consecuencias. Suerte que los dos estaban acostumbrados al frío, aparentemente. Aizawa iba poco abrigado, como ya era habitual en él. Utilizaba una sudadera negra, para ser menos visible frente a ojos curiosos.
Desde luego el chaval sabía lo que se debía de hacer, incluso con algo tan básico como la ropa.
- ¿Sabes al menos cómo se llama el orfanato?
- El nombre es lo de menos, lo que importa es que tengo memorizado el aspecto del edificio. – Contestó mientras caminaba, con el móvil en la mano y lo único que iluminaba su espantosa cara. Daba miedo verle debido a su vista cansada y las ojeras que tenía. Todo producto de su narcolepsia.
- Ah, eso no parece muy fiable.
- Créeme, es fiable. Mi software nunca se equivoca.
- ¿En serio?
- ¡Claro! ¿Por qué crees que estamos en esto ahora? – Decía haciendo gestos con los brazos. - Ah, ¡Cómo se nota que no has ido a robar en tu vida! ¡Das pena!
- ¡¿Perdóname?!
- Escucha, tú deja que el maestro se encargue, ¿vale? Y si eso, ya dejaré que me seas útil para algo.
Lui tuvo que contenerse para no pegarle un buen golpetazo, a ver si esa cabeza se arreglaba y empezaba a funcionar mejor. Pero era cierto lo que decía Jin. Iban a cometer un delito y su compañero era mucho más consciente que él de los riesgos existentes. Aizawa tenía tanta experiencia que ya se conocía como la palma de su mano los posibles cargos que pudiesen caerle, pues parecía haber estudiado bastante sobre el tema. A Lui no le sorprendía teniendo en cuenta que el chaval era un hacker de cuidado, a saber en qué sitios del ciberespacio se habría metido.
Continuaron avanzando por varias calles más, y el tráfico a veces era menor en según qué barrios. Poco a poco fueron dejando el centro de Barcelona y yendo por los rincones de la misma, pese a que el entorno seguía siendo elegante a la vista. Gente con dinero todavía pululaba por aquí. Lui miraba de un lado a otro, intentando encontrar algo parecido al edificio que Aizawa le enseñó antes en su celular. Pero al final no le hizo falta porque Jin acabó localizándolo por su cuenta. A su lado, los dos vieron que el recinto se encontraba protegido por las típicas rejas que impedían el paso.
- ¿Qué hacemos? – Preguntó Lui. – Era obvio que estaría cerrado.
- Es tan sencillo como abrir la puerta. – Dijo sacando los clips para el pelo que se había traído.
- Espera, eso es forzarla.
- Esto amigo mío se llama «hacer la cosa». – Sonrió. – Es cuestión de tener paciencia, la puerta terminará abriéndose.
- ¿Seguro?
- Oh sí. He hecho esto montones de veces, ¡Y con puertas peores!
Lui volvió a mirar de un lado a otro, inquieto. Y aunque él no se diera cuenta, Jin permanecía muy atento a su entorno. Miraba fijamente la cerradura mientras se las apañaba con los clips para aplicarle maña al asunto y lograr que la puerta cediera. Al cabo de diez minutos, lo consiguió.
- ¡Voilà! – Exclamó sin alzar mucho la voz. – Ya tenemos vía libre.
- Y ya podemos apuntar el primer delito de la noche a la lista.
- Nyeeeh... no le prestes atención a esas pequeñeces. Estamos haciendo algo importante para Free de la Hoya, ¡Centrémonos en eso! Oh bueno, ¡Céntrate TÚ en eso!
- Cht... mira que te gusta fastidiarme.
- ¿Qué acaso se me había olvidado decirte lo mucho que me encanta?
Lui rodó los ojos, resoplando. Aizawa se rio, entrando el primero. Fue pasito a pasito, viendo que no había una sola alma. Al parecer el edificio entero estaba vacío, lo cual les iba a facilitar mucho las cosas. Vieron la puerta de entrada, y antes de siquiera acercarse, Aizawa optó por la prudencia. Detrás de unos matorrales plantados a cierta distancia, reconoció unas cámaras de seguridad activas.
- Eh, psss...
- ¿Qué?
- Tenemos que encontrar el modo de entrar de manera indirecta.
- ¿Cómo que «de manera indirecta»?
- ¡Es hora de hacer «la cosa»! – Exclamó. – Venga, sígueme.
- Está claro que hoy no vamos a cenar siquiera.
- ¡Venga, ven!
Aizawa cogió a Lui del brazo para arrastrarle con él. Fueron lo suficientemente rápidos para evitar que las cámaras pudieran llegar a grabarles. Se habían salvado, por los pelos. Lui no tenía ni idea de cómo iban a entrar ahora. Aizawa le pidió que le esperara, escondido entre más matorrales. Por su cuenta, el pelinegro se movió ágilmente aprovechando que las cámaras de seguridad tenían un limitado campo en el que grabar. Con todo el sigilo del mundo, siendo una de sus especialidades, Aizawa estuvo comprobando cada detalle del recinto que sus ojos eran capaces de detectar. Entonces le dio por mirar hacia abajo, encontrando unas rejas, probablemente de un desván.
Frotó sus manos, y utilizando la fuerza que poseía... o la poquita que poseía, intentó abrirla como si eso pudiera ser posible. Claramente falló. Se sentó en el suelo, cruzándose de brazos mientras su mente maquinaba la manera de entrar. El hueco tenía el tamaño justo para que incluso pudiera entrar Shirosagi, ya que él con lo delgaducho y pequeño que era, podría de sobras. Era incluso más bajito que Lui así que eso ya era decir mucho. Con el dedo índice, repasó bien la forma de las rendijas.
- Ahá... - Sonrió de manera maquiavélica. - ¡Con razón! ¡Son tornillos pequeños! – A cualquiera se le podría pasar por alto. Una figura negra, con sólo un par de ojos completamente blancos apareció a su lado. – Hey, avisa a Lui mientras yo hago... «la cosa». – Dijo sacando un destornillador pequeño.
Desde luego Aizawa era un manitas, pues siempre tenía de todo. La experiencia que tenía por haber vivido en las calles era palpable, difícilmente alguna ventana, puerta, o rendija de ventilación se le resistía por mucho tiempo. Mientras el espíritu buscaba a Lui para que se reuniera con el chico, éste se dedicaba a hacer posible una pequeña entrada. Nada más quitar ese molesto trozo de hierro, encontró con que era algo que la gente que trabajaba o venía a este orfanato había puesto para tapar el agujero, ¡No era nada de ninguna ventilación! Saltaba a los ojos la falta de recursos en este sitio.
- Veo que te las has apañado bien eh. – Llegaba Lui.
- Nada puede conmigo. – Sonrió. – Venga, hora de entrar.
- Oye, esa «cosa» que ha venido a buscarme...
- No es ninguna «cosa», ¡Es un buen espíritu acompañante! Venga, mueve el culo.
Lui siguió desconcertado, pero, ya que estaba metido en este marrón, hizo caso a Jin y entró con él en aquel desván tan polvoriento. Era básicamente una habitación convertida en un trastero de muebles viejos, algunos con ciertos daños que seguramente alguien habría pensado en reparar pero que no habría hecho. Lo malo es que estaban a oscuras. Lui no veía un pijo. Sólo sintió la mano de Jin sostener la suya para tirar de ella.
- ¡Oye!
- Shhh. – Hizo. – Es por aquí.
- ¿Cómo lo sabes? Estamos completamente a oscuras.
- Es un se-cre-to. – Sonrió. Lui resopló. – Utiliza tu energía, pero ten cuidado, que no te vean.
Justo en ese momento llegaron a la puerta. Como no, estaba cerrada. Lui, que había hecho caso a la sugerencia de Jin, al utilizar su energía se dio cuenta de que realmente servía para tener luz. Fue de ayuda para Aizawa, quien se las arregló para desbloquear la puerta con facilidad.
- ¿Sabes? Cada vez se te da mejor eso de abrir las puertas...
- La práctica hace al maestro.
- Bien, ¿Ahora por dónde hay que ir?
- Según los planos...
- ¡¿Te has podido descargar hasta los planos?!
- Tomar a broma mi software es algo que nadie debería hacer... - Dijo mirando el móvil. – Me fue relativamente fácil obtener los datos... Ya te lo contaré, ahora es mejor ir al despacho directamente y ver qué encontramos allí.
- Me sorprende que no haya cámaras de seguridad por aquí.
- Claro que las hay... pero no en esta zona. – Contestó. – Al parecer, decidieron no poder seguridad aquí porque estamos fuera de este desván asqueroso... ahí no hay nada de valor.
- ¿Y qué hacemos? Si nos pillan, la habremos hecho buena.
- Dame un momento.
Se sentó en el suelo, sacando un ordenador al mismo tiempo que parecía sacar un disco duro externo, comúnmente conocido como «pendrive» el cual conectó a su dispositivo, al parecer, para tener alguna conexión a Internet de manera individual. Desde luego era muy sofisticado. Lui se cruzaba de brazos, contemplándole. Había demasiadas cosas en esa pantalla y Aizawa iba demasiado rápido como para darle tiempo a entender qué es lo que estaba haciendo. Sólo veía dígitos y más dígitos, y Aizawa a veces ponía otros más junto a una serie de códigos. Le sorprendía ver a qué velocidad iba. Es como si lo hubiera tenido todo previsto...
El silencio dentro del edificio podía ser hasta aterrador. Vale que era un orfanato, por eso Lui imaginaba que habría gente durmiendo. ¿Quizá por eso Jin prefería ser silencioso? Sin embargo, lo que más le ponía nervioso era aquella figura negra al lado de Jin. No es como si Lui pudiera comprender por qué era capaz de verla y sentir su presencia, pero era escalofriante. Jin se puso de pie y empezó a caminar, siendo guiado además por el espíritu que le evitaba tropezarse o chocarse contra algo.
- ¡Voilà! – Exclamó en voz baja de repente. – Ya tenemos vía libre.
- ¿Las... cámaras...? – Lui se percató de que ya no se movían.
- He podido desbloquearlas conectándome al software de seguridad que tienen instalado. Estarán así un buen rato así que tenemos tiempo de margen si actuamos lo bastante rápido. – Dijo, guardando el dispositivo que tenía a mano. – No me gusta usar mi propio Wi-Fi porque entonces es más fácil que me detecten, pero en fin, vale la pena correr el riesgo.
- Mejor pongámonos manos a la obra cuanto antes, quiero largarme de aquí.
- Tienes razón, ¡Venga, va!
Jin era el único que ahora sabía bien a dónde había que ir. El orfanato era grande, casi como un maldito laberinto. El edificio parecía ser antiguo y se notaba que había sido restaurado varias veces, y aunque ese era el menor de los problemas de ambos chicos, en realidad influía bastante porque si no tenían cuidado, se perderían en un abrir y cerrar de ojos. Lui miraba a Jin de vez en cuando, sin saber cómo era capaz de ver con esta oscuridad, ¿Sería cosa de su espíritu acompañante?
Subiendo escaleras y girando esquinas terminaron llegando a la planta principal del edificio. El desván estaba como un sótano enorme. Lui respiró más tranquilo, antes de seguir junto a Aizawa. No les hizo falta intentar buscar en las plantas superiores del edificio, cerca de ellos vieron la recepción y justo detrás se encontraba el despacho. Jin miró a Lui, con una sonrisilla señalando la puerta que el pelinegro logró abrir con sus clips para el pelo en cuestión de pocos minutos. El despacho era bastante grande, pero más modesto en comparación con lo que habían visto hasta el momento. Había un ordenador sobre un escritorio, totalmente apagado.
- Vigilad que no venga nadie. – Les pidió a sus compañeros. Lui se sintió como un estúpido al intercambiar miradas con un espíritu, antes de encogerse de hombros y quedarse cerca de la entrada, dejando la puerta cerrada.
- ¿Qué vas a hacer exactamente? – Le preguntó, aprovechando que el despacho era ligeramente pequeño.
- Tengo que acceder al sistema de este dispositivo, colarme con mi software, darle mi «toque Jin», enviar los datos y toda la información a mi pendrive y una vez hecho eso, nos podremos pirar de aquí.
- Oh bien, suena genial pero, ¿Cuánto tiempo va a llevar eso?
- Hmmm... aproximadamente una hora.
- ¡¿UNA H...?!
- Shhhhh, shhhh.
- ¡¿Una hora?! – Preguntó en voz susurrante. - ¡¿Quieres decirme que vamos a estar aquí una puta hora?!
- ¡Valdrá la pena! – Contestó. – Además, estas cosas llevan su tiempo. ¿Por qué crees que he venido tan preparado? ¿Acaso prefieres que nos llevemos este portátil directamente sabiendo que nos pueden pillar porque tendrá un chip localizador dentro?
- Oh mierda.
- Eso ya me gusta más. Tú sé paciente, déjame hacer el trabajo sucio a mí.
Lui resopló. Jin tenía razón. Habitualmente los orfanatos no ayudaban a chicos como ellos, por ser meros adolescentes, para tratar casos como el de Free. Lo peor es que Christina podría haberles facilitado las cosas, pero todos esos miedos y... lo que sea que ella tuviera en mente, lo habían complicado todo. Por eso se encontraban en una situación así. Bueno, Jin no tenía nada que ver hasta que Lui le involucró en todo este asunto. Todavía gracias que el pelinegro había accedido tan fácilmente, y es que parecía que amaba el mundo del ciberespacio para hacer sus diabluras.
El rato de espera fue desesperante para Lui, quien miraba a Aizawa con la esperanza de que terminara lo más rápido posible, pero el chico estaba realmente serio, casi parecía tener dificultades. Bueno, ¿Y qué hacker no las tenía?
- ¿Cómo vas? – Se acercó al chico.
- Mi software se está introduciendo en el sistema operativo. El antivirus lo ha detectado y está tratando de impedirle la entrada, pero, ¿ves esto? – Señaló algunas cosas de la pantalla. – Significa que el antivirus no posee la fuerza necesaria para vencer mi intrusión.
- Eso suena... eficiente pero agresivo.
- Es agresivo. – Confirmó. – Puedo destrozar el sistema de este portátil en un santiamén y entonces la habremos hecho buena.
- ¿Te refieres a que podrías echar a perder todo nuestro esfuerzo de haber venido hasta aquí con lo que nos ha costado?
- Y no sólo eso, ¿recuerdas las cámaras de seguridad? Todo el software está interconectado de modo que podrían reconectarse y establecer su función nuevamente, entonces SÍ que tendríamos problemas para largarnos.
- ¡Joder Jin! ¡Siempre lo complicas todo!
- ¡Oye que has sido tú el que me ha llamado!
- Haz lo que haga falta, ¡Pero no metas la pata!
- ¡Eso está hecho, colega! – Dijo, crujiendo sus nudillos. – Sólo tengo que darle «el toque Jin».
Lui rodó los ojos y dejó al chico continuar. Había pasado cerca de media hora, pero para el Dragón Blanco seguía siendo más que una maldita eternidad. Por eso no se metía en estas cosas tan chungas, prefería arreglar asuntos como estos de una manera más sencilla... y legal. Pero si hubiese tenido otras opciones, no se habría visto obligado a recurrir a Jin Aizawa. Christina no iba a cooperar intentara lo que intentara. Free no podía hacer nada, y nadie en el BC Sol estaba al tanto de esta situación con respecto al rubio... ¿O puede que sí? Lui pensó en Valt Aoi, el chico que quería quitarle a la única persona con la que había establecido un vínculo tan íntimo. ¿Y si él sabía algo? Pasar tanto tiempo al lado de Free, como para ser su compañero de habitación, habría tenido que serle de alguna utilidad.
- ¡Ahá! ¡Ya estamos dentro! – Celebró Jin, haciendo reaccionar a Lui.
- Bien. Buen trabajo, ¿Ahora qué?
- Ahora tengo que encontrar los archivos correspondientes. Si Free es adoptado y estuvo en este orfanato, encontraremos TODA su información aquí. Una vez la hayamos localizado, sólo quedará pasarla a mi pendrive.
- No quiero esperarme otra hora, Jin.
- Eso ya no depende de mí, lo juro. – Sonrió con torpeza. – Depende de la cantidad de archivos que hayan.
- Más te vale, porque estoy empezando a perder la paciencia.
- Pues como eso ocurra nos vas a meter a los tres en un buen lío.
- ¡Sólo a nosotros dos! ¡Tu espíritu no cuenta!
- ¡No alces la voz, idiota! ¡¿Quieres que nos pillen?! Venga, déjame hacer mi trabajo.
Lui puso las manos en jarra, callándose. Vio en silencio que Aizawa continuó con lo suyo, buscando tan rápidamente en un sinfín de carpetas y documentos del portátil que el pobre acababa mareado. Contemplando a Jin, se cuestionó a sí mismo cómo era posible que este chico pudiera ser tan terriblemente inteligente. Desde luego era un blader al que no debía tener por enemigo ahora que veía de lo que era capaz. En el pasado, Jin le habló muchas veces de su odisea por el mundo del ciberespacio, de cómo hackeaba y se lo pasaba bien incluyendo el riesgo de que le pillaran y pudiera meterse en un buen lío. En cierto modo, Lui siempre le restó importancia creyendo que eran meras habladurías. Pero ahora había comprobado que no. Era real. Jin nunca bromeó con este tipo de cosas.
- ¿Qué son todas esas carpetas? – Lui se había sorprendido al ver tal cantidad de archivos.
- Es la información de todos los niños que han estado o dejado de estar en este orfanato. Todo se conserva, por si acaso llegara a necesitarse algún día, ya sabes, burocracia.
- Ya veo... entonces, ¿Crees que Free podría estar fichado aquí?
- Según lo que estamos viendo... los parásitos que terminan en este orfanato son registrados por orden alfabético, eso nos facilitará encontrar al amor de tu vida y llevarle SU VIDA ante sus ojos.
- Da las gracias que estamos en una situación así, porque si no...
- F... F... F... - Le ignoró completamente. Lui suspiró. - ¿Se apellidaba «De la Hoya», no? – Preguntó.
- Sí, ¿por qué?
Con cara de circunstancia, Jin señaló una carpeta justo con ese apellido. Lui tragó saliva. Acababan de encontrar la joya de las joyas. Rápidamente Aizawa comenzó a descargar todos y cada uno de los archivos contenidos en el interior de aquella carpeta, para revisarlo más tarde y con más calma en su pendrive. Había un reloj de pared que Lui localizó, y que marcaba las doce y media. Jin había sido muy preciso al impedir que las cámaras de seguridad pudieran reactivarse, porque de lo contrario se habrían metido en un buen lío.
- ¡Esto ya está! – Dijo al cabo de prolongados minutos de espera. Parecía haber hasta ayudado a dejar el sistema operativo como antes, con el fin de no levantar sospechas.
- Menos mal... - Para Lui fue un alivio. – Ya podremos irnos más tranquilo.
- En realidad no.
- ¿Eh? ¿Qué quieres decir?
- Me he ocupado de restablecer el software de seguridad, para impedir que alguien se dé cuenta tan fácilmente de que alguien, en este caso nosotros, ha estado por aquí de modo queeeeeee... - Señaló la salida. – Tenemos... ¿cinco minutos para largarnos?
- ¡¿QUEEEEEEEE?! – Gritó sin pensar. - ¡¡Ya te estás dando prisa, joder!!
- ¡Justo eso iba a decir! ¡Ah, me encanta que me leas la mente!
- ¡Cállate y corre, gilipollas!
Chapter 28: Segundo Intermedio
Chapter Text
Habían pasado un pequeño tiempo desde que llegó a Japón. Muchas cosas le habían pasado hasta el día de hoy. Contemplando el cielo nocturno, Valt recordaba las nuevas anécdotas que ahora formaban parte de sus memorias. ¿Cuántos bladers nuevos no había conocido? Ya se había topado con muchos de los seguidores de Phi, a los cuales venció con alguna que otra dificultad. No volvió a ver a Vani ni a Nigs, y esperaba no volver a hacerlo después de haberles vencido, pero su intuición le decía que tendría que lidiar con esos dos de ahora en adelante. Pese a la forma en la que había conocido a Vani, Valt no tenía una mala impresión de ella. Aquella chica tan siniestra le había dejado marchar cuando pudo haberle traicionado o meterle en algún apuro... pero al parecer era una muchacha con un sentido de la justicia notable.
Sus hermanos de vez en cuando iban a ver a sus amigos en el hospital. Shu siempre agradecía una visita para alegrar un poco sus amargos días entre cuatro paredes blancas. Afortunadamente, hasta el equipo de Daigo había acudido a Japón para echarles una mano contra los bladers que apoyaban a Phi, pero de este último no se había sabido nada por el momento y eso inquietaba a Valt. Desde hacía varias noches, había tenido sueños extraños relacionados con Free... como si algo malo fuera a ocurrir. Pero no podía volver a España, ni aunque tuviera la oportunidad para ello. Japón le necesitaba, ¡Sus amigos, su familia!
- ¿Estás preocupado? – Se acercó un conocido. Era Clio Delon, el amigo de la infancia de Kuza.
Habían tenido que quedarse en casa de Daigo ya que hacía poco que habían tenido problemas con unos bladers, demasiados como para que Valt pudiera enfrentarse a todos y a cada uno de ellos. Su condición mental le empezaba a pasar factura. Sus amigos estaban en un buen lío gracias a él, y había involucrado a los compañeros de Kurogami. Curiosamente pudieron salir ilesos de aquel encuentro gracias a la aparición de un grupo de personas, supuestamente aliadas de Vani. Valt no dejaba de pensar en ella, además de la situación actual.
- Supongo que soy demasiado transparente, he, he. – Se llevó la mano detrás de la cabeza. Clio tomó asiento a su lado, los dos frente a la ventana para observar la lluvia.
- Bueno mi fiel amigo, lo llevas escrito en tu maduro rostro.
- ¿Maduro? – Se rio. – No creo que sea lo suficientemente maduro, sigo haciendo las mismas tonterías.
- Las cosas han mejorado bastante desde tu llegada a Japón, ¡Eso es un acto de madurez el querer ayudar a tus camaradas!
- Ya... ¿Y qué hay de vosotros? Los de Francia no tenéis nada que ver en esto.
- Desde el momento en el que apareciste, tanto Daigo como yo estuvimos de acuerdo en cooperar a tu lado. Daigo se angustió por ti, y quiso estar ahí para cuando pisaras tierra firme, ya sabes, ¡Cubriendo tus espaldas!
- Claro, claro...
- Yo imaginé que mi estimado Kuza vendría como tu leal compañero de batallas de beyblade, así que no podía quedarme de brazos cruzados.
- Hm... ahora que lo pienso... a ti Kuza te importa mucho, ¿verdad?
- ¡Oh querido Valt! Me complace decirte que mi corazón se acelera cuando mis ojos le ven aparecer por cualquier rincón que se precie digno de su presencia.
- Uh... - Esa manera de hablar siempre le descolocaba un poco. Podía entender por qué a veces este tipo le crispaba los nervios a Kuza.
- Pero es tan huidizo como un gatito asustadizo, supongo que todavía me guarda rencor por ese truco de magia que le hice cuando éramos niños... - Se desanimó al recordar aquello, ya que desde entonces no había vuelto a ver a Kuza hasta el Mundial.
Valt contempló el rostro de Clio, viendo que realmente parecía entristecido por aquello. En cierto modo, ese conflicto del pasado había quedado resuelto entre Kuza y Clio, pero por alguna razón parecía que Kuza continuaba mostrándose esquivo con el muchacho, quien aparentemente era un descendiente oficial de Tempest Drácula. Valt se quedó pensativo, recordando todos los momentos compartidos con Kuza sólo para darse cuenta de que él nunca le había hablado de Clio.
- Yo creo que, en el fondo, Kuza te aprecia mucho. – Dijo de repente. – Sólo tienes que insistir un poco. A veces las personas que son distantes sólo necesitan de tiempo para lograr confiar en alguien. – Sonrió, pues él de personas evasivas ya sabía un buen rato con cierto rubio español que pasó la mayor parte del tiempo alejándose de su persona de forma constante... o levantando muros emocionales que se notaban, a través de su frialdad. – Kuza no es frívolo ni mucho menos, así que... - Suspiró. – Es cuestión de paciencia.
- Hm... tu voz suena tan nostálgica como cuando llega un viento agradable que está de paso.
- Oh venga ya, corta el rollo con eso. – Protestó. – Ya sabes a lo que me refiero, Clio.
- Paciencia. – Cerró sus ojos. – Sí, tienes razón. Tendré que ser eso... paciente.
- Eh chicos. – Daigo se acercó casualmente. – He preparado un poco de té, ¿os apetece?
- ¡Oh, a mí sí!
- Me uniré a vosotros más tarde, tengo que contemplar esta bella lluvia.
- Vale, como quieras. Estaremos en la cocina.
Valt y Daigo dejaron solo a Clio. El primero se giró a ver al dueño del cabello blanco, mientras el segundo se encogía de hombros. El resto del equipo de Francia estaba en el salón, algunos más tranquilos que otros. La entrenadora... había ido a atender unos asuntos, nadie sabía cuáles. Así que, de nuevo, Valt y Daigo tuvieron su momento para disfrutar del silencio, compartiendo la mesa mientras bebían té y comían un aperitivo para acompañar. Daigo sabía que Valt necesitaba cosas simples como estas, para relajarse. Habían pasado por muchos apuros, y soportado situaciones tensas que sólo los estresaron. Debían tomarse un respiro o de lo contrario colapsarían. Parecía como si la propia lluvia quisiera ayudarles en esa pequeña tarea.
Sosteniendo la taza humeante entre sus manos, Valt nuevamente se perdió en sus pensamientos. Daigo lo notó, nada más mirarle. No supo si decir algo para devolverle a la realidad o sencillamente quedarse callado. Tal vez su buen amigo necesitara analizar las cosas para asimilarlas antes, y es que estaba pasando por un mal trago... no literalmente, claro. Wakiya y Shu estaban ingresados en el hospital, sus hermanos también corrían peligro porque eran familia suya y Valt era consciente de ello, además de eso, muchísimos bladers habían sido víctimas de aquellos que apoyaban a Phi mientras este último hacía lo que le daba la gana sin ningún tipo de consecuencia. Por televisión habían comenzado a emitirse noticias tales como que bladers marginados de otros países, de España especialmente, empezaban a moverse gracias a Phi.
Claramente empezaba a notarse un desequilibrio en el mundo del beyblade, y estaba pasando factura a la vida social de la gente. La sensación de inseguridad era palpable en muchas partes del mundo.
Desde el punto de vista de Daigo, es como si Valt pretendiera cargar con una responsabilidad que le iba demasiado grande. Sabía que su amigo quería ayudar a la gente, y brindar un poco de estabilidad al asunto con tantos problemas... pero paradójicamente Valt trataba de hacerlo por su cuenta, algo que iba totalmente en contra de su naturaleza. Él siempre había contado con la ayuda del resto de sus amigos y seres queridos, pero ahora no parecía ser así.
- Daigo. – Le llamó Valt repentinamente, haciendo reaccionar al aludido. – Dime, ¿A ti te suena una tal Vani?
- Sí, su nombre completo es Kuroi Vani. – Respondió. – Participó en varios torneos nacionales en puestos destacados, hay quienes dicen que es la única blader femenina siendo rival de Lui Shirosagi.
- ¿La única? ¿Tan poderosa es?
- Uf, muchísimo. Sin embargo, un día desapareció del mundo del beyblade y desde entonces sólo corren rumores sobre ella. Rumores que cuentan que ha formado su propia secta y que ha enseñado a otros bladers. – Miró su taza de té. – Es una blader con la que hay que tener cuidado. Es bastante peligrosa.
- Pero... - Valt se puso nervioso. – Yo la conocí...
- Ya lo sé, razón de más para no dejarte solo. Esa chica es poco fiable, Valt.
- No me dio esa impresión. Es decir... me dejó marchar como si nada...
- Porque sabe dónde, cuándo y cómo encontrarte. Hay muchos bladers marginados que la apoyan a ella también.
- Ya, pero, ¿entonces qué pinta Free en todo esto?
- No lo sé, es algo que tenemos que averiguar.
Los dos volvieron a quedarse callados. Valt no pudo decir nada más ya que cientos de ideas taladraban su cabeza a tal velocidad que su cerebro no podía asimilarlas igual de rápido. Daigo, por su lado, analizaba las cosas con mucha más calma, ya que estaba acostumbrado a la presión. Sin embargo, ninguno de los dos se había topado antes con una situación así. Nunca antes había aparecido un tipo como Phi causando tal impacto en el mundo... si hasta había sido capaz de hacer reaccionar a bladers que vivían tan lejos como en la península ibérica. Esa era otra de las preocupaciones de Valt ahora que sabía la auténtica verdad detrás de Free, creyéndolo lo suficientemente frágil como para no saber lidiar con tales circunstancias. Se sentía mal el haberle dejado atrás, pero Japón y su gente eran su prioridad.
- Escucha, dudo mucho que Vani sea una enemiga. – Insistió Valt de nuevo. Daigo resopló. - ¡Hablo en serio, Daigo!
- Tú no sabes con qué clase de gente está relacionada esa mujer...
- Hablas como si tú realmente lo supieras.
- Hm... - Se cruzó de brazos. – En realidad algo sé. – Confesó, con la tensión reflejada en su cara. - ¿Te acuerdas cuando me uní a tu club de beyblade en el instituto? – Fijó sus ojos en los de Valt que le escuchaba atentamente, viendo un asentimiento de su cabeza. – Por aquel entonces yo ya me había creado mi fama de ser el matón del barrio... siempre estaba enfadado con el mundo, porque la situación familiar en la que vivía no era muy buena. – Bajó la mirada. – Un día, pululando por las calles, un chico se chocó conmigo... y bueno, ya te imaginarás lo que hice.
- ¿Le hiciste... daño?
- Fulminado en el suelo, básicamente. El pobre ni siquiera supo defenderse. Luego terminamos siendo compañeros de clase, como si el universo hubiera querido jodernos a los dos. – Explicaba. – Una parte de mí estaba arrepentida por lo que le hice, pero él no se quiso acercar a mí. Cuando me hiciste recapacitar y yo empecé a cambiar... intenté buscarle para pedirle perdón.
- ¿Y qué ocurrió? ¿Llegaste a conseguirlo?
- Qué va. – Suspiró con pesadez. – Huía de mí a la primera de cambio y cuando se sentía acorralado me atacaba, ya fuera tirándome cualquier cosa que tuviera a mano.
- Vale, pero... ¿qué tiene que ver todo eso con Vani?
- Pues... tiene que ver con que ese chico, ahora es un blader que está aliado con ella. – Respondió, dejando mudo a Valt. – Se me ha ocurrido que, si podemos encontrarle, tal vez nos cuente algo sobre Vani y sus objetivos.
- Dudo mucho que le apetezca hablar con nosotros si te ve a ti. Pensará que yo también querré hacerle daño. – Valt se mostró más serio. – A lo mejor si me dices quién es, pueda hablar yo con él. Quizá así incluso pueda ayudarte a que te perdone y sea tu amigo.
- ¿De verdad harías eso por mí, Valt?
- ¡Claro que sí! ¡Eres uno de mis mejores amigos! ¡Faltaría más!
- Muchas gracias. – Sonrió.
- Bien pues... ¿Quién es? – Alzó brevemente las manos. - ¿Le conozco?
- Seguramente le hayas visto en alguna ocasión. Él se llama... Jin Aizawa.
A Valt el nombre no le resultó especialmente familiar. Daigo se tomó la molestia de hacer una descripción sobre el chaval por si en algún momento su amigo se lo encontraba, de ese modo podría reconocerle. Después de eso, volvieron a quedarse callados. La lluvia continuaba mojando las calles de Japón, entreteniendo a Clio en el proceso. Casualmente Kuza apareció y le vio, dudando sobre si acercarse o no. Clio lucía tan distraído con las gotas que caían desde el suelo que ignoraba completamente su presencia... hasta que el moreno decidió sentarse a su lado.
- Una lluvia hermosa, ¿no te parece? – Habló Clio, con una pequeña sonrisa.
- Sí, aunque hace frío... - Kuza se acarició los brazos con las manos. Clio le miró de reojo antes de quitarse la capa que siempre llevaba para ponérsela por encima. - ¿Clio?
- Recuerda, mi estimado Kuza, que mientras yo esté aquí, no voy a dejar que tu salud se vea implicada por ningún motivo. – Dijo, poniendo una mano en su pecho y alzando la otra, casi parecía que daba una obra de teatro o algo... Kuza sonrió con torpeza.
- Gracias, eres muy amable. – Contestó. - ¿Pero y tú?
- Transilvania es una región muy fría, así que ya estoy acostumbrado.
- Vaya, pensaba que esta capa era de adorno, pero veo que te abrigas bien... - La pieza de ropa parecía estar hecha de materiales especialmente elaborados para mantener el calor y proteger a su portador del frío.
Clio sólo le regaló una sonrisa, sin aportar ningún comentario más. Kuza se puso más cómodo con la capa de su compañero, porque estaba cálida debido a que Clio la había estado usando hasta hacía poco, de modo que es como si parte de ese calor ahora le ayudara a soportar el frío. Y es que menuda manía la suya de ir desabrigado incluso en climas tan frescos como estos... Todavía no se había adaptado a Japón, y Kuza sabía que eso le tomaría tiempo.
- Me ha sorprendido que... hayáis venido desde Francia. – Habló el moreno.
- No podíamos quedarnos de brazos cruzados siendo conocedores de que pasabais por unos momentos críticos entre tantos enemigos dentro de este territorio. – Contestó Clio, con cierta expresión disgustada. – En cuanto me enteré que estabas aquí, fue más mi angustia la que me llevó a tomar la decisión de venir a Japón. – Miró a Kuza. – Pese a que tus buenos amigos estén aquí, para mí es importante cuidar de ti.
- Clio... - Susurró sorprendido. – Vaya, no sé qué decir...
- ¡No hace falta decir nada, mi estimado Kuza! ¡Tan sólo permíteme cubrirte las espaldas!
Kuza se rio y por primera vez en mucho tiempo, le dio un abrazo a su compañero de forma voluntaria, sorprendiéndolo. Pero Clio no tardó mucho en reaccionar, correspondiendo a ese gesto con una sonrisa alegre. Entonces se quedaron sentados uno al lado del otro, y Kuza compartió la capa del dueño del cabello blanco, para compartir el calor. Le dio gracia ver que su amigo de la infancia parecía ser algo tímido, debido a ese sonrojo cubriendo sus mejillas blancas. Para fastidiarle, se apoyó en él, provocando los nervios del otro que no tenía nada a mano para cubrirse la cara. Sólo necesitó un rato para terminar relajándose y poner su cabeza sobre la de Kuza, los dos contemplando la lluvia tan tranquilos.
- Gracias por venir, Clio. – Habló el moreno en voz baja, sosteniendo el brazo del aludido para captar su atención. Justo en ese momento, Valt y Daigo salían de la cocina y vieron la escena que estaba teniendo lugar entre ellos.
- No hace falta que me las des. Quizá no me creas, pero yo haría cualquier cosa por ti.
Daigo y Valt contemplaron cómo el supuesto descendiente de Tempest Drácula besaba la mano de Kuza, haciendo que éste se pusiera rojo de la vergüenza, aunque sonriendo. Los dos intercambiaron miradas y mientras Valt se reía, Daigo se encogía de hombros. Para Valt ver a esos dos tortolitos de esa manera le traía recuerdos de cuando él estaba en el bosque con Free pasando el rato tan tranquilamente, y quizá la cosa no llegaba a rozar el romanticismo como les pasaba a ese par de colegas de la infancia, pero desde luego Free siempre había sido indulgente con él, dándole caprichos como un abrazo o haciéndole de almohada.
En días lluviosos como estos, Valt echaba de menos el estar dentro del armario con Free, porque éste entraba en pánico. Ahora que sabía la verdad del pasado del rubio, el pelinegro podía imaginar que el motivo era porque una parte de la mente de Free todavía continuaba viviendo una y otra vez aquel momento trágico y drástico de su vida. Miró una de sus manos, preguntándose a sí mismo cuándo volvería a tener la oportunidad de disfrutar de aquella tremenda calidez que desprendía el cuerpo del mejor blader del mundo.
Chapter 29: ¡Zack The Sunshine! ¡El Protector De Twinkle Toes!
Chapter Text
La calma que permaneció durante los próximos días no hacía más que inquietar a Valt. Las calles estaban desiertas, como si cualquiera temiera encontrarse con Phi o uno de sus seguidores para terminar en el hospital. Ir y venir para ver cómo estaban sus amigos y sus hermanos era en parte una distracción para el pelinegro, quien era consciente que dejarse ver en público era un riesgo demasiado grande. Todavía se hacía la misma pregunta: ¿podría él derrotar a Phi? Y a esa duda le venía una segunda: ¿Free De La Hoya lo lograría? Era el blader más fuerte, eso Valt lo tenía más que claro. Le sabía mal que todos pusieran sus esperanzas en el rubio. Aunque confiaba plenamente en él, Valt tenía la sensación de que Free no quería saber nada del mundo... como si estuviera dispuesto a dejarlo caer.
Estaba tan sumergido en sus cosas que no se daba cuenta de que le seguían, hasta que le cortaron el paso. Era un grupo de gente diversa, pero tenían toda la pinta de ser los típicos pandilleros marginados que ahora le miraban con sonrisas de distinto tipo, todas ellas con malas intenciones.
- ¡Te hemos encontrado, Valt Aoi!
«Oh vaya, qué sorpresa...», pensó de forma sarcástica. Se rio, al percatarse de ese detalle. ¿Qué le estaba pasando? ¿desde cuándo era sarcástico? No era su estilo.
- ¡Prepárate! ¡Vas a morder el polvo!
- Supongo que vosotros sois parte de la gente que está de acuerdo con Phi, ¿no es así?
- ¿Y tienes algún problema con eso?
- ¡Vamos a hacerte picadillo!
- ¡Es hora de que nosotros ocupemos el mundo del beyblade en vez de vosotros, bladers oficiales de tercera!
Valt apretó las manos. Eran demasiados para él. ¿Más de quince personas? Recordó aquella prueba que hizo siguiendo a Xander, y donde conoció a Ren Wu Sun. La prueba de los cien bladers. De todos modos, no se sentía con energías para algo parecido a eso. Cuando quiso retroceder, vio que otros tantos se hallaban detrás para evitar precisamente su intención de huir. Vaya, parecía que le habían calado. Se reprendió a sí mismo por ser tan torpe.
- ¡Alto ahí! – Una voz intervino de la nada. De un salto, apareció frente a Valt. Casi le asustaba. Sin embargo, el pelinegro reconoció esa larga melena rubia con esos dos mechones pelirrojos. - ¡No voy a permitir esta injusticia!
- ¡Tú...! ¡Tú eres...!
- ¡Zack! – Exclamó Valt, feliz de volver a verle. - ¡Waow! ¡Caramba! ¡No esperaba encontrarte aquí!
- Hola, Twinkle Toes. – Se giró a mirarle con una sonrisa. – La vida te sigue tratando con rudeza, ¿eh? – Puso una mano en la cadera. – En cuanto empezaron a haber problemas en Japón, el instinto me dijo que tarde o temprano te encontraría metido en peleas como estas. – Hizo un ademán hacia el resto, que retrocedió.
- Toko y Nika me dijeron que estuviste muy pendiente de ellos. ¿Fuiste tú quien les protegió?
- ¿Acaso lo dudas? ¡Ja, ja, ja! No podía permitir que les pasara nada en tu ausencia, así que decidí ingeniármelas para que ese tal Phi no supiera dónde encontrarme. – Contó. – Pero, desafortunadamente... - Puso mala cara.
- ¡Se acabó vuestra cháchara, malditas ratas! – Intervino uno del montón. - ¡Aunque uno de los Cuatro Supremos esté aquí, os vamos a pulverizar igual!
- ¡Eso es, eso es!
Pronto hubo un pequeño escándalo que atrajo la atención de otros transeúntes que pasaban por allí. Zack tuvo que cortar de golpe su conversación con Valt, y los dos se miraron mutuamente en un asentimiento con la cabeza. Eran dos contra casi más de quince personas, ahora podían hacerlo los dos juntos. Zack tenía mucho que contarle, así que Valt no estaba dispuesto a dejar ir al rubio. Sin embargo, algo le decía que Zack había aparecido precisamente por un motivo especial.
Siguieron al grupo de bladers radicales frente a un gran estadio de beyblade de la calle, algo apartado del centro. Zack en ningún momento se apartó de Valt, y permaneció cerca de él. El pelinegro agradecía de todo corazón que el rubio hubiera aparecido en un momento como este, porque ni siquiera estuvo seguro de cómo tendría que haber hecho las cosas sin salir mal parado. Desde que conoció a esa chica llamada Vani con ese conejo, Nigs, todo habían sido problemas. Más, al pensar en esos dos, Valt creyó que tal esto era cosa de ambos. Claro que no las tenía todas consigo, y podría equivocarse... lo cual esperaba. Había visto que Vani poseía cierto sentido de la justicia al desafiarle en aquellos momentos, bajo tierra, de forma justa y en igualdad de condiciones pese a sus chantajes y amenazas, también le dejó ir sin perseguirle a traición.
- Bueno, Twinkle Toes, parece que la fiesta empezará más pronto de lo que pensé. – Le habló Zack, como un soplo de aire fresco que distrajo su mente. – Si te va bien, ya hablaremos después de terminar con esto.
- No pienses que te iba a dejar marchar. Encima que has venido a salvarme el culo...
- Considéralo un favor especial. – Le guiñó un ojo. – Tus hermanos pequeños te adoran, así que no puedo permitir que te suceda algo si puedo evitarlo.
- Gracias, Zack.
El rubio asintió, y los dos chocaron los puños con una gran sonrisa. Acto seguido, empezaron los combates. Pese a que algunos eran fáciles, había otros que eran verdaderamente difíciles. Valt no dejó de pensar en la posibilidad de que todos estos bladers, unos más que otros, hubieran estado entrenando en secreto... como los bladers del Snake Pitt en México. Pero ahora no podía ponerse a divagar sobre eso. Su mente debía centrarse en sus enfrentamientos. Pero a cada lanzamiento que hacía, sentía que se iba cansando más... al punto de hacerse daño en el brazo derecho, en una dolorosa sobrecarga que le pasó factura. Eso causó la risa de los otros bladers.
Ignorándolos, Zack se acercó a él.
- ¿Estás bien? – Fue lo que le preguntó, ayudándole a sentarse al ver que lo necesitaba.
- Creo... que me he forzado mucho... - Tenía uno de sus ojos cerrados por el dolor. No podía mover el brazo. Zack le observó, en un gesto preocupado. – Pero no te preocupes, Zack. – Le miró, para sonreírle. – Todavía pu...
- No puedes continuar, Twinkle Toes. – Se adelantó el rubio. – Déjame que yo me encargue del resto.
- ¡¿Eh?! ¡Pero...! ¡Pero no es necesario, Zack! ¡Yo puedo! ¡De veras que sí!
- Por favor, déjame resolver esto a mí, ¿de acuerdo?
Esa sonrisa tan gentil fue un golpe bajo para Valt, quien sólo pudo ceder ante semejante petición. Fue esa expresión indulgente lo que le hizo aceptar, porque se acordó de Free De La Hoya. ¿Por qué ahora pensaba tanto en el mejor blader del mundo? Seguía teniendo un mal presentimiento sobre él. Y, sin embargo, sentado en el suelo, fue testigo de cómo Zack se esforzó para vencer a cada blader que se enfrentaba a él y terminaba derrotado. Había varias chicas, bastante fuertes, que también fueron vencidas por el muchacho. Con un poco de suerte, salieron victoriosos del encuentro.
- No podemos aceptarlo. ¡No vamos a aceptarlo! – Pero muchos siguieron presentes en vez de marcharse.
- ¡Esto no puede estar pasando!
- Pues asumidlo. – Respondió Zack con cierta dureza. – Os hemos derrotado, aunque aquí mi compañero se haya lesionado. – Señaló hacia atrás para hacer referencia a Valt, quien se puso de pie.
- Escuchadme un momento, chicos. – Dijo el pelinegro, mirando al grupo. – No tenéis por qué hacer esto. Quiero decir... ¿acaso no os gusta el beyblade? – Preguntó, haciendo que bajaran la mirada. – A nosotros nos encanta, y nos divierte. Amamos el beyblade y estoy convencido que todos vosotros también.
- Sí, es verdad. – Respondía uno. - ¡Pero fuisteis vosotros quienes lo arruinasteis! ¡No fuimos aceptados en ninguna liga por mucho que nos presentáramos! ¡¿Cómo os sentaría a vosotros, ser negados a unas oportunidades así y, además, ser señalados como «la carroña» del beyblade?! ¡Mientras que a los bladers oficiales os admiran y os adoran, a nosotros sólo nos odian!
Valt y Zack se quedaron especialmente serios. Ellos no comprendían un sentimiento así, porque no les pasó nada similar. Pero Valt tomó más seriamente lo que esos bladers estaban sintiendo, tal vez durante años, arrastrando ese tipo de sentimientos. En un acto de coraje y de valor, sorprendiendo además a Zack, Valt se acercó al grupo de bladers que se mantuvo desconfiado. Valt extendió la mano.
- Yo cambiaré eso. – Rompió su silencio. – No dejaré que nada de eso vuelva a pasar.
- ¡Ja! ¡¿Y por qué íbamos a creer algo así?!
- ¡Porque soy Valt Aoi! ¡Y porque sé que puedo hacerlo! – Alzó la voz, ligeramente molesto. - ¡Las cosas no cambiarán si no estáis dispuestos a asumir el riesgo de confiar en alguien más! ¡Conozco a muchos bladers que pueden daros esa oportunidad y mucho más! ¡Pero Phi está equivocado y lo que os hace hacer no está bien! ¡Ponerse de su lado es lo mismo que querer destruir el beyblade tal y como lo conocemos!
- Sí, pero...
- Él nos dijo que... nos haría ser grandes bladers.
- Dijo que tendríamos un lugar en el mundo del beyblade, y que no volveríamos a ser rechazados...
- Puras patrañas. – Zack se cruzó de brazos. – Ese tipo sólo piensa en sí mismo y en querer estar por encima de todos. Ya ha hecho muchísimo daño a muchos bladers que no lo merecían. ¿Qué pensáis de eso? ¿está bien enviar a alguien al hospital? ¿está bien poner las vidas del resto en riesgo?
Esas preguntas, que no esperaban respuesta, parecieron tener su efecto en el grupo. Cada uno se miró entre sí, dudosos, y viendo que en realidad estaban en el bando equivocado. Valt aguantaba ahí de pie como bien podía. Su brazo derecho le dolía muchísimo. El resto bajaron la cabeza y uno de ellos estrechó la mano de Valt.
- Dejad que os apoyemos. – Dijo entonces. – Nosotros podemos seros de ayuda.
- Sí, es verdad.
- ¿Nos dejáis?
- ¡Prometemos no estorbar! – Sonreía otro. Era ligeramente más pequeño. Parecía un niño.
- Ja, ja, ja. – Rio Valt. - ¡Pues claro! ¡Cuántos más seamos mejor!
- Oye. – Y una chica se acercó. – Esto... ninguno de nosotros queríamos que te hicieras daño.
- Lo sentimos mucho.
- Eh, venga, no pasa nada. La culpa ha sido mía. Yo me he forzado más de la cuenta.
- De todos modos, Valt, deberíamos ir al médico para que te lo mire. – Se acercó Zack.
Eso entristeció al grupo, que prometió organizarse y volver a buscarles en cuanto tuvieran algo que pudiera ser de utilidad, marchándose antes de que Valt pudiera decir algo. El chico suspiró, y optó por acceder a la sugerencia de Zack e ir al médico. El mismo hospital en el que estaba todavía Shu le recibió. Tuvo que esperar a su turno para que le atendieran. Zack fue con él, sólo por si acaso. Valt pasó un mal rato durante la revisión. Afortunadamente la sobrecarga no era grave, quizá un poco seria, pero el doctor aseguró que se curaría si Valt se portaba bien. Eso provocó la risa de Zack.
- No se preocupe usted, doctor. – Dijo. – Ya me encargaré yo de que sea un buen chico.
- Zack... - Protestó.
- Eh, Twinkle Toes, te recuerdo que he sido yo quien ha estado velando por tus hermanitos.
- Chantajista...
- Me alegro que lo comprendas. ¡Ja, ja, ja!
- Bueno, pues Valt... - El doctor había estado buscando algo en un armario. – Tendrás que usar esta pomada cada ocho horas, y unos parches térmicos después, ¿de acuerdo?
- Sí, vale. Está bien.
- Si ves que empeoras, no dudes en acudir de nuevo.
- Muchas gracias.
Y sin más, se fueron de allí. Valt soltó un pesado suspiro. Era la primera vez que estaba lesionado y sintió mucha frustración. Ahora pudo comprender cómo pudo ser para Free el no poder practicar beyblade... aunque estar en peores condiciones durante un año y medio debía ser terrible. Comparado con la tremenda lesión que sufrió Free en su combate contra él durante la Liga Internacional, lo suyo no era nada. No podía compararlo, de hecho. No tenía nada que ver una sobrecarga con un desgarro tan serio como el que tuvo Free.
- Hey Twinkle Toes, ¿Te apetece ir a ver a tus amigos? – Preguntaba Zack, caminando a su lado.
- ¡Oh! ¡Es verdad! ¡Todavía están ingresados en el hospital!
Zack se rio y fue detrás de él para meterse en el ascensor que los llevó a la planta donde yacían Wakiya y Shu. Los dos parecían estar en la misma habitación, porque los médicos no impedían que sus pacientes fueran a otras habitaciones para ver a conocidos y amigos. Los dos recibieron a Valt, el primero protestando por lo ruidoso que era y el segundo con un abrazo. El pelinegro se alegró de ver que Shu estaba mejor, y que ese collarín le había sido retirado del cuello. Los dos vieron a Zack, que saludaba alzando al mano.
- Me alegra ver que por lo menos uno de los Cuatro Supremos está de una sola pieza. – Decía Wakiya, que se le notaba estresado. Estar en el hospital desde luego no era lo suyo.
- Me las apañé para pasar desapercibido. – Contestaba el rubio. – Aunque, por mi culpa... - Miró a Shu. – Tú terminaste muy mal, peor de lo que pensé.
- No te culpes, Zack. No pensé que Phi fuera a ser tan poderoso.
- ¿Y qué harás? – El aludido señaló el brazo del dueño del cabello blanco. La piel había tomado un tono violáceo por una marca extraña que parecía que se extendía de vez en cuando.
- No lo sé. – Suspiró, cerrando los ojos. Seguía sentado en una silla de ruedas, mientras sus lesiones se curaban.
- ¿Es algo serio? – Preguntó Valt.
- Veo que no lo sabes, Twinkle Toes. – Dijo Zack. - ¿No se lo has contado, Wakiya?
- ¿Qué? ¿acaso crees que tengo tiempo? Estoy haciendo miles de cosas desde esta maldita cama de hospital. – Respondió de malas maneras, algo que ninguno de los presentes tuvo en cuenta, dada la situación. – Hazme los honores, ¿quieres, Zack?
- Claro. – Asintió.
- Eh, ¿qué pasa? Creo que me he perdido. – Valt miraba a sus amigos, sin entender nada.
- Bien, Twinkle Toes... - Zack sonrió a Valt. – Te contaré un poco de lo que he descubierto de Phi y su poder. Quizá así entiendas mejor el papel que tiene Free De La Hoya en todo esto.
Chapter 30: ¡Luz Y Oscuridad! ¡La Rueda Del Destino!
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Terminó de anochecer. El sol se escondió en el horizonte, para iluminar a la Luna que llenó de pequeños diamantes el manto nocturno de ese alto firmamento que invitaba a la calma. En el hospital, Zack y Valt seguían en la habitación de Wakiya. Shu también les hacía compañía, contento de que, por lo menos, Zack no hubiera tenido problemas... en parte. Proteger a los hermanos de Valt, Toko y Nika, no debió ser una tarea fácil. Pero todos aquí sabían lo importante que era Valt. Era vital mantenerle lo más lejos posible de Phi. Él no podía alcanzarle... pero ellos eran conscientes de que algo así acabaría sucediendo tarde o temprano.
Durante unas largas dos horas y media, Zack estuvo explicándole a Valt acerca de Phi. Reveló que Phi era la encarnación de la oscuridad de este mundo, algo así como un espíritu poderoso que se reencarnaba una y otra vez cada cierto tiempo con el fin de traer caos y destrucción. En esos momentos, hizo hincapié en la existencia de su némesis: la luz. Zack se metió en una teoría a la cual, y desde hacía muchísimos siglos, se intentaba darle veracidad, continuando con una extensa investigación que, a día de hoy, todavía no había terminado.
Todo lo que hizo el rubio fue conectar la teoría de Wakiya sobre Free De La Hoya, relacionándolo directamente con Phi. Claro que Valt no pudo comprender algunas cosas, y tuvo que preguntar sin ser capaz de terminar:
- ¿Quieres decir entonces que... Free y Phi están...?
- Sí, eso es lo que creo. – Zack asentía con la cabeza. – Cuando la oscuridad ha aparecido, también lo ha hecho la luz. No es muy descabellado pensar en que tanto Phi como Free son esos espíritus.
- ¿Pero cómo estáis tan seguros? – Intervino Shu. – Vale, es cierto que Phi posee un poder oscuro, pero no sabemos nada sobre la energía de Free.
- Es demasiada casualidad que haya alguien como él, además de El Astro. – Dijo Wakiya de repente. Aquí los presentes conocían de antemano el estadio oficial del equipo del BC Sol, un lugar legendario del que había mucha controversia al respecto sobre su auténtico origen.
- ¿Qué quieres decir? – Preguntaba Valt.
- ¿Insinúas que El Astro y Free De La Hoya tienen una conexión? – A Shu no le costó atar cabos.
- Aunque os parezca mentira, investigar es mi campo. Además, mi familia me ayuda. Zack me echó un cable.
Shu y Valt miraron al rubio al mismo tiempo. Zack permanecía de espaldas a la ventana, un poco serio, pero sin dejar de estar tranquilo. Valt sentía que por fin iba descubriendo algo importante, algo que tenía que ver con Phi y toda esta situación.
- El hecho de que Phi esté detrás de Free tampoco es una casualidad. – Dijo Wakiya. – Según unos archivos que ha encontrado mi familia, El Astro se creó hace siglos para ayudar a un supuesto espíritu de la luz y la armonía para enfrentar a la oscuridad que amenazaba este mundo de forma constante. Es un edificio que ha sido restaurado muchas veces a causa de las supuestas batallas que tuvieron lugar ahí, supongo que por eso ahora luce tan diferente. – Cogió una tablet. – Echadle un vistazo.
Tanto Shu como Valt no resistieron la curiosidad. Observando, vieron la imagen de una construcción que parecía un templo enorme, pero todavía conocido como El Astro por aquél entonces. Desde luego fue inquietante un detalle así. Conforme avanzaban viendo las fotos, efectivamente, El Astro fue sufriendo cambios hasta convertirse en lo que todos conocían actualmente. Valt tuvo la sensación de que, pese a eso, El Astro todavía conservaba su esencia y que ocultaba sus secretos que esperaban ser descubiertos. Sin embargo... ¿qué tenía que ver Free en todo esto?
- ¿Y dices que El Astro y Free están conectados? – Preguntó Shu, rompiendo el silencio. – No veo cómo.
- Eso todavía tenemos que descubrirlo. – Respondía Wakiya. – Debemos confirmar si mi teoría es cierta y él posee la energía del tipo purificador.
- ¿Energía del tipo purificador, dices? – Repitió Valt. – Ahora que lo recuerdo, Daigo mencionó que le dijiste algo como eso. Pero, ¿qué significa exactamente?
- Hace mucho tiempo, el espíritu de la oscuridad contaminaba el mundo con su energía. Quitaba la vida, y la arrebataba. Todo aquello que poseyera su energía, terminaba encontrándose con un oscuro final. Hay quienes dicen que esa energía te va arrastrando al abismo mientras consume tu propia vida. – Explicó Zack. – Mi madre es arqueóloga y también se dedica a investigar sobre hechos históricos. Ella es una de las personas que intenta desvelar todo el misterio que hay en esta historia.
- Pues sinceramente, cuesta mucho creer en algo así. – Dijo Shu. - ¿Espíritus? ¿va en serio?
- Sé que cuesta, Shu. – Dijo Zack. – Pero este tipo de casualidades no existen.
- Ahora que lo dices... - Intervino Valt. – Recuerdo que en una ocasión... Free usó su energía mientras estaba en el bosque. De alguna manera... - Intentaba explicarse. – El bosque parecía hablar con él. No sé, fue algo muy extraño.
Los presentes miraron al pelinegro, cada uno con sus dudas. Shu era el más incrédulo. El asunto de temas sobre espíritus o una vida espiritual era algo que le costaba aceptar, pese a saber que era cierto. De lo contrario, puede que el espíritu de Spryzen Requiem, de su bey, no hubiera sido capaz de doblegar su voluntad de una manera tan fácil como aquella... Y, sin embargo, ¿qué le impedía ver que esto era real?
- Si eso es cierto, entonces la teoría de Wakiya va por buen camino. – Habló Zack tras varios minutos. – Todos sabemos que Free es un blader único, y que su tipo de energía no se ha vuelto a repetir en ninguna otra persona. Ni siquiera hay una parecida a la suya.
- ¿Y eso qué significa? – Preguntó Valt.
- Significa que, si Free es del tipo purificador, entonces él es la actual reencarnación del espíritu de la luz. – Sentenciaba el rubio, mirando con seriedad al pelinegro.
- Ya, pero entonces hay algo que no encaja. – Intervenía Wakiya. – Si eso es así, ¿Por qué entonces se rehúsa a combatir contra Phi?
- Dicen las leyendas y los mitos sobre el espíritu de la luz que, cuando decidió existir con una envoltura mortal, selló su poder por sí mismo hasta que fuera completamente necesario el volverlo a utilizar. Eso significa que el espíritu de la luz decidió dormir su naturaleza, y, por lo tanto, su poder está dormido. – Explicó. – Mi madre me contó que el espíritu de la luz siempre necesitó despertar como tal para enfrentarse a la oscuridad y sellarla.
Mientras ellos hablaban, Valt se puso a recordar todos los momentos que compartió con Free De La Hoya, incluyendo el momento en el que le vio por primera vez. Comenzaron con mal pie. Tal y como Rantaro dijo al principio, Free fue una persona borde y desconsiderada que pasaba olímpicamente de los miembros del BC Sol por considerarlos inferiores y débiles, alejándose de todo y todos ellos. Claro que no comprendió una actitud como aquella hasta que no empezó a conocer a De La Hoya en mayor profundidad. Su amor por el beyblade, su amor por el bosque, su amor por la naturaleza, su amor por el ciervo... y su amor por todo el BC Sol, por el que cual quién sabe cuántas no habrían sido las veces que se habría sacrificado para mejorar el equipo.
Free era diferente, en todos los sentidos. Hasta para comunicarse. Y, sin embargo, Valt sentía que ese chico trataba de abrirle su corazón. La prueba de ello estaba en que le había permitido estar a su lado, compartiendo su propia habitación, o el estadio del bosque donde el rubio se entrenó en secreto quién sabe por cuánto tiempo. ¿Era posible que Zack tuviera razón? ¿era Free ese espíritu de la luz? En parte, todo coincidía. Su luz dorada que transmitía paz, calor, tranquilidad... e incluso podía iluminar grandes áreas, transmitir fuerza y poder. Era un tipo de energía con pocas limitaciones.
- Es cuestión de tiempo a que Phi lo encuentre. – Pero Valt se había perdido parte de la conversación, y puede que algo importante. Wakiya estaba cruzado de brazos. – Si es cierto todo esto, entonces es inevitable que esos dos se encuentren cara a cara, y entonces sí que podría pasar cualquier cosa.
- El problema está en cuánto tardará Free en despertar su auténtico poder, y pensar sobre si Phi ya lo ha hecho. – Dijo Zack. – Pero teniendo en cuenta que ha comenzado a contaminar a muchas personas con su energía... es probable que sea así.
- ¿Entonces? – Habló Valt. - ¿Qué hay que hacer? ¿no hay un modo de salvar a nadie de esa... contaminación, o lo que sea?
- Sólo Free puede hacerlo. – Wakiya miró a su amigo de la infancia. – Es el único que probablemente pueda anular el poder de Phi. Si él puede purificar, el resto nos podemos salvar con su ayuda.
- Eso teniendo en cuenta que quiera ayudar. – Dijo Shu.
- ¡Lo hará! – Valt se puso en pie. - ¡Yo sé que lo hará! ¡Free es...! ¡Es una gran persona, y tiene un buen corazón!
- ¿Cómo estás tan seguro, Valt? – Cuestionaba Shu, no muy convencido. Su impresión sobre Free De La Hoya no era especialmente buena. – A ese chico le importan muy poco las personas, siempre está aislándose. Es como si todo le importara una...
- ¡Le conozco muy bien! – Le interrumpió Valt, con cierta dureza. – Puede que no lo parezca, pero sé que Free ayudará a quien lo necesite. ¡Él ayudó a Rantaro para reparar a Roktavor y además echarle una mano para que mejorara su nivel como blader! ¡¿Cómo alguien así podría ignorar el sufrimiento de muchas otras personas?! ¡Y si no quiere ya me las arreglaré yo para convencerle de lo contrario!
Shu suspiró. No tenía ganas de entrar en una discusión de la que sabía que no sacarían nada de provecho. Wakiya se cruzó de brazos, pensativo. El riesgo estaba ahí. Free podría no acceder, sin importar qué. Y estaría en su pleno derecho. Zack observaba a los chicos, con cierta expresión preocupada. Parecía que las cosas no hacían más que complicarse, pero al menos, iban descubriendo algo útil y eso les daba esperanza. Porque, para empezar, no podían perder la esperanza. No cuando esto no había hecho más que empezar.
Valt confiaba en que Free accedería. Siempre lo había hecho si él le pedía lo que fuera. Sólo en pocas ocasiones Free le había denegado su colaboración. Sin embargo, recordó que se marchó del BC Sol sin ni siquiera avisarle de que iba a irse. Puede que eso pudiera haber molestado a Free lo suficiente como para que todavía le guardara rencor por ello. Valt sabía que, en el fondo, Free era bastante rencoroso. Nunca olvidaba. Y difícilmente perdonaba. Era como un dragón. Cuando perdía confianza, arreglarlo era muy complicado... casi imposible.
- Tú eres la persona más cercana a Free, Twinkle Toes. – Dijo Zack de forma repentina. – Siempre puedes intentar hacerle entender la situación. Nada de esto es una broma. Hay vidas que se están perdiendo a causa de esa energía que las contamina.
- Ya, pero, ¿cómo puedo hacerlo? – Preguntó con cierto tono de angustia. – Phi está aquí, en Japón. Y Free está en España. Yo no puedo volver allí, y Free no vendrá aquí. – Bajó la mirada.
- Es verdad, sería demasiado peligroso. – Dijo Wakiya. – Aunque exista la posibilidad de que Free sea esa entidad que se ha ido reencarnando constantemente, no tenemos ninguna garantía de que sea inmune a la oscuridad. ¿Qué pasa si también es contaminado?
- No lo sé... - Zack cerró los ojos.
- ¿Tu madre no sabe nada?
- No hay información sobre eso. Sólo se conservan algunos textos que se han escrito sobre esa historia remota de la antigüedad. No se sabe si el espíritu de la luz fue contaminado alguna vez por la energía del espíritu de la oscuridad.
- Parece que esto se va complicando... - Dijo Shu.
- Entonces, si hacemos que Free venga, sería... hacer exactamente lo que Phi quiere. – Fue lo que Valt pensó y que compartió con sus amigos. – No podemos hacer algo así.
- Es verdad. Coincido con Twinkle Toes. – Zack hizo un ademán hacia el aludido. – Si Free es ese espíritu capaz de purificarlo todo, entonces tenemos que protegerle de Phi. La luz puede ser consumida por la oscuridad para hacerla desaparecer. Si eso ocurriese... - No terminó la frase, para dejar que sus interlocutores pensaran en una posibilidad tan catastrófica como esa.
- ¿Sabéis lo que más rabia me da de toda esta puta situación? – Wakiya apretó los puños. – Que es como si no pudiéramos hacer nada sin ese antisocial de mierda. – Soltó. – Que si Free esto, que si Free lo otro. ¡Qué demonios! ¡No dependemos tanto de él!
- Sí, es cierto. Pero tampoco podemos negar que tiene un papel vital en todo esto. Y tú debes saberlo mejor que nadie, Wakiya... - Intentaba convencerle Valt. – Aunque lo que Zack haya dicho sea cierto, también la oscuridad puede ser vencida por la luz, ¿no es así?
- Sí, pero...
- Entonces sólo tendríamos que intentarlo. Además, Free no está solo en esto, igual que nosotros. Contamos con muchos otros bladers ahí fuera.
Wakiya no parecía convencido. Shu no aportó nada a la conversación. Y Zack suspiró. Cómo le encantaría tener a su madre aquí, para que explicara todo lo que ella sabía. Ahora es cuando más conocimiento necesitaban sobre esa historia antigua. Wakiya seguía molesto ante la idea de que era exageradísimo depender de Free De La Hoya, recordándoles a los presentes que tampoco tenían la garantía de que ese blader fuera a ayudarles de la manera en la que esperaban, tanto ellos como el resto del mundo. Y menos cuando Valt ya les había puesto al tanto de que De La Hoya no pensaba tomar cartas en el asunto en todo esto. Claro que Wakiya trataba de ser todo lo independiente que podía.
Entonces sucedió. Y no sólo ellos lo vieron, sino personas de todo el mundo. El cielo se iluminó de una luz dorada que abarcó hasta lugares inhóspitos. La luna y el manto del firmamento nocturno de Japón parecieron desaparecer, engullidos por esa luz dorada que se extendió como una red. Zack lo observaba con los ojos bien abiertos mientras Valt se había puesto a su lado, en lo que Shu y Wakiya se acercaban a la ventana.
- ¡¿Qué está pasando?! – Preguntaba Valt, sin comprender lo que ocurría.
- Ya ha comenzado... - Dijo Zack. Los demás le miraron. – La rueda del destino. Ha comenzado a girar. – Sentenció.
- ¿Y... y eso qué quiere decir? – A Wakiya eso no le dio una buena sensación.
- Probablemente sea cosa del espíritu de la luz.
Y automáticamente, la mente de Valt viajó hasta Free De La Hoya. Se temió lo peor. ¿Qué es lo que estaría sucediendo en España? De repente un agudo dolor en el pecho sacudió su cuerpo, y antes de que pudiera darse cuenta había acabado en el suelo, preocupando a sus compañeros. Una fuerza desconocida parecía reaccionar dentro de él.
- ¡¿Qué está pasando?! – Shu se sentía impotente por no comprender ahora qué ocurría con Valt.
- Eh, Twinkle Toes, reacciona, venga. – Zack se esforzaba por lograr que, como mínimo, el pelinegro pudiera escucharle.
- Se ha puesto así en cuanto el cielo se ha iluminado. – Dijo Wakiya.
- ¡Pero eso no tiene sentido!
- ¡Dejad de discutir! – Intervino Zack. - ¡Tenemos que hacer algo, y tenemos que hacerlo ya! ¡Venga!
Chapter 31: ¡El Cambio! ¡La Ira Silenciosa del Dragón!
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Pudo reconocer su habitación cuando se despertó. Era de día, por la tarde. Más, eso le importó un soberano pepino. Observó el exterior con una mirada vacía, ignorando deliberadamente una pequeña mesita que había cerca de su cama en la que había un plato con algo de comida. Pestañeó, inclinando la cabeza como un animal entrando en curiosidad. Reconoció la sensación de tener el estómago cerrado, de modo que lo único que hizo fue ponerse en pie y abandonar aquel lugar.
Las instalaciones del BC Sol estaban extrañamente silenciosas. Su cabeza sabía perfectamente lo que había ocurrido, y ahora mismo, veía la realidad de un modo confuso. Todo era incomprensible, al punto de ni siquiera saber quién era él en realidad. Cualquiera que le viera, podría darse cuenta que parecía un alma en pena vagando sin un destino. Claro, salvo que él ya tenía un destino. Más tarde que pronto se presentó en el comedor del BC Sol, donde vio a Anch en la barra secando unos vasos con un trapo.
- Hola Free. – Saludó con una alegre sonrisa. – La hora de comer terminó hace rato, pero si tienes hambre puedo hacerte algo.
El rubio no se dio por aludido. No reaccionó a su nombre siquiera. Dio media vuelta y se fue de allí, dejando a Anch preocupada. No se tomaba la molestia de mirar su alrededor, porque ya era muy consciente de qué es lo que había cerca de su persona. Parecía que los Cinco Grandes no estaban aquí, puede que ni Joshua lo estuviera. Pero pensar en él no mejoró su estado de ánimo precisamente. Acordarse de lo ocurrido en América fue contraproducente, ya que alimentó su ya de por sí latente enojo que se reflejaba en sus ojos, cada vez más iluminados de un tono dorado.
- Veo que no podías estarte quieto, eh. – Una voz conocida llegó a sus oídos. Al girarse, vio que se trataba de Lui. – Sabía que no estarías inconsciente por mucho más tiempo. – Dijo, sin obtener respuesta. - ¿Qué? ¿Te vas a quedar ahí, sin hacer nada?
Pero no hubo reacción. Eso inquietó a Lui, porque no era normal. Si bien, el Free que él conocía habría inclinado la cabeza, o se habría acercado a él, e incluso habría preguntado por el resto de los miembros de los Cinco Grandes, o sea Xander y compañía. Sin embargo, no sucedió nada de eso. Por ello, Lui se sintió extraño. Percibía que el aura de Free, habitualmente sosegada, no era tan tranquila como intentaba parecer. Había una pequeña alteración en su energía que avisaba a cualquiera que pudiera sentirla de que algo no iba especialmente bien. Algo había cambiado.
- ¿Lui? – Entonces escuchó su nombre por parte del rubio. – No sabía que estabas aquí.
- ¿Te estás cachondeando de mí? – Lui frunció el ceño, desconcertado a más no poder por esa contestación. El rubio ni siquiera lució interesado en su actitud. - ¿Qué pasa? – Así que decidió aproximarse a él, para ver más de cerca esos ojos. – Recién despierto, ¿y ya estás encendido? – Sonrió de forma burlesca. - Vaya, y yo que pen...
Puñetazo al canto. Definitivamente Lui no se lo esperó. Desde el suelo, contempló el rostro de Free. Detrás, vio la silueta de Fafnir. El dragón le observaba fijamente y de forma poco amigable. Lui no pudo comprender qué es lo que estaba ocurriendo.
- Si yo fuera tú, me ahorraría las provocaciones. – Habló Free con frialdad. – Ve y busca al resto, tenemos que hablar.
No le dio ni tiempo a responder porque se terminó marchando, dejándole solo. Lui todavía tocaba su mejilla, ligeramente roja por el golpe que le había dado el mejor blader del mundo que parecía haberse contenido lo suficiente para no hacerle tanto daño. Poniéndose de pie, Shirosagi continuó ahí, sin moverse, pero mirando el pasillo y las escaleras por las que Free bajó. Desde lo ocurrido hacía aproximadamente una semana... no parecía ni la misma persona. Claramente Lui esperó este tipo de cambio, pero no así, no de este modo. Y por un momento llegó a dudar sobre si esto habría sido correcto.
- ¿Sabes? No es divertido cuando pones esa cara. – Escuchó a alguien que le sacó de sus pensamientos. Era Jin, quién sabe por dónde había entrado pues ni siquiera había notado su presencia.
- ¿Llevas mucho rato ahí?
- Desde hace cinco minutos. – Contestó. – Free De La Hoya me ha ignorado completamente. Es como si no me hubiera visto.
- ¿Tú crees?
- Oh, amigo mío, es obvio. – Se encogió de hombros. – Pero tú te has llevado la mejor parte. – Se acercó con una sonrisilla. - ¿Qué? ¿Duele?
- ¡¡No me toques!! – Apartó su mano, molesto. - ¡Ni siquiera sé por qué mierda me ha pegado ese desgraciado!
- Bueno... – Jin se encogió de hombros. - ¿No querías despertar al «verdadero Free»?
- Sí, pero ahora mismo ese no es Free. Al menos no el que yo esperaba...
- Todos tenemos nuestra oscuridad, es sólo una fase. – Jin llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón, en una actitud pasota y despreocupada. – Haberle revelado absolutamente TODO de aquella forma fue todo un desastre. No tienes tacto.
- Había que hacerlo así. El bloqueo que tenía en la mente era demasiado fuerte.
Pero Jin no respondió, y Lui empezó a estar un poco harto de ese tipo de silencios. Vale que era una persona paciente, pero hasta su propia paciencia tenía un límite. Especialmente con este tarado de la vida. Jin sonrió, desconcertándole.
- No le des importancia, mi querido dragoncito. – Saltó otra vez llamándole de esa manera, crispándole los nervios. – Insisto en que lo que le ocurre a Free es sólo parte de su fase para llegar a ser la persona que debe ser. – Se encogió de hombros, otra vez.
- ¿A qué te refieres?
- Para llegar a conocernos mejor, uno tiene que pasar primero por una etapa de oscuridad. – Contestó. – Si no conocemos nuestra oscuridad, no podremos conocer nuestra luz. Así que tranquilo, ya verás que Free saldrá de esta.
- ¿Me estás contando que todo lo que hemos intentado, por su bien, ha servido sólo para que esté así?
- Heh, ¿Quién sabe?
Echando un suspiro, Lui terminó dándole una buena hostia a Jin. El golpe había sido sonoro y todo, haciendo que el pelinegro se pusiera a gritar y a lloriquear. Eso atrajo a algunos miembros del BC Sol que deambulaban en aquellos momentos por los pasillos inferiores, pero cercanos. Rickson y Sasha fueron los primeros en acudir, seguidos de Kitt y Honey. Lui se cruzó de brazos, pasando olímpicamente de los reproches del resto para largarse de allí. Jin no hacía más que tocarse la cabeza, en la que tenía un buen chichón. Honey se acercó a él, para ofrecerle su ayuda. Eso hizo que su hermana mayor, Sasha, hiciera lo mismo. Como un animalillo asustado, Jin aceptó. Kitt y Rickson se quedaron ahí.
- ¿Se puede saber a qué ha venido eso? – Fue la pregunta que Kitt dejó ir.
- Y yo qué sé, pero ese tipo debería tener más consideración. – Rickson se cruzó de brazos. – Ya es bastante molesto tenerle rondando por aquí.
- Ya, es verdad. No ayuda mucho al ambiente del equipo...
- ¿Crees que deberíamos hablar con Cristina?
- No lo sé, no la he visto salir de su casa. – Claramente se refería a la mansión que había un poco alejada de las instalaciones del BC Sol. La mansión del Clan Kuroda.
- Ah... - Suspiró. – Desde que Free se comporta de forma diferente, Cristina también ha estado rara.
- ¿Y por qué no intentamos ayudarla, Rickson? – Preguntó el chaval, con iniciativa. – Seguro que, si intentamos, no sé, resolver cualquier problema que haya, o darle una sorpresa, se pondrá muy contenta.
- ¿Qué tienes pensado hacer, Kitt?
- Nada en concreto, pero, ¿y si le pedimos consejo a Anch? ¡Ella la conoce desde hace mucho!
- Bueno, por intentarlo... - Se encogió de hombros.
Kitt sonrió y los dos se fueron rumbo al comedor.
Dos horas y media pasaron. El cielo se había vuelto rojo, avisando de que pronto llegaría la noche. En la sala de reuniones, cierto rubio vio llegar a cuatro personas que conocía perfectamente. El sol le iluminaba desde la espalda, haciendo de su figura y su mirada algo aterrador e intimidante que tuvo efecto en ellos, salvo en Lui. Joshua Burns no quiso acercarse demasiado, porque tampoco comprendía qué es lo que había ocurrido con Free De La Hoya, quien ya no lucía como el chico gentil y vago de antes. Continuaba siendo impredecible, pero es como si algo dentro de él hubiera cambiado drásticamente y se hubiera vuelto... más oscuro.
- Bueno, ya estamos aquí. – Avisó Xander, notando el tenso ambiente. Free continuó sentado en la mesa que presidía toda la sala, dejando una pierna colgando. Sus ojos brillaban en un color de oro resplandeciente. – Supongo que tiene que ser importante para que Lui venga a buscarnos... otra vez.
- Si fuera por mí, no me habría tomado la molestia. – Shirosagi se cruzó de brazos. – Pero es cierto que tenemos que hablar las cosas de una buena vez.
- Tomad asiento. – Se escuchó la voz de Free, seria, sin emoción. – Todavía no estamos todos.
Los presentes intercambiaron miradas, completamente desconcertados. ¿Qué era lo que quería decir eso? Claro que estaban todos, ¿no era obvio? Eran los Cinco Grandes, incluyendo a Joshua. El castaño tragó saliva, porque, desde que conocía a Free y había podido estar con él, nunca antes le había visto así. No era la misma persona. Incluso observando a Lui, Joshua se daba cuenta que el Dragón Blanco de Japón actuaba con muchísima prudencia, casi temiendo provocar la cólera del Dragón Dorado del BC Sol. Era demasiado impredecible como para saber qué haría o cómo reaccionaría... y más ahora.
- ¿Y quién falta? – Ren Wu Sun era el único que era capaz de mantener la calma.
- Se supone que ya estamos todos. – Xander se mantenía cerca del dueño de esa larga trenza, experimentado en las artes marciales.
Free no contestó. Dejó que el sol siguiera iluminándole, importándole bien poco si poner los pies en la mesa estaba mal. Joshua se mantuvo cerca de Lui, sólo por si las moscas. No es que Free fuera una amenaza, pero, viendo cómo estaba el rubio, prefería no jugársela. Lui estaba de brazos cruzados, pero sus manos apretaban su piel para esconder su estrés de los demás. No apartaba su amatista mirada del Dragón Dorado que observaba fijamente el suelo como si aquello fuera lo más interesante del mundo.
- ¿Alguien me va a decir qué pasa? – Pero Xander no era precisamente el más paciente. Era culo de mal asiento, eso siempre lo había dejado claro. – Nos conocemos de hace tiempo, ¿o no?
- ¿Y qué? – Cuestionó Lui.
- Pues... digo yo, no sé. – Se encogió de hombros. - ¿Hace falta tener este ambiente tan turbio?
- Pregúntaselo a este. – Señaló al rubio.
- Eh, Free. – Le llamó Joshua, con un tono suave. - ¿Va todo bien? Es... extraño que es...
- Cierra la boca, no quiero escucharte. – Le interrumpió el aludido, sin contemplaciones. Joshua tragó saliva. – Si te oigo proferir una sola palabra... - Alzó la vista, clavándola en la estrella de Hollywood. – No me hago responsable de lo que pueda pasarte.
Joshua se quedó sentado, y muy asustado. Sin embargo, el resto también tuvo en cuenta una amenaza como esa. Sobre todo Lui. El Dragón Blanco era el único que sabía perfectamente que Free siempre cumplía con lo que decía. Sus advertencias no eran más que señales que avisaban a cualquiera del riesgo al que se estaba exponiendo. Free De La Hoya nunca amenazaba dos veces. De reojo, Lui observó a Joshua. El moreno yacía pálido en su sitio, y su cuerpo temblaba por el miedo. Ese era el resultado de no estar acostumbrado a la ferocidad del Dragón Dorado, y menos a la ira que ahora mismo demostraba. Lui recordó las palabras de Jin, y rezó desde dentro para que fuera verdad y ojalá esto se tratara de una fase que Free tenía que superar.
Chapter 32: ¡Conflicto! ¡Choque De Voluntades!
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Las puertas se abrieron, y los presentes se giraron a ver quién era. Se quedaron todavía más extrañados al ver la llegada de Silas Karlisle a la sala de reuniones del BC Sol.
- ¿Qué significa esto? – Preguntó Xander por el resto.
- Bueno, parece que ya estamos casi todos. – Dijo Free.
- ¿Cómo que «casi todos»? – Repitió Ren Wu Sun. - ¿Hay algo que no nos estés contando?
- Supongo que se me ha olvidado deciros lo mucho que me encanta veros la jeta. – Ahí iba el infalible sarcasmo de Free, que crispó los nervios de Ren Wu Sun. Él no podía con ese tipo de humor.
- Debe ser importante para estar entre bladers taaaaan fantásticos. – Habló Silas, también sarcástico, que había caminado hasta quedarse delante de Free, aunque a un metro de distancia. - ¿Y entonces qué? ¿qué pasa?
Las miradas fueron hacia Free, que no se dio por aludido. Ni siquiera sintió la presión de los presentes para entender qué era lo que ocurría en estos momentos. Joshua era uno de los que estaba deseando salir pitando de allí, el ambiente tan tenso, provocado por la cólera contenida de Free De La Hoya, era insoportable. Al menos, para él. ¿Cómo podían aguantarlo Lui y los demás? No era capaz de explicárselo.
- Supongo que todos recordáis la Liga Mundial. – Habló Free tras diez larguísimos minutos que para Joshua fueron algo parecido a una agonizante eternidad. – Y supongo que todos recordáis las normas que hay entre los Cinco Grandes, como equipo.
- Creo que ya sé por dónde vas. – Dijo Lui.
- ¿Qué tal si me haces pues los honores, Lui? – Ofrecía Free con un tono extraño para el aludido.
Lui cerró los ojos, echando un suspiro. Lástima que Japón fue uno de esos países que no fue invitado a participar en la Liga Mundial. Enfrentar a los Raging Bulls con Joshua y Free en el equipo habría sido divertido, y aplastar al BC Sol una auténtica gozada. Qué pena que no pudo darse la ocasión. De hecho, Lui todavía tenía ganas de vérselas con Valt Aoi. No pudo coincidir con él ni siquiera en la Liga Internacional. Es como si el universo se hubiera reído en su cara.
- Los Cinco Grandes son los cinco mejores bladers del mundo, eso lo sabemos todos. – Lui se cruzó de brazos. – Y para mantenerse en el equipo, no pueden ser derrotados por nadie salvo que la derrota sea a manos de otro miembro del equipo. Y todos los que estamos aquí sabemos perfectamente lo que pasó en el Mundial.
- Oh claro, menudo banquete me di yo. – Sonrió Silas. – Sobre todo a cierto héroe de pacotilla que hay por aquí. Todavía me acuerdo de cómo logré dejándote como el segundón.
- Cht... - Joshua se sintió insultado, pero no se vio con valor de romper su silencio. Temía la reacción de Free, quien tenía la cabeza apoyada en la rodilla. Tenía el pie derecho sobre la mesa. – Y me sé de un par de bladers de tercera que se las daban de muy grandes, pero que de grandes no tenían nada.
- Te estás pasando de la raya, chaval. – Xander lució muy cabreado. – Si quieres que te haga una cara nueva, tan sólo dilo. – Crujía sus nudillos, con cara de pocos amigos.
- Déjalo, Xander. – Ren Wu Sun optó por la calma, poniendo una de sus manos por delante del pelirrojo. – Caer en sus provocaciones no vale la pena.
- Tipo listo.
- Supongo que aquí, el Dragón Dorado intenta hacernos entender que tanto Joshua como nosotros dos estamos fuera del equipo, ¿no es así, Free?
El rubio tenía los ojos cerrados, casi queriendo mantenerse al margen de la conversación independientemente de cómo se estuviera desarrollando. Es como si no tuviera interés. Su prolongado silencio incomodó al resto, excepto a Silas que también observaba al Dragón Dorado. Todos esperaban por una respuesta que tardaba en llegar.
- Es un sí al cincuenta por cierto... - Susurró Free, haciendo que Ren Wu Sun arqueara una ceja, desconcertado. – Joshua y Xander fueron derrotados... de modo que ellos se quedan fuera sí o sí.
- ¡Ni hablar! – El pelirrojo se puso de pie. - ¡No pienso aceptarlo! ¡Me gané el derecho de tener un puesto entre los Cinco Grandes, y no vas a ser tú quien me diga «adiós muy buenas» de esta manera! – Apretaba los puños, ignorando completamente cómo la expresión de Free cambió sutilmente.
Lui fue el único en no pasarlo por alto. Notó el momento en el que esos ojos obtuvieron un pigmento dorado todavía más intenso, y sintió cómo la energía de Free se alteraba ligeramente en una pequeña señal de peligro. Moviendo poco a poco sus ojos amatistas, Lui supo que Xander se la estaba jugando. Free no lo decía en broma. De hecho, era el que más se estaba tomando todo esto de una forma muy seria. Quizá demasiado.
- Yo... quisiera decir algo, si no os importa. – Habló Joshua, que parecía huir de la observación de Free. – Para cualquier blader es un gran honor y orgullo estar entre los Cinco Grandes. Puedo comprender perfectamente cómo se está sintiendo Xander en estos momentos. – Y se fue poniendo de pie. – Pero por favor, Free, deberías reconsiderarlo. Xander es un blader fuerte, no es alguien al que cualquiera pueda vencer.
- Joshua... - Susurró el pelirrojo.
- En vez de querer echarle del equipo de esta forma, ¿por qué no nos explicas los motivos? Sé que es una de las normas de los Cinco Grandes quedarse fuera del equipo si te vence un blader que no forme parte del mismo. Vale, eso lo entiendo. Lo que no puedo entender es por qué estás haciendo esto de esta manera y encima tan de repente.
- Es verdad. – Habló Ren Wu Sun. – Joshua tiene toda la razón. Esto no es propio de ti, Dragón Dorado.
Evidentemente, el rubio no contestó de forma inmediata. Aunque contempló a Joshua y a Ren Wu Sun, enseguida devolvió su mirada sobre Xander. El pelirrojo continuaba furioso, y su aguante se iba terminando a medida que el silencio del Dragón Dorado se prolongaba. Apretaba más los puños, y llegó al punto de acercarse a Free. No tuvo miedo. Y no se sintió intimidado.
- ¡¿Vas a quedarte ahí sin decir nada?! – Vociferó. - ¡Me da igual que seas el líder de los Cinco Grandes! ¡No puedes tomar decisiones a tus anchas! ¡Debemos estar todos de acuerdo! – Pero Free continuó con esa expresión impasible, aunque sus ojos continuaban mostrando enojo. - ¡Y me da igual lo que me digas! ¡No voy a largarme porque tú así lo quieras! ¡¿Me has escuchado?!
- Ya lo entiendo... - Free escondió su mirada debajo de su flequillo. Lui tuvo un muy mal presentimiento. – Pero... si quieres... - Sonrió de lado. – Podemos arreglarlo fácilmente.
- ¡¿Me estás retando?! ¡Si te piensas que puedes desafiarme y vencerme, vas muy equivocado, chaval! ¡No será como la última vez!
- Bueno... - Alzó la cabeza, con los ojos completamente de color dorado que no dejaban de brillar. Incluso algunas venas de sus brazos y su rostro se marcaban en su piel a simple vista. Lui pudo ver mejor la silueta de Fafnir detrás del muchacho. - ¿qué tal si lo comprobamos?
- ¡Muy bien! ¡Vamos!
Free se rio por lo bajo y no tardó en ponerse de pie, siguiendo de cerca a Xander hasta encontrar el primer estadio del campus que pillaron. Eso atrajo la atención de algunos miembros del BC Sol que pasaban por allí, como Sasha y Rickson. Jin lo veía desde una ventana, en el interior del edificio. Entre unos y otros fueron llamándose, de modo que el rubio y el pelirrojo tuvieron su pequeño público. Honey aprovechó para ir a llamar a Cristina, ya que incluso Raúl, el entrenador oficial del BC Sol, estaba presente. Sorprendentemente, Lui decidió ponerse de árbitro.
- ¡Ya verás! ¡Voy a machacarte! – Xander asesinaba a Free con la mirada. Sin embargo, el rubio continuaba sonriendo con esa mueca, casi mostrando hasta cierta maldad.
- Bueno, «compañero» - recalcó con cierto desprecio - hacerte pedazos... será todo un placer para mí.
Fafnir estaba hambriento. Lui veía cómo el dragón se nutría de la energía de su dueño, y se hacía mucho más poderoso de lo normal a través de la ira que parecía no abandonar el corazón de Free. Nada más empezar, la batalla de beyblade resultó ser más intensa de lo esperado desde su inicio. Honey había podido convencer a Cristina de salir para acercarse. La dueña del BC Sol era una de las únicas personas, aparte de Lui, que sabía por qué ocurría esto. El choque de energías se repetía de forma constante, y era tal la potencia, que obligaba al resto a alejarse para garantizar la propia integridad física. Xander no daba crédito ver cómo Fafnir resistía sus ataques. Al alzar la vista del estadio para ver a Free, casi pudo ver una sombra detrás de él. Una sombra que tenía la misma figura que el muchacho, pero que sonreía de forma tétrica. No tuvo un buen presentimiento.
Concentrando su energía, Free procedía con relativa lentitud. Disfrutaba de ver la expresión de Xander sumida en el estrés y el agobio por la batalla, sabiendo que se las veía con alguien muy superior a él, y eso le creaba un sentimiento muy cercano y parecido a la desesperación. Free se deleitó contemplando todas esas emociones en el pelirrojo. Aguantaba perfectamente cuando la energía de Xander colisionaba con la suya. Estaba acostumbrado a cosas peores que esas. Sin embargo, ante una de esas colisiones, Free aprovechó para hacer daño a Xander permitiendo que una de las ráfagas de energía que salían disparadas, pasaran a través del cuerpo del pelirrojo que se vio obligado a ponerse de rodillas en el suelo.
- No voy a dejarte caer tan fácilmente, Xander. – Habló Free, todavía con esa torcida sonrisa. – Tienes que divertirme un poco más.
- Cht... qué aires más subidos... - Con uno de sus ojos cerrados por el dolor, Xander se puso en pie por pura necedad. No iba a rendirse. De hecho, él no sabía cuándo rendirse. - ¡No creas que me has vencido con tan poca cosa! ¡No pararé hasta machacarte! ¡¿Te ha quedado claro?!
- Hm.... sí, eso está mucho mejor.
Cristina llegó al estadio, por el bullicio que había. De su cuello colgaba una pequeña bolsita que parecía contener algo en su interior. Por primera vez, Lui se alegró de verla. Free ignoró completamente su presencia. Sin embargo, Cristina pudo reconocer la sádica expresión del rubio, y sus intenciones de hacerle daño a Xander. La dueña del BC Sol se cuestionó sobre si el pelirrojo no era consciente del peligro al que se estaba exponiendo. Ahora mismo, Free no era el chico que todos conocían. Él había dejado de ser el Free de antes. Era un Free completamente distinto, aunque parte de su esencia todavía se conservara.
No había modo de que Xander lograra hacerle mucho a Fafnir, el cual absorbía la energía de su bey, además, el rubio también utilizaba la propia para hacerle todavía más daño al pelirrojo y llevarlo más allá de su límite. Xander no lo comprendía, pero el dolor que sentía en su cuerpo era cada vez más grande hasta que volvió a caer de rodillas, y esta vez, su cuerpo no quiso responderle. Ren Wu Sun decidió acercarse.
- Xander, tienes que parar. – Le dijo. - Esto es demasiado.
- Ni de coña... - Susurró. - ¡Yo todavía puedo! – Levantó la cabeza, viendo que Free tenía la suya inclinada. No había emoción en esos ojos tan abiertos que daba hasta miedo mirarlos. - ¡Le voy a demostrar a este flipado de qué pasta estoy hecho!
- Xander, reconsidéralo. – Insistió Ren Wu Sun, más consciente de lo que estaba ocurriendo. – No hay necesidad de que demuestres nada, todos sabemos que eres muy fuerte, pero...
- ¡¿Pero qué?! ¡¿Acaso me vas a decir tú también que no puedo vencer a este tío?!
- Pues claro que no. – Fue Free quien respondió a esa pregunta, con un tono frío y seco, carente de sentimiento. – No tienes lo que hay que tener para vencerme, pero... - Inclinó todavía más la cabeza. Fue un gesto que Lui y Cristina supieron interpretar inmediatamente.
Free se había enfadado todavía más, si es que eso era posible. Cristina reconoció el pánico que la atizó desde dentro. Lui sabía que esto había que pararlo, pero, por primera vez, no supo cómo. El Dragón Dorado era demasiado poderoso, incluso físicamente no podía contra él.
- El primero que no te va a dejar marchar voy a ser yo. – Free terminó su frase. – Tú. – Miró a Ren Wu Sun. – Apártate.
- No. – Ren se puso de pie, y delante de Xander. – No sé qué ocurre contigo, Dragón Dorado, pero no voy a permitir que sigas haciendo daño a Xander.
- ¡Cállate, idiota! ¡No te metas! – Vociferó el aludido. Free dejó de inclinar tanto la cabeza, pero en cambio, su sonrisa se torció más.
- ¿Significa eso que vas a ser tú quien me entretenga?
- No. – Contestó con firmeza. – No pienso alimentar la ira que hay en tu interior. Está claro que ha tomado posesión de ti y no te va a dejar ir. Quiero hacer esto de forma pacífica.
El rubio no dijo nada, pero Lui estaba atento a cualquier acción por su parte. Y el primer paso que Free dio hacia adelante fue una mala señal para Lui. Sin embargo, y antes de que pudiera pasar cualquier cosa, el Dragón Dorado fue detenido desde la espalda. Unos brazos rodearon su cuerpo en un abrazo, unos brazos que el rubio reconoció al instante. Demasiado tiempo compartiendo tiempo con la dueña de esas manos que se aferraban a él en un acto casi desesperado para hacerle reaccionar.
- Por favor, Free. – Era Cristina. – Ya basta, por favor. No les hagas daño. – Su tono de voz era de súplica, y se notaba que sufría por verle así. – Hazlo por mí, por favor. Detente.
El cuerpo de Free continuó rígido, casi como si una parte de su dueño se negara a escucharla. Pero fue más el amor que sentía por ella, que la cólera que atacaba su alma, lo que le hizo ceder. Volvió a la normalidad, dejando de usar su energía. Su cuerpo se relajó, poniendo una de sus manos sobre las de Cristina, para aceptar su cercanía. Ren Wu Sun y Lui se sintieron aliviados, porque se habían salvado de vete a saber qué. De todas maneras, Xander no estuvo satisfecho con un resultado así.
Chapter 33: ¡Fuera De Control! ¡Un Poder Superior!
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La noche había llegado. Un aire fresco soplaba, jugando con las hojas de los árboles que formaban el bosque del BC Sol, en cuyas instalaciones gobernaba la calma. Algunos bladers cenaban tan felizmente en el comedor, incluso parte de los Cinco Grandes. Lui era la única excepción. El japonés se hallaba en el despacho, en compañía de Cristina. El muchacho, enfrente de la ventana, contemplaba el exterior mientras tenía los brazos cruzados. Cristina sujetaba un cuadro donde había una imagen en la que salía ella de pequeña abrazando a un Free aún más pequeño, quizá un par de años, que sólo quería esconderse de la cámara.
- ¿Qué opinas de esto, Lui? – Rompió el silencio, con la mirada baja. Había tristeza en sus ojos.
- Sinceramente, no me esperaba que el cambio fuera a ser así. – Fue lo que contestó. – Pero creo que era necesario hacerlo. El bloqueo que tenía en la mente era demasiado fuerte e intervenía en todos y cada uno de los sentidos de su vida.
- Ya... - Su tono de voz fue seco. Cristina echó un suspiro muy pesado. – Ahora nadie sabe qué es lo que va a pasar con Free.
- Como mínimo sabemos que todavía te escucha. Puede que una parte de él se niegue a hacerlo, pero al parecer, eres lo suficientemente importante como para que él ceda.
Cristina permaneció callada. Con las yemas de sus dedos, acarició el cristal que protegía la imagen que se hizo durante su infancia. Le costaba creer que ese pequeño Free hubiera cambiado tan drásticamente. Pero puede que Lui tuviera razón. Puede que toda esta situación fuera culpa suya. Al fin y al cabo, fue ella quien le estuvo ocultando a Free la auténtica verdad sobre su pasado, un pasado que, hasta hacía poco, era un tabú para su mente. Un pasado olvidado que ahora había regresado, trayendo todas sus consecuencias. El temor más grande de Cristina no había hecho más que empezar.
- No creo que sea capaz de escucharme por mucho más. – Fue lo que dijo Cristina de repente. – Los dos lo hemos visto. – Dirigió su vista hacia Lui, que se hallaba a su derecha. – Su ira es demasiado grande.
- Es cierto que gracias a ti Xander está bien. Y también es gracias a ti que no fuimos heridos por aquellos que nos acorralaron en la casa de Free. – Decía, acordándose de ese gran número de bladers que parecían estar de acuerdo con los ideales de Phi. - ¿Cómo lo has hecho? – Sus ojos amatistas se encontraron con los azules de Cristina.
Ella miró la pequeña bolsita que colgaba de su cuello. Fue un detalle que Lui no había ignorado, obviamente. Cristina se la quitó para abrirla, sacando de ella un bey violáceo con la forma de una pequeña hada a un lado, y un dragón al otro, mientras que en su centro había un corazón de color verde. Era sin duda un diseño muy extraño.
- Lo hice gracias a esto. Raúl me ayudó a repararlo después de casi diez años inutilizado.
- ¿Inutilizado? – Repitió, arqueando una ceja. - ¿Qué quieres decir con eso?
- Este bey fue el primero que tuvimos Free y yo. Cuando Free se vino a vivir conmigo después de que mis padres y yo fuéramos a buscarle al orfanato, este fue el bey que nosotros dos compartimos.
- ¿Quieres decir que Free empezó con ese bey de pacotilla como blader? Me cuesta creerlo.
- Puede que parezca de pacotilla, pero... - Miró el bey. – Según Raúl, y según mi abuelo, en este bey descansa un espíritu que puede superar el poder de Free y neutralizarlo sin hacerle daño. Quizá por eso nos salvamos cuando decidiste mostrarle su auténtico mundo.
***
Salieron con éxito del orfanato y corrieron lo más lejos posible de allí, para llegar cuanto antes al BC Sol. Jin se tropezaba, así que a Lui le tocaba ayudarle. Afortunadamente llegaron al BC Sol, aunque Jin prefirió descansar un poco, obligando a Lui a esperarle alrededor de veinte minutos. Pasado ese lapso de tiempo, no tardaron en ir al despacho de Cristina, encontrando con que Free estaba allí hablando con ella de una trivialidad sin importancia. Pero esa conversación quedó interrumpida cuando hicieron acto de escena. Free no puso buena cara, y Cristina temió que Lui volviera a las andadas. Sin embargo, no fue así. Lejos de empezar a reírse o soltar amenazas, Lui caminó hasta quedar delante de Cristina hallada en el escritorio con un portátil delante y unas cuantas carpetas a los lados de archivos que tenía que revisar. Jin también estaba ahí.
- ¿A qué has venido ahora? – Preguntó la dueña del BC Sol con un tono severo en la voz. Lui permaneció impasible, hasta mirar a Jin que se acercó.
- Tenemos algo que es de especial interés para Free. – El pelinegro miró al rubio. – O que debería serlo. ¿Dejarás que le eche un vistazo? – Posó su vista ámbar en la pelirroja.
Cristina lució nerviosa, algo que a Free no se le escapó. En respuesta se acercó a ella, como tratando de protegerla de los dos recién llegados. Para Lui ese mensaje fue evidente. Ya estaba otra vez el Dragón Dorado protegiendo su tesoro más preciado, en este caso, a Cristina. Ella al final cedió, ya que tampoco tenía otras opciones. Lui sonrió complacido, antes de que Jin le diera a ella el disco externo para el portátil. Cristina hizo el resto. En cuanto vio de qué se trataba, no pudo abrir más los ojos.
- ¡No puede ser! ¡¡Esto es...!!
- Así es. – Se adelantó Lui. – Es todo lo que le has estado ocultando a Free. – Dijo, haciendo que el rubio inclinara la cabeza.
- ¿De qué estás hablando? – Fue lo que preguntó De La Hoya, el más confundido de entre los presentes. A Cristina le comenzó atizar el miedo, y su cuerpo empezó a sudar entre escalofríos.
- Jin me ayudó a ir al orfanato para que nos dieran los archivos que necesitábamos traerle a Cristina. De esa manera ella sería incapaz de negar la verdad que te voy a mostrar. – Lui miraba al blader número uno.
- ¿Qué verdad? ¿qué dices?
- Míralo por ti mismo. – Jin hizo los honores, acercándole a Free el portátil.
Cristina se sintió paralizada. Sus temores iban a hacerse realidad después de tantos años tratando de impedirlo. Observaba a Lui, atemorizada. Pero el japonés no dio importancia a sus sentimientos. Ni siquiera los valoraba. Él la consideraba una niña mimada y egoísta que sólo pensaba para sí misma, haciendo lo que mejor le conveniera mientras que había estado perjudicando a Free durante mucho tiempo, demasiado tiempo. Era hora de que eso se terminara. Y esa hora por fin había llegado.
En completo silencio, toda la atención recayó sobre Free que no apartó sus ojos mientras Jin, a su lado, esperaba muy pacientemente a que el chico fuera leyendo y releyendo cuantas veces quisiera todos los archivos que explicaban gran parte de su vida. Por un momento Lui le vio quedarse quieto como una estatua, pero eso no duró mucho ni así como su silencio:
- ¿Qué... qué es esto? – La pregunta que lanzó lo hizo con un tono de voz que Lui ya conocía. Era cosa del bloqueo en la mente de Free.
Ese bloqueo intentaba hacer que el rubio huyera de esa situación. Creaba la adrenalina en su cuerpo para limitar todavía más su capacidad de respuesta y reacción, dejándole elegir entre luchar o huir. Pero Lui no estaba dispuesto a permitir que De La Hoya continuara evadiendo esa realidad. Él necesitaba conocer ese mundo que una vez existió y al que una vez perteneció, antes de que todo quedara destruido por la tragedia y eventualmente la muerte de la que el rubio fue testigo a muy temprana edad.
- Esto es básicamente toda tu vida registrada. – Respondía Lui sin tacto. – Tus padres, Free. Ellos murieron en un accidente de tráfico del que tú saliste herido. Puede que no lo recuerdes, pero... - hizo una pausa, señalándole. – TÚ LES VISTE MORIR. – Recalcó, sin alzar la voz. Antes de que el rubio retrocediera, Lui se acercó y sujetó una de sus muñecas con fuerza. – Y ahora mismo voy a mostrártelo mejor.
- ¡Espera un momento! – Cristina se puso en pie, antes de que Lui hiciera nada. - ¡Yo no voy a permitir que...!
- ¿No vas a permitir qué? ¿el que Free conozca su origen? – Se adelantó Lui. – Mira, Cristina, llevas muchísimos años convenciendo a Free que es parte de tu familia, que desde siempre ha estado a tu lado cuando en realidad Free se quedó completamente solo. – Decía mientras dejaba que el aludido le escuchara en el silencio que le paralizaba. Era culpa de su mente. El bloqueo de su mente estaba reaccionando.
Todo lo que Lui decía le encajaba, de alguna manera le encajaba. Sin embargo, lejos de sentirse contento o algo por el estilo, los sentimientos que le invadieron fueron abrumadores y aterradores a tal grado que hasta sintió que su temperatura corporal, siempre más elevada que la de todo el mundo, bajaba repentinamente. ¿Sus padres estaban muertos? ¿un accidente de coche? ¿su casa? ¿él tenía una casa? ¿algo que considerar su propio hogar?
Antes de poder hallar las preguntas a esa lluvia de dudas, se vio arrastrado por Lui. No ofreció resistencia, y Cristina salió corriendo detrás de ellos tratando de convencer inútilmente al Dragón Blanco de Japón sobre no hacerlo. Pero él la ignoró, del mismo modo que ignoraba las consecuencias de esto. Jin se limitaba a seguirles, sólo por si acaso. Ya había visto que el Dragón Dorado era incapaz de reaccionar de forma correcta. Respondía erróneamente, como si su cabeza no pudiera coordinarse bien. Incluso ignoraba el bullicio de las calles tan transitadas de Barcelona.
La distancia que recorrieron fue larga. Estaban a las afueras de la ciudad, donde abundaba más la naturaleza. Cristina simplemente no pudo quedarse en el BC Sol, temiendo por Free, y más por sí misma. Puso en duda su propia seguridad, en un acto egoísta. Ninguno sabía qué es lo que podría ocurrir con Free, quien finalmente vio una casa bastante grande rodeada por una valla. Lo que una vez pareció ser un bello jardín, ahora no era más que un lugar siniestro donde abundaba la soledad y el abandono. Se notaba que aquí no había vivido nadie por muchísimos años. La puerta de la valla metálica estaba abierta, aunque la de la entrada del edificio no.
- Aquí es donde vivías con tus padres. – Habló Lui, mirando a Free. – Tu madre era empresaria. Ella amó el beyblade, así que decidió montarse un negocio para ayudar a otros bladers una vez que ella optó por retirarse. O eso es lo que dicen los archivos.
- Industrias Danae, ¿te suena? – Saltó Jin.
- Danae... - Repitió Free, en un susurro. Lui le soltó, viendo que el rubio se acercaba a la puerta de la casa grande. – El diario de Jinbei... ese nombre estaba ahí escrito...
- ¿Leiste el diario del abuelo? – Cristina no pudo dar crédito a lo que estaba oyendo. - ¿Cómo has...? ¿por qué lo has hecho? Quiero decir, ¿fuiste a su habitación para resbucar?
Pero Free no respondió. Su bloqueo mental no se lo permitió. Su mente aún se resistía ante lo que ocurría. Lui le hizo un gesto a Jin, que se acercó a la puerta de entrada para abrirla. No tenían una llave, de modo que tenían que ingeniárselas. Lo primero que sintió Free fue un aroma a viejo provenir del interior de la casa a la que entraron. Todo parecía estar en orden, salvo algunas cosas irrelevantes que sin embargo, dieron la sensación de que alguien se había ido de aquí cogiendo lo imprescindible para marcharse con mucha prisa. Lui estuvo atento a Free, aunque también se permitía el contemplar el interior del edificio así como Jin y Cristina.
- ¿Hace cuánto que nadie ha venido por aquí? – Soltó Jin, dejándolo caer de forma conveniente.
- Como diez años casi. – Respondía Lui. – Justamente cuando tuvo lugar el accidente de los dueños de esta casa.
- Ajá. Los padres de Free. – Jin miró al aludido que estaba delante de una estantería.
- ¿Qué es eso? – Lui se acercó al rubio.
De La Hoya sostenía un cuadro en el que había una imagen. Aparecían dos adultos, y el propio Free en su infancia. También había otra pareja sosteniendo a una niña, pero no había rastro de estos tres últimos en los archivos. En silencio, Lui veía que Free parecía inmerso en su propio mundo. Sin embargo, la mirada del muchacho estaba muy abierta, como si algo prohibido le hubiera sido mostrado al fin.
- Según los archivos... - Susurraba Lui. – Esos dos que están a tu lado en la foto son Arnau y Yolanda. – Dijo. – Son tus padres, Free. – Sentenció.
Pero el aludido pareció quedarse en shock. Jin era el único que permanecía más a distancia de ellos, porque Cristina se acercó a Free con una preocupación enorme. Por su parte, Lui confiaba en que esto pudiera tener por fin el efecto que había estado esperando. Pero ninguno era consciente de lo que estaba pasando realmente. Lo único que vieron fue que Free soltó repentinamente el cuadro, aunque más bien lo dejó caer, haciendo que el cristal se rompiera cuando impactó contra el suelo. Cristina supo que no era una buena señal.
- ¡No deberías haberle traído aquí! – Señaló a Lui con el dedo. - ¡¿Qué crees que...?!
No tuvo tiempo de terminar de hablar que, asustada, se alejó dos pasos cuando el suelo, debajo de Free y de ellos dos, empezó a resquebrajarse. Observaron que la energía dorada de Free se había activado, sin que aparentemente su dueño estuviera haciendo nada en concreto.
- Algo no va bien. – Avisó Jin, a dos metros de distancia.
- ¡¿A qué te refieres?! – Preguntó Cristina.
- Su energía. – Jin lucía alarmado, casi como si estuviera contemplando algo peligroso. – Su energía está...
Pero no acabó de hablar. Free se dejó caer de rodillas, viendo la imagen de sus padres con los ojos bien abiertos. Algo dentro de él palpitaba con fuerza, desde su más profundo interior. Lui permaneció a su lado, viendo que, efectivamente, algo iba mal. Ocurría algo que ninguno de los presentes comprendía. Sólo Cristina tenía una ligera idea de ello.
- ¿Muertos...? – Murmuró Free.
- ¡Lui, aléjate de él! – Jin alzó la voz, haciendo que el japonés le mirase antes de devolver sus ojos en Free.
Sin embargo, sucedió demasiado deprisa. Lui no tuvo tiempo a reaccionar cuando tanto a Cristina como a él les empujó un viento violento surgido de forma repentina cuando Free se rodeó por completo de su energía dorada que no hacía más que subir sus niveles de potencia. Desde el suelo, Cristina vio cómo esos ojos oscuros del mejor blader del mundo, parecían convertirse en luces interminentes a causa de la energía que finalmente ocupó por completo la mirada de Free. Aunque eso no fue todo. Algunas piedras rompieron las ventanas, al ser lanzadas desde fuera. Asomándose, Lui vio a un gran grupo de jóvenes, todos bladers.
- Mierda, tenemos compañía.
- ¿Qué dices?
- ¿Cómo que compañía?
- ¡¡Sabemos que estáis ahí!! – Gritaron desde el exterior.
- ¡¡Salid fuera y dad la cara!! ¡Os vamos a destrozar!
- ¡¡Y sabemos que Free De La Hoya está ahí!! ¡Entregádnoslo!
La cosa se había complicado. Free no reaccionaba, y simplemente continuaba resquebrajando el suelo debajo de él, dando la sensación de que además, sería capaz de hacer cualquier cosa en estos momentos.
- Jin, quédate aquí. – Dijo Lui.
- ¡¿Eh?! ¡Estarás de broma! – Protestó. - ¡No puedo...!
- ¡He dicho que te quedes!
Lui salió fuera, abriendo la ventana. Era tal el aire tan violento que había en el interior de la casa, donde volaba cualquier cosa más ligera que el viento levantado, que moverse era difícil. Cristina siguió el ejemplo de Lui, con tal de poder convencer a esos bladers de reconsiderar la idea y volver por donde habían venido. El único que no se movió fue Jin, quien escuchaba el jaleo que se había montado fuera en un abrir y cerrar de ojos. Lui y Cristina parecían tener problemas. Quizá es que había mucha gente que los había venido a buscar. Seguramente eran seguidores de Phi, a juzgar por cómo pidieron entregar a Free.
Aizawa observó cómo el rubio se ponía de pie, y se puso pálido. El chico flexionó los brazos, antes de gritar con fuerza. Segundos después su energía dorada se extendió hacia arriba, creando un agujero en el techo con violencia antes de alcanzar el cielo que se tiñió del color de oro, extendiéndose como si fuera una enorme red de pesca. La casa entera también se había iluminado, y antes de que Jin pudiera hacer nada, recibió una ráfaga de esa misma energía que lo envió volando fuera del edificio. Free le acababa de atacar. Al abrir los ojos, se topó con que los seguidores de Phi tenían a Cristina inmovilizada y Lui intentaba defenderse del resto a duras penas.
- ¡Heh! ¡Ahí estás! – Uno de ellos vio a Free.
- ¡Free no salgas! – Cristina alzaba la voz.
- ¡Jin! ¡¿Qué demonios está pasando?! – Lui miró al pelinegro, evitando que le cogieran desprevenido por su distracción.
- Me temo... que el Dragón Dorado está fuera de control.
Y efectivamente, en cuanto cuatro bladers trataron de echársele encima, el Dragón Dorado los alejó de forma violenta usando una ráfaga de energía como si se tratara de una cuchilla sólida que simplemente los empujó varios metros lejos de él. Con los ojos completamente iluminados y las venas marcándose en su piel, contempló al resto de bladers sólo para percatarse de que Cristina estaba sometida tras haber recibido seguramente un par de golpes, a Jin en el suelo como la menor de sus preocupaciones, y a Lui habiendo repartido patadas y golpes a diestro y siniestro para defenderse pero con cada vez un mayor cansancio.
El grupo de bladers pareció confuso. Ninguno de ellos comprendía realmente la gravedad de la situación. Pero no necesitaron hacer nada, porque el Dragón Dorado usó su energía para atacarles, moviendo las manos para crear más ráfagas o esferas según le conveniera. Apartó a los que estaban más cerca de Lui, a quien se encaró todavía con esa mirada irreconocible. Lui tragó saliva, sintiéndose en un verdadero peligro a causa de este chico.
- ¿F- Free...? – Le llamó, sin saber qué es lo que podría ocurrirle. – Soy yo. Soy Lui. Lui Shirosagi. Me reconoces, ¿no?
El rubio ni siquiera contestó. Seguía mirándole directamente, poniéndose serio. Se movía en cada lateral del rostro de Lui, casi reconsiderando la idea de hacerle lo mismo que al resto de bladers que salieron volando desde su espalda cuando Free sintió la presencia de ellos y sus malas intenciones. A causa de la fuerte caída, algunos se hicieron daño. Hubo un par que tuvieron fracturas en las piernas por cómo Free les había levantado del suelo a casi tres metros para que tuvieran una caída dolorosa. Y todo, sin apartar los ojos de Lui.
- ¡Será hijo de puta! ¡¿De qué va?!
- ¡Vamos a por él, deprisa!
Free se giró rápidamente, reconociendo a aquellos que habían hecho daño a Cristina y contra los cuales fue mucho más severo que con el resto. Lui se quedó paralizado viendo cómo los atacaba sin parar. Sin embargo, veía que Free apretaba la mandíbula sin parecer especialmente contento con lo que hacía. Puede que ni siquiera fuera consciente del daño que estaba causando. Ese grupo de bladers quedaron heridos en el suelo, incapaces de mostrar resistencia o siquiera defenderse. Pero eso a Free no pareció importarle en lo más mínimo.
Con las manos en puños, caminó hacia ellos dispuesto a enseñarles quién mandaba aquí.
- ¡¡Ya basta, Free!! – Gritó Cristina, poniéndose de pie gracias a la ayuda de Lui.
- ¡¿No puedes hacer algo, Jin?! – Shirosagi miró al pelinegro, que negó con la cabeza.
- Mis espíritus no le harían ni un rasguño, y además, si lo intentara, podría vernos como una amenaza para él.
- ¡¿Pero qué me estás contando?! – A Lui se le acababan las opciones. - ¡¿Es que acaso no podemos hacer nada?!
- Si alguno de nosotros intenta intervenir, lo más probable es que terminemos bajo tierra. – Decía Jin. – No tenemos el poder para detener al Dragón Dorado. Su energía es demasiado poderosa, y creo que... al romper ese bloqueo, la hemos desatado de muy mala manera...
- ¡Debe de haber algo! ¡Tenemos que parar a Free como sea!
Y es que esos bladers estaban sufriendo las consecuencias. El Dragón Dorado no tenía piedad de ellos. Ni siquiera escuchaba las súplicas para que se detuviera. Free no era capaz de escucharles. Cristina apretó las manos contra su pecho al ver lo que al rubio le estaba pasando, y lo que les hacía a esas personas que no podían hacer nada. Ella temió que esos bladers salieran mucho peor que simplemente heridos... ¿Pero de verdad que no había nada para detenerle? ¿no existía un poder para ello?
De repente, la bolsita que colgaba del cuello de Cristina se iluminó. Ella retrocedió dos pasos, sin saber qué era lo que ocurría. Lui y Jin tampoco tenían una idea de ello. La luz fue tomando fuerza, al grado de que algo salió de la bolsita en forma de una hermosa mujer hada con alas en su espalda y una corona, también en forma de alas, decorando los laterales de su cabeza y su frente. En el centro de su pecho había un corazón de color verde. Su pelo, que parecía extenderse a medida que avanzaba, era como un velo semitransparente. Cristina la reconoció enseguida.
El hada alcanzó a Free, usando su cabello como si fuera una sólida y dura atadura de la que el Dragón Dorado no fue capaz de soltarse por mucho que usara su energía, la cual, fue reduciendo su nivel al grado de que el hada consiguió neutralizarlo por completo. A causa de ello, la mirada de Free regresó a la normalidad y esa luz dorada desapareció así como las venas marcadas en el cuerpo del joven, quien fue dejado en el suelo con suavidad gracias al hada a quienes Lui, Jin y Cristina se acercaron.
- ¿Qué es esto? ¿un espíritu? – Preguntaba Shirosagi.
- Sí, tiene toda la pinta. Incluso la esencia. – Sonrió Jin. – Pero es un espíritu especial, parece.
Mientras Lui miraba a Jin, tratando de entender sus palabras, Cristina se acercó al hada con lágrimas en los ojos. El ser espiritual se acercó a ella, con una afable expresión en su rostro, antes de asentir con la cabeza, sonreír sutilmente y regresar al interior de la bolsita.
- ¿Qué clase de espíritu es ese? – Preguntó Jin, mientras Lui se acercaba a Free para comprobar que estuviera bien.
- Es el espíritu de este bey. – Cristina sacó el objeto del interior de la bolsita. – Ha estado en el interior de este bey por casi diez años. Nunca pensé que continuara presente, después de lo que le ocurrió. Pero estoy tan feliz... - Sonrió. - ¿Cómo está Free, Lui?
- Aparentemente está bien. – Respondió el chico, cargando al rubio en su espalda. – Es como si le hubieran dormido. ¿Ha sido cosa de ese espíritu que decís?
- Sí. – Asintió Jin. – Es un espíritu especial. – Dijo, captando la atención de los otros dos.
- ¿Especial? – Repitió Lui. - ¿Qué quieres decir?
- Yo tampoco lo entiendo mucho...
- Para explicarlo de forma sencilla... un espíritu es una esencia formada a través de una serie de sentimientos, y que puede tomar forma material. – Contó. – Podría entenderlo mejor si me explicaras más sobre ese bey que tienes. – Señaló Jin.
- Vale, pero primero volvamos al BC Sol, ¿os parece?
Los chicos asintieron, aunque miraron al gupo de bladers que seguía ahí, en el suelo. Ninguno pareció convencido. Jin suspiró y decidió ocuparse él, y dejar que los otros dos se adelantaran. Al menos así se quedarían tranquilos.
Chapter 34: Un Nuevo Camino
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No podía dormir. Su mente no le dejaba. Le devolvía una y otra vez a esos traumáticos momentos de su infancia que le hacían gritar. Por esa misma razón había abandonado su cuarto, el que ahora era mucho más solitario ante la ausencia de Valt Aoi. Nunca creyó que echaría de menos a alguien de la forma en la que lo estaba haciendo. Pensar en el pelinegro no mejoraba su estado de ánimo. Todavía se sentía triste. Valt se fue a Japón, haría cerca de un mes y medio, y ni siquiera se despidió de él. Y caminando por el bosque, Free pensaba en la situación de Valt.
Cuando vinieron los Cinco Grandes a España para buscarle y ponerle al tanto de lo que ocurría con un blader llamado Phi, Free no pudo entender los sentimientos de preocupación de Valt hacia su familia. En aquellos instantes, el bloqueo de su mente todavía estuvo presente. No era hasta hacía aproximadamente una semana que eso había cambiado. Ahora comprendía qué era tener una familia y cómo se sentía el hecho de haberla perdido. Era tal y como decía Lui: se había quedado solo en este mundo. Pero una parte de él, su intuición, le intentaba avisar de que eso no era del todo cierto. Todavía quedaba alguien. ¿Puede que fuera esa tal Danae que conoció Jinbei? Free recordó aquel cuadro que vio en su casa. La imagen mostraba a una pareja sosteniendo a una niña. ¿Quiénes eran ellos tres? ¿tendrían algo que ver con él?
Sus pies le llevaron hasta el estadio del bosque. Era su lugar favorito, ahí, donde cualquiera podría encontrarle si sabía llegar hasta aquí. Muy pocos lo lograban. El bosque, propiedad del BC Sol, era enorme y perderse era pan comido. Sólo Free se lo conocía como la palma de su mano después de años enteros recorriéndolo de cabo a rabo. Se conocía todos los caminos, los rincones, cada escondrijo, cada riachuelo que había, cada animal que venía o se iba. Lo conocía absolutamente todo. Y el bosque siempre hablaba con él, en un lenguaje que para el resto era completamente incomprensible.
El ciervo apareció. Los dos se mantuvieron la vista, inclinando la cabeza. Fue el primer gesto que Free imitó de alguien más, aunque fuera de un animal. El ciervo se le acercó, hasta dejarse acariciar por el rubio que le sonrió. El ciervo pareció ponerse muy feliz de volver a verle.
- Yo también me alegro de que estés aquí. – Rompió Free su silencio, en un suave tono de voz. Casi susurraba. – Debes de haberte sentido solo sin el abuelo Jinbei... - Y es que ahora resultaba especialmente duro el entender que en realidad había estado muerto en vez de simplemente dormir.
Free se sentía estúpido, y muy enfurecido consigo mismo. ¿Cómo pudo pensar que la gente dormía cuando moría? ¿por qué no pudo entender la muerte como todos los demás? Eran tantas las dudas, que decidió dejarlas a un lado. El viento sopló, trayéndole un sonido de calma, casi diciéndole que no tenía por qué sentirse mal. El bosque le hablaba, como aquel que conocía bien sus secretos y sus sentimientos más íntimos. Aquí donde todos sus enigmas estaban a salvo.
- ¿Sabes una cosa? – Acariciaba al ciervo, que con su morro tocaba su mejilla. – Ya he podido acordarme de todo. – Dijo. – Me acuerdo de mis padres, de mi casa... de todo antes de venir aquí. – Hablaba, viendo que el ciervo hacía sonidos como si le estuviera contestando. Free le comprendió a la perfección. – Sí, es doloroso. Se siente como si hubiera ocurrido hace una eternidad...
El ciervo percibió su tristeza, y sus sentimientos. Caminó para quedarse detrás del rubio y tocar su espalda o su cuello, para luego apoyarse en su hombro muy brevemente. Incluso le dio algunos empujones en la cabeza con su morro. Free sólo sonreía y se reía de vez en cuando, para después sentarse en el suelo. El ciervo lo hizo, para que él pudiera reposar sobre su lomo. Los dos compartieron el calor mutuo mientras observaban el cielo nocturno. A veces pasaba una estrella fugaz en milésimas de segundo. Se oían los grillos, y las luciérnagas parecían danzar de aquí para allá. Era el ambiente que tanto le gustaba a Free. Una atmósfera relajada, que invitaba al sosiego. El bosque comprendía lo que ocurría en su corazón. El viento movía la espesura, para regalarle a Free y a su sentido de la audición un sonido tranquilo. El chico suspiró.
Él lo sabía bien. Gracias a que Lui se había tomado la molestia de sacarlo de su estancamiento, y a que eso había roto por fin el bloqueo que permaneció durante casi diez años en su mente, ahora un nuevo camino se había abierto ante su persona. Un nuevo destino le esperaba. Y todo por Lui, ese dragón obstinado y orgulloso que no sabía estarse quieto una vez que algo se le metía entre ceja y ceja. En cierto modo, eran parecidos en eso. Tenían muchas cosas en común, y por esa razón compartían un lazo tan fuerte entre ellos. Free no dudaba a la hora de pensar sobre Lui. El Dragón Blanco de Japón era una de las personas más importantes de su vida. Uno de sus seres más queridos. Y alguien a quien no quería perder por nada del mundo, sin importar qué.
- ¿Qué crees que debería de hacer? – Le preguntó Free al ciervo, que parecía escucharle con calma. – Los Cinco Grandes han venido a buscarme... y todavía no se han ido. – Qué lástima, porque eso le haría sentir mucho más cómodo. – Si te soy sincero... - Suspiró por segunda vez. – Me da miedo con lo que pueda encontrarme. Ese tal Phi parece un tipo de lo más fuerte, y tengo ganas de enfrentarme a él, pero... ¿crees que debería? – Apoyó su cabeza en el cuerpo del ciervo, que estaba detrás. El animal hizo un ruido, contestándole. – Ya, supongo. Valt todavía no está preparado para desafiar a ese tipo.
Y ahí estaba otra vez. Pensando en el chico. El rubio tuvo que admitir, mentalmente, que seguramente la situación sería muy angustiante para Valt. ¿A cuántos de sus amigos habría visto en el hospital? ¿con cuántos bladers, seguidores de Phi, se habría topado? ¿en cuántos problemas de los gordos se habría metido? ¿quiénes no le habrían ido a buscar con el fin de hacerle daño? Pero, lo más importante: ¿su familia se encontraría bien? Caer en ese detalle hizo que Free se diera cuenta de que ni siquiera se interesó nunca por la familia de Valt por culpa de su condición mental. Antes, todo lo que tuviera que ver con asuntos familiares era algo prohibido para su mente. Ese bloqueo le impedía comprender sentimientos ajenos y poseer un mínimo de empatía. Su mente, dañada por el trauma, estuvo huyendo desde que era niño. Aquello le enfadó.
¿Cuántas veces no habría culpado a Cristina por su egoísmo? ¿cuántas veces no le habría echado en cara a la pobre muchacha el que sólo pensara por y para sí misma? Y justo ahora, Free veía que aquello había sido completamente injusto. El primero que lo hizo fue él. Puede que no por voluntad propia, pero eso no le eximía de sus responsabilidades. También fue egoísta al permitir que su mente bloqueara esa parte de su vida, haciéndole creer que lo olvidó con el fin de protegerse de esa realidad. Ahora era capaz de comprender por qué y cómo terminó en aquel orfanato, y agradeció el que Cristina apareciera de aquella forma, invitándola a ser su amigo.
- Ella me salvó. – Dijo de repente. Miró su brazo izquierdo, oculto bajo ese guante largo que usaba. – Si no hubiera sido por ella, tal vez la oscuridad se habría apoderado de mí.
El ciervo permaneció a su lado, para hacerle compañía. Free volvió a sonreír, antes de ponerse de lado para quedarse más cerca del animal. Tocaba con su mano el pelaje marrón de su fiel e inseparable compañero. Siempre que venía al bosque, acababan por encontrarse. Los dos compartían una conexión única. Gracias al calorcito del ciervo, Free acabó por dormirse. El bosque era el lugar idóneo en el que esconderse. Por mucho que alguien viniera a buscarle, sólo se perdería. Había sido gracias al ciervo que Valt conocía este sitio, el estadio que había oculto aquí. Y era gracias a Valt que el resto del BC Sol había logrado descubrirlo. Pero ninguno sabría volver, salvo el propio Valt. El japonés parecía simpatizar con el ciervo, y eso decía mucho de él.
En sueños, Free se reencontraba con el joven que parecía haber cargado con un gran estrés. Se notaba a millas que la sonrisa que le enseñó era falsa. Pero lo último que vio, aparte de las lágrimas de Valt por lo que les había pasado a sus buenos amigos, fue su derrota a manos de Phi. Él, considerado el mejor blader del mundo, siendo aplastado con semejante facilidad. Y con Fafnir destrozado, literalmente. Fue como si el universo le estuviera diciendo algo. Por eso, al despertarse en semejante estado de nervios, Free se dedicó a entrenar en el estadio del bosque como un auténtico paranoico. Y es que ese sueño fue demasiado real. Recordaba el dolor físico que sintió, y el emocional que arrastraba. Y recordaba cómo Valt lloraba, suplicándole su ayuda mientras le abrazaba.
Aquello sólo sirvió para que Free deseara más que nunca marcharse a Japón y tener a Valt entre sus brazos, como el sitio más seguro en el que podría estar el pelinegro. Pero eso no era así. Valt se hallaba en Japón, y él aquí, en España, casi a la otra punta del mundo. Por primera vez, le faltó coraje. Si anoche ya estuvo inseguro sobre lo relacionado con Phi, ahora esa inseguridad se había incrementado, despertando sus miedos más profundos.
Era una mañana soleada y sosegada que trataba de invitar a la calma. Pero esta vez no surtía efecto en Free De La Hoya, quien no paraba de practicar beyblade como si la vida fuera a terminársele ahí mismo.
«¿Podré ganarle? ¿seremos Fafnir y yo capaces de vencer a un tipo como ese?», se cuestionaba Free, mentalmente. No paraba de hacer lanzamientos una y otra vez, sin pensar siquiera sobre si eso pudiese provocarle alguna lesión. «¿Cómo voy a enfrentar a un blader como Phi?», se alteraba tanto que su cuerpo se había puesto a sudar a causa de la ansiedad que le estaba dando. «¿Podré ayudar a Valt? ¿podré serle de ayuda? ¿y él? ¿cómo estará?».
- Parece que alguien no ha podido estarse quieto en su cama. – Una voz intervino, haciéndole reaccionar de inmediato con una mirada bastante psicópata. - ¡Hey! ¡Tranqui, que soy yo!
- No me asustes así, Lui. ¿Acaso no ves que estoy ocupado? – Free usó un tono severo de voz.
- Cuánto lo siento, no me había dado cuenta. – Al aludido le importó un soberano pepino. Se acercó, con calma. – Así que aquí es donde has entrenado todos estos años. – Dijo, sin recibir respuesta. – Vaya, sin duda es un buen lugar. Ideal para alguien como tú.
- ¿Qué demonios quieres? – Preguntó directamente, con una irritación evidente.
- Huh, parece que no has dormido bien. – Se encaró al chico. - ¿Una pesadilla? – En cuanto escuchó eso, Free apartó la mirada. Movió su cabeza, hacia el frente. – Ahá, así que es eso.
- Fue sólo un sueño, nada más.
- ¿Estás seguro? A veces los sueños son premoniciones, ¿lo sabías? – Se cruzó de brazos. Free apretó las manos, casi reprimiéndose. – Puedes contármelo si qui...
Lui se quedó callado, sin terminar de hablar, cuando inesperadamente Free le abrazó. Sí, le abrazó. Eso hizo que Shirosagi abriera los ojos, tratando de asimilarlo. Con el cambio que Free estaba sufriendo, Lui tenía asumido que el rubio no iba a mostrarse afectuoso con nadie. Sin embargo, se equivocaba. Y agradeció el equivocarse. Rodeó ese cuerpo, que volvía a ser tan caliente como recordaba. Free era una estufa humana, su energía mantenía su temperatura más elevada que la del resto. Notó que el blader se aferró a él, casi buscando protección. Lo único que pudo hacer fue acogerle entre sus brazos y reducir la distancia física entre sus cuerpos, notando cómo el suyo reconocía al contrario. Seguramente debía de ser algo mutuo.
- Tranquilo, no pasa nada. – Susurraba Lui, poniendo suavemente una de sus manos en la nuca del rubio, para intentar tranquilizarle. El cuerpo de De La Hoya temblaba como una hoja, y podía oír esa agitada respiración. – Es normal sentirse vulnerable de vez en cuando, y para ti, con todo lo que te ha pasado, es completamente lógico.
Estaban los dos solos. El ciervo se mantenía alejado, pero viendo la escena como el único testigo de ello, aparte del sol en ese alto firmamento en el que pasaban las nubes blancas y algodonadas. El viento volvía a soplar, trayendo consigo otro sonido gracias a los árboles cubiertos de hojas verdes. Free tenía los ojos cerrados, agradeciendo de todo corazón que Lui hubiera sabido encontrarle. Él siempre lo lograba. Le conocía tan bien que no le costaba localizarle. Lui conocía sus gustos, y su tendencia por estar en sitios aislados y solitarios. Refugiarse en ese cuerpo, más fino y bajito que el suyo en comparación, tuvo un buen efecto. Además de las caricias que Lui le daba, así como los besos en la cabeza que recibía de él. Lui era consciente de cuán difícil le resultaba todo esto, y lo complicado que le sería avanzar en este nuevo camino que ahora le tocaba enfrentar.
Free sabía que había estado necesitando esto. Gracias a Lui, lo había podido recordar todo. Recordar ese pasado lejano, y entender que toda su ansiedad, su ira, su frustración y todos esos sentimientos tóxicos en su interior, provenían directamente de su más remota infancia. Todo se originó ahí, cuando tan sólo tenía siete años. Lo que le ocurrió fue tan abrumador y tan aterrador, que simplemente su mente no pudo asumirlo y por eso su bloqueo existió durante tantos años. Pero en el fondo, Free lo agradecía. Ahora que era conocedor del origen de la mayoría de sus emociones y sentimientos, podía centrarse en buscar soluciones para que su corazón y su mente pudieran comenzar a sanar.
Sí, era hora de iniciar ese nuevo camino. Era hora de encontrar a su verdadero yo.
Chapter 35: ¡Provocación! ¡La Cólera Del Dragón Blanco!
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Cuando llegaron a las instalaciones del BC Sol, Free aprovechó para ir a ducharse a su habitación. Lui fue a ver cómo estaba Xander, al que vio sentado en unos escalones, en el exterior y a unos metros de un estadio. El mismo estadio en el que enfrentó a Free sólo para acabar bastante hecho polvo. Ren Wu Sun no se hallaba presente, curiosamente. Mientras se acercaba, Lui miraba de lado a lado por si acaso se topaba con el dueño de ese bey llamado Regulus.
- ¡Anda! ¡Pero mira quién ha llegado! – Xander se dio cuenta de su presencia. - ¿Qué tal estás? ¡Tienes muy buena cara! Ja, ja, ja, ja.
- ¿No crees que eso debería preguntártelo yo? – Lui se cruzó de brazos una vez se quedó a su lado, pero de pie. – Los miembros del BC Sol estuvieron preocupados por ti.
- Sí, ya me lo imagino. La verdad, es que el cuerpo todavía me duele un poco.
- Tienes suerte de que Cristina parara a Free. – Lui cerró los ojos. – A saber qué podría haberte hecho.
- Ya, yo tampoco me lo esperaba. Últimamente está un poco raro, ¿no? – Xander miraba a Lui, intentando encontrar respuestas. – Ren Wu Sun también opina lo mismo. Free no actua como de costumbre.
Lui permaneció pensativo, casi analizando qué es lo que iba a contestar antes de soltar nada. No quería ir diciendo nada, a sabiendas de que ahora Free necesitaba su espacio y más privacidad. Xander se sentía impaciente por entender qué era lo que ocurría con el Dragón Dorado del BC Sol, pero tenía pinta de que Lui no iba a darle esa información.
- Está pasando por una etapa de transición. Es todo cuanto te puedo decir.
- Vale, supongo que es algo bastante serio. – A Lui le extrañó lo comprensivo que se mostró Xander. – No conozco de casi nada a Free, al contrario que tú, imagino.
- Desde hace bastante tiempo.
- Ren Wu Sun me aconsejó de tomarme las cosas con más calma. Me comentó que mi actitud influyó en Free, aunque no esperé que fuera a tener esa clase de ira...
- Bueno, no se lo tengas en cuenta. Free ni siquiera podía controlarse. – Lui puso mala cara.
Recordaba muy bien lo sucedido cuando le llevó a su casa. No esperó a que Free perdiera la razón de aquella manera. Esa brutalidad que mostró con esos bladers de los que se ocupó Jin, fue completamente desconocida para él. Pero de lo que más se acordaba era del momento en el que Free se le encaró con esos ojos completamente iluminados a causa de su energía. Lui sabía que no le reconoció. Free actuó como un dragón salvaje que había entrado en cólera. Tal vez Jin tuviera razón. Tal vez no debió buscar esa manera de romper de una vez ese bloqueo para deshacerlo. Puede que, de haberlo hecho de una forma distinta, Free no hubiese tenido que pasarlo tan mal. Sin embargo, Jin ya le dijo por activa y por pasiva que eso era irrelevante. Free se habría descontrolado igual, porque nunca fue bueno manejando sus propias emociones... especialmente la ira.
Lui era consciente que el rasgo más característico de Free era su ira. Cualquiera que le viera, a simple vista le parecería un chico aburrido con la vida. Pero era esa ira que se escondía detrás de esa faceta tan tranquila, de ese chico tan vago, que, para quien podía percibir cosas que ni la ciencia ni la lógica podían explicar, entendería que Free emanaba un aura que advertía de lo peligroso que era en realidad.
Xander había tenido mucha suerte, en comparación con ese grupo de bladers que los siguieron hasta la casa de Free. Con toda probabilidad, la mayoría estaría en el hospital. Cuando Free entraba en cólera, se descontrolaba y no tenía piedad.
- Algo así me dijo Ren Wu Sun. – Xander le sacó de sus pensamientos. – Él sintió que el aura de Free era diferente. Me aconsejó de no volver a alterarle de esa manera, pero en fin, soy demasiado impulsivo incluso para ese antisocial de mierda, ¡Ja, ja, ja, ja! – Lui no pudo dar crédito que el pelirrojo se atreviera a insultar al Dragón Dorado con esa naturalidad y esa calma.
- ¿No te importa el daño que te hizo? – Tuvo que preguntar. – Si Cristina no hubiese intervenido, estoy convencido que Free podría haberte hecho algo mucho peor.
- Importar me importa, pero, ¿no crees que es injusto, Lui? Después de todo, fui yo quien le provocó porque no supe aceptar la verdad que me estaba diciendo en mi cara. Caí derrotado en el Mundial, así como Ren Wu Sun. – Dijo, mirando sus manos. – Free sólo estuvo cumpliendo la primera norma de los Cinco Grandes, como equipo.
Lui suspiró. No tenía caso intentar indagar de más. Si Xander ya lo había aceptado, entonces estaba bien. Menos problemas iban a haber. Lui era consciente que, pese a todo, Xander era un blader muy bueno y no podía ignorar su fuerza. Sin embargo, y hasta que Free no fuera resolviendo sus problemas, era mejor que no fueran muchos los que supieran de su real situación. Ya era obvio que Ren Wu Sun se estaba dando cuenta, ese tipo tenía mucha espiritualidad y eso sumaba puntos. Aunque a Lui le molestaba, en parte también le tranquilizaba porque significaba que Ren Wu Sun podría ser de utilidad a la hora de que los demás evitaran problemas con Free. Pese a ser un aguafiestas, Ren Wu Sun era alguien bastante razonable. Él al menos no poseía la misma cabezonería que Free.
- ¡Ahí está! – Era Sasha, junto a Honey, Kitt y Rickson. Los cuatro avanzaron hacia Lui en cuanto le vieron.
- ¿Eh? ¿y a vosotros qué os pica ahora? – Preguntaba el dueño de Lúinor.
- Se trata de tu equipo, Lui. – Dijo Kitt, haciendo que el aludido arqueara una ceja al entrar en confusión. - ¡Rideout ha sido completamente aplastado por Phi!
- ¡¿QUÉ?! – Gritó. - ¡Eso no puede ser!
- Míralo. – Le extendió la tablet.
- ¡Trae aquí!
En la pantalla salía la batalla. Phi había desafiado a Rideout, con la esperanza de poder encontrar a uno de los mejores bladers del mundo. Lui contempló la grabación. Reconoció a sus compañeros, que uno tras otro fueron cayendo porque Phi era demasiado poderoso para ellos. Lo peor de todo fue ver cómo Phi los atacaba de una manera similar a como lo hizo Free contra aquel grupo de bladers que los siguieron días atrás. El Dragón Blanco de Japón puso una cara tal que Honey y Kitt se asustaron. Xander también logró ver el vídeo.
- Debemos ir a Japón. – Dijo el pelirrojo. – Somos parte de los Cuatro Supremos, tenemos que estar allí.
- ¡Cht...! – Le entregó la tablet a Kitt antes de apretar las manos. Su energía rodeó su cuerpo, casi haciendo que su cabello pareciera un fuego azul bien encedido por la cólera. - ¡¿DÓNDE ESTÁ JOSHUA CUANDO SE LE NECESITA?! ¡Ese imbécil de mierda!
Kitt y Honey se miraron, antes de querer ir a avisar a Cristina. Sasha fue con ellos, después de decirle a Rickson que vigilara de cerca a Lui, de modo que junto a Xander siguieron al Dragón Blanco que gritaba a Joshua para llamarle. No le importó llamar la atención del resto de los miembros del BC Sol que se apartaban enseguida en cuanto miraban la expresión de Lui. Es como si el muchacho pudiera matar a cualquiera en estos instantes. Xander tenía decidido que iría con el Dragón Blanco, porque, si no iba a pertenecer a los Cinco Grandes por más tiempo, debía de retomar sus deberes con los Cuatro Supremos de Japón. Lui no se negó a esa idea.
Pudieron encontrar a Joshua, quien no pudo huir de Lui. El moreno se vio sujeto por el cuello gracias a su ropa, pero Lui no le observaba de forma amistosa precisamente.
- ¡Tienes que llevarnos a Japón! – Exigía. - ¡Y tienes que hacerlo ahora mismo!
- Pero espera, ¿a qué vienen esas prisas? No lo entiendo.
- ¡¿Crees que me importa una mierda lo que tú entiendas?!
- Las cosas en Japón han empeorado mucho. – Habló Xander, que veía que Lui no se calmaba. – Al parecer, ese tal Phi ha herido a los compañeros de equipo de Lui.
- Oh, claro. Por eso estás tan enfadado. – Para Joshua ahora todo encajaba. - ¿Sólo vais a ir vosotros dos?
- ¡¿Algún problema con eso?!
- Sí. – Intervino una voz.
Automáticamente se giraron, para ver aparecer a Free De La Hoya. El rubio tenía una toalla encima de la cabeza, que con toda probabilidad le daría pereza quitársela de encima. O puede que aún la estuviera usando. El Dragón Dorado se acercó al Dragón Blanco. Xander se hizo a un lado, y Joshua retrocedió dos pasos para darles espacio, recolocándose mejor la corbata que usaba.
- No puedo dejar que vayas a Japón, es demasiado peligroso. – Dijo Free. Lui se lo quedó mirando, antes de pegarle un tremendo puñetazo en la cara que lo derribó.
Fue inesperado para Free. Xander y Joshua se quedaron boquiabiertos, a medida que algunos miembros del BC Sol llegaban. Lui apretaba las manos, casi sin poder contenerse. Free se limitó a ponerse de pie, escupiendo un poco de sangre que emanaba de sus labios y parte del interior de la boca.
- ¡¡Si eso es todo lo que me vas a decir, vuelve por donde has venido!! ¡No me vas a convencer de lo contrario!
- No podrás vencer a Phi, y lo sabes.
- ¡No lo sabré hasta que no lo...!
Y ahora, el que fue silenciado por otro puñetazo fue Lui. Xander apenas pudo contener la risa. Por suerte, Joshua sujetó a Shirosagi antes de que éste cayera al suelo y se hiciera daño. Semejante violencia era algo que no le gustaba. Su piel era demasiado fina como para recibir golpes como esos. Pero Joshua veía que estos dos se tenían una gran confianza como para hablarse de esa manera. ¿Qué clase de relación compartían?
- No voy a dejar que vayas sólo para que termines igual o peor que tus compañeros. – Habló Free. – Me da igual lo que pienses. Phi sólo intenta hacerte caer en su juego, ¿es que acaso no lo ves?
- ¡Claro! ¡Y me lo dice alguien que no sabe qué se siente!
- Créeme que sé perfectamente lo que estás sintiendo. – Free mostró firmeza. – Pero no puedo permitir que, como uno de los Cinco Grandes, te ofrezcas en bandeja de plata ante ese desgraciado.
- ¿Y qué sugieres que hagamos, Free? – Preguntó Joshua.
- Dejemos que sea él quien venga a España. – Contestó el aludido. – Si viene solo, podremos derrotarlo entre todos. No creo que sea capaz de resistir a los cinco mejores bladers del mundo al mismo tiempo.
- ¿Pero cederá ante un combate contra todos nosotros?
- Quién sabe. – El rubio se encogió de hombros, alzando las manos. – Pero teniendo en cuenta que hace lo que le da la gana, siempre podremos chantajearle con algo.
- ¡Al cuerno con vosotros! – Gritó Lui. – Voy a ir a Japón tanto si te gusta como si no. – Se encaró a Free, pese a tener una marca roja en su mejilla derecha. – Es mi equipo, y tengo el derecho a ir para defender su honor.
- ¿Su honor o tu orgullo?
- ¡Cht...!
Lui intentó dar un puñetazo, pero Free lo detuvo con una mano. Sin embargo, se levantó cierta ráfaga de aire que empujó a Xander y a Joshua. Los dos dragones se mantuvieron la mirada, con la misma ferocidad. Por precaución, Joshua se acercó a Xander que le superaba en altura y fuerza. Mirando al pelirrojo, veía que no tenía la intención de intervenir. Puede que hiciera bien. Podría pasar cualquier cosa si lo hacía.
- Joshua. – Le llamó Lui. – Ve preparando el helicóptero.
- Sí, va...
- ¡Ni se te ocurra moverte de ahí! – Free alzó la voz, mirando al moreno. - ¡Escúchame! – Dirigió sus ojos hacia Lui. – Enfría la cabeza, tú no eres así. Estás haciendo justo lo que Phi quiere que hagas. ¿Eso te parece bien?
- ¡Ahórrate la saliva, no pienso escucharte!
- ¿Qué está pasando aquí?
Los dos reconocieron la voz de Cristina Kuroda, la dueña del BC Sol. Aunque Free no tuvo intenciones de soltar a Lui, no le quedó más remedio que hacerlo. Cristina se acercó, poniendo las manos en jarra mientras les observaba con un gesto severo.
- ¿Y bien? ¿Vais a explicarme qué pasa entre vosotros ahora?
- Aquí donde lo ves, este rubiales pretende que me quede aquí con vosotros en España. – Lui torció su sonrisa. – Pero qué penita, porque no pienso hacerlo.
- ¿Y cuál es el problema de que Lui se quiera ir, Free? Si es por Phi, entonces déjale hacer.
Sin embargo, el rubio asesinó con la mirada a Cristina. Ella se asustó. Lui sólo se rio, al ver lo que ocurría. Después de deshacer el bloqueo mental del rubio, parecía que la relación entre Cristina y él se había dañado al grado de que ahora, Free desconfiaba de la dueña del BC Sol. Pero claro, eso ni le importó. Ahora no tenía tiempo para eso.
- Lui no puede ir a Japón. – Dijo Free, ignorando a Cristina o al menos a sus palabras. – Si lo hace, acabará mal. MUY MAL. – Recalcó, sin alzar la voz.
- Pues di lo que te salga de los huevos, porque no me pienso quedar aquí a perder más el tiempo.
Lui apartó a Free y con paso apresurado salió de allí. Free apretó la mandíbula, mientras Xander seguía al Dragón Blanco en lo que Joshua se iba para preparar el helicóptero. Cristina suspiró, antes de ver cómo el rubio corría tras Lui. En cuanto lo alcanzó, el abrazo por la espalda que se llevó el Dragón Blanco fue inesperado. El chico se quedó quieto, reconociendo ese cuerpo tan caliente por su elevada temperatura. También notó que Free apoyaba su frente en su nuca. ¿Qué era lo que hacía? ¿trataba de convencerle usando su cuerpo sabiendo que era una de sus debilidades? ¡Qué capullo!
- Lui, por favor, escúchame.
- Heh, qué raro. Tú pidiendo las cosas «por favor» - se rio. – Suéltame, tengo un largo vuelo por delante.
- No vuelvas a Japón.
- ¡He dicho que me sueltes! – Le empujó pero Free alcanzó a sujetar su mano. - ¡¿Es qué tú aprendes o qué?!
Pero Lui vio la súplica en la mirada de Free. Parecía que el rubio sabía algo que no era capaz de decirle directamente. Eso en parte le hizo dudar, pero era más su orgullo y su enojo por lo que les había pasado a su equipo y sus compañeros lo que le impulsaba a no ceder. Era su obstinación. Por mucho que fuera el mismísimo Free De La Hoya quien se arrodillara ante él, cosa que obviamente no pasaría, Lui no pensaba retractarse de su decisión. Eran sus compañeros. Le necesitaban. Y era el honor del equipo, mancillado por ese bastardo llamado Phi, lo que también había herido su orgullo. No podía dejar las cosas tal y como estaban.
Lui se soltó de la mano de Free y pudo salir de las instalaciones del BC Sol, siendo seguido por el rubio y el pelirrojo. Suspirando, el Dragón Blanco se detuvo a sabiendas de que el Dragón Dorado estaba a sus espaldas.
- Tengo que hacer esto, Free. – Habló. – Sabes tan bien como yo que no puedo quedarme de brazos cruzados con lo que acaba de pasar. – Dijo, recibiendo un silencio como respuesta. Lui se giró, para mirarle. – Vaya, es la primera vez que te veo poner esa cara. – Sonrió con cierta tristeza. El rostro de Free expresaba preocupación y angustia. – No te preocupes, no me pasará nada.
- Prométemelo.
- Claro, por supuesto. Sé cuidar de mí mismo, ¿recuerdas? ¡No hay nadie a quien no pueda vencer, excepto a ti, claro!
- ¿Y qué hay de Shu Kurenai? – Saltó Xander algo alejado.
- Hugg... no me lo recuerdes... - Lui apretó una mano, provocando la risa del pelirrojo por ahí, en el fondo.
- ¡Cuando queráis! – Avisó Joshua.
El helicóptero se puso en marcha, pero Lui seguía delante de Free. El rubio sujetó su mano de forma gentil. Casi quería negarse a una despedida, ya que no pudo tener otra en el caso de Valt. Y si ya temía por la seguridad del Chico Maravilla, ¿cómo podría aguantar la idea de que Lui se estaba exponiendo al peligro sin saber qué iba a pasarle?
- En cuanto termine, regresaré por ti. – Le susurró Lui, cerca de él. Free asintió.
- Te estaré esperando, Lui. – Contestó en el mismo bajo volumen de voz. Se aproximó al chico, hasta darle un beso que el otro no rechazó. No les dio vergüenza enfrente de los demás.
Chapter 36: ¡La Antigua Rival De Free! ¿Quién Es La Misteriosa Fayna?
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El viaje hasta Japón se le hizo tremendamente largo. Menudo milagro se le antojó el poder aterrizar por fin en su tierra natal. Nada más hacerlo, obligó a Xander y a Joshua a ir tras él. Lui no tenía planeado perder el tiempo como lo hizo en el BC Sol, sólo porque Free fuera su prioridad en esos momentos. Pero él ahora estaba en España, a salvo. Lo primero que hizo fue llamar a Wakiya, que le respondió enseguida.
- Dime que tienes noticias. – Escuchó al rubio.
- ¡Noticias son las que te voy a dar en cuanto te encuentre! ¡¿Por qué demonios no me has avisado en cuanto ha ocurrido?
- Ajá. De modo que ya lo sabes.
- Los bladers de tercera del BC Sol ya me han puesto al tanto. Gracias por el favor. – Dijo con sarcasmo.
- Si te lo decía, ibas a venir. Aunque supongo que no ha servido de nada.
- ¡Pues claro que no! ¡¿En qué hospital están?!
- En el mismo que en el que estoy yo. Manda huevos.
- Pues más te vale tener el culo ahí cuando llegue, ¡Que será dentro de nada! – Y sin más, le colgó. - ¡Vosotros! ¡Yo me voy a ir adelantando así que buscaos la vida!
- ¡Eh! ¡Pero Lui!
- ¡Lui!
Pero el chico no escuchó. El Dragón Blanco se fue corriendo y Xander y Joshua no pudieron alcanzarle. Era demasiado rápido y encima con lo bajito que era, le perdieron el rastro enseguida. Los dos intercambiaron miradas, y Xander se encogió de hombros. El moreno suspiró, pensando en algo que hacer.
Lui tuvo el hospital al alcance de su vista. Supo por dónde tenía que ir. Menudo escándalo montó cuando pasó por un semáforo en rojo, obligando a varios coches a parar. Eso provocó que un motorista se chocara con uno de los vehículos y cayera al suelo de forma estrepitosa entre el bullicio que se montó. La policía tuvo que intervenir y todo. Sin embargo, el chico ya se había alejado de ahí. En cuestión de quince minutos llegó a su destino y preguntó por los miembros de Rideout. En cuanto supo en qué planta estaban, salió disparado hacia las escaleras. A tomar por el culo es ascensor, ¡No pensaba esperar!
Pudo encontrar la habitación de Gabe, el líder del equipo y su compañero. Junto a él estaba Katana. Los dos tenían caras serias y largas, aparte de algunos vendajes, escayolas y demás.
- Oh, Lui. – Gabe se dio cuenta de su presencia. – Menos mal que has llegado.
- He venido tan rápido como he podido, acabo de enterarme de lo que os ha pasado. – Se acercó, respirando agitado después del ejercicio que había hecho. Katana permaneció callado. - ¿Cómo estáis?
- Bueno, ya nos ves. – Se encogió de hombros. – Ese tal Phi nos ha aplastado.
- No pudimos hacer nada contra él. – Katana estaba desanimado, se le notaba. – Simplemente apareció un día y nos desafió.
- Ninguno esperó que fuera a ser tan fuerte... - Suspiró Gabe. – Lo siento, Lui.
- ¡¿Pero cómo se os ha ocurrido aceptar un desafío por parte de ese loco?! – Shirosagi alzó la voz. - ¡¿Es que sois tontos o qué?! ¡Era obvio que no podríais con él! ¡¿A cuántos bladers no ha destrozado ya?! ¡El Sanbat United es una buena prueba de ello!
- Nos dijo que si le ganábamos... - Habló Katana. – No te buscaría para que corrieses el mismo destino.
- ¡¿Crees que eso me importa?! ¡Joder! ¡Sois una panda de imbéciles todos! ¡¿Qué hubiera pasado si os llega a ocurrir algo peor?! ¡Aún gracias que os ha dejado vivos!
- Oye tampoco te pases, ¿Quieres? – Protestó Katana. - ¡Ese tío no es invencible! ¡Hay posibilidades de ganarle y...!
- ¡¿Y qué?! ¡Eso ya no importa! ¡Se os ha comido con patatas! ¡Asúmelo, maldito gilipollas! – Lui no podía contener el enfado. Pero Gabe sabía que era por lo mucho que se preocupaba por ellos y por su angustia. - ¡Cht! ¡Esto no hubiese pasado si hubiese estado yo!
- Es verdad, fuiste a España ahora que me acuerdo. – Dijo Gabe, intentando suavizar el ambiente. - ¿Cómo van las cosas por allí?
Lui suspiró y tuvo que contar parte de los hechos. La presencia de los seguidores de Phi también estaba en España. Lo mejor de todo es que ya habían intentado tocarle las cosquillas a Free De La Hoya pero sin éxito. Eso en parte alentó a sus dos compañeros, que vieron que al menos el mundo del beyblade aún tenía esperanza si el mejor blader los defendía. Por esta vez, Lui prefirió morderse la lengua y no revelar el aparente desinterés de Free en todo esto. Ni siquiera él sabía qué es lo que haría el Dragón Dorado al final.
- Iré a ver a los otros dos idiotas. – Dijo Lui.
- Lui. – Le llamó Gabe, haciendo que el otro se girase. – Gracias por venir.
- Sí, sí, lo que sea. Hasta luego.
Gabe se rio antes de verle desaparecer por la puerta. Luego intentó animar a Katana, quien no tenía ni idea de qué es lo que iba a suceder. ¿Podría Lui derrotar a Phi? Él era el más hábil de Rideout, por no decir que uno de los mejores bladers del mundo... pero si ni siquiera Shu Kurenai había ganado después de estar en el segundo puesto del ráking mundial. Free De La Hoya no había dado señales, y Valt Aoi la liaba parda por todos lados. Ya habían saltado noticias del pelinegro de los problemas en los que se metía con grupos de bladers radicales que seguían a Phi y sus ideales.
- No te preocupes, Katana. – Le habló Gabe. – Lui es muy inteligente.
- Ya, pero, ¿y si se enfrenta a Phi?
- Entonces, estoy convencido que no caerá tan fácilmente. Recuerda que es muy fuerte.
- Phi también lo es. Nos aplastó sin miramientos...
- Pero tenemos que tener fe en Lui, Katana. Vale que nosotros no hemos podido, pero yo confío en que Lui sí podrá.
Katana suspiró, sin decir nada. Se volvió a tumbar en la camilla, sin querer más conversación. Gabe respetó su silencio e hizo lo mismo, sin dejar de pensar en Shirosagi y en el peligro que encontraría si encaraba a Phi. Era obvio que ese tipo le estaba buscando a él y no a ellos. Ellos sólo fueron el cebo, y como tontos, picaron.
Lui estuvo haciendo compañía a Shinki, otro de sus compañeros de equipo y quien le contó cómo Phi se cebó con Kyo, pese a que éste sólo era un niño. Para Lui fue duro escuchar de boca de Shinki cómo Kyo terminó en observación y los médicos preferían restringir las visitas salvo a los familiares más cercanos. Los padres de Kyo debían sentirse muy mal. Lui sintió una inmensa furia dentro de sí mismo, y parte de su mirada lo expresaba. Shinki también se disculpó, pero Lui le sonrió, asegurándole que se sentía aliviado de que ellos estuvieran bien y que confiaba que Kyo también lo estaría muy pronto. Eso fue lo que dijo antes de dejar a su compañero. La situación era peor de lo que esperó. Ya había visto que Phi se tomó hasta la molestia de marcar a sus compañeros con esa oscuridad que se había extendido un poco por el cuerpo de sus camaradas del Rideout. ¿Cómo lograría salvarlos?
Necesitó ir con Wakiya para ver qué opciones tenía. Subió más escaleras, y fue a su cuarto. Qué sorpresa encontrar allí a Rantaro... y a Valt. El ambiente tranquilo se echó a perder en cuanto Valt y Lui cruzaron miradas. El Dragón Blanco demostró su hostilidad en cuanto avanzó hacia Valt y le cogió del cuello de la camisa.
- ¡He- hey! ¡Tío! ¡¿pero qué haces?!
- ¡Eso debería preguntártelo yo! ¡¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?!
- Eh, venga. No quiero jaleos en mi cuarto. – Saltó Wakiya. Lui pareció reacio a escucharle, pero cedió. - Y a todo esto... no deberías haber vuelto a Japón, Lui.
- ¡¿Crees que me iba a quedar quietecito en España con lo que ha pasado?!
- Ya lo sé, pero demonios, le estás haciendo un favor a Phi.
- ¡Yo sí que le haré un favor cuando le haga una cara nueva! ¡Ese no sabe con quién se ha metido!
- ¿Cómo van las cosas por el BC Sol? – Preguntó Valt. - ¿Se iluminó el cielo allí también?
- Búscate la vida para saberlo, imbécil. No he venido a responder a tus putas dudas, ¡Así que lárgate! ¡No quiero ver tu sucia cara!
- ¡Eh! ¡Espera un segundo! ¡Valt también fue hospitalizado! – Saltó Rantaro, defendiendo a su compañero. Lui lució desconcertado y miró a Valt.
- ¿En serio? ¿qué te ocurrió?
- Eso es lo que tratamos de averiguar. – Wakiya se cruzó de brazos.
Wakiya le explicó lo que pasó a Lui: cómo Valt enfrentó a un grupo de seguidores de Phi, con la ayuda de Zack, quien había estado cuidando de la familia Aoi en la ausencia del pelinegro, quien a su vez, se lesionó por forzarse demasiado. Y en cuanto vino al hospital para tratar esa lesión, cuando fueron a hacerle una visita por detalle de Zack, el cielo nocturno se iluminó en aquellos momentos como si el día regresara por arte de magia. Fue un color dorado lo que hizo desaparecer la noche. Cuando aquello sucedió, Valt le dijo a Lui que sintió un fuerte dolor en su pecho, pero que ahora ya había desaparecido. Wakiya trataba de hallarle un sentido a eso, y encontrar alguna posible relación.
- Zack nos dijo que fue cosa de Free. – Continuó entonces el rubio. – Tú has estado allí con él, ¿sabes algo?
Lui guardó un silencio revelador. Valt y Rantaro parecían impacientes por tener noticias de Free De La Hoya. El Dragón Blanco observó a Valt fijamente, casi reconsiderando la idea de contar algo y sobre todo qué contar exactamente.
- Puede que sepa algo. – Contestó, cruzándose de brazos. – Pero no pienso contártelo delante de estos dos.
- ¡Venga ya! – Protestó Rantaro.
- ¡¿Por qué no?! – Y ese fue Valt, apretando las manos.
- Porque sois un par de inútiles que no servís para nada. Mientras Phi campa a sus anchas con sus ratas de alcantarilla, vosotros estáis aquí, tocándoos los huevos.
- ¡En eso te equivocas! – Valt se encaró a Lui. - ¡Yo he descubierto que podemos tener más aliados! ¡Empezando por Vani y Nigs!
- Espera, ¿has dicho Vani?
- ¿Te suena? – Preguntó Rantaro.
- Sí, es una amiga de la infancia de Jin. – Y menos mal que ese no deambulaba por aquí, porque fijo acabaría metiéndole en problemas a él y a todo el mundo. – Pero, ¿cómo es que tú la conoces? – Miró a Valt.
El chico no tuvo más remedio que contarlo. Se sintió mal recordar cómo una desconocida le robó a Valtryek en plena calle, y cómo persiguió a esa chica hasta un sitio muy apartado y bajo tierra, donde había una especie de base secreta. Valt le explicó a Lui que ahí conoció a Vani y a Nigs, un conejo de peluche muy siniestro que parecía tener vida propia. Y con cara preocupada, reveló que ella había sido hospitalizada por quemaduras bastante serias.
- Al parecer, alguien fue directamente a por ella y su gente. – Sentenció Valt. – No sé de quién pueda tratarse.
- ¿Vani mencionó a alguien? – Cuestionó Lui.
- A una tal Fayna.
- No puede ser... - El Dragón Blanco se quedó boquiabierto. - ¿Fayna?
- Joder, no me digas que también la conoces... - Bufó Wakiya.
- No personalmente, pero sí sé quién es. Es la más vieja rival de Free.
Ese dato fue completamente revelador. Valt y sus dos amigos miraron a Lui casi incrédulos. Con esas simples palabras, Lui había dado a entender algo muy claro: esa tal Fayna fue la blader número uno del mundo, antes que el propio Free De La Hoya.
- Pero es imposible que esté viva. Dijeron que murió en un incendio en la China.
- Pues Vani dijo ese nombre. Y sé que Vani no me mentiría. No la conozco de mucho pero... algo me dice que puedo confiar en ella. O al menos en lo que dice.
- Pero si Fayna murió hace tres años, no puede ser.
- ¿Tan famosa fue? – Preguntó Rantaro.
- Bastante, la verdad. – Lui puso las manos en jarra, suspirando. – Aunque recuerdo que era una blader problemática. Le encantaba meterse en peleas. Muy poco femenina para haber sido una mujer.
- Pues aquí hay gato encerrado. – Saltó Wakiya. – Si como dices, esa tía murió, pero Vani dice que la atacó... una de dos: o nos están mintiendo, o algo se nos escapa.
Ninguno dijo nada. Wakiya tenía toda la razón. Lo primero que Valt pensó, así como Lui, es que probablemente era una mentira. Si Vani fue atacada por Fayna, eso significaba que esta última seguía viva. Pero Lui no supo explicarse cómo cuando tenía constancia de la gravedad del incendio que supuestamente la calcinó viva. Rantaro suspiró, demasiados quebraderos de cabeza.
- Veo que habéis estado entretenidos en Japón. – Dijo Lui, quien prefirió cambiar de tema. – En España también hay más seguidores de Phi.
- ¡¿No fastidies?! – Reaccionaron los tres a la vez.
- Sí. Lo peor es que... cuando quise enseñarle algo a Free, nos persiguieron. Todo se descontroló.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Recordáis lo del cielo? Fue cosa de Free. No sé lo que Zack os haya contado, pero puede que tenga razón. Free posee habilidades fuera de lo normal.
Los chicos intercambiaron miradas. La historia que Zack les explicó parecía ser cierta. Free era el espíritu de la luz. Eso fue lo que le confesaron a Lui, quien se quedó parado en el sitio ante semejante revelación. Sin embargo, Wakiya seguía sin explicarse por qué Valt tuvo aquel dolor tan intenso cuando aquel evento del cielo sucedió. Era lo que le traía de cabeza. Lui miró a Valt, otra vez, enfadado.
- No me preguntes por qué te pasó eso, no me interesa siquiera el saberlo. – Dijo. – Lo único que te diré es que Free ya no es la persona que conociste, así que ten cuidado con él.
- ¡¿Eh?! – Eso a Valt le sentó como si le tiraran un cubo de agua fría. – Espera, ¿qué significa eso?
- No puedo contártelo.
- ¡¿Y entonces por qué sueltas algo como eso?!
- ¡Porque no mereces el amor de Free!
Eso lo silenció. Valt distinguió los celos de Lui en sus ojos, antes de verle marchar. Ni siquiera escuchó la protesta de Wakiya para evitar que se fuera, pero ni modo. No le prestó atención. Entonces, tanto Rantaro como él observaron a Valt y esa cara roja que se le había quedado.
- Eh, reacciona. – Rantaro movió a su amigo.
- Uh, perdón.
- Vaya, parece que esas palabras te han calado fondo, eh. – Wakiya ya tenía una sonrisilla en la cara.
- ¿Y me lo dices tú?
- Eh, ¿A que viene eso? – Protestó.
- Pues a lo tuyo con Rantaro.
- ¡¿Perdón?! – Y reaccionaron los dos.
- ¡Deberías recordar que todos en el BC Sol sabemos de tu relación con Free! ¡Así que no intentes hacerte el sordo!
- ¡Yo no tengo nada con Free!
- ¡¿Ah no?!
- ¡No!
- ¡¿Y entonces por qué os besasteis en la cocina?!
- ¿En serio? Waow, eso sí que es ir al grano. Lo vuestro avanza bien. – Se reía el rubio.
- ¡Cállate, Wakiya!
- ¡Hey! ¡Tranquilo! Pero bueno, ¿qué tiene de malo? Si tienes una relación él tan bonita, ¿Qué más da?
Valt resopló. Wakiya tenía razón. ¿Qué tenía de malo? Aunque fuera mentira, no podía ignorar ese beso que Free le robó en la cocina cuando le enseñó a hacer pan. Todavía no podía olvidar esos labios finos, y ese cuerpo fuerte y caliente. Puede que el echar de menos a Free le pasara factura, además de todo el estrés que llevaba encima... Zack defendiendo a su familia, a costa de su propia seguridad. ¿Quién iba a defenderle a él? Y encima sus amigos hospitalizados, ahora con Daigo y el equipo Rideout incluidos en la lista de las víctimas de Phi. Y esa misteriosa Fayna, que atacó sin previo aviso a Vani y su gente. Valt no tenía ni idea de qué es lo que debía de hacer, pero todavía tenía menos idea de por cuánto más iba a soportar todo esto. Sentía que explotaría.
- Dejadme tranquilo. – Y sin más, se marchó de la habitación a toda prisa.
Rantaro y Wakiya intercambiaron miradas, sin comprender nada. El primero se encogió de hombros, mientras que el segundo suspiró otra vez. Pero ese silencio no les ayudó a mejorar la vergüenza por la conversación de hacía unos momentos.
- Ni pienses que voy a dejar que me emparejen contigo. – Habló Wakiya.
- ¡Jah! ¡Más quisieras! – Rantaro se cruzó de brazos, de pie a un lado de la cama y cerca de él.
- Hola. – Saludó Daigo que apareció de repente.
- ¡AAAAAAAAH! – Gritó Wakiya, que se asustó y por ello, se lanzó a Rantaro casi buscando protección.
- Eh, traquilo, que soy yo. – Daigo se acercó, ayudándose con una silla de ruedas. Su encuentro con Phi había sido bastante severo.
- ¡¡Podrías avisar!! ¡Casi me da un ataque al corazón! – Exageraba Wakiya. - ¡¿Y tú qué haces?! ¡Suéltame! – Empujó a Rantaro.
- ¡Pero qué morro tienes! ¡Si has sido tú!
- ¡No es verdad!
- Veo que seguís llevándoos tan bien como siempre. – Sonrió Daigo.
- ¡¿Qué insinúas?! – Preguntaron los dos a la vez, antes de volver a mirarse entre ellos y girar la cara. - ¡Hm!
Daigo sonrió con torpeza. Menudo par.
Chapter 37: ¡Brutal Lúinor! ¡Lui Se Lanza!
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El público estaba ansioso por ver lo que pronto acontecería. El comentarista hablaba sobre este encuentro, tan inesperado como esperanzador para muchos. Muchos bladers observaban el estadio, en el que estaban dos competidores que apenas habían empezado la batalla. Phi lucía complacido al ver a su rival, el Dragón Blanco de Japón. Al fin lo tenía donde quería. Y no iba a tener piedad de él. Hasta ahora, todos sus intentos por atraer a Free De La Hoya habían resultado en vano. Pero este iba a ser uno de los pasos decisivos para provocar la ira del famoso y tan amado Dragón Dorado del BC Sol. Aquel a quien Phi quería destrozar con ganas.
- Debo decir que estoy muy contento de verte, Dragón Blanco. – Habló Phi. Su voz varonil sonaba segura de sí misma.
- Ahórrate la saliva, porque no estoy aquí para ser amigo tuyo. – Escupió el aludido con amargura. – Te has metido con quienes no debías, ¡Así que yo mismo voy a hacerte una cara nueva!
- Venga, venga, no hace falta ser tan agresivo. – Sonrió el dueño de ese largo cabello blanco. – Sabes tan bien como yo que esos bladers de pacotilla perdieron precisamente por culpa de su debilidad.
- Di lo que quieras, ¡Porque voy a derrotarte aquí y ahora! ¡No vas a salirte con la tuya!
- Ah, me encantará ver cómo lo intentas.
- ¿Estáis listos? – Intervino el árbitro. - ¡Pues...! ¡Cuando queráis!
Cada uno hizo su respectivo lanzamiento. Lui con un poco más de potencia de lo habitual. Sin embargo, Phi continuaba luciendo confiado. Parecía haber estado esperando por mucho tiempo este encuentro. ¿Y por qué no? Iba a gozar de lo lindo haciendo polvo a uno de los mejores bladers del mundo. Al propio Lui Shirosagi. No había nada más placentero que ver cómo la cara de sus contrincantes cambiaba cuando se encontraban con su irremediable destino, y se convertían en sus víctimas.
- Mi oscuridad va a engullirte, ¡Ve a por él, Revive Phoenix!
- ¿En serio crees que voy a caer en tu trampa? ¡JA! ¡Cómo se nota que no sabes con quién te la estás jugando!
Brutal Lúinor, el bey evolucionado de Lui, logró evadir a Revive Phoenix que se enzarzó en una persecución contra él. Justo cuando Lui dio la señal, su bey se apartó en el momento justo, dejando que Revive Phoenix chocara contra el muro del estadio y se alzara en el aire para rebotar en el suelo, perdiendo energía en el proceso. Pese a eso, Phi no abandonó esa siniestra sonrisa. Él sabía que Lui era un blader experimentado, y, sin embargo, daba la impresión de que simplemente jugaba con él. Como un gato jugaba con un ratón. Igual.
- ¡Es hora de destrozarlo, Lúinor! – Dijo Lui, concentrando su energía. Por un instante, Phi se inquietó.
Brutal Lúinor pasó al ataque. Sin embargo, Revive Phoenix resistía demasiado bien, como el buen peso pesado que era. Al ver esa resistencia, Lui se acordó de Fafnir, el bey de Free. El rubio todavía no le había puesto un nombre acorde con el nuevo cambio de su dragón. Pero ahora no podía pensar en él, sino centrarse en la batalla. Vio que la capa externa del bey de Phi se rompió, cayendo al suelo del estadio. Eso le hizo sonreír, pensando que aquello sería una desventaja para Phi.
- No lo haces nada mal, para tener ese nivel.
- ¿Perdóname? – Contestó con cierto tono irónico.
- Pero te anuncio que os voy a destrozar a los dos. Tu pequeño dragoncito no es más que una pequeña lagartija para Revive Phoenix, ¡Y ahora mismo lo comprobarás! – Concentró su energía, que parecía fuego. Extendió sus brazos de lado a lado. - ¡Revive Phoenix, ya sabes lo que tienes que hacer!
El bey aumentó su fuerza y empezó a arremeter contra Brutal Lúinor sin parar. En respuesta, Lui se vio obligado a usar más energía para compensar esa lluvia de golpes que tanto le recordaron a Valtryek. ¿Qué era lo que estaba pasando? Podía notar que había algo turbio en la energía de Phi. Ante la colisión de los dos bey, hubo un fuerte estallido por las energías presentes, creando un potente aire que fue capaz de hacer retroceder a Lui. Afortunadamente, el estadio resistió y el combate prosiguió. Lui vio la sonrisa de Phi. Revive Phoenix desplazó la capa externa que Brutal Lúinor le había quitado. Con ella, desestabilizó al bey de Lui, y salió volando por los aires mientras Lúinor resistía bien.
- ¡Ahora! – Un fuerte torbellino de energía rodeó a Phi. Tanto su bey como la capa externa de éste se nutrieron de su energía antes de ir a por Lúinor. La capa externa daba la impresión de ser un pequeño meteorito en miniatura yendo a por su objetivo. - ¡Destrúyelo, Revive Phoenix!
- ¡Que te lo has creído! – Lui apretó las manos en puños para concentrar su energía, aunque eso supusiera someter a su cuerpo a mucha presión. Pero al menos, eso no hacía que su cuerpo saliera dañado. Eso sólo le pasaba a Free.
De alguna manera, Lúinor se salvó de ello. Sin embargo, se notó que su fuerza descendió drásticamente y acabó perdiendo el giro. Eso fue una victoria por final superviviente para Phi. Lui recogió a Lúinor, sintiéndose preocupado. ¿Cómo debía proceder con un enemigo así? ¿podría resistir por mucho más?
- No. Esa no es la cara que quiero ver en ti. – Escuchó a Phi. – Tenía planeado hacerte sufrir hasta que no pudieras más, pero ya estoy viendo que no estás a la altura para medirte conmigo.
- Veo que eres muy arrogante. Supongo le queda bien a una rata como tú que sólo puede destrozar a gente que ni siquiera está a su nivel. – Lui sonrió con sorna. Phi frunció el ceño. – Ha, ha, ha. Vaya, parece que he dado en el clavo. Pero tranquilo, es normal que te ofendas. No eres más que un flipado que se piensa que puede ir por ahí, haciendo lo que le da la gana, y creyéndose que está por encima del resto.
Phi se mantuvo callado. Curiosamente sus palabras no hicieron el efecto deseado. Lui juró que eso bastaría para cabrearle, pero al parecer, se equivocaba. Este tipo era más diferente de lo que pensó. Y se notaba que era un adulto. Phi usaba la cabeza para no caer en sus provocaciones. Sin duda, un tipo demasiado inteligente. Hasta donde había visto, sólo Free De La Hoya había sido capaz de resistir su juego mental, ya que las veces que entró en cólera en uno de sus combates, fue por razones completamente diferentes.
- Me encargaré de borrarte del mapa. Eso te lo garantizo. – Habló Phi de repente, poniendo su lanzador por delante de él al extender su brazo. Lui se puso serio. – Voy a destrozaros a los dos, y me aseguraré de que no vuelvas a abrir los ojos.
- Ahá. Así que piensas matarme, eh. ¿No crees que eso sería un delito?
- Es muy fácil comprar a la justicia. Eso lo sabemos todos... o al menos, los adultos. Un crío como tú todavía debe aprender sobre la vida.
- Oh vaya, pero qué humos más subidos tienes. No te preocupes, ahora te bajaré yo de esa nube en la que vives. ¡Y haré que pruebes el suelo!
El combate prosiguió. Pero Lúinor no lo tenía fácil. De nuevo, logró arrebatarle a Revive Phoenix su capa externa que continuó dándole problemas. Lui supo que Phi lo hacía de forma intencionada. Era como tener a dos rivales en vez de uno. Phi utilizaba esa capa externa de su bey para, no sólo desestabilizar a Lúinor, sino también impactar contra él para provocarle más daño del que le haría con sólo Revive Phoenix. Sin duda, la energía de Phi era muy poderosa, más de lo esperado. ¿Y esto es lo que muchos bladers habían tenido que enfrentar? Se le antojaba excesivo para gente cuyo nivel no era tan elevado. Pero ni por un momento pensó en perder. Como lo hiciera, sería su fin. Eso lo aprendió con Free De La Hoya por las malas. En una batalla de beyblade, un pequeño momento de duda podía condenarte.
Las colisiones se repetían, y Lúinor, pese a ser de tipo ataque, era capaz de resistir bien. Phi veía que no lo tenía tan fácil, pero eso sólo le divertía más de la cuenta. No esperó menos de Lui Shirosagi, al que llevaba tiempo siguiéndole la pista. En su mente, él sabía perfectamente lo que tenía que hacer, cómo y cuándo. Todo estaba bien planeado, y nadie se iba a salvar. Iba a teñir el mundo del beyblade de un color negro, tan oscuro como el infierno mismo. Y para eso... sólo debía eliminar a aquel que poseía el poder capaz de contrarrestarlo. Francamente era mucho más que afortunado, porque sabía dónde encontrar a su némesis.
Sorprendentemente, Lui consiguió una victoria por fuera de pista. Algo bastante inesperado para Phi que observó al chico una vez recogió a Revive Phoenix del suelo. El Dragón Blanco de Japón sonreía triunfante.
- No te impacientes, la próxima vez será un final explosivo.
- No vendas la piel del oso antes de cazarlo.
La amenaza de Phi continuó adelante. El combate se alargaba, y es que Lui se daba cuenta de que Phi jugaba con él, todavía. Eso no hacía más que desconcertarle, porque Lui no era capaz de saber las verdaderas intenciones de Phi... hasta que su propio cuerpo le empezó a dar avisos: se estaba agotando. Cada lanzamiento le quitaba bastante energía, por no hablar de toda la restante que usaba para compensar el daño que recibía Brutal Lúinor de Revive Phoenix y esa molesta capa externa del bey. Y en una de esas colisiones, con un tornado incluido, pasó algo muy desagradable.
Lui sintió cómo la energía de Phi pasaba a través de su cuerpo, mientras otras ráfagas hacían cortes en su cuerpo y otro tipo de heridas. Pero sintió cómo esa energía permanecía en su interior. En respuesta, su cuerpo empezó a ponerse rígido mientras el dolor se extendía. Sus piernas se paralizaron, sin querer moverse. Phi sonrió, mostrando la maldad que poseía. Y es que esos ojos pasaron a tener una esclerótica tan negra como el carbón, haciendo destacar su heterocromía de un ojo azul y otro rojo.
- Estás acabado. – Fue lo que escuchó antes de que su cuerpo palpitara. Fue inútil para Lui contener el grito, antes de que saliera sangre de su boca.
- ¿Qué es...? ¿qué has hecho? – Pudo alzar la mirada hacia Phi.
- Debes de estar pasándolo mal, ¿no es así? – Contestó Phi. – No te preocupes, es normal. ¡Siente la gloria de tener la oscuridad dentro de ti! La misma oscuridad que te hará pedazos por dentro. ¡Ha, ha, ha, ha!
Respiró agitado. Esto estaba fuera de los planes de Lui. Y esto le había metido en un problema muy gordo. ¿Acaso era el destino que otros bladers sufrieron antes que él? ¿ser contaminados por ese poder? Pese a todo, no pensó en rendirse. Se obligó a sí mismo a continuar, de modo que la batalla avanzó. Su lanzamiento en parte falló, y su cuerpo le obligó a ponerse de rodillas. Phi no hacía más que reírse, antes de utilizar su energía para aumentar la fuerza de Revive Phoenix que impactó contra Brutal Lúinor, el cual, terminó por romperse literalmente en pedazos. El potente aire resultante de la energía, alejó a Lui del estadio. Pero Phi no tenía pensado dejarle ahí. Lui observó que su enemigo le miraba con toda la intención de continuar pese a haber sido declarado vencedor.
- Despídete, Dragón Blanco. – Dijo Phi, concentrando su energía.
- ¡Cht...! – Mal asunto para Lui, quien se dio cuenta que su cuerpo no le respondía. El dolor lo tenía paralizado a medida que una marca oscura aparecía en su pecho. La sangre de sus heridas no dejaba de emanar, casi como si su cuerpo no pudiera cerrarlas.
Sin embargo, algo inesperado ocurrió. El techo del edificio fue destrozado por un potente fuego que iluminó todo el interior. Antes de que Phi pudiera atacar a Lui, y alcanzarle con su energía, ese poder ígneo lo evitó, aterrizando en el estadio de una forma tan brutal y violenta que terminó destruyéndolo por completo, partiendo la estructura incluso hasta su base, y llevándose a Phi por delante, levantando una gran nube de polvo, mientras los escombros rodeaban a Lui, que había sido salvado de ser aplastado por los del techo gracias a los guardias de seguridad quienes rápidamente llamaron a una ambulancia.
Lui no entendía qué es lo que acaba de pasar. Como él, el público y el comentarista se quedaron en un silencio absoluto. Nadie podía dar una explicación a esto. Sin embargo, todos vieron cómo ese fuego regresaba, casi volando de la nada, y se ponía encima de lo que quedaba del estadio en el que Lui estuvo luchando hacía apenas unos minutos. El chaval reconoció enseguida de quién se trataba. Rodeada de un intenso fuego que se movía como si la protegiera, una muchacha de un gran pelo blanco largo y liso, atado en múltiples lazos en cada mechón había aparecido frente a él, clavándole sus ojos escarlata.
- No... no puede ser... - Susurró. Ella se giró, con las manos en los bolsillos. Las mangas de su camisa estaban quemadas y rotas, y ligeramente abierta por el escote. Su pelo parecía danzar con el fuego. – T- tú eres...
- Te he encontrado... maestro.
Chapter 38: ¡Por Mi Maestro! ¡La Encarnación Del Fuego!
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Phi quedó tirado en el suelo, con escombros encima de él y a su alrededor. Todavía estaba despierto, y bien consciente. Desde su posición, miraba la destrozada estructura que imitaba a un pilar, en cuya cumbre se encontró lo que una vez fue un estadio que ahora ya ni existía. ¿Qué era lo que había pasado? ¿quién le había atacado? Pronto la respuesta llegó ante él. Como una estrella fugaz que detrás de sí misma dejaba una estela de fuego y luz, el propio elemento ígneo llegó ante su persona. Reconoció a la chica que se detuvo a escasos dos metros. Mientras se ponía de pie, la joven bloqueó la salida con más fuego, mientras mantenía su mano izquierda en el bolsillo del pantalón que utilizaba.
- Qué sorpresa... - Phi rompió su silencio. – Pensé que habías muerto en aquel fatídico incendio en China.
- Sí, sin duda fue una buena muerte. – Su interlocutora mostró una desafiante sonrisa. El fuego seguía rodeándola, casi danzando con su largo cabello blanco. – Qué suerte para ti que he vuelto, ¿verdad?
- Cómo lo sabes. De cualquier otro modo, no sería tan divertido. Pero déjame preguntarte... - Extendió sus manos de lado a lado. - ¿Cómo sobreviviste a ese incendio?
- ¿Quién habla de sobrevivir? – Inclinó la cabeza. – No te hagas el tonto conmigo. En cuanto supiste quién era realmente, no tardaste nada en provocar mi muerte.
- Y sin embargo, estás aquí. – Phi no lograba entender esa paradoja. Él la vio morir, o creyó haberla visto morir. Pero, tal y como acababa de decir, ella estaba frente a su persona.
- ¿Acaso no lo sabías? – Preguntó. – El fuego no puede ser destruido con más fuego, ¡Eso lo sabe todo el mundo!
Y sin avisar, arremetió contra Phi, quien se vio obligado a defenderse usando su poder oscuro como si fuera un escudo que inesperadamente se deshizo ante el poder de la joven que le hizo volar varios metros hasta chocar contra otra pared. El oscuro pasillo se iluminó a medida que ella avanzaba. El fuego nacía detrás de ella, como si fuera invocado y la siguiera. Phi escupió sangre, poniendo mala cara. Ella, no obstante, continuaba sin abandonar su sonrisa, encendiendo su mano en su poder ígneo sin quemarse. Es como si el fuego la reconociera como a su legítima dueña y la obedeciera. Phi volvió a ponerse de pie, creando una ráfaga contra la muchacha que no tuvo que esforzarse demasiado para defenderse bien.
- Parece que el tiempo te pasa factura. – Dijo ella.
- No puede ser, ¡¿Cómo es que mi oscuridad no te hace nada?!
- ¿Es que acaso no te acuerdas? ¡El fuego no deja de ser una parte de la luz! ¡Desde los inicios de los tiempos, tu poder oscuro nunca ha funcionado contra mí!
- ¡Imposible!
Mal asunto para Phi, que volvió a recibir una lluvia de ataques de la que ni supo cómo salió vivo. La pared se resquebrajó, y casi amenazaba con provocar el derrumbe del edificio. La dueña del pelo blanco no parecía tener prisa en acabar con él. Parecía simplemente vengarse por lo que le hizo al dueño de Brutal Lúinor. Y de nuevo, Phi quedó en el suelo, pero no por mucho tiempo.
- De modo que eres inmune a mi poder... - Habló él. – Parece que voy a tener que tomármelo muy en serio contigo.
- Hagas lo que hagas, estás en una completa desventaja. A mí no puedes hacerme daño.
- ¿Entonces cómo es que no me matas de una vez? Estás derrochando una oportunidad de oro.
- Aunque no me guste, el equilibrio del mundo te necesita a ti también. Sólo te has desviado de tu auténtico camino. Has corrompido tu poder, ¡Así que he venido a corregirte!
- ¡HA, HA, HA, HA! ¡¿Corregirme tú a mí?! ¡Debes estar de broma! De entre los cuatro elementos, todos sabemos que tú eres el peor de todos.
- ¡Quizá! ¡Pero también soy el mejor para darte una buena patada en el culo y hacerte comer el suelo!
Ella no se detuvo en más charlas. Volvió a atacar, pero Phi la esquivó. Él se dedicó a huir, pero la muchacha no fue tan estúpida. Concentrando su poder, una gran cantidad de fuego rodeó varios metros todas las estructuras y bloqueando cualquier salida por pequeña que fuera. Phi se quedó acorralado, aparte del calor. Para su mala suerte, la contienda estaba en manos de esa joven.
- Desde luego haces honor a tu nombre, Fayna. – Dijo. – Siempre has estado entre el fuego y la luz.
- Qué importa mi nombre, yo he venido a dejarte bien claro con quién no debes meterte. – Le señaló con el dedo índice derecho. Su mano izquierda permaneció en su bolsillo en todo momento.
- ¿Hablas de Lui Shirosagi? – Cuestionó. – No sé qué tiene de especial un niño como él.
- Yo que tú sería más cuidadoso. Ese no es cualquier niño. – Dijo, desconcertando al adulto. – Veo que todavía no has despertado por completo como el espíritu de la oscuridad. Pero sé que es cuestión de tiempo a que ocurra.
- ¿Y qué harás tú? ¿irás a proteger a tu querídisimo maestro de la luz? – Se burlaba Phi. Pero Fayna sólo se rio.
- A mí no me importan los demás, estoy aquí para hacerte pagar tu grave error. Allá donde lo ves, Lui Shirosagi es una de las dos fuerzas del equilibrio secundarias de este mundo. – Dijo. – Y como bien sabes, tanto a ti como al espíritu de la luz se os está prohibido ponerles la mano encima.
Phi puso mala cara, una vez más. Cierto era que, durante su batalla contra Shirosagi, notó algo extraño. Pero fue algo tan pequeño que simplemente decidió ignorarlo. Sin embargo, Fayna ya poseía ese conocimiento. Ella sí había detectado la energía de Lui y al sentirle en peligro, acudió en su ayuda de inmediato. Al pensar en todo eso, para Phi encajó. El fuego siempre era el primer elemento en aparecer para proteger a sus maestros. Aunque ella perteneciera al espíritu de la luz por la conexión que compartía con el mismo, cierto era que eran esas fuerzas que ella había mencionado quienes le otorgaban la sabiduría de cómo usar sus poderes. Esas fuerzas le enseñaban a ella todo lo que pudiera necesitar, incluso en el ámbito emocional y espiritual de la vida, algo fundamental para un elemento como ella.
El fuego era un elemento que se descontrolaba fácilmente. Era el que representaba la ira más fuerte, la determinación más poderosa, y la pasión más obstinada. Por eso era un elemento tan a tener en cuenta. Era el único que era inmune a su oscuridad, precisamente porque, como parte de la luz, poseía la capacidad para superarle. Pero claro... a Phi no se le olvidó que el fuego necesitaba estabilidad. Y la parte mala en todo esto, es que Fayna nunca tuvo esa estabilidad. Phi se aseguraría de que ella volviera a convertirse en cenizas. Y si tenía que volver a matarla en otro incendio, lo haría. La mataría de todas las maneras posibles, hasta que Fayna no volviera aparecer.
Ella le atacó, de modo que se limitó a defenderse. Acabaron saliendo del edificio. En un espacio tan abierto, Fayna tenía más opciones para continuar.
- De modo que estás vengándote de lo que le hice a Lui Shirosagi. – Phi se levantó. – Claro. Ya lo veo. Él es uno de tus maestros, ¿cierto?
- ¡Así es! – Fayna apretó los puños, y se posicionó. Se preparaba para cualquier cosa, y contraatacar. - ¡Por mi maestro te voy a destrozar esa cara que tienes y me aseguraré de que no vuelvas a causarle problemas!
- Bueno, creo que eso no hará falta. – Phi torció su retorcida sonrisa. – Él ya está siendo vícitma de mi propia oscuridad.
- ¡No si yo puedo evitarlo! – Fayna saltó muy alto, impulsándose gracias a su propulsión ígnea con los pies. - ¡Que no se te olvide que el espíritu de la luz también existe!
- Claro... y muy pronto me encontraré con él.
Phi se apartó en el momento oportuno para sorpresa de Fayna, quien no pudo evitar chocarse contra el suelo. Cambiando su postura corporal, recordando a un gato, ella volvió a lanzarse. Pero Phi logró sujetarla de una de sus manos, pese a que eso le causó quemaduras en las manos, antes de soltarla para hacerla volar por los aires.
- ¡Esta vez no podréis evitar que el mundo caiga en una completa oscuridad! ¡Y tú, Fayna, encarnación del fuego, serás la primera en caer!
- ¡Jeh! – Ella se puso de pie tras haber sufrido otra caída. – Me gustará ver... ¡Cómo lo intentas!
Los choques entre fuego y oscuridad se repetían constantemente. Puede que Fayna fuera inmune a su poder, pero Phi sabía que de todas maneras en parte le servía para protegerse a sí mismo. Fayna llevaba años siendo consciente de quién era en realidad, y sabía manejar muy bien su propio elemento. Pero no era una chica invencible. Atravesó su cuerpo con una lanza de oscuridad que la hizo sangrar, pero ella no se rindió. Se levantaba una y otra vez del suelo, sin dejar de sonreír. Eso empezaba a crispar los nervios de Phi y a colmar su paciencia. ¡¿Qué clase de obstinación era esa?! ¡¿Acaso no sabía darse por vencido?!
- Aunque me mates, yo regresaré. – La escuchó decir. Fayna pasó su mano derecha por su ensangrentado mentón. - ¿Por qué crees que estoy aquí después de lo que me hiciste en China?
- Claro, no debí olvidar que, como el fuego que eres, no se te puede matar con tu propio elemento. Sin embargo... ¿no fue tu cuerpo el que sufrió las consecuencias? En aquel entonces, todavía no podías usar tu poder.
- Es cierto. Tienes toda la razón. ¿Acaso no estoy muerta? – Se burló, con una risa. – Pero aquí me tienes, dispuesta a vapulearte y dejarte a merced del espíritu de la luz.
- El espíritu de la luz está condenado y lo sabes. En esta era, no podrá derrotarme.
Fayna se rio, y como un cometa, en cuestión de segundos impactó un puñetazo a Phi. Lo alzó en el aire, haciéndole volar una vez más. Fayna giró sobre sí misma, creando un círculo de fuego en el suelo que más tarde se convirtió en un remolino que se dirigió directamente hacia Phi. Él puso las manos por delante, usando su poder para contrarrestar el de Fayna. En el proceso, la esclerótica blanca de sus ojos se volvió negra. Fayna logró ver la silueta de un pájaro de llamas negras detrás del hombre. Era la maldad en sí misma. Una maldad que la oscuridad no debía poseer. Ella lo sabía. Por mucho que fuera el espíritu de la oscuridad, eso no le convertía en un ser maligno. Era sólo una de las fuerzas principales del equilibrio del mundo que compensaba al espíritu de la luz.
- ¡AAAH! – Gritó Phi cuando Fayna venció sus defensa, impactando contra él un potente puñetazo que lo envió a la otra punta del territorio en el que estaban. Se chocó con innumerables árboles hasta llegar a un lago en el que se hundió.
Fayna aterrizó en el suelo, respirando agitada. Su camisa blanca estaba rota y manchada de negro a causa del fuego. Además, el poder de Phi había conseguido provocarle rasguños y cortes, algunos de los cuales un tanto profundos, pero nada que ella no pudiera soportar. Debía ganar tiempo, para permitir que Lui Shirosagi fuera al hospital y le trataran allí, con el fin de que su condición mejorara. Una vez que Phi decidiera retirarse, ella podría avisar al espíritu de la luz en caso de que no se hubiese enterado de lo ocurrido... cosa que dudaba.
No perdió el tiempo, siguió el rastro de la energía de Phi al introducirse en el bosque y llegó al lago en cuestión de minutos. Menuda suerte que no provocó un incendio en el proceso. Aunque antes de abandonar ese edificio cuyo estadio destrozó, Fayna juró ver a un chico de ojos castaños y pelo negro en punta que trató de alcanzarla, pero sin lograrlo. ¿Quién sería? Bueno, eso era lo de menos.
Vio a Phi salir del lago, y quedarse en el suelo. Había recibido de lo lindo. El hombre descansaba en la tierra firme, casi sin la intención de querer moverse.
- ¿Holaaa? – Habló Fayna. - ¿Estás tomando una siesta? – Preguntó con cierto tono lleno de burla.
- Cállate. – Se fue poniendo de pie. – Porque esto todavía no ha terminado.
- Oh, qué bien. – Fayna abrió los ojos como una psicópata. - ¡Entonces diviérteme un poco más! – Dijo entre risas antes de lanzarse contra él.
Chapter 39: ¿Un Vínculo Roto? La Última Conversación
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En cuestión de una semana, todo pareció entrar en un estado de pausa repentino. La noticia del enfrentamiento de Phi contra Lui corrió como la polvóra entre los medios de comunicación, así como el ingreso de Shirosagi al hospital donde también estaban Wakiya Murasaki, Shu Kurenai, y Daigo Kurogami como los bladers más destacados. Aparentemente no habían más cosas nuevas sobre Valt, y tampoco de Phi, quien parecía haberse detenido en sus crueles actos. Pero eso fue lo de menos para Free. En el BC Sol se había notado su distanciamiento, físico y emocional. Honey era la primera en angustiarse por ello. Tenía la sensación de que a De La Hoya le había afectado especialmente lo que le había ocurrido a Lui. Y es que en esos siete días, Free dejó de comer. Eso preocupó a Anch, y Cristina notó que aquello sólo provocó que en parte, la salud del chico empezara a inquietarla. A Free se le veía más delgado. Su camisa le colgaba más que de costumbre, casi más ancha que antes.
Cristina sabía que Free arrastraba grandes problemas emocionales. Con toda probabilidad, habría iniciado una fase de depresión, y lo de Lui acababa de empeorarlo. Puede que Shirosagi no simpatizara con ellos, pero el BC Sol estaba de acuerdo con que eso no era motivo para desearle algo tan terrible como lo que le había pasado. Nadie le deseó algo así. Cristina confiaba en que Valt habría estado cerca del Dragón Blanco. O al menos, todo lo que pudo. Pero ella prestaba atención al inusual comportamiento de Free. Él apenas se acercaba por el BC Sol, y ni siquiera dormía en su cuarto. Se pasaba las horas muertas delante de la tumba del abuelo Jinbei, perdido en sus pensamientos. Luego se iba al estadio del bosque, que siempre recordaba al Oráculo de Delfos de la Antigua Grecia, y perdía el resto de las horas del día allí. Prácticamente vivía allí. Es como si se hubiera convertido en un ermitaño.
Pero en el noveno día, Free se presentó en su despacho. Cristina apartó la mirada de su portátil, sorprendida de verle allí. No supo cómo sentirse al respecto.
- Tenemos que hablar. ¿Podemos ahora? – Fue lo primero que soltó Free, sin saludos ni hostias. Cristina echó de menos a ese muchacho vago y silencioso que lo que hacía nada más venir a verla, era acercarse, ponerse detrás, y abrazarla. Pero ahora, eso ya no ocurría.
- Sí, claro. Por supuesto. – Cristina puso a un lado el ordenador, viendo que Free se quedaba delante de ella, frente al escritorio. – Te escucho.
Free la observó, en silencio. Cristina tuvo que hacer acopio de paciencia. Conocía de antemano la manía de Free de tomarse su tiempo para absolutamente todo, especialmente para hablar. Pero ahora esos silencios suyos se habían hecho más largos, al punto de dar la sensación de que el rubio se iba a retractar y se iba a ir sin soltar palabra.
- He estado pensando en lo que ha ocurrido durante todos estos días. Desde que Lui me llevó a casa, hasta hoy mismo. – Empezó a decir De La Hoya, con su habitual seriedad. – Tú conocías mi pasado, ¿verdad? – Cristina asintió a su pregunta. - ¿Por qué me lo has estado ocultando durante tanto tiempo?
- Mis padres me lo aconsejaron. – Contestó. – No sabíamos cómo podría afectarte. La psicóloga te diagnosticó un agudo estrés postraumático que generó el bloqueo mental y emocional que tuviste. Nos aconsejó no sacar el tema si no lo hacías tú. Ni siquiera la especialista logró saber cómo de grave fue todo eso para ti. – Suspiró, cerrando los ojos. – Tú nunca hablaste de ello, y no mostraste señales de interés por saberlo. El abuelo Jinbei te daba pistas o intentaba sonsacarte cosas... pero supongo que ese bloqueo te hacía incapaz de comprender nada de eso.
- Recuerdo que tus padres conocieron a los míos. ¿Tú también?
- Tengo un vago recuerdo de ellos cuando era muy pequeña. Eran personas ocupadas, de modo que tampoco venían a menudo. Pero mis padres hablaban mucho de ellos.
Entonces hubo un silencio. Cristina dejó que la mente de Free asimilara todo eso, ahora que podía. Mientras no entrara en ese estado de cólera y descontrol... no le importaba hablar de ello. Free estaba haciendo lo que no hizo de pequeño: preguntar, buscar respuestas... querer entender. Era la primera vez que mostraba interés por esas dos personas que le trajeron al mundo.
- Papá siempre decía que te parecías mucho a tu madre. – Eso hizo que Free abriera los ojos. – Yolanda era una mujer preciosa, siempre trataba bien a todo el mundo. Según mi padre, ella tuvo muchos problemas familiares, especialmente cuando tenía nuestra edad. Papá me contó que, por eso, Yolanda le dijo que si tenía un hijo, le llamaría Free. – Alzó sus ojos para observar al rubio. – Para que pudiera ser libre del modo en el que ella no pudo. Ése es el origen de tu nombre.
- Entonces... ¿ella... me amó?
- Sí. Mis padres fueron al hospital cuando te dio a luz. Yo me quedé con el abuelo. Creo que hay muchas fotos tuyas de cuando eras un bebé, sobre todo en tu casa. ¿No has ido allí?
- No. Aún no. – Free desvió la mirada. – No me veo capaz.
Cristina no necesitó preguntarlo. Esa casa representaba ese mundo que se vino abajo, y Free se quedó sin un lugar al que pertenecer. Al menos hasta que sus padres decidieron acogerlo en casa, y convertirle en su hermano. Ella fue muy feliz de poder tener a alguien a su lado y no estar sola tanto tiempo. Además, Cristina tuvo en cuenta lo que sucedió allí cuando Lui le mostró su pasado a Free. Ella imaginó que el rubio sería capaz de acordarse de cómo se descontroló y llegó a herir a ese grupo de bladers de esa manera. La culpa debía estar reconcomiéndole por dentro.
- ¿Y... cómo era mi padre? – Preguntó Free al cabo de cinco minutos. Cristina sonrió.
- Era una persona muy alegre. Ahora que lo pienso, Valt se parece muchísimo a él. – Dijo, sorprendiendo a De La Hoya. – Un hombre divertido y optimista. Arnau dejó que Yolanda te diera su apellido, aprovechando que las leyes en España permitían que los hijos tuvieran los apellidos de sus madres si así lo querían ellas. El apellido de tu padre es «Prats», por si te interesa saberlo. Como ya te dijeron Lui y Jin, tu madre, Yolanda, creó la empresa de Industrias Danae, para ayudar a los bladers. Ella quería que tu siguieras con el negocio, pero tenía una dura competencia. – Puso una cara preocupada. – Yolanda se topó con un matrimonio con el que no simpatizó, por mucho que ella lo intentara.
- ¿Quiénes eran?
- Creo que se llamaban... Greg y Casey. Se mudaron de Francia a España hasta establecerse aquí en Barcelona. Mi padre decía que esos dos tenían envidia de tu madre y le hicieron la vida imposible. Cosa de negocios, ya sabes.
Curiosamente eso hizo que Free estuviera callado. Casi que en su mente parecía haber encajado alguna cosa, ahora que podía acordarse de todo. Cristina contempló cómo el cuerpo del blader se puso rígido de forma repentina y temió por él. Esperaba que no le diera un brote de ansiedad. Una parte de Cristina pensó que estaba dándole demasiada información, pero no podía decirle que no a Free. Era su derecho, y merecía saber todo cuanto quisiera. Sus padres ya la habían ayudado a lograr esto desde que era una niña. Siempre le explicaron cosas sobre los padres de Free, por si algún día al rubio le daba por preguntar y ellos no estaban. Los progenitores de Cristina también eran empresarios y les tocaba viajar de un lado a otro, de modo que, por mucho que lo hubieran deseado, supieron que no podrían hacerlo. Y Cristina les echaba de menos. ¿Lo haría también Free?
Aprovechando el ensimismamiento de Free, Cristina buscó en el portátil alguna imagen de ese matrimonio, aprovechando que eran unos ricachones desde que Yolanda y Arnau pasaron a mejor vida... aunque de una forma trágica, y desgarradora para Free, a quien le mostró lo que por fin encontró.
- Estas son las personas de las que te acabo de hablar. Greg y Casey.
Free se acercó y sujetó la pantalla. Abrió los ojos, casi como si hubiera visto algo que Cristina ignoraba por completo. A ella sólo le tocó esperar. Así es como funcionaba Free De La Hoya. Era igual que el tiempo en sí mismo. Y había que darle tiempo al tiempo, ¿no?
Sin embargo, Cristina se asustó por un momento cuando vio cómo la cara de Free cambiaba. Su ira apareció en sus ojos, que tuvieron un tono dorado antes de volver a la normalidad. Fue cuestión de segundos lo que duró. El rubio ocultó su mirada debajo de su flequillo, haciendo un pequeño ejercicio de respiración para moderarse. Le costó un buen rato, pero al menos lo logró. Cristina optó por seguir callada, prefiriendo que fuera Free quien lanzara alguna pregunta. No fuera a ser que le hablara en un mal tono o le dijera algo cruel como ella sabía que él era capaz.
- ¿Se sabe algo del accidente que sufrimos? – Cristina supo que en ese plural, Free estaba incluyéndose a él y a sus padres.
- Durante años se rumoreó de que fue intencionado. Coincidía con el hecho de que Yolanda y Arnau tenían una problemática relación con Greg y Casey, quienes eran sus mayores rivales en la competencia de empresas. La policía los sometió a algunos interrogatorios cuando encontraron algunas coincidencias, pero por falta de pruebas, tuvieron que dejarles en libertad. – Explicó. – Intentaron hablar contigo, pero mis padres te defendieron después de que la psicóloga nos explicara lo que te pasaba una vez estuviste en nuestra casa. ¿Recuerdas algo sobre eso?
- ¿Piensas que mi testimonio podría valer? – Insistía en preguntar en vez de dar respuestas. Cristina lució pensativa, pese a la impaciencia que tenía Free en esos instantes.
- Supongo que sí. La investigación sobre el accidente y la muerte de tus padres se pausó. El negocio de tus padres quedó bajo el cuidado de los míos, por eso estan tan ocupados desde hace tiempo. Mis padres protegieron todo lo que construyeron los tuyos, para algún día entregártelo a ti.
Y de nuevo se hizo otro silencio. Cristina no sabía qué hacer, porque tampoco sabía cómo reaccionaría Free. Pero él parecía haber descubierto algo, que simplemente no quería revelarle. Ella le notaba enfadado. Le conocía tan bien que no podía ignorarlo. Para Cristina, el lenguaje no verbal de Free era muy expresivo, aunque para el resto pudieran ser auténticos mensajes indescifrables. Pero ella tenía la ligera sospecha que Valt empezaba a ser una de esas nuevas excepciones. Antes de que se marchara a Japón, pareció ser el compañero inseparable de Free, y a través del rubio, ella sabía que Valt se pasaba las horas muertas al lado de De La Hoya. Pasando tanto tiempo juntos, a Cristina se le hacía imposible que Valt no hubiera aprendido parte de la manera en la que Free se comunicaba con el mundo. Incluso en algunas ocasiones, ella había visto que el pelinegro inclinaba la cabeza cuando Free lo hacía al mirarle, siempre para terminar sonriendo con un leve sonrojo en la cara.
- Y pensar que tú sabías todo esto... Has sido muy cruel, demasiado. - Susurró Free. - ¿Lo hacías a propósito? ¿me lo ocultabas porque me tenías miedo?
- ¿Eh? – Cristina abrió los ojos, los cuales sintió que se humedecían en lágrimas. – No... no fue por eso. – Ella bajó la cabeza, llevando una mano a su frente casi intentando taparse la cara mientras lloraba. Free la miraba. – Es que... eras un niño tan frágil que... que creí que podrías romperte por completo si te lo decía.
- Sabías que iba a pasar antes o después. – Dijo Free, tratando de entender los motivos de Cristina, de entenderlos mejor para no juzgarla o criticarla.
- Es que... Free... aparte del abuelito Jinbei... - Apretó las manos. – Tú eras todo lo que yo tenía. Lo eras todo. Eras el único que estaba ahí... cuando lloraba... cuando me perdía por la calle... cuando se metían conmigo. Siempre estabas ahí. – Hablaba entre sollozos. – A pesar de lo que te había pasado... parecías un niño lleno de luz. Siempre... siempre sacabas lo mejor de mí. Por eso... por eso yo quise protegerte de lo que sabía que te haría daño. – Alzó la mirada.
- Y eso es demasiado tóxico. – Sentenció él. – En tu afán por protegerme tanto, has conseguido un resultado diferente del que tal vez esperabas. Me has estado mintiendo durante casi diez años.
- ¡No, Free! ¡Yo...! – Le vio alejarse.
- Lui tuvo razón. – La interrumpió. – No eres la persona que yo creí que eras, del mismo modo que yo no soy quien pensaba que era. No puedo reconocerte, y tampoco sé quién soy yo en realidad. – Decía, hasta sonreír con un gran pesar. – Pero al menos me salvaste de ser tragado por la oscuridad.
- Free, de verdad, lo siento mucho. – Ella se puso de pie. Su cuerpo temblaba. Y no era capaz de dejar de llorar. – Yo creí que hacía lo mejor para ti.
- Lo sé. – Susurró. – Pero eso ya se ha terminado. – Cerró los ojos, sorprendiéndola.
- ¿A... a qué te refieres?
- Has soportado muchas cosas por mí, y siempre me has cuidado. Pero eso ya no puede volver a suceder, Cristina. No te corresponde defenderme más de nada ni nadie.
- F- Free... ¿qué intentas decirme con eso?
El aludido guardó silencio, dejando a Cristina al borde de la histeria. Ella estuvo a punto de gritar, atacada por los nervios y el estrés. Nada que Free no supiera. Le dolía verla llorar de esa manera, pero él lo sabía. Debía empezar a sanar, y Cristina también. Sin embargo, Free ya tenía en mente cómo. Él mantuvo esa sonrisa triste, una sonrisa que Cristina interpretaba como una despedida. Y eso le provocaba un enorme dolor a su corazón.
- A partir de ahora nuestros caminos se separan aquí, Cristina. – Sentenció Free De La Hoya. Kuroda sólo abrió los ojos, en completo shock pero oyendo al rubio. – Nosotros ya no tenemos nada más de lo que hablar. Todo está muy claro. Al menos... para mí. – Y le dio la espalda, acercándose a la puerta en la que se detuvo para mirar a la dueña del BC Sol. – Gracias por todo.
Chapter 40: ¡Peligro! ¡Hyde, El Príncipe De La Oscuridad!
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Los pasillos eran pobremente iluminados por unas antorchas. Era un lugar siniestro, pero Hyde se lo conocía como la palma de su mano. Mucho tiempo viviendo aquí, en este palacete, como para no conocérselo. ¿Cuántas veces no correteó por estos callejones en su infancia? Lástima que ahora aquello no fuera más que un lejano recuerdo, que, sin embargo, él apreciaba de corazón. Fueron momentos felices, en los que todavía se llevaba bien con su hermano Phi a pesar de sus diferencias y discrepancias que los llevaba a conflictos constantes.
Y justo lo encontró a él, sentando en una larga mesa que presidía. Tenía mala cara. Hyde supo que Phi no se sentía satisfecho. No le importaba haberse detenido en sus acciones por una semana. Hasta el blader más fuerte necesitaba un descanso de vez en cuando. Pero Hyde sabía que no era sólo por mero cansancio, después de su encuentro contra el espíritu del fuego encarnado en una envoltura mortal. Ese era el menor de los problemas de Hyde.
- Vaya, cualquiera que te viera diría que traes mal día.
- ¿Y tú qué quieres ahora? ¿no ves que estoy ocupado?
- Oh claro. Supongo que estar ahí sentado perdido en tus pensamientos es mucho trabajo, ¿verdad? – Contestaba Hyde con sarcasmo y una sonrisa traviesa.
Hyde se acercó a la mesa para sentarse sobre ella, a poca distancia de Phi. Observaba a su hermano, adivinando qué es lo que cruzaba por su mente. No necesitaba que Phi le contara lo que estuvo haciendo hacía una semana.
- No has conseguido atraer a Free De La Hoya, ¿verdad? – En cuanto soltó eso, Phi le miró con una expresión que Hyde juraría que si no fuera porque los ojos no eran armas, habría terminado muerto. Phi sólo resopló con rabia, apretando una de sus manos. – Si te soy sincero, en el fondo sabía que no caería en tu trampa.
- Es un chico muy listo. – Comentaba Phi. – Al parecer no es tan sentimental como yo creía.
- ¿Pensaste que vendría corriendo en cuanto Shirosagi fuera enviado directamente al hospital? – Preguntó Hyde, que aunque no lo parecía, estaba siendo inocente. - ¿Por qué te dio por atacarle a él, precisamente?
- Tengo constancia de que es uno de los rivales de Free De La Hoya. Asumí que habría una relación entre esos dos. Pero no entiendo por qué De La Hoya no ha caído en mi juego. ¡¡Debería haber venido a Japón!! – Dio un golpe en la mesa, apretando la mandíbula.
- Puede que supiera de antemano lo que pretendías hacer. – Hyde miraba al techo, pensativo. Phi le observó, y lejos de reprocharle a su hermano, sus palabras le dieron sentido a su inesperado resultado. – Él es el espíritu de la luz, así que seguramente ya sabe lo que intentas hacer.
- Afortunadamente sé dónde se encuentra. – Sonreía Phi. – No sé qué es lo que habrá pasado en España, pero toda esa energía que usó para cubrir el cielo de luz dorada me ha bastado para localizarle.
- ¿Y si se ha movido de sitio?
- Eso no importa. – Phi se puso de pie. – Le encontraré esté donde esté. – Se rio con maldad. - ¡Entonces le aplastaré! ¡A Fafnir y a él! ¡A los dos juntos!
Mientras se iba, Hyde se sintió preocupado. Cierto era que su hermano había ido cambiando a medida que fue creciendo. No era la misma persona de antes. No era el hermano bueno y chinchoso de siempre. Se había transformado en un ser cruel que sólo quería sembrar el caos y la destrucción para arrasar con todo lo que pillaba por delante. Hyde miró sus manos, pensando en qué es lo que podría hacer. No le tenía miedo a su hermano, pero sabía que él le odiaba. Phi quiso el bey que tenía en su poder y que no pudo obtener porque Hyde se negó a dárselo una vez lo escogió. Fue un regalo del padre de ambos, y por primera vez en su vida, Phi tuvo que resignarse a no tener lo que quiso. Claramente a cualquiera le parecería la típica actitud de un niño mimado. Y no era para menos.
Sus padres eran ricos. Les sobraba el dinero. Se podían permitir tener casas grandes como mansiones, y tener todo cuanto quisieran. Pero Hyde había visto que eso no le traía la felicidad, y, al contrario que su hermano, sólo quería encontrar algo que pudiera hacerle feliz. Sin embargo, Phi no era así. Era un hombre codicioso que nunca sabía aceptar un NO por respuesta. Aquello que él deseara, era aquello que sí o sí ya consideraba suyo... incluso si no era así. Era una avaricia en su estado más puro. Lo peor es que esa avaricia se alimentaba a través de esa ardiente ambición que parecía nublar el juicio de Phi. Hyde se sentía culpable, en parte. ¿Acaso lo que ocurrió de niños, al escoger uno de los dos beys otorgados por su padre, fue lo que desencadenó todo esto?
Sin dejar de pensar en ello, llegó a la conclusión de que tenía que hacer algo. Y tenía que hacerlo ya. Por eso se las arregló para ir a un estadio popular de Japón, acaparando las cámaras.
- ¡¡Hola, Valt Aoi!! – Saludaba mirando a una cámara. Sacaba la lengua en un acto juguetón. - ¡Llevas tiempo sin aparecer por un estadio! ¡Así que te reto a venir para tener una batalla conmigo! ¡Huas, huas, huas! ¡Te quiero aquí a las cinco de la tarde! ¡Espero que no me des plantón o todos creerán que eres un cobarde!
El plato principal estaba servido. La noticia corrió como la pólvora, incluso en otros países. Free De La Hoya estuvo al tanto, pero no hizo demasiado caso. Él se perdió en el bosque, como de costumbre, para alejarse del bullicio. Sin embargo, se detuvo en una zona con sombra donde no daba el sol. Miró de reojo, sabiendo que había alguien detrás.
- ¿Quieres algo de mí? – Preguntó.
- Sé lo que estás buscando. Y yo puedo conseguirlo.
Free se mantuvo en silencio, viendo a Jin delante una vez se giró. No conocía personalmente a ese chico, salvo que vino desde Japón gracias a Lui. Parecía que era amigo del Dragón Blanco. Pero pensar en él continuaba siendo una tortura. Era la impotencia que sentía y que le mantenía en España.
- Quieres ver a Lui, ¿no es así? – Habló Jin tras unos minutos. – Yo puedo llevarte hasta él sin que te reconozcan.
- ¿Ah sí? ¿y cómo?
- Con un cambio de vestuario. ¿Qué? ¿quieres intentarlo?
Free se lo quedó mirando, hasta ponerse más serio.
***
Dos días pasaron. Valt tuvo problemas para dormir. Verse desafiado de repente por un blader que no conocía se le hacía extraño. Zack ya le había avisado de no ir, ignorando el chantaje de ser visto como un cobarde. Sin embargo, el instinto de Valt le dijo todo lo contrario: tenía que ir. Sólo así conocería a ese blader, y sabría mejor a lo que se enfrentaba. Ya se había acostumbrado a tener problemas, aunque realmente no le gustara mucho tenerlos. Sabía que Lui estaría seguro en el hospital, pese a que todavía no se había despertado y seguía en observación. Todo Rideout estaba preocupadísimo por él. Así como Wakiya y compañía, incluido Shu. Nadie se esperó que Lui terminara así, y todos le deseaban una pronta recuperación. Valt ya había estado en la habitación de Shirosagi, ni que fuera para hacerle compañía y que no se sintiera solo.
Por mucho que Lui no le hubiera dado motivos para considerarle su amigo, Valt se preocupaba por su salud. Además, fue en parte gracias a Lui por lo que él continuó como blader después de la Liga Nacional de Japón donde se vieron las caras, cuando todavía era un principiante y ni siquiera conocía de la existencia de Free De La Hoya como el número uno del mundo, al contrario que Rantaro y todos los demás.
Terminó llegando al estadio esa misma tarde. Tuvo que ser puntual, pese a haberse convertido en un manojo de nervios. Sabía que se estaba exponiendo, y que Phi podría encontrarle ahí mismo y convertirlo en su presa. Aquella idea le daba miedo, por mucho que quisiera mostrarse valiente. Ese hombre asustaba, porque él iba en serio. Y porque no tenía piedad y hacía daño de verdad a los bladers contra los que se enfrentaba. Shu, Wakiya y Daigo eran la prueba de ello. Y ahora Lui como el que más. Su condición todavía era un secreto porque los médicos no quisieron revelar nada por mucho que Wakiya tratara de sonsacarles. Pero ni él lo consiguió.
- Oh, así que has venido... - Dijo Hyde, relamiendo su boca y mostrando esos puntiagudos dientes. – Vaya, eres más diferente de lo que pensaba. Te creía más alto.
- Tú eres el que me ha desafiado, ¿no es así?
- ¡Claro! Estaba aburrido, así que se me ocurrió que... ¿por qué no echar una batallita con el campeón del beyblade?
- Eso de campeón todavía está por verse. Tengo una batalla pendiente con un ser muy querido. – Valt sonrió. Pensar en Free le daba valor independientemente del motivo. - ¿Qué tal si me dices quién eres? Así evitaremos los formalismos.
- Me llamo Hyde, ¡Y soy el Príncipe de la Oscuridad!
Al escuchar eso, Valt abrió los ojos sin soltar palabra. ¿El Príncipe de la Oscuridad? Se acordó de las explicaciones de Wakiya y las historias contadas de Zack gracias a su madre sobre el espíritu de la luz, supuestamente reencarnado en Free De La Hoya. ¿Qué tenía que ver Hyde en todo esto? ¿significaba eso que Phi tenía algo que ver?
- Sólo por curiosidad. – Habló Valt, delante del estadio con un árbritro observándole y un público que no apartaba su atención de él y su interlocutor. - ¿Estás relacionado con Phi?
- ¡Huas, huas, huas! Vaya, qué astuto. ¿Qué tal si lo averiguas? ¡Sería un desperdicio darte las respuestas! ¡Nuestros espectadores merecen un buen show! ¡Así que comencemos de una vez!
- Me parece bien. Esto va a ser divertido. – Valt se animó rápidamente.
Su intuición le decía que no estaba solo, que ya no corría ningún peligro. No pudo comprenderlo, pero dejó de pensar en ello. Era hora de centrarse en el combate.
Chapter 41: ¡La Mirada De La Furia! ¡La Luz Purificadora!
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Japón. Uno de esos países que apenas había visitado en sus dieciseis años. Sólo llevaba una bolsa como equipaje, al contrario que su compañero. Jin iba bastante cargado, y fastidiado al saber que no iba a ser ayudado. El dueño de la sudadera negra, cuya capucha ocultaba su cabeza, no pensaba echarle una mano. Avanzaba sin reparar en la gente, aunque de vez en cuando se paraba para esperar a Jin. El aeropuerto estaba lleno de las personas que iban y venían, y de aquellas que simplemente esperaban.
- Deberíamos ir primero a mi casa para dejar todo esto. – Sugirió Jin, sin una respuesta. – Y tardaremos más si lo cargo yo solo.
Su interlocutor entendió perfectamente el mensaje, de modo que cogió un par de mochilas que pesaban bastante y las cargó sin dificultades. Eso logró que Jin fuera más ligero. El pelinegro le fue guiando en todo momento, incluso después de salir de aquel lugar bullicioso. Ahora que se podía decir que había dejado cosas importantes atrás, el compañero de Jin no tenía ninguna prisa. Por eso no se quejaba, y ni decía nada. A Jin ese prolongado silencio le extrañaba, pero no le molestaba. Él también era muy así.
Las calles eran tranquilas, y se apreciaba la calma. Alguna que otra anciaba barría la calle con una escoba. Nada fuera de lo normal. En un par de horas terminaron llegando a un sitio apartado. Una casa humilde les recibió. Jin abrió la puerta con una llave, sin saludar. Al parecer vivía solo. Hizo pasar a su acompañante, para dejar las cosas en la habitación del chico antes de volver a bajar las escaleras por las que subieron previamente.
- ¿Tienes hambre?
- No. Quiero que me lleves al hospital.
- Vaya, veo que eres muy directo eh.
- Trato de hacer lo más importante.
- Bien, pues yo sí tengo hambre así que te esperas. – Dijo mirando la nevera. - ¡Eh! – Se dio cuenta que el otro se iba. - ¡¿A dónde crees que vas?!
Pero no recibió respuesta y escuchó la puerta cerrarse. Eso hizo resoplar al pelinegro, quien de todas maneras optó por comer algo. Un viaje largo, y pocas cosas que llevarse a la boca. Eso bastó para que tuviera un apetito de mil demonios. Si el otro quería perderse por su cuenta, a él no le iba a importar. No lo consideró su responsabilidad. Aunque su mente ya le hizo pensar en las consecuencias, de modo que se dio prisa por salir de casa e intentar seguir el rastro hasta volver a encontrarle. No fue demasiado difícil, gracias a sus espíritus que siempre estaban ahí por cualquier cosa.
- ¿Ya sabe tu equipo que has venido aquí? – Preguntó, sin una contestación. – Tal vez lleguen a preocuparse por ti, ¿no lo has pensado?
- Ellos no me necesitan. – Se limitó a decir. Jin no supo comprenderlo. ¿Qué ocurría con este chico?
Al final pudieron llegar al hospital. En recepción encontraron a Rantaro junto a Wakiya, que parecían haber regresado después de un paseo. Los dos miraron a aquel que acompañaba a Jin. Ocultaba su cara con una mascarilla. Sus pantalones holgados eran verdes oscuros y usaba unas zapatillas blancas. Wakiya prestó más atención a Jin.
- ¿Y tú qué haces aquí? Creía que estabas en España.
- Ya pero, ¿sabes? He pensado que a lo mejor Lui despertaría si venía a fastidiarle.
- Madre mía, tú no conoces lo que es la consideración, ¿verdad? – Wakiya se cruzó de brazos.
- ¿Y ese quién es? – Rantaro señaló al otro, quien cerró sus ojos y se adelantó. - ¡Eh! ¡Te estoy hablando! – Le llamó la atención, deteniéndole del brazo.
Pero como reacción, recibió un fuerte empujón que lo tiró al suelo y a un metro de distancia. Jin puso mala cara, mientras Wakiya se acercaba a Rantaro que se levantaba. Los dos miraron al dueño de la sudadera negra, sospechando de él.
- Jin, ¿qué significa esto? – Preguntó Wakiya.
- Es un familiar de Lui, ¿vale? – Se inventó, de forma convincente. – No le ha sentado bien la noticia de lo que ha ocurrido, así que si yo fuera vosotros no le tocaría mucho las narices. Está muy cabreado.
- ¿Un familiar de Lui? – Eso era nuevo para Rantaro. Jin asintió.
- Creía que estaba solo en el mundo. – Wakiya sentía que algo no le encajaba. Jin se encogió de hombros.
- Misterios de la vida, qué quieres que te diga.
Sin embargo, Rantaro se fijó en aquellos ojos. Le resultaron especialmente familiares, como si ya los hubiera visto antes. Y es que el dueño no apartó la mirada sobre él, casi como si tratara de decirle algo, pero sin hacerlo directamente. Un tipo de comunicación que Rantaro no alcanzaba a comprender. Junto a Wakiya, vio a esos dos alejarse para ir a visitar a Lui a medida que el ascensor subía las plantas. Se mantuvieron callados, para no llamar la atención. Jin no sabía si alguien aquí, aparte de los bladers presentes, sería capaz de reconocer a su acompañante que mantenía sus manos en los bolsillos de la sudadera. Le miró de reojo, tratando de entender esa tremenda seriedad. Su relación con Lui debía de ser muy fuerte para haberse atrevido a venir hasta el territorio enemigo, donde podría ser encontrado con facilidad, sólo por el Dragón Blanco. ¿Para qué correr un riesgo tan grande?
El ascensor abrió sus puertas, y los dos salieron. Caminando por los pasillos, vieron pasar a Shu Kurenai, que saludó a Jin, el cual entretuvo al actual dueño de los Raging Bulls para dejar que el otro se alejara y pudiera evadir al blader. Pero no todo fue coser y cantar. Delante de la puerta del fondo, donde estaba la habitación de Lui, había una persona a la que reconoció. En un primer momento, abrió los ojos, completamente sorprendido.
- Hah, ya sabía yo que esa rata no se estaría quieta. – Habló Fayna, con las manos en los bolsillos. El otro comprendió al instante su lenguaje corporal que demostraba hostilidad. Cualquier paso en falso y podría ser calcinado. – Mira que enviar a sus secuaces para atacar a alguien que no puede defenderse... ¡Es caer muy...!
Entonces se calló cuando percibió una agresiva energía que emanaba del chico. Vio cómo esos ojos oscuros se convertían en una mirada dorada que la puso al tanto de la auténtica identidad del que yacía frente a ella. A pesar de eso, dentro de Fayna nació el deseo de una lucha contra él. Pero este no dejaba de ser el lugar más que inadecuado, y el momento inadecuado.
- Apártate. – Exigió, sin tacto.
Avanzó sin tener miedo, pero sin apartar la vista de ella. Fayna se hizo a un lado, viendo cómo el chico se quedaba delante de la puerta antes de abrirla y desaparecer por ella. Cuando se giró, contempló al que yacía tumbado en aquella camilla con varias máquinas que monotorizaban la actividad de su cuerpo. A medida que se acercaba, fue retirando la mascarilla y después la capucha para dejar de ocultar su cabello rubio y puntiagudo que tanto recordaba al de un erizo, con esos característicos mechones pelirrojos. No lució especialmente alegre, pero sí aliviado de estar ahí.
Sus manos calientes pudieron establecer contacto con la frente y la mano izquierda de Lui. Fue un gesto que demostró su inmenso cariño por él. Con su nariz tocó la mejilla del Dragón Blanco, cerrando sus ojos. Captó el aroma de Lui, oyendo su respiración. No estaba lo suficientemente grave como para necesitar que una máquina le ayudara con esa tarea. Aún así, Free De La Hoya reconoció una marca oscura bastante extendida por el pecho y el brazo izquierdo del dueño del cabello azul. Una semana había bastado para debilitarle lo justo y necesario para ponerle en una delicada condición que no mejoraría si el rubio no hacía algo. Y eso De La Hoya lo sabía. Pero se permitió llorar en silencio, sujetando la mano de Lui, y culpándose por ni haberlo podido evitar ni haber estado ahí antes de que le pasara todo aquello. Si todavía conservaba la vida, era gracias a Fayna. Ella le había estado protegiendo. Phi no se había acercado al hospital sabiendo que la chica estaba aquí y que podría hacerle volar literalmente por los aires o calcinarle hasta los huesos para no dejar más que sus asquerosas cenizas.
El corazón del Dragón Dorado se llenó de ira por su impotencia y su sufrimiento. Uno de sus seres más queridos y cercanos había sido herido, sólo porque el enemigo le quería a él. Usaron a Lui como un cebo para hacerle venir hasta Japón. Ese Phi no parecía conocer límites. Por eso, Free temió por Valt.
Con mucho cuidado, el rubio abrazó a Lui para rodearse de su energía dorada, la misma que se fue extendiendo por todo el hospital sin excepción. El edificio entero brilló gracias a él. Pero sus lágrimas no desaparecieron de su rostro, ni siquiera cuando aquella marca oscura fue desapareciendo del cuerpo del Dragón Blanco hasta hacerlo por completo, liberando a Lui de la condena y de un destino fatal. Fayna estuvo a punto de entrar, pero su instinto la avisó de no hacerlo. En vez de eso, impidió que Wakiya y algunos más como Rantaro y Daigo pudieran abrir esa puerta para entender qué era lo que ocurría.
- Ahora todo estará bien, Lui. – Murmuró Free, dejando al muchacho cómodamente en la camilla. No se había despertado, y el rubio sabía que necesitaría un poco más de tiempo para eso. – No te preocupes. Déjame el resto a mí. – Acarició su rostro antes de darle un beso.
¿Cuánto rato llevaba combatiendo contra Hyde? Valt había perdido la cuenta. De hecho, ahora mismo se acordaba de Zack. Menuda imprudencia había cometido aceptando un desafío con la lesión que todavía tenía sin curar. ¿Cómo pudo ser tan impulsivo? Su brazo le dolía horrores, al grado de que ese mismo dolor se había extendido hasta su hombro y amenazaba con hacerlo por su espalda. Hyde parecía haberse dado cuenta, pero simplemente se aprovechaba. Ya le había provocado dos derrotas por finales fuera de pista, así que Valt estaba en problemas.
- Vamos, ¿no me digas que eso es todo lo que tienes?
- ¡Cállate! ¡Esto...! – Se puso de pie, por estar con una rodilla en el suelo. - ¡Esto todavía no ha terminado!
- ¡Huas, huas, huas! Eso es, eso es. ¡Así es cómo me gusta!
Valt sabía que Zack andaba cerca. La superestrella de música no le dejaría irse solo en situaciones así, cuando su seguridad era importante para todos. Zack se había autoproclamado su protector, después de bastante tiempo defendiendo a sus hermanos y su madre de Phi y sus seguidores. ¿Con cuántos no tuvo que lidiar? Eso no hacía más que reconcomerle por dentro, mientras oía la terrible risa de Hyde que sólo le ponía de peor humor. El árbritro anunció hasta un octavo lanzamiento, algo que sin duda le provocó más dolor a Valt, y haciendo que su bey saliera sin la misma fuerza. A este paso iba a perder, y a este paso el título de campeón se pondría todavía más en duda.
- ¡Voy a vencerte, chavalín! – Anunciaba Hyde, jactándose. Valt apretó la mandíbula. - ¡Ya verás que...!
Hyde se calló de repente, lo cual extrañó a Valt aunque no por mucho tiempo. Los dos pudieron percibirlo. Un aura agobiante llegó al estadio, advirtiendo de su presencia. Valt movió su cabeza, intentando saber de dónde procedía. Y encontró a alguien por encima de ellos y el propio estadio. Estaba en una plataforma, a cinco metros de altura. Era una persona que tapaba su rostro con una mascarilla y su cabeza con una capucha, gracias a una sudadera negra. Pero esos ojos brillaban en un tono dorado. A Valt le resultaron muy familiares. ¿Dónde los habría visto? Algo en su interior parecía reaccionar, del mismo modo en el que lo hizo cuando aquel día el cielo nocturno de Japón se iluminó, y sintió ese intenso y agudo dolor.
El Príncipe de la Oscuridad se puso a temblar. Al igual que Valt, localizó a aquel que yacía a varios metros por encima de sus cabezas, con las manos en los bolsillos de su abrigo pero mirándole precisamente a él, de forma fija y no de manera amigable. Eran los ojos de la furia. Y los ojos de un dragón enfurecido que aparecieron detrás de ese muchacho... o muchacha. Hyde no estuvo seguro del género de aquella persona. Sólo sabía que estaba en peligro. Un paso en falso, y con toda probabilidad sería atacado y asesinado sin misericordia. Era una mirada que parecía representar la ira más poderosa de este mundo, y la más penetrante también.
Movió su cuerpo para demostrar coraje. Más eso fue en vano. El miedo en su interior aumentó a tal grado que sintió un peligro inminente. Aquella persona entrecerró la mirada, que se volvió todavía más dorada que antes, para avanzar un par de pasos al borde de dejarse caer por la plataforma... hasta que aquello se hizo real y aterrizó encima del estadio, rompiéndolo. Por suerte, Valt cogió a Valtryek a tiempo. El bey de Hyde se salvó de milagro.
- ¿Quién... eres tú? – Preguntó Valt, un tanto asustado. Pero no obtuvo respuesta, ni siquiera le miraron.
Hyde sabía qué era lo que quería decirle el dueño de ese abrigo negro que no dejaba de observarle. Estaba siendo firme en el mensaje que le estaba dando. Aquella persona chutó el bey del Príncipe de la Oscuridad para devolvérselo e indicarle con la cabeza que se largara. Hyde tardó más y menos en salir corriendo literalmente, antes de jugársela por más tiempo. Entonces y sólo entonces, esa aura agobiante y furiosa desapareció del estadio y sus proximidades. Su dueño se giró para contemplar a Valt con una expresión diferente en los ojos. El pelinegro trataba de averiguar quien era.
- Eh... supongo que gracias. – Dijo el japonés. – Me has salvado de una buena. – Llevó su mano al brazo que le dolía.
- ¡Valt! – Era Zack, que apareció por un pasillo antes de acercarse.
- Hola, Zack. – Sonrió. - ¿Estabas ahí?
- En todo momento. No te iba a dejar solo.
- Sí, ya me lo figuraba. – Se rio, medio quejándose por el dolor.
Entonces Zack cruzó su mirada cian con el dueño del abrigo azabache. Se puso por delante de Valt, como si quisiera protegerle de aquel a quien no podía reconocer. El otro ni se inmutó, porque no lo consideraba una amenaza.
- ¿Quién eres? ¡Identifícate! – Exigió Zack, señalándole.
- Zack, espera. Me ha salvado de un buen apuro, no la tomes con él.
- No sabemos si es un enemigo. – Contestaba el rubio.
Pero Valt lo notaba. Aquel tipo de la sudadera negra no dejaba de mirarle con una dulzura desconcertante. Pero esos ojos le seguían siendo familiares. Se frustró por no ser capaz de saber su identidad. ¿Quién estaba detrás de esa mascarilla y esa capucha? Casi parecía ser alguien que había sabido en todo momento que él se encontraba aquí, y que necesitó ayuda desesperadamente antes de que su lesión fuera a peor.
- ¡Espera! – Zack alzó la voz al ver cómo aquel individuo les daba la espalda para irse. - ¡No voy a dejar que te vayas! ¡¿Quién eres?! ¡¿A qué has venido?! – Preguntó, viendo que el contrario les miraba a los dos mientras se quedaba de espaldas al borde del estadio. Más allá había una altura importante de más de diez metros hasta llegar al suelo.
Pero lo único que observaron tanto Valt como el rubio fue que el otro señalaba el sol con el dedo índice de la mano derecha. Zack intentó evitarlo, pero vio que inevitablemente aquel de la sudadera negra se precipitaba contra las alturas. Los dos corrieron para asomarse. Sin embargo, aquel tipo ya no estaba.
Chapter 42: ¡Batalla Entre Hermanos! ¡El Nacimiento De Dread Phoenix!
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Cuando llegó a la que era su residencia en Japón, pudo respirar más aliviado. Aquella sensación de que sería asesinado en cualquier momento si no pensaba irse todavía seguía presente en su cuerpo. Obviamente, el dueño de esos ojos furiosos no se andaba con chiquitas. Le mostró una pequeña piedad para que pudiera decidir, antes que afrontar las consecuencias. Tuvo que abandonar el encuentro, pese a ser declarado derrotado por Valt. Pero claro, ese estadio de beyblade se fue a tomar por el culo también. ¿Qué pasaba que últimamente no hacían más que ser destruidos? Le daba rabia el tener que haberse marchado, sin poder seguir disfrutando de su encuentro con Valt Aoi. Su esperanza se iba perdiendo lentamente... o así es como lo empezaba a ver.
Las puertas del amplio salón se abrieron. De ellas apareció Phi, todavía con mala cara. Una peor que la que le vio antes de vérselas con Valt. Hyde no necesitó cuestionarlo para darse cuenta de que su hermano había entrado en cólera. Era demasiado expresivo. Se delataba él solito.
- ¡¿Cómo has osado?! – Saltó Phi, alzando la voz una vez se quedó delante de él. - ¡¿Cómo te has atrevido a desafiar a Valt Aoi antes que yo?!
- Que yo sepa no necesito tu permiso para nada.
- Soy tu hermano mayor, y debes hacerme caso.
- ¿Ah sí? Pues qué pena, porque no pienso hacerlo.
- ¿Cómo dices? – Eso crispaba los nervios de Phi.
- Tenía ganas de conocer a Valt Aoi. ¡Muuuuchas ganas! – Sacó su lengua antes de cruzarse de brazos. – Estaba seguro que iba a ganarle de no ser por la aparición de un tipo tan extraño.
- Ese tipo extraño era Free De La Hoya. – Dijo Phi. - ¡Ese desgraciado...! – Apretó la mano. - ¡Se atreve a venir a Japón sin dar la cara! ¡¿A qué está jugando?!
- Quizá ha vuelto a España. – Hyde lo dejó caer. – Es del equipo del BC Sol, ¿no? Entonces fijo que ya estará en Barcelona.
Pero Phi seguía sintiéndose furioso. Hyde se le había adelantado, del mismo modo que se le adelantó cuando les tocó elegir uno de los dos beys que su padre les envió, para que se convirtieran en bladers. Phi continuaba recordando ese sentimiento de rabia y frustración por el simple hecho de que su hermano pequeño, que aunque gemelo suyo, se hubiera atrevido a tal osadía. Él era el mayor. Él era el privilegiado. El primogénito. Hyde estaba por debajo de él, ¿Acaso no era obvio?
- De todas maneras, Hyde. – Phi miró enfadado a su hermano. – No te voy a permitir que enfrentes a unos bladers que deben ser destruidos por Revive Phoenix y yo.
- ¿Y si quiero qué? – Lo desafió. - ¿Qué harás al respecto?
Phi guardó un silencio que a Hyde no le gustó. Hyde contempló la maldad en esos ojos con heterocromía. La retorcida sonrisa de su hermano mayor le hizo tener una mala sensación en el cuerpo, pero no al grado de aquella dorada que vio en el estadio cuando combatió contra Valt Aoi. Phi mostró su bey, Revive Phoenix, sin quitar esa expresión tan desagradable de su rostro.
- Voy a hundirte como blader, y me aseguraré de que no salgas del hospital al que seas enviado. – Sentenció nada más hablar. Hyde abrió sus ojos, el derecho oculto por su flequillo de lado. No asimiló fácilmente esas palabras.
- ¿Perdón?
- Has oído bien. – Phi se acercó a él. – Ya que te empeñas tanto en entrometerte en mis cosas y ser peor que una molestia, pagarás el precio por tu impertinencia y serás castigado.
- ¿Del mismo modo que castigaste a ese muchacho llamado Aiger? – Hyde hizo memoria. Phi se rio, casi restándole importancia.
- No, Hyde. No. – Puso una mano en el hombro derecho del aludido. – Tú acabarás mucho peor, te lo aseguro. No volverás a interponerte en mis planes. Quiero que pasado mañana luches conmigo en una batalla de beyblade. Si logras derrotarme, cosa que dudo, tal vez considere las opciones.
Y sin más, se marchó. Hyde no dijo nada, porque no supo cómo tomarse esto. A su mente le costaba reaccionar. Se estaba dando cuenta de cuánta era la maldad que poseía Phi, y eso no hacía más que preocuparle. Lo peor de todo es que Phi le odiaba, por lo que les pasó de niños cuando les tocó elegir entre dos beys otorgados por el padre de ambos. Hyde lo sabía bien. Phi había cambiado mucho desde entonces. Tal vez demasiado, al punto de no reconocerle. ¿En qué clase de persona se había convertido?
Miró sus manos. Para él no estuvo mal desafiar a Valt. A fin de cuentas tampoco le hizo ningún daño. Le desafió, se burló de él sin insultarle demasiado, y se lo pasó bien... aunque fuera un poco decepcionante. Pero bueno, era normal. Ese chico llegó con una lesión sin curar. ¿A quién se le ocurría?
- No perderé, Phi. – Murmuró, para convencerse a sí mismo.
Al día siguiente, Phi falló en su intento por saber qué vuelo había tomado Free De La Hoya. Tampoco le encontró por el aeropuerto. El muy listo logró evadirle sin llamar su atención, sólo para que se enterara tardíamente de su breve presencia en Japón. Y mientras él deambulaba por aquí y por allá, por los medios de comunicación una nueva noticia corría como la pólvora: los bladers que fueron atacados por Phi y que fueron ingresados en el hospital de Tokio, muchos de gravedad, todos sin excepción mejoraron su condición y su salud. La mayoría se fue curando a medida que pasaban las horas. Wakiya, Daigo y Shu también lograron recuperarse, así como el equipo de Rideout que pudo visitar a Lui con el permiso de una Fayna desconfiada que cedió a la insistencia de un educado Gabe.
Lui Shirosagi era el único que no presentaba grandes cambios. No había una marca oscura en su cuerpo, y respiraba como si estuviera durmiendo. Todavía no despertaba de su estado de inconsciencia y eso preocupaba a los demás. En poco tiempo, Fayna los echó del cuarto para que dejaran al Dragón Blanco descansar, de modo que Gabe y sus compañeros pudieron irse del hospital, no sin prometer antes que volverían. Eso fastidió a Fayna. Y como si su paciencia no tuviera un límite, alguien más la visitó. Era el mismo chico que juró haber visto aquel día cuando enfrentó a Phi antes de que éste pudiera hacer más daño a Lui. ¿No fue una ilusión?
- Tú... tú eres Fayna, ¿verdad? – Valt respiraba agitado. Tenía el brazo vendado y en un cabestrillo. Se notaba que había venido corriendo. Ella le miró.
- Depende. ¿Quién lo pregunta?
- Me llamo Valt. Valt Aoi. – Se acercó. – Necesito tu ayuda.
- ¿Para qué?
- Quiero que me respondas a algo. – Dijo, haciendo una pausa. Fayna mantuvo sus manos en los bolsillos de su pantalón. – El nombre de ese espíritu de la luz... ¿es Free De La Hoya? – Soltó. La impaciencia nació en su corazón.
Fayna notaba la tensión del chico, pese a que no pudo comprender el motivo. Se dedicaba a repasar con la vista a Valt, reconociendo en él algo que sólo ella podía. Echando un suspiro, cerró los ojos antes de abrirlos.
- Sí.
***
El día de la batalla pronto llegó. Hyde no se sintió nervioso, pero sí presionado. Parte de él tenía en cuenta que a lo mejor este encuentro podría ser vital. Le preocupaba la manera en la que Phi se había inclinado tanto por seguir un camino de destrucción, gracias al cual ya había causado un gran sufrimiento a muchísimos bladers y sus familias. Quizá por eso Free De La Hoya terminó reaccionando, atreviéndose a venir a Japón sólo para dejar a Phi con las ganas de destrozarle. Hyde sabía que Phi había hecho daño a personas que tal vez fueran especialmente cercanas al famoso Dragón Dorado, quien había regresado a España sin la mayor de las complicaciones. Fue astuto de su parte. Hyde había visto la estrategia de Free. ¿Para qué empezar las cosas en Japón cuando podía obligar a Phi ir hasta España y alejarlo de los bladers que todavía podrían cruzarse con él?
Free De La Hoya se traía algo entre manos.
En las noticias se retransmitía en directo su desafío a Phi. Los dos hermanos se presentaron ante el estadio de batalla y Hyde hizo el debut de su bey, Dread Hades, de tipo balance. Phi no se mostró amedrentado, sino todo lo contrario. Sonreía confiado, apartando su larga melena para que no le molestara siquiera en el lanzamiento. Revive Phoenix salió con potencia al estadio, e hizo su primera colisión contra Hades para hacerse con el centro.
- ¡Voy a derrotarte, ya lo verás! – Decía Hyde. - ¡Y te vas a acordar de esto, sea cual sea el resultado!
- Yo que tú no hablaría tanto. – Contestaba Phi, con calma pero con seriedad. – No podrás vencer a Revive Phoenix y lo sabes.
- ¡Jah! ¡Eso es una opinión, no un hecho! – Se reía Hyde. - ¡Vamos, Hades! ¡Ve a por él!
El bey se lanzó en un sinfín de ataques que Revive Phoenix resistió perfectamente. Sin embargo, algo iba mal. Phi sonrió. Hyde no se daba cuenta de ello, hasta que vio que Hades parecía perder fuerza. Poniendo mala cara, no hizo más que insistir, pero Revive Phoenix se mantuvo tan fresco. El primer final llegó cuando a Hades se le terminó la energía.
- La primera victoria es para Phi con un fin superviviente. – Anunciaba el árbitro.
- ¿No lo has notado? – Phi recogió a Revive Phoenix. – No lograrás salir de esta.
- Me gusta que insistas en la misma tontería. Muy típico de ti encerrarte en la misma idea. – Dijo, desconcertando al que era su hermano mayor.
- ¿Se puede saber de qué estás hablando? – Preguntó, con cierto tono de enojo. – Tus indirectas empiezan a hartarme.
- No te hagas el tonto, que no te queda. – Le señaló. - ¡Sabes perfectamente de lo que te hablo! ¡Tú antes no eras así, y lo sabes!
- Ah, eso. – Cerró sus ojos. – Bueno, supongo que todavía piensas en nuestra niñez, ¿verdad?
- Empezaste a cambiar cuando nuestro padre nos dio sus beys para que nosotros eligiéramos uno. ¡No supiste aceptar mi elección!
- Vaya, es una lástima. - Suspiró. – Veo que todavía vives en ese lejano pasado que ya no significa nada. – Comentó, haciendo que Hyde abriera la mirada. – Es cierto que no me gustó que un ser inferior como tú, destinado a ser el inútil de la familia, se me adelantara como si tuviera algún tipo de privilegio. Pero eso ya no importa, porque Hades será destruido junto a ti.
- ¡¿Ah sí?! – Hyde lució alterado. - ¡¿Y por qué no me lo demuestras?!
- Eso es justo lo que voy a hacer.
- ¿Listos, bladers? – Habló el árbitro que respetó la charla entre ellos. Era mejor no meterse en asuntos familiares ajenos.
- Voy a sacarte de ese camino y te devolveré a tu verdadero yo. – Dijo Hyde, preparándose. – Así no harás más daño a nadie.
- Je, je. Tonterías.
El próximo lanzamiento ocurrió sin mayor dilación. Las palabras de Hyde no tenían efecto en Phi. Él no las escuchaba. Pero a Hyde sí le dolían las de su hermano. Él quería de vuelta a su hermano, al auténtico, y no a esta persona cruel y retorcida a la que no le importaba hacer daño a quien fuera con el fin de conseguir sus objetivos. ¿A cuántos bladers y a cuántas familias habría lastimado con el único propósito de atraer a Free De La Hoya? Si hasta había puesto en peligro la vida de Lui Shirosagi. Desde luego, Hyde no se hubiera atrevido a hacer algo parecido. Puede que tuviera muchos defectos, y puede que cometiera errores y no supiera manejar bien las situaciones, pero jamás de los jamases trataría de dañar a nadie de forma intencionada. Valoraba la vida de la gente, porque ya conocía el sentimiento de perder a un ser querido. Sin embargo, daba la impresión que Phi lo olvidó por completo. Como si se hubiese deshecho de todos esos sentimientos.
Ese no era su hermano. Era un monstruo.
Las colisiones continuaban, y los contraataques de Revive Phoenix eran duros y fuertes. Hyde se esforzaba, pero algo iba mal. El bey de su hermano Phi se hizo con el centro y se mantuvo en él, como si se hubiera anclado en el suelo del estadio. Phi sonrió, mientras Hades perdía fuerza con cada colisión.
- ¡¿Pero qué está pasando?!
- ¡Observa! ¡Revive Phoenix está absorbiendo la esencia de tu bey! – Anunciaba Phi, quien extendió sus brazos de lado a lado. - ¡Ahora Revive Phoenix! ¡Destrúyelo!
El bey se llenó de energía. Esa ave en llamas se transformó en una completamente más grande y negra. Esa misma energía entró en Phi y algo en él reaccionó. Él empezó a reírse como un verdadero psicópata. Hacía gestos raros y su mirada se había descolocado por completo. Hyde no logró reconocerle siquiera. La esclerótica blanca de los ojos de Phi se volvió tan oscura como un abismo, antes de usar su energía negra con la que hizo que Revive Phoenix hiciera pedazos a Hades, literalmente. Hyde lo contempló, antes de sentir que el daño de su bey tenía consecuencias para su cuerpo. Lo único que recordó fue desplomarse, viendo el techo del estadio con el público horrorizado, la voz del comentarista que sonaba como un eco que se perdía en su cabeza... y en su interior pidiendo ayuda, y perdón a su bey Hades.
Phi no dejó de reír y reír, dejando que esa nueva energía entrara en lo más profundo de su interior antes de que la suya propia empezara a cambiar. De él surgió un rayo oscuro que hizo un agujero en el techo del edificio e iluminó el cielo de todo el mundo en un tono violáceo, como si cientos de miles de auroras boreales aparecieran de repente y de forma breve para desaparecer. Fue una energía que cierto rubio, desde un bosque, pudo sentir con mucha facilidad. Cerró sus oscuros ojos, suspirando.
- Has despertado al fin. – Dijo en voz alta, para sí mismo. Al abrir su mirada, contempló ese alto firmamento con aquellas auroras boreales. – Muy pronto nos veremos... Oscuridad.
Chapter 43: ¡De Regreso A España! ¡Tú Espérame, Free!
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Desde que Phi se había detenido en sus actos crueles, desafiando a otros bladers, las cosas en Japón iban mejorando poco a poco. Xander y Zack, como parte de los Cuatro Supremos, se mantenían al tanto. Valt fue a visitar a Vani de vez en cuando. La pobre chica, todavía postrada en una cama de hospital, le agradecía ese gesto.
- Tal vez... - Decía ella, en voz susurrante. – No debí causarte esos problemas.
- No te martirices por eso, Vani. – Valt estaba sentado cerca de ella, en una silla. – No te guardo rencor por ello. Estoy seguro que lo hacías por un motivo. – Eso hizo sonreír a Vani.
- Valt. – Le llamó. Movió la mano, así que el chico se la sujetó. – Tienes que ir con Free De La Hoya. Es importante que lo hagas.
- Sí, claro. Me encantaría, pero, ¿Qué hay de Lui? – Se encogía de hombros, sin estar seguro. – Él no ha despertado.
- Él... estará bien. Phi tiene otros intereses...
- Vani... - Valt se sintió preocupado por ella. - ¿Podrías decirme qué es lo que intentabas hacer cuando me obligaste a ir hasta tu base?
- Oh, eso. – Se rio un poco, antes de quejarse. Sus quemaduras todavía sanaban, aunque no con facilidad. – Yo quería... que Free mejorara sus habilidades. Un blader necesita encontrar su lado espiritual.
- Creo... creo que no entiendo lo que quieres decir. – Sin embargo, Valt se acordó de las palabras que Lui le dijo acerca de que Free ya no era la misma persona de antes. ¿Estaría relacionado con eso?
- Da igual, Valt. – Vani cerró los ojos. – El caso... es que él te necesita.
Valt contempló a Vani, quien apretaba un poco su mano como si quisiera hacerle entender la importancia de sus palabras. El chico terminó haciendo un gesto afirmativo con la cabeza, antes de despedirse de Vani a la que vio sonreír. Salió del cuarto, con cierto pesar por Vani. Puede que apenas la conociera, pero ya la consideraba su amiga. Total, tampoco es el daño que le había hecho. Ya conocía a gente peor que ella. Mientras caminaba por los pasillos del hospital, pensaba mucho en Free De La Hoya. Pronto harían dos meses desde la última vez que le vio. ¿Cómo estaría? ¿Habría mejorado con Fafnir? ¿Le habría puesto nombre a su bey?
Inesperadamente se asustó cuando de repente le rodearon de los hombros. Menuda sorpresa se encontró con que era Rantaro, acompañado de Wakiya. Shu también estaba presente. Valt sonrió y los saludó con una sonrisa, aunque se cuestionó dónde estaría Daigo.
- ¿Qué hacías? ¿mirando las musarañas? – Preguntaba Rantaro con la alegría en la cara.
- Qué va. Acabo de salir de la habitación de Vani.
- ¿Cómo se encuentra? – Se interesó Wakiya. - ¿Está mejor?
- Sí, parece que sus quemaduras se van curando poco a poco.
- Hablando de quemaduras. – Intervino Shu. - ¿Y Fayna?
- Se ha quedado en la habitación de Lui. – Rantaro miró a su amigo después de soltar a Valt. – Parece que quiere quedarse ahí.
- Pues por mí bien, no quiero tenerla cerca. – Wakiya se cruzó de brazos. – No me da buenas vibraciones.
Y con ese comentario, el ambiente se puso tenso. Valt se acordó de esa chica, y de cómo le explicó que, a pesar de que él sólo era un blader más en el mundo, su papel era de vital importancia... especialmente para el espíritu de la luz. Aparentemente, guardaba una conexión con Free desde el principio de los tiempos. Y su corazón no hacía más que saltar del júbilo por creer en algo como eso. Y que aquello volviera a su mente no le ayudó.
***
- ¿Desde cuándo sabías eso? – Preguntó Valt, mirando a Fayna que se hallaba apoyada de espaldas en la pared.
- Eso no es relevante. – Fue lo que contestó.
- Pero apareciste para salvar a Lui, ¿no? Incluso estás aquí para protegerle. Si no eres su amiga, entonces, ¿por qué lo haces?
- Porque es mi maestro. – Soltó directamente y luego ella le señaló. – Y tú también.
- ¿Eh? – Abrió los ojos. - ¿Quién? ¿yo? – Se apuntó a sí mismo con el dedo. Fayna asintió. – No lo pillo. ¿Cómo iba a ser tu maestro? Eres mayor que yo... y creo que también más que Free.
Fayna suspiró, cerrando los ojos. El desconocimiento de Valt frente a la situación que estaba ocurriendo parecía frustrarla. Pero supuso que era obvio. Parte de ese conocimiento debía de ser devuelto, y ella lo sabía. Por eso se acercó a Valt y puso las manos en los laterales de su cabeza antes de concentrar su energía. A la mente del chico empezaron a llover imágenes de tiempos remotos, donde abundaban las guerras, las epidemias, la hambruna... Todo lo que era el sufrimiento humano en épocas más primitivas. Pudo distinguir a dos espíritus con una apariencia que le resultó extraña, y que en parte le recordó a la de un calamar gigante. Fayna fue contándole las cosas según Valt iba viéndolas.
- El espíritu de la luz y el espíritu de la oscuridad son las fuerzas principales de este mundo, y lo mantienen en equilibrio. Sin embargo, como ves, en algún momento han abusado de su poder y trayeron el caos. – Era la voz de Fayna en la cabeza de Valt. – Entonces fueron creadas las dos fuerzas secundarias del mundo, para equilibrar el poder de las principales y evitar que se desviaran de su deber y su camino para continuar con el ciclo de la vida y la muerte. – Explicaba. – Esas dos fuerzas sois Lui y tú, Valt Aoi. – Sentenció. – Del mismo modo que Free De La Hoya y Phi son las fuerzas principales encarnadas en seres humanos, donde les era más viable continuar con ese ciclo.
- ¿Y qué tienes que ver tú en todo esto? – Logró preguntar.
- Yo soy el fuego. Seguí el ejemplo del espíritu de la luz, y decidí nacer en una envoltura mortal. Como yo, hay tres elementos que hicieron lo mismo: el agua, la tierra y el aire. Cada elemento está sujeto a la jurisdicción de las fuerzas principales. Yo pertenezco al espíritu de la luz, porque su poder alimenta el mío.
- ¿Y por eso estás protegiendo a Lui? ¿qué es lo que significa ser la fuerza secundaria? No lo comprendo.
- Para evitar que los espíritus de la luz y la oscuridad abusaran de su poder y pusieran en riesgo el equilibrio del mundo y su ciclo de vida y muerte, las fuerzas secundarias fueron creadas para darles equilibrio a ellos, a estos espíritus. Tienen el deber de protegerlos y devolverlos a su camino original, del mismo modo que los cuatro elementos.
- Entonces... Phi...
- Phi se ha desviado de su deber original. Lui y tú no habéis despertado como las fuerzas secundarias todavía, aunque pronto lo haréis. – Decía Fayna, alejándose de Valt.
Los dos se mantuvieron la vista en el otro. Valt empezaba a comprender mejor las cosas, ahora que por fin alguien se dignaba a darle una explicación. Sin embargo, eso también le permitía darse cuenta de la cantidad de problemas que había por resolver. Le preocupaba que Free estuviera en el centro de todo ese asunto.
- Me dijeron que tú moriste en un incendio en China. – Habló Valt tras unos pocos minutos. Fayna resopló. - ¿Fue mentira?
- ¿Por qué lo piensas?
- Porque estás aquí, delante de mí. – A Fayna esa respuesta le recordó a que Phi le dijo casi lo mismo. – Aunque seas el elemento del fuego, sigues siendo de carne y hueso, ¿no?
- Bueno, ¿y quién habla de sobrevivir? – Arqueó una ceja. – Por mucho que destruyas el fuego, sabrás que volverá. El fuego no puede ser destruido.
En eso Valt tuvo que darle la razón. El fuego seguiría existiendo por mucho qué. Pero Fayna no parecía querer responderle directamente a esa duda, para entender qué era lo que ocurrió en realidad. Sin embargo, el pelinegro optó por no insistir y menos cuando notó que Fayna no quería hablar de ello.
- Entonces, Lui y yo tenemos que ayudar a Phi y a Free, ¿no?
- Sí, pero eso será a largo plazo. – Contestó, desconcertando al chico. – Por el momento, tienes que centrarte en ayudar al espíritu de la luz. Ahora mismo, el espíritu de la oscuridad va detrás de él para destruirle, así que no podemos permitirlo. Este mundo no puede perder la luz.
- Imagino que no sería nada bueno... - Valt bajó la mirada, preocupado. – Aunque hace dos meses que no veo a Free, y ni siquiera me despedí de él.
- ¿Y eso qué? Pase lo que pase, vosotros dos estáis conectados. Free te necesita tanto como tú a él. Así ha sido desde los inicios de los tiempos.
***
Dejó que sus amigos hablaran mientras caminaban por las calles. Wakiya y Shu se habían recuperado, tanto de sus heridas y lesiones como de aquella marca que amenazó con quitarles la vida misma. Ninguno paraba de sacar teorías respecto a ese milagro. A Valt le llamó la atención que hablaran de un tipo con una sudadera negra con la cara tapada tras una mascarilla y la cabeza con una capucha. Era la misma persona que le salvó a él durante su batalla contra Hyde, el Príncipe de la Oscuridad. No podía olvidar un momento como ese, y seguía queriendo saber de quién se trataba. Más el único que parecía tener una pista era Jin, a quien Wakiya propuso encontrar. El rubio hizo hincapié en que tal vez, si Aizawa les echaba un cable, ellos podrían encontrar a otro blader capaz de enfrentar a Phi. Claro que eso no ayudó a que Shu se sintiera mejor, no después de lo que le pasó a él contra el dueño de Revive Phoenix.
Parte de la mente de Valt todavía seguía en la charla que tuvo con Fayna. Se sentía como un cursi enamorado cuando recordaba que ella le dijo que Free y él estaban conectados. ¿Y por qué no? Tampoco es como si el vínculo que ahora les unía hubiera iniciado de una buena manera cuando cruzaron miradas por primera vez. Los dos eran completamente diferentes, pero tenían cosas en común. Y parecía que Free se centraba en eso, en aquello que los hacía parecidos. Ese chico siempre le había permitido estar cerca de su persona, e incluso él mismo le hizo compañía muchas veces a su sutil manera.
Entonces se detuvo. Había tomado una decisión.
- Wakiya. – Llamó a su amigo, que, como el resto, se detuvo a mirarle.
- ¿Qué pasa Valt?
- ¿Es que algo va mal? – Rantaro se preocupó. Valt negó con la cabeza, y sonrió.
- Es que necesito pedirte algo. – Dijo el pelinegro. Wakiya permaneció expectante. - ¿Puedes llevarme a España?
- ¿Eh? – Se sorprendió. - ¿Para qué quieres ir tú allí ahora?
- Fayna me dijo que a Phi ya no le interesaba Lui, así que tengo que volver al BC Sol.
- O sea que piensas que va tras Free. – Rantaro le pilló al vuelo, haciendo que Valt asintiera. – Eso tendría sentido...
- Pero aunque Phi fuera a buscar a Free, el viaje hasta España es muy largo. Puede pasar cualquier cosa de mientras. – Decía Wakiya.
- Pues mejor me lo pones. Quiero ver a Free. Necesito verle. – Insistió Valt. Shu le miraba, casi oliéndose lo que ocurría.
- No sabía que ahora De La Hoya te importara tanto. – Saltó el dueño de Requiem Spryzen, un tanto mosqueado. – Viniste a Japón para vernos y ayudarnos, ¿por qué ahora crees que...?
- Shu. – Valt se adelantó. – Yo... ni siquiera lo comprendo bien. – Bajó la cabeza, un poco serio. – Pero mi corazón me lo está pidiendo. – Llevó la mano al pecho. - ¡Y por eso tengo que ir! – Alzó un poco la voz. – Recuerda lo que te ocurrió a ti, Shu. Y recordad lo que le ha pasado a Lui.
- Ya lo sabemos, pero nada de eso nos garantiza que a Free le vaya a pasar lo mismo.
- ¡Pero tampoco es imposible! ¡Por eso tengo que ir a verle!
- Valt...
- Ya hemos visto que gracias a ese tipo de la sudadera, nuestros amigos están bien. Incluso otros bladers se han recuperado. – Intervino Rantaro. – Y Phi lleva sin dar señales después de enfrentar a ese tal Hyde. Si hasta ha dejado de ir desafiando a otros para terminar por hacerles daño. Es como si hubiera desaparecido.
Sin embargo, cuando Rantaro dijo eso, Valt tuvo una mala sensación que le recorrió el cuerpo entero. Una idea cruzó por su mente, disparando sus niveles de preocupación y angustia. Claro que Phi había parado, pero lo había hecho porque con toda probabilidad se habría ido a España con la intención de ir al BC Sol y encontrar a Free. Pensar que De La Hoya podría terminar igual o incluso peor que Lui Shirosagi provocó que Valt tuviera miedo. Ni Shu ni el Dragón Blanco habían podido con Phi, y aunque Free tenía altas posibilidades de derrotar a ese tipo, nada le aseguraba que fuera a conseguirlo.
De mientras, sus amigos discutían las opciones para saber qué hacer o no hacer. Rantaro le apoyaba, pero Wakiya no se convencía y Shu se negaba, llevado por una molestia que Valt no comprendía. ¿Acaso estaría celoso?
- ¡¡Bueno ya vale!! – Así que terminó por estallar, haciendo que el resto se callara por semejante reacción. - ¡Me da igual si no quieres ir, Wakiya! ¡Sólo te lo he pedido, pero no dependo de ti para eso!
- Eh oye, que yo no he dicho que no quiera. – Protestó el rubio, poniendo las manos en jarra.
- Entonces no sé para qué le pones tantas pegas. – Saltaba Rantaro.
- Le pongo pegas porque eres un dolor en el culo, Rantaro. – Le señaló.
- ¡¿Ah sí?!
- ¡Sí! ¡Completamente!
- ¿Estás seguro que quieres ir a España? – Shu ignoró a los otros dos para centrarse en el pelinegro, quien asintió.
- No puedo dejar solo a Free en todo esto. Y menos cuando sé lo que Phi puede hacerle, y lo mal que podría reaccionar Free si no consiguiera derrotar a ese tipo... - Dijo. – No quiero que esté ahí sin mí.
Shu contempló su rostro, y suspiró. Era obvio que Valt había tomado su decisión y que no iba a retractarse de ello. Shu lo vio muy claro, al contrario que Valt, que todavía lo ignoraba. O esa es la sensación que daba. Kurenai se acercó a él y sujetó sus manos.
- Debes de quererle mucho para arriesgarte de esa manera. – Fue lo que Valt escuchó, notando el calor en sus mejillas. – Eh, Wakiya. – Y se alejó del joven. – Venga, llevemos a Valt a España.
- Pero bueno, ¿Y ahora por qué has cambiado de opinión?
- Deja de quejarte y empecemos el viaje de una vez.
Valt se lo agradeció a Shu de todo corazón, ya que gracias a él, su viaje hacia España empezó en el helicóptero privado de Wakiya. Pero como capricho del destino, apareció Kuza acompañado de Clio y los dos se acoplaron como quien no quería la cosa. Eso hizo que Wakiya empezara a dramatizar, provocando las risas de sus compañeros. Valt estuvo un rato con ellos, antes querer descansar un poco. Ahora mismo, sólo podía pensar en Free. A su corazón regresaron esos sentimientos de nostalgia. Casi dos meses sin ver al Dragón Dorado del BC Sol... y ya estaba deseando tirársele encima para darle un buen abrazo. Sólo esperaba que Free no lo rechazara. Aunque eso sólo había pasado en raras ocasiones.
«Pronto estaré contigo, así que espérame... Free.», pensó.
Chapter 44: ¡Encuentro Inevitable! ¡Cuidado, Dragón Dorado!
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Cristina estaba en su despacho, como habitualmente. Sin embargo, no podía concentrarse. Desde su última conversación con Free, su mente era incapaz de centrarse en los asuntos técnicos y administrativos del BC Sol. Raúl se mostraba despreocupado, atendiendo a los bladers. Pero Silas era uno de esos que permaneció al tanto de la extraña actitud de la dueña del bey club y automáticamente lo asoció a Free. Recientemente a esos dos se les había visto más distantes que nunca, especialmente al rubio. De La Hoya ni siquiera se acercaba a las instalaciones si no era para descansar cuando se acordaba, y matarse a sesiones de natación por muy malos recuerdos que eso le trayera. Honey intentaba llevarle algo de comer, y a regañadientes, gracias a Sasha, Free terminaba cediendo. A pesar de eso, seguía siendo muy evidente que el Dragón Dorado había perdido peso y eso comenzaba a pasarle factura a su salud y su condición como blader.
Nadie comprendía su actitud.
Por si fuera poco, había tenido pesadillas. Y Phi salía en todas ellas. El sueño de ver a Fafnir siendo destrozado por el bey evolucionado de Phi no paraba de repetirse en ese mundo onírico. Aquello traía a Free de cabeza. ¿Y si se hacía realidad? ¿Y si Fafnir terminaba siendo destruido? ¿Significaría eso que él acabaría derrotado sí o sí por aquel tipo? No. No podía concebir una idea así. Pero su actitud no demostraba lo mismo. Era como un paranoico que se mataba a entrenar, exigiéndose de más. Y su cuerpo ya empezaba a enseñarle las consecuencias cuando perdió el conocimiento un par de veces por sus excesos. Menos mal que Silas lograba encontrarle siempre.
Y fue justamente a ese chico a quien se encontró. Free se detuvo, mirándole.
- Vaya, vaya, vaya. Pero mira quién aparece. – Le escuchó decir, con ese tonito burlesco de siempre. Free cerró los ojos y empezó a caminar para pasar por delante sin soltar palabra. – No tan rápido. – Sujetó el brazo del joven, obligándole a pararse. Free no le miró. - ¿Se puede saber qué pasa contigo? – Preguntó, pero no obtuvo respuesta. - ¿Sabes una cosa? Tu modo ermitaño empieza a mosquear a todo el mundo. ¿Acaso no te importa el equipo? – Silas sabía que ese tipo de cosas podrían molestar a Free, pero prefería correr el riesgo y no quedarse con las ganas.
Silas esperó por una contestación que nunca llegó. Fue extraño, pues curiosamente el Dragón Dorado del BC Sol no reaccionó. Silas arqueó una ceja, confundido. Por eso se acercó a Free, sin soltarle. Tampoco mostraba ningún tipo de resistencia. No obstante, el rubio tenía los ojos ocultos debajo de su flequillo, así que ver su expresión no le fue posible.
- ¿Acaso ha sucedido algo entre Cristina y tú? – Soltó directamente, sin tapujos ni consideración. Notó un tic nervioso en el brazo de Free, y Silas supo que dio en el clavo... en parte. – Vamos, si hay algún problema, al menos deberías hablarlo con alguien. – Sugirió, en un tono más suave. – Además, no hace falta que te diga cómo la has dejado a ella, ¿verdad?
- ¿Has terminado ya? – Rompió su silencio. Silas no se sintió conforme.
- No intentes evadir lo que es tan evidente. No puedes estar así para siempre. ¿Has pensado siquiera en ir a ver a Cristina? Porque creo que le hace falta.
Free lo pensó. Echaba de menos estar al lado de la dueña del BC Sol con la que prácticamente se crio. Pero él sabía que no podía. Si quería que Cristina viera su auténtico camino, y viera sus errores para corregirlos... él no debía estar presente. Eso es. Eso es. Debía mantenerse fuera de la vida de Cristina hasta que ella no mejorara como persona y solucionara su lado más tóxico, por el cual habían terminado pagando los dos a un precio muy alto. El Dragón Dorado no se quitaba de la cabeza cómo perdió el control cuando Lui le enseñó su propia casa, y pudo ver cómo eran sus padres biológicos antes de que el bloqueo mental y emocional que tuvo se deshiciera y provocara todo aquel desastre.
No se perdonaba el haber hecho tanto daño a ese grupo de bladers. Y a otras personas en años anteriores.
- Suéltame. – Free se alejó de Silas, pero éste le siguió.
Ignoró por completo la charla de Silas, o más bien su intento por convencerle de ir a hablar las cosas con Cristina. De mientras, llegaron al salón donde Anch se asomó por la barra de la cocina cuando escuchó la voz del dueño del cabello verde, sorprendiéndose al verle en presencia del rubio a quien por fin le dio por aparecer.
- Anda, Free. Hola. – Saludarle fue lo primero que hizo, con una gran sonrisa. El chico se acercó a ella. – No sabes cuánto me alegra verte. Me he preocupado mucho porque no te veía comer como habitualmente. – Dijo, sin esperar a que el blader le dijera algo. Ella ya le conocía desde que era un niño. – Te he preparado arroz a la paella con marisco, ¡Sé que es tu favorito! – Y acto seguido le dio un plato.
Free inclinó la cabeza, entrando en un conflicto emocional consigo mismo.
- Gracias. – Pero se limitó a agradecer el gesto de Anch, para ir a sentarse en una mesa. El plato tenía una ración bastante grande, así que se lo tomó con calma pese a tener a Silas ahí, dando la lata.
- Silas, ¿Tú tienes hambre? – Preguntó Anch, distrayendo al chico.
- Hombre, eso huele muy bien. No te voy a decir que no si me ofreces algo.
- ¡Ja, ja, ja! Cómo eres. Venga, espérame ahí un minuto que te pondré alguna cosa.
Y fue en ese lapso de tiempo en el que llegaron otros miembros del BC Sol. Eran Sasha y Rickson. Honey y Kitt se quedaron entrenando con Raúl. Ellos saludaron a Silas y vieron a Free. Sasha no lo dudó ni un momento en acercarse, para ponerse enfrente. Free sólo la miraba a medida que zampaba la comida.
- ¿Me vas a decir hasta cuándo vas a seguir así? – Su tono de voz demostraba lo molesta que estaba. – Llevas unos largos y buenos días haciendo como si no existiéramos. ¿Acaso tienes algún problema con nosotros? ¿O con Cristina? – Preguntaba, pero Free sólo comía. Eso crispó los nervios de Sasha. - ¡¡No te quedes ahí!! ¡Di algo!
- Déjalo, Sasha. No vale la pena. – Dijo Rickson.
- ¡Pero...!
- Rickson tiene razón. Ya he intentado hablar yo con él, pero es como hacerlo con una pared. – Silas se encogió de hombros. – Al parecer al señorito le importa una mierda lo que nos pase, con Phi por ahí suelto. Sólo espero que no haya aplastado a Valt, aunque sea muy fácil ha...
El golpe seco que dio Free de repente en la mesa, cuando se puso de pie, los asustó. Sasha se apartó de inmediato, viendo cómo las venas se marcaban en la piel de Free antes de desaparecer en cuestión de segundos. Rickson también se puso en alerta, y Silas observaba fijamente a Free ante semejante reacción, una bien agresiva por cierto. Ninguno de los tres pasó por alto cómo el rubio se dejó poco más de la mitad del plato, el cual ni siquiera se molestó en poner en la barra de la cocina de Anch, porque cogió y se marchó de allí, de nuevo, con la mirada oculta debajo del flequillo. Sasha se acercó a sus dos amigos, viendo al rubio desaparecer escaleras abajo.
- ¿Es cosa mía o se ha enfadado? – Rickson rompió el silencio.
- Es posible que se haya cabreado.
- ¿Y qué os esperábais? – Saltó Silas. – Valt se fue a Japón sin ni siquiera avisarnos, y fijo que tampoco le dijo nada a él.
- Que yo sepa... Free no es tan sentimental. – Sasha miró a Silas.
- Todos tenemos un lado sentimental. Sólo que ese iceberg no muestra sus emociones a cualquiera, es así de fácil.
- Sí, Silas tiene razón. Free es muy suyo. – Rickson se cruzó de brazos. – Espero no equivocarme al decir que debe estar muy preocupado por Valt. Desde que fueron compañeros de habitación han estado siempre juntos.
- No te olvides que son la parejita del equipucho. – Se rio Silas.
Sasha y Rickson no discutieron sobre eso. Todos pensaban lo mismo. Por eso consideraban que Valt y Free eran novios, así de simple. Había traído alguna que otra controversia divertida, más que nada, y continuaba siendo una novedad. La mayoría asumía que el comportamiento de Free se debía en gran medida porque Valt se marchó a Japón y les pilló desprevenidos a todos, porque tampoco esperaron que Rantaro y Kuza se fueran con él. Pero ya no podían hacer nada, y Cristina parecía haberse olvidado del asunto. Silas lo sabía bien. La dueña del BC Sol no había hecho más que llorar en su presencia, cuando estaban solos. Por eso Silas sabía que había problemas entre Free y ella. Pero ese dragón necio y testarudo no cedía ni un poquito. Suerte que luego se quejaban de Lui.
Como siempre, Free llegó al bosque para refugiarse. Era el sitio ideal donde nadie sabría encontrarle tan fácilmente. Fue al estadio que había ahí, y que era su lugar favorito. El ciervo volvió a aparecer, casi como si pudiera detectar su presencia. Era el único que le conocía lo suficiente como para buscar en los sitios adecuados. Free observó el estadio con una gran seriedad. No tenía dudas acerca del asunto de Cristina. Esa era la menor de sus preocupaciones en estos momentos. Sacó a Fafnir, recordando las pesadillas que tuvo hasta el día de hoy. No le hacía ninguna gracia recordar aquellas imágenes de esos sueños. Fafnir no iba a ser destruido. Él no lo iba a permitir. Por eso, empezó a practicar en silencio, contemplando el comportamiento de su bey ahora que ya conocía su funcionamiento y desempeño, sólo le quedaba ponerlo en práctica con una batalla. Fafnir todavía no había hecho su debut.
No supo cuánto rato pasó, pero percibió una muy mala señal gracias al bosque que se quedó en un absoluto silencio. Incluso el ciervo se alejó corriendo. Se giró sobre sus pies, para intentar saber qué era lo que se movía a sus espaldas, oculto entre los árboles y los arbustos con una expresión de alerta y sospecha. Su respiración se agitó, pero no demasiado. Abrió los ojos, cuando sintió unos pasos desde su retaguardia. Al volver a girarse, se sorprendió de encontrarse con la persona a la que no esperó ver por aquí.
- Hola, Free De La Hoya. – Era Phi, quien de algún modo había sabido localizarle a través del bosque. El rubio no se cuestionó cómo, porque ya conocía la respuesta. – He venido aquí para verte expresamente en persona.
- ¿Has venido buscando una batalla? – Preguntó, con una expresión muy seria.
- No exactamente. – Sonrió, antes de mostrarle su bey. – Te presento a Dread Phoenix. Con él a mi lado, voy a destruiros a Fafnir y a ti. – Justo como en su sueño. Es como si lo estuviera viviendo de nuevo. Sólo que ahora esto era real. – No has vuelto aparecer en ninguna otra batalla desde la que tuviste con Valt Aoi en la Liga Internacional, ¿no es así? – Y al parecer el hombre estaba bien informado. Mal asunto.
- ¿Y qué si es así?
- Se rumoreó durante un año y medio que te retiraste del beyblade, pero imagino que es mentira. Sólo has evolucionado a tu bey, ¿verdad?
Phi no paraba de acertar. Pero Free no perdió la calma. Debía de andarse con cuidado frente a este hombre. Ya tenía presente que Phi era mucho más inteligente de lo que a simple vista podía intentar parecer. Free no era estúpido como para ignorar algo así. Aparte de lo poderoso que era Phi. Si Shu Kurenai y hasta el propio Lui Shirosagi habían caído, significaba que no podía subestimarle... o tal vez sus pesadillas se harían realidad, y Fafnir acabaría encontrando un destino horrible.
- ¿Por qué estás tan callado? – Phi le sacó de sus pensamientos. – Puedes considerar esto como un combate amistoso. He oído tantas proezas de ti que estoy deseando ver de qué eres capaz, sobre todo ahora, que Fafnir es más fuerte que antes.
- Claro, me parece perfecto. – Free sonrió, sacando su lanzador. Tenía a Fafnir en su mano derecha, preparándolo. – Así de paso hará su debut en una batalla, para hacerte morder el polvo.
- Bien, no me esperaba menos del blader número uno.
Free no dijo nada, e hicieron la cuenta atrás. Hizo un lanzamiento de los suyos, pero pronto se dio cuenta de ese error. A Fafnir le faltó fuerza para salir. Aquello le hizo entender que debía hacer los lanzamientos diferentes, aplicando más energía... ya desde el principio. Sin embargo, Phi se confió. Fafnir giraba grácilmente por el estadio, así que Dread Phoenix fue hacia él dispuesto a comenzar con sus juegos habituales. Empezó a arremeter sin descanso contra Fafnir, sólo para que Phi se diera cuenta que eso no le funcionaba. Fafnir absorbía la energía de Dread Phoenix, y giraba mucho más rápido. Free sonrió. Dread Phoenix apartó a Fafnir del centro, así que Free utilizó su energía dorada y alzaba la mano.
- ¡Ahora, Fafnir! ¡Geist Claw!
La silueta del dragón se mostró en todo su esplendor, y obedeciendo a su dueño, contraatacó contra Dread Phoenix, obligándolo a chocar contra el muro del estadio y perdiendo sus defensas. La capa exterior quedó tirada en el suelo del estadio. Phi puso mala cara, en lo que ambos beys continuaban girando.
- Vaya, eso sí que no me lo esperaba. – Dijo Phi. – Pero vas a tener que esforzarte mucho más si quieres vencer a Dread Phoenix.
- Lo mismo te digo yo. No podrás con Fafnir usando esos trucos.
- ¿Estás seguro?
- ¿Eh?
Gracias a la energía de Phi, Dread Phoenix ganó fuerza y arremetió de forma brutal contra Fafnir, desestabilizándolo. Sin embargo, Phi contempló que Fafnir arregló ese pequeño contratiempo, gracias al disco pesado que le servía precisamente para evitar esos problemas, y aunque perdió velocidad, volvió a ganarla cuando Dread Phoenix lo atacaba. Eso aceleró a Fafnir, y Free aprovechó la ocasión.
- ¡Fafnir! – Se envolvió en su energía dorada.
Phi sonrió, haciendo lo mismo que su joven contrincante. Dread Phoenix comenzó a girar a grandes velocidades por todo el estadio, desplazando la capa externa que antes perdió y que le sirvió para apartar a Fafnir de un golpe antes de que lograra darle. Eso le bastó para provocar un final por fuera de pista. Free se mantuvo serio, recogiendo a Fafnir del suelo. Todavía tenía esa mala sensación en el cuerpo, y con Phi delante, nada mejoraba. Pero esto iba a suceder tarde o temprano. Este tipo iba a encararle de todas maneras. Evitarlo fue sólo posponerlo.
El silencio que había en el bosque asustaba. No había ni un solo ruido, ni siquiera el viento se hallaba presente. Free percibía que el bosque se sentía amenazado por aquel a quien tenía enfrente. Por eso, supo que tenía que acabar con esto cuanto antes. Sin embargo, su ansiedad apareció en el peor momento cuando aquel pensamiento impaciente cruzó por su mente. Aplicó muchísima fuerza en los próximos cuatro lanzamientos, y su brazo derecho se resintió. Durante esas cuatro batallas, perdió las dos primeras porque Fafnir fue incapaz de manejar tanta velocidad y acababa descontrolándose. Phi se burlaba, pero eso no llegaba a los oídos del Dragón Dorado.
- Ya me he hartado de esto. – Dijo el rubio, dejando que las venas marcaran todo su cuerpo. Phi abrió los ojos, cambiando ligeramente su postura corporal para mostrarse a la defensiva. Es como si le diera la sensación de que el rubio fuera a atacarle en cualquier momento. - ¡Acabaré con esto de una vez!
- Ah, qué bien. Empezaba a pensar que no eras capaz de divertirme más. Al parecer, eres un blader con recursos, eh.
- ¡Basta de cháchara! ¡Vamos a por ello!
- Por supuesto.
La próxima colisión provocó un choque de energías, la oscura de Phi y la dorada de Free. Como resultado, la energía de Phi pasaba a través del cuerpo de Free, del mismo modo que a la inversa. Los dos se herían mutuamente, mientras creaban potentes ráfagas de aire que amenazaban con tumbar los árboles más cercanos. Es como si Dread Phoenix y Fafnir estuvieran a la misma altura, hasta que el primero fue sacado de la pista tras volar por los aires. Fue inesperado para Phi, después de algunas derrotas en este encuentro. Entonces, Free contempló que el hombre guardaba su lanzador y su bey, dando por finalizado el combate.
- Me lo he pasado muy bien. Para ser nuestra primera batalla, ha sido mejor de lo que esperaba. – Le escuchó decir, con algunas dificultades. – Te esperaré muy ansiosamente para la próxima vez, en El Astro. Y no te preocupes, ya te avisaré yo cuándo.
Eso fue lo último que le dijo, antes de que Phi se marchara y desapareciera de allí. Free permaneció de pie. Su cuerpo se quedó rigído, y no podía moverlo. La presión se mantuvo, a pesar del dolor que empezó a ir a más. Fue como una olla a presión que terminó estallando. Todas las heridas provocadas por la energía de Phi se mostraron al mismo tiempo en forma de cortes diversos. Y un desagradable calambre paralizó el brazo derecho de Free, quien se apoyó en uno de los pilares de la antigua estructura del estadio que tanto recordaba al Oráculo de Delfos, y ahí se quedó, respirando de forma agitada.
Había ganado este encuentro, pero Free sabía que Phi todavía no había mostrado su verdadero potencial. Fue un comabte amistoso, nada serio. Por eso no le valió la pena esforzarse. Free maldijo su ansiedad, la auténtica culpable de que ahora estuviera así de mal. Agradecía de que, al menos, estaba solo.
Chapter 45: Los Corazones Que Se Reunen...
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España. Ese país cálido del Mar Mediterráneo que les recibió con un amable sol y una temperatura fantástica. Cargando con su mochila, Valt no quiso perder el tiempo. Wakiya ya había visto a venir algo así, y suerte que pudo alquilar un coche con un chófer para que les llevara hasta la sede del BC Sol. Detalle de sus padres. Sin embargo, Valt se negó, algo que a Rantaro y a Kuza no les extrañó.
- ¡¿Pero cómo que no?! – Ya estaba Wakiya protestando. Shu se tapaba la boca, para disimular su risilla. – Valt, tardaremos menos si vamos en coche.
- ¡Pero quiero ir corriendo! ¡Ya sé dónde está el BC Sol así que ya nos veremos allí!
- ¡Eh! ¡Eh, espera!
Pero fue tarde. Valt se fue a toda prisa. Wakiya resopló, sin entender a su amigo de la infancia. Al menos los demás se quedaron con él, quienes accedieron a subir al vehículo. Clio pudo contemplar El Astro desde la lejanía. Y es que el estadio oficial del BC Sol se alzaba majestuoso en lo alto de aquella colina. Kuza le fue contando algunas cosas, mientras Wakiya miraba las últimas noticias en España para saber si los seguidores de Phi eran activos por aquí. Y para su desgracia, lo eran, pero no tanto como en Japón. Eso era tener suerte. El chófer les puso al tanto de que la mayoría parecía que hacía una guerrilla de guerrillas, desafiando a otros bladers. Es como si estuvieran temerosos de encontrarse con el Dragón Dorado, después de saber qué les ocurrió a un grupo de seguidores de Phi que le fue a buscar.
Para Rantaro fue toda una sorpresa saber por parte del conductor cómo De La Hoya mandó al hospital a esos bladers casi con la misma gravedad que Phi. Sólo que esos bladers acabaron lesionados físicamente, y no debilitados por una marca oscura. Los chicos intercambiaron miradas, sin comprender mucho por qué Free había hecho algo tan drástico. Rantaro le tomó siempre por un chico pacífico, que era como el viento que iba y venía según le parecía. Nunca le vio hacerle daño a nadie, y mucho menos a tal punto de que alguna persona acabara siendo enviada al hospital por su culpa.
- Tenemos que llegar cuanto antes al BC Sol y saber qué es lo que pasa con Free. – Wakiya se cruzó de brazos.
- Tienes toda la razón. – Respondía Rantaro, sentado detrás del dueño del Sanbat United.
- ¿Tan serio es el problema? – Preguntó Clio, repentinamente.
- Pues bastante. – Rantaro miró al chico. – Free no suele hacer esas cosas.
- Es cierto. No es nada habitual. – Kuza lucía un poco inquieto. - ¿Pero no será que le han tocado las narices? Ya hemos visto lo que hace en sus batallas de beyblade cuando se enfada.
- En cualquier caso, es mejor que lo averigüemos. Si es que esto es de locos... - Wakiya volvió a resoplar. – Cuantas más cosas encontramos y les damos explicación, aparecen otras mil. ¡¿Es que esto no se acabará nunca?! ¡AAAh! ¡Me estallará la cabeza!
- Cálmate, ¿quieres? – Rantaro le llamó la atención. – Al menos sabemos que Free está bien.
- A no ser que Phi haya llegado antes, debo recordaros.
El comentario de Clio Delon les sentó como un cubo de agua fría. Y es que ya se olvidaron de eso. Puede que esa fuera la razón por la que Valt quiso ir por su cuenta. Bastante hizo con mantenerse quietecito en el helicóptero de Wakiya, y era evidente que no iba a seguir así por mucho más... y menos en Barcelona, donde él ya se conocía el camino para ir por su cuenta. Sólo necesitó ir a España.
Y por fin, llegaron al BC Sol. Enseguida fueron recibidos por los miembros del equipo. Silas logró convencer a Cristina de estar presente, y realmente la ayudó más de lo que ella esperó. Ver cómo Rantaro y Kuza regresaban, aunque acompañados, la hizo sentir mejor. En su cara se notaba lo mal que lo estaba pasando. Por eso, el BC Sol se había volcado para echarle una mano y mejorar su estado de ánimo.
- ¡Oh, Raúl! – Rantaro se acercó al entrenador oficial del equipo.
- ¡Hola, chaval! ¿Qué tal las cosas por Japón?
- Pues la verdad, han ido bastante... mal. Problemas por todas partes. Lui está en el hospital.
- ¿Y se ha recuperado? – Se acercó Honey con su hermana Sasha.
- No hay noticias sobre él. – Dijo la mayor. Rantaro se encogió de hombros.
- No se ha despertado, aunque su condición ha mejorado.
- Fayna se ha quedado con él. – Soltó Wakiya.
La mayoría se quedó en silencio. Silas y Cristina abrieron los ojos. Sin embargo, Raúl empezó a troncharse de risa, contagiando a unos cuantos sin querer. Eso aligeró el ambiente, antes de que Cristina les invitara a pasar. Rantaro y compañía vieron a Ren Wu Sun todavía presente, pero no había rastro ni de Joshua Burns, ni de Xander. ¿Dónde estarían? Llegaron al salón, donde todos se reunieron. Anch los saludó con una gran alegría, antes de invitarles a comer algo. Kuza no se negó y pidió también para Clio. Wakiya también tenía hambre, así que se apuntó. Algunos hicieron lo mismo. De mientras, Ren Wu Sun ponía al tanto a los recién llegados, sobre lo que había ido ocurriendo. Menudo shock para Rantaro y Kuza el saber que Xander llegó a ser herido por Free De La Hoya y ese inesperado cambio al que Ren Wu Sun no podía darle un sentido, porque no conocía la causa que lo había provocado. Sutilmente, Silas miró a Cristina. Ella no dijo nada.
Entonces fue el turno de Rantaro, así que él empezó a explicar lo que les pasó en Japón, y cómo Shu, también presente, lo pasó muy mal como uno de los primeros bladers en ser desafiados por Phi. Dejó que el dueño de Spryzen Requiem lo contara por sí mismo. Ren Wu Sun prestó especial atención, aunque el resto hizo lo mismo... excepto Kuza, que se dedicó a zampar. El pobre tenía hambre. Lo que Rantaro no pudo ignorar fue una pequeña grieta en una de las mesas, y le extrañó.
- Pues sí que están mal las cosas por allí... - Dijo Rickson. – Al menos ese tal Phi ha parado.
- Y menos mal, si no, ¿Qué harían los bladers que viven allí? – Habló Kitt.
- Para no variar, Valt tuvo que meterse en tantos jaleos. – Se reía Silas. – Y me sé de alguien que ha estado deprimido por aquí.
- ¿A qué te refieres, Silas? – Preguntó Rantaro.
- Estoy hablando de Free, ¿no es obvio?
- Pues ahora que hablas de él. – Intervino Wakiya. - ¿Es cierto que mandó al hospital a unos cuantos seguidores de Phi?
- Sí, me temo que sí. – Suspiraba Cristina. – Yo estuve ahí cuando eso ocurrió.
- ¿Y cómo pasó? – Quiso saber el dueño del Sanbat United. Eso puso en tensión a Cristina.
- Me temo que no os lo puedo contar.
- ¡Oh, venga ya! – Protestó Rantaro. - ¿Por qué no?
- Tuvo que ser algo gordo para que Free hiciera algo como eso. – Wakiya se cruzó de brazos.
- Bueno, dejadla ya, ¿no? – Intervino Sasha. – Si Cristina no quiere contarlo, no la podéis forzar.
- Opino lo mismo. – Silas puso una de sus manos en su cadera. – Gracias a ese rubio de las narices, las cosas en el BC Sol están un poco tensas.
- ¿Ah sí? – Kuzo todavía comía. – Pues no lo parece.
Sasha hizo los honores y les contó cómo Free se había convertido en un ermitaño que pasaba su tiempo en las instalaciones del BC Sol de forma muy puntual. Sus excesivos entrenamientos de largas horas provocaron que en un par de ocasiones le encontraran inconsciente, y que fue gracias a Silas que evitaron sustos peores. Anch les puso al tanto de cómo el Dragón Dorado había ido perdiendo peso a medida que pasaban los días, y que aquello empeoró cuando Lui fue derrotado por Phi. Saber todo aquello preocupó a Rantaro, que miró a Kuza.
***
Después de pegarse un buen maratón, Valt por fin llegó al bosque que tantos recuerdos le traía. ¿Cuántas horas no estuvo por aquí, buscando a Free y estando a su lado? Ahora mismo, deseaba volver a verle. Su corazón latía muy deprisa nada más pensar que se reencontraría con él. No podía evitarlo. Tenía los nervios a flor de piel. Miró de un lado a otro, notando que el bosque yacía en silencio. Aquello era extraño. Tampoco había rastro del ciervo. Sin embargo, había algo que le impulsaba a seguir. Por instinto siguió esa sensación. Conocía el camino hacia el estadio favorito de Free, que por fin pudo ver con sus propios ojos, los cuales abrió con ilusión.
Dos meses. Habían pasado dos meses desde que vio al rubio. Y mientras se acercaba, curiosamente se dio cuenta que este lugar se encontraba completamente vacío. Eso era muy raro, ¡Era rarísimo!
- ¿Free? – Llamó al dueño de Fafnir, pero sólo el viento sopló en esos instantes. No hubo ningún sonido más. Sólo él se hallaba ahí. El sol iluminaba el estadio, ese lugar hecho por los antiguos griegos, tan majestuoso, y que se había conservado a través del flujo del tiempo. – Free, soy Valt. ¿Estás aquí? – Alzó la voz, por si acaso De La Hoya rondaba cerca.
Pero no hubo suerte. Valt no insistió más. Free era igual a ese ciervo que pululaba por el monte. No necesitabas llamarle dos veces para que acudiera. Si con una no había aparecido, es que entonces no lo haría. Sus sentimientos de preocupación y angustia regresaron. ¿Y si Phi le había encontrado antes que él y le había herido? Si ese era el caso...
Sin embargo, justo en ese momento escuchó las pisadas de alguien. Cuando se giró, vio al ciervo. Valt sonrió, observando cómo el animal inclinaba la cabeza, acercándose un poco hasta hacerlo completamente cuando Valt se alejó del estadio. El ciervo le saludó a su adorable manera, y en respuesta, Valt también inclinó la cabeza. Eso era suficiente para comunicarse con el animal. Free le enseñó a hacerlo, como el buen experto que era en lenguajes no verbales.
- ¿Sabes dónde está Free? – Habló en una voz suave. El ciervo le miraba, y Valt no estaba seguro de si le entendía. Nunca podía saberlo con certeza. Al contrario que Free, él no compartía un vínculo tan estrecho con este animal.
El ciervo se giró y caminó, antes de mirar a Valt. El chico comprendió el mensaje y empezó a seguirlo. Era obvio que el ciervo sabía dónde se encontraba De La Hoya, porque siempre lo sabía. Era el único que podía hallarle sin importar qué. Valt tuvo que hacer acopio de paciencia, a medida que caminaba por el bosque. El viento había regresado, casi dándole la bienvenida y, como el ciervo, guiándole. El ambiente de calma volvía y Valt podía disfrutar de ello. Lo necesitaba después de pasar por tantísimas cosas en Japón. Todavía arrastraba esa carga emocional, ignorando las consecuencias. Lui seguía hospitalizado, pero en buenas manos gracias a Fayna y el equipo médico que cuidaba de él. De hecho, era por Fayna que el Dragón Blanco continuaba vivo porque Phi no tuvo la intención de mostrar piedad. No obstante, una pregunta asaltó su mente: ¿cómo habría reaccionado Free ante la derrota de Lui? Él sabía que esos dos compartían un vínculo fuerte y muy estrecho, al punto de que, cuando se convirtió en el compañero de habitación de Free, en una ocasión tuvo que esconderse en el armario del rubio desde donde les vio a esos dos teniendo una sesión de sexo bastante violenta.
Fue la primera vez que vio a Free en una situación así.
Valt apartó esos recuerdos calientes de su cabeza, antes de que tuvieran efecto en su cuerpo. Por ello, miró de lado a lado. Reconoció que esta zona del bosque le era completamente desconocida. El ciervo continuaba guiándole, y el viento aún soplaba con suavidad. Pronto, a sus oídos llegó el sonido del agua. ¿Un río? ¿una cascada? Ante él apareció la respuesta. En una isla en medio de un pequeño lago, de espaldas, vio la figura del mejor blader del mundo. Aparentemente yacía intacto. No vio rastro de heridas en esa blanca piel. El pelinegro observó que el ciervo se quedaba en la orilla, pisando el agua para hacer un sonido casi de forma intencionada.
El chico tuvo una mezcla de emociones muy fuertes en ese momento. Hizo un esfuerzo para contener las lágrimas, que no eran de tristeza, sino de felicidad. Free estaba ahí, y le vio ponerse de pie, ignorando su presencia... hasta que se giró. La cara que se le quedó en parte le dio risa. A paso de tortuga, Free abandonó la isla para meterse en agua y nadar hasta el otro lado. Valt se mantuvo en su posición, hasta que no pudo contenerse más y corrió hacia él para darle un abrazo. El alivio que sintió fue como si hiciera más ligeros sus sentimientos, y la calma abriéndose paso en su corazón. Notó que Free se quedó rígido, así que se apartó para verle.
- Soy yo, Free. Soy Valt. – Habló, alzando la mano derecha para acariciar su rostro. Free tenía los ojos bien abiertos, casi dudando en establecer contacto con él. Se veía a simple vista que le costaba asimilar esto. – No sabes cuánto me alegra verte aquí, a salvo. Pensé que te podría haber ocurrido algo, pero estoy contento de que no haya sido así.
Free fue incapaz de soltar palabra. Todavía estuvo en shock así que Valt esperó pacientemente, mientras De La Hoya iba reaccionando poco a poco. El pelinegro observó cómo esas manos calientes terminaban en sus mejillas, que fueron acariciadas mientras el rubio recortó un poco la distancia como si quisiera ver mejor sus ojos castaños.
- ¿Valt...? ¿Eres tú? – Preguntó, así que el chico asintió.
- Ya estoy aquí, Free.
Para cuando se quiso dar cuenta, Valt contempló bastante sorprendido cómo el rostro del mejor blader del mundo se empapaba en lágrimas. Fue abrazado, sin tener tiempo a decir algo. Free le estrechó contra su cuerpo, aferrándose a él. Valt sonrió, rodeándole también con sus brazos. Era la primera vez que veía a Free llorar. Y no necesitó oírlo para saber que De La Hoya le había echado de menos. Después de todo... no se despidió de él para irse a Japón, y aquello se había convertido en una pequeña espina en su corazón con el nombre de la culpa.
Chapter 46: El Lenguaje Del Amor! ¡El Miedo De Free!
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Valt dejó que Free se desahogara, sin dejar de abrazarle. De esa manera, él también pudo disfrutar del contacto físico. Hacía dos meses que no tocaba esa blanca piel, siempre tan caliente. O el olor de Free, el que muchas veces necesitó para tranquilizarse durante las noches cuando se iba a dormir sin que tuviera que venir su madre Chiharu para calmar sus pesadillas. Toda ese sosiego que le faltó estando en Japón regresó de nuevo a él, porque precisamente toda esa tranquilidad era la que Free siempre le transmitía. Por eso cerró los ojos, permitiéndose el lujo de acariciar aquella espalda, por encima de la camisa amarilla. Era algo que no todo el mundo podía hacer. Y Valt sabía que era una de las zonas más sensibles del cuerpo de Free.
Daba la sensación de que el rubio no quería soltarle. Valt tampoco tuvo intenciones de separarse, y menos cuando había sido Free el que le había dado ese abrazo tan intenso. A su manera le decía cuánto le había echado de menos, y eso no solía ser frecuente en el blader. Era como un gato, muy suyo. Ganarte su corazón no era una tarea tan sencilla. Y es que ninguno rompió el silencio, porque no era necesario. Valt notaba cómo el cuerpo de Free temblaba todavía, pero al menos, parte de él se había calmado. Le emocionaba bastante el que Free se hubiera expresado de la forma en la que acababa de hacerlo.
- ¿Estás mejor? – Pero el final llegó y Free se apartó. Valt contempló algunas lágrimas presentes en esos ojos, de modo que acercó sus manos para secarlas. El mayor no se lo impidió, y eso le hizo sonreír.
Free le miró, con los ojos irritados después de llorar. Valt sujetaba el rostro del rubio con suavidad, y con un cariño palpable. Fue un momento de sosiego para ellos, pues con la mera cercanía del otro, sentían que las cosas sólo podían mejorar.
- Has tardado en volver... - Free rompió su silencio, con una protesta a su adorable manera.
- Sí, lo siento. No pensé que fuera a necesitar tanto tiempo en Japón.
- ¿Cómo... has estado? – El rubio había desviado la vista, soltando esa pregunta con cierta timidez. Valt suspiró y bajó la cabeza, llamando su atención.
- He tenido épocas mejores. – Fue lo que se le ocurrió, para intentar no dramatizar. – Muchos problemas, como ya puedes imaginar. Ese Phi haciendo de las suyas... y bladers descontrolados por todas partes.
Las manos de Valt abandonaron a Free, quien le contempló, taciturno. Prestaba especial atención al lenguaje corporal del pelinegro. El rubio ya era consciente de los problemas por los que Valt pasó, y lo que tuvo que aguantar. No era nada fácil cuando tus seres queridos eran heridos de alguna manera, no importaba cuál en realidad. Free se acordó de sus padres, y también de Lui. Eso le recordó al brazo todavía lesionado de Valt, acercando su mano derecha para tocar el cabestrillo. Continuó callado, pero él ya se estaba expresando.
- Esto fue por mi culpa, si te lo estás preguntando. – Escuchó al joven. – Unos bladers me acorralaron, así que me enfrenté a ellos junto a Zack, que me salvó el culo. – Cómo olvidar a aquel que se había autoproclamado su protector. – Hubiera sido peor si Zack no hubiese estado allí.
- Tu pelea con Hyde empeoró las cosas. – Afirmaba Free.
Valt pestañeó, extrañado. ¿Cómo sabía eso Free? Sin embargo, pronto su mente dejó eso a un lado cuando Free tocó su frente con la suya, en apenas unos centímetros de distancia entre los dos. Valt se quedó callado, oyendo la respiración del rubio que sujetó sus manos para llevarlas a su pecho. Valt se dejó hacer, entre sorprendido y fascinado. No podía ignorar lo mucho que adoraba el calor que desprendía el cuerpo de Free. Si tan sólo pudiera conocerlo mejor... hacerse un mapa para saber qué zonas eran más sensibles que otras, y de qué modo le gustaba a Free el ser acariciado.
Tuvo mucha envidia de Lui, por poseer esos conocimientos tan íntimos.
El japonés contemplaba el rostro de Free, con una mirada brillante. El rubio estaba tranquilo, y, aunque parecía que lo había pasado mal, es como si ahora pudiera volver a brillar como antes. Free ni siquiera le echó en cara el haberse largado sin avisarle, como dando por sentado los motivos. Cerrando los ojos, Valt tocó la nariz del rubio con la suya y percibió cómo el otro aceptaba su cariño. Los dos se miraron mutuamente, cuando Valt se atrevió a rozar los labios de Free, que se apartó antes de que el pelinegro pudiera robarle un beso. Valt no supo si fue por inseguridad, o porque realmente no se atrevía con él. El caso es que sujetó su mano para impedirle la huida.
- Suéltame, Valt... - Susurró el rubio.
- No puedo.
Free insistió en rechazarle, tratando de apartarle. Pero Valt se mantenía en su perseverancia. No obstante, hizo mal en haberse olvidado de la fuerza física que poseía el Dragón Dorado, que logró zafarse del agarre y salir despavorido de allí. Valt sabía que había visto la cara del blader bien roja. No era habitual que Free mostrara esa timidez, y no iba a quedarse con las ganas para averiguarlo. Por eso fue tras él. Tuvo suerte de no perderse por el bosque, teniendo en cuenta que no se conocía esta zona. Pero su instinto le llevó hasta el estadio, donde, evidentemente, Free llegó antes que él.
El chico le miró de perfil, pero sin hostilidad en su mirada. Valt pudo distinguir la inseguridad, y fue suficiente para darse cuenta que, si daba un paso en falso, Free volvería a huir de él como un cervatillo asustado. No era capaz de entender a qué venía esa actitud. ¿Tan malo era recibir un beso? Aunque no le gustara, tuvo que dejar eso a un lado si quería acercarse al blader.
- ¿Has podido mejorar con Fafnir? – Preguntó, a un metro de distancia. Free se limitó a asentir. - ¿Y qué tal?
- ¿Quieres verlo?
- ¿Me dejas?
Free se encogió de hombros, una señal que Valt interpretó como buena. Lo hizo poco a poco, para asegurarse que De La Hoya no escaparía. Con sus manos sujetó a Fafnir, que tenía una pinta estupenda. Se notaba que Free le daba un buen mantenimiento. Era quizá el bey más limpio que conocía. Y es que Valt sabía el cariño que sentía Free por Fafnir.
- Se llama Geist Fafnir. – Escuchó al rubio. Valt abrió los ojos.
- Así que por fin le has puesto un nuevo nombre. – Sonrió. – Así que... Geist Fafnir, eh. ¿En qué te has basado para un nombre así?
- El espíritu de Fafnir está dentro, así que fue obvio pensar en algo sobre eso.
- Vaya, pero qué simple eres. ¡Ja, ja, ja! Me encanta. – Dijo, antes de sacar a Valtryek. – Valtryek pronto evolucionará también, quiero que Raúl le eche un vistazo para saber qué piensa. Toma, míralo.
Free contempló a Valtryek, el cual ya no lucía como ese bey que vio por primera vez cuando Valt llegó al BC Sol como el novato de turno. Esbozó una pequeña sonrisa, ignorando la cara de bobo que ponía Valt. El chaval se moría de ganas por darle un beso. Fue entonces, que en ese silencio, Free sintió la mano de Valt sujetar su brazo izquierdo.
- ¿Qué te ha pasado, Free? – Preguntó. El guante estaba manchado de sangre fresca. - ¿Es... algo serio?
- No. Suéltame. – Se apartó. – No es nada.
Pero Valt no pudo pasar por alto aquella tensa expresión. De repente, como si fuera un flash, a su cabeza vino aquella conversación que tuvo con Cristina antes de marcharse a Japón. Se acordó de la historia tan trágica de Free, de sus padres, de lo que le pasó a él... y cómo terminó usando ese guante, por culpa de su ansiedad y por sugerencia de la propia Cristina. Valt vio que Free no se sentía especialmente cómodo cuando se trataba de su brazo izquierdo. Imaginó que el rubio tendría un fuerte complejo por ello. Sin pensar en lo que hacía, simplemente se acercó a él para darle un abrazo. Free enrojeció, y cerró los ojos cuando sintió unos labios en su cuello. Prácticamente perdió fuerza para intentar apartar a Valt que se sujetaba a él. Free reconoció la placentera electricidad que recorrió su cuerpo, sobre todo cuando unas manos que no eran las suyas se colaron por debajo de su camisa y tocaban su espalda.
- Valt... pa- para... - Pidió, casi sin poder contener los suspiros.
Respiró agitado, y eso a Valt le encantó oírlo. Iba tan despacio como podía, y al parecer, eso a Free le gustaba... o más bien a su cuerpo. Las manos del rubio no paraban quietas, intentando apartarle sin conseguirlo. El cuerpo de Free traicionaba a su propio dueño, y respondía a las caricias de Valt. El chico contempló cómo uno de los tirantes de la camisa amarilla del blader caía por uno de los hombros, y le resultó lo suficiente sensual como para volver a mirar a Free, al que obligó a retroceder antes de que los dos terminaran sentados en el suelo del estadio.
Valt no dudó en pasar cada brazo en cada lado de Free, casi acorralándolo. El rubio no le miraba directamente, parecía cohibido y temeroso. Pero tampoco es la resistencia que ofrecía. Eso sólo hacía que Valt pensara en continuar adelante, porque tal vez era lo que Free también quería aunque no fuera capaz de decírselo. Además, esa camisa seguía seduciendo su vista castaña, e invitándole a pasear por esa blanca y caliente piel con la que volvió a encontrarse con sus labios, en pequeñas caricias que llegaron hasta el cuello del rubio. De La Hoya puso su mano derecha en el pecho de Valt, con los ojos cerrados y siendo incapaz de contener su voz.
El pelinegro se permitió escuchar esos pequeños gemidos, antes de callarlos con un beso que pilló desprevenido al contrario. Era lo que Valt estaba deseando, y sintió que Free comenzaba a corresponderle cuando lo atrajo a su cuerpo para reducir la distancia. Incluso con sus manos, Valt sintió que esa piel incrementaba su temperatura. Desafortunadamente el oxígeno le faltó y tuvo que separarse de Free. Dejó que el rubio metiera sus manos por debajo de su camisa para que llegara hasta su abdomen y su pecho. Los dos se miraron y Valt pensó que podría perderse en esos ojos oscuros que le miraban con una dulzura que sería capaz de derretirle.
Cuando él se acercó, Free le hizo la cobra, alejándose un poco. Eso era producto de la tensión sexual que había entre ellos en estos momentos. Y antes de que Valt pudiera hacerse dueño de esos labios, se encontró con que Free se apartó repentinamente y de forma brusca.
- Eh, ¿pero qué pasa, Free? – Preguntó, viendo cómo se ponía de pie y arreglaba su camisa ligeramente mal puesta. No le miró, aunque su cara continuaba roja como un tomate. - ¿Es que... ocurre algo malo?
- No. - Su cabello ocultaba sus ojos, y su expresión. – Es mejor que no continuemos con esto.
- ¿Por qué no? No estábamos haciendo nada malo. – Valt se acercó a él, pero Free puso las manos por delante, marcando una distancia. No fue capaz de responder.
Valt no supo qué decir. Sólo le daba la sensación de que Free parecía asustado. Es como si algo le hubiera frenado de golpe, dejándole a él con las ganas de seguir explorando ese cuerpo caliente.
- No debes hacer estas cosas conmigo, Valt. – Escuchó a Free.
- Oh, venga ya. ¿Me vas a venir con el cuento de que sólo se hace con la persona que se ama? – Apretó las manos y hubo cierta presión en su garganta. Free no le respondió. - ¿Y qué pasa si quiero hacerlo contigo? ¿qué ocurrirá si es a ti a quien yo quiero? ¿Es algo malo?
- ¡No puedes y se acabó! – Alzó la voz, casi asustándolo. Cuando Free le miró, Valt vio miedo en sus ojos. Algo atenazaba al rubio desde dentro.
- Free. – Le llamó entonces, en un tono más suave. – Es que... ¿prefieres a Lui?
Eso hizo que el rubio abriera los ojos antes de echar un suspiro. Esa pregunta no le extrañó. Después de todo, él lo sabía. Cuando todavía estuvo en proceso de rehabilitación y recibió la inesperada visita de Lui antes de terminar teniendo sexo con él. Free sabía que Valt le vio en aquella ocasión, escondido en su armario. Sentirse observado por Valt fue lo que le hizo estar más excitado, y a su vez, controlarse menos. Era el morbo que le dio al tener a alguien ahí, conociendo parte de su sexualidad. Menos mal que Lui ni se dio cuenta, porque la que habría armado...
- No se trata de eso... - Murmuró Free.
- ¿Entonces por qué? – Insistía Valt. - ¿Por qué sí con Lui y conmigo no? ¿Acaso él tiene algo que yo no? O quizá... ¿es que yo no te gusto?
Fue un momento muy tenso, y Free tuvo un nudo en la garganta. El esfuerzo que hizo para contener sus emociones fue bastante grande. Miró a Valt, antes de negar con la cabeza, dejando al pobre chaval más confuso que antes. El pelinegro no dejaba de tener dudas al respecto, y que Free se mantuviera tan callado no ayudaba en nada. La frustración hizo que Valt no pudiera aguantar las lágrimas que salieron de sus ojos sin su permiso. Tratar de secarlas fue inútil. Free no se acercó a él.
- No lo comprendo... - Dijo, entre sollozos. - ¡Es que no lo entiendo! – Miró al rubio, que bajó la mirada. - ¡¿Cuál es el problema, pues?!
- Yo. Valt. – Le escuchó responder. – Yo soy el problema. No se trata de Lui, ni de que no me guste tu cuerpo, o que no me gustes tú. Nada de eso. Si por mí fuera... - Giró su cabeza, para mirar a otra parte. – Te dejaría hacer todo cuanto quisieras. – Valt abrió los ojos cuando Free dijo eso, a pesar del sonrojo de su cara. – Pero no puedo hacerlo.
- Pe- pero... ¿Por qué no? – Volvió a preguntar. Free le observó directamente.
- Porque puedo perder el control y hacerte daño.
Chapter 47: ¡Tensión Sexual! Valt Se Delata
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Valt y Free se quedaron en silencio. El pelinegro intentó animar al rubio para practicar un poco de beyblade, pero se negó. Free se sentó a su lado, para disfrutar de su compañía. Por primera vez, para ambos ese silencio resultó un poco incómodo. Y los dos conocían la causa. Mirando de reojo a De La Hoya, Valt intuía que Free soportaba una gran carga emocional que le estaría pasando factura. Además, también había notado su delgadez. Y eso le inquietó. ¿Qué habría estado haciendo Free durante su estancia en Japón? Su cuerpo era más fino que de costumbre, haciendo que su ropa pareciera más ancha.
- Tenemos que volver al BC Sol, Free. – Habló Valt de repente. – Hay que curar lo que sea que te hayas hecho en el brazo.
- No es necesario.
- Claro que sí. Es una herida, se te puede infectar. Así que venga.
Free le miró e irónicamente terminó haciéndole caso después de resoplar. Valt no le vio animado, así que esa mala sensación permaneció en él. El rubio estaba demasiado serio que de costumbre. Es como si en parte fuera una persona distinta. Y recordar las palabras de Lui no le ayudó. Aunque quisiera abrazarle, Valt era consciente que ahora Free no estaba tan receptivo como antes. Era ese miedo que le había mostrado lo que le frenaba en seco, y eso le daba rabia. No le había visto reprimirse tanto con Lui, así que, ¿Cuál era la diferencia? Seguía cuestionándose por qué sí con el Dragón Blanco, y por qué no cuando se trataba de él.
- ¿Sabes, Free? – Valt rompió el silencio. – En mi combate contra Hyde, apareció alguien que me salvó el pellejo. Fue de lo más extraño. Pero no pude reconocerle. Se tapaba la cara, así que... - Explicaba, sin respuesta.
Entonces suspiró. En su mente no paraba de surgir la idea de sincerarse con Free y contarle lo que Cristina le reveló antes de irse a Japón. Valt no quería tener secretos con Free, principalmente porque no deseaba que el rubio desconfiara de él. Valoraba el vínculo que los unía, y no iba a dañarlo a lo tonto con esas cosas. Por eso, volvió a mirar a Free y sujetó su mano con suavidad. Eso captó la atención de De La Hoya.
- Te he echado de menos. – Fue lo primero que soltó Valt, viendo que los ojos del mayor se volvían dulces mientras su dueño asentía con la cabeza, agradecido por sus palabras. – No he parado de culparme por... haberme ido a Japón sin decirte nada.
- Tampoco tenías que hacerlo.
- Pero Free... - Se apenó Valt.
- No estás obligado a darme explicaciones. Yo comprendí tus motivos sin que me los dijeras.
- Ya... - Suspiró. – Aún así... perdóname, Free.
La respuesta del aludido no fue verbal. EL Dragón Dorado se detuvo, frenando a Valt. Se acercó a él para darle un beso en la frente, y regalarle una pequeña sonrisa. Sin querer, Valt se sonrojó por ello antes de seguir caminando. Le parecía increíble que Free dejara ir las cosas de esa manera. El pelinegro se esperó tal vez algún tipo de reproche. Más el único reproche que obtuvo de Free fue que él le había echado de menos. ¿Acaso no era aquello demasiado adorable? Debía asumirlo: Free le calaba mucho mejor que él al rubio.
Por fin llegaron a las instalaciones del BC Sol. Valt le pidió a Free que le esperara en el cuarto, para ir a saludar a los demás. En cuanto llegó al salón, se encontró con un panorama un tanto tenso que no ignoró, pero su sola llegada causó una gran alegría. Cristina abandonó la silla en la que estuvo sentada para darle un abrazo que no esperó, pero que igual correspondió muy contento. Ren Wu Sun también parecía sonreír por verle sano y salvo con todos los problemas acontecidos en Japón, y los cuales no habían terminado. Silas se acercó a Valt, y los dos chocaron los puños así como con Rickson y Sasha. Honey y Kitt prefirieron un abrazo bien fuerte que Valt no les negó. Hasta Anch salió de la cocina para darle un buen achuchón, como si fuera una osa amorosa.
El rato que se pasó allí con ellos fue bastante prolongado. Pero Valt se sintió como en casa. El BC Sol no dejaba de ser como una segunda familia para él. Aquí todos le apoyaban, a su mayor o menor medida. Incluso Silas, de quien se había hecho muy amigo, y uno de los primeros que empezaba a preocuparse más por él. Aprovechó la ocasión para comer algo gracias a Anch, antes de volver a la habitación que Free compartía con él. Al menos no tardó en aparecer por la puerta, viendo que Free guardaba algunas piezas en un maletín dividido por secciones con nombres de las evoluciones de Fafnir desde sus inicios.
- Perdona por tardar, Free. Pero no querían dejarme marchar.
- Ya me lo figuraba.
- ¿Qué? ¿Recordando viejos tiempos? – Preguntó al acercarse. Free asintió, aunque no muy convencido. - ¿Tienes un botiquín en el baño?
- No, pero hay una pequeña alacena en el pasillo donde hay uno guardado.
- Oh vale. Mierda, soy un cegato. – Se rio. - ¡Vengo en un segundo!
Dicho y hecho, así fue. A Valt no le costó encontrar el botiquín. Le parecía curioso que hubiera uno en el pasillo. Imaginó que sería cosa de Cristina. Tras lograr que Free accediera a sentarse en la orilla de la cama, el siguiente paso fue un desafío: convencer a Free de permitirle quitarle el guante. Valt no necesitó preguntar ni decir nada, porque ya lo vio en la cara del rubio lo mucho que eso le ponía en un aprieto. Pero el guante estaba cada vez más manchado en sangre, y Valt no quería que Free tuviera problemas por cualquier tipo de heridas que pudiera hacerse. Observó al rubio, que sujetaba su mano para no dejarle proceder.
- Free, si no me dejas, no podré curarte. – Intentaba hacerle reflexionar. Pero el chico negó con la cabeza. – En serio, no me voy a asustar ni nada por el estilo. – Dijo, antes de acariciar el rostro del rubio. – Por favor, confía en mí. No pasará nada que no quieras, en serio.
Justo en esos instantes, Valt vio con una claridad sin precedentes el miedo reflejado en los ojos de Free. Él realmente estaba asustado porque viera su brazo izquierdo. Se planteó la idea de que tal vez esta fuera la primera vez que Free le mostrara a alguien su brazo desnudo, pues ni siquiera con Lui le vio quitárselo. La respiración de Free fue nerviosa y tensa, casi en un intento por aliviar su estrés. Sin embargo, el blader apartó su mano y dejó de oponer resistencia. De todas maneras, Valt fue yendo poco a poco, atento a cualquier reacción de Free a medida que retiraba el guante una vez deshizo el agarre de la hebilla que sujetaba la correa que mantenía el guante puesto. Poco a poco, esa zona desconocida de Free fue mostrándose ante los ojos de Valt.
Lo primero que vio fue que aparecían una gran cantidad de cicatrices de formas y tamaños diversos. Trató de controlarse, pero de todos modos, fue impactante ver las marcas de heridas provocadas por unos dientes que se habían clavado una y otra vez en la piel. Las cicatrices eran horribles, pues hasta el dorso de la mano de Free no se había salvado. En algunas partes, es como si se hubiera arrancado trozos de piel, o ésta hubiera sido desgarrada. La herida abierta que sangraba, tenía las marcas de los dientes de Free. A Valt no le costó reconocer algo así. Observó al rubio, que evitaba el contacto visual.
- ¿Te duele mucho, Free? – Preguntó Valt, preocupado. Free negó con la cabeza. - ¿Estás seguro? Las heridas son... grandes. – Pensó un poco antes de hablar. No quería usar cualquier palabra que a Free pudiera hacerle sentir mal.
El chico no se mostró comunicativo. Valt se dio cuenta de que Free le estaba enseñando algo que no haría con nadie más. Por ello, el pelinegro no tardó en tratar las heridas de Free. A medida que limpiaba, era más evidente que Free era quien se había hecho esto. Debió ser cosa de su peligrosa ansiedad. Miraba al rubio de vez en cuando, preocupado de que no pudiera aguantar el dolor. Pero no le vio reaccionar en ningún momento. Es como si ni siquiera pudiera sentir lo que le hacía. Apretó un poco, pero Free se mantuvo completamente impasible, aunque con cierto disgusto en la cara. Entonces procedió a vendar la zona de la herida, ocupando bastante espacio del brazo.
- Será mejor que limpies el guante antes de volver a usarlo. – Sugería Valt, viendo asentir a su interlocutor. - ¿Estás seguro que no te duele? – Insistió. Free sólo suspiró antes de ponerse de pie. – Free, espera. – Le llamó, antes de sorprenderle con un abrazo por la espalda. El rubio se quedó quieto. – No quiero que te reprimas, ¿vale? Sé que hacer esto no te ha gustado. Y lo siento, pero me preocupaba que se te pudiese infectar.
Extrañamente, Free no le rechazó. Valt notó cómo el rubio tocaba sus manos con la suya derecha, aceptando su cercanía. Le escuchó suspirar de nuevo, así que esperó pacientemente por si acaso a De La Hoya le apetecía compartir algo con él. Y así fue:
- Es la primera vez desde mis trece años que alguien más, aparte de Cristina, ha visto mi brazo izquierdo. – Le escuchó.
- Tres años. – Calculó Valt. – Es bastante tiempo.
- ¿No te ha dado... asco? ¿o siquiera miedo?
- No. ¿Debería? – Respondió al instante, desconcertando a Free.
- Ya lo has visto. No es algo agradable de ver.
- Pero sigue siendo tu brazo, y es parte de tu historia.
Free le miró de reojo, y Valt le regaló una sonrisa. Eso alivió la preocupación de Free, que pudo girarse antes de abrazar al pelinegro que no dudó en corresponderle. Era muy difícil tener a un Free receptivo, así que tenía que aprovechar. A su manera, De La Hoya acababa de confesarle el enorme complejo que sentía hacia su brazo izquierdo, y no era para menos. Con todas esas cicatrices, a Valt no le extrañaba. No cualquiera sería capaz de convivir con ello.
- Free, tengo que contarte algo importante. – Habló Valt tras unos momentos. El aludido se separó para mirarle. – Es que... antes de irme a Japón... - Bajó la cabeza. – Cristina me lo contó todo acerca de ti. – Apretó las manos. – Lo que te ocurrió, cuando eras pequeño. – Alzó su rostro para mirar al rubio. – Me gustaría que...
- Sí, ya lo sé. – Le interrumpió, silenciándolo.
- E- espera. ¿Có- cómo que lo sabes?
Free se mantuvo taciturno, aunque no por mucho tiempo:
- Recuerdo lo que me ocurrió. A mí y a mis padres. – Habló. – Me acuerdo de todo. – Desvió la mirada. – Aunque quizá hubiese sido mejor mantenerlo en el olvido.
- ¿Qué? ¿por qué? Vale, sé que debe ser duro y tal... pero es algo que forma parte de tu vida, Free. – Dijo. – Pero yo no puedo opinar sobre eso. No sé lo que se siente.
- Está bien. – Free acarició el rostro de Valt. – Siempre haces las cosas con tu mejor intención. Eso es lo que cuenta. Gracias por querer contármelo.
Pero para Valt continuaba siendo como si le hubieran tirado un cubo de agua fría. Free estaba conforme, pero eso no convencía al chico. No deseaba que De La Hoya estuviera reprimiéndose, como siempre hacía. Era esa mala costumbre a no revelar lo que sentía. Y es que era peor que un rompecabezas. Sin embargo, de nuevo surgió un ambiente bastante romántico entre ellos y ligeramente tenso. Valt percibía a Free receptivo con él, y lo mismo a la inversa. Valt no dejaba de querer conocer ese cuerpo caliente. Y es que sujetaba las manos de Free, dejando que éste juntara su frente con la suya. Aquello ya empezaba a convertirse en un hábito entre ellos. Y a Valt le encantaba. El hecho de que Free compartiera su espacio personal con él, ya le avisaba de la confianza que existía entre ambos, y lo mucho que le apreciaba.
- Para la próxima vez... - Susurró Free, repentinamente. – Podrías no espiarme en el armario.
La cara de Valt enrojeció automáticamente a niveles altísimos. Casi le salía humo hasta por las orejas. Captó al vuelo el mensaje que el rubio acababa de darle. Y le veía sonreír con esa cara divertida, acosta de ponerle tan nervioso.
- ¡¿Cómo es que tú...?!
- ¿Te crees que no lo sabía?
- ¡Pero es imposible!
- No para mí. Soy bueno detectando la presencia de la gente, recuerda. Además... te delataste tú solito cuando estuvimos en el bosque antes.
Por poco no le daba algo a Valt. El pobre no sabía ni cómo calmarse. Este debía de ser el momento más vergonzoso de su vida, donde la persona que tanto quería le soltaba algo como eso. Y es que una idea pasó por la mente de Valt.
- ¿Por qué no hiciste nada? – Tuvo que soltar. - ¿No te molestó que te viera... con Lui?
Free inclinó la cabeza, sin abandonar esa sonrisilla. Eso no ayudaba a Valt, que no se sentía capaz de moverse de donde estaba. Sus nervios le tenían paralizado. El rubio se acercó a él, acariciando sus brazos y recortando la distancia. Para Valt ya podía ser su final. Sentía que su corazón explotaría. Y es que notaba cómo su cuerpo reconocía al De La Hoya y el calor que desprendía.
- Porque quería que me vieras. – Le susurró en el oído, en voz flojita, casi seduciéndole. – Me excitaba que me vieras haciéndolo con Lui. – Y se apartó, viendo que su juego había tenido efecto. Valt se había dejado arrastrar por él.
- No es justo... - Desvió la mirada. Sujetaba su camisa, casi como queriendo darse aire porque tenía calor. Su cuerpo había reaccionado y De La Hoya no lo ignoró.
- ¿Ah no? – Fue el sarcasmo de Free. – Mmm... - Hizo pensativamente, antes de obligar a que Valt retrocediera y cayera de espaldas a la cama. SU cama.
El pelinegro se vio acorralado entre el lecho y Free. Respiraba un tanto agitado, sin saber qué es lo que iba a pasar, y mucho menos lo que el Dragón Dorado tenía en mente.
- ¿Tal vez querías ocupar el lugar de Lui? – Free lo dejó caer de una forma tan sencilla como esa. - ¿O tal vez...? – Y se acercó a él, casi rozándole con su cuerpo. - ¿Querías que estuviéramos nosotros dos, ocupando tú mi lugar?
- Ug... no lo sé... - Valt tapó su cara con su brazo, pero no le sirvió de mucho. Free se lo apartó enseguida.
- Si quieres podemos comprobarlo ahora mismo.
Chapter 48: Corazón Que Siente, Corazón Que Habla
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Para cuando se quiso dar cuenta, la parte superior de su cuerpo yacía desnuda. Su espalda tocaba el edredón de la cama. No tenía frío. Aquellas manos tan calientes, de un cuerpo aún más caliente, le protegían de las frescas temperaturas. Valt no podía contener su voz ante las caricias de Free. Su sensibilidad le permitía saber cómo el rubio recorría su cuerpo con relativa lentitud, mirándole para pedirle permiso para continuar o para saber si le gustaba. Iba suave, casi queriendo pisar un terreno seguro. Suerte que luego Free era un desconsiderado... y sin embargo, ahí lo tenía. Es como si estuviera mimándole en su silencio. Su experiencia se notaba.
Las veces que Valt sintió su piel erizarse dejaron de ser contadas por su cerebro. Su mente se había centrado en la atención que le proporcionaba Free, mientras algo en su corazón parecía florecer poquito a poco. Valt estaba más convencido que no haría esto con nadie que no fuera el blader que se encontraba encima de él, tocando su cuerpo con delicadeza, haciéndole suspirar e incluso gemir cuando Free encontraba zonas más erógenas que hacían levantarle la voz a su dueño sin que éste pudiera reprimirlo.
Free se acercó a él, contemplando su enrojecido rostro desencajado por el placer y las sensaciones. Pero para Valt fue más bonito contemplar esa expresión dulce del rubio. Es como si intentara decirle algo, sin hacerlo. Movió su mano, que fue estrechada por la del otro que redujo la distancia para darle un beso. Sentir el calor del cuerpo del Dragón Dorado, encima del suyo, empezaba a ser algo encantador y que podría reconocer en cualquier momento y lugar. Nunca había visto a Free tan receptivo con él, y tenía la impresión que el blader trataba de abrirle su corazón y mostrarle aquello que le daba miedo, lo que le preocupaba... y lo que le frenaba de golpe.
- Free... - Susurró su nombre, casi queriendo demostrar el cariño que sentía por él. – Si no haces algo pronto... voy a empezar a sentir dolor.
El rubio captó enseguida lo que Valt quería decirle con eso. Dirigió la mirada hacia ese bulto que asomaba entre las piernas del pelinegro, reclamando atención. Pero Free no actuó de inmediato, ni siquiera pasados cinco minutos que para Valt fueron eternos. Free se limitó a tocar la nariz de Valt con la suya, dejando que el chico contemplara su rostro.
- ¿Tienes miedo? – Fue lo que le preguntó en el mismo tono de voz de antes. Sus ojos se encontraron con los oscuros de Free. - ¿Por qué tienes miedo?
Pero no recibió respuesta. Free sólo le observaba, callado. Valt ya estaba acostumbrado a eso. El rubio no solía contestar a muchas cosas, él era alguien que se comunicaba más a través de su cuerpo, con sus gestos, sus formas de mirar a los demás. Lo suyo no era lo verbal, precisamente. Y Valt había compartido mucho tiempo con Free como para no saber algo como eso. Y todavía le quedaba aprender ese tipo de lenguaje, del mismo modo que Cristina y Lui hicieron antes que él.
Aunque Valt no ignoró cómo la expresión de Free cambiaba. Fue sutil, pero no lo ignoró. Ya estaban esos ojos pidiéndole permiso de nuevo. Le resultó adorable, de modo que se dispuso a sujetar una de las manos del rubio para llevarla a ese bulto molesto que hacía que sus pantalones fueran tan incómodos. Free no apartó su vista de él cuando estableció ese contacto íntimo que hizo reaccionar a Valt. Suerte que Free sólo tocaba por encima de la tela... Y es que de forma inconsciente, el japonés abrió sus piernas para que el otro tuviera más espacio.
Free en parte le distrajo cuando se acercó de nuevo para besarle, pero Valt no se resistió cuando supo que la mano del rubio desabrochaba su pantalón con el objetivo de liberarle de su presión. El alivio que sintió cuando lo consiguió fue notable. Claro que sí le sorprendió cuando Free metió directamente la mano por debajo de los calzoncillos. Sentir su piel caliente en su erección fue algo nuevo.
- Free... - Cerró los ojos, dejando ir el gemido con el nombre del blader que continuaba contemplándole en silencio.
Valt sentía que su cuerpo parecía querer estallar en miles de sensaciones y sentimientos diferentes. Se sujetó al rubio cuando éste volvía a reducir su distancia con la de él. Trató de tocar su pecho, pero automáticamente Free rechazó su contacto, apretando su mano contra la cama. Valt le miró, a tiempo de ver cómo el rubio negaba con la cabeza.
- ¿Y tú qué? – Alcanzó a preguntar.
- Hoy sólo serás tú.
- Pero eso no es justo. – Protestó. – Yo también quiero tocarte. ¿Por qué no me dejas? – Y es que eso empezaba a mosquearle seriamente.
Free sólo sonrió y le besó de forma gentil, moviendo la mano para continuar con la masturbación que distrajo la mente de Valt, para hundirle en el placer. El pobrecillo pensó que entre eso y el beso, acabaría ahogándose. Menos mal que Free se apartó a tiempo para que pudiera coger aire, incapaz de contener los gemidos bajo la atenta observación del rubio.
- Mi cuerpo funciona de otra manera. – Le escuchó decir. – Por el momento nos centraremos en ti, Valt.
- Pe- pero Free... - Dijo entre suspiros. – N- no... no quiero qu- que... sea así. – Sujetó la camisa que el rubio llevaba puesta. - ¡Ah...! ¡F- Free...!
De nuevo había cerrado los ojos cuando el aludido incrementó la velocidad con su mano. Fue como una oleada de placer para Valt, que sentía su cuerpo arder. Su corazón latía como un auténtico loco, lo podía sentir en las venas de su cuello, y en sus orejas. Por si fuera poco, Free rozaba sus labios y Valt abría ligeramente los suyos esperando recibir un beso que no llegaba. Era la trampa de Free, para jugar con él.
- Déjame tocarte... - Susurró Valt. Free negó con la cabeza, otra vez.
- Ya tendrás tiempo para conocer mi cuerpo.
Y aquello frustró a Valt, que por mucho que quisiera, sólo terminó con las manos sometidas por la que Free tenía libre. Y usar las piernas fue inútil, porque el rubio puso las suyas encima, usando su propio peso para evitar cualquier cosa. Estaba claro que De La Hoya evadía su contacto. Valt recordó lo que Free le dijo antes: podría perder el control y hacerle daño. Pero él no terminaba de creérselo. No veía a Free capaz de ello, en parte porque nunca antes le había puesto la mano encima... salvo algún que otro golpecillo tonto. Al contrario que con Lui, Valt había visto que Free evitaba ponerse violento con él y cada vez que el rubio se enfadaba por algo, automáticamente se alejaba y no volvía a estar a su lado hasta que no había logrado calmarse.
Pero su mente dejó de pensar con tanta claridad. Free sabía cómo desconectarle de sus pensamientos para obligarle a centrarse en lo que estaban haciendo. Lo que ÉL le estaba haciendo. Y es que Free no dejaba de mirarle, de nuevo, con esa expresión misteriosa pero tan reveladora al mismo tiempo. Había dulzura, había amor, pero también tristeza y hasta miedo e inseguridad. Desde luego, toda una mezcla explosiva de sentimientos y emociones. Valt ya conocía de antemano la compleja manera de ser de Free, pero recientemente estaba descubriendo la intensidad de lo que su corazón era capaz de sentir. Porque era eso. Ese corazón le estaba hablando, dándole unos mensajes que no podía entender todavía... porque necesitaba más tiempo para aprender el lenguaje no verbal de Free. Si hasta a Cristina se le escapaban muchas cosas.
- Free... - Le llamó, sujetando su brazo izquierdo que estaba tapado por el vendaje blanco. – No... no puedo más... - Tenía los ojos brillantes y entreabiertos, y la cara bien roja.
El rubio ya había notado cómo las piernas del muchacho se sacudían solas, y cómo la cadera de Valt se había estado moviendo casi por cuenta propia ante la estimulación sexual. Pero fue más la expresión completamente desencajada de placer del propio Valt lo que se quedó grabado en la mente de Free, quien escuchó un gemido antes de que su mano fuera mojada por algo pringoso y blanquecino. Continuó moviendo la mano un par de minutos, para permitirle a Valt sentir un poco más su propio orgasmo mientras el rubio escuchaba su agitada respiración y Valt le obligaba a acercarse porque tiraba con fuerza de su camisa, demandando un beso que el blader no se negó a darle.
Cuando hubo un contacto visual, Free se dio cuenta. Este chico sólo pensaba en él en estos instantes. Y por eso no tardó en alejarse, sabiendo lo que eso podría provocar. Era un momento en el que la mente haría reaccionar a Valt de cualquier forma, y Free no quería verse obligado a estar debajo del chico y que éste comenzara a explorar su cuerpo. A distancia de Valt, Free pensaba en ello y sus miedos le atizaron por dentro como si tuvieran látigos. El pelinegro se quedó tumbado en la cama, todavía sin moverse. Free ni siquiera se planteó acercarse. Demasiada experiencia con Lui, como para no saber que, de hacerlo, se encontraría en una situación poco agradable.
Aprovechó para ir al baño, y lavarse las manos. Cerró la puerta, echando el pestillo, sólo por si acaso.
Valt contemplaba el techo como si fuera lo más interesante del mundo. Aunque se sentía frustrado porque Free le había negado el poder tocarle, su cuerpo se sentía satisfecho en parte. Era la primera vez que alguien más le hacía llegar al orgasmo, jugando previamente para excitarle. Era mucho mejor que haciéndolo solo. Y también era mucho más intenso. Todavía sentía esas manos calientes, y hasta el peso del cuerpo de Free encima. Eran cosas que no quería dejar de sentir. Comenzaba a adorar el cuerpo del rubio, y eso sólo alimentaba su determinación para explorarlo. Pero no podía forzar a Free, porque primero era su cuerpo y era el rubio quien debía darle su permiso, y segundo... es que ese dragón era más fuerte que él. Había podido someterle con una sola mano, valiéndose con el propio peso para lo demás.
Se notaba que tenía experiencia gracias a Lui. A Valt no le extrañaba. En un sexo tan violento como el que tenían esos dos, era obvio que Free se las ingeniaba para demostrarle a Shirosagi quién era el que mandaba. Y... comparando a ese Free con el de ahora, no parecía ni el mismo. Valt no había visto a Free siendo tan jodidamente dulce con Lui como con él. No supo si es porque era la primera vez que llegaban al terreno sexual juntos o qué. El caso, es que Valt estaría soñando con esa cara adorable durante mucho tiempo...
- ¿Vas a ducharte? – Escuchó a Free, que salió del baño.
- Sí, me apetece... - Contestó, antes de quedarse sentado en la cama. - ¿Te duchas conmigo? – Sonrió con cierto descaro.
- Ni de coña.
Eso hizo reír a Valt, que se puso de pie para abrochar el pantalón y coger ropa limpia del armario. Era hora de cambiar un poco el atuendo... Después, se acercó a Free. De nuevo, las palabras parecían sobrar. De La Hoya captó al vuelo el mensaje de sus ojos castaños para acercarse y darle un beso. Valt sujetó su mano, acariciando el dorso con el dedo pulgar. Pese al recién orgasmo, su corazón todavía latía con fuerza. ¿Qué era lo que le estaba pasando?
- Iré a entrenar un rato. – Fue lo que Free le dijo. Valt asintió.
- No te mates mucho, ¿vale?
- Vale.
El rubio se acercó a él, para juntar ambas frentes. Valt cerró los ojos, al contrario que Free, que le observó en silencio casi tratando de hablarle al pelinegro de una manera no verbal. Y pilló desprevenido a Valt con un inesperado kunik, o lo que era lo mismo: el conocido beso del esquimal. Tras aquello, Free abandonó la habitación y Valt fue a la ducha.
Chapter 49: ¡Acto De Perdón! ¡Una Petición Especial!
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Hacía un día estupendo, y lo aprovechaba para entrenar ahora que su cuerpo se sentía mejor. El bosque hablaba con él, trayendo consigo el aire que levantaba ese sonido que invitaba a la calma. El ciervo rondaba cerca, como de costumbre. Y el sol le iluminaba desde ese cielo que era surcado por las nubes algodonadas. La luz natural le otorgaba una energía extra, mientras contemplaba el desempeño de Geist Fafnir en el estadio. El silencio de su entorno le ayudaba a concentrarse. Se notaba que este era su lugar favorito con diferencia. Sin importar lo que sucediera, siempre regresaba aquí.
En este sitio era donde tenía sus recuerdos más felices. Recordaba cómo de niño el abuelo Jinbei se lo enseñó junto a Cristina, y las horas muertas que se tiraron practicando beyblade con aquel bey que compartieron por aquel entonces. Fue el primero que tuvo Free en toda su vida. Y lo echaba de menos. Todavía se entristecía por el destino que sufrió ese bey, que desde hacía casi diez años no había vuelto a ver un estadio. Según Cristina, ella todavía lo guardaba, del mismo que guardaba los garabatos que le hizo él a ella en sus cumpleaños, o cuando quiso tener un detalle. Llevar tantos días sin dirigirle la palabra era duro, pero necesario.
En un suspiro sujetó a Fafnir tras recogerlo del estadio. Contemplándolo, a su mente volvieron las memorias de los momentos en los cuales le dio origen y eventualmente una existencia material. El primer Fafnir del mundo, basado en el dragón mitológico. Free siempre había sentido una conexión especial con todo lo que tuviera relación con los dragones. Era algo que no podía explicar. Simplemente estaba ahí. Y sonrió con nostalgia, acariciando el bey con un cariño evidente.
- Parece mentira que vayan a pasar seis años desde que estás conmigo, Fafnir. – Le hablaba a su compañero. El bey casi pareció brillar hasta que la figura del dragón se mostró ante él. Los ojos del espíritu de la criatura lucían feroces pero gentiles al mismo tiempo. – Hemos vencido a muchos enemigos juntos, aunque también lo pasamos mal muchas veces...
Fafnir movió la cola, sin dejar de observarle. Se acercó a su dueño, casi como si pudiera tocarle. Free extendió la mano, con completa confianza. Fafnir abrió las alas, en un pequeño rugido.
- Nuestro próximo oponente será duro. – Rompió Free su silencio. – Puede que sea el más fuerte de los rivales a los que nos enfrentemos. Y estoy tranquilo, porque sé que estás conmigo. Pero, ¿tú qué piensas, Fafnir? ¿Crees que esa pesadilla que he estado teniendo se hará realidad?
El dragón abrió la boca, mostrándose un tanto inseguro. Compartía los mismos sentimientos de incertidumbre que el rubio. Pero, de repente, Fafnir regresó al bey cuando un sonido llegó cerca de Free. El blader reaccionó, abriendo ligeramente los ojos cuando vio que una persona acababa de llegar. Era una visita de lo más inesperada. Free le reconoció enseguida.
Permaneció en el estadio, viendo cómo el otro acababa en el suelo. Free percibió una energía oscura en el hombre, que, sin embargo, no era suya. No le pertenecía. Así que sólo alguien pasó por su mente como si fuera un rápido flash. En silencio, observó cómo el otro alzaba su rostro desde su posición, extendiendo su mano. Free comprendió el mensaje, pero no se movió de donde estaba.
- No esperaba verte tan pronto por aquí... Príncipe de la Oscuridad. – Rompió su silencio. - ¿Qué te trae por un lugar como este?
- Te estaba... buscando. Tienes... tienes que ayudarme, por favor.
- ¿Por qué debería? – Free inclinó la cabeza. – Le has causado problemas a Valt, y por tu culpa su lesión en el brazo empeoró. No podrá volver al beyblade hasta que se cure, así que, ¿Por qué tendría que ayudar a alguien como tú?
- Ya sé que le aprecias, pero... ¡Yo nunca quise hacerle nada! – Levantó la voz. - ¡Es la verdad! Sólo quería desafiarle...
De La Hoya no contestó. Hyde había desviado la vista, en una expresión que Free ya estaba acostumbrado a ver, y que le sorprendió contemplar en el rostro de Hyde. Él sabía que ese tipo era el hermano de Phi. El parecido era innegable. Pero en su silencio, Free se percató de algo que los demás podrían haber pasado por alto: no había maldad en la mirada de Hyde, aunque uno de sus ojos estuviera oculto tras ese flequillo. Free no detectaba las mismas señales de energía maligna que sintió en Phi y que en Hyde brillaban por su ausencia. Este hombre no era malvado.
- ¿Qué es lo que te ha traído hasta mí? – Preguntó, dejando el otro tema aparcado.
- Yo... enfrenté a mi hermano. Pero Phi me venció. – Apretó las manos. - ¡Destruyó a mi bey, Hades, y se hizo con su poder! – Aquello hizo que algo en la mente de Free encajara.
- Así que tú fuiste el detonante que provocó su despertar como el espíritu de la oscuridad. – Dijo, pero Hyde no entendió esas palabras. - ¿Has sido marcado? – Hyde asintió, sin mucho más que decir.
- Acabo de llegar a España. Supongo que ser el hermano de quien soy me hace resistente. – Comentaba sin ignorar cómo Free se acercaba a él hasta quedarse delante.
- De rodillas. – Exigió.
Hyde puso mala cara, pero no tenía opciones. La oscuridad de Phi debilitaba su cuerpo a cada día que pasaba. La marca ya se había extendido mucho, y Hyde sabía que no podía dejar que continuara creciendo. Su instinto le decía que estaría metido en un gran aprieto si lo permitía. Por eso vino buscando a aquel que poseía la luz, aquel que era capaz de purificar el veneno que le mataba por dentro.
- ¿Vas... a ayudarme? – Preguntó al ver que Free no procedía inmediatamente, pese a haberle hecho caso.
- ¿Por qué enfrentaste a Phi, si es tu hermano? – Fue la respuesta que obtuvo. Pero a Hyde no le extrañó.
- Jeh, supongo que estarás un poco sorprendido... - Bajó la cabeza. – Mi hermano y yo hemos tenido muchas peleas desde que tuvimos a nuestros beys. Nuestro padre nos los envió para que cada uno eligiera el que más le gustara. Pero a Phi no le hizo gracia que yo cogiese el que él quería. – Suspiró. – Desde entonces él ha cambiado mucho. ¡Por eso me enfrenté a él! – Miró a Free. - ¡Quiero a mi hermano de vuelta! ¡A ese hermano bueno que yo tuve!
- Eso jamás pasará. – La dureza con la que Free habló silenció a Hyde, que abrió los ojos. – Un corazón no puede volver a ser el que fue una vez.
Hyde se temió lo peor. ¿Significaba eso que tenía que dar por perdido a Phi? ¿significaba eso que todo lo que él intentara sería en vano? No. En su cabeza no cabía una idea así. Debía de haber algo que pudiera hacer. Lo que fuera. Era el único hermano que tenía, y no iba a permitir que acabara siendo devorado por la oscuridad.
- Yo sé que puedo lograrlo. – Dijo entonces Hyde, con decisión. – Sé que puedo hacer que Phi razone, y abra los ojos para que sé de cuenta de lo que está haciendo.
- Él ya te ha vencido. – Sentenció. – No tienes el poder necesario para lograr nada, y menos en tu condición actual. Eso lo sabes tú mejor que yo, ¿me equivoco?
- Sí, tienes razón. – Hyde bajó la mirada, frustrado. – Ni siquiera tengo a Hades para combatir. Estoy completamente derrotado. Siempre que... que he intentado acercarme a mi hermano... - Sus ojos se llenaron de lágrimas. – He acabado fracasando. ¿Será que Phi tiene razón y soy un ser inferior?
Hyde alzó la cabeza para mirar a Free. El rubio se mantuvo taciturno, contemplando la expresión del hombre que caía a niveles más profundos de su propia desesperación. Pero Free conocía la causa de semejante esfuerzo que sólo traía sufrimiento: era amor. Hyde amaba a su hermano, porque eran familia. Y Free conocía el sentimiento. Era el sentimiento que castigó a su corazón durante su estancia en América cuando fichó por los Raging Bulls en un intento desesperado por obligar a Cristina y al BC Sol en sí mismo a mejorar para no depender de él. Era el mismo sentimiento que arrastró durante años para que Cristina viera las cosas y no se quedara atascada.
- Podemos llegar a un acuerdo, si te parece bien. – Habló entonces Free, haciendo reaccionar a Hyde. – Tú no puedes combatir y mucho menos vencer a Phi. Pero yo sí, y tengo las probabilidades para conseguirlo.
- ¿Qué tienes en mente?
- Yo puedo traer a tu hermano de vuelta, pero a cambio quiero pedirte algo especial. – Hyde abrió los ojos, uno de ellos oculto por su flequillo. Secó sus lágrimas, para escuchar atentamente al rubio. – Existe la posibilidad de que las cosas puedan ponerse realmente feas en mi combate contra tu hermano. Todos podríamos correr peligro.
- ¿Acaso tú...?
- Si a mí me pasara algo, quiero que estés ahí para proteger a Valt. – Se adelantó. – Si me lo prometes, yo a cambio me esforzaré para traer a Phi de la oscuridad.
- ¡E- espera! ¡¿Y que hay de ti?! ¿Por qué proteger a ese mocoso antes que a ti? ¡No tiene sentido! ¡Tú eres la luz! ¡Es obvio que es a ti a quien hay que...!
- Está bien para mí. – Free sonrió, desconcertando por completo a Hyde. – Sólo quiero que protejas a Valt.
- Pero... ¿en qué estás pensando? Es una locura. ¿Sabes lo que le ocurrirá al mundo si tú llegas a morir?
- Sí, supongo que la idea da miedo. Pero no importa. – Free miró el cielo tras levantar su rostro. – De todas maneras... mi tiempo ya se está terminando.
Hyde fue incapaz de saber qué era lo que Free trataba de decir con eso. Desde su punto de vista, no había lógica en esas palabras. ¿Por qué el rubio daba prioridad a un chico como Valt? ¿qué motivo tenía de priorizarle antes que a él? ¿Acaso no quería a nadie para protegerle si Phi le hacía algo? Entonces, abriendo los ojos, una idea fugaz pasó por la mente de Hyde. Y se puso más pálido de lo que ya era.
- ¿Acaso estás buscando la muerte? – Tuvo que preguntar al no poder contener semejante duda en la cabeza. La sonrisa de Free casi pareció confirmárselo.
El joven hombre no pudo comprenderlo. ¿Qué razón había que tener para querer encontrarse con la muerte? ¿Por qué dejar caer al mundo en la oscuridad? Mirase por donde lo mirase, Hyde no encontraba la respuesta. Y Free no se la iba a dar. Ese chico parecía que simplemente se despedía con la mirada. Desde luego, el espíritu de la luz era de lo más singular. ¿A quién se le ocurrían cosas como esas? ¿qué sentido tenía morir? Su muerte sólo iba a provocar que el equilibrio del mundo terminara por romperse, y Phi traería el caos más absoluto. Hyde estaba convencido de ello.
- Muy bien. – Pero no tenía más remedio. – Si eso es lo que quieres, entonces aceptaré. – Dijo Hyde. – Pero que sepas que no estoy de acuerdo con esa locura de plan. No puedes morir. – Vio que Free se acercaba, para tocar su frente con tres de sus dedos y con la otra mano en su hombro izquierdo.
- Te liberaré de tu sufrimiento, Hyde.
El aludido cerró los ojos, para que la luz dorada que pronto lo rodeó no le dejara ciego. Sintió la fuerza de ese poder en su interior, que parecía aliviar la enorme carga de su cuerpo. La presión desapareció, y él se sintió mucho mejor. El resplandor dorado llegó hasta el cielo, pero fue algo muy breve. Fue como un potente rayo que sacudió hasta la tierra misma. Después de eso, Hyde vio los ojos de Free completamente iluminados antes de volver a la normalidad. El chico se dejó caer de culos al suelo, aparentemente agotado. Parecía que no dominaba esa técnica todavía.
- Entonces es verdad. – Hyde miraba sus manos, antes de estirar la camisa para mirar su pecho y ver que ya no había rastro de aquella marca oscura. – El espíritu de la luz puede purificar la oscuridad...
- Ahora deberías irte. – Sugería Free. – Si te ven, sabrán quién eres.
- Pero, ¿y lo que hemos acordado?
- Mi combate con Phi está a la vuelta de la esquina. Con que vayas hasta El Astro, servirá.
Hyde asintió, antes de ponerse de pie. Free optó por tumbarse en el suelo.
- Te estoy muy agradecido, Free De La Hoya. – Dijo. – Ten por seguro que cumpliré con mi palabra. Pero, ¿qué pasará si tú no cumples con la tuya?
- Si te ayuda, dejaré que me mates.
El otro se quedó callado. Aunque en parte estaba tranquilo, por la otra no. ¿Por qué el espíritu de la luz hablaba de la muerte de esa manera tan simple? ¿acaso no le daba miedo morir? ¿no le asustaba encontrar su fin?
- ¿Por qué? – Preguntó. - ¿Por qué eres así? ¿No te importa el destino de este mundo? – Puso las manos de lado a lado, por debajo de su cadera. Eran gestos que expresaban su deseo de encontrar las respuestas a las preguntas que hacía en estos instantes. Free podía mirarle, cuando se reincorporó para ponerse de pie y volver al estadio, dándole la espalda. - ¡¿Es que no te preocupa lo que les pueda pasar a tus amigos?! ¡Si yo defiendo a Valt, no servirá de nada si tú mueres en el proceso!
- Sí, tienes razón. – Contestó, todavía de espaldas. Pero se giró, para observarle con una sonrisa. – Pero la muerte es un nuevo nacimiento. Tú sólo proteje a Valt.
Y sin querer darle más tiempo, Hyde vio cómo Free se iba de allí. Le perdió de vista en cuestión de cinco minutos. El viento cesó de soplar, y el bosque se quedó en un silencio sepulcral.
Chapter 50: ¡La Hora De La Verdad! ¡Dread Phoenix vs Geist Fafnir!
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- ¡Hola, hola, bladers! – Saludaba el comentarista, alargando la R. - ¡Ha llegado un día muy esperado para vosotros, y para el mundo del beyblade! Justo cuando menos lo creíamos, nuestra esperanza aparece con este inesperado desafío. ¡¿Queréis ver de qué se trata?! ¡Pues aquí lo tenéis! – Alzó la mano, mientras aparecían las imágenes de Phi y Free. - ¡UUUUUUH! ¡Esto se va a poner al rojo vivo con un encuentro como este, aquí, en El Astro!
El público estaba ansioso, y los ánimos para De La Hoya se escuchaban con gran facilidad. Todo el equipo del BC Sol estaba en las gradas, incluyendo a Cristina que sostenía a ese viejo bey que ella guardó durante casi diez años, y que reparó gracias a Raúl, quien yacía sentado a su lado. La dueña del bey club lucía preocupada, quizá más que nunca.
- Tiene pinta de que esto va a ser muy interesante. – Habló Silas, detrás de Cristina. Al lado de ella estaban Sasha, su hermana pequeña Honey, y siguiendo a Rantaro.
- Estoy de acuerdo contigo, chico. – Saltó Raúl. – No esperaba que Free fuera a aceptar un combate contra Phi.
- ¿Créeis que podrá vencerle? – Preguntaba Sasha, con cierta seriedad. – Phi ha destruido a muchos beys, y ha hecho muchísimo daño a muchas personas...
- Ni siquiera Lui se salvó. – Rantaro se había cruzado de brazos. – Y mira que es casi tan fuerte como Free.
- Free lo conseguirá. – Cristina sujetó la bolsita que colgaba de su cuello. – Yo sé que él puede. – Cerró sus ojos. – Tengo fe en que lo logrará.
Ninguno pudo discutir algo como eso, aunque todos tuvieran dudas. Ni siquiera Raúl se convenció de ello. No es que no creyeran en Free. Ellos conocían de antemano las habilidades que poseía el rubio como blader. Pero tampoco podían hacer como si Phi no fuera alguien peligroso. Porque lo era. Aquí todos temían por la seguridad de Free, porque era el primero que se estaba arriesgando a un precio muy alto. Y el rubio era quien mejor lo sabía. Ahora todo dependía de él. El beyblade dependía de él. Ni Cristina, ni Silas, ni absolutamente nadie quería imaginar lo que podría pasar si De La Hoya acababa derrotado...
- Eh, chicos. – Intervino Kuza. - ¿Dónde está Valt?
- ¿Qué demonios? – Silas miró de un lado a otro. - ¡Pero si hace un momento estaba aquí!
- Habrá ido a buscar a Free. – Dijo Rantaro. – Desde que volvimos de Japón, no ha hecho otra cosa más que estar a su lado.
El equipo intercambió miradas. Cristina suspiró de forma pesada, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. Eran los nervios. Desde que Free había dejado de hablarle, y de tan siquiera acercarse, no había momento en el que Cristina no se sintiera culpable. Una parte de ella creía que todo esto era por su culpa, que Free se había forzado a sí mismo a aceptar las cosas, y terminar por enfrentar un peligro del que no quiso saber nada cuando todo comenzó a suceder en Japón. Ni siquiera cayó en la trampa de Phi cuando Lui fue derrotado. Pero Cristina ya se imaginaba cómo le habría afectado eso a Free. El vínculo entre esos dos dragones era algo que no se podía ignorar. Era un lazo verdaderamente fuerte.
Por los pasillos de El Astro, Valt buscaba a Free. No hacía más que correr de un lado para otro. No podía contenerse sentado en las gradas con los demás cuando su preocupación era tan inmensa. Ya había visto lo que Phi era capaz de hacer. Shu, Wakiya, Daigo, y hasta el propio Lui, eran la prueba de ello. Y fue Lui quien terminó en una condición más que delicada. Menos mal que Fayna estuvo ahí para protegerle... de lo contrario, puede que no hubiera logrado salvarse. Por eso buscaba a Free. Pero no le encontraba. Incluso desde su posición, Valt podía escuchar al público y al comentarista. Quería llorar, porque estaba angustiado, pero se contenía. No deseaba que Free le viera otra vez así.
- ¡Free! – Afortunadamente logró localizarle, yendo por uno de los pasillos que llevaba al estadio de beyblade. El chico se detuvo, para mirarle de reojo. – Menos mal... - Valt se detuvo, respirando agitado. – Creí que no podría verte...
- ¿Quieres algo de mí? – Preguntó, con cierta frialdad. Valt necesitó unos momentos para recuperar el aire, momentos que Free le concedió pacientemente.
- No te enfrentes a Phi. – Pidió directamente. Free se giró, para verle. – Es demasiado peligroso. Por favor, no lo hagas.
- Es un poco tarde, ¿no te parece?
- ¡No, no me lo parece! – Apretó las manos cuando le miró. - ¡¿Sabes lo que podría pasarte al menos?! ¡Yo lo he visto! ¡Y he visto cómo terminó Lui! ¡¿Qué ocurrirá si tú...?!
- Valt. – Le interrumpió, poniendo una mano en el hombro del chico. – Este es el destino que yo he elegido. No hay vuelta atrás.
- Pero Free...
El aludido le regaló una dulce y gentil sonrisa antes de apartarse. Valt intentó acercarse de nuevo, pero Free pulsó un botón que había en la pared metálica. Una barrera transparente impidió que Valt pudiera aproximarse más. Dio golpes en el cristal, que no cedió. El pelinegro llamaba al rubio, sin poder aguantarse las lágrimas. Era cosa del miedo. Miedo por lo que pudiera ocurrirle a Free sin que nada ni nadie pudiera evitarlo. Fayna no estaba aquí, tampoco Lui ni ningún otro blader capaz de frenar a Phi. No había nadie que pudiera proteger al Dragón Dorado en caso de que pudiera pasarle algo. Y lo peor de todo esto es que Free ya estaba al tanto de ese detalle. Pero al contrario que Valt, él no mostraba ningún signo de temor. Su rostro lucía hasta radiante, como si su dueño estuviera contento.
Valt sólo sentía que Free se volvía inalcanzable para él. Es como si fuera una despedida.
- ¡Free no vayas! ¡Por favor, no vayas! – Sólo le quedaba suplicarle, incapaz de hacer nada más. Esa barrera bloqueaba su avance, y el rubio ya se había alejado cuatro pasos hasta mirarle para volver a acercarse. – No quiero que te pase nada. – Decía. Esa barrera no era lo suficientemente gruesa como para impedir la comunicación.
En respuesta, Free puso su mano derecha justo donde Valt tenía la suya, pegando su frente al cristal como si con eso quisiera tocar la del pelinegro. Estaban tan cerca, pero tan lejos al mismo tiempo...
- Cuídate mucho.
Fueron las últimas palabras que Valt escuchó de Free, viendo cómo se iba. Y esta vez, sus palabras no llegaron al rubio que desapareció del pasillo por la puerta que se abrió y se cerró después. Valt tardó en reaccionar antes de secar sus lágrimas para volver corriendo a las gradas, tratando de no perderse.
- Aunque el título de campeón del beyblade todavía está pendiente, este blader siempre nos demuestra quién es el que manda. ¡Desde la esquina roja, inigualable e imbatible como ninguno...! ¡El Dragón Dorado, Free De La Hoya!
El público aclamaba al rubio, y es que se notaba que era un blader que se había ganado tanto el cariño como el respeto de la mayoría. Su talento era reconocido y admirado por una innumerable cantidad de personas, y a su vez, temido por otros competidores. Free permaneció serio, manteniendo la calma y con su objetivo todavía a la vista. Pronto, vio a su rival aparecer.
- Desde la esquina azul, viene a nosotros aquel que se llama a sí mismo como el Señor de la Destrucción, ¡Phi! – Decía el comentarista, motivando al público.
Pronto, el dueño de Dread Phoenix esbozó una pequeña sonrisa al ver que Free por fin le plantaba cara de una manera oficial, en vez de un enfrentamiento amistoso. Para él, esto iba a ser divertido. Es como si pudiera palpar la victoria con sus manos. Desde luego, esto iba a ser un gran espectáculo.
- Qué valiente de tu parte venir a dar la cara. – Habló Phi. - ¿Estás buscando venganza por lo que le hice a Lui Shirosagi?
- Bueno, ¿quién sabe? – Inclinó la cabeza. - ¿No te apetece averiguarlo?
- Vaya, qué interesante. Y yo que creía que vendrías aquí con esas caras aterradoras que pones como el dragón que eres. Me extraña que estés tan tranquilo.
- No me sirve de nada perder el norte con los de tu especie. – Escupió con cierto tono agresivo. – Pero hasta aquí has llegado, Phi. – Free puso su lanzador por delante de él. – Volverás al sendero que te corresponde.
- Hm... juraría que ya he escuchado eso antes. ¿Dónde fue? ¡Ah sí! – Se rio. – De tu más fiel guardián, el fuego. Qué lástima que no esté aquí, ¿verdad? Si te llega a pasar algo... bueno... no tendrías a nadie para salvarte.
- El fuego ha hecho bien quedándose justo donde está. Ya estoy yo para destrozarte si hace falta.
- ¿Significa eso que por fin me enseñarás esa ira tan famosa que posees? Tengo muchas ganas de verla.
- Se acabó la cháchara. Empecemos con esto.
Phi no había ignorado esa reacción. Pudo distinguir el miedo en los ojos de Free durante esos segundos tan breves y efímeros. Tiempo más que suficiente para darse cuenta de que el Dragón Dorado tenía unos problemas emocionales más que importantes... y que sin duda, Phi iba a aprovechar. Toda esa carga emocional que aguantaba el Dragón Dorado le iba a pasar factura. Mientras hacían la cuenta atrás, Phi se emocionaba ante la idea de destruir al ahora conocido como Geist Fafnir. El público se quedó en silencio, casi aguantando la tensión.
En el lanzamiento, Dread Phoenix salió disparado, al contrario que Geist Fafnir, que, como era una costumbre, parecía como si fuera a detenerse en cualquier momento. Eran detalles que el comentarista decía para el público. Kit y Valt apretaban las manos desde sus asientos. Y Cristina les acompañaba. Ella tenía una mala sensación de todo esto. Este era un partido que se estaba viendo desde todo el mundo, y todos esperaban el mismo resultado: la victoria de Free. Sólo eso podría mantener a raya a Phi.
Dread Phoenix consiguió una gran velocidad, antes de empezar a colisionar contra Geist Fafnir que se mantuvo en el centro, absorbiendo la energía de su contrincante. Free se mantuvo tranquilo, sabiendo lo que tenía que hacer mientras contemplaba como Dread Phoenix insistía una y otra vez para apartar a Geist Fafnir del centro. Free vio cómo una de las bocas de los dragones de Fafnir se cerraba, así que sonrió.
- Allá va. – Dijo. - ¡Ahora, Fafnir! ¡Geist Spin!
Un tornado de energía rodeó a Fafnir, que se lanzó contra Dread Phoenix al que alcanzó, evitando que se escapara de su contacto. El comentarista dio buena cuenta de cómo las defensas del bey de Phi saltaron ante la fuerza de Fafnir para salir volando por los aires mientras ambos beys se alejaban antes de volver a acercarse para chocar de nuevo. Las defensas de Dread Phoenix se rodearon de energía oscura, y colisionó contra Geist Fafnir al mismo tiempo que el propio bey de Phi.
- ¡Aplástalo! – Habló Phi.
Fue tal la energía que estuvo presente, que la presión hizo ceder a Fafnir, activando su mecanismo especial que le dio una velocidad endiablada. Free lo nutrió con su energía, para darle una fuerza todavía mayor.
- ¡Ahora, Fafnir! ¡Absorb Break!
Fafnir recorrió el estadio, dejando una estela de luz detrás de él antes de impactar contra Dread Phoenix y hacerlo volar literalmente por los aires, sacándolo del estadio y caer al suelo. Phi no puso una buena cara. Free se la acababa de jugar. Menudo tipo listo.
- Geist Fafnir vence por un final fuera de pista. ¡Un punto para él! – Anunció el árbritro.
El público lo celebró. Valt y Kit se motivaron por el momento, viendo cómo la estrategia del rubio había tenido un buen resultado. Y mientras Kit se aseguraba de haber entendido lo que había ocurrido, así como Valt, Raúl y Cristina permanecieron con caras serias. Esto no había terminado, y todos lo sabían.
- Me temo que aún es pronto para relajarse. – Habló Raúl, llamando la atención de los bladers. – Tengo la sensación de que Phi está tramando algo. – Dijo. – Y Dread Phoenix todavía no ha mostrado lo que puede hacer. – Miró a los chicos.
- Eh, pero Raúl. – Sonrió Valt, al ver cómo Free le daba la espalda a su contrincante para poner ambas manos de lado a lado por debajo de la cadera, concentrándose. – Yo no creo que Free haya bajado la guardia. Él sabe que ahora viene lo bueno.
- Sí, puede que tengas razón chaval. ¡Ja, ja, ja!
Free se giró para mirar a Phi con una sonrisa mientras el cuerpo del rubio comenzaba a entrar en tensión. Sus ojos oscuros se habían vuelto dorados. Phi vio ese cambio así como esa nueva actitud y sonrió de forma retorcida en respuesta. El comentarista parecía el más sorprendido, al ver que la intensidad entre esos dos bladers no hacía más que aumentar. Casi todos eran ajenos a lo que estaba ocurriendo en realidad... y a lo que ocurriría muy pronto.
- Es tu última oportunidad para despedirte de Fafnir.
- No hará falta. – Preparó a su compañero en el lanzador. – Fafnir no se irá a ningún lado.
- Heh, así que... ¿vas a divertirme un poco más?
- No voy a dejarte ir de rositas después de todo lo que has hecho en Japón. – Contestó. – Voy a destrozarte con mis fauces. – Y se puso serio, mostrando esa furia en la mirada. – Te haré pagar por lo que le has hecho a Lui, ¡¡Porque no pienso perdonártelo nunca!! ¡Tú y tu beyblade vais acabar destruidos! – Se rodeó de su energía. Raúl y Valt no pusieron buena cara, así como Cristina. - ¡Os borraré de la faz de la Tierra aunque eso me cueste la vida!
- Ha, ha, ha. Muy bien. Veamos pues si eres capaz de conseguirlo. Quién sabe, puede que el único que acabe muerto seas tú y no yo. – Phi se divertía con todo esto.
- ¿Listos bladers? – Intervino el árbritro. Ambos se prepararon.
- ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! ¡Lanzamiento!
Chapter 51: ¡Determinación En Estado Puro! ¡Aquel Que No Se Rinde!
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El público estaba en completo silencio, y horrorizado. Durante la segunda ronda, era tal la fuerza que usaron los bladers contra el otro que Phi no tuvo contemplaciones contra Free. El chico tenía la camisa rota, que terminó cayendo al suelo y dejar su pecho al descubierto, con una marca oscura en el pecho. Su guante volvía a estar manchado de sangre después de las veces que se mordió, a causa de la ansiedad. A pesar de eso, y de las heridas que tenía, Free no abandonó su sonrisa. El árbritro ya le sugirió abandonar el encuentro pero el rubio no le escuchó. Ninguno había obtenido puntos, siendo la segunda ronda un empate, de modo que los bladers volvieron a posicionarse.
- Estás acabado. – Sonreía Phi, completamente confiado.
- ¿No me digas? – Respondió Free con sarcasmo.
La cuenta atrás tuvo lugar antes de los lanzamientos. Phoenix y Fafnir salieron disparados hacia el estadio, este último de forma más grácil que el otro. Phoenix se dirigió hacia los raíles para coger velocidad y asestar un gran número de golpes contra Fafnir que se hizo con el centro. Gracias a eso, otro de los dragones de Fafnir cerró su boca y Free enseguida actuó:
- ¡Fafnir, Geist Spin!
- Ese truco no te funcionará dos veces. – Anunció Phi.
El hombre se rodeó de su energía oscura, nutriendo a Phoenix que colisionó contra Fafnir. Los dos salieron volando, chocando contra el muro del estadio, el comentarista ya puso de aviso que por poco no terminaban fuera. Valt y Kit apretaron las manos, y contuvieron la respiración antes de dejarla ir. Menudo susto. Cristina todavía sujetaba la bolsa que colgaba de su cuello, rezando para sus adentros y más ahora que Free empezaba a acumular heridas. Esos ojos continuaban siendo dorados, y no tenía pinta de que su dueño dejara de usar su poder, consciente de que si lo hacía, podría ser su perdición.
Los dos bey continuaron en el estadio, y Fafnir consiguió quitarle las defensas a Phoenix una vez más, y las cuales terminaron en el suelo del propio estadio. Phi sonrió, desplazando las defensas de Phoenix que Fafnir evadió en ese mismo momento, haciendo que el otro blader pusiera mala cara.
- Muy astuto de tu parte. – Dijo Free. – Pero ya conozco ese juego tuyo, y no volverá a surtir efecto.
- ¿De veras estás tan seguro de ello?
- Ahora mismo pienso demostrártelo. – Puso la mano por delante. - ¡¡Fafnir!! – Y concentró su energía. - ¡Acabemos con esto!
- No, me temo que no. – Se rio Phi. – No te lo permitiré.
Fafnir se convirtió en una estrella fugaz pasando por todo el estadio a una velocidad endiablada gracias a la energía de Free. Para evitarse sustos, Phi usó su oscuridad para reforzar a Phoenix que se mantenía en el centro antes de que Fafnir colisionara contra el bey, provocando un tremendo choque entre luz y oscuridad.
- ¡Ahora! ¡Fafnir! ¡Geist Claw!
Phoenix salió volando por los aires, pero para sorpresa de Free, aguantó el ataque antes de volver al estadio a gran velocidad. Con Fafnir moviéndose, Phi no le dio tiempo a Free de reaccionar que ya había desplazado las defensas que Phoenix perdió antes, y contra las que Fafnir se chocó y salió de la pista bajo la atónita mirada de Free, quien en cuanto recogió al bey del suelo, se vio obligado a poner sus brazos por delante cuando Phi le atacó directamente con su poder oscuro. La presión a la que se vio sometido fue provocándole múltiples heridas en el cuerpo, haciéndole sentir dolor. La fuerza de Phi le hizo retroceder en contra de su voluntad, alejándolo del estadio hasta tirarle al suelo.
Valt se puso de pie al mismo tiempo que Cristina, en cuanto fueron testigos de eso. No podían ver a Free, porque éste estaba rodeado de la oscuridad de Phi sin que el árbritro pudiera hacer nada. Sin embargo, no hizo falta. Free concentró su energía, para deshacerse del poder de Phi. Fue como una esfera dorada que lo liberó de esa ofensiva antes de desvanecerse. El rubio respiraba agitado, y la sangre manchaba la parte superior de su cuerpo, y el lado derecho de su rostro, por debajo del ojo. Phi se rio.
- ¡DEJA DE JUGAR SUCIO, PHI! – Gritó Valt desde las gradas. Pero eso sólo intensificó la carcajada del aludido. - ¡ESO NO ES LEGAL!
Pero Phi le miró y Valt abrió los ojos cuando vio que el dueño del cabello largo y blanco ponía la mano por delante, concentrando su poder oscuro con toda la intención de atacarle. Pero para sorpresa de todos, y antes de que Phi pudiera lanzar su ataque, Free se puso por delante para recibirlo. La gente de entre las gradas no paraba de horrorizarse y muchos pedían que se parara el combate. El árbritro comenzaba a ponerse serio, avisando de anular el encuentro si esto seguía así pero se calló automáticamente cuando los dos bladers le asesinaron con la mirada, antes de intercambiarla entre ellos.
- Yo soy tu oponente. – Le dijo Free. – No seas cobarde atacando a los que no se pueden defender.
- Eres muy valiente, ¿sabías? – Phi sonreía con maldad. – No esperaba que fueras a estar dispuesto a salir más herido de lo que estás ya sólo para proteger a esos humanos de pacotilla.
- Tú también eres humano, acéptalo. – Sentenció.
- Bueno... he, he. – Cerró los ojos. – Te dejaré decir lo que se te antoje ahora que puedes... porque muy pronto no podrás ni moverte. ¿Qué tal si seguimos con esto, Free De La Hoya? O... ¿debería llamarte Dovahkiin?
Free arqueó una ceja, mientras volvía a su posición, delante de Phi. No respondió a sus preguntas, aunque no comprendió la última que le acababa de hacer. El árbritro no pareció querer continuar pero una parte de él se sintió en peligro, de modo que se vio forzado a dejarles seguir.
«Fafnir... voy a entregarme al máximo.», pensó el rubio, antes de posicionarse.
El Astro respondió ante la voluntad del dueño de Geist Fafnir. Las luces se apagaron repentinamente, haciendo que todo el mundo entrara en confusión. Entonces se escuchó el grito Free ante su concentración mientras su energía dorada le iba rodeando cada vez con una mayor fuerza. Phi abrió la mirada, igual que Cristina y Valt. Las venas se marcaron en el cuerpo de Free, cuyos ojos se iluminaron por completo antes de que su propia luz dorada se expandiera por el interior del edificio. Esa energía se desplazó hasta la espalda del chico para tomar la forma de las alas de un enorme dragón.
- Oh no. – Dijo Raúl.
- Esto es muy grave. – Habló Cristina, que se había puesto pálida.
- ¡¿Pero qué está haciendo?! – Preguntó Valt. - ¡Nunca le había visto sobrepasar sus límites de esa manera!
- Está yendo más allá de esos límites. – Dijo la dueña del BC Sol. - ¿Eh? – Que se fijó cómo el bey del interior de la bolsita que colgaba de su cuello empezaba a brillar.
- ¿Qué pasa? ¿qué es eso? – Se asomaba Silas mientras Cristina sacaba al bey.
- ¿Tienes un bey? – Valt se sorprendió, mientras la joven asentía con la cabeza. – Pero nunca lo había visto.
- Costó casi diez años de espera para que pudiera ser reparado. – Contó Cristina. – Fue el bey que Free y yo creamos juntos. Debe de ser el espíritu que está dentro. – Miró al rubio desde la distancia. – Está reaccionando ante su energía.
El Astro se estremeció, como si fuera un terremoto sutil. Nadie ignoró la presencia del rugido de un dragón que aparentemente no estaba. Phi se puso serio, al ver que su enemigo, el espíritu de la luz, había optado por medidas drásticas. Eso le obligó a hacer lo mismo, y la esclerótica de sus ojos se volvió negra.
- ¡No dejaré que acabes conmigo! ¡No de nuevo! ¡Este es el fin de tu era, Dovahkiin!
El rubio pareció mirarlo, antes de que los dos chocaran sus energías al mismo tiempo. Por poco causaban una tremenda explosión que sacudió al edificio entero. Las personas fueron protegidas por la energía dorada que se extendió previamente, actuando como un escudo. Sin embargo, la energía oscura que rebotaba le provocaba un daño enorme al propio Free, quien pronto escupió sangre hasta un par de veces. Pero sus ojos no dejaron de brillar en ningún momento. El árbritro cayó al suelo, asustado. ¿Quiénes eran estos dos? ¡Eran unos monstruos!
Phi contempló cómo sus pies se iban alejando del estadio ante la tremenda fuerza que se oponía a la suya con una determinación nunca antes vista. Pero él sabía que, en su condición actual, Free no podría vencerle. Y esbozando una sonrisa triunfal, vio cómo una ráfaga de energía oscura, que estuvo rebotando entre la barrera de luz dorada, acabó atravesando el cuerpo del joven, que tras dejar salir la sangre a borbotones de su boca, su cuerpo se inclinó hacia atrás para dejarse caer. Sin embargo, Free se negó y con dificultades, evitó caerse al suelo tras ejercer fuerza con sus piernas.
- Vaya, eso sí que es obstinación. – Dijo Phi, viendo cómo el chico respiraba agitado. - ¿No piensas rendirte? – Preguntó con una descara expresión en el rostro. - ¿Eh? ¡AAAH!
Había visto cómo Free le miraba, antes de mover las manos para lanzarle una ráfaga de su energía para tirarle al suelo y hacerle sangrar. El árbritro no se atrevió a moverse. Phi observó de nuevo al rubio, antes de ponerse en pie. Esas alas se movían solas, o esa es la impresión que daba. La energía dorada continuaba saliendo del cuerpo del chico, que no apartaba su vista de él.
- Ya veo. Con que eso es lo que está pasando. – Dijo tras evadir varios ataques más de Free. - ¡Todavía no eres capaz de dominar tu poder!
Y rompió la defensa del muchacho al que hizo volar por los aires y cayó en el estrecho puente metálico que conectaba la puerta de entrada con el estadio, ya que lo que quedaba en los laterales no era más que un enorme vacío. Free tuvo suerte de no precipitarse contra las alturas. Phi se rio, aunque no por mucho tiempo cuando su contrincante se puso de pie. Aunque estuviera en lo cierto y el Dragón Dorado no pudiera controlar su poder, no podía negar que continuaba siendo una amenaza para él. Por eso, Phi utilizó su oscuridad para que ésta rebotara contra la barrera de luz que yacía por delante del público, y al mismo tiempo, se dedicaba a atacar al chico que terminó tirado en el suelo después de que el poder de Phi pasara a través de su garganta.
Valt no aguantó más y salió corriendo. No podía quedarse ahí, viendo lo que estaba ocurriendo. Cristina intentó ir detrás, pero Silas no la dejó. Era más seguro que ella permaneciera aquí, detrás de la barrera que, irónicamente, todavía seguía ahí por mucho que Phi trata de destruirla. Free volvió a levantarse, pasándose la mano por el dorso donde caían gotas de sangre. Su aspecto era terrible. Muchas personas salieron corriendo de allí, aterrorizadas.
- ¡¿Hasta cuándo vas a seguir levantándote, Dovahkiin?! – La paciencia de Phi empezaba a terminarse. - ¡¿Tanto quieres la muerte?! – Free le miró, pero parecía que no era capaz de razonar. - ¡Muy bien, entonces...!
Pero no tuvo tiempo. Free puso la mano de por medio, creando un círculo de energía alrededor de Phi que pareció someterlo a una enorme gravedad que lo empujaba hacia el suelo. El rubio fue retrocediendo poco a poco, ignorando la sonrisa de su enemigo.
- Con que... intentas escapar... - Murmuró Phi. – He... he, he. Muy... ¡TARDE!
Desde las gradas, el BC Sol contempló cómo algo subía por las paredes desde aquel vacío oscuro. A Cristina le parecieron tentáculos de agua, y no se equivocó. Una persona, con alguna clase de poder, utilizaba el elemento del agua para acercarse a una buena velocidad hasta aparecer por la retaguardia de Free que se giró en esos instantes, pero sin tener tiempo a hacer nada. Fue atacado con suma rapidez por unos afilados trozos de hielo que pasaron a través de su cuerpo justo cuando Valt abrió las puertas y se quedó en shock por ver aquello.
- ¡¡¡FREEEEEEEE!!!
Chapter 52: Crisfree Onírica
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Tan pronto como pudo, corrió para sostener a Free antes de que éste cayera al suelo, todavía con esos trozos de hielos en el cuerpo. El miedo que empezó a sentir fue intenso, sobre todo teniendo a Phi y a esa chica capaz de usar el agua como si fuera algún tipo de magia, ahí, observándole. Valt sabía que esos dos no dudarían en convertirle en su próxima víctima. El Astro había perdido su luz, una vez que la de Free se desvaneció. Valt todavía le escuchaba respirar, aunque con dificultades. Estrechó al rubio contra su cuerpo, sin importar cuánto pudiera mancharse por esa sangre. Era más su sentido de la protección hacia De La Hoya que cualquier otra cosa.
- Ha, ha, ha. Así que por fin te atreves a presentarte. – La voz de Phi estaba distorsionada. Es como si hubieran más voces hablando a la vez, diciendo lo mismo. – Tú debes de ser la otra fuerza secundaria de nuestro equilibrio, ¿no es así?
- ¿Y a ti qué te importa eso? – Escupió de malas maneras. - ¡No voy a dejar que le hagáis más daño a Free! ¡¿Me habéis escuchado?!
- ¡HA, HA, HA! ¡¿Y se puede saber qué harás para evitarlo?! ¡Asúmelo, Valt Aoi! – Señaló al chico. - ¡Dovahkiin ya está muerto! ¡Y tú irás detrás de él!
La chica que controlaba el agua se puso al lado del hombre. Valt pudo contemplar esa expresión deprimida en la muchacha, y tuvo la sensación de que era alguien a quien Phi sólo manipulaba... para no variar. Sin embargo, ahora la prioridad era Free. Había que ponerle a salvo. Pero en un sitio cerrado como El Astro, parecía más que una misión imposible. Todos vieron que esa chica era capaz de usar los muros a su favor, subir o bajar, eso daba igual. Antes de que pudiera echar a correr, ella le alcanzaría para darle muerte a Free.
- Si tengo que patearte el culo lo haré, ¡Eso tenlo por seguro!
- Vaya pero qué chico más valiente. Pero... es un poco tarde, ¿no crees? – Valt puso mala cara. Fueron las mismas palabras que Free le soltó cuando intentó convencerlo de no enfrentar al tipo que tenía delante, y ahora con el rubio entre sus brazos, incapaz de defenderse. – Hagas lo que hagas, Dovahkiin morirá.
- ¡Deja de llamarle así! ¡Él se llama Free! – Alzó la voz, causando la risa de Phi.
- Acabaré con vosotros aquí mismo.
Valt abrió los ojos cuando Phi se dispuso a concentrar su energía. Sin embargo, en lugar de recibirla él, apareció alguien que desvió ese poder. Todos los presentes no pudieron dar crédito al ver quién acababa de aparecer. Ni más ni menos que el Príncipe de la Oscuridad, que se interpuso por delante para defender al chico que sostenía a Free.
- Tú otra vez... - Phi lució molesto. – Pensé que te había dejado hecho polvo en Japón.
- Sí, yo otra vez. Supongo que te alegras mucho de verme, ¿verdad? - Contestó con sarcasmo, pese a no lucir precisamente contento.
- ¡Hyde! – Valt no entendía nada. - ¡¿Pero qué haces tú aquí?!
- ¡¿No es obvio, mocoso?! ¡Coge a Free y largaos!
- ¡¿Pero y...?!
- ¡QUE OS LARGUÉIS! – Gritó.
Valt miró a Hyde antes de asentir. Tuvo que esforzarse para poder cargar con Free y marcharse de allí tan deprisa como pudo. Phi apretó las manos, enfadándose como nunca. Como de costumbre, Hyde siempre se interponía en sus planes. ¡Pero lo peor es que ahora era el obstáculo que le impedía matar al espíritu de la luz! ¡A Dovahkiin!
- ¡No lo permitiré!
Phi creó una potente ráfaga de energía oscura, que obligó a Hyde a mantenerse en su posición. La chica del agua pasaba por debajo del pequeño puente que conectaba la puerta de salida con el estadio, para alcanzar a Valt. A Cristina casi le daba algo cuando vio que el pelinegro estuvo a punto de ser herido por aquella muchacha. Sin embargo, Valt perdió el equilibrio y se precipitó contra las alturas, siendo perseguido por esa joven.
- ¡¡VAAAALT!! – Fue el grito de Cristina.
El bey que ella tenía en sus manos se iluminó por completo y de él surgió un hada con escamas de dragón en las piernas que se formaron una vez se dirigió hacia Valt, superando con creces la velocidad de la muchacha que controlaba el agua y a la cual derribó sin misericordia. Valt abrió los ojos cuando notó que dejaba de caer aunque no de moverse. Se encontró entre los brazos de una criatura de la que emanaba bondad. La maldad brillaba por su ausencia en el rostro de esa hada que pronto evadió con una gran facilidad a la joven que la alcanzó. Volvió a dejarla atrás en cero coma, volando hacia arriba y hacerle un tremendo placaje a Phi que no se esperó aquello. Hyde fue libre de aguantar la energía de su hermano.
- ¿Quién... eres tú? – Valt miraba a la criatura alada, que no le soltó.
- ¡Cuidado! – Avisó Cristina.
El hada se movió justo a tiempo, evitando el hielo que le fue lanzado. Aquella muchacha trataba de alcanzarla, así que el hada usó su velocidad para utilizar su extenso cabello como una sólida cadena que la inmovilizó por completo. No gritó cuando el agua logró cortarla, y la chica se alejó al tiempo que Phi reaparecía. Hyde había aprovechado para abrir las puertas, e indicarle a la criatura que pasara por ellas. Y así lo hizo. No lo dudó ni dos veces. Phi y la joven que iba con él se lanzaron de cabeza en una persecución. Ella se tiró contra las alturas, Phi intentó ir por el pasillo pero Hyde cerró la salida en sus narices, provocando que Phi se chocara de lleno.
- Lo siento hermanito. – Dijo Hyde, al otro lado. – Hoy no tenemos puertas de madera como menú principal, ¡Vuelve otro día!
- ¡MALDITO DESGRACIADO!
Hyde se fue corriendo, al mismo tiempo que el resto del BC Sol. La única que parecía conocer a esa criatura era Cristina, pero ahora no podía dar explicaciones. Llamó a la policía, para al menos tener algo más de ayuda. Raúl no pudo seguirles el ritmo, así que se lo tomó con más calma, aprovechando que no era uno de los objetivos de Phi, aunque no estaba de más ser prudente.
Valt veía que esa chica era rápida usando el agua. Desde luego tenía habilidades para saber cómo utilizarla según cada situación. Pero el hada que todavía los llevaba a Free y a él en brazos era aun más rápida. Parecía provocar vendavales potentes a su paso. Aunque moverse por un espacio cerrado como El Astro le resultaba complicado, y Valt se dio cuenta. La chica pronto los alcanzó, apareciendo delante de ellos. El hada retrocedía, dejando que la otra destruyera lo que tuviera a su alcance. Parecía que la criatura tenía algo en mente porque empezó a volver por donde había venido, evadiendo los ataques.
Pero se toparon con Phi, que se sujetó al hada en cuanto ésta trató de pasar por su lado.
- ¡Ya os tengo! ¡Ha, ha, ha!
- ¡¿Ah sí?! ¡No por mucho tiempo! – Dijo Valt, comenzando a pisotear la cabeza del hombre literalmente con el pie. - ¡Quita! ¡De! ¡En! ¡Medio! – Decía por cada patada.
- ¡¡Os mataré a los dos, puedes estar seguro de ello!! – Rápidamente se rodeó de su energía oscura. - ¡¡Dovahkiin morirá por mi mano!! – El hada miró a Phi. - ¡Y tú no podrás...! ¡WAAAAAAAAAH!
Phi no pudo agarrarse más al hada, que usó la fuerza centrífuga y la gravedad a su favor para obligar al cuerpo del dueño de Dread Phoenix a soltarse de ella. No le importó el destino de Phi. Y desde luego, Valt no quería tener una caída como esa, a tantos metros de altura. Era una muerte segura si Phi no lograba hacer nada para evitarlo. Contempló a la criatura, que voló hacia el techo de El Astro una vez volvió a la zona del estadio, que quedó muy dañada tras el combate de Phi y Free.
- ¡AAH! ¡Espera, espera! ¡Nos vamos a chocar! ¡AAAAAAH!
Pero nada más lejos de la realidad. Valt escuchó una especie de grito antes de que el techo fuera destruido, y el hada pasara a través del agujero abierto, encontrándose con el cielo y el exterior del edificio. La chica del agua justo apareció en ese momento, pero ya no pudo alcanzarla cuando el hada pudo incrementar su velocidad sin temerse más rincones y callejones estrechos por los que apenas pasar. Valt vio cómo Free tosía sangre, y ponía mala cara. No sólo las heridas tenían mal aspecto, sino también el cuello del blader que cambiaba un color morado. Debía ser cosa de lo que Phi le hubiese hecho.
- ¡Aquí, aquí!
El hada fue capaz de oír la voz de Cristina y bajó en picado hacia ella, sujetando con seguridad a Valt y a Free a los que protegió en todo momento. La criatura se quedó delante de la dueña del BC Sol, mientras soltaba a Valt y le ayudaba a mantenerse de pie. Sus piernas temblaban por la adrenalina y amenazaban con hacer caer a su dueño al suelo.
- ¿Estáis bien? – Los demás se acercaron.
- Oh tío... - Rantaro lució angustiado. – Está muy mal. – Miraba a Free. Valt asintió.
- Hay que hacer algo, y hay que hacerlo ya. – Dijo el pelinegro. – Nos hemos salvado gracias a... - Miró a la criatura. – Esta hada tan bonita. – Sonrió brevemente. – Pero Free está muy grave.
- Por favor. – Cristina miró al hada. – Llévales al hospital más cercano.
El hada asintió, obedeciéndola. Volvió a sostener a Valt y marcharse de allí en un abrir y cerrar de ojos. Los demás la perdieron de vista rápidamente. Aunque nadie estaba entendiendo absolutamente nada. Pero no había tiempo, y tuvieron que apañárselas para llegar al hospital. Unos fueron corriendo, otros como Cristina, Rantaro y Silas, acompañados de Sasha, Honey y Kit, pidieron un taxi. Tuvieron que ir todos bien apretados, al punto de hacer espacio sentándose Cristina sobre Silas, Kit sobre Rantaro y Honey sobre su hermana. El taxista se sorprendió mucho pero eran clientes, y eso significaba más dinero. Él los llevó hasta el hospital mientras la policía llegaba hasta El Astro donde encontraron a Phi entre algunos destrozos.
No hubo rastro de la joven que dominaba el agua.
En el hospital, Valt gritó por ayuda y el equipo médico tardó más y menos en atender a Free y llevárselo de urgencia. El pobre chico se quedó dando vueltas en la sala de espera, hecho un auténtico manojo de nervios. Curiosamente, Wakiya y algunos más fueron los primeros en llegar. En cuanto Valt los vio, no pudo evitar abrazar al rubio porque era al que tenía más cerca. Wakiya le dio palmadas en la espalda antes de apartarle, de modo que Shu fue quien tuvo que consolarle mejor.
- ¿Ya están con él? – Preguntaba Wakiya. Valt asentía. – Esperemos que no sea grave.
- Sí, aunque después de lo que ha pasado... - Shu lucía preocupado.
- ¡Ese idiota...! – Valt se apartó del dueño de Spryzem Requiem, secándose la cara llena de lágrimas. - ¡¿Por qué tuvo que hacer algo así?! ¡Mira que se lo dije! ¡Le pedí que...! ¡Le pedí que...! Joder...
- Eh, venga, está bien, Valt. – Y Shu volvió a abrazarle. – Hiciste lo que pudiste, no tienes que culparte por eso.
- Debí habérselo impedido, ni que fuera a la fuerza...
- Sabes que no te habría servido de nada. – Wakiya se cruzó de brazos. – Si algo sabemos todos es que Free tiene una fuerza monstruosa.
- Wakiya... - Shu le llamó la atención. El aludido resopló.
Valt no podía dejar de llorar, ni siquiera cuando Cristina y los demás llegaron. La dueña del BC Sol preguntó por Free en recepción nada más poner un pie en el hospital, y el resto se acercaron a Wakiya y a Shu, viendo cómo estaba Valt y queriendo saber sobre Free. Pero todos sabían más de lo mismo: el rubio ya era atendido por el equipo médico, y no tenía pinta que fuera a ser nada bueno porque el rato que ya llevaban esperando...
Decidieron sentarse, y Cristina se quedó al lado de Valt. Los demás trataron de estar cerca de él, sobre todo Shu y Rantaro. Wakiya parecía estar llamando a alguien, nadie sabía a quién. Valt se tapaba la cara mientras su cuerpo temblaba. Cristina acariciaba su espalda, sin decir nada porque sabía que sería inútil. Pero al menos Rantaro y Shu lo intentaban, con tal de que Valt pudiera sentirse mejor. Un médico salió buscándoles, y Cristina se acercó a él para hablar lejos de los chicos.
Pasado un rato, Cristina volvió, aunque no con buena cara.
- ¿Y bien? – Silas fue el primero en preguntar. - ¿Qué te han dicho? ¿se encuentra bien? – Valt alzó la cabeza, para estar atento pese a que el ánimo no le acompañaba.
- Le están haciendo pruebas. – Cristina suspiró, bajando la mirada. – Pero... me temo que está muy grave. Los médicos están averiguando la magnitud del daño que ha recibido Free.
- Tiene toda la pinta de que terminará en Cuidados Intensivos. – Aportó Wakiya. Valt entrelazó sus manos, conteniendo parte de la respiración. Shu se sentó a su lado.
- No te preocupes, Valt. – Rodeó sus hombros. – Free se pondrá bien.
El chico asintió, sin verse capaz de hablar. Las lágrimas ya salían solas de sus ojos, y su garganta todavía le dolía por el llanto silencioso. Pero no quería gritar, ni aunque fuera para desahogarse.
- Al menos llegó a tiempo al hospital. – Dijo Cristina.
- Esa criatura... - Habló Silas. - ¿Qué es exactamente?
Todos pusieron su atención en Cristina, que volvió a mirar el bey que tenía en sus manos. Ella contempló después a Valt, poniéndose de rodillas frente a él para observarle directamente.
- Su nombre es Crisfree Onírica. Es el primer bey que nos perteneció a Free y a mí en nuestra infancia y preadolescencia. – Empezó a explicar, sabiendo que los demás la escuchaban. – El espíritu que te ha salvado, ha sido el de Crisfree Onírica. Ella vive dentro de este bey, que fue arreglado gracias a Raúl después de casi diez largos años de espera.
- ¿Cris... free... Onírica? – Repitió. Cristina asintió.
- Este es uno de los tesoros que Free más aprecia. Empezó con el beyblade con Crisfree Onírica. Fafnir fue creado después por Free cuando Crisfree Onírica se rompió. Hasta ahora, creímos que su espíritu desapareció.
- ¿Y cómo es que no ha sido así? – Cuestionó Wakiya.
- Pues muy sencillo, chico.
Repentinamente llegó Raúl. Ninguno pudo dar crédito de lo rápido que se movía siempre este anciano. Raúl se acercó a paso relajado, sin ninguna prisa. Total, todos estaban esperando a ver qué decían los médicos con respecto a De La Hoya.
- Ese espíritu es el espíritu más poderoso que te puedas encontrar. – Señaló el bey que Cristina dejó en manos de Valt, del que no se alejó.
- ¿«El más poderoso»? – Preguntó Shu.
- ¿A qué te refieres? – Siguió Wakiya.
- ¿Acaso Fafnir no es el más fuerte? – Rantaro no entendía nada.
- Crisfree Onírica supera con creces a Fafnir y a Free juntos. – Contestaba Raúl, dejando boquiabiertos a los demás, excepto a Cristina. – Es un espíritu que ha sido creado a partir de un poder que va mucho más allá de cualquier límite. Es un espíritu nacido a través del amor de dos personas, en este caso, de Cristina y de Free.
- Claro, por eso pudo proteger a Valt. – Dijo Shu.
- ¿Pero tan fuerte puede ser un espíritu? – Preguntaba Rantaro, acercándose a Valt para observar el bey.
- Crisfree Onírica es un hada y es un dragón al mismo tiempo. – Continuó Cristina. – Se puede decir que... - Miró a Valt de nuevo. – Crisfree Onírica representa el amor que siente Free por el beyblade y todos los bladers. Claro que también hay amor en Fafnir.
Eso encajó en la mente de Valt. El chico recordó cómo De La Hoya le habló de un primer bey que tuvo, y que acabó encontrando un doloroso destino. Un bey anterior al mismísimo Drain Fafnir, y ahora al actual Geist Fafnir. Pero hubo algo que Valt no pudo quitarse de la cabeza: ¿qué iba a ser de Fafnir ahora que a Free le había pasado esto?
Chapter 53: ¡En Estado Crítico! ¡Al Borde De La Muerte!
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En el hospital, al final sólo se quedaron Cristina y Valt, junto a Wakiya, Shu y Silas. Los demás tuvieron que volver al BC Sol por sugerencia de Kuroda. Era mejor que no hubiera tanta gente en la sala de espera. Sin embargo, las horas que se tiraron allí fueron infernales. Valt creía que moriría de la impaciencia, y es que necesitaba saber cómo se encontraba Free. El médico que habló con Cristina sólo la informó de la cantidad de pruebas y exámenes que iban a hacerle al rubio, una vez pudieron comprobar que legalmente eran parientes, aunque no les uniera un lazo biológico. A su lado, Cristina yacía sentada, contemplando el bey ahora conocido como Crisfree Onírica. El hada dragón les había salvado la vida. Pero Valt todavía no era capaz de comprender la gran relevancia que poseía ese espíritu, más allá de entender que, para Free, era otra de esas pocas cosas que podía amar y que todavía existían en este mundo. Pero no por cuánto tiempo.
Entonces, una doctora llegó, llamándoles. Valt también se acercó, así que la mujer pareció cuestionarse quién era él. Cristina no supo qué decir, a sabiendas de que Valt no aceptaría un NO por respuesta. Sin embargo, lo que dijo el chico la dejó sin habla:
- Soy su pareja. ¿Cómo está? ¿podemos verle? – Preguntó, pero la especialista no puso buena cara.
- ¿Ocurre algo? – Insistía Cristina.
- Me temo que sólo puede verle una sola persona. Hemos llevado a Free De La Hoya a la zona de Cuidados Intensivos y no se permite la visita de dos acompañantes al mismo tiempo.
Aquello les cayó como un cubo de agua fría. Cristina bajó la mirada, casi más consciente de lo que estaba ocurriendo que no Valt. El chico se bloqueó. Deseaba ir a ver a Free, pero no quería quitarle esta oportunidad a Cristina. Ella lo merecía, desde su punto de vista.
- Valt Aoi irá a verle. – Escuchar la voz de la dueña del BC Sol sorprendió al joven, que la miró. – Estoy convencida que a Free le hará sentir mucho mejor si va él.
- ¿Estás segura? – Preguntó la doctora. – Eres su hermana, tengo entendido.
- Adoptiva, sí. – Asintió. – Pero quiero que Valt vaya primero. A mí no me importa esperar un poco más, o venir otro día.
La mujer asintió y pidió a Valt acompañarla. Él la miró a ella, agradecido por ese gesto. Cristina hizo un movimiento asertivo con la cabeza. Silas se acercó, poniendo una mano en su hombro. Ella no pudo contener las lágrimas así que se refugió en el blader que le ofreció salir fuera para tomar un poco de aire fresco. Wakiya y Shu se quedaron ahí, en completo silencio, pero no por mucho tiempo:
- ¿Has tenido alguna respuesta de él? – Preguntó Shu.
- Sí. Parece que ya se ha enterado de lo que ha pasado.
- Vaya, cómo corren las noticias...
- Y que lo digas. Nunca deja de sorprenderme. – Wakiya se cruzó de brazos.
- ¿Estará bien que venga? Valt y él no se llevan muy bien.
- Valt tendrá que soportarlo. Necesitamos que esté aquí ahora que se ha recuperado completamente. – Suspiraba el rubio. – Con Free derrotado, no podemos dejar que le ocurra nada. No sabemos qué es lo que Phi puede intentar, así que hay que protegerle.
- Pero Lui no puede vencer a Phi, ya lo sabes.
- Quizá, pero él no vendrá solo. Fayna está a su lado. Y sé que ella SÍ puede hacerlo.
- Qué pena que no viniera antes...
- Seh... Eso nos habría ahorrado todo este drama.
Valt caminaba por los pasillos del hospital. Suerte que la doctora le guiaba, porque si no ya se habría perdido haría ya un buen rato. En cuanto llegó, siguió las instrucciones de la mujer. Le prestaron un traje de plástico, botas especiales, guantes y mascarilla. Era con el fin de evitar cualquier microbio no deseado en la habitación de Free. El chico miró a la doctora, que sujetó su brazo sin demasiada fuerza.
- Free De La Hoya está muy mal. – Fue lo que Valt escuchó. – Por favor, espero que no te asustes cuando le veas. Él está completamente inconsciente y no responde a nada, pero tampoco descartamos que pueda escuchar hasta cierto punto.
Valt asintió antes de pasar una vez la doctora le dejó ir. Esas palabras sólo hicieron más grande el miedo que ya llevaba en el cuerpo. En cuanto cerró la puerta y avanzó, se encontró con una cama rodeada por una cortina que no dejaba ver muy bien a la persona que ocupaba aquella cama. Veía algunas máquinas por fuera de esa misma cortina que apartó con la mano. Menudo fue el impacto que se llevó cuando sus ojos se encontraron con aquel que yacía en la cama. ¿Ese era Free? ¿Ese era...? No. No podía ser. Con cuidado se fue acercando, observando cómo todos esos vendajes tapaban por completo la cabeza del blader, y una máscara le daba oxígeno.
Le habían quitado hasta el guante de su brazo izquierdo, pero Valt no lo vio por ningún lado. Dio por hecho que se lo habrían llevado para desinfectarlo o algo por petición de Cristina. No había una silla cerca, pero eso a Valt le dio igual. Sintió un profundo dolor viendo cómo había terminado Free. No imaginó que hubiera sido tan grave como para acabar de esta forma.
- Eh, Free. – Habló en voz susurrante. – Soy yo. Soy Valt. – Se acercó un poco al blader, sin atreverse a apoyar su frente en esa cabeza tapada por vendajes manchados de sangre. Todo ese rostro yacía debajo de los vendajes, y Valt sabía que no podía quitarlos. – He venido a verte. No quería estar lejos de ti.
Y buscó las manos de Free, que también estaban vendadas. Pero al menos pudo sostener la izquierda con suavidad. Lo primero que notó es que ese calor tan característico de Free era ahora diferente. Es como si fuera más frío al contacto. Aquello asustó a Valt, que se lo tomó como una mala señal. Y trató de reprimirse, pero acabó llorando desconsolado. Esto era demasiado duro para él, sobre todo cuando no era capaz de hallas las razones y su mente sólo era atacada por las preguntas que sabía que Free no le respondería si estuviera consciente.
«¿Por qué no me contaste lo que pretendías hacer? ¿Qué era lo que buscabas enfrentando a Phi? ¿Qué fue todo aquello que intentaste decirme con tus ojos?», pensaba, atormentado. «¡Tenías que haber confiado más en mí! ¡Podría haber hecho algo! ¡¿Por qué siempre tienes que tomar decisiones tan extremas?!».
Pero ya nada servía. Free estaba en estado crítico, y tal y como le advirtió la doctora, Free no reaccionaba a nada porque no podía. Los médicos no sabían hasta qué punto podía Free mantenerse conectado con su realidad, con esta realidad. El caso es que Valt lo había visto en la mirada de esa mujer. Ella no tenía esperanzas en que Free pudiera sobrevivir. Claro que el equipo médico hacía lo que podía, pero hasta ellos sólo podían esperar. Nadie decidía entre la vida y la muerte, puede que ni siquiera los espíritus que representaban ambos conceptos. Como Free. Siendo el espíritu de la luz, y aquí estaba... luchando por su propia vida. ¿O puede que no? Tal y como había enfrentado a Phi...
- Sé que te recuperarás, Free. – Habló de nuevo, tras un largo rato. – Debes hacerlo. No me puedes dejar aquí solo, ¿me has oído? – Puso una mano en la cabeza del blader. – Necesito que estés a mi lado. – Tragó saliva. – Si no... me romperás el corazón.
Y se hizo silencio, salvo la máquina que le proporcionaba oxígeno al cuerpo del rubio para mantenerlo con vida, junto a las otras que yacían conectadas al dueño de Geist Fafnir. Al pensar en él, Valt se cuestionó dónde habrían puesto el bey. No podía dejar que Fafnir estuviera lejos de su dueño, o al menos, desprotegido. El pelinegro ni siquiera toleraba la idea de que Fafnir estuviera en otras manos que no fueran las suyas. Ahora, más que nunca, es cuando se aferraba a Free y todo lo que tuviera alguna conexión con él. Era un duro golpe ver a Free en una condición tan grave como esta. Valt no dejaba de sentirse asustado ante el destino incierto que le esperaba a De La Hoya.
La misma doctora de antes apareció, para avisarle de que su tiempo se había terminado. A Valt le costó, pero tuvo que despedirse de Free y marcharse. Se quitó todo lo que le prestaron los especialistas, para volver con Cristina que le esperaba junto a un hombre que trabajaba en el hospital.
- Hola, soy Marc. – Se presentó al chico. – Me han dicho que tú eres Valt Aoi, la pareja de Free De La Hoya, ¿verdad?
- Eh, sí. – Estrechó la mano del doctor. - ¿Qué sucede?
- Quería esperarte para que conocieras la situación actual de Free. – Le dijo Cristina, con esa cara preocupada. El miedo estremeció a Valt desde dentro.
- ¿Se va a poner bien? – Fue lo primero que preguntó, en su inocencia y nula experiencia en este tipo de cosas.
El doctor ya parecía habérselo explicado a Cristina, porque los dos miraron al pelinegro con caras serias y largas. Un mal augurio para Valt. El doctor volvió a mirar a la dueña del BC Sol, que asintió con la cabeza. Era necesario que el chico lo supiera cuanto antes.
- Verás Valt... Free está muy grave, tal y como ya habrás visto. – Empezó a hablar. – Sus heridas han sido muy serias y algunos órganos vitales han sido dañados. Además, ha recibido golpes fuertes en la cabeza, y no sabemos cómo habrá afectado eso a su cerebro. – Explicaba. – Hemos tenido que inducirle en un coma para permitir que su cuerpo descanse mientras monitorizamos su actividad para mantenerle vigilado.
- ¿Y... eso qué significa? – Valt temía encontrar las respuestas a sus dudas.
- Significa que no sabemos si se va a despertar o no. – Sentenciaba el doctor. Cristina hubiera deseado que el hombre tuviera más tacto, pero en una situación así... era prácticamente imposible. Valt abrió los ojos.
- ¿Có- cómo? – Preguntó en voz baja, en shock. – E- eso... Es una broma, ¿verdad? – Apretó las manos. Cristina suspiró. - ¡¿Cómo que no se va a despertar?! ¡Claro que lo hará!
- No lo sabemos, Valt. – Kuroda cerró los ojos. – Incluso si le sacan del coma, no sabemos si logrará despertarse. Pero, ¿qué pasará en caso de que lo haga?
- Bueno, primero tiene que lograrlo. – Contestaba el hombre rápidamente. – Si se despierta... es probable que no pueda volver a hablar o caminar. Su columna ha salido afectada por un objeto puntiagudo, pero no estamos seguros del daño que haya podido causarle. Sólo podremos comprobarlo una vez se despierte.
- ¿Tan mal está? – Las lágrimas comenzaban a acumularse de nuevo en los ojos de Valt. Eso hizo que al hombre se le encogiera el corazón. - ¿No volverá a hablar?
- Todo lo que es la parte de la laringe y las cuerdas vocales ha sufrido daños muy serios. No sabemos cómo, pero suponemos que la marca oscura que tiene en el pecho debe tener alguna relación al respecto. – Explicó. – Ahora mismo no podemos ponerle un collarín para mantener el cuello estable. Su tráquea necesita espacio y con el collarín puesto, sería complicado para él el siquiera respirar.
- ¿Podemos hacer algo? – Habló Cristina con suavidad. Valt ya se tapaba la cara con la chaqueta que llevaba puesta. – Lo que sea.
- Dada la situación... - Suspiraba el médico. – Como Free está en la UCI, sólo puede pasar una persona a verle. Sabemos que es el mejor blader del mundo, así que yo recomendaría ponerle bajo la protección policial por si acaso alguien intenta venir y hacerle daño.
- Muy bien. Así será. Gracias, Marc.
- Cualquier cosa avisad a recepción. – Dijo antes de irse.
Cristina miró a Valt, quien no podía dejar de llorar. Ella sabía cómo de mal lo pasaba el chico, al que abrazó para intentar darle apoyo. La condición de Free era muy severa, y Marc no parecía muy optimista al respecto. Sólo les quedaba esperar, algo que a Valt empezaba a traerle de cabeza. Aunque el doctor tampoco había especificado qué órganos salieron implicados, Valt temía por la vida de Free. Por primera vez, sentía que podía perderle. Y eso le estaba sirviendo para darse cuenta de lo que era realmente importante: le amaba. Amaba a ese chico, de una manera que nunca antes hizo con nadie.
- ¿Nos vamos, Valt? – Le habló Cristina, secando su rostro.
- ¿Y... y las cosas de Free?
- Las tengo yo en esta bolsa.
Qué estúpido de su parte. ¿Cómo pudo ignorar ese detalle? Cristina le observó, antes de sacar una cajita para dársela a él. Valt no lo comprendió, hasta que la abrió para ver el contenido. Sus ojos se mostraron más alegres.
- Es Geist Fafnir. – Dijo. Cristina asintió.
- El equipo médico me lo entregó. También tengo el guante y la ropa de Free, que habrá que lavarla.
- Menos mal... Fafnir se ha salvado... - Y es que el bey estaba intacto y de una sola pieza. Eso hizo que Valt se sintiera mucho mejor.
- ¿Te gustaría cuidar de él hasta que Free se recupere, Valt?
- ¿Eh? – El aludido alzó las cejas, sorprendido. - ¿En serio? ¿Me dejas?
- Claro. Sé que es lo que a Free le gustaría. Él siempre ha confiado mucho en ti.
Valt no estuvo convencido con esa última frase. No dejaba de recriminarse a sí mismo el por qué no vino antes de Japón, el por qué no intentó averiguar qué era lo que Free tramaba. Algo no le encajaba. Y es que, por experiencia, sabía que Free nunca revelaba sus auténticas intenciones hasta que no lograba sus objetivos y dejaba que fueran los demás quienes encontraran por su cuenta los motivos de sus acciones y decisiones. Y sabía que esta vez no era diferente. Free siempre hacía las cosas por una razón. ¿Pero cuál tuvo que tener para llegar hasta estos extremos?
- Me gustaría saber por qué hizo todo esto... - Valt bajó la cabeza. – No sé por qué enfrentó a Phi de esa manera...
- Pues muy sencillo, chaval. – Una voz intervino.
- ¡Hyde! – Dijeron ambos. El aludido le señaló.
- Free De La Hoya lo hizo por ti. – Sentenció. – Fue para protegerte.
Chapter 54: El Compañero Que Acude, ¡Hola, Dragón Blanco!
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La presencia de Hyde y sus palabras fueron completamente desconcertantes. ¿Qué es lo que quería decir? Valt no apartó la vista del hombre que le observaba fijamente. Si recordaba, Hyde apareció justo en el momento indicado antes de que Phi le atacara cuando trataba de proteger a Free. ¿Cómo supo que estaba ahí? No, la pregunta más adecuada era: ¿cómo supo dónde encontrarle? Su intuición le avisó de que el Príncipe de la Oscuridad escondía un conocimiento que a él le fue ocultado. Cristina permaneció a su lado, y eso le ayudaba a no sentirse tan inseguro.
- ¿Cómo que para protegerme? ¿De qué hablas?
Hyde suspiró. Entonces le indicó que le siguiera, de modo que Valt no tuvo más remedio. Su tiempo para ver a Free había terminado, y con toda probabilidad los médicos no volverían a dejarle entrar hasta el día siguiente. Cuando se trataba del área de Cuidados Intensivos, el hospital vigilaba hasta con lupa cualquier movimiento fuera de quien fuera. Cuidaban a sus pacientes de una forma muy celosa, con el fin de garantizar su supervivencia. Y es que, ahora mismo, la vida de Free corría peligro.
En cuanto le vieron, Wakiya y los que estaban ahí intentaron ir con Valt. El chico tuvo que hacerles una señal para que no lo hicieran. Cristina se quedó con ellos, para aclarar un poco la situación. Valt volvió a mirarla con agradecimiento en la cara, antes de salir del hospital, detrás de Hyde. Era curioso que fuera el hermano de Phi el que estuviera aquí. Aunque Valt no ignoró la cara de desconfianza de Shu.
El aire fresco pareció saludarle en cuanto salió del hospital. Pudo ver que era de noche. Había pasado tanto rato en la habitación de Free, en la sala de espera o en los mismos pasillos que ni se había dado cuenta de ese detalle. Y por un momento tuvo miedo. ¿Qué pasaría si el espíritu de la luz terminaba encontrando la muerte? ¿se acabaría el día? ¿el sol no volvería?
- Bien, aquí ya podemos hablar. – Hyde se sentó en un banco. Estaban cerca de una fuente de agua. Valt siguió mirando al hombre.
- ¿Qué es lo que sabes, Hyde? – Preguntó Valt directamente, y con bastante seriedad. - ¿Qué has querido decir con lo de antes?
El Príncipe de la Oscuridad guardó un silencio algo prolongado. Valt sintió que su paciencia acabaría reventando. Ahora que no tenía a Free a su lado para otorgarle esa calma, algo en su interior se había... desestabilizado, por decirlo de alguna manera. No es que dependiera del rubio, pero ahora que sabía de sus sentimientos por él en una situación más que complicada y dura, su aguante estaba en el límite.
- ¿No te apetece saber por qué te protegí de mi hermano? – Habló entonces el adulto. Valt abrió los ojos. – No lo hice porque me cayeras bien o algo.
- ¿Entonces? – Valt alzó las manos para encogerse de hombros. - ¿Qué motivo tuviste para hacerlo?
- Fue una promesa que le hice a Free De La Hoya antes de su combate contra Phi. – Respondió, silenciando al pelinegro. – Si quieres que te sea honesto... - Miró al chico. – Creo que Free ya se temía lo que Phi podría hacerte a ti.
- ¿Cómo que a mí? ¿A mí por qué?
- Porque eres el vínculo más importante del espíritu de la luz. Amas tanto a este mundo que el espíritu de la luz decidió protegerlo para ti. Eres el único motivo que empuja al espíritu de la luz a defender este mundo, sin ti, probablemente no sería así. Y eso mi hermano Phi lo sabe. Por eso tú eras su verdadero objetivo.
Aquello fue revelador. ¿Cómo Hyde sabía eso? ¿Acaso lo habría estudiado en alguna parte? Valt se acordó de la madre de Zack, que era historiadora. Puede que después de todo, ella no fuera la única persona en conocer esa historia antigua que ahora tenía su impacto en el mundo actual. En su mundo. En su época. Valt se apoyó en la fuente, sin dejar de mirar a Hyde.
- Free me pidió que te protegiera si le pasaba algo. – Hyde continuó.
- ¿Y él? – Se interesó Valt. - ¿Acaso no le importaba lo que fuera a ocurrirle?
- Eso mismo le dije yo, pero es como si él ya lo tuviera bien asumido. – Valt abrió los ojos al escuchar eso. – Me atrevería a decir que él lo que quería era morir. – Miró a su joven interlocutor.
- Free... ¿Free sabía que podía morir por culpa de Phi?
- Eso me temo. Yo tampoco sé por qué ha escogido un destino así. ¿Qué sentido tiene encontrarse con la muerte? Por más que lo pienso, no me entra en la cabeza.
Aquello era nuevo, aunque impactante para Valt. Cada vez que encontraba respuestas, otras mil dudas llovían en su cabeza sin encontrar una explicación. Valt ya conocía de antemano la capacidad de autosacrificio de Free. Él siempre estaba dispuesto a sufrir, o aguantar cosas que otros se pensarían dos veces, con el fin de conseguir un objetivo específico. Hyde tenía razón. ¿Qué motivo habría de tener alguien para querer morir? ¿Qué motivo tuvo Free? Por muy imaginativo que fuera, no era capaz de pensar en nada.
- Ahora mismo, Free está en la UCI debatiéndose entre la vida y la muerte. – Dijo Valt, cabizbajo. – Ni los médicos tienen esperanzas en que pueda sobrevivir.
Hyde no dijo nada, pero ya se daba cuenta del terrible panorama. Sin embargo, él no podía mejorar las cosas. Esto estaba fuera de su control. Al final, vio que Valt se sentaba a su lado. Al pobre se le veía muy decaído.
- Tal vez todo pueda ir a mejor si intentas hacerte más fuerte. – Sugirió Hyde de repente, captando la atención del muchacho.
- ¿Tú crees?
- Cuando yo era pequeño, Phi abusaba mucho de su posición como el primogénito de la familia. Se metía muchas veces conmigo, al grado de considerarme como alguien inferior. Pero, ¿sabes qué? Si te haces fuerte, puedes cambiarlo todo. Así fue como lo hice yo. – Contaba. – Me hice fuerte, y le planté cara a ese idiota que tengo por hermano. Puede que no me haya salido bien... he fracasado ya ni sé cuántas veces, pero aquí me ves...
- Hyde... - Se apenó. – Vaya, no eres tan mal tipo como creía.
- ¿Eeeeeeh? ¡Oye! ¡¿Pero a qué viene eso?!
- Es que... - Inclinó la cabeza sin darse cuenta. Era un gesto que imitó tanto de Free, que ya lo hacía sin pensar. – Me estoy dando cuenta de que eres una buena persona. Pudiendo estar de lado de tu hermano, te has inclinado para acercarte a Free y ayudarnos. – Dijo. – Debe ser duro para ti tener a alguien como Phi haciendo cosas tan terribles.
- Bu-bueno... - Se cruzó de brazos. – Free me prometió que traería de vuelta a mi hermano. Por eso estoy aquí. – Giró la cara. – Él es el único que tiene el potencial para eso. Si no fuera capaz de usar ese poder que tiene, ahora mismo ya estaría muerto.
Valt sonrió, y agradeció tener a Hyde a su lado. Y es que su apariencia maliciosa y hasta macarra engañaba. Hyde tenía un corazón bondadoso, que deseaba alcanzar a su hermano para que se detuviera con todo este caos. Si hasta los había protegido para que Phi no le hiciera más daño a Free. Podía decirse que, gracias a Free, ahora tenía a su lado a un gran aliado. Si Hyde no hubiera aparecido en aquel momento en El Astro... ¿qué les habría pasado? ¿Phi les habría matado?
Tras aquello, acabó marchándose tras despedirse de Hyde no sin darle las gracias de nuevo. Regresó al hospital, donde sólo encontró a sus amigos ahí. Wakiya ya le puso al tanto de que Cristina se había ido al BC Sol en cuanto los médicos le impidieron ver a Free. La pobre estaba muy afectada. Valt suspiró. ¿Cómo iba a estar Cristina como si nada? Era lógico. De entre todos los que conocían a Free, ella era la que más tiempo había pasado al lado del rubio. Prácticamente habían crecido juntos. Para Cristina debía ser especialmente duro el pensar en la posibilidad de perder a un ser querido, como lo era Free, que estuvo a su lado sin importar qué. La condición de Free era lo suficientemente severa como para que el blader no pudiera resistirlo. Si hasta los médicos parecían desesperanzados...
Sin embargo, Valt fue el único que no pudo irse del hospital. Shu insistió en quedarse a su lado, pero el pelinegro se justificó con que necesitaba estar solo, dejando que su amigo se fuera con Wakiya pese a no quererlo. Wakiya era el que más consideración parecía estar teniendo, y Valt lo agradecía. No era plato de buen gusto tener a alguien preguntando cosas que ahora, para él, eran absurdas y triviales. Simplemente no se alejaría de Free. Si alguien intentaba entrar para hacerle algo, él podría ver a la persona antes que los médicos. En la habitación de Free no había ninguna ventana, de modo que nadie lograría colarse sin ser visto.
Marc le vio sentado en el pasillo, en el suelo. Entonces se acercó a él, agachándose.
- Eh, hola Valt. – Sonrió al ver que el aludido abría los ojos. - ¿No vas a ir a descansar? Es muy tarde.
- Ya, eso estoy intentando hacer.
- ¿Aquí? – Se sorprendió. – Tenemos una habitación especial para los familiares. Puedes ocuparla, si quieres.
- No. No quiero alejarme del cuarto de Free.
- Valt... - Suspiró. – Me gustaría ayudarte, pero es que no te puedes quedar en el hospital. – Puso una mano en el hombro del chico. – Te hará bien ir a dormir con tus compañeros.
- Pero Free...
- Nosotros cuidaremos bien de él, no te preocupes. – Sonrió. – Estamos pendientes de nuestros pacientes en todo momento. Tienes mi promesa de que no le ocurrirá nada a Free.
Valt miró al médico, hasta asentir con la cabeza. Marc le ayudó a ponerse en pie, antes de verle marchar para volver al trabajo. El pelinegro salió del hospital, con pocas ganas de irse a la cama en el BC Sol... pero no tenía de otra. Tal vez debió aceptar la propuesta de Marc y quedarse en la sala especial para los familiares. Pero ya era tarde. Sorprendentemente llegó dos horas después al BC Sol. Ni siquiera pasó por el comedor. Su estómago yacía cerrado. Tampoco se topó con nadie. Entrar a la habitación que Free compartía con él fue más doloroso de lo que creyó, porque se echó a llorar nada más cerrar la puerta en la que se apoyó.
Es como si le hubiera quedado un trauma, pues en su mente no paraba de vivir el momento en el que vio a Free siendo atravesado por el hielo antes de desplomarse. Mirando su mano, sentía la del rubio cuando se la sostuvo en el hospital. Ese calor tan característico se había perdido. ¿De verdad que el Dragón Dorado buscó la muerte? ¿con qué propósito? ¿Y por qué no le comentó nada? Ahora comprendía mejor por qué Free le dijo que se cuidara. Pero Valt no dejaba de llorar, atormentándose. Caminó hasta el armario de Free para abrirlo, y el olor del rubio le inundó por completo, sobre todo cuando cogió la camisa amarilla que colgaba de la percha. El aroma de Free todavía permanecía, y Valt abrazó la prenda de ropa para sentirse más cerca del blader que ahora se debatía entre la vida y la muerte.
¿Era débil por admitir lo asustado que estaba? ¿era débil por tener miedo de perder a Free? La impotencia le mataba desde el interior. ¿No había nada que pudiera hacer? ¿Free acabaría cediendo a sus heridas y moriría, sin poder verle de nuevo? ¿Se perdería esa hermosa sonrisa? Pero incluso si no llegaba a pasar, si Free lograba recuperarse... ¿podría caminar? ¿podría volver a hablar? Imaginar todas esas posibilidades empeoraba los sentimientos de Valt, que no podía detener el llanto. Lo único que quería era sentirse seguro, y sabía que esa sensación no la encontraría en ningún lado. La vida de la persona que más le importaba pendía de un fino hilo.
- Si tan sólo fuera más fuerte... - Se maldecía a sí mismo mentalmente, apretando la camisa. Podía oler a Free, pero su cuerpo no estaba ahí, ni su calor, ni su voz gentil. – Si tan sólo pudiera protegerle... ¡Si pudiera hacer algo! – Alzó ligeramente su propia voz, antes de apretar la mandíbula.
Fue la peor noche de su vida. No logró conciliar el sueño, y eso se tradujo en unas ojeras terribles. Algunos del BC Sol le saludaron al día siguiente, pero Valt ni siquiera escuchó a nadie. Lo único que hizo fue volver al hospital, sin detenerse a desayunar algo. A la porra la comida. No tenía hambre. Tampoco tuvo valor para pedir permiso para ir a ver a Free, total, sólo se encontraría con la misma imagen de ayer. Y Free continuaría sin poder responderle. Una enfermera le trajo un batido que dejó cerca de él, preocupada por su estado de ánimo. Pero Valt no se movió de ahí. Apoyaba sus brazos en sus piernas. Su postura corporal ya demostraba lo decaído que estaba. No necesitaba a nada ni a nadie para que sus emociones empeorasen. Ya se encargaba su mente de ello.
No prestaba atención a lo que ocurría a su alrededor. Craso error. Sus oídos ignoraron el caminar de alguien a quien conocía y que se detuvo delante de él. No fue hasta que escuchó esa voz inconfundible, que alzó la cabeza:
- ¿Valt? – Pudo reaccionar, viendo a la persona que estaba frente a él. Valt estuvo unos instantes callado, intentando asimilar esto.
- ¿L- Lui...?
Y antes de hacer nada, Valt se lanzó para abrazar al blader que fue pillado desprevenido por esa reacción. Fue toda una sorpresa para Lui, porque esperó cualquier cosa menos eso, un abrazo. Valt se aferró a él, y su cuerpo tembló. Lui no supo si era por la emoción, o por miedo. El caso es que terminó rodeando al pelinegro para intentar tranquilizarle. Tal y cómo le había visto hacía unos instantes antes, ya se había dado cuenta de lo mal que lo estaba pasando el chaval. Claro que sentía rabia. Una inmensa rabia. Pero no era el momento de buscar culpables, y menos de usar a Valt como objeto para desahogar su malestar. Él no lo merecía.
- L- lo siento mucho, Lui. – Valt se separó, mirándole. – Yo no pude hacer nada. – Bajó la cabeza. - ¡De veras que lo intenté! ¡Le pedí a Free que no enfrentara a Phi! ¡Intenté hablar las cosas con él! – Y comenzó a hablar de manera muy acelerada. - ¡Incluso entender por qué se comportaba de una forma tan extraña! ¡Pero...! ¡Pero...!
- Valt, está bien. – Le interrumpió con suavidad. El chico le observó. – No te tienes que disculpar conmigo.
Aquello era nuevo. Valt se sintió perdido. Acostumbraba a aguantar el mal carácter de Lui, sus reproches, sus insultos y la manera en la que siempre le culpabilizaba de todo lo que hacía o dejaba de hacer. Pero ahora... no sucedió. Lui estaba ahí, delante, con una expresión serena, pero calmada. No parecía ni el mismo, ya que hasta usaba otra ropa. Es como si el Dragón Blanco se hubiera renovado.
Entonces Lui le dio un pequeño paquete y al abrirlo, Valt vio que el chico tuvo el detalle de traerle algo de comer. ¿Cómo se habría dado cuenta de que no había comido nada? No. Puede que tal vez lo hubiese hecho igual, independientemente de si él hubiese comido antes de venir al hospital. Lui le invitó a sentarse a su lado, al parecer, sin mostrar interés por ver cómo se encontraba Free. A lo mejor los médicos no quisieron dejarle pasar. Tampoco le extrañaría.
- Wakiya me ha contado lo que ha pasado. – Hablaba Lui. – También he visto el combate. Ha sido espantoso, incluso me atrevo a decir que no es típico de Free actuar así. – Decía mientras Valt aprovechaba para comer el bollo que le trajo su compañero. – Ahora mismo puede pasar cualquier cosa.
- ¿Fayna ha venido contigo?
- Sí. Está en la azotea del hospital.
- ¿Qué hace ahí? Debería estar aquí.
- Fayna dice que desde ahí arriba puede saber si alguien se acerca a Free. Está a unas cuantas plantas encima de nuestras cabezas. – Señaló el techo.
- ¿Y... te ha dicho algo?
- Comentó acerca de la luz del día. – Miró a Valt. – Mientras se haga de día y podamos ver el sol, no tendremos nada de qué preocuparnos por Free. Fayna dice que eso es porque como Free es el espíritu de la luz, su vida da la vida a la luz de nuestro planeta. Es un poco complicado de entender.
- En realidad... lo comprendo bastante bien. – Bajó la cabeza.
Los dos se quedaron en silencio. Lui contempló a Valt. Le resultaba extraño ver de qué manera parecía haber perdido la sonrisa, pero no era raro en una situación así. Lui recordó el momento en el que vio el combate de Phi contra Free. Puede que el rubio siguiera vivo gracias a la primera intervención de Valt y su afán por defenderle cuando ya no pudo dar más de sí. Y a ese extraño espíritu que vio en televisión. Menos mal que se despertó a tiempo para poder acudir a España ahora que le necesitaban.
- Me alegro que hayas venido, Lui. – Escuchó el aludido.
- Un pajarito me dijo que venías a visitarme cada día. ¿Es cierto?
- Supongo que es cosa de Jin, ¿no?
- Como lo sabes. – Se rio. – Sí, fue él. ¿Por qué lo hiciste? Quiero decir, tú y yo no nos llevamos tan bien.
- Como sabía que tarde o temprano me tocaría volver a España, quería decirle a Free que estabas bien, y que te cuidábamos entre todos. Íbamos a molestarte a menudo. – Dijo. – Como Free no pudo ir a verte... quise poner mi granito de arena para que él estuviera tranquilo.
- En realidad eso es mentira. – Valt le miró, desconcertado. – Él fue a Japón.
- ¿Qué? Pero... eso es imposible...
- Fui marcado con la oscuridad de Phi. – Respondió. - Recuerda que Free es la única persona con la habilidad de purificar a quien sea. – Suspiró. – Él fue hasta Japón para salvarme. Sentí su energía conectarse con la mía. Sé que no me equivoco. Fue él.
- E- entonces... - Valt se quedó boquiabierto. – La persona que me salvó el culo contra mi pelea contra Hyde en Japón...
- Si tenía los ojos dorados, entonces fue él.
Ahora mismo, Valt se sentía como el tío más tonto del universo. Todo encajó en su cabeza con la revelación de Lui. Y es que claro, tenía sentido. Fayna no había demostrado poder desvanecer el poder de Phi con el suyo, porque tal vez era la especialidad del espíritu de la luz. Valt recordó su combate contra Hyde, y cómo esos ojos de aquel enmascarado le observaron con dulzura. ¡Fue Free! ¡Definitivamente fue él! Nadie más sería capaz de contemplarle con una expresión tan tierna como aquella, salvo Free.
- Free me salvó... - Se llevó las manos a la cabeza tras soltar el bollo. – Free se arriesgó a ir hasta Japón sólo para ayudarnos... y yo ni siquiera me di cuenta.
- No debió hacerle mucha gracia el que yo terminara hecho trizas. – Lui se cruzó de brazos. – Siempre que me ha pasado algo, él ha sido el primero en estar ahí para protegerme.
- Soy un completo estúpido... ¡¿Qué digo?! ¡Soy un gilipollas! ¡¿Cómo no pude reconocer sus ojos?! ¡Es el único con una mirada como la que vi aquel día! ¡¿Por qué llegaré a ser tan idiota?!
- Eh, tranquilízate. – Y colleja al canto. Valt casi se caía al suelo y la protesta se reflejó en su cara. – Eso ya ha ocurrido.
- ¡Ya, pero Lui...!
- Pero nada. – Se puso de pie. – Ahora tú y yo tenemos algo importante que hacer si queremos ayudar a Free.
- ¿Qué quieres decir?
- Dime, Valt. – Le sonrió, extendiendo su mano. - ¿Quieres venir conmigo para hacerte más fuerte? – Preguntó, haciendo que el chico se lo pensara hasta estrecharle la mano y levantarse.
- Sí. Sí quiero.
Chapter 55: Akatosh, El Origen
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Valt reconoció el bosque del BC Sol, pero no la zona en la que estaban. ¿Cómo es que Lui la conocía? Iban los dos solos, de modo que no había alguien más a quien preguntar, y el Dragón Blanco ignoraba sus dudas. Lui parecía escuchar su instinto, e incluso algo externo a ellos que lo guiaba. Para Valt, esa impaciencia por satisfacer su curiosidad crecía a cada momento. ¿A lo mejor Free frecuentaba esta parte del monte? No obstante, cuando se fijó en el suelo, a su mente vinieron imágenes de la Antigua Grecia, o lo poco que él sabía sobre esa civilización. Pero, ¿qué tenía que ver con todo esto? Pues que había un camino que conducía hacia alguna parte y que Lui seguía.
- ¿A dónde vamos? – Preguntó otra vez. Lui no contestó. – Aunque frecuento mucho el bosque, no me suena este sitio...
- Es uno de los lugares secretos de Free. – Lui rompió su silencio. - ¿Nunca te has preguntado por qué la familia de Cristina compró estas tierras? – Valt negó con la cabeza. – Muy pronto lo sabrás.
Y el misterio sólo se hizo más grande. El estadio del bosque ya estaba lejos, y ni siquiera tuvieron que pasar por ahí. ¿Dónde pretendía llevarle Lui? ¿Y qué tenía esto que ver con Free? Sin embargo, después de un rato siguiendo al blader, los ojos castaños de Valt se encontraron con una extraña entrada rocosa que, desde luego, era antigua... muy antigua. Había algo escrito que no era capaz ni de leer ni de entender. Lo único que reconocía era la figura de un dragón. Dos pilares estaban en esa misma entrada, en forma de relojes del tiempo. Lui se adentró, así que Valt fue detrás de él. Unas puertas bloqueaban el camino, pero Valt vio que Lui usaba su energía para abrirlas. Para cuando se cerraron, Valt tuvo la sensación de que pesaban mucho por el sonido que hicieron. Un pasillo oscuro se mostraba ante ellos, y Lui continuaba usando su energía a modo de luz. Una idea bastante inteligente.
- ¿Qué es este sitio?
- Fayna me dijo que viniera aquí cuando me tocara volver a España.
- ¿Fayna conoce este lugar?
- Como parte de los cuatro elementos, Fayna nos está devolviendo un conocimiento que vamos a necesitar para enfrentar a Phi. – Lui miró a Valt, que caminaba a su lado. – Según ella, aquí es donde despertaremos nuestra esencia como las fuerzas que mantienen a raya a Phi y a Free como los espíritus de la oscuridad y la luz.
- ¿Y qué se supone que encontraremos aquí?
- Esa es la pregunta que llevo haciéndome antes de venir.
El pasillo era verdaderamente largo, pero comenzó a escucharse un eco. Bajaron unas escaleras, y ante ellos aparecieron tres caminos más. Siguiendo su instinto, Lui giró a su derecha. Aquí no había ni un alma, pero Lui y Valt sabían que no era así. Se sentían observados. Alguien les vigilaba, ¿pero quién? Las antorchas se encendieron solas. Lui se había detenido, y Valt también. Los dos intercambiaron miradas, conscientes de que era mejor andarse con ojo. Fuera lo que fuera, aquello que estuviera tan pendiente de ellos no tenía muchas intenciones de atacarles... al menos por ahora. Pero Lui no era tonto. Él ya venía con cierta experiencia sintiendo presencias ajenas.
Finalmente encontraron una entrada a lo que parecía una especie de templo subterráneo. Valt se quedó boquiabierto, y es que estaba bien iluminado pese a no haber nadie. Lui giró su cabeza de lado a lado para estar seguro de que estaban solos. Valt avanzó por el centro de la enorme sala, que se parecía a una iglesia. En una vidriera bien conservada y que brillaba por algo que él desconocía, el pelinegro contempló la figura extraña de alguien que sujetaba un reloj de arena, y que tenía dos cabezas: la de un anciano con barba y un dragón.
- Eh, Lui. – Le llamó. – Ven a echarle un vistazo a esto.
- ¿Qué pasa? – Se acercó, y siguió la dirección que Valt señaló.
- ¿Te suena eso?
- Mira lo que pone debajo.
- Akatosh. – Dijeron ambos al mismo tiempo.
- ¿Akatosh? – Valt lució desconcertado.
Ninguno conocía ese nombre. A Lui ni siquiera le sonaba de algo. Él supuso que Fayna debía saberlo, pero ella no podía alejarse del hospital. Les tocaba a ellos averiguar esto por su cuenta. Lui se puso a merodear por la sala, intentando encontrar respuestas. Veía las esculturas de un anciano con un reloj de arena ya fuera en las manos o uno grande a su lado, y luego la de un dragón enorme y dorado. Pero sólo había el mismo nombre: Akatosh. Tampoco había un órgano, ni ningún otro instrumento musical. Sólo se oía un sutil respirar, como si el ambiente mismo tuviera pulmones para hacerlo y dejar ir el aliento.
Lui no encontró nada, así como Valt.
Sin embargo, de repente apareció un hombre con una túnica negra. Dos cuernos sobresalían de su cabeza y recordaban bastante a los de un dragón. Lui se mostró desconfiado, mientras que a Valt le pudo la curiosidad. Fue el primero en acercarse.
- Hola, señor. – Saludó. - ¿Cómo ha llegado usted hasta aquí?
- ¿No es obvio, Valt? – Habló Lui. – Es el que nos ha estado siguiendo hasta ahora.
- Oh, de modo que os habéis dado cuenta... - Dijo el hombre, rompiendo su silencio.
- Tu presencia es lo suficientemente fuerte como para no ignorarla.
Valt era el único que se sentía un poco perdido. ¿Qué era lo que estaba pasando exactamente? ¿Por qué Lui decía eso? El pelinegro sólo percibía el tenso ambiente, creado por Lui y su desconfianza hacia el hombre que empezó a caminar para acercarse a un mural con dos ventanales a los lados de colores con la figura de ese hombre con dos cabezas y un nombre en la parte inferior.
- Debo suponer que el espíritu del fuego ha sido quien os ha puesto al tanto de la existencia de este lugar legendario.
- ¿Conoces a Fayna? – Se sorprendió Valt.
- Así es. Yo conozco a TODOS los elementos, pero ellos han sido llamados de muchas maneras diferentes a lo largo del tiempo.
- No es una casualidad que usted esté aquí, ¿verdad? – Lui iba directamente a lo que le interesaba, haciendo reír al hombre.
- Eres muy inteligente. – Dijo entonces, de forma amistosa. – Si el espíritu del fuego ha sido quien os ha hecho venir hasta aquí, significa que vosotros sois las fuerzas secundarias de este mundo. Sí, eso es. Me alegra veros de nuevo, Voslaarum, Odahviin.
Valt y Lui volvieron a intercambiar miradas. ¿Qué eran esos nombres? ¿Y por qué ese hombre los acababa de llamar así? Sin embargo, su interlocutor empezó a reírse al darse cuenta de ello, antes de ponerse de perfil para hacer un ademán al mural, y a los ventanales de colores.
- Yo sólo soy un espíritu servidor de Akatosh, para ayudaros a despertar.
- ¿Quién es Akatosh? – Preguntó Valt.
- Es lógico que no te acuerdes de él, Voslaarum. Akatosh es aquel quien creó el mundo que conocemos, así como aquel que os creó a vosotros y a las fuerzas principales de este mundo. Él está en todas partes, y en ninguna. Él nunca ha existido, pero existe. Es el máximo maestro del Camino de la Voz. Y el que conoce hasta el más mínimo secreto y detalle de este mundo.
- Debe de ser aquella voz que me hablaba en Japón cuando estuve en el hospital. – Lui puso una mano en la cadera. - ¿Cómo iba a olvidar una cosa así? – Valt le observaba sin saber qué pensar.
- Estáis aquí por la voluntad de Akatosh. Habéis sido guiados por él. Akatosh sabe que es necesario que despertéis vuestro poder para poder proteger este mundo que está cayendo en la oscuridad.
- ¿Eh? – Los dos chicos abrieron los ojos como platos.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- El espíritu de la luz está encontrando la muerte, al parecer, en esta ocasión, ha decidido elegir un destino tan curioso como ese.
A Valt le entró el miedo. Las sospechas de Hyde eran ciertas, así como las suyas. Lo que Free intentó fue encontrar la muerte a manos de Phi. Por eso combatió de aquella manera. Como de costumbre, tomando decisiones drásticas sin avisar a nadie. ¿Cómo era capaz de algo así? Ni siquiera Lui lo comprendía. ¿Acaso Free no tuvo miedo ante semejante idea?
- Pero eso no puede ser. – Dijo Valt rápidamente. – Free no puede morir. Fayna me dijo que este mundo no puede quedarse sin la luz.
- Sí, es cierto. – Asentía el hombre. – Y si bien también cierto es que, si él desaparece, la oscuridad lo hará.
- O sea que Free se ha sacrificado para quitarse de en medio a Phi, acosta de su vida.
- ¡¡Lui, eso no tiene gracia!!
- ¡¿Y a mí qué me cuentas?!
- No hace falta alterarse. – Intervino el hombre, que se acercó a ellos.
- ¡¿Es que usted no entiende la gravedad de este asunto?! – Saltó Valt. - ¡No puedo dejar que Free muera! ¡Es que ni de coña!
- No puedes hacer nada para evitarlo, Voslaarum. – La voz del espíritu sonaba comprensiva y muy tranquila.
Pero no hubo respuesta. Y eso crispó a Valt que intentó irse de ahí. Sin embargo, algo desde la puerta lo empujó y lo tiró al suelo. Lui miró al hombre, que no se había movido ni un centímetro. No fue cosa suya. Esa poderosa presencia de antes regresó y Lui sintió cómo su cuerpo se estremecía. Es como si fuera a pasarle algo con cualquier paso en falso que diera. Valt volvió a intentar acercarse a la puerta, pero una barrera se lo impedía. Nada de lo que hiciera funcionaba. Se giró, mirando enfadado al hombre de la túnica, dando pisotones en el suelo. Entonces, ¿qué era lo que ocurría?
- ¡Déjeme salir!
- Me temo que no soy yo quien te lo está impidiendo, Voslaarum.
- ¡Venga ya! ¡Deje de tomarme el pelo! ¡Usted es el único que está aquí!
- En realidad no. – Lui miró a Valt. – No estamos solos.
- Justo como lo esperaba de ti, Odahviin. Ya te has dado cuenta. – El hombre parecía contento al ver que Lui percibía las cosas.
- Digamos que el espíritu de la luz, cuando me salvó, conectó su energía con la mía. – Alzó sus manos para contemplarlas. – Desde entonces siento que hay algo muy diferente en mi interior.
- Hm, hm. – Asentía, satisfecho. – El espíritu de la luz puede devolver parte de un poder dormido. Seguramente eso es lo que habrá pasado.
- ¿Qué quiere decir? – Preguntó Valt.
- En vuestro interior hay un poder que permanece dormido en cada nueva reencarnación. En cada nueva vida vuestra en este mundo, vuestra primera misión como las fuerzas secundarias es despertar ese poder que yace en vuestro interior y que Akatosh os dio. – Contaba. – En Odahviin – miró a Lui. – Ha empezado a despertar, pero no en su plenitud.
- Entonces, ¿Qué podemos hacer? – El Dragón Blanco se encogió de hombros, haciendo reír a su interlocutor.
- Encontraros con el principio de los tiempos. Volver al origen de todo. Volver con Akatosh.
Los muchachos no evitaron volver a poner la vista en aquel mural. Salía un dragón enorme, con alas muy grandes y majestuosas. Junto a él, pero un poco por debajo, había dos esferas rodeadas por otras cuatro, las cuales, a su vez, parecían tener otras dos esferas, una por arriba y otra por abajo. Es como si fuera algo parecido a cómo estaba representado el Sistema Solar, sólo que sin serlo.
- Akatosh está observándoos ahora mismo. – Habló el hombre después de un prolongado silencio. – La energía que sientes, Odahviin, es la de Akatosh. Y es él quien te ha impedido salir de aquí, Voslaarum.
- Yo no tengo claro quién es Akatosh. – Dijo Valt mientras su compañero se cruzaba de brazos.
- ¿No? Hm... - Hizo de forma pensativa. – Vaya. Creía que lo había dejado claro.
- No demasiado. – Objetó Lui. – No estaría mal que nos contaras algo más sobre ese dragón.
- Bien. – Asintió. - ¿Por dónde comenzar? – Y se tomaba su tiempo para pensar.
- Yo tengo una duda. – Se adelantaba Valt, así que el hombre le miró para escucharle. – Phi, o sea, el espíritu de la oscuridad, llamaba a Free de una manera muy extraña. ¿Tú conoces la palabra «Dovahkiin»?
Los dos vieron cómo el hombre abría los ojos antes de esbozar una sonrisa. Parecía que Valt había sacado un tema importante, o esa fue la sensación que tuvo Lui. Él ni siquiera entendía qué era esa palabra tan extraña. Ese hombre asintió.
- Dovahkiin es el nombre original del espíritu de la luz. El que Akatosh le puso. Literalmente significa Sangre de Dragón. Dovahkiin es el hijo de Akatosh, tiene la sangre de un dios dragón. – Explicó. – Akatosh sabía que este mundo debía ser cuidado, por eso creó a Dovahkiin y a todos los demás, incluyéndoos a vosotros.
- Y por eso Phi le llamó así a Free... - Bajó la cabeza, recordando esos momentos.
- El espíritu de la oscuridad todavía tiene que despertar por completo su poder.
- ¿Y cuándo sucederá eso?
- Cuando Dovahkiin muera. – Contestó de forma rotunda. Lui tragó saliva. – Dovahkiin es la luz del universo, sin él, no hay luz que exista. Cuando él muera, la oscuridad se fortalecerá a tal punto de volverse invencible.
- ¡Pero eso no podemos permitirlo! – Saltó Valt. - ¿No hay un modo de evitarlo?
- No estoy seguro. Si Dovahkiin ha decidido encontrar la muerte, no seré yo quien le cuestione.
- Pero, ¿por qué tomar una decisión tan extrema? ¡No lo entiendo!
- Debe estar relacionado con Akatosh. – Habló Lui, que se mantuvo callado hasta ahora, intentando atar tantos cabos como le fuera posible. – Free siempre ha hecho las cosas por un motivo. Puede que, cuando despertó su poder como tal, algo en él debió hacerle recordar a Akatosh.
La conclusión de Lui sorprendió a Valt. El hombre no negó la teoría del Dragón Blanco, ni siquiera Valt minutos después. En cierto modo encajaba. Y era muy cierto que Free no actuaba sin un plan. Aunque claro, también improvisaba. Pero tanto Valt como Lui veían que esta vez no era una mera improvisación. El rubio debió de tener algo en mente.
- Akatosh es El Origen. Es el dios de este mundo. Aquel que todo lo rige, y el que puede aparecer en cualquier forma o apariencia que quiera. – Lui decía las palabras del hombre, y lo que entendió a través de las mismas. – Si él nos creó, entonces la decisión de Free para elegir la muerte debe estar relacionada de alguna manera.
- Sí, así es. – Habló entonces el dueño de la túnica negra. – Es muy arriesgado, y temo que esta es la primera vez que sucede, pero si el espíritu de la luz no despierta por completo su poder, no podrá vencer a su némesis. – Contaba. – Si lo que decís es cierto y ha escogido el camino de la muerte, eso sólo significa una cosa.
- ¿Cuál?
- Ha decidido volver al origen. – Respondió tras una pausa que los mantuvo en vilo a los dos. – Ha decidido reunirse con Akatosh para que le guíe en su camino. Para Dovahkiin, no hay mejor maestro que su padre. Akatosh siempre ha estado ahí cuando lo ha necesitado. Esta vez no será diferente.
- Pero... si Free muere...
- Pronto, muy pronto, Voslaarum. – El hombre se acercó para poner una mano en el hombro derecho de Valt. – Eso sucederá muy pronto. Pero hay que tener fe en Dovahkiin. Él no está solo, igual que vosotros.
- Es verdad. Hemos venido aquí con el propósito de hacernos fuertes. – Dijo Lui. – Y eso es lo que vamos a hacer. ¿Qué, Valt? ¿Estás conmigo?
El aludido dudaba, después de todo lo que acababa de descubrir. Era demasiado, hasta para él. ¿En serio tenían que dejar a Free morir? ¿qué es lo que pasaría una vez sucediera? ¿Free volvería? Eran muchas dudas al respecto, y por mucho qué, no se convencía.
- Sí, muy bien. – Asintió, aunque no muy seguro. – Venga, empecemos.
- Perfecto. Invoquemos pues a Akatosh.
Y el hombre les dio la espalda, empezando a recitar palabras extrañas en una lengua que ellos no conocían.
Chapter 56: El Despertar
Chapter Text
Lo que ellos entendieron por invocación resultó ser algo completamente diferente. Ese monje, o lo que fuera ese hombre, los envió a una especie de dimensión alternativa. Por lo menos estaban juntos, ese era el único alivio que tenían tanto Lui como Valt. El pelinegro se mostró más nervioso que no el Dragón Blanco. Desde que había despertado en el hospital, hasta que pudo ser dado de alta, muchas cosas habían pasado para Lui. Ambos intercambiaron miradas, sin saber qué hacer. Delante no había más que un lugar completamente vacío y ligeramente oscuro.
- ¿Se puede saber a dónde nos ha enviado ese anciano? – Lui necesitó protestar. Puso una de sus manos en su cadera, poniendo mala cara. – Se supone que iba a llamar a ese tal Akatosh. ¿Qué demonios ha hecho?
- A lo mejor necesita más tiempo... - Valt se encogió de hombros.
- Tiempo es lo que no tenemos, y lo sabes.
Valt no pudo negar algo como eso. Como Lui, pensó en las palabras que dijo aquel hombre de la túnica acerca de cómo el espíritu de la luz, Dovahkiin, estaba buscando encontrarse con la muerte por primera vez en lo que llevaba existiendo e incluso para él se le hacía completamente imposible intentar siquiera entender qué era lo que buscaba Dovahkiin, o sea, Free. Ninguno lo comprendía. Free siempre era alguien impredecible, cuántas no serían las veces que ya lo había más que demostrado.
- ¿Hm? – Lui abrió los ojos, un gesto que a Valt no se le escapó.
Justo antes de poder decir nada, un poderoso rugido llegó hasta ellos. Aunque parecía lejano, les puso en aviso de que lo que fuera que estuviera acercándose ya tenía conocimiento de su presencia. Lui se puso serio, sin apartarse de Valt. En ese mismo momento, tuvieron el susto de su vida: un dragón completamente bañado en una luz dorada y de dimensiones colosales se presentó ante ellos desde arriba. Su aterrizaje provocó un terremoto que duró hasta diez minutos en los cuales los chicos no supieron ni cómo reaccionar ni qué hacer. Más consciente que Valt, Lui no se tomaba la molestia ni de ponerse a la defensiva. Nada de lo que pensaran hacer podría servir contra esta criatura que, sin embargo, los miró directamente.
- Por fin habéis aparecido. Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que os vi. – La voz del dragón era grave, y hasta hacía algo de eco en este extraño lugar. No se podía ignorar la energía que desprendía este ser.
Era una energía que iba más allá de lo divino. Era justo como lo dijo aquel monje: estaban ante el origen de todo. Estaban ante aquel que había creado el mundo y a quienes habitaban en él. Básicamente podían llamarlo Dios. Menos mal que en este caso tenía un nombre:
- Tú eres Akatosh, ¿verdad? – A Valt le dio por sonreír. – El monje ese que dice servirte nos ha contado cosas sobre ti.
- Yo hice que vosotros vinieseis a mí. Ha sido mi voluntad y así se ha cumplido. – Hablaba lentamente, como queriendo dejar claro lo que quería decir. No sonaba hostil, sino paciente. – Odahviin – miró a Lui. – Y Voslaarum. – Y luego a Valt. – Hmmm... - Hizo de forma pensativa.
Un destello cubrió esa especie de cielo en esta dimensión extraña. Ninguno quiso buscar respuestas ante una duda que dejaron de lado enseguida. Puede que Akatosh no se las diera, no le conocían... o al menos, las memorias que les faltaban no les habían sido devueltas todavía.
- Fayna nos dijo que viniéramos hasta aquí. – Lui tomó la iniciativa, sin cortarse un pelo en la lengua. – Encontramos una especie de templo bajo tierra, y luego apareció ese siervo tuyo sobre que teníamos que volver al origen o algo así.
- Fayna. – Repitió Akatosh. – Así que el fuego ya ha aparecido. Entonces el agua también lo ha hecho. – Al decir eso, Valt tuvo un escalofrío recorrerle la espina.
Volvió a recordar cómo Free terminó atravesado por esa estaca de hielo a causa del ataque de esa chica que, efectivamente, manejaba el agua. Entonces, ¿ella era el elemento del agua?
- Está del lado de Phi. – Bajó la cabeza. – Y Free...
- El agua se ha apartado de su camino original, justo como Koslaram lo ha hecho. – Le interrumpió Akatosh con calma. – Parece que aguardan tiempos difíciles.
- ¿Qué insinúas con eso? – Preguntaba Valt. Lui permanecía callado. - ¿Qué es lo que tenemos que hacer Lui y yo?
Akatosh los contempló. Ambos tuvieron la sensación de que el tiempo se detenía a su alrededor, pero seguían conscientes de lo que ocurría. Es como si Akatosh le estuviera pidiendo al mismísimo tiempo que se detuviera en el mundo exterior. En su mundo. Claramente este dragón dorado y colosal poseía un poder que ya querrían muchos poseerlo. A Valt le daba hasta miedo imaginar hasta dónde abarcarían las habilidades de Akatosh, de Dios.
- La oscuridad amenaza a este mundo de nuevo. – Habló el dragón, alzando la cabeza hacia arriba. – Dovahkiin encontrará la muerte, para volver a mí. Cuando eso ocurra, Koslaram se hará invencible y este mundo podría desaparecer.
- Espera. – Intervino Lui. - ¿Cómo que «podría»? Si Free muere, entonces no habrá quien pueda detener a Phi. Obviamente, el mundo acabará destruido.
- ¡Hay que evitar eso! – Valt había estado mirando a Lui con alarma cuando hablaba su compañero. Sentía miedo ante tal realidad.
- No existen dos sino tres. – Aquellas palabras de Akatosh confundieron al Dragón Blanco, al que se acercó. – De un todo surgieron dos, y quedó un tercero del cascarón. Aquel que ha vivido en el silencio sin mostrarse.
- El vacío. – Lui ató cabos enseguida. – Es el vacío.
- ¿Qué pasa? Me he perdido. Que alguien me cuente algo. – Valt miraba a sus dos interlocutores, tratando de pillar las cosas. Entonces se encontró con los ojos de Lui.
- Hay un enemigo más aparte de Phi. Y al parecer, es alguien incluso más peligroso que el propio Phi. – Eso hizo que Valt abriera los ojos, otra vez. - Pero ¿Quién es? – Miró a Akatosh.
El dragón no respondió, sino que permaneció en silencio, como dejando que fueran los muchachos quienes tuvieran que resolver esa duda, en vez de hacer las cosas más sencillas y darles la respuesta directamente. Lui trataba de pensar en alguien que diera un perfil parecido a lo que se estaba imaginando a raíz de la información proporcionada por Akatosh. Pero nadie vino a su mente. Valt trató de hacer lo mismo, pero él era más de ir descubriendo las cosas. Pero una parte de su interior le reprendió por ello. Tal vez ya sería demasiado tarde para cuando lo supieran.
- Akatosh. – Lui miró al dragón. – Si nosotros, Valt y yo, somos los antiguos Voslaarum y Odahviin, ¿por qué no somos capaces de recordar nuestras vidas pasadas?
- El alma que tiene un cometido por cumplir y que pertenece a un ciclo, debe desprenderse de lo más pesado: sus memorias. Es responsabilidad de los cuatro elementos devolver esas memorias. Cada elemento posee una parte de ellas.
- Entonces tenemos que buscar esa chica. – Dijo Valt.
- ¿Y cómo? Si ha sido el agua la causante de que Free haya terminado al borde de la muerte, entonces a nosotros no nos querrá escuchar. – Tuvo que contarle Lui para que el pelinegro viera el lado lógico de esta situación.
- Ya, pero... no podemos quedarnos de brazos cruzados.
- No tenemos el poder necesario para enfrentarla. Acabaríamos muertos.
- A no ser que Fayna nos ayude.
Automáticamente Lui devolvió sus ojos a Valt. ¿Cómo no pudo caer antes en ello? Fayna era la respuesta. Aunque el agua fuera el elemento opuesto, no podían negar que Fayna era poderosa. Ella podría ocuparse del agua y hacer que sentara la cabeza, pagando por sus errores. Aunque eso, en parte, le hizo pensar a Lui sobre el motivo por el cual el agua estaría del lado de Phi y le habría apoyado. ¿Y si estaba ignorando algo importante? ¿Y si había algo más y lo ignoraba por desconocimiento?
- ¿Y qué hay del aire? ¿o de la tierra? – Preguntó el Dragón Blanco. – No nos hemos topado con esos dos elementos.
- El aire se ha apartado de lo mundano. Y la tierra ha perdido la luz, pero sin apartarse de su camino original. – Habló Akatosh. – Es tarea de Dovahkiin encargarse de la tierra y el aire.
- Pero si Free muere, no podrá hacerlo.
- Free no puede morir. – Valt apretó las manos. - ¡Él tiene que recuperarse y...!
- El fuego es quien os dará la respuesta ante las dudas que tengáis de Dovahkiin. El fuego es el que sabe lo que hay que hacer.
- Bien, entonces, Akatosh... - Lui miró al dragón. - ¡Es hora de que nos devuelvas nuestro poder! ¡Sólo así podremos cumplir nuestro deber también!
Akatosh no contestó. Aspiró aire, y lo dejó salir en una potente ráfaga blanca. Los chicos se asustaron, creyendo que eran atacados. Para cuando se dieron cuenta y bajaron los brazos con los que se taparon la cara, vieron que un remolino giraba en torno a ellos. No tuvieron tiempo a hacer o decir nada porque fueron arrastrados a una serie de visiones que Akatosh les mostraba. Conocieron un mundo primitivo, castigado por las guerras humanas, y los conflictos entre Dovahkiin y Koslaram, y cómo los cuatro elementos intervenían. Pero hasta los cuatro elementos llegaron a enfrentarse entre ellos. Valt se vio a sí mismo en quién sabe cuántas vidas pasadas, y por la cercanía, reconoció a Dovahkiin.
Akatosh les explicaba lo que ocurría, cómo los cuatro elementos también eran obligados a luchar entre sí con el fin de encontrar el camino a seguir, aunque esas luchas no volvían a repetirse después. Era la naturaleza de los cuatro elementos chocar antes de entrar en armonía, como parte del ciclo de la vida donde después de la destrucción se producía el nacimiento. Lui y Valt perdieron la cuenta de las veces que vieron al mundo acabar en la oscuridad o ser llenado de una luz excesiva... pero no hubo señales de una tercera fuerza hasta que la vieron por primera vez. Era oscura, y de ojos grises casi blancos. Un dragón tan negro como la noche, o como el propio universo. Un dragón colosal, cuya apariencia ya demostraba su naturaleza hostil, que, sorprendentemente, no siempre lo fue.
Mientras lo contemplaba todo, una voz llegó a los oídos de Valt, sonando con calidez y sabiendo que era un mensaje para él:
«Voslaarum. Déjame confesarte una cosa... tú eres MI VERDADERO NORTE».
Cuando todo aquello terminó, se generó un estallido de energía que acabó por pasar a través de sus cuerpos. Lui y Valt sintieron que una poderosa fuente de poder parecía surgir de su propio interior. Regresaron a esa extraña dimensión, viendo a Akatosh por última vez:
- Odahviin, Voslaarum... ahora habéis vuelto a vuestro camino. El mundo os aguarda. Yo ya conozco vuestra visión de las cosas, pero debéis ser vosotros quienes encontréis un significado a las experiencias venideras. Es elección vuestra dejar que este mundo sea destruido para que uno nuevo pueda nacer, o, por el contrario, proteger este mundo y dejar que el próximo se las apañe por sí mismo.
Eso fue lo que escucharon antes de que despertaran y se encontraran de nuevo en ese templo bajo tierra. El hombre de la túnica seguía presente, aunque más translúcido. Tenía toda la pinta de que desaparecería rápido. Con unas pocas indicaciones de su parte, los muchachos concentraron su energía en el interior de su cuerpo para no malgastarla o dejarla fluir de esa manera. Luego, abrieron lentamente los ojos hasta acostumbrarse a esa sensación poco a poco.
- Vuestro poder se ha despertado. – Anunció el servidor de Akatosh. – Os felicito. Ahora el mundo tiene más posibilidades de seguir adelante que antes.
- ¿Qué ha sido de Akatosh? – Habló Valt.
- Eso es lo de menos. – Dijo Lui. - ¿Qué es lo que tenemos que hacer ahora? ¿Ir con Fayna?
- Depende de lo que os haya dicho Akatosh.
- Akatosh nos dijo que Fayna nos daría las respuestas que buscamos sobre Dovahkiin. – Valt hizo memoria. – Y tenemos que encontrar a la chica del agua.
- ¡Oh! ¡Así que el agua ha aparecido! – Exclamaba el hombre.
- ¿Por qué? ¿La conoces? – Quiso saber Lui, viendo asentir al otro. - ¿Qué sabes de ella?
- El agua siempre ha sido un elemento emocional, muy ligado a los bloqueos de Dovahkiin. – Eso hizo que los chicos intercambiaran miradas. – El agua fue un elemento muy cercano a Dovahkiin.
- Si eso es así, ¿Por qué narices ha intentado matarle? – Valt se sintió furioso. Para él era una hipocresía tremenda. - ¡Es absurdo! – Alzó la voz. - ¡Yo la vi! ¡La vi atacando a Free!
- Sí, son errores que se cometen. Pero el agua ha sido corrompida por la oscuridad. Debéis encontrarla y purificarla.
- ¿Y cómo se supone que vamos a lograr eso?
- Es el turno del fuego a que os ayude. Mi tarea aquí ha concluido. – La voz del hombre sonó más baja, pero le vieron sonreír. – Odahviin, Voslaarum... cuidad de Dovahkiin. Cuidad de este mundo. Cuidaos vosotros... pequeños dragones.
Chapter 57: Cómplice Y Enemigo
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Dos semanas transcurrieron a partir de ese día. Durante ese tiempo, Valt y Lui compartieron tiempo juntos para aprender a manejar mejor su poder. Fayna les dio algunas pautas, aunque también los dejó a su aire para vigilar el hospital en el que Free seguía metido, sin salir de la UCI. Cristina iba a verle casi cada día, y cuando no, Valt se ocupaba de cubrir esa visita vacante. A Lui no le permitían estar con De La Hoya a causa de que no era familiar ni tampoco alguien cercano, al menos, para los médicos. Valt se sintió mal por Lui e intentó convencerle de encontrar alguna manera para que pudiera ver a Free, pero, curiosamente, el Dragón Blanco aceptó que los celadores le privaran de ello y le confió al pelinegro la seguridad del Dragón Dorado, cuya condición no mejoraba y, de hecho, poco a poco iba a peor.
Phi no mostró señales de ir a por Free, pero Fayna fue la única en no bajar la guardia y menos cuando el elemento del agua andaba suelto en calidad de enemigo. O enemiga, en este caso. Ni siquiera ella, como el fuego que era, entendía por qué el agua se había puesto en contra del espíritu de la luz. Sin embargo, no se molestó en ir a buscar las respuestas. De ella dependía la protección de Dovahkiin. Era su deber, y lo cumpliría.
En un estadio de beyblade, Phi esperaba a su contrincante. Llevaba ahí por lo menos media hora. ¿Qué pasaba que su oponente no aparecía? Comenzó a impacientarse.
- Esto es una pérdida de tiempo. – Se dijo para sí mismo.
No había un reloj cerca, y el comentarista tampoco estaba ahí. Era un desafío a puerta cerrada. Nadie iba a conocer este enfrentamiento. Era una de las condiciones de su rival, que Phi aceptó en deuda por haber sido sacado de la cárcel con tanta facilidad. La policía le consideró sospechoso de lo ocurrido en El Astro poco tiempo atrás... haría más de dos semanas. Sabía que intentar acercarse a Free era arriesgado, seguramente le estarían vigilando día y noche para que él no se le acercara. Debía aparentar que no tenía nada que ver. Era mejor no buscarse problemas innecesarios, aunque por suerte, sobornar a las autoridades fue pan comido. ¿Y a quién no le gustaba el dinero? A Phi le sobraba. Ventajas de haber nacido en una familia rica como la suya.
- Vaya, qué puntual. – Escuchó una voz. Se quitó la capucha que cubría su cabeza, aunque de todos modos llevaba la gorra azul puesta.
- ¿Tú? – Phi frunció el ceño. - ¿Qué estás haciendo aquí?
- ¿No es obvio? He venido a darte lo tuyo. – Se quedó delante del estadio después de avanzar tras cerrar las puertas y atravesar el puente metálico que lo unía con este lugar. – Estoy aburrido, quiero un poquito de acción antes de que mis espíritus me pongan a dormir.
Phi entrecerró la mirada. Esto no tenía sentido. Jin Aizawa. ¿Qué estaba haciendo él aquí? Era él quien le había ayudado, incluso se las apañó con la policía para hablar con él. Fue este chico quien puso al elemento del agua a su favor. ¿Qué era lo que hacía entonces, aquí, delante de su persona? Algo no le cuadraba. Y por más que se dejara los sesos intentando descubrirlo, no era capaz de ver más allá de este chico. Había algo en su interior que bloqueaba sus habilidades con su poderosa energía oscura con la que había corrompido al elemento del agua para ponerlo de su lado. Esa chica era ahora la menor de sus preocupaciones.
- ¿Por qué alguien como tú me quiere retar? No le veo la lógica, por más que lo piense.
- Tienes algo que yo quiero. – Fue la respuesta tan simple que le dio. – Pero dejaré que lo averigües por mí.
- ¿Averiguarlo por ti? – Phi no pudo contener la risa. – Eres un chico peculiar. ¿Qué es lo que buscas exactamente?
- Buena pregunta. ¿Qué es lo que busco? Hmm...
Phi conocía esa táctica. Era pura evasión. Jin le devolvía sus propias dudas, sin molestarse en darle pistas. Escondió muy bien sus motivos, sin delatarse ni siquiera en su lenguaje no verbal. Claro que Phi tampoco era un experto en ese tipo de comunicación. Observó que Jin movía de lado a lado su cuerpo, dejando que sus brazos se movieran como si fueran un peso muerto unido a él. Era como ver a un fantasma haciendo algo extraño. Los dos sacaron sus lanzadores, aunque Phi continuaba sin comprender a qué venía esto.
- Se supone que tú eres mi cómplice, ¿Cómo es que ahora quieres ser mi enemigo? – Preguntaba con una sonrisilla confiada. - ¿Vas a ponerte del lado de Free De La Hoya?
- No. Qué va. A mí elegir bandos me aburre, ¿sabes? Quiero un poco de diversión. Es desagradable cuando te duermes sin más.
Los dos hicieron sus respectivos lanzamientos. No tenía pinta de que fuera a ser un combate de esos intensos. Parecía más bien del tipo amistoso de dos bladers que querían aprovechar la ocasión para charlar. Phi no se tomaba nada de esto en serio, pero no podía ocultar su inquietud. Un muchacho que no elegía bandos ni tenía predisposición por nada ni nadie. ¿Qué podía esperar de alguien así? No, mucho más mejor: ¿cómo podía predecir a alguien así? Le era imposible.
- Gracias a ti, Free De La Hoya morirá. ¿Estás conforme con eso?
- La muerte nos encuentra tarde o temprano. Si tiene que morir, pues que se muera. Tampoco me siento culpable.
- Vaya, vaya. Si no te conociera ni un poquito diría que no tienes empatía por la gente.
- Es que no tengo empatía por nadie. – Contestó directamente. – Este mundo debe desaparecer. Por eso te estoy apoyando.
- Pero estás aquí, desafiándome.
- ¿Es un desafío? – Preguntó, desconcertando a Phi. – Sólo quería pasar un ratito contigo.
- O sea que me has mentido. – Se rio. – Sí que eres peculiar, sí. No termino de pillarte del todo. Eres muy misterioso, ¿sabes?
Los dos bey colisionaban, aunque el de Jin esquivaba de forma constante al de Phi. Ninguno dijo nada, y Jin no tuvo intención de romper su silencio. Era muy consciente que Phi intentaba encontrar sus razones para actuar de este modo después de que le echara una mano. Sin embargo, él no era partidario de ir poniéndole nombre a las cosas. Ni siquiera le importaba lo que cualquiera pudiera pensar de él. Este mundo no le importaba, del mismo modo que su gente tampoco. No había ningún ser querido en su vida. Tenía más que claro que sus padres adoptivos no le amaban tanto como decían, o al menos, él no se lo creía. Después de sufrir el abandono de sus progenitores biológicos... no volvió a ser capaz de confiar en nadie, salvo en sí mismo y en sus espíritus.
Phi usó su energía oscura para derribar al bey de Jin, pero se sorprendió cuando fue testigo de cómo el chico era capaz de absorberla por sí mismo. La siniestra mirada que contempló debajo de esa gorra le hizo sentir algo que dio por olvidado desde su niñez: miedo. Phi tuvo miedo. Y en su arrebato de rabia, intentó hacer lo mismo, pero sólo obtuvo el mismo resultado. Sintió que dos cuartos de su poder le era retirado en un santiamén.
- I- imposible. – Se puso pálido, más de lo que ya era. - ¡Nadie puede hacer eso con mi energía!
- Pues yo sí. – Respondió con simpleza. - Obviamente.
- ¡¿Pero cómo?! ¡¿Cómo lo haces?! – Se alteraba Phi, que respiró hondo al darse cuenta de que perdía la calma. No, eso no debía pasar. - ¿Quién eres tú en realidad?
- Sólo soy alguien que vagabundea por este mundo, nada más. – Recolocó mejor la gorra, tapando sus ojos. – Pero... ¿no te gustaría averiguarlo más y mejor, Phi? – Preguntó con un tono de voz frío que le provocó escalofríos al aludido.
El combate prosiguió, e incluso tomó más intensidad. El bey de Jin, Jormuntor, se hizo más fuerte de un momento a otro, pillando desprevenido a Phi que terminó sufriendo un final por fuera de pista. El hombre estaba que no podía creérselo. ¿Qué era lo que estaba pasando exactamente? ¿Quién era el chico que tenía delante? Recogiendo a Dread Phoenix, miró a Jin, que cabeceaba como si en cualquier momento fuera a desplomarse por quedarse dormido. Es como si mantenerse despierto fuera algo complicado para él.
- Voy a destruirte. – Anunció Phi, usando su energía oscura. La esclerótica blanca de sus ojos se volvió negra. - ¡Y me aseguraré de condenarte al vacío de este mundo!
Phi hizo su lanzamiento, ignorando por completo la sonrisilla siniestra de Jin debajo de su gorra. Dread Phoenix volvió a colisionar contra Jormuntor, casi haciéndolo volar por los aires y sacarlo del estadio de una forma brutal después de ir a toda pastilla. Phi abrió los ojos, al sentir cómo el ambiente empezaba a enfriarse al punto de que se formaba hielo cerca de ellos. ¿Acaso era obra de Jin? El aire que soltaba empezaba a ser más visible, como si de repente la temperatura se desplomara. Sintió frío.
- ¿En serio quieres condenarme al vacío? – Escuchó a Aizawa. - ¿A mí, que he hecho tanto por ti? – Alzó su rostro. – Muy mal, Phi. Muy... MAL.
Rápidamente Jin absorbió más del poder de Phi, quien sintió que se debilitaba más. No lo entendía, pero lo único que sabía Phi es que se hallaba en peligro. Fuera lo que fuera, este chico no era ordinario. Tenía un poder que no podía ignorar, y al que no debía enfrentar... solo. Desafortunadamente, el elemento del agua no estaba, así que tenía que pensar en algo... y pensarlo ya, de lo contrario, este chico le arrebataría todo su poder.
Lo primero que hizo fue recoger a Dread Phoenix e intentar salir corriendo. Jin se rio, extendiendo su mano hacia Phi. Sus espíritus aparecieron y bloquearon las puertas que Phi no logró alcanzar y que vio cómo terminaban siendo congeladas. ¿Acaso Jin pretendía congelar todo este lugar? ¿Cómo? Se giró a mirarle, mientras su mente trataba de idear algún plan para salir de allí, pero las opciones se le terminaban muy rápidamente. Jin actuaba más veloz que él, y más ahora, que dominaba la situación.
- Si me entregas tu poder, te dejaré salir. – Propuso Jin.
- Jeh. Qué ingenuo. ¿De veras piensas que te lo voy a dar así por las buenas?
- Te convendría hacerlo, ¿O prefieres morir?
- No te tengo miedo. – Se rodeó de su energía, con el fin de defenderse.
- Ah... - Suspiró Jin, llevando su mano a la cara y negando con la cabeza. – Muy mala elección.
Phi esquivó a dos espíritus que intentaron alcanzarle, pero un tercero le sorprendió cuando le derribó al suelo. Fue entonces que más espíritus le ataron como si fueran unos poderosos látigos que era atados a distancia con el fin de que él no pudiera soltarse. Phi se vio indefenso e inmovilizado a medida que más espíritus le rodeaban con el mismo propósito de mantenerle ahí, bien quieto y a merced de Jin, quien se fue acercando pasito a pasito. Movía su cuerpo delgado de lado a lado, dando la sensación de que se caería. Su cuerpo daba la sensación de ser inestable y desequilibrado... aunque puede que no más que su mente.
En silencio, Phi veía que había muchos más espíritus, cuyas garras aparecían desde el suelo, debajo de Jin, pero a su alrededor. Es como si le estuvieran protegiendo. Su energía oscura se desvaneció, apartándose de su cuerpo para ir hasta Jin e introducirse en su interior. Los ojos de Phi volvieron a la normalidad cuando más de la mitad de su poder le fue arrebatado.
- Fingiste ser mi aliado y mi cómplice para convertirte en mi enemigo, ¿no es así? – Ahora lo único que podía hacer Phi era hablar. Jin se mantuvo a distancia de él, mostrando su lado más desconfiado.
- No me culpes a mí. Es mi naturaleza. – Se encogió de hombros. – He estado yendo detrás de ti todo el tiempo. Pero tranquilo, no tengo pensado matarte... todavía.
- Cht... maldito mocoso...
- Podría dejarte con vida si me dieras el poder restante que te queda. Si lo haces por las buenas, seré piadoso y te dejaré ir.
- ¡No me subestimes! ¡Yo todavía no...!
- ¿No te vas a rendir? – Se adelantó, riéndose. – Aunque enviaras al agua a por mí, ten por seguro que la cortaría en dos. El agua nunca ha podido conmigo... y no podrá hacerlo jamás. – Dijo. – En fin... - Suspiró, acercándose. – Visto lo visto, y como no vas a ceder por las buenas, no me quedará otro remedio que hacerlo por las malas.
Y lo último que se escuchó en aquel estadio fueron los gritos de Phi.
Chapter 58: Abzu, El Agua
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Valt regresó al bosque del BC Sol, convenciendo a Lui de ir con él. Los dos se acordaban mucho de Free, y continuaban cuestionándose cuándo despertaría y cómo lo haría. Los médicos seguían sin dar esperanzas. El doctor Marc insistía en que la evolución de Free se mantenía estancada, sin cambios importantes. Cristina iba a ver a menudo al rubio aprovechando que Valt tenía que practicar con el nuevo poder que obtuvo gracias a Akatosh. Lui hizo lo mismo, razón por la que se mantuvo a su lado. Y ambos terminaron llegando al estadio de beyblade del bosque, el lugar favorito de Free. Por su reacción, Valt entendió que Lui conocía este rincón del monte, probablemente porque Free le trajo personalmente. Una parte de su corazón tuvo envidia. Al contrario que a él, Free parecía contarle o enseñarle las cosas a Lui directamente.
De nuevo se cuestionó dónde estaba la diferencia entre ellos.
- Fayna no se ha movido del hospital. ¿Crees que estará bien? – Valt rompió el silencio, mientras practicaba un poco de beyblade para relajarse. Lui estaba apoyado en uno de los pilares de la estructura, a la sombra, como huyendo del sol.
- Yo que tú ni siquiera lo preguntaría. Esa chica es demasiado poderosa.
- Tanto que os puedo dar una patada en el culo y haceros volar.
Automáticamente reaccionaron. Lui se puso de pie, cuando escuchó la voz de Fayna desde su espalda. Valt recogió a Valtryek del estadio. La joven permanecía con esa postura firme y estoica, pero con las manos en los bolsillos en un gesto pasota. Su mirada continuaba siendo tan seria como de costumbre. Parecía que sonreír no era algo fácil para ella. La tensión desapareció al cabo de pocos minutos, aunque los dos chicos se repetían la misma pregunta en sus mentes: ¿Qué hacía ella aquí?
- Pensaba que vigilabas a Free. – Dijo Valt, un tanto desconcertado.
- La dueña de tu equipo está con él, así que me he permitido venir hasta aquí. Tal y la vigilancia que le han puesto – Fayna recordó a los dos agentes de policía merodeando cerca del pasillo de la zona de la UCI, sin molestar. – Nadie será tan estúpido como para meterse en líos.
- Eso significa que si has venido es porque ha pasado algo. – Atajó Lui, que no quería hablar de manera innecesaria. – Escúpelo ya. – Exigió. Fayna suspiró.
- Se trata de Phi. – Cerró los ojos antes de volver a abrirlos. – Al parecer ha sido atacado por alguien fuera de lo normal.
- ¿Cómo? ¿Sabes de quién se trata?
- Si lo supiera no estaría aquí, ¿no te parece? – Fayna se encogió de hombros. Valt y Lui no pasaron por alto la molestia en la joven que representaba al fuego. – No sé quién es tan poderoso como para haber enfrentado a Phi por su cuenta y salir tan airoso.
- ¿Quizá el agua se ha revelado contra él? – Valt intercambió miradas con Lui.
- No. De ella no hay ni rastro. – Respondía Fayna enseguida. – A pesar de que en el lugar del crimen todo ha sido congelado... literalmente.
Eso los dejó callados. Si no había sido el elemento del agua, ¿entonces quién? Y sobre todo: ¿por qué? Ni Valt ni Lui conocían a nadie en específico que tuviera algo en contra de Phi, y aunque así fuera, no sería lo suficientemente fuerte como para enfrentarlo. Eso les llevó a conclusión de que había alguien más ahí fuera que tal vez deberían tener más en cuenta, pero ni siquiera Lui, con lo inteligente que era, podía hacerse una idea de la identidad de una persona así. Eso le inquietó.
- ¿Recuerdas lo que nos dijo Akatosh? – Lui hizo contacto visual con Valt, que asintió. Fayna se mantuvo escuchándoles.
- Nos contó que había un enemigo más aparte de Phi. – Valt dirigió su vista hacia Fayna. - ¿Tal vez sea ese?
- ¿Otro más? – Preguntó ella. - ¿Qué os contó exactamente?
- Dijo algo como que en vez de dos había tres. Lui llegó a la conclusión de que era el vacío, aunque yo no entendí nada de nada.
A Fayna casi se le salieron los ojos de las órbitas. Lui no supo si fue por una gran impresión o porque la joven sintió las ganas de enfrentarse a esa tercera fuerza que sin duda parecía conocer. Akatosh ya les puso en aviso de que los cuatro elementos poseían conocimientos que ellos todavía no, pero que cada uno guardaba consigo uno distinto. Era momento de que Fayna pusiera las cosas claras. La necesitaban ahora más que nunca. Free continuaba sin dar señales de que fuera a volver pronto con ellos, y, por lo tanto, eso les obligaba a protegerle y a ir solucionando tantos problemas como pudieran a medida que fueran encontrándolos. Lui no quería ni pensar en que para algunos asuntos tuvieran que depender del Dragón Dorado, pero mentalmente admitió que todo era más sencillo con él presente por su fuerza y su poderosa determinación.
- El vacío. – Fayna asintió. – Así que es cierto. Ha regresado.
- ¿Lo conoces? – Quiso saber Valt.
- El vacío es la tercera fuerza principal de este mundo, una que surgió a partir de la separación de aquella fuerza primitiva que formaba un todo unido. Akatosh la separó en dos, pero como resultado, nació una tercera. Su existencia se consideró un tabú desde el principio de los tiempos, por eso no es tan conocida.
- No parece ser nada bueno...
- Es que no lo es. Ni siquiera yo, que soy el fuego, estoy seguro de qué es lo que puedo hacer contra un poder semejante.
- Y lo peor es que no sabemos ni quién es. – Lui se cruzó de brazos. - ¿Nadie vio lo que ocurrió con Phi? ¿no hubo testigos?
- No que yo sepa.
Eso fastidió a Lui. Estaban en un callejón sin salida. Fayna tampoco tenía mucha idea de qué es lo que había ocurrido exactamente. Valt les observaba, callado, optando por no decir algo que pudiera resultar inútil. Poco a poco se daba cuenta de que era mejor pensar antes de hablar, aunque no fuera mucho con su estilo. Él era un chico sincero, puede que demasiado. Pero era gracias a Free que Valt descubrió que, a veces, usar antes la cabeza podía beneficiarte más que soltar lo primero que se te pasara por ella, yendo por puro instinto. Incluso, a su manera, Free le había demostrado durante su pelea contra Phi que la impulsividad podía empujarte a una muerte segura. Pero Valt lo intuía. Free buscó la muerte y la manera más fácil de hacerlo era yendo directo a la boca del lobo, o sea, Phi. El Dragón Dorado tenía que haberlo planeado de antemano, algo en el corazón de Valt se lo decía. Y él confiaría, por mucho que le costara.
- Phi tiene un hermano. – Dijo entonces el pelinegro, captando toda la atención. – Fue el que evitó que Phi me atacara cuando protegí a Free.
- ¿Sabes dónde podemos encontrarle? – Preguntó Lui.
- No, pero... - Contempló sus manos. – Deberíamos ser capaces de hacerlo si intentamos detectar su energía.
- Es un buen plan. Yo me apunto. – Sonrió Fayna. – A ver si de paso hay algo de acción, que estoy muy aburrido.
- ¿Cómo puedes decir una cosa así en esta situación? – Lui se molestó. – Con lo que está pasando, y tú tan tranquila. No pareces una chica.
- No quiero que me veas como una chica. – Aquello los sorprendió. – Es más... - Envolvió su mano en fuego y los amenazó: - como os atreváis a hacerlo y a tratarme como tal, os prometo que seré yo mismo quien os envíe al infierno de cabeza, ¿Os ha quedado claro?
- Pero somos tus maestros... - Dijo Valt.
- ¡JA, JA, JA! ¡¿Vosotros mis maestros?! ¡Os reconoceré como tales el día en que podáis vencerme! Hasta entonces seguid practicando como los buenos novatos que sois en esta nueva vida.
- ¡¿Cómo que novatos?! – Saltó Valt. - ¡Nosotros no...!
- Déjalo, Valt.
- ¡Pero Lui...! ¡¿Es que acaso no la has escuchado?!
- No vale la pena. Es parte de su naturaleza, ¿No lo estás viendo o qué?
Valt apretó las manos, por la rabia y la frustración. La sonrisa burlona de Fayna no mejoró las cosas y, de hecho, ella desapareció rápidamente de allí con un tremendo salto que casi la hacía volar por el cielo. Valt necesitó alejarse un poco, antes de chutar una piedra y maldecir por todo lo alto. Lui le contempló con una de sus manos en una de sus caderas, con una expresión serena.
- No sé cómo puedes estar tan tranquilo cuando Fayna dice esas cosas. – Habló Valt, todavía de espaldas. – ¡Yo no soy ningún novato! ¡Hace mucho que dejé de serlo!
- No se refirió al beyblade precisamente, Valt.
- ¡¿Y ahora por qué la defiendes?! – Se giró. - ¡¿Es que no te importa lo que diga?!
- Sinceramente no. – Eso sorprendió al pelinegro. – Para ser todavía más claro... la opinión de la gentuza me ha importado lo que viene siendo una grandísima mierda pinchada en un palo. Fayna puede decir lo que se le antoje, lo que importa es lo que yo haga. – Dijo. – Y lo que voy a hacer será encontrar al elemento del agua de una buena vez.
- Lui... - Murmuró, hasta suspirar. – Vaya, has cambiado mucho desde que viniste de Japón. – Bajó la cabeza. El otro se acercó a él, poniendo la mano izquierda sobre su hombro derecho.
- Tampoco tanto como crees. Continúo siendo el mismo, quizá haya sentado un poco más la cabeza, eso es todo.
- Venga ya. – Empezó a caminar a su lado. – El antiguo Lui se habría puesto a insultar a Fayna, y lo sabes.
- Sí, supongo que tienes razón.
Valt contempló el rostro de su interlocutor. Tenía curiosidad. ¿Qué era lo que había ocurrido para que Lui... se mostrara diferente? Parecía más maduro. La sensación de que el Dragón Blanco volvió completamente renovado regresó a Valt. Mientras caminaban por el bosque, Valt recordó la conversación que tuvo con Lui cuando le vio llegar al hospital en un momento en el que él estaba fatal después de haber visto al Dragón Dorado en la UCI. La conversación en la que descubrió por boca del propio Lui cómo Free se arriesgó yendo a Japón para salvar a Shirosagi del poder de Phi, sin temer a este último. Esa mirada de furia que vio, y esa energía dorada que transmitía cólera... sin duda, fue Free.
Volvió a mirar a Lui después de haber bajado la cabeza hasta en un par de ocasiones. Por supuesto, el Dragón Blanco no lo ignoró, pero optó por el silencio. Sin embargo, la actitud de Valt era... desconcertante. ¿Qué se le estaría pasando por la cabeza?
En un largo rato, cuando abandonaron el BC Sol y se adentraron en la ciudad, se dio cuenta que Lui parecía dirigirse en dirección al mar. Claro que Barcelona tenía playas y tal, él las había visitado, pero, ¿Lui sabría encontrarlas? Les tomó un camino cansado para llegar a su destino. Por las temperaturas algo elevadas, la gente había venido aquí igual que ellos. Pero tenían un propósito diferente.
- No he me traído el bañador. – Dijo Valt.
- No te hará falta.
- Dime que no has venido pensando que encontraremos aquí al elemento del agua.
- Bingo. Has dado en el clavo. Veo que sí sabes usar la cabeza después de todo.
- Oye, cómo te pasas.
- He, he. Oye mira, es que, si no lo hago, entonces no podría llamarme Lui Shirosagi, ¿lo pillas, chaval?
Pero Valt terminó sonriendo, irónicamente más cómodo. Ese ya se parecía más al Lui que él había conocido. Ya llevaba un pequeño tiempo yendo a su lado de aquí para allá, los dos intentando aprender más del poder que despertó en ellos con la ayuda de Akatosh. En ese pequeño tiempo, Valt había descubierto otras facetas de Lui que en el pasado ignoró completamente. Puede que fuera esa comprensión y esa calma lo que había hecho que Free terminara acercándose a Lui, porque terminaba siendo algo cálido y reconfortante. Aunque Lui tenía dieciséis años, como Free, siendo dos más mayor que Valt, el pelinegro veía que el Dragón Blanco era más maduro que otros chicos de su edad. ¿Habría tenido una vida difícil?
Yendo por la playa, lo único que tuvieron claro es que se estaban cociendo como gambas bajo el sol. Hacía calor, y Lui comenzaba a sudar. El calor del verano de Hokkaido era más soportable que esto.
- Espera. – Valt detuvo a su compañero. - No pensarás en meterte en el agua, ¿verdad?
- Si tú quieres convertirte en un pollo frito, adelante. Pero yo no. Además, tenemos que encontrar a esa chica, ¿recuerdas?
- Claro que lo recuerdo, pero, ¿no crees que es arriesgado meternos en su... territorio? – Miró el mar, no muy seguro de querer entrar en él.
- ¿Y quién te ha dicho que voy a ir contigo?
- ¿Pero no íbamos juntos?
- Yo no he dicho eso, y si lo he dicho entonces olvídalo. No voy a ir contigo.
- ¡Pero bueno! ¡¿Por qué no?! – Protestó. - ¡¿Me has hecho venir hasta aquí para nada?!
- Apenas me conozco Barcelona, ¿qué te esperas?
- ¡Pero qué cara más dura tienes! – Sujetó el brazo de Lui. - ¡Pues que sepas que no te pienso dejar ir! ¡¿Me has escuchado?!
- Muy bien, Valt. – Sonrió, sin buscar una discusión. - Entonces te arrastraré conmigo. Venga, andando. – Y aprovechó el agarre del propio Valt para obligarle a ir con él.
El mar los engulló enseguida en cuanto se sumergieron en el agua profunda. Usando su poder, Lui aseguró hacer unas esferas de energía, reforzadas con la de Valt. A medida que se adentraban en aquellas aguas y se alejaban de la superficie, aquel nuevo mundo se abría ante ellos en la forma de un silencio que nunca antes tuvieron la oportunidad de disfrutar. Bajo el agua, cientos de peces de diferentes especies conviviendo unos con otros nadaban de aquí para allá, usando los corales como refugio. Valt disfrutaba del nuevo paisaje mientras seguía a Lui. El mundo submarino era una maravilla, pero era un mundo que el ser humano estaba echando a perder a través de la contaminación y el poco respeto por el medio ambiente, algo directamente relacionado con el sistema económico, el capitalismo.
Pero el mar también tenía sus propios sonidos. Valt y Lui eran capaces de oírlos, aunque tuvieran que esforzarse un poco para saberlos distinguir. Las corrientes marinas guiaban a los peces. Valt no evitó ponerse a pensar que fue aquí, en el mar, donde la vida surgió por primera vez en el planeta Tierra. Y de esa vida fueron evolucionando nuevas especies hasta que llegó el humano, como una extraña casualidad de la naturaleza caprichosa. Valt pensaba en cómo sería vivir bajo el mar, en una casa preparada para ello. Tenía que ser algo espectacular, y para dormir sería genial porque no habría ruido.
Lui le devolvió a su realidad y continuaron mirando por todas partes. ¿Dónde se supone que iban a encontrarse con esa chica? A Valt le seguía pareciendo una locura entrar en su medio, en su territorio. ¿Y si los congelaba? ¿y si les atacaba? Alzando la vista, pronto su mente se distrajo de esas posibilidades. La luz del sol se veía lejana, los rayos apenas llegaban hasta ellos porque habían descendido mucho, pero ni siquiera sentía la presión del agua. Por primera vez, Valt se sentía como si este sitio fuera realmente su casa. Fue una sensación extraña. No había miedo en él.
Un banco de peces apareció ante sus ojos. Se detuvo al lado de Lui, en cuanto ambos vieron a una chica en el medio. Es como si los peces simplemente bailaran a su alrededor, y se comunicaran con ella. Era una joven que ni siquiera usaba protección estando a tantísima profundidad. Su pelo negro es como si volara en el vacío de la gravedad del mar. Pero lo que más destacaba, en parte, era su vestido tan negro como la noche.
- Eh, espera. ¿A dónde vas? – Le preguntaba Lui al verle avanzar.
Fue algo que hizo por impulso. Valt no se pudo controlar a sí mismo. Sus ojos se encontraron con los de aquella chica, que tenía esa misma expresión triste que contempló la primera vez que la vio. No había atisbo de maldad en aquella mirada. El banco de peces respondió enseguida ante la reacción de la joven y fueron a por Valt, para atacarle, aunque no lo hicieron directamente, sino que le rodearon, confundiéndolo y alejándolo de la chica a la que volvió a acercarse.
Usando su poder, Lui creó una especie de puente que luego se expandió como una esfera más que rodeó a la joven, a la que Valt tuvo acceso por fin. Ella tocó la energía con sus pies desnudos, pero puso las manos de por medio, con toda la intención de arremeter contra ellos.
- Espera, espera. – Se adelantaba Valt. – No voy a hacerte daño. Sólo quiero hablar contigo.
- No. Os marcharéis. – Creó brazos de agua, usándolos como si fueran látigos. Pero la energía de Lui acabó por congelarlos, inmovilizando a la joven en el proceso. - ¡Venir a mi hogar ha sido un grave error que...!
- No somos tus enemigos, acéptalo. – Se acercó el Dragón Blanco. Ella seguía mostrando resistencia, pero sin resultado. – Es inútil. No podrás hacer nada.
- Tú eres el elemento del agua, ¿a que sí? – Sonrió Valt, reduciendo la distancia con esa muchacha. – Yo soy Valt Aoi, y este de aquí es mi amigo, Lui Shirosagi. – Hizo un ademán al aludido. – De veras que no queremos hacerte daño.
- ¡¿Y entonces por qué habéis venido?!
- Porque te necesitamos. No sabemos por qué estás del lado de Phi, pero hay alguien que te necesita mucho más que él y nosotros.
Lui se mantenía callado. Valt parecía llevar las cosas de una buena manera, así que era mejor no decir nada, para no estropear la oportunidad. Quién sabe. Puede que el agua fuera más pacífica de lo que creyeron, y terminara cediendo en su hostil postura.
- Dovahkiin te necesita. Lo sabes, ¿verdad? – Valt sonrió con tristeza. – Ahora mismo, él está entre la vida y la muerte. Está desprotegido.
- Y cada día que pasa, hace menos luz... - Añadió Lui, dejándolo caer.
- ¡Qué me importa a mí eso! – La joven alzó la voz. - ¡Por mí este mundo puede irse al infierno con todos vosotros juntos!
Extrañamente, Valt se quedó callado. Veía el sufrimiento en el rostro de la joven, cuyos ojos lucían apagados. Él había visto esa expresión en otra parte... la vio en Daigo, hacía un par de años atrás. Valt avanzó un par de pasos, quedando frente a la muchacha.
- Dime, ¿Cómo te llamas? – Habló de forma gentil, sin abandonar esa sincera sonrisa. Eso pareció tener efecto en su interlocutora, que se reprimía a sí misma hasta que suspiró, desviando la mirada.
- Soy Abzu. – Susurró.
- Abzu. – Repitió Valt. – Vaya, es un nombre precioso.
Fue entonces que la chica abrió los ojos, sorprendida. No vio falsedad en Valt. Su sonrisa era honesta. Por primera vez en mucho tiempo, sintió algo que le faltó a su corazón: la alegría de una persona. Pero en respuesta, en su interior afloró una emoción latente: fue el miedo.
Chapter 59: ¡Sálvanos, Fuego! ¡Fayna Al Rescate!
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El profundo silencio del mar trajo un ambiente tranquilo. Abzu continuaba con los brazos congelados, casi suspendida en el interior de la esfera formada por Lui, y reforzada por Valt. Los dos la observaban, calmados, sin intenciones hostiles. Valt confiaba en que Abzu no iba a hacerles nada. Ella todavía les miraba, casi sin saber qué pensar. Valt veía en ella el sufrimiento por una causa desconocida. Lui permanecía atento a cualquier cosa, y eso incluía el entorno. Estaban en pleno mar, en aguas abiertas y profundas... el medio ideal para el elemento que se hallaba frente a ellos.
- Lui, ¿Podrías soltarla? – Se giró para mirar a su compañero.
- ¿Para? – El aludido se cruzó de brazos, nada convencido. – Podría atacarnos, lo sabes, ¿no?
- Sí, pero no lograremos nada si la mantenemos así.
- ¿Y vas a correr el riesgo? – Arqueó una ceja, algo incrédulo. – Recuerda que fue ella quien estuvo a punto de matar a Free. Por su culpa, él ahora está a punto de morir. – Señaló a la chica.
Valt calló. No podía negar algo tan real como eso. Abzu contempló su rostro, todavía sin soltar palabra. Valt cerró sus ojos, recordando cómo le impactó encontrarse a Free en aquella habitación, en la zona de la UCI. Nunca creyó que algún día llegaría a verle en tales condiciones. Con la mano izquierda en el pecho, Valt se repetía en su mente una y otra vez que buscar culpables no iba a servir de nada. Aunque fuera cierto, y Abzu fuera la responsable de que Free acabara en semejante condición y quedar tan vulnerable. Su intuición continuaba diciéndole que todo esto no dejaba de ser un plan del Dragón Dorado. Era algo que él había planteado hacer de antemano, sin revelarle a nadie el motivo para recurrir a tan drástica decisión.
Una vez más, Free se sacrificaba... pero esta vez parecía ser literalmente.
- No me va a servir de nada culparla. – Valt rompió su silencio. Lui se sorprendió al ver una reacción tan impropia de ese Valt más bien impulsivo que se dejaba llevar por sus emociones. Empezaba a comportarse de otra manera. – Culpar a Abzu por lo que le ha hecho a Free no me lo devolverá. Free no regresará a mi lado. – Y miró a Lui. – No le veo sentido buscar culpables cuando podemos encontrar soluciones para terminar con todos estos problemas. – Entonces dirigió sus ojos hacia Abzu. – No me importa si estás unida o no a Dovahkiin, pero yo sí estoy unido a él. Por eso sé que volverá a mí, no importa cuándo. – Aunque una parte de él dudara, como parte de su naturaleza humana. – Pero lo que no puedo ignorar es el hecho de que necesitamos tu ayuda. – Extendió su mano. – Por favor, Abzu... ayúdanos.
Hubo silencio como respuesta. Lui no había cedido en la petición de Valt para soltar a la chica, pero ésta no apartó su atención del pelinegro. En esos ojos castaños podía ver una serie de sentimientos que ella no logró comprender. Valt no desprendía hostilidad, aun así Abzu sabía que no necesitaba hacerlo para ser capaz de obligarla a cooperar. Pero, por supuesto, eso no iba a ser tan fácil. El miedo la atizó desde dentro. ¿Volvería a caer el mundo que ella amaba por culpa de Dovahkiin? Se puso a llorar al recordar sus vidas pasadas, continuando como el espíritu del agua. Valt se apenó.
Lui fue el único que se percató de lo que realmente estaba ocurriendo. El agua del exterior de la esfera empezaba a moverse de forma extraña, casi en círculos. Como respuesta, expulsó a Abzu de ese reducido espacio seguro con aire, para empezar a alejarse.
- ¡¿Qué estás haciendo?!
- ¡¿No es obvio?! ¡Nos largamos!
- ¡Pero si estaba hablando con ella!
- ¡Abre los ojos, Valt! ¡El agua no nos escuchará!
- ¡Puedo conseguirlo si me...!
Valt cayó al suelo helado del interior de la esfera cuando una fuerza externa la sacudió entera. Pronto, un remolino fue creado de la nada y Lui se percató de que eran arrastrados por la fuerza centrífuga. La esfera empezó a dar vueltas por el agua en movimiento. Desde dentro, ambos vieron que era cosa de Abzu, quien se hallaba en el centro del remolino. Se miraron entre ellos, sabiendo que tenían que hacer algo. No les iba a quedar otro remedio que enfrentarse al elemento del agua en su propio medio. Era una verdadera locura de la que podrían no salir vivos.
Valt puso las manos sobre la pared de hielo, y concentró su energía. Alrededor de la esfera surgió un campo protector con destellos dorados. Lui tuvo que centrarse en cuidar de lo único que los separaba del mar y que los protegía de ahogarse en las profundidades. El mar estaba cada vez más violento, pues las corrientes marinas se volvieron más inestables, rápidas y cambiantes. Eso atrajo a muchos peces que se vieron arrastrados al conflicto, a excepción de los delfines y los tiburones por su nado veloz. Pero Abzu no fue tonta. No se limitó a hacer eso y ya está. Usando la fuerza del remolino, desplazó la esfera creada por Lui y protegida por Valt hacia la superficie. Por mucho que Valt intentara contener su poder para mantener el campo, al final la esfera terminó resquebrajándose y rompiéndose por el brusco cambio de la presión. Ascendieron rápidamente hasta salir volando por los aires fuera del agua desde una gran altura. Abzu se movió rápidamente para alcanzarles, girando sobre sí misma para hacer un torbellino y alcanzar la superficie, donde empezó a congelar el agua para avanzar de forma veloz.
Lui actuó deprisa, usando su energía para separar el agua y romper el hielo casi en una explosión que alejó a Abzu de ellos. La gente de la playa se iba corriendo despavorida. Abzu se dejó caer en el agua, pisando sobre la misma como si pudiera caminar sobre ella, al contrario que Lui y Valt. Ellos intentaron ir hasta la orilla, pero Abzu no lo permitió. Saltó para atacar, pero cuál fue su sorpresa que Valt la hizo impactar contra el agua y sumergirla en la misma usando su poder. Lui vio en él una expresión de enojo bastante inusual. Los dos llegaron a la orilla al aprovechar el momento.
Desde el agua salieron estacas de hielo que fueron lanzadas por Abzu, que regresó a la superficie para continuar atacando desde la distancia. Lui pudo crear una pared de hielo a tiempo, y se salvaron de una buena. Pero ella sonrió y aprovechó la idea de Lui para utilizar ese mismo hielo y moldearlo a gusto como si fuera barro en agua. Transformó esa pared en cadenas de hielo mientras más agua aparecía por debajo de ellos. Valt apretaba las manos, viendo que Abzu se acercaba a la orilla, pero sin llegar hasta ella. La muchacha levantó las manos, provocando que detrás de ella se formara una ola de mar enorme. La expresión de Abzu era completamente indiferente, como si no dudara en lo próximo que iba a hacer.
Valt se encogió un poco y a su alrededor se formaron relámpagos. Lui fue testigo de cómo esa furia repentina destrozaba no sólo el hielo, sino que hasta convirtió el agua en vapor. Abzu abrió los ojos, viendo que Valt corría hasta ella con toda la intención de darle un puñetazo en toda la cara, pero no lo permitió. El chico pisaba más agua, que terminó congelándose debajo de sus pies. Eso le hizo resbalar y caer de bruces al suelo. Automáticamente el pelinegro chilló por el dolor. Al parecer todo el peso del golpetazo había acabado en el brazo que todavía tenía lesionado. Abzu intentó aprovechar la ocasión, pero se quedó paralizada cuando sorpresivamente Lui demostró ser capaz de usar también la electricidad. El agua esta vez jugó contra de ella cuando fue paralizada.
Lui alejó a Valt a una distancia más que prudencial. Cuánto más lejos estuvieran del agua, mejor para ellos. Abzu no podría hacer tantas cosas si tenía que crearla a partir de su propio poder.
- ¿Estás bien? – Lui miró al pelinegro, que sujetaba su brazo en el cabestrillo.
- No. Duele que te cagas...
- Lo mejor será que lleguemos lo antes posible al hospital... pero no tiene pinta de que ella vaya a dejarnos. – Dirigió su vista hacia Abzu, que se recuperaba usando el agua para curarse de los daños recibidos.
- Creo... creo que Fayna tenía razón. – Valt respiraba algo agitado por el dolor. – Todavía tengo que aprender a usar mi poder.
- Los dos, Valt.
Estaba claro que enfrentarse a un elemento no era coser y cantar. Valt lo acababa de comprobar por las malas. Aunque fue idea de Lui, habría sido mejor si hubiese intentado convencerle de abstenerse de adentrarse en el agua. Ahora se habían metido en un gran problema. El agua era un elemento salvaje e indómito, que cuando mostraba su peor cara siempre dejaba bien claro lo destructivo que podía llegar a ser. Todos los elementos tenían su lado más brutal y violento. Puede que ni siquiera el aire fuera la excepción, por mucho que pareciera el más inofensivo a simple vista.
El agua que Abzu usaba para volver a atacar, era bloqueada por la energía de Lui, quien ganaba tiempo cuando le dijo a Valt de marcharse de allí. Sin embargo, eso no fue posible. Abzu actuó tan deprisa que Lui no tuvo tiempo para maniobrar. Estando en plena playa, Abzu sabía que en cosa de casi dos metros y medio bajo tierra había agua y ella lo aprovechó de forma conjunta con el agua del propio mar. Primero invocó unas estacas de hielo que hicieron caer a Valt cuando lo dejaron sin escapatoria, una por poco le atravesaba el pecho. Después, Abzu levantó una ola de mar, más pequeña en comparación con la que intentó hacer antes, y la dirigió hacia los chicos, creando una especie de muralla que a Valt le impidió el paso. En cuestión de poco tiempo, Abzu había mostrado que no era el elemento del agua por nada. Su maestría era impecable.
Lui sólo retrocedió poco a poco, pero un látigo de agua lo derribó al suelo. Pero él se volvió a levantar. Eso no le gustó a Abzu, que trató de hacer lo mismo pero el Dragón Blanco pareció burlarse de ella al ponerse a saltar como si estuviera jugando a la comba. Aquello crispó los nervios de Abzu, que, con otra estaca, más pequeña y fina en comparación, atacó a Lui. Él simplemente se hizo a un lado, evadiéndola sabiendo que Valt estaba detrás. El pelinegro sonrió y usando su energía, logró redirigirla a tal velocidad que Abzu tuvo una herida en la pierna derecha que la hizo caer al agua. Pero como Lui, ella tampoco estaba dispuesta a rendirse.
Enfadada, Abzu levantó las manos y mostró algo nuevo al paralizar a Lui sin ni siquiera acercarse. Valt llamó a su amigo, que no comprendió nada.
- ¡¿Qué le estás haciendo?! – Alzaba Valt la voz. Abzu se rio.
- ¿Acaso no lo sabíais? – Respondía ella. – El ser humano también posee agua en su interior hasta en un setenta por ciento. Como el elemento del agua que soy, también puedo manipular eso.
- Es decir...
- La sangre. – Concluyó Lui. – Heh... así que por fin muestras tu cara más cruel porque te has visto superada. Pobre desgraciada.
- Yo que tú no hablaría tanto, Odahviin. – La expresión de Abzu regresó a esa indiferente pero sombría. – No son buenas noticias para ti el que yo ejerza mi poder sobre ti.
- Me encantará ver cómo lo intentas.
- ¡Lui, no la provoques!
- Qué interesante. Dime, Odahviin – hizo una brusca pausa. - ¿Le temes a la muerte?
Pero Lui sólo sonrió de esa manera descarada que no contentó a Abzu. Sin embargo, no tuvo tiempo a reaccionar ante un ataque inesperado que no vio llegar y que la quemó. Automáticamente chilló antes de hundirse en el agua, liberando a Lui en el proceso. El Dragón Blanco pronto se encontró con los ojos escarlata de Fayna, quien con el calor que desprendía, ayudó a que Valt pudiera dejar de estar inmovilizado por el hielo. Lui se acercó y le extendió su mano para ponerse de pie. Valt aceptó y agradeció el gesto antes de mirar a la recién llegada.
- ¿Fayna? – Valt se sorprendió. – Pero, ¿cómo has sabido que...?
- Pero qué inútil que eres, ¿Acaso lo has olvidado? – Le miró de reojo con una sonrisa arrogante. – Siempre voy a saber dónde encontraros sin importar qué tan lejos estéis. Forma parte de mi poder. – Dijo antes de alzar el rostro hacia el cielo, cada vez más oscuro. – Pero ahora volved al hospital, parece que nuestros problemas sólo van a ir a peor.
Los dos chicos hicieron lo mismo que ella para ver que efectivamente la luz del sol se desvanecía con relativa lentitud. Fue una mala señal. Lui quiso irse, pero vio que Valt no lo hizo.
- Fayna. – La llamó. – Gracias.
- ¿Gracias por qué?
- Por venir siempre.
- No cantes victoria todavía. – Dijo de malas maneras. Su mano derecha permanecía en su bolsillo. – Mi poder no es ilimitado, recuerda. En cuanto el sol desaparezca, mi poder también lo hará. Dovahkiin y yo estamos conectados, si él muere, ni siquiera podré defenderme a mí mismo.
- ¿Y no hay nada que...?
- ¡Ahora largaos!
- Pero Fayna...
- ¡Fuera de aquí, vamos! – Alzó la mano cuando vio que Abzu se recuperaba, saliendo del agua para saltar hacia ella.
- ¡Hora de pirarse, Valt! – Lui sujetó la mano izquierda del chico para arrastrarlo consigo. - ¡Ya te veremos, Fayna!
La aludida sólo hizo un gesto con el brazo, a modo de despedida temporal. Levantó un muro de fuego que se convirtió en vapor en cuanto Abzu utilizó el agua para pasar a través. Intentó perseguir a los chicos, pero una extraña barrera de pergaminos no se lo permitió. Girándose, contempló que era cosa de Fayna. El fuego ya predijo que eso es precisamente lo que intentaría, de modo que se le adelantó a ella y a todos. Era verdaderamente veloz.
- Vaya, vaya, vaya... quién me diría a mí que esta vez te tendría por enemiga.
- Ni que fuera la primera vez.
- Cierto. No lo es. Pero has caído muy bajo. Sabes tan bien como yo que no se nos está permitido atacar a nuestros maestros.
- ¿Ahora son tus maestros? ¿Cuándo los has aceptado?
- En realidad, no los desprecio tanto como crees. – Sonriendo, puso la mano a un lado, encendiéndola en fuego. – Sólo intento animarles para que sigan avanzando.
- Pues no has conseguido grandes resultados. – Abzu desistió en tratar de ir a por Lui y Valt, centrando su atención en Fayna. Ella era su prioridad ahora, pese a que su poder ígneo se iba debilitando a medida que el de Dovahkiin también lo hacía.
- Bueno – se encogió de hombros. – Ir animando como un imbécil por ahí no va conmigo, ¿sabes? Eso es más del estilo de Voslaarum. – Se rio. – Pero en lo que respecta a ti... Voilà!
Los pergaminos explotaron todos al mismo tiempo. Abzu sufrió daños por quemaduras severas y heridas diversas. Su sentido de la audición también se vio implicado en ello. Su vía de escape hacia el mar fue bloqueada por Fayna, que creó una cúpula de fuego a su alrededor todavía con la mano derecha, y la izquierda en el bolsillo. No tenía pinta de que fuera a tomarse esto en serio de buenas a primeras. El vestido negro de Abzu estaba hecho trizas, y con un poco de suerte todavía la cubría lo suficiente como para no dejarla desnuda.
- Es hora de que pagues por el error cometido. – El rostro de Fayna lució aterrador.
- Y pensar que alguien como tú protege este mundo con tanta pasión... - Se puso de pie.
- ¿Perdona? ¿He oído bien? – Fayna volvió a reírse antes de saltar y pegarle un puñetazo en toda la cara que derribó a Abzu al suelo arenoso de la playa, muy cerca del fuego que marcaba el límite. – No te equivoques conmigo, desgraciada. – Le enseñó el puño, ligeramente manchado con la sangre del elemento del agua. – Yo no elijo bandos. Me estoy ciñendo a mi deber más importante, el cual no es otro que el equilibrio del mundo.
- Puras patrañas... - Abzu se levantó de nuevo, invocando agua con la que se rodeó. – Este mundo no tiene esperanza y lo sabes. Dovahkiin lo destruirá, como siempre ha hecho.
- Qué vas a saber tú de Dovahkiin si no eres más que una llorica que se esconde por los rincones a dar pena. ¡Venga! ¡Ven aquí para que te dé la paliza que te mereces!
Chapter 60: La Batalla De Los Polos Opuestos
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La gente abandonó la playa en cuanto ésta se convirtió en un campo de batalla. Había innumerables lanzas de hielo en prácticamente toda la orilla, y de distinto tamaño. En el límite de la arena, todavía ardía el fuego. Fayna trataba de no acercarse al mar, de modo que el enfrentamiento era a distancia. Pero eso a Fayna no le importaba. Fuera una pelea de cuerpo a cuerpo o no, ella confiaba en sus habilidades. Nunca daba por sentada una derrota. Aunque ahora las cosas no iban a su favor. El cielo se iba oscureciendo, y no porque se estuviera haciendo de noche precisamente. Era cosa de Dovahkiin, que se acercaba cada vez más a la muerte y por lo tanto, su poder se desvanecía. Menos mal que no dependía por completo de Dovahkiin, porque siempre tenía un as guardado bajo la manga.
Fayna evitó uno de los proyectiles de Abzu, saltando con fuerza desde el suelo. Usó el fuego para propulsarse a través de los pies y volar hacia su enemiga. Fue como si Fayna se convirtiera en algo parecido a un cohete. Abzu fallaba constantemente debido a la velocidad de Fayna, sin embargo, no le costaba levantar una cúpula de agua para congelarla y defenderse de la dueña del cabello blanco, usando el agua que había debajo de sus pies para continuar con la ofensiva. No obstante, la defensa levantada por Abzu no detuvo a Fayna, quien penetró contra la misma para romper el hielo. Sujetó a Abzu del tobillo antes volar por voluntad propia, formando una especie de círculo ígneo en el cielo hasta que soltó a Abzu que chocaba contra el agua como si ésta fuera un duro cemento.
- Dos a uno. – Dijo con una sonrisa, que se le borró enseguida de la cara en cuanto observó una enorme ola alzarse en la lejanía del mar. – Oh, mierda. No me fastidies...
Abzu envió esa gran cantidad de agua contra Fayna, quien volvió a volar usando el fuego para intentar evadir la ofensiva. Pero no tuvo éxito. El agua del mar llegó hasta ella con facilidad. Fayna no tuvo en cuenta que esa ola era más alta de lo que creyó, y quedó atrapada en su interior. Abzu aprovechó la ocasión para volver a congelarla y condensar el hielo para apretarlo desde dentro, como intentando aplastar a Fayna. La joven que había quedado inmóvil en el interior no perdió la calma. Cerró los ojos y concentró su poder, aguantando la presión del hielo ejercida por Abzu, que contempló muy sorprendida una explosión causada por un feroz fuego que ahora se había vuelto de color azul.
Fayna logró liberarse, alejándose para volar con rapidez hacia Abzu. La pobre no tuvo tiempo a reaccionar cuando ya tuvo enfrente a Fayna, que puso la palma de su mano delante de su cuerpo y liberar una potente energía que causó una segunda explosión. Pero antes de que Abzu pudiera hundirse en el agua, Fayna la persiguió para sujetarla de la pierna. Las heridas de Abzu sangraban con abundancia.
- No, no, no. – Le decía Fayna, moviendo el dedo con la mano libre. – Lo siento, pero todavía no vas a curarte. Tienes que divertirme un poco más, está siendo muy aburrido.
- Heh... qué arrogante. – Sonrió Abzu. Con una mano, atravesó el cuerpo de Fayna con un afilado látigo de agua a presión, por debajo de la clavícula de la joven.
El dolor obligó a que Fayna la soltara. Abzu cayó al agua, y aprovechó para usar sus habilidades curativas para restablecerse de las heridas. Fayna cubrió con su mano el agujero que había debajo de su clavícula y del que salía sangre, para mirarse después. Lejos de poner mala cara, eso sólo la hizo sonreír. Por voluntad propia, permitió que Abzu volviera a atacarla, alcanzándola con su poder entre látigos y agujas de hielo. Incluso Abzu creó un bloque de hielo con el que golpearla con una brutalidad sin precedentes. Fue tan fuerte que envió a Fayna de regreso a la orilla de la playa de una sola vez. Fayna no pudo evitar el impacto. Se quedó quieta, a medida que Abzu avanzaba. Cuando lo hizo, encerró a Fayna en un cubo de hielo que fue rodeado por más agua en estado líquido por si a su enemiga le daba por volver a repetir lo de antes y usar ese fuego azul.
- Estás acabada. – Sentenciaba Abzu.
Para su asombro, Fayna empezó a ponerse de pie. Su camisa blanca estaba rota, sobre todo por la parte del pecho y las mangas, quedando casi medio desnuda. No pareció importarle. Abzu se fijó en aquella escarlata mirada tan desafiante que sin duda la estaba poniendo a prueba. Eso no le gustó ni un pelo, de modo que Abzu se las apañó para formar una lanza con su elemento.
- ¿No vas a rendirte? – Preguntó Abzu, sin entender la actitud de Fayna... aunque tampoco prestaba demasiada atención a eso.
- ¿Rendirme? ¿Quién? ¿Yo? – Comenzó a reírse. – Parece mentira que no me conozcas... - Pasó el dorso de su mano derecha por el mentón. – La palabra rendición no existe en mi diccionario, ¿lo pillas?
- Claro, claro. – Abzu se encogió de hombros de forma breve. – No esperaría menos de un elemento tan orgulloso como tú. Incluso en una situación como esta, donde vas a morir, no eres capaz de mostrar miedo.
- ¿Cómo voy a sentir miedo de un ser tan patético como tú? Esto todavía no ha terminado. No olvides que soy el fuego, y eso sólo significa una cosa – hizo una pausa que desconcertó a su interlocutora. – Yo no moriré nunca, porque el fuego no puede dejar de existir.
- ¿Ah sí? Pues no te preocupes... - Posicionó la lanza. - ¡Ahora mismo lo comprobaré!
Fayna sonrió antes de que una luz cegadora apareciera en el interior de su pecho. Abzu estuvo a punto de llegar hasta ella con la lanza, de no ser porque Fayna liberó una gran cantidad de energía que deshizo la cárcel improvisada que Abzu levantó para mantenerla cautiva y a su merced. La dueña del vestido negro no pudo esquivar la onda expansiva que la hizo caer de nuevo muy cerca del agua. Su rostro quedó manchado por la sangre que cayó desde la parte de arriba de su cabeza y que se deslizó por su frente. También tenía diversas heridas en piernas y brazos, por no hablar de que su vestido estaba hecho un desastre. De nuevo, Fayna la había pillado desprevenida.
Y justo a ella la vio aparecer de todo aquel humo blanco, todavía con esa sonrisa arrogante y esa expresión en los ojos que demostraba su confianza en sí misma. Estaba claro que Fayna no dudaba ni un segundo de lo que podía o no podía hacer, aceptando de antemano cualquier consecuencia como efecto de los fallos que cometiese. La severa herida que yacía debajo de su clavícula todavía sangraba, aunque no tanto como antes. Fijándose, Abzu distinguió una quemadura alrededor del agujero que impedía que la sangre fluyera de la misma forma. Evidentemente, Fayna sabía cómo sobreponerse a sus heridas a sabiendas de que no poseía habilidades de curación.
- Eres... una caja de sorpresas. – Abzu se puso de pie. - ¿Cómo es que todavía tienes tanto poder? ¡Ahora mismo deberías ser incapaz de siquiera moverte!
- ¿Cómo? ¿no lo sabías? – Fayna puso las manos en jarra. – Es mi Revenge Counter. Me alimento de todos los ataques, sean físicos o de energía, y puedo liberar el daño a una potencia mayor.
Eso eran malas noticias para Abzu, quien entendió rápidamente la situación. Fayna le estaba dejando bien claro que todo se volvería en su contra si pensaba continuar con esa ofensiva y mantenerse como su enemiga. Revenge Counter. Sí. Abzu lo recordaba bien. Era la habilidad especial de Fayna, con la que era capaz de pulverizar al enemigo en cuestión de segundos dependiendo de qué tan fuerte fuera la ofensiva recibida. Abzu se dio cuenta enseguida de que, si hacía lo mismo que hasta ahora, se metería en un gran problema. Conocía de antemano la naturaleza agresiva y guerrera de Fayna. Era el fuego después de todo, y el que más representaba la determinación en la naturaleza humana. Aunque estuviera en ventaja por poseer el agua, Abzu no debía subestimar la habilidad de Fayna. Revenge Counter era una auténtica amenaza, aunque claro, también tenía sus riesgos.
El cuerpo de Fayna continuaba herido. Por mucho que ella absorbiera los ataques y luego los devolviera, no podía curarse a sí misma. Además de eso, el día se iba haciendo más oscuro debido a que Dovahkiin estaba a un paso de la muerte. Eso significaba que Fayna iba perdiendo poder a medida que el tiempo avanzaba. Y no tenía pinta de que Dovahkiin fuera a resistir mucho más.
- ¿Te vas a quedar ahí como una pánfila? – Habló Fayna, en un tono impaciente. – Todavía tengo ganas de jugar.
- Sí, tienes razón. No importa si posees Revenge Counter. Todavía puedo matarte.
Fayna se rio antes de lanzarse contra Abzu, quien se apartó y usó el agua para empujar a la chica contra el mar. Fayna se quejó, porque la sal presente en el mar llegó hasta su herida que empezó no sólo a doler sino también a escocer. Eso causó un momento de distracción por su parte, y fue empujada de forma violenta por la ola del mar que hizo Abzu. Ella intentaba no atacarla de forma tan seria, o al menos no como antes, para evitar ser víctima del Revenge Counter una segunda vez. Abzu recordaba sus vidas pasadas y recordaba al elemento del fuego usando esa terrible habilidad con la que borró naciones enteras del mapa de una sola sentada. Por eso, y desde entonces, el fuego fue un elemento mal visto por el mundo al punto de ser considerado el peor de todos. Fue un estigma para Fayna.
Inesperadamente Fayna salió del agua y a toda potencia voló hasta Abzu, que volvió a evadirla y a lanzarla contra el agua. Esto se repitió durante casi diez minutos. Fayna lanzó proyectiles de fuego, incluyendo esferas, pero Abzu no tenía ni que esforzarse cuando pudo levantar una pared de agua, convirtiendo el fuego en vapor cuando entraba en contacto con su elemento. Eso fastidió a Fayna, quien desconcertó a Abzu cuando volvió a la orilla. ¿Acaso se habría cansado? Observándola, no perdió detalle de cómo se concentraba. ¿Qué era lo que intentaba hacer?
Fayna movió sus brazos de forma circular de hacia fuera hacia dentro. Abzu abrió los ojos cuando reconoció qué era eso. Dándose prisa, avanzó hacia Fayna antes de que ésta pudiera lanzarle un rayo, pero para sorpresa de la propia Abzu, fue ese mismo rayo el que le explotó a Fayna en toda la cara, haciéndola caer al suelo. Fue un momento que Abzu aprovechó para llegar hasta ella y ponerse encima e inmovilizarla, valiéndose del hielo para atrapar sus extremidades. Fayna no fue capaz de usar las manos o los pies para liberar su elemento, sintiendo cómo Abzu apretaba su cuello con la intención de estrangularla. Con sus ojos, Fayna vio que el día finalmente estaba a punto de oscurecerse, y con él, su poder se desvanecía. A este paso acabaría perdiendo contra el elemento del agua.
Por ello, se negó a tirar la toalla tan fácilmente. Cerró la mirada, mientras Abzu apretaba contra su cuello. Fayna hizo un esfuerzo para ignorar el dolor de su cuerpo. En pocos instantes, alejó a Abzu que empezó a gritar como una loca cuando fue abrasada por la llamarada que Fayna soltó a través de la boca, liberándose así de su enemiga a la que tiró al suelo cuando corrió hacia ella y la sujetó, lanzándola al otro lado para que no llegara al mar. Abzu usaba el agua que tenía a mano para alejar a Fayna, quien usó las dos suyas para protegerse, aunque su piel recibiera heridas porque el agua se convertía en un hielo lo suficientemente afilado como para que acabara cortando al mínimo contacto.
- ¡¡Este es tu fin...!! – Fayna alzó el brazo, dispuesta a darle a Abzu un puñetazo con el fuego que le quedaba, pero éste se desvaneció. - ¡¿P- pero qué...?!
Algo en ella palpitó, y cayó de rodillas al suelo. El sol desapareció y en su lugar, el cielo se volvió oscuro con auroras boreales azules y verdes con algunas pigmentaciones violetas. Fayna y Abzu contemplaron el alto firmamento, las dos, con la misma preocupación. Entonces se miraron entre ellas.
- Dovahkiin. – Dijeron al mismo tiempo, sabiendo lo que todo esto significaba.
Chapter 61: ¡El Equilibrio Roto! ¡El Mundo En Las Tinieblas!
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Valt y Lui miraban por la ventana de la sala de espera, mientras Cristina caminaba de un lado a otro intentando llamar a sus padres, al borde de la histeria. Los médicos habían dado por muerto a Free, ya que las máquinas no detectaban ninguna señal vital procedente de su cuerpo. Finalmente, el rubio había cedido y la muerte le había encontrado. Pero Lui y Valt se miraron entre ellos. Esto era cosa de Akatosh. El cielo ahora era completamente oscuro, y, como dijo Fayna en su momento, los problemas sólo iban a empeorar.
- Cristina. – Valt se acercó a ella, mientras Rantaro y compañía llegaban. – Quédate aquí en el hospital, ¿de acuerdo? – Puso la mano libre que tenía en el hombro de la joven. Su otro brazo estaba escayolado y en un cabestrillo nuevo. – Lui y yo tenemos que irnos.
- ¿Ir a dónde? – Se acercó Rantaro, al lado de Wakiya.
- Phi no se quedará de brazos cruzados ahora que Free... - Lui no quiso terminar la frase, el dolor emocional se palpó bastante en su voz. No deseó decir esa última palabra. – Tenéis que proteger el cuerpo de Free a como dé lugar.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? – Insistía en saber Rantaro.
- Yo no me entero de nada. Que alguien me dé una explicación. – Pidió Wakiya, con las manos en las caderas.
- Tiene relación con el tema de la historia del espíritu de la luz. – Valt no consideró necesario ocultárselo de Cristina, quien le miró. – Free ha sido siempre ese espíritu. – Dijo, más para que Kuroda fuera consciente de ello que para el resto. La joven abrió los ojos. – Lo que está pasando es cosa de Free.
- ¿Qué... qué quieres decir? – La voz de Cristina se escuchó mal, porque había comenzado a llorar.
- Lo que quiere decir este idiota es que Free planeó su muerte. – Se adelantó Lui antes que nadie. – Free nunca haría algo tan drástico, creo que eso deberíais saberlo ya. – Valt asintió.
- Phi es el espíritu de la oscuridad, Cristina. Y en estos momentos debe de haberse hecho demasiado poderoso como para que le enfrentemos. Por eso debemos proteger a Free hasta que regrese. – Valt ni siquiera las tenía todas consigo sobre algo así. Su mente ya se encargaba de hacerle dudar. ¿Y si Free no volvía? ¿y si había decidido morir sin más? No, no, no. – Pero ahora no puedo explicarte muchas cosas más, tengo que irme.
Y sin más, Valt se fue corriendo. Lui protestó y se fue detrás de él. Los dos bajaron corriendo las escaleras a toda prisa, dando por sentado que Wakiya intentaría tranquilizar a Cristina con lo que supiera. La investigación es lo que mejor se le daba, francamente. Los dos bladers se miraron entre sí, a medida que avanzaban hacia el lugar donde invitarían a Phi a un encuentro: El Astro. No había rastro de Fayna, así que tuvieron claro que, por esta vez, se las apañarían sin ella. Aunque todo sería más fácil si los cuatro elementos estuvieran reunidos, pero sólo eran dos y Abzu no era una aliada precisamente. Valt no evitó culparla de todo esto. Había sido por su error el que Free terminara en el hospital. Esta situación la había provocado Abzu. Una parte del corazón de Valt era incapaz de perdonarla.
- ¡Por aquí, Lui!
- ¡Te sigo!
Valt se sentía tranquilo. Le resultó curioso el cómo en estos instantes la presencia de Lui le calmaba tanto. Sabía que el Dragón Blanco era fuerte. Y le resultaba increíble el hecho de que fuera él la persona en quien ahora más confiaba. Puede que sólo ellos dos pudieran parar a Phi el tiempo necesario para que Free regresara, pero... ¿lo haría? ¿Free regresaría?
- ¡Ahí está! – Valt señaló El Astro. No era difícil verlo.
Tuvieron que acelerar el ritmo y en el proceso se saltaron varios semáforos, causando cierto caos en las carreteras. Pero ni siquiera prestaron atención a eso. Era demasiado trivial comparado con el panorama con el que lidiaban. El equilibrio del mundo se había roto, y era su deber intentar arreglarlo. A Lui le molestaba, y mucho, saber que dependían del regreso de Free para que todo volviera a la normalidad. ¿Akatosh tendría razón? ¿Phi se volvería invencible? Ambos recordaron cómo Fayna les contó que Phi fue atacado por esa fuerza tabú del universo: el vacío. Pero continuaban sin saber quién era, y ahora, hasta eso también era trivial.
Acabaron llegando hasta El Astro, entrando a toda prisa. Valt guio a Lui en todo momento, porque el Dragón Blanco apenas había estado por aquí o eso es lo que Valt pensaba. El caso es que por fin habían arribado. Pronto sintieron la energía de Phi, así que debía de andar cerca. Sorpresivamente encontraron a Hyde, quien respiraba agitado. Valt se acercó a él, pese a que Lui desconfiaba de este hombre.
- ¡Hyde! ¡Vaya! ¡No esperaba verte por aquí! – Fue el saludo que le dio. - ¿Estás bien? ¿No estás herido?
- Estoy bien por suerte. – Dijo, con mala cara. - ¡No sé qué ha pasado con mi hermano! – Soltó de repente. - ¡Se ha vuelto loco! Actúa muy extraño...
- Se trata de Free.
- ¿Qué le ha ocurrido? – Preguntó Hyde, viendo cómo los dos desviaban la cara. – Oh no. ¿Ha muerto? – Y los chicos asintieron. – Quizá por eso el mundo está cayendo en el caos más absoluto...
- Hemos sentido la presencia de Phi. – Habló Lui, mirando de un lado a otro. No bajaba la guardia. - ¿Pero por qué hemos venido precisamente hasta El Astro, Valt?
- Este lugar guarda relación con Free. – Miró a su compañero. – El instinto me ha traído hasta aquí, no me preguntes por qué.
- ¿Y bien? – Hyde puso las manos en jarra. – Espero que tengáis algún plan. Mi hermano no está en sus cabales como para atender a razones.
- No te preocupes, yo me encargaré de él. – Sonrió Lui.
- ¡Ni hablar! – Valt se encaró al que ya consideraba su amigo. - ¡Lo haré yo!
- Mírate en el espejo, Valt. – El Dragón Blanco se cruzó de brazos. – Con ese brazo roto no puedes practicar beyblade. Es mejor que me ocupe yo de esto, porque tengo cuentas pendientes con ese lunático.
- ¡¡Pero Lui...!!
- Coincido en lo que dice. – Les sorprendió Hyde. – Valt, si a ti te llega a pasar algo... no sé cómo reaccionaría Free. Parece que le importas mucho más que su propia vida. Y Lui ya fue derrotado una vez por mi hermano, creo que merece vengarse por ello.
Ante tales argumentos, Valt no pudo soltar palabra. Simplemente resopló. Miró su brazo escayolado, maldiciendo su propia debilidad. Odiaba sentirse tan impotente. Pero tal vez Hyde tenía razón. Quizá debía pensar en cómo sería para Free si volviera y le encontrara peor de lo que ya estaba. Valt conocía a Free lo suficiente como para saber que en un estado de cólera no iba a escuchar a nadie. Lui puso una mano en su hombro, para llamar su atención.
- Será peligroso para los demás si vienen hasta aquí, porque sé que lo harán. – Decía el Dragón Blanco con una expresión muy seria. – Aunque yo esté combatiendo contra Phi, tú tendrás que protegerles a ellos. Será importante que lo hagas.
- Confía en mí. Lo conseguiré. – Sonrió Valt, pese al conflicto interno que tenía.
Quería ser él quien enfrentara a Phi, en vez de que alguien volviera a protegerle. Su mente no evitó recordarle lo que pasó con Free, y hacerle creer que esa posibilidad podría volver a repetirse con Lui. Pero Fayna ya se estaba ocupando de Abzu, y eso marcaría la diferencia. De todos modos, continuó castigándose. Se sentía un debilucho que no podía hacer nada. Y de nuevo, cayó en el bucle de pensamientos en los que culpaba a Abzu de todo esto. Desde que ella apareció, todo habían sido problemas. Entonces, al analizar todo lo que había estado pasando... se dio cuenta.
- Free ya lo sabía... - Murmuró Valt.
- ¿Eeeh? – Reaccionaron los otros dos, desconcertados.
- Free ya sabía que todo esto iba a pasar. Free ya supo de la existencia de Abzu... y lo que ella le haría.
- Baja de la nube, Valt. – Protestó Lui. - ¿Qué te has fumado? ¿Cómo iba a saber eso Free?
- No es la primera vez que ocurre Lui. – Miró al aludido. – Cuando Free estaba en el BC Sol sabía lo que pasaría si todo el equipo continuaba dependiendo de él, también sabía lo que pasaría si él se marchaba. Él predijo el declive del BC Sol en su momento antes de que el equipo pudiera fortalecerse sin él cuando se fue a América. – Explicaba.
- Bueno, ahora que lo mencionas... - Lui se puso pensativo.
- ¿Acaso es capaz de predecir el futuro o algo así? – Hyde entró en un pequeño estado de nervios al imaginar hasta dónde llegaban las capacidades del Dragón Dorado.
- Algo así. – Valt se encogió de hombros.
- Sea lo que sea, ahora debemos centrarnos en lo que debemos hacer. – Dijo Lui, avanzando hacia el estadio. – Valt, Hyde, vosotros id a las gradas para proteger al resto cuando llegue.
- ¡Sí!
Mientras esos dos hacían caso al Dragón Blanco, éste empezó a concentrarse de pie, delante del estadio de beyblade para usar su energía y permitir que Phi fuera capaz de detectarla. No iba a importar lo lejos que estuviera, con lo poderoso que se habría vuelto gracias a toda la oscuridad que había rodeado al planeta entero, sería capaz de hacer mil cosas fuera de su imaginación. Pero Lui no se iba a asustar, y tampoco le pillaría desprevenido. Aunque deseaba vengarse de Phi, su prioridad era ganar tiempo. Phi no ignoraría su energía, y sabía que acudiría. Pese a ser un adulto y ser bastante inteligente, una parte de ese lunático seguía siendo muy simple. A Lui le recordaba a la mente de un niño mezquino y mimado que sólo hacía un berrinche porque las cosas no le salían como quería. Y Lui ya estaba más que acostumbrado a ver ese tipo de gente. Por eso se acercó a Free De La Hoya en primer lugar, porque era diferente, completamente diferente de los demás.
En cuestión de diez minutos, Phi se presentó ante él. En cuanto cruzó miradas, Lui supo que el hombre había sido consumido por la oscuridad. Delante de él se hallaba más bien la esencia del espíritu de la oscuridad dispuesta a destrozarle, en vez de un humano capaz de razonar. Posiblemente, ahora era más peligroso que nunca. La energía tan oscura que emanaba del cuerpo de Phi convertía el aura del ambiente en algo agobiante y difícil de soportar desde tan cerca. Lui tuvo que rodearse sutilmente de la suya para protegerse de esa presión, y mostró firmeza en todo momento.
- Odahviin. – La voz de Phi se escuchaba distorsionada. Sin duda, era su esencia como espíritu de la oscuridad corrompida por la maldad lo que le hablaba. De buenas a primeras, Phi siempre se dirigía a él por su nombre actual y no por ese anticuado de hacía un porrón de años. – No sabes cuánto me alegra verte. Dime, no habrás visto a Dovahkiin por aquí, ¿verdad? – Y al parecer, se había hasta olvidado de dónde se encontraba Free, o de cualquier cosa que tuviera relación con su lado humano.
Bueno, mejor para él. De esa forma las cosas iban a ser más sencillas. Lui sonrió, mostrándose la mar de tranquilo. Ya daba por sentado que Phi habría detectado la presencia de Valt, y puede que la de Hyde... aunque éste último le importara un soberano pepino, pero tampoco iba a dejarle morir. Quién sabe... puede que Hyde pudiera ser de utilidad después de todo. Ahora mismo, cuánta más ayuda tuvieran mejor.
- ¿Qué? ¿Acaso no puedes sentirlo? – Contestó con un tono burlón. – Entre el elemento del agua y tú, habéis borrado la luz de la faz de la Tierra.
- Mmm... ¿el elemento del agua, dices? Vaya, qué interesante. – Inclinaba la cabeza con una expresión escalofriante. Automáticamente sacó su bey y su lanzador. – Dime dónde está Dovahkiin.
- Bien muerto que está, ¿a ti qué te parece? – Lui imitó al otro, sacando a Lúinor y su lanzador. – Bien, Koslaram, ¿quieres saber algo que sí es muy interesante? – Sonrió. – Hoy te haremos morder el polvo, ya lo verás.
Phi no dijo nada y mientras Rantaro y compañía iban llegando, el combate entre Lui y Phi comenzó. Dread Phoenix se nutría de la energía que a Phi le sobraba en estos instantes. Lui era consciente que debía ir con precaución e intentar cometer los menores fallos posibles. Se recordó a sí mismo de ganar tiempo, confiando con todo su corazón que Free volvería. Era lo mismo que hacía Valt desde las gradas, observándole. Hyde se hallaba a su lado, como ahora Rantaro y Wakiya. Los demás estaban de camino. Cristina había hecho caso y se había quedado en el hospital. Con un poco de suerte, Fayna se reuniría con ella con el fin de asegurar la integridad física de Free. Era de vital importancia que ni Phi fuera hacia el hospital, y que Abzu tampoco lo hiciera.
Las colisiones entre los bey asustaban. Se notaba que Brutal Lúinor usaba la energía de su blader, Lui, para reforzarse y hacerse más fuerte, de esa manera, era capaz de atacar con más fuerza e incluso evadir a Dread Phoenix, cuyos truquitos con la capa externa de su defensa no funcionaba. Lui se rio, recordándoselo a Phi. El Dragón Blanco no iba a caer dos veces en la misma estrategia. No era tan estúpido como para permitir un fallo que ya sería del nivel de un novato, y él dejó de ser uno hacía unos años.
- ¿Creéis que lo conseguirá? – Wakiya lucía muy tenso. – No hay garantías de que lo logre.
- Lo hará. – Contestaba Valt. – Yo confío en él.
- ¿Pero cómo estás tan seguro? – El rubio miró al pelinegro.
- Porque es Lui Shirosagi, el Dragón Blanco de Japón. – Sonrió Valt. – Y porque es mi amigo.
Wakiya se sorprendió, sobre todo por el tono de voz que usó Valt. Pudo palparse lo mucho que confiaba en Lui. Wakiya se fijó en el brazo lesionado de Valt, en un cabestrillo y con una escayola. No imaginó cómo debía sentirse su colega por estar en una condición semejante. Puede que tuviera razón. Puede que ahora Lui fuera el único que pudiera contra Phi, aunque la cosa empezaba a pintar mal para él cuando retrocedió con la sola energía de Phi. Rantaro sacó a Roktavor, que lucía muy diferente desde la última vez. Se acordó del desafío de Free, quien le echó una mano no sólo para reparar a Roktavor sino también para obligarles a los dos a evolucionar como bey y blader, para crear un vínculo que les ayudara en el futuro. Comparándolo con Brutal Lúinor, Rantaro tuvo clara una cosa: todavía le quedaba mucho camino por delante.
Entonces hubo una explosión y a Lui se le escuchó gritar.
Chapter 62: Koslaram, El Espíritu De La Oscuridad
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El Astro soportó la explosión provocada por el choque de las energías de Phi y Lui. Desde las gradas, los demás permanecían en tensión. Aunque Valt continuaba sintiendo esa impotencia, reconocía que Lui tenía un coraje muy grande para enfrentarse a Phi ahora que éste era prácticamente invencible. La oscuridad rodeaba al planeta, todo fuera del edificio estaba a oscuras y seguramente las televisiones se colapsarían por las noticias, causando un ciclo de desinformación para la gente que entraría en confusión. Ahora mismo dependían de Free. Él tenía que volver. Sin embargo, no había garantías de que eso fuera a suceder. La situación era crítica. Si Free no regresaba... ya podían decirle adiós a este mundo.
Dread Phoenix se lució cuando ganó dos victorias por fuera de pista, pero al menos no fueron por un final explosivo, en cuyo caso, Lúinor se habría roto. Phi no mostraba misericordia. El aura oscura de Phi le rodeaba y no sólo a él sino también al Astro, pero por alguna razón, el edificio en sí no se corrompía ni un poco. Wakiya no dejaba de hablar por teléfono, tal vez con sus padres o quién sabe. El caso es que Valt era el que se hallaba en primera línea de las gradas, y por su petición, los demás se quedaron más atrás a excepción de Rantaro. Él se quedó a su lado.
- ¿Ese es Roktavor? – Valt se fijó en el bey de su amigo, que asintió con la cabeza. – Waow, ha cambiado muchísimo.
- He estado entrenando desde que Free me echó una mano, ¿recuerdas? – Miró al pelinegro. – Desde entonces nos hemos hecho muy fuertes. – Sonrió, pero vio a Valt pensativo. - ¿Ocurre algo, Valt?
El muchacho recordó ese momento en el que Free optó por ayudar a Rantaro cuando Roktavor más lo necesitaba. No supo por qué, pero una idea cruzó por su mente antes de que sus ojos se dirigieran hacia Lui, que retrocedió de nuevo mientras aguantaba la energía de Phi. Estaba claro que el Dragón Blanco no iba a rendirse, y menos ahora, que podía darle batalla de una manera más decente. A Phi no le importaba siquiera lo que pudiera ocurrir. No era él mismo.
- Rantaro. – Valt llamó a su compañero. - ¿Crees que podamos usar la energía de Roktavor?
- Eh, supongo. Free me echó una mano con la suya, pero, ¿para qué la necesitas?
- Puede servirnos contra Phi. No podemos dejar a Lui solo en esto. Sé que es fuerte, pero no podrá con Phi todo el rato. Tenemos que ayudarle. – Decía.
- Muy bien, Valt. Hagámoslo.
Valt sonrió y asintió. Le pidió a Hyde mantenerse alerta antes de salir corriendo, desconcertando no sólo al hermano de Phi sino también al resto. Rantaro le siguió. Abandonaron las gradas para ir por los pasillos de El Astro. Es como si este lugar estuviera guiando a Valt, quien encontró unas escaleras bastante escondidas que subían hacia un lugar alto. Tal vez a la parte superior del Astro. Era la primera vez que venía por aquí, pero su instinto era claro: este era el camino. Corrió a toda prisa hasta encontrarse en una plataforma suspendida en el aire a la que llegó saltando. Rantaro se lo pensó dos veces, temiendo un resbalón que terminara en una caída accidental... y mortal. Desde ahí arriba vieron el estadio con claridad. A Valt le dio un poco de miedo, porque estaban a una gran altura.
- Debes concentrar tu energía y pedirle a Roktavor que la envíe alrededor de Phi.
- ¿Eeh? Creí que planeabas atacarle.
- No podemos atacarle. – Negó con la cabeza. – El mundo está cubierto por la oscuridad, así que no nos servirá de nada intentar hacerle daño porque se recuperará en un santiamén.
- Hombre, dicho así...
- Pienso que sería más adecuado crear una barrera a su alrededor. Durase el tiempo que durase, a Lui le servirá para descansar lo suficiente para reponerse.
Rantaro miraba a Valt. Le sorprendía esa iniciativa, pero no dudó en sus palabras. Ahora mismo, Valt era uno de los únicos que parecía saber lo que tenía que hacer. Y como el buen amigo suyo que era, desde el instituto, Rantaro confiaba en su compañero. Observó a Roktavor y se concentró en él. El espíritu se mostró, para escuchar su petición. La silueta de Drain Fafnir también se vio detrás, ligeramente translúcida. En forma de energía, una esfera fue formada alrededor de Phi y su poder quedó completamente anulado. Lui se sorprendió, así como los demás. ¿Qué era lo que acababa de pasar?
El Dragón Blanco se giró para mirar a las gradas, pero ni rastro de Valt.
- Estamos aquí. – Escuchó al pelinegro, así que alzó su rostro hacia arriba.
- ¿Qué demonios hacéis ahí? – No ignoró la presencia de Rantaro.
- Echarte una mano, ¿qué más si no? – Dijo el rubio. – Ha sido idea de este. – Señaló a Valt.
- No te vendrá mal tomar un respiro, todavía queda mucho, Lui.
- Esta es mi batalla, pedazo de idiota. No te metas.
- ¡Pero bueno! ¡Qué desagradecido! – Protestó Valt, poniendo las manos en las caderas. - ¡¿Cómo me dices eso en una situación así?! ¡Gilipollas!
- Lo que tú digas. – Se cruzó de brazos. – Pero no dependo de vosotros para nada. Puedo yo solo.
- Y una leche. – Rantaro alzó ligeramente la voz. - ¡Con sólo mirarte sé que...!
- ¿Y cómo habéis hecho eso, por cierto? – Lui interrumpió a Rantaro, señalando a Phi o más bien la barrera que lo mantenía vulnerable.
- ¡No me ignores! – Protestó el rubio.
- Es cosa de Roktavor. – Sonrió Valt. – Free ayudó a Rantaro hace ya algún tiempo, para que pudiera reparar a Roktavor. Al parecer usó su energía para lograrlo y es la que hemos usado para ganar tiempo.
Eso tuvo sentido para Lui. Sólo el poder de Free sería capaz de neutralizar por completo el de Phi. Pero su enemigo continuaba teniendo esa expresión escalofriante en el rostro, tan tranquilo. Era obvio que esto sólo sería temporal, y no le preocupaba. Tarde o temprano se liberaría. Por ello, Lui se preparó mentalmente para lo que fuera a venir después de que eso ocurriese.
- Rantaro, regresa con los demás. – Le pidió Valt.
- ¿Estás seguro?
- Sí. Yo me quedaré aquí por si Lui me necesita.
- Vale, pero tened cuidado, ¿de acuerdo?
- Claro. Confía en nosotros.
Rantaro y Valt chocaron las manos, antes de que el rubio se marchara. Valt no iba a abandonar a Lui ahora que podía estar ahí. Aunque la altura impresionaba, era más su preocupación por el Dragón Blanco lo que le impulsaba a permanecer ahí. Pero también era cierto que, de ese modo, se exponía más a que Phi le alcanzara con más facilidad. Y era obvio que ya le había visto desde donde estaba. Pero Valt sabía que ese no era Phi. A quien tenían delante era el mismísimo Koslaram, el espíritu de la oscuridad. Koslaram, el que traía la oscuridad y el caos a este mundo.
Ninguno sabía con exactitud cuánto tiempo duraría esa barrera. Phi no mostraba la intención de intentar romperla, se lo tomaba todo con calma. No era una buena señal. Lui se concentraba en recuperarse y descansar, revisando también a Lúinor en el proceso. Fayna tampoco había llegado, así que a estas alturas dio por hecho que se hallaría en el hospital velando por Free. Sin embargo, ¿cuánto iba a poder resistir hasta que llegara el Dragón Dorado? Eso si es que llegaba... primero debía regresar a la vida. Pero si Free estaba muerto, Phi también debería estarlo. Así que algo no le cuadraba a Lui... hasta que vio algo.
A través de la barrera. En el centro del pecho de Phi. Ahí, había una pequeña luz que brillaba. Pensando en ello, Lui abrió los ojos. Pronto hizo algo que dejó a Valt sin habla. Lui movió sus brazos hacia fuera y hacia dentro, para soltar un potente rayo contra la barrera, y no una sola vez sino varias. Antes de que se rompiera, Lui saltó y arremetió contra la misma con un golpe. Rodeando su mano con su energía, logró alcanzar a Phi y su mano atravesó el pecho del mismo aprovechando la ocasión de que su enemigo todavía no podía usar su poder. Pero fue durante un segundo tan breve que enseguida salió volando. Pero Lui había conseguido su objetivo: sacar la luz del interior de Phi.
- ¡ESTO ES PARA TI... KIYAMA! – El Dragón Blanco lanzó la esfera hacia las gradas, y que llegó a Rantaro. - ¡¡RÁPIDO!! ¡¡LLÉVASELO A FREE!!
Rantaro no lo dudó ni por un momento. Salió corriendo de allí. Phi gritó, y su cuerpo empezó a hacer gestos extraños. Valt saltó desde la plataforma para ponerse delante de Lui, y entre los dos, levantaron una barrera para protegerse del poderoso ataque de Phi, cuya oscuridad llenó por completo El Astro. Ni siquiera los focos de luz eran capaces de penetrar en esas tinieblas tan densas. Incluso costaba respirar. El ambiente era insoportable.
- ¡¡YO, KOSLARAM, OS ELIMINARÉ DE ESTE MUNDO DE UNA VEZ POR TODAS!! ¡ODAHVIIN! ¡VOSLAARUM! ¡ESTÁIS ACABADOS!
La potencia de la ofensiva de Phi aumentó tanto que los dos chicos comenzaron a retroceder. Sus pies eran arrastrados hacia atrás. Ambos se miraron y asintieron. Concentraron más energía, para intentar hacer un balance entre las mismas. Las suyas se fusionaron en una sola. Gracias a eso, ganaron cierta ventaja y ambos poderes se mantuvieron bastante igualados, aunque el de Phi mostraba su superioridad ahora que el mundo sólo tenía una mínima porción de luz que Rantaro se había llevado hacia el hospital una vez que Lui logró extraerla de Koslaram, aquel a quien ahora enfrentaba junto a Valt.
En estos instantes, sólo les quedaba resistir. Debían hacerlo, para darle tiempo a Rantaro. Sí, podía decirse que todo dependía de Rantaro. Si él no llegaba al hospital y le entregaba la luz a Free, puede que este esfuerzo fuera completamente en vano. Los espíritus de Valt y Lui, Valtryek y Lúinor, ayudaron a sus bladers y les dieron parte de su poder para que pudieran soportar la carga de haber fusionado sus poderes y aguantar además el de Phi. Pero incluso con esas, empezaron a darse cuenta que no era suficiente. Y parte del problema era que Valt sólo podía hacerlo con una sola mano, lo cual le dificultaba al chico poder soportar todo esto.
De repente, sintieron algo detrás de ellos. Los dos miraron de reojo, y reconocieron a Hyde.
- ¡Hyde! ¡¿Qué estás haciendo?! – Reaccionó Valt.
- ¡Mantener la promesa que le hice a Free De La Hoya! – Contestó. - ¡No pienso dejar que te ocurra nada, y a ti tampoco, Lui Shirosagi!
- ¡Lárgate de aquí! ¡Podrías salir herido! ¡¿Acaso no eres consciente de ello?!
- ¡Estoy completamente seguro de lo que estoy haciendo! ¡Quiero a mi hermano mayor de regreso! ¡Y no pararé hasta conseguirlo! – Hyde se mostraba firme. - ¡Vosotros lo estáis dando todo! ¡Y ya no sólo por este mundo sino también por todos nosotros!
- Hyde...
- Por eso no me quedaré de brazos cruzados cuando puedo hacer algo para ayudaros. Mi poder también es oscuro, ¡Pero también es resistente contra el de Phi! Quizá no sea mucho, ¡Pero de algo servirá!
- Cht... este idiota... - Lui apretó la mandíbula.
- ¡Muy bien, de acuerdo Hyde! – Sonrió Valt. - ¡Contamos contigo!
- ¡Sí! ¡Déjamelo a mí, Valt!
- ¡Estáis locos! ¡Estáis completamente locos! – Decía Lui, con una sonrisa, no obstante.
- ¡Bienvenido al club, colega!
- ¡Cállate! ¡No soy tu colega!
Chapter 63: Dovahkiin
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El Astro continuaba resistiendo aquella colisión de energías. Gracias a Hyde, Valt y Lui eran capaces de aguantar más tiempo, pero, de todas maneras, la presión a la que eran sometidos era enorme. El viento huracanado que levantaban entre todos también dificultaba las cosas. Oír de fondo la horrible risa enloquecida de Koslaram no ayudaba precisamente. Cuando Valt veía que su cuerpo retrocedía, le bastaba con poner un pie delante, como si diera un paso, con tal de evitar seguir yendo para atrás. El choque de las energías provocaba que muchos relámpagos salieran disparados en cualquier dirección, haciendo muy peligroso el que cualquiera estuviera aquí. Valt miró las gradas, escuchando los ánimos de sus amigos: todo el BC Sol, excepto Cristina. Y sus amigos de la infancia Shu y compañía, aunque ni Daigo ni Xander estaban ahí. Llevaba un tiempo sin verles, pero era más la tranquilidad al saber que ahora ellos se hallarían a salvo del lunático al que enfrentaba.
- Nos está empujando. – Avisó Lui.
- ¡Venga! ¡Que nosotros podemos! – Animaba Hyde.
- Lui. – Valt hizo contacto visual con el aludido. El Dragón Blanco no necesitó ni preguntar, que asintió con la cabeza.
- Muy bien, Valt.
- ¡A por ello! – Exclamaron al mismo tiempo.
En respuesta, su energía fusionada se volvió más potente que antes. Aquello sorprendió a Koslaram. Sus pies eran arrastrados hacia atrás por la fuerza ejercida contra él. Lui y Valt no iban a rendirse, y eso Koslaram supo sentirlo de inmediato. Esa energía rebosaba de determinación, y si dudaba ni que fuera por un segundo, le acabaría dando de lleno. No quiso imaginar siquiera cómo podría quedar ante tal destino. Por ello, hizo una sonrisa todavía más escalofriante y aumentó su poder, dejando así de retroceder. Hyde se esforzaba para apoyarles. Su energía oscura era resistente contra la de su hermano mayor, de modo que suponía una ventaja a tener en cuenta para los chicos. Puede que no fueran capaces de mantenerse tal y como lo estaban haciendo de no ser por la colaboración de Hyde. Desde luego, era un buen tipo.
Pero los tres lo sabían: esto sólo era para ganar tiempo. No aguantarían por mucho más. Si Rantaro no llegaba, todo podría terminar. Lui y Valt lo tenían tan presente que intentaban guardar un poco más de energía, sólo por si acaso. Habiéndose enfrentado a bladers tan fuertes desde que empezó como tal, Valt había aprendido a usar más la cabeza sin olvidarse de divertirse en las batallas de beyblade. Y era sin duda Free, quien había sido algo parecido a un maestro para él, quien le había ido guiando en su camino. Ahora no podía fallarle. Ahora que Free más le necesitaba, debía estar ahí para él del mismo modo que el rubio lo hizo a la inversa. Free siempre estuvo ahí, aunque no fuera físicamente.
- Si esto sigue así... - Dijo Lui. Los dos comenzaban a verse superados de nuevo por Koslaram. – No resistiremos.
- ¡No podemos darnos por vencidos, Lui! – Contestaba Valt. - ¡Tenemos que hacer un último esfuerzo!
- ¡¿Y qué crees que estoy haciendo, idiota?!
Una gota de sudor bajó por el rostro de Valt hasta caer de su mentón. Lui no se equivocaba. Él también lo sentía. Su poder estaba debilitándose, y para Valt con una sola mano era todavía más difícil. Ojalá no tuviera el brazo derecho roto. Pero ahora ya no podía hacer nada, más que seguir intentando aguantar. Pero justo cuando sus fuerzas fallaron y la oscuridad de Phi estuvo a punto de alcanzarles... simplemente se desvaneció antes de que llegara a tocarles. Como ellos dos, todos los presentes se sorprendieron cuando El Astro se iluminó por completo. No era la luz de los focos. No era ninguna luz artificial.
- ¡¡AAAAAAAAAAH!! – Koslaram empezó a gritar, haciendo los mismos gestos extraños, pero más rígidos que la vez anterior. - ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?! ¡AAAH! ¡ESTO NO PUEDE SER!
La luz concentrada en El Astro logró llegar al exterior cuando el techo se abrió por sí solo, del mismo modo que el estadio de beyblade. Desde el centro de la estructura aquella misma luz salió disparada hacia el cielo y se extendió por el mundo entero. Valt cayó de culos al suelo, respirando agitado mientras Lui, con las manos a la altura de sus caderas mientras partículas de luz caían en sus palmas, observaba su alrededor con la boca abierta. Hyde se acercó a Valt sin perder detalle de lo que pasaba pese a los gritos de Koslaram que se retorcía en el suelo. La oscuridad se desvanecía rápidamente y desde ahí, los chicos miraban el cielo al alcance de sus ojos para contemplar unas ondas de luz en ese alto firmamento que volvía a recuperar su color original. Es como si ante ellos hubiera surgido un nuevo renacer, con aquel pilar de luz delante.
- Rantaro... - Murmuró Lui. – Rantaro lo ha conseguido.
- ¡¿Eh?! – Valt miró a su compañero, antes de ponerse de pie. - ¡¿De veras?!
Lui asintió con la cabeza. En sus ojos se reflejaba lo emocionado que estaba y es que en cualquier lugar y momento sería capaz de reconocer este tipo de energía. Sólo podía pertenecer a alguien con el que estaba tan familiarizado. Valt empezó a reírse y a celebrarlo, pero aquello pronto cambió cuando escucharon la risa de Koslaram.
- No... - Koslaram se había puesto de pie. - ¡Todavía no!
- Ríndete, este es tu fin. – Lui se giró para verle. - ¡Ya no puedes hacer nada contra nosotros!
- ¿Tú crees? – Levantó el rostro con esa expresión tétrica. - ¡¡Ahora mismo lo comprobaremos!!
- ¡Lui, Valt...! – Hyde extendió la mano cuando fue testigo de cómo su hermano lanzaba un ataque contra los chicos.
Pero ese mismo ataque fue bloqueado por una ráfaga de energía dorada, causando una explosión que alejó tanto a Lui como a Valt. Automáticamente todos se giraron y vieron cómo las puertas se abrían. Desde ellas había una luz cegadora con una silueta que avanzaba hacia ellos. Valt abrió los ojos, así como Lui cuando por fin el Dragón Dorado se presentó. Koslaram pasó el dorso de su mano por su mentón, poniendo mala cara.
- ¡¡FREE!! ¡HAS VUELTO! – Gritó Valt sin poder contenerse. Alzó los brazos y todo.
El rubio continuó caminando, obligando a que Lui y Valt se hicieran a un lado. Free no les miró, pero permaneció muy atento a ellos. Centró su atención en Phi con un rostro impasible que denotaba mucha seriedad. A los pocos minutos apareció Rantaro, llamándolos. Valt se lo agradeció con ganas desde donde estaba. Intentó irse para darle un abrazo, pero Lui no le dejó, sujetándole para impedírselo.
- Dovahkiin... - Susurró Phi. - ¡¡DOVAHKIIN!! – Gritó antes de volver a atacar.
Levantando la mano, Free detuvo la ofensiva sin esfuerzo alguno. Tenía la mano derecha a la altura de su cadera, con la que parecía absorber la oscuridad de Phi a propósito. Lui no entendió el motivo. Phi insistió, pero Free se movió como si estuviera moviendo agua a su alrededor para devolverle el ataque a Phi, enviándolo contra las puertas. El pilar de luz que estuvo en el centro había desaparecido en unos minutos, una vez que el planeta regresó a la normalidad. Sin embargo, El Astro continuaban brillando con esa luz. Y es que era oficial. El retorno de Dovahkiin era oficial. El retorno de Free De La Hoya, quien parecía haber regresado más fuerte que antes.
Phi tuvo dificultades para moverse, pero volvió a ponerse en pie. No abandonó su sonrisa, pero Free no dijo nada en ningún momento. Ligeramente detrás de él, Lui y Valt permanecían atentos. No iban a dejar solo a Free, mucho menos Valt. No después de lo que ocurrió la primera vez. Por lo menos, ahora no estaba Abzu.
- Así que has vuelto... - Decía Phi. – He, he. Qué inesperado. Y yo que pensaba que ibas a morir. ¿Puede que el elemento del agua haya tenido piedad de ti cuando te atacó? – Pero sus provocaciones no servían de nada. Free se mantuvo taciturno, y eso inquietó a Valt que recordó las palabras del doctor Marc acerca de que probablemente Free no pudiera volver a hablar o caminar.
Sin embargo, Free estaba de pie, delante de él y al parecer, dispuesto a saldar cuentas. Su preocupación por una posible discapacidad desapareció, pero una parte de él continuaba sintiendo miedo. Aunque Free pudiera caminar, como ya era evidente... ¿volvería a hablar? Porque todavía no había dicho ni pío.
Phi preparó un ataque, conteniéndolo en la mano. Free se mantuvo calmado, y rodeándose de su energía por si acaso. Pero lo que Phi hizo a continuación lo pilló desprevenido. La ofensiva pasó a gran velocidad por su lado izquierdo, alcanzando a Valt para tirarle al suelo. Lui se acercó corriendo al chaval, mientras Free tenía los ojos bien abiertos. La risa de Phi causó su cólera, pues inmediatamente sus ojos se iluminaron en cuanto su poder dorado se intensificó de tal manera que creó una onda de choque que para El Astro fue completamente inofensiva, pero que, sin embargo, hizo caer al suelo a Lui, que sostenía a Valt.
La energía dorada de Free formó unas alas de dragón en la espalda del mismo, y que le levantaron del suelo. El aire que provocó, obligó a que Phi retrocediera mientras era testigo de la furia del espíritu de la luz, de Dovahkiin, quien por primera vez casi parecía hacer honor a su nombre original como el Sangre de Dragón que era. Free concentró energía a su alrededor y la dirigió contra Phi sin importarle si eso destruía la estructura de la que Lui y Valt dependían para no caer al vacío que había debajo de ellos. La pared sufrió daños severos, y las puertas prácticamente quedaron inservibles. Rápidamente se desplazó hacia Phi, pero cuál fue su sorpresa que fue atacado por alguien más de forma inesperada.
Hyde se puso por delante, en lo que Free caía de caras al suelo.
- ¡¡No permitiré que le hagas daño a mi hermano!! – Fue lo que le gritó Hyde, apretando las manos.
- ¡Hyde! ¡Sal de ahí! – Era la voz de Lui, pero el aludido no hizo caso.
Free movió la cabeza para mirarle desde el suelo. Sus ojos todavía se hallaban completamente iluminados por su poder. Fue levantándose poco a poco, hasta poner un pie y saltar con fuerza contra Hyde usando esas alas incorpóreas de su espalda. Free se estrelló contra la pared que había más allá de lo que una vez fueron las puertas, creando una pantalla de humo de la cual volvió aparecer en dirección contraria cuando un rayo oscuro le alcanzó. Acabó cerca de Lui, y con la frente manchada de sangre.
- Free ya es suficiente. – Le pidió Lui, sujetándole del brazo. Pero al hacer eso, abrió los ojos cuando comprobó cómo esa blanca piel prácticamente quemaba, teniendo que apartar su mano.
El rubio no fue capaz de escucharle. Ejerció presión en sus músculos, poniéndose de pie una vez más. Lui pudo ver la rabia en el rostro del Dragón Dorado. Pero parte de esa rabia, pudo reconocer, se trataba de algo completamente ajeno a la situación de ahora. Tal vez era el enfado contenido por Free durante años de frustración. Al darse cuenta de eso, Lui supo que Cristina era la responsable. Pero eso también significaba que Free continuaba sin controlar su poder, y que todavía no había trabajado en aquello que más le afectaba a nivel emocional. No sólo las acciones de Cristina eran la única causa. Todavía no había superado los recuerdos de la pérdida de sus padres, de ese accidente, de su estancia en el hospital y en el orfanato cuando era niño. Recuerdos que seguían trayéndole un dolor que, al parecer, era más fuerte de lo que él podía soportar.
A Lui le hizo sentir especialmente mal ver cómo el Dragón Dorado sufría.
- Free... - Por fin Valt se despertó, murmurando el nombre del aludido que sorprendentemente logró escucharle. Los ojos de Free volvieron a la normalidad y sus alas incorpóreas desaparecieron.
- ¿Estás bien, Valt? – Preguntaba Lui.
- ¿Qué es... lo que pasa? – Susurraba.
Fue en ese momento cuando Free mostró tristeza en su rostro, y pese a que la situación no seguía siendo la mejor, sí que se permitió bajar la guardia para acercarse al pelinegro que yacía desorientado.
- ¡¡DOVAHKIIN, ESTE ES TU FIN!!
El ataque de Phi los alcanzó. Free tuvo tiempo de sujetar a Lui y a Valt antes de que cayeran al vacío, en paralelo a la estructura que sostenía no sólo los puentes sino también el estadio de beyblade. Con una mano, Lui sujetaba a Valt y con la otra se agarraba a Free. La caída era desde una gran altura, y Free intentaba pensar en algo para salir de ese apuro. Pero no hizo falta. Una mano le detuvo. Cuando alzó el rostro, Free se llevó la sorpresa del siglo.
- ¡¡AHORA!! ¡TIRAAAD! – Era la voz de Zack.
- ¡Agárralos bien, Joshua! – Y ese era Daigo.
- ¡Tranquilo Free! – Habló el propio Joshua Burns. - ¡Ya estamos aquí! ¡¡Los héroes hemos llegado en el momento indicado para salvaros de una muerte segura!!
- ¡A concentrarse, chicos! – Y aquel era Xander, que sujetaba a Zack y a Daigo quienes a su vez sostenían a Joshua.
Entre los cuatro lograron subir a Free y a sus dos compañeros. Pero era más la sorpresa del rubio, que no pudo apartar la mirada de Joshua, contemplando esa sonrisa que le decía algo como: «¡Confía en mí! ¡No te soltaré!». En esos momentos, Free tuvo sentimientos muy encontrados.
Chapter 64: Un Amor Incondicional, ¡Abre Los Ojos, Free!
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- Parece que Valt está bien. – Zack había revisado al chico que estaba consciente, aunque todavía desorientado. – Pobrecillo, has tenido que pasarlo mal eh, Twinkle Toes. – Se rio.
- Calla, no es agradable.
- Debo admitir que os habéis lucido. – Lui tenía una de las manos en las caderas. – No imaginé que fuerais a venir. ¿No se supone que estabais en Japón?
- Sí, pero fue idea mía venir. – Sonrió Joshua. – Ellos también querían ayudaros, de modo que no les dije que no.
Y es que era cierto, si no hubiera sido por ellos puede que no lo hubieran contado. Desde una caída a tal altura, era una muerte segura. Esto era cosa del destino. El universo todavía no había programado su última hora. O eso es lo que pensaba Lui. Por su parte, Valt continuó descansando mientras Free observaba a Joshua explicar cómo se le ocurrió venir aquí sin siquiera avisar. Fue un buen plan, de ese modo ni Phi logró caer en ello... especialmente cuando los consideraba unos debiluchos que no valían la pena destruir. Y precisamente por eso, estos debiluchos habían logrado sacarle partido a la situación. Pese a su orgullo, Lui tuvo que darles las gracias, avergonzándose en el proceso. Pero terminó chillando por las burlas de Zack. Xander se acercó, dando palmadas en la espalda de Shirosagi, quien por accidente terminó estampado en el suelo cuando el pelirrojo no controló su fuerza bruta.
- Ups... perdón. – Se disculpó.
- Xander, tío, mira que eres...
- ¡Eh! ¡Que ya he pedido perdón! – Protestó antes de echarse a reír otra vez. - ¡Es que nunca pienso en controlar estos musculitos que tengo! ¡Ja, ja, ja!
En silencio, Free se había acercado a Joshua ignorando el escándalo que se montó por Lui. No sabía qué era lo que sentía en estos momentos. Por un lado, era el rencor, la decepción y la tristeza por lo que ocurrió en América. Pero por el otro lado... todavía quedaba parte de ese amor que una vez sintió, y ese cariño todavía existente en su interior. Pero ahora se sumaba la culpa. Free recordó cómo trató a Joshua la última vez que le habló, e incluso lo que le hizo a Xander.
- Me alegro mucho de ver que estás bien, Free. – Y, sin embargo, el moreno le miraba con esa radiante sonrisa. – Me enteré que acabaste muy grave en tu primer encuentro contra Phi, pero veo que te has recuperado.
Free se dio cuenta de que Joshua respetaba su espacio personal, evitando el contacto físico sólo para que él se sintiera cómodo. ¿Qué era lo que había pasado en el mundo, y a las personas que estaban en su vida, durante su ingreso en la UCI? Nunca fue consciente de si alguien fue a visitarle o no. Pero, además, el simple hecho de no poder hablar le frustró. Joshua pareció notarlo, así que se atrevió a cogerle de la mano.
- No te preocupes por nada más, Free. – Le dijo. – Nosotros estaremos aquí para lo que necesitéis. No importa si Phi es tan fuerte. No puede con todos nosotros al mismo tiempo. – El rubio asintió a sus palabras. - ¿Qué es lo que pensáis hacer ahora? – Preguntó, aprovechando que Lui se acercaba.
El Dragón Blanco cruzó miradas con el Dragón Dorado. Los dos asintieron, en un mensaje que no necesitó de palabras para ser expresado.
- Vamos a convertirle en un pollo «Phrito».
Menudo silencio se formó cuando Lui hizo ese chiste tan malo. El único que se tronchó de la risa fue Xander. Free se llevó la mano a la cara, sin creer que esto estuviera pasando. Si bien, Lui no era precisamente alguien que hiciera chistes malos porque no tenía el sentido del humor para ello. Lo suyo era más el sarcasmo o meterse con los demás... insultando o no, eso daba igual.
- ¿Necesitáis que hagamos algo en concreto? – Preguntó Joshua. Se le hacía raro que Free no hubiese dicho nada.
- Ya que Valt no parece estar en condiciones... es mejor que os ocupéis de él. – Lui observaba al pelinegro. – Será todo un problema si le da un arranque de los suyos para ponerse en medio de lo que sea que hagamos. – Explicaba, haciendo asentir a Free, que le daba la razón. – Porque bueno, Phi ya le ha hecho daño a Valt y este idiota que tengo aquí a mi lado se ha descontrolado. – Señaló a Free, que resopló. – Sabes que es la verdad. – Le dijo, pero el otro cerró los ojos, pasando de él.
- Vale. Nosotros nos encargamos.
Lui asintió y avisó a Free para volver hacia arriba. El rubio le siguió, antes de detenerse. Se giró y miró a Joshua, que alzó la mano y le regaló una sonrisa. Apenas duró lo que era medio minuto, pero fue el tiempo suficiente para que Free se diera cuenta que había cosas que debía resolver. Con eso en mente, corrió para alcanzar a Lui. Yendo por los largos pasillos de El Astro, les dio margen para entablar una pequeña estrategia:
- Bien, este es el plan: lo primero será confundirle mientras usamos el dominio del rayo y lo vamos redirigiendo. – Contó. – Imagino que Akatosh ya te lo habrá enseñado. – Free asintió de nuevo con la cabeza. – Vale. Yo crearé el rayo, tú lo te harás cargo de redirigirlo. Apenas tendrás tiempo, de modo que será mejor que se lo lances a Phi. Si no funciona... supongo que podremos improvisar algo sobre la marcha. Lo importante es mantenernos de una sola pieza, y sin Valt, eso será más sencillo.
Free hubiera protestado, pero no pudo hacerlo. Además, en parte Lui tenía razón. Valt era demasiado impulsivo, y muchas veces rompía los esquemas de cualquiera. Obviamente, entre ellos dos, que eran dragones, se les daba especialmente bien colaborar juntos, en parte porque ya se conocían de hacía tiempo. Y Free podía sentirlo: Lui estaba contento de que él hubiera vuelto. Eso en parte le alegraba un poco, después de haber sido testigo de cómo Valt era atacado y cómo perdía el control por ello. Fue algo que ya le advirtió Akatosh en su momento: por muchos conocimientos que le fueran otorgados, su poder estaba vinculado a sus emociones. Si tenía asuntos pendientes que resolver a nivel emocional, más le valía darse prisa en arreglarlos, o de lo contrario, continuaría siendo incapaz de manejar su propio poder... como ya le acababa de pasar.
Llegaron hasta Phi. Free tomó la delantera, corriendo alrededor de él para distraerle, esquivando además los ataques de Phi. Eso le dio tiempo a Lui a crear el rayo, dirigiéndolo hacia Free, quien a su vez usó los dedos y se movió de forma fluida para girar sobre su cuerpo y redirigir la energía contra su enemigo. Phi se vio obligado a usar la oscuridad para defenderse, resistiendo. Lui y Free cambiaron las posiciones. Aprovechando que Phi levantó una cúpula de oscuridad, Lui la congeló con su poder para que le costara más tiempo a Phi el poder romperla. Tiempo que Free tuvo para crear el rayo del mismo modo que lo hizo Lui, quien lo desvió hacia el rubio, y así de forma consecutiva en un intercambio de la electricidad hasta que Phi rompió el hielo y recibió de lleno el relámpago. La explosión hizo temblar El Astro, pero los relámpagos no se detenían, ni tampoco las ráfagas oscuras de Phi, las cuales eran absorbidas por Free de vez en cuando.
- ¡Eres muy lento! – Lui aprovechó la ocasión para correr hacia Phi y darle una patada. Pero para su sorpresa no consiguió derribarle, y su suerte empeoró cuando Phi sujetó una de sus piernas.
- Vaya, vaya, Odahviin... has perdido tu toque. – Sonrió de forma escalofriante. El aludido apretó la mandíbula hasta ver que cierto rubio se movía por la retaguardia de Phi.
- ¿En serio? Yo que tú no estaría tan convencido.
- ¿Eh?
Justo cuando se giró, un relámpago le estalló en la cara. En unos breves instantes antes, Phi logró ver cómo Free creaba el rayo. Esto era cosa de Akatosh, quien le habría enseñado el dominio del relámpago. Pero usando la oscuridad como si fuera un látigo pegajoso, alcanzó a Free. El rubio pudo evitar estamparse contra una de las paredes de El Astro, saltando. Pero de todos modos, Phi continuaba moviendo su cuerpo de posición, haciendo difícil para Lui el poder asestarle con su poder sin el riesgo de alcanzar a Free en el proceso. Intentar soltarse era inútil, esa oscuridad no le dejaba escapar. Free tuvo que soportar varios golpes contra los muros de El Astro para cerrar los ojos y concentrar su energía. Pareció pinchar con sus dedos el interior de la oscuridad que lo unía a Phi, y la cual fue desapareciendo lentamente mientras él se rodeaba de su luz dorada tan característica.
En ese momento el látigo desapareció y Free se liberó. Lui actuó con velocidad, disparando más relámpagos que Phi esquivó de milagro. El tío era rápido. Incluso teniendo la ayuda de Free para redirigir la electricidad, Phi los predecía y se movía antes de que le alcanzaran. Aunque lo que no previó fue una esfera aural dorada que Free usó para atacarle y que Phi se comió de lleno, acabando en el suelo. Pero rodando por el mismo, Phi evitó que Lui consiguiera su objetivo para hacerle daño. Sin embargo, eso significó recibir otro relámpago por parte de Free.
Phi terminó en el suelo, paralizado después de tantos ataques. Eran dos contra uno, además, y no podía ignorar a Lui, quien se mantuvo a distancia de él. Los observó a los dos, mientras su cuerpo temblaba y sufría espasmos por la electricidad. Estaba en su límite. Puede que no pudiera aguantar otro ataque más.
- Parece que hemos ganado nosotros. – Sonreía Lui de forma victoriosa. Phi apretó la mandíbula. - ¿Eh? – Miró a Free en cuanto sintió el sonido del relámpago. El rubio lo estaba creando sin apartar la vista del dueño de Dread Phoenix. – Espera, ¿Qué demonios estás haciendo?
- ¿Vas a destruirme, Dovahkiin? – Phi mostró una expresión desafiante. – Sabes que, si me destruyes, el mundo también acabará destruido. Pero tampoco sería la primera vez que lo haces, ¿cierto? – Se rio. - ¡Por eso decepcionaste al elemento del agua!
Free no reaccionó bien a sus palabras, ya que no tuvo contemplaciones a la hora de disparar el relámpago que, afortunadamente, Lui logró desviar. Aquello sorprendió a Phi, pero que encendió los ánimos de los dos dragones que se miraban mutuamente.
- Phi tiene razón. – Dijo Lui. – No puedes acabar con él y lo sabes. – Señaló a Free. – Tienes que contener esa ira. Nos ha costado mucho llegar hasta este punto, y más ahora que tenemos a este desgraciado así. – Con el dedo pulgar apuntó hacia atrás, hacia Phi. – No lo eches a perder.
Sin embargo, Free no mostraba tener la intención de querer escuchar. Su forma de responder fue rodeándose de su energía dorada. Obviamente, Lui entendió el mensaje así que hizo lo mismo. En respuesta, El Astro comenzó a sacudirse mientras unas descargas eléctricas empezaban a sonar como si fueran los fuertes truenos de una tormenta a punto de estallar. Los ojos de Free se volvieron dorados, sin un ápice de que su dueño fuera a retroceder. Lui ya le conocía perfectamente. Free era lo suficientemente obstinado como para no ceder. Phi se mantuvo expectante, ya que tampoco podía moverse. Pero le sorprendió que su hermano Hyde apareciera para quedarse a su lado.
- ¿Qué estás haciendo tú aquí?
- Protegerte, ¿no es obvio?
- No necesito que lo hagas.
- Claro que sí, y más ahora. Es peligroso para todos, Phi.
- Lárgate ahora mismo.
- Ni hablar. – Sujetó la mano de Phi. – No me iré de aquí sin ti. ¡Tengo que protegerte!
- ¿Por qué lo harías? – Preguntó, viendo que Hyde guardaba silencio hasta suspirar y acariciar su rostro.
- Porque eres mi hermano. El único que tengo. – Sonrió.
- Qué tontería... - Phi desvió la mirada, avergonzado. Hyde se rio.
- Sí, supongo que el amor de un hermano es así. Es algo incondicional. No puedo evitarlo.
Pero el crujir del suelo los devolvió en situación. Lo único que les separaba de Free era Lui, que se hallaba delante de ellos con el fin de proteger a Phi. El Dragón Blanco enfrentaba al Dragón Dorado, manteniéndolo a raya. Lui sabía que Free estaba no sólo resentido sino también muy enfurecido por todas las cosas que había hecho Phi. Lui era capaz de comprenderlo, después de todo, también fue Phi quien hizo daño a su equipo de beyblade, el Rideout. Pero a diferencia del rubio, él era consciente de que no podía dejarse llevar por el resentimiento. El equilibrio del mundo también dependía de la existencia de Phi y eso había que aceptarlo. No era posible un mundo sin oscuridad, del mismo modo que tampoco sin la luz. Todo estaba conectado. Lui lo tenía más que asumido desde que despertó en el hospital de Japón, y Fayna le fue enseñando cosas tan importantes como esas.
Sin embargo, Free había perdido eso de vista. Se centraba más en lo que su corazón sentía, y no en lo que era mejor para todos... incluyendo a Valt. Lui tenía fe en que mientras pudiera contener a Free, éste no sería capaz de atacarle... pero tampoco podía darlo por hecho. La tensión que había era insoportable, si hasta parecía haber una tormenta en el interior de El Astro, sólo que sin nubes. Sólo había viento y truenos por aquí y por allá. Lui estaba decidido a no apartarse, de ello dependían Phi y Hyde. No obstante, Free empezó a hacer algo que los desconcertó a los tres. Lui vio cómo con las palmas, Free hacía una esfera de energía. ¿Acaso planeaba hacerle daño? Ignorando lo que iba a pasar, Lui no se movió ni siquiera cuando aquella esfera avanzó hacia él de una forma pacífica, antes de rodearle por completo en una cúpula que anuló su poder.
- ¡Eh! ¡Esto no se vale! – Lui daba golpes en esa pared de energía. Free inclinó la cabeza más de lo habitual, antes de moverse hacia su derecha para no tenerle en medio. – ¡Detente! ¡No lo hagas!
- Hyde vete de aquí. – Susurró Phi, haciendo que su hermano le mirara. – No podrás aguantar los ataques de Dovahkiin. Márchate.
- No lo haré. No voy a dejarte solo. – Y rodeó a Phi con sus brazos.
- ¡No seas estúpido! ¡Hazme caso por esta vez!
- ¡No! ¡Ni hablar!
- ¡Free! ¡Para esto! – Lui alzaba la voz, alterado. - ¡No debes hacerlo, detente!
El rubio no hizo caso. Ignoró por completo a Lui, antes de empezar a crear el relámpago moviendo las manos en círculos desde fuera hacia dentro, creando una distorsión en las energías negativas y positivas que tomaron forma de electricidad. Hyde se aferró a su hermano, mientras por primera vez, Phi se sentía en un inminente peligro. Dovahkiin ya no iba en broma. Su intención de borrarle de la faz de la Tierra era real. Su furia había cegado su corazón y su juicio. Phi intentó moverse para tratar de protegerse, pero su cuerpo no le respondió. Cerró los ojos en cuanto Free lanzó el rayo contra él sin dudarlo dos veces, pero entonces escuchó algo más.
Lui fue testigo de lo que ocurrió. Free se quedó atónito cuando contempló cómo Valt aparecía de la nada y recibía el ataque por voluntad propia antes de rodar por el suelo. Hyde se llevó la mano a la boca, en lo que el Dragón Blanco abría la suya. Valt se quejó por el dolor, pero lo más sorprendente es que fue capaz de aguantar por usar su poder en el momento ideal para reducir el daño. Poco a poco se puso de pie y aunque su cuerpo tenía pequeños espasmos, caminó hacia Free a quien le dio una tremenda bofetada antes de que Valt apretara la mano.
- ¡¿Pero en qué estabas pensando?! ¡¿Eres idiota o qué?! – Le recriminó al mismo tiempo que la cúpula que encerraba a Lui desaparecía. El Dragón Blanco pudo acercarse. - ¡¿Es que acaso no te das cuenta, Free?! ¡No puedes hacerle daño a alguien que no puede defenderse! – Valt se había enfadado. – El Free que yo conozco jamás haría algo así. Lo sé, porque... - Bajó la cabeza. – Porque el Free que yo conozco es amable y gentil, y lo suficientemente pacífico como para no optar por la violencia.
- ¡Jah! Si tú supieras... - Reaccionó Lui, conteniendo la risa. Pero Valt le fulminó con la mirada. – Ahem... - Tosió. – Que sí, que tienes razón. – Puso las manos en jarra, haciendo una mueca con la cara un tanto desconcertado.
- Free. – Llamó Valt, cogiéndole de las manos. – Has estado a punto de cometer un grave error. No sólo ibas a perjudicar al mundo atacando a Phi, sino que... - Se puso de lado para mirar a los otros dos. – Has estado a punto de herir a Hyde también. – Entonces observó al rubio. – Hyde ha venido para proteger a Phi. ¿Acaso no puedes entender lo que significa eso?
El rubio contempló a los dos hermanos que yacían a casi un metro y medio de distancia. Ambos le miraban a él. Hyde no soltaba a Phi, quien a su vez no daba la impresión de rechazar a Hyde. En los ojos de Hyde había estrés, preocupación e incluso temor. Pero esa expresión de miedo hizo que la mente de Free le recordara a esos niños que, en su preadolescencia, cuando su ansiedad apareció delante de todo el mundo, le señalaron como alguien inhumano, un monstruo. Desde entonces no dejaron de llamarle así y le rechazaron. Aunque tampoco molestaron más a Cristina, y pararon de discriminarla por ser mitad japonesa y mitad española. ¿Pero a qué precio fue eso?
- Sé que Phi ha hecho muchas cosas malas, Free. – La voz de Valt le devolvió a la realidad, cuando el rubio bajó la mirada. – Pero en el fondo... él es una buena persona.
- Venga ya. – Resoplaba Lui. - ¿Con todo lo que ha hecho?
- Estoy convencido. – Sonrió Valt. – Alguien tan importante como él para el mundo no puede tener mal corazón. – Al decir eso, algo en la cabeza de Lui encajó. – Por eso, Free. Abre los ojos. – Dijo, observando ahora al rubio. – Si hubieras matado a Phi, habrías herido a Hyde... y no sólo literalmente. Por favor... no dañes el vínculo que los une. – Alzó el rostro del rubio con sus manos. – Prométeme que no le harás más daño a Phi. – Pidió, haciendo dudar a su interlocutor, que desvió sus ojos oscuros. – Si no lo haces por él, ¿Podrías hacerlo por mí?
Free le miró y tras un par de minutos terminó cediendo, con un movimiento afirmativo con la cabeza. Eso alegró a Valt, a medias. En cuanto el pelinegro trató de darle un abrazo, De La Hoya le rechazó y se marchó de allí sin esperar a que nadie fuera detrás de él. Valt se preocupó, pero Lui puso una mano en su hombro para asegurarle de que el Dragón Dorado necesitaba estar solo. Por eso, Valt optó por centrarse en Hyde y en Phi, arrastrando consigo a Lui, quien sólo se dedicó a refunfuñar.
Chapter 65: Tiempo De Descanso
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La calma que llegó en los próximos días fue inquietante para todas las partes. Durante ese pequeño tiempo, las noticias se llenaron de periodistas informando sobre los últimos eventos acontecidos, especialmente sobre cómo El Astro se iluminó y cómo la oscuridad que rodeó al planeta se disipó. Phi las vio, tumbado en su cama. Se recuperaba bien de sus heridas, gracias en parte a los cuidados de su hermano Hyde, que no se apartó de él en la medida de lo posible. Ser atendido por otra persona era para Phi una oleada de sentimientos difíciles de contener. Se acordó de su niñez, donde sus padres le descuidaron tanto a Hyde como a él por tema de negocios y lo mal que eso le hizo sentir. Fue como si creciera sin esos padres que siempre velaron por ellos dos, como los buenos gemelos que eran, para que no les faltara de nada.
Sus heridas todavía dolían. Pero ese dolor ya no era tan intenso como los primeros días después de su tercer encuentro contra Free De La Hoya. Phi se había dado cuenta que el rubio no controlaba su poder y que eso significaba que todavía era vulnerable contra él. Sin embargo, por culpa de Lui, no podía desafiar de nuevo a Dovahkiin y destruirle de una vez por todas antes de que este último lo hiciera con él. Eso le hizo pensar en lo ocurrido en El Astro, el cómo Valt se sacrificó a sí mismo para protegerle del ataque de Free sin pensar siquiera en lo que podría haberle pasado de haberse equivocado a la hora de usar su poder en, quizá, el momento incorrecto.
Phi tenía claro que la culpa debía estar atormentando a Dovahkiin como nunca antes. Voslaarum había sido siempre el gran tesoro del espíritu de la luz, aquel que le unía a este mundo. Voslaarum era el único que marcaba la diferencia para que Dovahkiin no destruyera el planeta entero. Pero, después de todo lo que había hecho... después de perjudicar a tantísimos bladers, ¿Por qué Valt Aoi saltó en su protección? Era algo que Phi no se quitaba de la cabeza. En su mente se repetía una y otra vez aquel instante en el que vio aparecer al muchacho para defenderle a él, quien había enviado a muchos de sus amigos al hospital. Y sin embargo... Valt Aoi parecía tener fe en que tenía buen corazón. ¿Tendría razón? ¿Valt estaría en lo cierto? ¿Él era Koslaram, por algún motivo especial? Por primera vez, Phi se cuestionó a sí mismo qué significaba ser Koslaram, el espíritu de la oscuridad, y cuál era su auténtico rol en este mundo. ¿Podría llegar a ser importante para alguien? ¿Y sus padres? ¿Le amarían de la forma en la que lo necesitaba en vez de que le llenaran de cosas materiales como hicieron con Hyde y él desde niños? Bueno, Hyde tampoco fue tan afortunado.
Eran gemelos, y, aun así, eran completamente diferentes. Por ser el primogénito, sus padres fueron más indulgentes con él y con Hyde muchísimo más exigentes. Si a él le faltó el amor de sus padres, para Hyde fue prácticamente inexistente. Aunque fuera su gemelo, sus padres lo consideraron alguien inferior a él por no ser el primogénito. Phi se entristeció al pensar en eso. Empezaba a darse cuenta de lo mal que había estado tratando a Hyde desde que eran niños, especialmente después de que su padre Greg les enviara esos dos beys y Hyde se le adelantara para escoger a Hades que fue el que Phi deseó en primer lugar antes que a Revive Phoenix.
- Ah... - Suspiró, llevándose la mano a la cabeza. - ¿Pero qué es lo que he estado haciendo todo este tiempo? – Se preguntó a sí mismo en voz alta, aprovechando que se encontraba solo.
Ahora lo único que hacía era pensar en su hermano Hyde. Trató de ponerse en su lugar, sin querer saber el motivo de ello. ¿Quizá era la culpa que empezaba a nacer dentro de él? Sí, es cierto que se sintió traicionado por su hermano cuando le vio con esos críos... Lui y compañía. Pero ahora conocía la razón: fue para protegerle de sí mismo.
Pese a que no debía, Phi se levantó de la cama. Prácticamente se tambaleó hasta llegar a una estantería en la que vio una foto familiar. Había muchas de cuando estaba con Hyde, y el mayordomo Davis. Davis fue como ese padre que él sintió que nunca tuvo. Su progenitor, Greg, sólo le complació a nivel material, creyendo que eso le haría feliz. Phi se sentía como un auténtico estúpido. ¿Cómo podía darse cuenta precisamente ahora de las carencias afectivas que eso le generó? Y de su madre Casey ya era peor. Davis siempre le contó que su madre tenía que recurrir a los especialistas por su delicada condición mental. Muchos la conocían porque era una chalada. Desde luego, su familia era una risa para los demás. ¿A lo mejor eso le habría afectado de manera inconsciente?
Cogió aquella fotografía, contemplando la sonrisa tan feliz de Hyde. Una sonrisa que sólo vio en aquel momento, cuando estuvieron juntos en El Astro, porque Hyde quiso protegerle a pesar de estar arriesgándose muchísimo con Dovahkiin presente.
- ¿Acaso... se ha estado preocupando siempre por mí? – Soltó esa pregunta en un susurro, acariciando el cristal que separaba la imagen de cualquier daño externo que pudiera sufrir.
Su rostro pronto expresó tristeza. Ya tenía casi veinticuatro años, y, sin embargo, había actuado como un completo inmaduro al ir rompiendo beys y lastimando a personas sólo para desahogarse, creyéndose superior. ¿Por qué demonios actuó así? Ahora pudo entender mejor los sentimientos de furia de Dovahkiin. A él también le habría hecho daño, y no sólo literalmente. La culpa aumentó en su corazón ante la idea de haber estado a punto de provocar su muerte cuando corrompió a Abzu, el elemento del agua, para cooperar y destruir al espíritu de la luz sin saber que, al hacer eso, también acabaría destruyéndose a sí mismo. Quizá por eso Voslaarum y Odahviin actuaron de inmediato y se limitaron a mantenerle a raya hasta que Dovahkiin regresó. Ellos dos no quisieron destruirle, al contrario que Dovahkiin.
- ¡Phi, ya estoy en casa! – Reconoció la voz de Hyde. El aludido resopló y devolvió la foto a su lugar antes de volver a la cama. – Pero bueno, ¿ya estabas levantado? – Había subido a la habitación de su hermano, poniendo las manos en jarra.
- Es aburrido estar así, ¿sabes?
- Déjate de chorradas. Estás herido, y tienes que portarte bien para poder curarte.
- Qué tontería... - Suspiró, cerrando los ojos. - ¿Hm? – Pero los abrió cuando vio que su hermano le daba algo. - ¿Me has comprado un helado?
- Sé que el verano ya está terminando, pero me hacía ilusión tener un detalle contigo. Es de vainilla, tu favorito.
Phi contempló la sonrisa de Hyde, y avergonzado, no le quedó más remedio que aceptar el gesto. La risa de su hermano le hizo protestar, antes de quedarse solo de nuevo mientras Hyde iba a colocar las cosas que había comprado en su sitio. Phi tuvo curiosidad, así que se le ocurrió la idea de bajar al salón. Por poco no se mataba por las escaleras, rodando cuesta abajo. Qué suerte la suya de que no fue así.
- ¡¿Pero qué haces?! – Enseguida, Hyde se acercó a él. – Anda, ven. Apóyate bien.
Acabó sentado en el sofá. Hyde le acercó el mando y la mesa, antes de volver a la cocina que era un espacio abierto en la misma sala, de modo que tenía a Phi a la vista. El mayor encendió la televisión, en la que todavía estaban dando las noticias.
- Después de lo que ha pasado todos estos días... es normal que estén tan pesados. – Hyde se había acercado al sofá, secando un vaso que al parecer había lavado previamente. - ¿Te das cuenta de lo que has hecho?
- ¿Vas a empezar con tus torturas? – Protestó.
- ¡Phi! ¡Va en serio! Has hecho daño a muchísima gente. ¿No sientes remordimiento? – El aludido resopló.
- ¿No lo sientes tú por haber estado con esos mocosos?
- Esos mocosos quieren ayudarte, Phi. Del mismo modo que Free De La Hoya. Aunque bueno, nos ha intentado matar a los dos... - Desvió la mirada.
- Podrías haberte ahorrado ese disgusto si simplemente me hubieras hecho caso.
- Ya lo sé, pero, ¿sabes qué? No me arrepiento. – Le sorprendió. – Al menos he podido hacer algo por ti. Sé que Free De La Hoya dudó por un momento porque estaba yo a tu lado.
- No seas idiota. Claro que no dudó. Si nos salvamos fue gracias a Valt Aoi.
- Uh, es verdad. Espero que esté bien... el pobre acabó bien frito.
- No tanto. Es un chico muy listo. Usó su poder justo cuando lo necesitó.
- Pero igualmente debió de hacerse daño, Phi.
- Ah, qué más da. No es problema nuestro.
- ¡¿Pero cómo puedes decir eso?! ¡Phi! ¡Se lanzó contra el rayo de Free para protegernos!
- ¿Y? – Frunció el ceño. – Lo hizo porque quiso. No se lo hemos pedido, que yo sepa.
- De verdad, no hay quien razone contigo cuando te pones así.
Phi suspiró en lo que su hermano regresaba a la cocina, puede que a hacerse algo de comer. Sólo tenían el ruido de la televisión de fondo, por lo demás, no volvieron a hablar. Hyde miró a su hermano, un tanto desconcertado y triste. ¿Acaso Phi no entendía lo que Valt había hecho por ellos? ¿por él? Aunque fuera un muchacho de catorce años, había asimilado muy rápidamente la importancia que tenía su existencia como el espíritu de la oscuridad, y detenido a Free por el bien del mundo entero. Pero Hyde lo pensó de forma más calmada. Técnicamente, Phi mató a Free. Por eso el planeta se rodeó de oscuridad. Sin embargo, el Dragón Dorado se las apañó para regresar. ¿Cómo lo había hecho? ¿Acaso tenía el poder para ser inmortal o algo así?
- Por cierto, ¿Tienes noticias de nuestros padres? – Phi rompió el silencio.
- Qué va. Prefiero que ni me llamen.
- Ya.
- ¿Por qué? ¿Es que quieres saludarles o algo?
- No, era por saber simplemente. Hace un año que no nos dicen nada.
- Ya sabes cómo son. Nuestro padre es un adicto al trabajo, y nuestra madre es una desquiciada que no hace más que vivir entre médicos y psiquiatras.
- Cuéntame algo que no sepa. – Se encogió de hombros. – Tal vez deberíamos volver a Francia y saludar a Davis, ¿Qué te parece?
- ¿De verdad? – Hyde sonrió, acercándose de nuevo. – A mí me encantaría, seguro que le hace ilusión.
- Bien, pues organizaremos el viaje en cuanto me recupere.
- ¡No te preocupes! ¡Yo pondré de mi parte para que te cures pronto!
Eso mejoró el ambiente, o así lo percibió Phi. Hyde volvió a la cocina, mucho más contento que antes, aunque por su torpeza, acabó con dos platos que se le cayeron al suelo. Phi se rio, haciendo que su hermano le insultara y protestara. Fue un momento muy bueno, en el que por primera vez no hubo tensión entre ellos.
Chapter 66: Mugre Emocional, ¿Una Alucinación?
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Anochecía. Las horas que llevaba dando vueltas por el bosque del BC Sol eran largas. Puede que llevara más de cinco deambulando por aquí y por allá. Curiosamente, el ciervo no se acercó a él cuando le vio en un par de ocasiones. Free no podía estarse quieto, algo le impulsaba a moverse sin importar el destino. El caso era eso, moverse. Aquí, en el monte, nadie le encontraría y menos si no permanecía en un mismo sitio. Lo más extraño de todo es que el propio bosque yacía en un completo silencio. Ni siquiera se oían a los pájaros. Free percibía que ocurría alguna cosa, pero sin ser capaz de comprender cuál. Ni el viento soplaba.
A medida que avanzaba sin dirigirse hacia un lugar en concreto, la mala sensación que tenía sólo iba en aumento. Y todo empeoraba cuando su mente se dedicaba a atormentarle con lo ocurrido en El Astro. Respiró, tembloroso. La imagen de Valt recibiendo su relámpago no desaparecía de su mente. Tuvo que pararse y apoyarse en un árbol para tranquilizarse. Llevaba cuatro años sufriendo ansiedad como para no saber reconocerla de inmediato. Los síntomas le eran completamente familiares. Su respiración se agitó y tuvo la impresión de que su cuerpo se enfriaba por los escalofríos que su ansiedad provocaba. Eso sin olvidar la taquicardia que estaba sufriendo. Es como si el corazón fuera a estallarle. Acabó de rodillas en el suelo cuando su cabeza empezó a darle vueltas, desorientándole. Poco a poco, las venas de su cuerpo se marcaban en su piel.
El sonido de una branca siendo rota provino detrás de él. En cuanto se giró, empalideció. Vio a una versión de sí mismo, pero mucho más espantosa, sin el guante que cubría el brazo izquierdo que mostraba todo tipo de heridas y agujeros. Había sangre abundante. La expresión en ese rostro era tétrica, hasta a él le dio miedo. No pensó en lo que ocurría, simplemente echó a correr despavorido, sintiéndose perseguido por aquel fantasma del pasado. No importaba a dónde fuera, aquella persecución no iba a terminar. Cayó por una pendiente, rodando cuesta abajo. Sin dejar de respirar de forma agitada, se levantó con rapidez para volver a correr. Pedía mentalmente que esto parara, para poder estar tranquilo y... sentirse a salvo. Era tal la adrenalina que su cuerpo ignoraba el dolor de las heridas que se había hecho. Algunas hojas quedaron atrapadas en su cabello rubio, pero eso carecía de importancia ante aquello que iba detrás de él con vete a saber qué objetivo. El suyo por supuesto era asegurar su supervivencia.
Una raíz traicionera de un árbol le hizo caer de bruces al suelo. El golpe hizo sangrar su nariz. Free retrocedió cuando aquel fantasma le alcanzó en un visto y no visto. Pero antes de que pudiera siquiera rozarle, Free se hizo a un lado para echar a correr una vez más. Pasó el brazo derecho para quitarse la sangre de la cara, aunque eso sólo manchó su piel y su camisa. Hacía rato que la sangre goteaba de su mentón. Subió una pendiente, alejándose de las instalaciones del BC Sol sin darse cuenta. No podía detenerse cuando todavía se sentía en peligro. No buscó entender siquiera qué era lo que pasaba, porque ni siquiera se percataba de que todo era cosa de su mente, pero para él era completamente real.
Una explosión cerca de él le alertó de que aquel fantasma había vuelto a alcanzarle. Free retrocedió, antes de usar su poder para atacar, pero nada funcionaba. Usar el relámpago fue inútil, porque le estalló en la cara y le hizo caer al suelo. Lo intentó un par de veces más, pero sólo para obtener el mismo resultado. Un árbol marcó su límite cuando lo tocó con su espalda. Pronto se vio acorralado y siendo asfixiado. Sus ojos se cerraron por completo cuando cayó inconsciente.
Cuando se despertó ya era por la mañana. Tuvo que taparse la cara con el brazo derecho ante la molesta sensación por la luz del sol. Fue entonces que se dio cuenta que se hallaba tumbado en un sitio que distaba de ser duro. Vio que se trataba de una cama. En cuanto movió su rostro hacia su derecha, se llevó tal susto que acabó rodando hacia su lado izquierdo, cayéndose al suelo.
- Eh, cuidado. ¿Te has hecho daño? – Era Valt, que se acercó a él para extenderle su mano con la intención de ayudarle a levantarse.
Pero se quedó un poco en shock cuando Free la apartó de un manotazo antes de apoyarse y sentarse por su cuenta. Miró su alrededor, reconociendo la enfermería del BC Sol. De todas maneras, a Valt no se le escapó esa expresión desconfiada en la que había temor. Suficiente fue la preocupación que tuvo cuando Lui le trajo inconsciente anoche cuando los demás estaban cenando tan tranquilos. Aquello dejó un ambiente algo tenso en el BC Sol porque todos querían saber cómo se encontraba el rubio, quien tenía tiritas en la cara y en el cuello, y unas más grandes en el brazo derecho.
- ¿Cómo te sientes? Vaya la que liaste ayer. – Valt se quedó delante de Free, que no hacía contacto visual con él. Se le notaba distante. – Lui fue el que te encontró porque no quiso cenar con nosotros. ¿Qué fue lo que te ocurrió anoche?
Pero no hubo respuesta. Eso sólo alimentó la teoría de que Free era incapaz de hablar por lo que Phi le hizo antes de que fuera ingresado a la UCI. A Valt le dolió. ¿Significaba que no podría volver a escuchar esa voz tan suave y gentil? No quiso perder la esperanza, y tampoco entristecer a Free, de modo que le enseñó una sonrisa.
- Por suerte no te has hecho mucho daño. Imagino que te habrías caído o algo así. – Le decía, sabiendo que no iba a obtener una contestación. – Eh, Free. – Le llamó, cogiéndole de la mano. Pero el rubio le rechazó rápidamente. - ¿Qué pasa? – Necesitó preguntar. – Espera, ¿A dónde vas? – Vio que De La Hoya se ponía de pie con toda la intención de irse. – Free, te estoy hablando. No me ignores.
Justo cuando le sujetó del brazo, haciendo que Free se apartara para evadirle, Valt pudo ver el miedo reflejado en aquellos ojos oscuros. Sin necesidad de palabras, Free le estaba haciendo saber que no quería que se le acercara. El rubio se marchó casi despavorido de allí, dejando a Valt con mal cuerpo. El pelinegro miró sus manos, sin entender qué era lo que ocurría. ¿Por qué Free se comportaba así con él tan de repente? Habitualmente se dejaba abrazar, se dejaba coger de las manos... lo que era tener contacto físico, vamos. Free nunca le había rechazado, y ahora, sin embargo... ¿Acaso tendría él la culpa?
Free caminaba por uno de los pasillos de las instalaciones del BC Sol. Contemplaba el exterior, viendo a algunos corriendo para hacer ejercicio en un entrenamiento matutino. ¿Hacía cuánto que él no entrenaba? Llevó su mano derecha a su cabeza, recordando lo de anoche. ¿Qué fue aquello? ¿Una mala jugada de su mente, tal vez? ¿o fue real? No. No podía haber dos Frees. Era imposible. Él no recordaba tener hermanos, y mucho menos uno gemelo. Él... era hijo único. Sus padres no tuvieron más aparte de él. Pero entonces, ¿qué fue aquello? Fue la pregunta que más atacó su mente, hasta que una mano le hizo reaccionar.
Era Lui.
- Hola. – Saludó, con una expresión serena. – Sigues teniendo mala cara. – Acercó su mano para acariciar el rostro del rubio. – El desayuno está hecho, si quieres puedes ir a comer algo. Yo iba ahora. ¿Te apetece que vayamos juntos?
Free observó a Lui antes de asentir con la cabeza. Pese a que la presencia de Lui le ayudaba, el miedo no le abandonó. Por eso miraba a Lui con insistencia. El Dragón Blanco se hizo el tonto, pero obviamente no ignoraba lo que Free hacía. De hecho, le sobresaltó que el rubio le cogiera de la mano para llamar su atención de forma intencionada.
- ¿Qué pa...? – Iba a preguntar, viéndose interrumpido con un abrazo. - ¿Se puede saber qué te pasa? No soy adivino, ¿sabes? – Protestó, pero Free negó con la cabeza. – Vale, como quieras.
La verdad es que Lui no fue capaz de rechazarle. Llevaba mucho sin poder disfrutar del calor procedente de ese cuerpo cuyo dueño ahora le rodeaba con sus brazos. Era su mayor debilidad. Pero Lui sabía que Free sólo se refugiaba en él. Reconocía perfectamente cada tipo de abrazo que el rubio daba, y ahora que podía usar un poder ancestral como el que poseía, Lui no pasaba por alto el aura que transmitía Free. Había agitación, por algo que tenía al rubio perturbado. Y aunque el abrazo terminó, la tensión de Free no lo hizo. Eso preocupó a Lui.
Se encontraron con algunos miembros del BC Sol que todavía desayunaban. Kitt y Honey no se vieron muy convencidos de querer acercarse a Free nada más ver la cara que tenía. Pero Ren Wu Sun sí que lo hizo. Se quedó enfrente de Lui, sin ignorar a Free.
- Parece que no has dormido bien, Dragón Dorado. – Fue lo que dijo el castaño.
- ¿Xander y los demás están por aquí?
- Zack les invitó a dar una vuelta por Barcelona. Yo preferí tomarme las cosas con calma.
- Vaya, pues sí que les importa mucho la situación.
- No tiene pinta de que Phi vaya a buscar más problemas, al menos, por el momento.
- Sí, yo también lo creo. Pero no lo doy por hecho. – Decía mientras comía unos churros.
En la conversación, Free se mantuvo indiferente. Todavía se empeñaba en averiguar qué era lo que le había pasado en el bosque. Aquello fue de todo menos normal. ¿Por qué se vio a sí mismo? ¿por qué tuvo ese miedo tan intenso? Ni siquiera la comida le distraía. Su estómago estaba cerrado, de modo que no le entraría ni una miga de pan. Ren Wu Sun no perdió detalle de su actitud, pero esperó pacientemente para hablar con sus dos interlocutores, aunque uno de ellos no pudiera hablar.
- ¿Saben ya los médicos la causa de tu repentina mudez? – Preguntó Ren Wu Sun.
- Free. – Lui tuvo que darle un codazo, para hacerle reaccionar. El aludido levantó la cabeza.
- Uh, parece que algo no va bien. – Dijo el castaño, poniéndose de pie. - ¿Os importaría acompañarme?
- ¿A dónde?
- Quiero echarle un vistazo a Free, no será mucho rato.
Sorprendentemente el primero que pareció ceder fue el rubio, así que Lui los siguió. Anch los llamó, haciendo que Ren Wu Sun respondiera por ellos con que volverían en unos minutos. Eso causó la curiosidad del resto. Por el pasillo, Valt se topó con los tres bladers, pero Free no se fijó en él. Lui se detuvo, indicando a Ren que siguiera.
- ¿Es que pasa algo, Lui?
- Ren Wu Sun dice que quiere hacer algo, parece que tiene relación con Free.
- ¿Y qué quiere hacer?
- Y yo qué sé. Tú ve a desayunar algo, anda. Si es que vaya un día de perros, todos con caras largas.
Valt no evitó sonreír cuando Lui protestó a medida que se iba. El pelinegro no intentó seguirle, no después de cómo Free le rechazó antes. Imaginaba que el rubio no querría estar cerca de su persona, de modo que Valt tuvo que reprimirse. No era plan de alterar a Free después de que anoche Lui le encontrara en el bosque en condiciones más que penosas. Valt no dejaba de cuestionarse sobre qué es lo que le habría pasado al Dragón Dorado. Aquello no abandonó su mente para cuando fue al comedor y saludó a Anch. Puede que la comida le ayudara a estar más animado.
Free se mostró algo fastidiado y desconcertado por tener que volver a la enfermería. Miró a Ren Wu Sun, quien le invitó a pasar. Lui les alcanzó enseguida, entrando con ellos. Los dos expectantes del castaño que señaló la cama mientras miraba a Free. El rubio entendió el mensaje y fue a tumbarse. Ren Wu Sun juntó las palmas de sus manos para hacer fricción después de pedirle al Dragón Dorado que se quitara la camisa. Fue confuso, pero Free accedió igualmente.
- ¿Qué pretendes hacer? – Lui yacía de brazos cruzados, viendo que Ren Wu Sun ponía la mano encima del abdomen del rubio.
- Revisarle.
- Oh claro, doctor Ren Wu Sun. – Soltó con sarcasmo. – Ilumínanos, por favor.
- Durante muchos años he practicado el camino de la oración, la meditación y las artes marciales para encontrarme a mí mismo. – Decía. – Eso me ha servido para ser capaz de usar mi propia energía y utilizarla también en beneficio de otros.
- Ahá. ¿Sabes una cosa? Eso me parece perfecto, pero sintiéndolo mucho TU VIDA NO ME IMPORTA. – Recalcó sin alzar la voz.
Ren Wu Sun suspiró.
- Quiero comprobar el estado de la energía de Free. – Miró al rubio. – He visto que te descontrolas mucho, y eso me inquieta.
- ¿Quieres decir que la respuesta a eso está en su cuerpo?
- La energía que tenemos fluye por nuestro interior. No sé de qué te sorprendes.
- ¿Cuándo me he sorprendido yo?
- Lo que sea, ¿Por qué no guardas silencio y me dejas concentrarme?
Lui resopló, dejando que Ren Wu Sun continuara con lo que había empezado. Para Free fue incómodo, pero no negó que a lo mejor así podría obtener algunas respuestas. Total, Ren Wu Sun tocaba zonas muy específicas de su cuerpo, e iba subiendo hacia el pecho tras cinco minutos. Por instinto cerró los ojos, siendo Lui el único que observaba lo que Ren Wu Sun hacía. El castaño dejó que el rubio se relajara, eso le vendría bien. Aun así, no puso buena cara. A través de sus manos, podía sentir la energía del Dragón Dorado. Había mucha agitación, y emociones que causaban problemas, perturbando la armonía y la estabilidad del muchacho.
Entonces se apartó, haciendo que Free abriera los ojos y se pusiera la camisa. Lui esperó a una explicación.
- Lui, ¿Podrías dejarnos solos?
- ¿Perdóname? – Frunció el ceño. - ¿Me haces venir aquí para nada? Tienes que estar de coña.
- No. No lo digo en broma. Lo que tengo que decirle a Free es algo que sólo él tiene que saber. Tú no pintas nada.
- Joder. Tío, en serio, me caes fatal, que lo sepas. – Se levantó, con las manos en jarra. – Pedazo de gilipollas...
Ren Wu Sun prefirió mantenerse en silencio. Ya conocía de antemano esa faceta del Dragón Blanco que abandonó la enfermería. Ahora era más fácil lidiar con el Dragón Dorado, en parte. El hecho de que no pudiera hablar dificultaba un poco la comunicación. Se quedó cerca de él, cogiendo una silla que pilló para quedarse a su lado.
- Free. – Le llamó. – Lo que te voy a decir no te va a gustar, pero tienes que saberlo. – Dijo con seriedad. – Tu energía no está fluyendo en tu interior de la forma en la que debería. Digamos que... tienes mucha mugre emocional que está bloqueando tu energía. Y eso no es todo. – Suspiró de nuevo. – Toda esa mugre emocional que tienes ha afectado a tu salud emocional y mental, pasando a ser un estado físico. – Con eso, Free supo que Ren Wu Sun hablaba de su ansiedad. – Yo te aconsejo que intentes ponerle una solución cuanto antes.
Sí, eso es precisamente lo que Free buscaba: soluciones. Pero no era fácil encontrarlas. Ahora mismo, se sentía tan perdido que ni siquiera sabía por dónde buscar ni a quién acudir. Bloqueos emocionales... eso tenía mucho sentido. Si ya tuvo uno mental, ¿por qué no a nivel emocional? Eso explicaría por qué tenía tantos problemas para manejar su poder, el por qué perdía el control y el por qué ya no era capaz de usar el relámpago ni para practicar. Desde que era joven, Free recordaba que ya arrastraba conflictos internos que nunca llegó a resolver. Y eso le hizo acordarse de Joshua. Eso también estaba pendiente.
- Puedo sugerirte un lugar a modo de retiro espiritual. – Ren Wu Sun le devolvió a la realidad. – Conozco a una mujer que vive en China que posee los conocimientos necesarios para ayudarte. Se llama Danae, y se encuentra en Yangshuo. Cuando te sientas preparado, te aconsejo que vayas a verla. El viaje hasta allí no será complicado, te lo aseguro.
Chapter 67: Las Ataduras Del Pasado
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Había vuelto al bosque para estar solo. Ren Wu Sun le había ayudado a encontrar parte de las respuestas que buscaba, pero no todas. Él sólo le acababa de dar una pista de lo que realmente podría estar ocurriéndole. ¿Qué significaba el hecho de que su energía no fluyera en su interior como debería? ¿Qué era lo que debía de hacer? Era demasiado pronto como para plantearse un viaje a China. No era la mejor situación. Al menos, Free no lo veía viable todavía. Sentía que le quedaba algo por hacer aquí, en España. Pero su mente no dejaba de repetir como una radio estropeada los últimos eventos acontecidos en su vida, sobre lo que hizo y dejó de hacer. La culpa aún le atormentaba. ¿Cómo pudo haber lanzado aquel relámpago sin prever la aparición de Valt? ¿por qué nadie le detuvo antes de que pensara siquiera en subir?
No. Aquí nadie era más responsable que él. Si hasta Phi tuvo razón. Akatosh también se lo dijo: por los graves errores cometidos a lo largo de sus vidas pasadas, el elemento del agua se apartó de él al no creerle el digno protector de este mundo... un mundo que Voslaarum amaba, un mundo que en teoría él debía defender. ¿Y qué había estado haciendo? Pues justo lo contrario cuando quiso destruir a Phi y borrarlo de la faz de la Tierra. No pensó siquiera en las consecuencias que eso traería, ni tampoco en lo que ocurrió en el planeta cuando él encontró la muerte antes de que Akatosh le devolviera a la vida. Algo le seguía atando a este mundo, y Voslaarum no era el único motivo, pero sí el más importante.
Llegó al estadio del bosque, donde pastaba el ciervo que fue a saludarle. Acarició al animal, permitiéndose llorar en silencio. Necesitaba ni que fuera desahogarse un poco, y tener su espacio. Descubrió que refugiarse en el BC Sol sólo le agobiaba. Seguía amando al equipo, pero algo en su interior se había llenado de una toxicidad que le estaba envenenando por dentro. Esto ya no era cosa de Cristina, sino de sí mismo. Él no se había liberado de todas aquellas emociones y sentimientos que arrastró desde pequeño. No había trabajado en sí mismo para llegar a entender todas aquellas situaciones que le habían llevado hasta este punto. Sentía que algo en él no iba bien. Tenía que hacer algo, pero no sabía el qué ni cómo.
Por primera vez, practicar con Geist Fafnir le frustró. Y aunque continuó el entrenamiento durante dos largas horas, Free paró. No se sentía a gusto. Dentro de él se hallaban todos esos conflictos internos que habían despertado a la vez. Era como una lucha titánica entre una masa confusa de emociones y sentimientos al mismo tiempo. El miedo, la culpa, la vergüenza, la pena, las mentiras que se decía a sí mismo, la confusión en su mente, y todas las ataduras que ahora le pesaban... toda esa carga emocional empezaba a pasarle factura. Había llegado a un punto en el que ni siquiera la compañía de Lui lo aliviaba. Y recurrir al sexo no era una opción, porque no se sentía capaz de tener un encuentro así con nadie. Era tal y como le comentó Ren Wu Sun: estaba bloqueado. Toda esa mugre emocional era la causa y debía hallarle solución cuanto antes si no deseaba que su salud, en general, empeorara.
Se miró el brazo izquierdo, tapado por ese guante largo. Cristina y Valt eran las únicas personas que le habían visto sin él. Luego estuvo Jinbei, que fue uno de los testigos de cómo se autolesionaba. Acordarse de su abuelo le hizo sentir mal. Sintió que su pecho pesaba y se oprimía, como si alguien cogiera su corazón y lo apretara en un puño. Una de las personas a quien él más amó de forma incondicional... y que simplemente perdió. Qué vergüenza le daba el pensar que durante casi diez años estuvo creyendo que Jinbei dormía en aquel nicho, detrás de la casa de Cristina, como si algún día fuera a despertar. Pero nunca despertó. Y nunca lo haría. Jinbei estaba muerto. Tan muerto como sus propios padres.
Cayó de rodillas al suelo, llevándose las manos a la cabeza con la que tocó el suelo. Su ansiedad se disparó en cuestión de segundos mientras experimentaba el dolor de una pérdida que no era capaz ni de asumir ni de aceptar. Los recuerdos volaban por su mente de forma frenética, haciéndole vivir una y otra vez aquellos momentos, como cuando perdió a Jinbei y Cristina le echó en cara, juzgándole entre gritos y lágrimas, el cómo era capaz de mantenerse tan impasible, chillándole que era una persona que estaba vacía por dentro. Y luego el accidente de sus padres, viendo a su madre gravemente herida por un metal que atravesaba el asiento en el que estaba mientras él los llamaba porque estaba también herido antes de recordarse a sí mismo en el hospital, pasando por una profunda etapa de apatía total por la cual su vida pendió de un hilo cuando dejó de alimentarse.
Ignoró la cantidad de tiempo que estuvo sumido en su estrés postraumático que volvía a hacer efecto después de tantos años después. Era bien entrada la tarde, y vio al ciervo delante de él y que parecía haber estado a su lado, quizá tratando de hacerle reaccionar. El animal jugó con su pelo, sin dejar de comunicarse con él. Le costó ponerse de pie, debido al mareo y a la desorientación que sentía en la cabeza. Todo le daba vueltas. Sentía su cuerpo extraño. Se apoyó en el ciervo, que era uno de los vínculos más importantes que todavía poseía, lo único que todavía le unía a Jinbei. Por mucho que lo deseara, no podría tener de vuelta a Jinbei, el que consideraba su único abuelo a pesar de que biológicamente no lo fuera. ¿Por qué tuvo que perder a tantos seres queridos? ¿Acaso el universo le estaba castigando por los errores cometidos en sus vidas pasadas?
Entonces fue al lago del bosque para intentar meditar y encontrar un poco de tranquilidad para su mente. Llegó a la isla que había en el centro, y ahí se quedó, concentrándose.
«¿Qué sentido tiene sufrir?», fue lo primero que se cuestionó mentalmente. «¿Tiene el sufrimiento algún significado?».
***
- A medida que creces, vas aprendiendo más sobre este mundo. Pronto te darás cuenta de que el sufrimiento sirve para trabajar mejor en nosotros mismos, pero también para ser mejores personas para los demás.
- Pero, ¿sufriremos siempre entonces?
- No. Hay momentos para todo: para reír, para llorar, para disfrutar... No todo es siempre sufrimiento.
- Pero Cristina siempre está triste. ¿Eso no es malo?
- Forma parte de un aprendizaje, no te preocupes. – Acarició su cabeza. – Ahora no lo está tanto desde que has llegado a casa.
***
Fue una de las tantas conversaciones que tuvo con Jinbei cuando era un niño. Por aquel entonces ya se había percatado de algo como el sufrimiento mismo, porque Cristina solía llorar muy a menudo. Pero él no fue capaz de entenderla, aunque ahora sí. Pero cuando pasó a vivir con ella y su familia, prácticamente Cristina se convirtió en algo así como su mundo. Era la única persona que le hacía sentir bien, pese a que ella ya fuera mostrando esa tendencia a distanciarle de los demás porque era «diferente». Pero, ¿diferente en qué? ¿En que era la nueva reencarnación de Dovahkiin? ¿En que era el hijo de Akatosh? ¿o básicamente porque él no era considerado como alguien normal?
Puede que los niños que él recordaba señalándole con el dedo con caras aterrorizadas tuvieran razón. Puede que él fuera un monstruo. Nunca encajaba en ninguna parte, y cuando sentía que por fin lo conseguía, ocurría algo que le obligaba a alejarse o a renunciar a ello. Como cuando formó parte del BC Sol por petición de su abuelo Jinbei. Desde pequeño llevaba formando parte del equipo, sin saber lo que eso provocaría en el futuro.
A su mente pasó una conversación que tuvo con Rantaro Kiyama, un día cualquiera, cuando le sometió a un entrenamiento específico para Roktavor...
***
- ¿Tú también empezaste a hacer este tipo de cosas para llegar a ser el mejor? – Preguntaba Kiyama, delante de un estadio de beyblade del campus.
- Algo así.
- ¿Y por qué no nos dijiste a Valt y a mí desde el principio que eras el mejor blader del mundo?
- Porque nunca quise serlo.
- ¿Estás de broma? ¡Tiene que ser increíble ser el número uno!
- No es tan maravilloso como crees. – Free puso una expresión que demostraba un asco total. – La cima del beyblade se oscurece a medida que avanzas. Te vas dando cuenta que no es sólo un juego, y que va más allá de ser un mero deporte.
- Vaya, pues tal y como lo cuentas... suena como si fuera algo terrible.
- Si te soy sincero... - Cerró los ojos. – Hay bladers que han muerto sólo por el beyblade. Bladers que Lui y yo conocimos.
Rantaro se puso algo pálido. Cierto era que Raúl ya le comentó acerca de que la cima del beyblade no era el paraíso ni mucho menos, y que bladers como Free eran muy necesarios, pero nunca le llegó a contar el motivo. ¿Necesarios para qué? Entonces miró a Roktavor, un tanto serio.
- Si nunca has querido ser el mejor blader del mundo, ¿por qué te mantienes como tal? – Preguntó, pero Free no respondió. – No digo que te retires ni mucho menos, pero...
- Lo hago por una promesa que hice. Además, gran parte del equilibrio del beyblade depende de mí. Retirarme no es una opción... por el momento.
- Ya... supongo que por la influencia que tienes y eso... - Free asintió.
- Los bladers escuchan a aquellos que están por encima de ellos. Los Cinco Grandes es como un equipo formado para proteger el beyblade. Si lo piensas, te darás cuenta que eso hace que el resto nos vea como algo bueno.
- Sí, tiene sentido. Aunque me siento muy afortunado de que me estés ayudando.
- Sólo lo hago porque Roktavor es parecido a Fafnir, y porque tú amas el beyblade. – Se puso de pie. – Pero no te ilusiones. – Miró seriamente al chico. – Mis entrenamientos no serán fáciles. Te aseguro que me encargaré de dejarte hecho polvo hasta que te hagas fuerte.
Eso hizo tragar saliva a Rantaro, que se asustó. Free nunca iba en broma cuando soltaba cosas así, y menos cuando era el mejor blader del mundo. Era obvio que el rubio ya tenía pensado machacarle.
***
La promesa que hizo. La promesa que le hizo a Jinbei y por la que llegó a ser el mejor blader del mundo... pese a que nunca aspiró a eso. Ser el centro de atención no le gustaba, ni tampoco que otros le tuvieran en tan alta estima. Tampoco se creía digno de la admiración que muchos sentían hacia él, la misma admiración que tuvo Valt en su momento. Valt. Valt Aoi. ¿Era digno de estar a su lado? ¿Era siquiera digno de merecer una amistad con él? Después de haberle lanzado ese relámpago, aunque fuera por accidente, eso daba igual. Le había hecho daño. Incluso con todo lo que Valt tuvo que soportar por su culpa. La primera vez que se conocieron empezaron con mal pie por sus comentarios sarcásticos y también muy humillantes. Aunque Valtryek llamara su atención y fuera un bey con gran potencial, Free no tomó en serio a Valt, pero sí vio en él una oportunidad para que el BC Sol cambiara las cosas. Para que Cristina lo hiciera.
Pero marcharse a América supuso un antes y un después para él. Todo gracias a Joshua Burns, el mismo que le salvó en El Astro hacía unos días atrás. ¿Acaso Joshua no le guardaba rencor por lo cruel que fue con él? Pensar en esa sonrisa no le ayudó, porque automáticamente su mente viajó a aquel momento, antes de enfrentar al BC Sol en la final de la Liga Mundial, cuando Joshua le soltó aquella frase:
«No puedo simplemente arriesgarme tanto, sabiendo que, si no sale bien, lo perdería todo... toda mi vida».
Aquellas palabras dejaron una herida muy profunda en su corazón, al punto de que todavía le afectaba. Y la única persona que lo sabía era Lui. Siempre que lo había necesitado, ese dragón inquieto y cascarrabias aparecía de la nada, y podía contar con él para decirle lo que le pasaba con total libertad. De alguna manera, Lui y él estaban conectados. Entre uno y el otro siempre estuvieron ahí para apoyarse mutuamente. Pero ahí iban de nuevo sus sentimientos cuando Free se acordó de la derrota de Lui a manos de Phi en Japón. La impotencia y el miedo que sintió jamás se le olvidaría. Gracias a eso se había dado cuenta de hasta qué punto le daba miedo perder a las pocas personas que amaba. Y debía ser honesto, a Joshua también le amaba pese a que no intentaría tener nada con él después de aquellas palabras que hirieron su autoestima, prácticamente destruyéndola.
«¿Soy lo suficientemente bueno para que alguien se arriesgue por mí?», era la pregunta que solía hacerse a menudo desde que regresó de América hacía ya poco más de un año y medio. «¿Puedo ser alguien a quien una persona quiera amar?».
Echó un largo suspiro, antes de que en su mente apareciera su brazo izquierdo con el guante puesto, y varios hilos rodeándolo, casi simbolizando todas las ataduras que tenía. Eso le hizo abrir ligeramente los ojos, en una expresión casi vacía en los ojos.
«No. Sólo sigo siendo el mismo monstruo de siempre...».
Chapter 68: Más Allá De Occidente
Chapter Text
- ¿Y cuándo se supone que tiene que venir?
- Pronto, muy pronto lo hará. – Se encontraba en una postura de meditación, con los ojos cerrados.
- No entiendo por qué tenemos que seguir esperando aquí.
- Él vendrá a nosotras tarde o temprano, no impacientes. Él encontrará el camino para llegar. – Su voz era suave, casi como si hablara con cariño. - ¿Por qué no vas a buscar a Lin Su? Seguro que se ha vuelto a entretener por ahí.
- ¿Otra vez? Hm... está bien.
Salió del templo, mirando de un lado a otro sin saber dónde encontrar a su compañera. La mujer que yacía meditando, pese a su avanzada edad, era la que las había acogido en un sitio tan recóndito. Era su lugar de retiro espiritual, y ya llevaba muchos años viviendo aquí, igual que la joven que acababa de dejarla sola. Apenas empezaban a tener a nuevas estudiantes, así que se las apañaban. Vivir de la naturaleza, de los huertos que tenían, tampoco era tan difícil si a uno le gustaba.
El pueblo más cercano quedaba muy lejos. A más de veinticinco kilómetros. Básicamente vivían aisladas del mundo. Pero a ninguna le preocupaba. De ese modo podían dormir sin ruido, y sin tener que aguantar las aglomeraciones. La única pega era cuando debían ir caminando hasta allí para encontrar a más gente que quisiera unirse a ellas en el camino de la oración, y también para cuando enfermaban. Por mucho que manejaran fuerzas vitales para el mundo a espaldas de los demás, había cosas que escapaban a su control. Pero, de nuevo, eso no las preocupaba.
El templo era modesto, aunque bastante grande en tamaño. Mucho esfuerzo le costó el siquiera poder construirlo. Menos mal que la gente de por aquí era lo suficientemente hospitalaria como para ofrecerse a ayudar sin esperar nada a cambio. Claro que recibían a todo aquel que buscara una respuesta espiritual, especialmente a los que deseaban dedicarse a ello. La anciana tenía una vida humilde y tranquila, encontrando una paz que nunca creyó posible una vez dejó atrás todo aquello que la hizo infeliz. Sabía que a sus jóvenes alumnas les quedaba mucho por aprender, aunque su nieta mostrara más facilidad para sus enseñanzas. Pero ella las amaba, y esperaba que tuvieran suerte en todo aquello que hicieran.
Para cuando la joven llegó al pueblo, lo primero que hizo fue buscar indicios de su amiga, Lin Su. Como una muchacha inquieta y de culo de mal asiento, el permanecer en el templo por mucho tiempo no era una idea para ella. ¿Cuántos problemas no les había dado Lin Su? Ni siquiera cuando ya se adaptó a su nueva vida, su lado rebelde y obstinado cambió un ápice. Era tan dura como una roca. Sin duda, una muchacha muy conectada a su elemento. Pero por más que la buscara, no logró encontrarla. ¿Y si tal vez se había ido por el bosque que se extendía más allá de las montañas? Intentar usar una barca para ir por el río Li sería perder el tiempo. Lin Su odiaba el agua... o más bien odiaba meter los pies en el agua.
No tuvo más remedio que volver por donde había venido. Las largas horas de búsqueda fueron en vano. No la encontró por ningún lado. El que fueran de naturalezas opuestas era sin duda un factor a tener en cuenta. Suspirando, regresó al templo con su abuela. Suficiente tenía ya con aguantar a dos compañeras más a las que no debía perderles la pista, y vigilarlas.
- Ya he vuelto. – Avisó.
- Veo que no has tenido suerte. – Fue lo que su abuela le dijo, con una risilla.
- No tiene gracia, ¿sabes? – Entró al templo en cuanto se quitó los zapatos, dejándolos en un mueble que había fuera. – A dónde se habrá ido...
- Déjala. Sabemos que siempre acaba regresando, así que no te sulfures.
- ¿Fayna y Abzu siguen meditando?
- Sí. He puesto unos pergaminos que no se desharán hasta que terminen con su tarea. – En ocasiones la anciana podía ser severa si se lo proponía, aunque hacer una cosa así no era habitual en ella. - ¿Te apetece comer algo?
- Sí, tengo hambre. ¿O debería meditar antes?
- Lo que más te apetezca.
El camino de la oración era duro, y se hacía especialmente pesado en ocasiones. Pero vivir en un templo lo hacía todo más ameno. Era un lugar agradable que desprendía una energía fuerte pero acogedora y cálida. El decorado era exquisito con sus coloridos pilares y sus murales bañados en oro y las vidrieras. Todo transmitía esa energía femenina y gentil, que a su vez era poderosa. Un sitio ideal para acoger a un centenar de personas más, pero en eso estaban. Era un retiro espiritual sólo para mujeres, aunque la anciana siempre avisó de que haría una excepción con una persona muy en concreto, pero nunca les dijo quién. Sólo su nieta lo sabía. Eran asuntos familiares.
La joven hizo una larga sesión de meditación a la que su abuela se sumó, antes de que las dos fueran a cenar. La mujer de avanzada edad ya les había dejado comida y agua a Fayna y a Abzu, quienes seguían en sus respectivas habitaciones, bastante separadas la una de la otra. Todo fuera con el fin de evitar conflictos. Justo cuando comían, sintieron que alguien llegaba.
- ¿Ya habéis empezado sin mí? – Fue acercándose.
- Pero bueno, ¿ya te has mirado los pies? – La joven de pelo rubio tenía un tic nervioso en la ceja. - ¿Acaso te has metido en el barro?
- Sí, ¿Tienes algún problema?
- Vas a ensuciar todo el suelo allá donde pises.
- Ya estás tú para limpiarlo, ¿no?
- ¡Pero qué morro!
- Venga, venga. No pasa nada. – La anciana se levantó. - ¿Te lo has pasado bien? – Se acercó a Lin Su para invitarla a sentarse. El suelo era de madera, de modo que ella no podía ver por dónde iba debido a su ceguera.
- Oh sí, ha sido genial. No hay nada mejor que pasar un buen rato en plena naturaleza.
- Me alegro mucho. Come un poco, así te sentirás renovada. – Sugería, a su lado.
La recién llegada no dudó en empezar a zampar. Se notaba que la pobre tenía hambre, después de las horas que se había tirado fuera del templo. Era de noche, y porque tenían las luces encendidas, porque ya había oscurecido del todo, al menos aquí. En el pueblo no se notaba tanto por los festejos que solían celebrarse por motivos que a todas ellas les parecían mundanos y triviales, algo lejos de considerarse un asunto espiritual. Esas viejas costumbres se estaban perdiendo en toda China. Pero ellas eran felices en su rinconcito, en un templo tan grande y siendo solamente cinco las que habitaban en él. Les sobraba el espacio.
- Por cierto, shifu. – Lin Su tenía la boca llena de arroz. - ¿Nos vas a decir quién es esa persona que tiene que venir? – Preguntó, haciendo reír a la anciana que usaba prendas budistas.
- Vaya, vaya. Parecéis muy interesadas en saberlo.
- Quiero saber qué clase de persona es. Para darle la bienvenida y eso.
- Olvídalo, Lin Su. – Dijo la joven de pelo rubio con los palillos de la comida a mano. – No vas a darle a nadie la bienvenida.
- ¿Eeeeeeh? Pero, ¿por qué no?
- ¿Te has olvidado de la que montaste cuando conocimos a Abzu?
- Pero ella es una debilucha, ¿yo qué culpa tengo? A mí me van las peleas esas de las buenas.
- Nada de violencia, Lin Su. – Su shifu tomó un sorbo del cuenco, bebiendo una sopa. – Nuestra doctrina no alienta a usar la violencia, ya lo sabes. – Dijo. – Pero estoy convencida que cuando esa persona venga, te caerá bien.
- Pero si hace años que no le ves.
- Lo sé. Eso me hace tener más ganas de volver a verle. La última vez era tan adorable...
- ¿Es un chico? – Lin Su levantó una ceja, escuchando la conversación. – Creía que en el templo no estaban permitidos los hombres.
- Es parte de la familia.
- Oooh, claro. Ya lo pillo.
- Pero no sabemos cuándo vendrá, eso si es que lo hace.
- Lo hará. – Sonrió la anciana. – Mis visiones nunca fallan.
La cena transcurrió sin mayores percances. Hablaron de lo que podrían hacer los próximos días, o de hacer una limpieza general, algo que no animó a Lin Su precisamente. Su ceguera era un impedimento cuando había suelo de madera de por medio. Su compañera le aseguró que la ayudaría todo cuanto le fuera posible, pero eso continuó sin convencer a la dueña del pelo negro. Oírlas hablar hacía reír a la mujer bien entrada en años, que se retiró a su alcoba. En un cajón buscó una foto en concreto hasta encontrarla. Fue la última que tuvo de su nieto. Sus ganas por volver a verle eran muy grandes, y estaba convencida de que no podría aguantar la alegría y la emoción cuando eso ocurriese.
A la mañana siguiente tuvieron una sorpresa grande cuando Fayna terminó su meditación, al contrario que Abzu a quien la anciana fue a ver para asegurarse de que estuviera bien. De mientras, las tres muchachas ya tenían a mano el equipo de limpieza que iban a necesitar.
- Lin Su, ¿por qué no te ocupas tú de limpiar el suelo?
- ¿Estás de broma? ¿Por qué tengo que hacerlo yo?
- Es lo más fácil para ti.
- Pff... - Sopló, levantando los mechones de pelo que tenía en la cara a modo de flequillo. Cierto era que no se preocupaba mucho por su apariencia, ventajas de ser ciega. – Pos vale. Mientras sepa dónde está el cubo...
- Fayna, ¿te ocupas tú de los pilares?
- Sí, claro. Estará chupado.
- ¿Y qué harás tú, Anna? – Cuestionó Lin Su.
- Me encargaré de las paredes y del mural.
- Bien, pues... ¿vamos a por ello?
- Sí, pero procura tener cuidado Fayna. Lo digo porque tienes una cara...
- Y qué quieres... apenas he dormido. Ugg... hacía bastante que no me quedaba en el templo.
- Bienvenida eh. – Soltó Lin Su con un tonito sarcástico.
Todas empezaron con lo que les había tocado. Anna tuvo que acercarle el cubo a Lin Su, asegurándose de que ella recordara en qué pilar estaba para orientarse. Fayna se dedicaba a empezar por la parte superior de uno de los pilares, usando la escalera que habían traído. Lo complicado sería el techo. ¿Tal vez tendrían que recurrir a Abzu? Ella sería la única que podría llegar sin correr riesgo pues su maestría con el agua no tenía nada que envidiarle a nadie. Lin Su se tropezaba una y otra vez, quejándose de manera escandalosa. La cosa empeoró cuando se cayó y se empapó entera cuando chocó contra el cubo, derramando todo el contenido. Menos mal que sólo usaban agua...
Anna se llevó la mano a la cara mientras Fayna se tronchaba de la risa, pese a que limpiar no la entusiasmaba precisamente. La anciana apareció, tras haber oído no sólo el ruido sino también los gritos de Lin Su.
- ¿Estáis todas bien?
- Sí, abuela. – Respondió Anna.
- Es Lin Su, que es muy torpe. – Dijo Fayna.
- ¡Oh claro! ¡Tú no eres una ciega que va de aquí para allá en un suelo de madera sin poder ver nada! – Estiró sus párpados hacia abajo.
- Venga, tranquilas. Podemos resolverlo. – Sonrió la mujer entrada en años, y completamente calva. – Tomarlo con calma siempre es lo mejor. Recordad que no tenéis tiempo límite para terminar la limpieza.
- ¿Abzu no ha acabado con su sesión de meditación?
- Le quedan dos horas más.
- Joder, todavía hay para rato...
- Fayna, por favor, vigila esa forma de hablar. – La anciana le llamó la atención de una forma bastante dulce. – Si queréis os puedo echar una mano.
- No, no hace falta. Ya haces mucho por nosotras. – Contestaba el fuego. – Además, tú ya tienes una edad.
- Todavía soy joven.
Y se hizo un silencio bastante revelador que hizo reír a la mujer, quien viendo que sus alumnas no iban a ceder en su posición, sonrió. Optó por leer unos manuscritos antes de empezar con el desayuno. Apenas eran las seis de la mañana. Tenían sus horarios y los cumplían bastante bien... excepto Lin Su, que era la que más problemas daba con eso. Lo que se decía tener disciplina no era algo que se le pudiera aplicar a ella. Todas ya se habían acostumbrado a su faceta rebelde, y aunque Fayna también se lucía, era más el respeto que mostraba por la dueña del templo. Al menos aquí nadie las molestaba ni las miraría con caras raras como preguntando qué era lo que hacían o iban a hacer. Más valía una vida humilde y tranquila en un rinconcito, a distancia de un pueblo que no una frenética y estresante como en una ciudad.
La anciana recordaba muy bien cómo era vivir en una ciudad. Pero hacía muchísimo tiempo que ella ya renunció a su vida en el lejano Occidente. Ahora estaba aquí, en Asia Oriental, siguiendo el camino espiritual que ella había elegido.
Chapter 69: Revelación, ¿Qué Ocurrió En América?
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- ¿Estabais aquí? – Cristina Kuroda, la dueña del BC Sol, llegó al comedor del recinto en el que abundaba el buen olor a la comida que Anch hacía en estos momentos. Vio a Valt y a Lui sentados en la misma mesa, el uno al lado del otro. Aquello le resultó curiosísimo.
- ¡Oh, Cristina! – Reaccionaba Valt, mirándola con una sonrisa. – Qué sorpresa verte, ¿has terminado con lo que tenías que hacer?
- Sí, y menos mal porque necesito relajarme. – Dijo, acercándose. Lui la observaba de brazos cruzados y sin decir nada. – Espero no interrumpir nada.
- Qué va, tranquila. Siéntate con nosotros, si quieres.
Cristina sonrió y aceptó la invitación de Valt para estar con ellos dos. Anch la vio y la saludó, consiguiendo que la joven aceptara algo para comer. Que fuera por la tarde no era ninguna excusa. El resto de los miembros del BC Sol entrenaba o practicaba un poco de ejercicio. Raúl ayudaba a Kitt y a Honey, que los pobres se quedaron bastante al margen de todos cuando las cosas con Phi empezaron a suceder y Free empezó a cambiar poco a poco hasta que la verdad de su mundo le estalló en la cara gracias a Lui. Ahora tanto ella como él seguían cuestionándose a sí mismos hasta qué punto había valido eso la pena, coincidiendo en el simple hecho de que para Free fue algo necesario... tarde o temprano iba a saberlo.
- Mis padres me han dicho que están de camino. – Anunciaba Cristina, sorprendiendo a sus dos interlocutores. – Los llamé cuando... - Bajó la mirada. – Ya sabéis, cuando Free dejó de dar señales de vida en la UCI.
Cómo olvidar aquel instante, el que para Cristina fue quizá el más duro después de lo de su abuelo Jinbei. Fue la primera vez que sintió que perdía a Free, y aunque éste había regresado de una manera que ella desconocía cómo, continuaba con la sensación de que podría volver a ocurrirle y que volvería a perder a Free. Quizá gracias a eso había comenzado a valorar más el vínculo que ella todavía sentía que tenía con Free... aunque él ya no se le acercara ni para pasar el rato. Free no había vuelto a estar a su lado. Y aparte de ella, todos lo habían notado: el Dragón Dorado estaba más distante que nunca, especialmente con Valt del que prácticamente huía.
- ¿Y qué pintan ellos en todo esto? – Tuvo que preguntar Lui, se le notaba de mal humor. Sus ojos lo decían por él. – Que vengan o no vengan da igual, no van a solucionar nada. Es mejor que sigan a lo suyo.
- Free es parte de mi familia. – Cristina contestó con un duro tono de voz. – Es lógico que quieran venir para verle. Amamos a Free y queremos lo mejor para él.
- Oh por supuesto, qué bonito. – Dijo Lui con sarcasmo. – Después de fracasar contigo, van y también fracasan con Free.
- Tú qué vas a saber si no puedes entender cómo se siente.
- Tienes razón. No sé cómo te sientes tú, y tampoco sé cómo se siente Free. – Lui se puso de pie. – Pero te diré una cosa, Cristina. – La señaló. – Tú jamás le entenderás. – Sentenció, haciendo que ella abriera los ojos. – Nunca has comprendido a Free, y has ignorado todo su sufrimiento, pero te voy a decir más – hizo una pausa dramática que la puso en tensión. – Por tu culpa y por culpa de tus padres... Free acabará derrumbándose.
- ¡Eso no es verdad! – Un golpe seco en la mesa para encararse al Dragón Blanco. - ¡No dejaré que eso pase!
- Muy tarde... ya está sucediendo.
Cristina sintió miedo, una vez más. Odiaba sentirse así de impotente, y lo peor es que algo dentro de ella le daba la razón a Lui. No había sido la mejor persona del mundo con Free por su egoísmo. Aunque siempre sobreprotegió y estuvo controlando la mayoría de las cosas que Free hacía o dejaba de hacer para asegurarse de que estuviera bien, en parte eso también fue contraproducente, sobre todo cuando Free mostraba esas señales que a Cristina la hacían entrar en pánico. Las señales de alguien que se desvinculaba emocionalmente de ella. Pero como el resto, Cristina también veía que ahora es como si ese Free fuera completamente distinto. El pobre estaba perdido, incluso cuando lo llamabas ni siquiera reaccionaba a su nombre, como si no supiera reconocerse a sí mismo.
- ¿Qué quieres decir, Lui? – Tuvo que preguntar Valt, haciendo suspirar al aludido.
- Todo lo que le ha pasado a Free hasta ahora, especialmente cuando vino a Japón para salvarme... - Lui apretó las manos. – A partir de aquellos momentos todo empezó a pesarle. Él supo que nosotros no podíamos contra Phi, y el que yo hubiera sido derrotado por ese lunático empeoró la situación. – Miró a Valt. – Se sintió tan presionado que comenzó a actuar sin ni siquiera tener un plan. Puede que él no pueda hablar, pero joder, lo veo en sus ojos. – Entonces dirigió su atención a Cristina. – Él se está rompiendo por dentro. Tiene tantos problemas y le cuesta tanto dejar fluir sus emociones que él mismo se está autodestruyendo.
- ¿Pero no podemos hacer nada? – Valt se levantó. – Tenemos que evitarlo como sea. ¿Qué podría pasarle a Free si eso ocurre?
- Puede que vuelva a perder el control. – Cristina recordó todos los momentos en los que vio a De La Hoya con los ojos completamente iluminados antes de recurrir a una extrema violencia para todo, casi sin reconocer a nadie. Todavía se acordaba de cómo se encaró a Lui aquella vez. Pero era Shirosagi quien más lo tenía presente, más que nada, por el miedo tan intenso que sintió. – De pequeño Free ya comenzaba a perder el control, pero no de la manera en la que lo ha empezado a hacer desde que tú le soltaste esa verdad. – Contempló a Lui. – No tuvo que ser de esa forma.
- Puede que tengas razón, pero no podemos negar que era lo que Free necesitaba. Créeme que lo he pensado mucho – se cruzó de brazos. – Pero el bloqueo mental que tenía iba a impedir cualquier otro método para que él pudiera recordarlo todo. Jin también está de acuerdo. Puede que el método haya sido desagradable, pero fue el más efectivo.
Valt se sintió perdido. ¿De qué estaban hablando esos dos exactamente? Lui interpretó bien la expresión desconcertada de su rostro, así que no tuvo reparos en explicarle con pelos y señales el tema de conversación que tenían Cristina y él. El chaval se quedó sin palabras cuando empezó a escuchar a Lui. Por una parte, se enfadó y se molestó ante la idea de que Lui hubiera recurrido a algo así para que Free reaccionara de una vez, sin ninguna consideración en cómo iba a ser para él, en cómo iba a afectar eso a su corazón y a su mente. Pero por otra parte llegó a comprender al Dragón Blanco, cuando éste le reveló la existencia de un bloqueo mental en Free que estuvo presente durante casi diez años. Poco a poco algunas cosas empezaron a encajar para Valt, quien entendió mejor a Free cuando lo conoció por primera vez. Esa incapacidad para empatizar, o para entender ciertas cosas, o cuando se exigía demasiado a sí mismo al punto de hacerse tanto daño físicamente, esa mentalidad extrema que mostraba en el beyblade, o todas esas noches que le vio meditar en la habitación, o cuando entraba en pánico por las tormentas y se escondía en el armario o debajo de cualquier cosa que tuviera más cerca... todo esto tuvo un motivo, un motivo que estuvo relacionado con ese pasado que permaneció oculto por culpa de ese bloqueo mental.
El pelinegro miró a Cristina, quien se sintió juzgada por esos ojos castaños que le preguntaban por qué ella no hizo nada al respecto. Pero no necesitó expresarlo de forma verbal porque Lui ya le dio la respuesta:
- Ella tenía miedo. – Decía el Dragón Blanco. – Todo este tiempo, ella ha tenido miedo de Free. Del auténtico Free. Por eso no le ayudó.
- Eso no es cierto. – Se defendió ella. – Era complicado tratar el problema de Free. En ningún momento le tuve miedo.
- Y entonces, si eso es verdad, ¿Por qué siempre le has tratado como si no fuera normal? Siempre has conseguido apartarle del resto, o has conseguido que el resto no quisiera implicarse con él. Estoy convencido que también lo has intentado hacer con Valt.
- Eso me da igual. – Habló el aludido, sorprendiéndolos. – Me da igual lo que hayáis hecho vosotros. – Bajó la cabeza. – Lo único en lo que puedo pensar ahora es cómo se ha debido sentir Free todo el tiempo, y cómo se tiene que estar sintiendo ahora que conoce toda la verdad. Debe ser tan abrumador para él...
Y se hizo silencio. Lui siguió bastante sorprendido, pero suspiró, otra vez. Cristina no dejaba de pensar en cómo Valt había dejado de lado de una sola vez lo que ella hizo, en forma de errores. En cómo directamente se preocupó más por Free que no por las personas de su entorno que tuvieron una influencia directa en su vida. No evitó pensar que Valt se mostraba más maduro que ella misma. Era obvio que resultaba más sencillo dejarse de gilipolleces intentando encontrar culpables cuando Free lo estaba pasando tan mal. Valt se centraba en eso, en el sufrimiento del Dragón Dorado.
- Me gustaría hacer algo por él. – Dijo Valt de repente. – Pero no sé el qué. Cada vez que intento acercarme, Free sale corriendo antes de mirarme como si fuera su peor pesadilla. Es muy doloroso.
- Hm. – Lui cerró los ojos. – Free no lo hace porque tenga algo en tu contra. – Se sentó de nuevo. – En realidad el problema es muy distinto.
- Pues explícamelo, porque no lo entiendo.
- ¿Recuerdas lo que sucedió en El Astro? ¿recuerdas lo que hiciste para salvar los hermanos macabras? – Valt asintió. – Free se ha estado culpando a sí mismo de lanzarte ese rayo, y no ha dejado de atormentarse por ello.
- Pero él no tuvo la culpa. Fui yo. Yo me puse por delante.
- Eso es lo que le he intentado explicar, pero Free se ha cerrado en banda y no me escucha. No se acerca a ti porque tiene miedo de que puedas salir herido por su culpa, aunque él sepa que no pasará nada. Es simple y llanamente miedo y más miedo. Tiene mucho que ver con su autoestima.
- ¿Su... autoestima?
- ¿Nunca te ha contado lo que le ocurrió en América con Joshua Burns?
Valt negó con la cabeza, y Lui sintió que metió la pata. Pero ya era demasiado tarde como para no contárselo. Si era verdad y Valt era el antiguo Voslaarum, debía saberlo. Lui se quedó callado unos minutos, haciendo esperar a los otros dos. Cristina recibió una llamada de modo que los dejó solos para atenderla.
- Creo que Free llegó a sentir algo por Joshua. – Empezó a contar Lui. – Yo creo que cuando Free dejó el BC Sol, entró en depresión y se refugió en Joshua para aguantar su estancia en América. – Valt recordó cómo de delgado le vio durante la Liga Mundial de Beyblade, y cómo de inexpresivo estuvo. Si hasta Daigo se lo mencionó porque lo tuvo delante de él. – Free se sintió frágil, pero no tuvo a nadie allí que pudiera apoyarle. No sé qué demonios hizo Joshua, la verdad, el caso es que cuando vi a Free... supe que algo o alguien le había hecho daño. Sus ojos me lo dijeron.
- ¿Pero cómo? ¿Es que Free te contó algo?
- Lo único que me reveló fue que sentía que nadie se arriesgaría por alguien como él. Con eso ya me dio a entender que dejó de valorarse a sí mismo, y sólo Joshua pasó el tiempo necesario con Free como para que eso ocurriera.
Fue como si un cubo de agua se le cayera encima. Valt sabía que para Free fue duro abandonar el BC Sol, pero nunca imaginó que tanto. De nuevo, subestimaba la capacidad del Dragón Dorado de sacrificarse a sí mismo por el bien de aquello que amaba. Y, una vez más, sintió envidia de Lui por entender tan bien a Free e incluso ser capaz de ver a través de él cuando nadie más podía hacerlo. No pudo reprimir las lágrimas, sintiéndose impotente e idiota. Lui le miró, en silencio. Era el simple hecho de imaginar cómo fue para Free aquello, el cómo de un plumazo alguien te diera a entender que no eras digno de ser amado. Ahora entendió por qué Free le preguntó aquellas cosas tan raras durante las sesiones de rehabilitación en la piscina del BC Sol, en su compañía, porque Valt decidió apuntarse para animarle...
***
- Oye, ¿puedo preguntarte algo? – Free dejó de estar tan callado, sentado en el mármol de la piscina junto al pelinegro.
- Claro, dime.
No lo dijo automáticamente. Free se tomó su tiempo para ello, haciendo esperar a Valt. Él tuvo la sensación de que el rubio se lo pensaba una y otra vez antes de hablarlo. Aquella expresión en sus ojos le resultó de lo más extraña.
- ¿Crees que todo el mundo puede llegar a ser amado por alguien? – Valt sintió que aquello no era lo que el rubio intentaba decirle, porque sus ojos no coincidían con esa pregunta tan extraña.
- Pues claro que sí, ¿por qué motivo iba alguien a ser privado de amor? – No estuvo convencido de las palabras que usó para contestar a Free. – Todas las personas necesitamos amor, y no creo que nadie merezca el no tenerlo.
- ¿De verdad? ¿Tú piensas así? – Free contempló el agua de la piscina, casi en un gesto ausente. - ¿Y si no fuera así?
- ¿Eh?
- ¿Y si alguien no fuera digno de merecer ese amor?
- Pues me parecería muy cruel. – Valt se cruzó de brazos, pensativo. – Negarle el amor a un ser querido, o a una persona que necesite un abrazo o algo, es muy cruel. Se supone que debemos apoyarnos los unos a los otros, y eso se demuestra mucho mejor cuando es a través del cariño y la confianza. ¿Por qué motivo tendría que haber alguien que no lo mereciera? Por más que lo pienso, no me lo puedo siquiera imaginar.
- Quién sabe. – Free se encogió de hombros. – Puede que haya alguien que tú conoces que realmente no sea digno de que alguien se arriesgue a amarle, ¿no te parece? – Valt miró a Free, sin saber qué pensar. - ¿Te imaginas si fuera yo? – El rubio se rio, ignorando por completo la inquietud que estaba sintiendo Valt.
- ¿Por qué estás preguntándome todas estas cosas? – Tuvo que decir.
- Tengo curiosidad, eso es todo. – Cerró sus ojos. – Cada persona tiene su propia definición de lo que es el amor.
- Ya, pero pensar que no eres digno de que alguien quiera amarte... ¿cómo se puede ser tan cruel? – Free giró su cabeza para observarle. – No sé por qué piensas una cosa tan horrible, pero yo creo que cualquiera mataría por amarte, Free. Sólo eres diferente y hay que aprender a conocerte, eso es todo. – Sonrió. – Si quieres que te sea sincero, a mí me gustas mucho.
Vio que Free abría los ojos antes de girar de nuevo la cabeza. Pero su pelo mojado no pudo tapar bien su cara roja hasta las orejas. Eso hizo que Valt se riese, antes de rodearle los hombros en una actitud cercana. Free sólo se apoyó en su hombro y se dejó hacer.
***
- Por eso dijo aquellas cosas tan extrañas... - Valt se llevó las manos a la cabeza, aprovechando que se sentó en la mesa. - ¿Cómo no pude darme cuenta antes?
- En aquellos momentos sólo estabas empezando a conocerle. – Lui cerró sus ojos. – Y créeme que es cierto cuando te digo que no debes culparte por eso. Free es alguien muy reservado, prefiere arreglar sus propios problemas por su cuenta sin pedirle ayuda a nadie.
- Pues no es justo...
- Ya lo sé. Pero él es así. – Se encogió de hombros. – No quiere que los demás vean su sufrimiento.
- Pero bueno, ¿Y tú cómo sabes todo esto? – Valt se mosqueó.
- Porque se lo terminé sacando por la fuerza, ¿a ti qué te parece?
- Pues estoy harto de que haga siempre lo mismo. ¡Ahora mismo me va a escuchar! – Y se levantó para marcharse a toda prisa.
- ¡Valt! ¡Valt, espera!
Chapter 70: Trascendente: Mi Verdadero Norte - Parte I
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Dejó las instalaciones del BC Sol atrás. No escuchó a Lui. Se adentró en el bosque, que se hallaba especialmente silencioso, dando la sensación de que el propio tiempo se había detenido en este lugar. No soplaba el viento. Lo primero que hizo Valt fue ir hasta el estadio en el que entrenó durante mucho tiempo, cuando Free se marchó a América aquella vez. Se podía decir que ahora los dos compartían el mismo espacio para fortalecerse, aunque Valt sentía que seguía siendo algo más de Free que no de él. Este sitio estaba conectado con el Dragón Dorado, al contrario que con su persona. Respirando agitado, no vio al rubio por ninguna parte. ¿Cuánto se habría alejado? Valt conocía la manía de Free por perderse por el bosque, al grado de irse a zonas que ni siquiera se plantearía.
Decidió echar un vistazo en aquella isla, en medio de aquel pequeño lago. Pero no hubo éxito. Free no estaba ahí. El agua fluía de forma natural, haciendo un sonido que invitaba a la calma. Justo en ese momento, Valt se detuvo a pensar en una cosa: ¿Qué iba a decirle a Free cuando le encontrara? El rubio no podía hablar, o al menos no había dado señales de poder hacerlo, como si el doctor Marc hubiera estado acertado en la idea de que tal vez aquello podría suceder. Y vaya si no había sucedido. Free todavía no había soltado palabra desde que volvió. Aunque Free parecía estar sano, Valt sentía que algo se le escapaba. Debía haber un motivo por el cual Free no hablara.
Las vueltas que dio por aquí y por allá en el bosque fueron en vano.
«Menuda pérdida de tiempo...», fue lo que pensó. «¿A dónde se habrá ido?».
Tenía que admitirlo: no estaba tan acostumbrado a venir al bosque como Free, quien prácticamente poseía un mapa en su cabeza de todo el monte. Mientras iba caminando, Valt trataba de pensar como el rubio con el fin de poder encontrarle. ¿Cómo lo conseguía Lui? Tal vez si lo descubría, sería capaz de localizarle. De hecho, una idea se le pasó por la cabeza: ¿y si usaba su energía? Quizá así... Miró sus manos, dudando unos minutos sobre si aquello fuera a funcionar.
Cerró los ojos y se concentró. Su energía era azul, aunque poseía pigmentos dorados. Había parado de caminar, con el fin de evitar chocarse contra un árbol. La energía de Free era lo suficientemente fuerte como para que pudiera encontrarla. Y para su sorpresa, así fue. Lo consiguió. Rápidamente se movió hasta su posición, tratando de mantener su energía por si a Free le daba por irse a otra parte. Sería muy capaz de hacerlo. Qué extraño le resultó llegar a aquel lugar subterráneo que conoció gracias a Lui. Era algo así como el templo de Akatosh, donde Shirosagi y él le conocieron por primera vez. ¿Qué pintaba Free en todo esto?
Con esa duda en mente, no esperó para averiguarlo. Sus ojos pronto encontraron aquella enorme estructura subterránea que en primera instancia le hizo pensar en su parecido con una iglesia. Todo continuaba en su sitio... incluso el polvo de las estatuas. En medio de aquella sala, encontró a alguien sentado en el suelo. Era Free. Valt se acercó a toda prisa, para llegar a su lado.
- ¿Free? – Le llamó, poniéndose de rodillas a su lado y con la mano derecha en el hombro izquierdo del joven que no reaccionó. - ¿Puedes... puedes oírme? – Insistió, pero sin efecto.
El Dragón Dorado se hallaba sentado como si estuviera meditando, y realmente yacía muy concentrado porque no escuchó su voz ni sintió su presencia. Valt le notó ausente, como si sólo estuviera presente de manera física. Entonces creyó que el rubio se habría encontrado con Akatosh, de la misma forma que lo hizo él junto a Lui la vez pasada cuando a Shirosagi le hablaron de este lugar gracias a Fayna. Pero ahora que pensó en ella... ¿dónde estaría? Llevaba días sin verla. Y a Abzu también. Eso le inquietaba. Fayna era poderosa y aunque no cooperaba tan bien como todos querrían, al menos Valt tuvo claro que con Fayna aquí todo sería más sencillo. Pero ahora esto no era así. Fayna había desaparecido junto a Abzu.
Lejos de quedarse ahí sin hacer nada, Valt aprovechó la ocasión. Contempló la expresión serena de Free, y acarició su rostro. Echó de menos tocar esa blanca piel que seguía tan suave y tan caliente como la recordaba. Y aunque tuvo miedo unos segundos muy breves, se atrevió a retirar un poco la camisa que usaba Free para ver su pecho en la búsqueda de las cicatrices que pudieron haberle quedado tras su primer encuentro oficial contra Phi. Pero no vio nada. El cuerpo de Free estaba intacto, como si realmente no le hubiera sucedido nada. Pasó la mano para asegurarse de que no era una alucinación o algo, después del shock que supuso para él recordar cómo Free fue atacado por Abzu de aquella manera tan brutal. Una parte de su corazón todavía culpaba al elemento del agua por ese tremendo error... pese a que Akatosh ya les dijo que fue la intención de Free encontrarse con la muerte. Pero aún desconocía el motivo.
¿Qué sentido tenía morir?
Acabó abrazando a Free, sólo para sentirse a su lado. Le costaba asimilar que Free hubiese muerto y que, sin embargo, ahora se encontrara aquí, junto a él. El mundo había vuelto a ser el que era. El sol, las nubes, el cielo... todo era igual de normal. Puede que Free no fuera sólo el origen de la luz sino también el de la vida. Lo extraño de todo es que, cuando Free murió... ¿por qué Phi no lo hizo también? Todas las cosas que pasaron, incluso cuando Phi fue atacado por algo o alguien... todo eso todavía era algo completamente desconocido. Recordó la cara que se le puso a Lui cuando descubrieron que había un tercer enemigo: el vacío, aquel cascarón que surgió de la separación de la luz y la oscuridad, la esencia que quedó remanente.
Abrió los ojos cuando notó que Free se movía. Se separó para mirarle de frente, contemplando esa mirada oscura bien abierta por la impresión de hallarle a él ahí. Valt vio en la cara de Free la pregunta de qué es lo que estaba haciendo, y en parte le hizo gracia, pero temió ser rechazado de nuevo así que se apartó.
- E- eh... hola. – Saludó con la mano y todo, mientras se sentía como un completo idiota. ¿Qué era lo que podía decirle? Intentar cualquier conversación iba a ser una pérdida de tiempo cuando Free no podía hablar. – Estaba preocupado por ti y... quería ver si tú e...
Se calló automáticamente cuando el rubio se lanzó para abrazarle. Fue algo inesperado para Valt, quien no pudo evitar corresponder a ese gesto mientras el rubio se aferraba a él como nunca antes lo había hecho. Free parecía algo alterado, y se refugiaba en él para sentirse seguro. Entrecerrando los ojos, Valt se concentró en su compañero... o más bien en su cuerpo y en su olor. Ahora que sabía, gracias a Lui, que Free le estuvo evadiendo por la culpa que le atormentaba, Valt comprendía por qué Free no durmió en el cuarto con él todos estos días. No dejaba de ser miedo. Pero, aunque fuera egoísta de su parte, Valt se sintió feliz por volver a tener ese contacto físico que Free le negó desde su batalla contra Phi. Rebuscar en el armario del rubio para poder sentir su aroma ahora le resultaba algo vergonzoso.
- Tranquilo, ¿vale? – Habló con una voz serena. Free temblaba, y Valt no conocía la causa. – Yo estoy aquí para lo que necesites, Free.
Ya era raro recibir un abrazo de alguien que de por sí había empezado a evitarle. Valt tuvo la sensación de que era mejor esperar a que Free pudiera hablar antes de sacarle ciertos temas de conversación, como por ejemplo preguntarle el por qué de su actitud en América. Puede que no tuviera nada que ver con él, puede que no tuviera derecho a reprocharle que intentara algo con Joshua Burns por mucho que la idea le pusiera celoso, pero... se preocupaba por su bienestar. Sin embargo, pensar en eso le hizo creer que era lo suficientemente tóxico como para compararse con Cristina. No deseaba terminar igual de mal como él intuía que acabaron el rubio y la dueña del BC Sol. Eso sólo había pasado porque Free habría decidido que era mejor que cada uno fuera por su cuenta y mejorara como persona. No sería la primera vez que se estuviera sacrificando de esa manera. Era no sólo por su bien sino también por el bien de Cristina.
Free se separó antes de mirarle directamente. Valt arqueó una ceja. La forma en la que Free le miraba...
- ¿Qué pasa? – Preguntó. El rubio resopló y bajó la cabeza. – Mmm, ¿sabes qué? Creo que ya sé cómo puedes hablar conmigo. – Dijo, haciendo que el otro se sorprendiera. – No creo que aquí haya papel y bolígrafo, así que, ¿Volvemos al BC Sol?
Fue la primera vez que no vio a Free dispuesto a regresar. Valt distinguió el miedo en aquella expresión. Pero, de nuevo, desconocía el motivo. ¿Qué era lo que ocurría exactamente? Una idea fugaz pasó por su mente: ¿y si Free vino aquí, al templo de Akatosh, no para encontrarse con él sino para refugiarse de lo que fuera? Entonces se acordó de cuando Lui le trajo aquella noche en unas condiciones penosas, y de alguna manera lo conectó con lo de ahora.
- Free. – Se acercó a él, acariciando su rostro. Su cariño pudo palparse. - ¿Es que alguien te está haciendo daño? – Cuando preguntó eso, la respuesta vino sola: el rubio desvió la mirada. Eso hizo que Valt se lo tomara como un sí. - ¿Quién? ¿Quién es el responsable? Así le dejaré bien clarito con quién se está metiendo. – Dijo, pero el otro puso sus manos en sus hombros para captar su atención.
Free negó con la cabeza antes de señalarse a sí mismo. Valt no entendió el mensaje, o al menos no completamente. Por muchos gestos que Free hiciera, el que no pudiera hablar lo complicaba todo. Valt pensaba en ello como una oportunidad para entender más el lenguaje no verbal de Free. Nunca estaba de más intentar aprender algo nuevo.
- Vale, vamos a calmarnos. – Valt sujetó las manos de Free antes de ponerse de pie, obligando al chico a hacer lo mismo. – Ven conmigo.
Tiró de él para llevarle fuera del templo, pese a la resistencia del rubio. Eso no hacía más que preocupar a Valt. ¿Qué estaría ocurriendo para que Free mostrara un miedo tan irracional? No parecía ni el mismo. Ir por el bosque nunca fue tan complicado. El rubio apretaba su mano, excesivamente atento a su alrededor. Aquello hizo que Valt tuviera la sensación de que Free creía que era perseguido por algo. Sin embargo, no había nada ni nadie. Sólo el bosque... y los pocos animalillos que veían. Incluso vieron al ciervo que los miró mientras comía, antes de alejarse con calma.
- ¿Lo ves, Free? No pasa nada. – Le sonrió, pese a la inseguridad del aludido. – Volveremos al BC Sol y te darás un baño, empieza a hacerte falta. – Dijo antes de reírse.
Llegar hasta el BC Sol requirió de más de media hora. Valt saludó a Silas y a Rantaro, que subió con ellos las escaleras antes de ir a su cuarto para echar una siesta. Las cosas por aquí siempre estaban tranquilas. Ninguno de los dos vio a Lui, pero supusieron que pronto le verían. Ese blader era culo de mal asiento cuando se lo proponía. Eso hizo que Valt sonriera, porque al fin y al cabo... Lui y él no eran tan diferentes como creyó cuando lo conoció. Menuda impresión tuvo de Lui como el chico agresivo que aparentaba, y más con esa forma de sonreír.
- Se está haciendo tarde. – Cuando entraron a la habitación, Valt vio el ocaso a través de la ventana. – Iré a prepararte el baño, ¿vale, Free? – Miró al rubio que asintió.
Todas las habitaciones del BC Sol incluían un baño. La familia Kuroda se había preocupado mucho de que los bladers del equipo tuvieran todas las comodidades posibles. Pero la de Free era la más especial, no sólo por ser ligeramente más grande sino también porque sería el único quien tuviera ducha y bañera al mismo tiempo. Cuando Valt pasó a ser su compañero de habitación, ya se hizo a la idea de que a Free le gustaba relajarse en el agua. Dejó que la bañera fuera llenándose, vigilando un poco la temperatura y teniendo en cuenta la de Free. El rubio poseía un cuerpo caliente, más caliente que del resto y claro, no todo eran ventajas. Por mucho que Free prefiriera el agua ligeramente más fría, tampoco se negaba a un baño de agua tibia.
Valt puso encima del lavabo algunas toallas, y dejó otra en el suelo. Si por él fuera se bañarían juntos, pero sabía de antemano que eso sólo le daría un motivo a Free para rechazarle, de modo que sólo quería ayudarle a relajarse. Era mejor compartir tiempo de calidad que no en ideas romanticonas. Debía controlar sus impulsos. Ya llegaría el momento ideal para conocer ese cuerpo caliente. Free no estaba receptivo así que tampoco le serviría de nada intentar cualquier cosa que se le pasara por la cabeza.
Un toque en la puerta le hizo regresar a la realidad. Free esperaba, mirándole, y preguntándole al mismo tiempo. Valt sonrió y se acercó a él para hacerle pasar.
- Quiero ayudarte a que te relajes un poco. – Empezó a explicarle. – Pero tranquilo, sólo será un baño para ti, ¿vale? A mí con que me dejes mojarte la cabeza... - Se encogió de hombros, un poco nervioso.
Free pareció analizarle con la mirada, pero sorprendentemente accedió. La bañera estaba a punto de estar lista, así que Valt aprovechó para que Free fuera quitándose la ropa. Ahí estuvo de nuevo la tensión entre los dos. Por mucho que Valt lo intentara, su vista le traicionaba al fijarse en el entrenado cuerpo del rubio. Suerte que sólo fue la parte superior, porque lo peor vino después con la parte inferior. Free también se lo pensó dos veces antes de seguir, a sabiendas de que Valt podría cambiar de opinión a la velocidad del rayo. Pero le tranquilizó ver que el pelinegro se mantuvo firme en su decisión de querer echarle una mano para que se calmara. No era el hecho de estar desnudo en sí, era el hecho de estarlo delante de Valt. Free reconoció su propia tensión sexual, reconociendo incluso la de Valt que se puso detrás de él una vez se metió en la bañera.
- ¿Qué? ¿Cómo está el agua? – Le preguntó el pelinegro con una sonrisa. – He intentado ponerla más o menos de tu gusto.
Como era obvio, Free no pudo decir nada, pero lució conforme. Cerró los ojos mientras Valt mojaba su cabeza con el agua. Todo era silencio, salvo el ruido que hacía el pelinegro. En algún momento, Free le miró y no dejó de hacerlo en un buen rato. Eso provocó que Valt tuviera una lluvia de preguntas, así que se reprimió. No era plan de agobiar a Free, y menos cuando se suponía que este baño era para que pudiera sentirse mejor. Además, el rubio tampoco podía hablar de modo que sería inútil siquiera intentarlo.
Fue entonces que Valt vio a Free sonreír. Eso le alegró hasta el alma.
- ¿Estás contento? – Preguntó con simpleza, viendo asentir al otro. – Yo también lo estoy. Hacía mucho que no te veía poner esa cara tan alegre. ¿Sabes una cosa, Free? Creo que deberías sonreír más a menudo. – Dijo, poniéndose a su lado. – Verte sonreír es algo genial.
Free le miró, antes de alzar la mano izquierda y ponerla sobre la cabeza de Valt, a quien vio sostenérsela entre las suyas. Se mantuvieron la mirada el uno al otro, antes de que el rubio fuera testigo de cómo el otro contemplaba su brazo izquierdo al desnudo, sin el guante y con todas esas cicatrices a la vista. Pero eso a Valt no parecía importarle, porque le sonrió de nuevo antes de darle un beso en el brazo.
- Free, ¿Puedo decirte algo? – Habló Valt tras eso, dejando expectante al aludido. – Tú eres mi verdadero norte. – Y lo soltó, con una gran sonrisa de oreja a oreja y un sonrojo que no compitió con el de Free, quien abrió los ojos y se puso al rojo vivo.
Chapter 71: Trascendente: Mi Verdadero Norte - Parte II
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El silencio que se produjo en el baño escondía una tensión palpable entre los dos chicos que estaban allí. Valt había esperado por una reacción que no llegó, más allá de que Free escondiera su cara de él. Bueno, ya había tenido suficiente con ver cómo de rojo se había puesto y aunque le dio gracia, optó por darle su espacio al rubio. Al menos no le había echado de allí. Continuaba mojando la cabeza de Free con el agua, usando sus manos. Ya se le había pasado por la cabeza darle un masaje o algo, pero ya imaginó que Free no le dejaría. Todo lo que tuviera que ver con tocar directamente su cuerpo era algo que Free no le permitiría. Eso sólo frustraba a Valt. ¿Por qué razón Free se empeñaba en negárselo? Si hasta había entendido el auténtico significado de esas simples palabras que le acababa de decir.
Los dos podían sentirlo. Esa tensión sexual que iba en aumento entre ellos. Ambos se reprimían a su manera, Valt por inseguridad y por temor a ser rechazado, y Free por sus propios miedos hacia sí mismo. Se notaba que hacía tiempo que el rubio no se dejaba llevar por sus emociones, las cuales siempre se reflejaban en el rubio en una forma física. Free era uno de esos bladers que sufrían de una enorme tensión muscular que al final empezaba a dolerle de verdad, especialmente cuando utilizaba su energía y ejercía presión a su cuerpo e iba más allá de sus propios límites, sólo para aprender a las malas lo que eso provocaba al final.
Valt lo sabía, y no sólo porque lo había visto. Su tendencia a ejercer contacto físico le ayudaba. Free siempre le había dejado darle un abrazo en cualquier momento, lugar y situación. Por eso, Valt diferenciaba cuándo el cuerpo de Free estaba bien o mal. Si por él fuera, ahora mismo haría todo cuanto estuviera en su mano para que su compañero pudiera relajarse mejor. ¿Quizá debería haberse esperado un poco más antes de soltarle esas palabras? Aunque eso ya daba igual, porque ya estaba hecho.
Se apartó cuando Free se giró para darle la espalda, buscando una esponja que luego le entregó una vez le puso jabón.
- ¿Estás seguro? – Preguntó, viendo asentir al otro. – Vale, vale...
Y se puso nervioso, percibiendo que Free también estaba igual. Comenzó a enjabonar la espalda del rubio con lentitud, más pendiente de la reacción del otro. Valt intentaba imaginar sobre qué estaría pensando Free y cómo se estaría sintiendo en estos instantes junto a él. El Dragón Dorado nunca dejaba que cualquiera tocara su espalda, y mucho menos que se le acercara demasiado. Él elegía quién podía tener ese privilegio y quién no. En parte se sentía afortunado, porque desde que se conocieron, Valt no esperó que fueran a tener una conexión tan buena. Puede que todo tuviera que ver con el hecho de que eran las actuales reencarnaciones de Dovahkiin y Voslaarum. Akatosh y Lui ya le habían dado a entender que él era el vínculo más importante de Dovahkiin, pero Valt aún desconocía la magnitud real de eso.
Valt tuvo la tentación de dejar la esponja a un lado para acariciar aquella piel, mientras sus ojos se fijaron en la nuca de Free. Si lo pensaba, ese cuello siempre había estado al alcance de cualquiera. Y recordar lo que Lui le contó sobre una posible relación entre Joshua y Free no le ayudó, porque automáticamente sintió celos y por culpa de los cuales terminó abrazando al rubio, al que pilló desprevenido. De La Hoya abrió sus ojos cuando la distancia física que los separaba ahora ya no existía. Sentía el aliento de Valt en su piel, así como el contacto con sus manos en su pecho.
- Free... - Le llamó en un susurro. – Yo... lo siento. – Apoyó su frente en la nuca del aludido. – Me molesta imaginar que hayas podido tener algo con Joshua... - En cuanto escuchó eso, Free se puso rígido. – Lui me contó que no lo pasaste bien, pero me duele pensar en todo lo que soportaste. Quisiera ayudarte a... no sé, tal vez a que puedas pasar página o lo que sea... - Free suspiró.
Era complicado intentar comunicarse cuando no podía hablar. De La Hoya se frustró por ello. Era una buena oportunidad para hablar de algo que tanto le dolió, una parte de él sentía que debía liberarse de esa carga, pero no podía. Lo único que se le estaba permitido hacer era mantener el silencio, ahora que Akatosh le había quitado la posibilidad de hablar. Era parte de una promesa que le hizo. Por eso se giró y miró a Valt a los ojos, consciente de que el chico no entendería su mensaje.
- ¿Puedo preguntarte algo, Free? – Tragó saliva. – Yo... ¿yo también soy tu verdadero norte?
Sin duda fue un golpe bajo, porque para Free volvió a ser algo completamente inesperado. Valt contemplaba su cara, que volvió a enrojecer. Los dos comprendían perfectamente el significado de esas palabras. En tiempos remotos se las ingeniaron para confesarse y decirse lo mucho que se amaban cuando el mundo todavía no estaba preparado para una relación de ese tipo de forma tan abierta. Era una confesión de amor que sólo ellos comprendían. Y no habían perdido algo tan importante ni siquiera con el paso del tiempo.
Free se apoyó en la bañera, sin contestar. Valt se impacientaba, temiéndose otro rechazo. No comprendió el silencio del rubio, del que no se apartó. Ignoraba completamente la lucha interna que comenzaba en el corazón del Dragón Dorado que alzó su vista para posarla en él, reduciendo la distancia lentamente en un gesto que Valt sí entendió. Pero justo antes de encontrarse con esos labios, un pensamiento frenó en seco a Free:
«No puedo simplemente arriesgarme tanto, sabiendo que, si no sale bien, lo perdería todo... toda mi vida».
Aquel pensamiento llegó como un flash, taladrando su mente. Algo en él se bloqueó por completo y se alejó de Valt. El chaval le miró desconcertado por esa nueva actitud.
- ¿Free? Eh, ¿Qué pasa? – Preguntaba viendo que el rubio se quedaba sentado delante de él, dentro de la bañera, pero con la cabeza bajada, negando con la misma a modo de contestación. – Aunque no puedas hablar... sabes que cuentas conmigo para lo que sea, ¿vale?
La atmósfera entre ellos cambió drásticamente. Es como si ahora hubiera una barrera levantada que los alejaba. Una barrera que Free había puesto para protegerse, dejando al pobre Valt con más dudas sin respuesta. Fue testigo de cómo algo bloqueaba a Free desde dentro. ¿Qué es lo que le habría pasado por la cabeza como para que hubiera tenido un efecto con semejante reacción? ¿Qué era lo había en la mente de Free? ¿Cuántos demonios existirían en su interior?
Vio al rubio salir de la bañera y taparse con una toalla. Valt intentó acercarse, pero Free puso la mano por delante, un gesto que el pelinegro ya conocía. Ni siquiera con el espejo que había delante de Free podía ver su rostro, porque había bajado la cabeza.
- Free. – Le llamó. – De verdad... no tienes que atormentarte tanto. Sea lo que sea... podemos arreglarlo, ¿vale? Sólo... sólo tienes que dejar que te eche una mano.
Pero en cuanto acercó la suya, el rubio la apartó de un manotazo. Siguió sin mirarle directamente. Eso le dolió a Valt. Se le hacía duro ver el sufrimiento del Dragón Dorado y no poder hacer nada. Supo que intentar forzar un abrazo sólo empeoraría las cosas, eso sin olvidar que Free tenía mucha fuerza física y sería capaz de apartarle rápidamente. Era el único del BC Sol capaz de levantar piedras de tamaño considerable.
- Vale. – Dijo, suspirando. – Te daré tu espacio, pero, por favor, Free... si necesitas algo, lo que sea... sólo ven a buscarme, ¿de acuerdo? Te dejaré una libreta y un bolígrafo para que puedas hablar con quien quieras.
Dicho y hecho, abandonó el baño. Miró a Free una última vez antes de dejarle solo. ¿Qué era lo que había pasado? ¿Qué era lo que había frenado a Free para bloquearle de una manera como aquella? Es como si se hubiera negado a dar y recibir cariño, rechazando ese amor que ambos sabían que existía entre ellos. ¿Por qué Free se atormentaba tanto? ¿Cuál era el problema?
Valt tuvo que salir del cuarto una vez dejó encima de la cama de Free lo que le prometió al rubio: una libreta y un bolígrafo, esperando que él lo utilizara para comunicarse. Caminando por los pasillos del BC Sol, Valt tuvo claro una cosa: debía buscar a Joshua Burns. Si era cierto lo que Lui le contó, entonces Joshua poseería las respuestas a todas las preguntas que se estaba haciendo. No podía permitir que Free se destruyera por dentro tal y como hacía ahora mismo. Si eso ocurría... ¿qué es lo que pasaría exactamente?
Entrenó con Valtryek unas cuantas horas en el primer estadio del campus que pilló. Nadie le molestó. Se le veía concentrado, aunque también parte de su mente se hallaba en otra parte. Estaba de todo menos pendiente de Valtryek. Cuando decidió tomar un descanso, sentándose en el suelo, escuchó unos pasos detrás de él.
- ¡Zack! – Se sorprendió al ver al rubio ahí.
- ¡Hola, Twinkle Toes! – Sonrió, alzando la mano. – Justo estaba dando un paseo y qué casualidad que me topo contigo. Esto es tener suerte.
- Pensaba que habrías vuelto a Japón o algo.
- ¿Marcharme sin decirte adiós? Oh, vamos. No sería propio de mí. – Dijo, con una mano en el pecho en una postura un tanto arrogante. – No tenías buena cara así que bueno, aquí estoy.
- Oh no. Otra vez te estás preocupando por mí.
- Venga, suéltalo de una vez. – Se puso delante de él, al otro lado del estadio de beyblade.
- Pues verás, Zack...
No tuvo más remedio que contárselo, por mucho que le avergonzara el hecho de explicar que estuvieron juntos en el baño, aunque no hicieran nada del otro mundo. Zack prestó atención, sin interrumpir al pelinegro. De nuevo, Free era el centro del problema... aunque no pensó que tuviera algo que ver con Joshua Burns. Con cierta sonrisilla traviesa, Zack se dio cuenta de que Valt era un chico de lo más celoso cuando éste le contaba lo mucho que le enfadaba el pensar que Joshua hubiera tenido algún rollete con Free, y todavía más el imaginar que tal vez Joshua conociera mucho mejor que él ese cuerpo caliente del Dragón Dorado. Pero preguntarle ahora a De La Hoya era completamente inútil porque había perdido el habla, un dato que interesó a Zack.
Valt continuó sentado en el suelo, perdido entre la charla que le daba a Zack y sus pensamientos. Confesó incluso que en una situación así no se veía capaz de hacer un mero entrenamiento con Valtryek y temía que por eso empezara a quedarse atrás, sin saber cuándo aparecería Phi dispuesto a dar la lata otra vez. Incluso reveló su inquietud ante la repentina desaparición de Fayna y Abzu, culpando a Fayna de no estar presente cuando más la necesitaba... a pesar de que incluso con ella presente tal vez las cosas no fueran muy diferentes.
- Piensas mucho en Free, ¿no es así, Twinkle Toes? – Habló entonces Zack cuando el otro se quedó callado.
- Es que... Zack lo que yo siento por él es... difícil de decir.
- Bueno, no hace falta que lo hagas. – Puso las manos en jarra, con una sonrisa. – Te has enamorado, es obvio.
- ¿Tanto?
- Ja, ja, ja. Mucho.
- Jo, qué vergüenza... - Se tapó la cara.
- ¿Sabes? Me he relacionado bastante con Joshua Burns y la verdad me cae bastante bien. – Decía Zack. – A lo mejor si vas y le preguntas, puede que te lo cuente. Tiene pinta de que necesita hacerlo.
- ¿Por qué?
- Me contó que Free le dio calabazas de una manera cruel, antes de volver a España. No conozco mucho a Free, pero tiene pinta que es una persona complicada.
- Lo es. Es difícil entenderle en todos los sentidos. – Suspiró. - ¿Y si Lui tiene razón? ¿Y si sólo le estoy haciendo daño a Free porque no puedo comprenderle?
- Bah, tú deja que ese amargado diga lo que le dé la gana. Eso no resolverá tus problemas.
- Pero Zack...
- Free confía en ti, y me parece que siente lo mismo que tú por él. O al menos es lo que he entendido con lo que me has contado. – Se acercó al pelinegro para ponerse a su altura. – Por eso pienso que lo mejor es que hables con Joshua. Ni él ni Free hablaron desde que dejaron de verse en América, así que es posible que ellos tengan algo pendiente por resolver, y, quién sabe... - Se encogió de hombros. – Puede que ese sea parte del conflicto que esté atormentando tanto a Free.
- Sí, tienes razón. – Miró al rubio. – Muchas gracias, Zack. Es una suerte que siempre estés aquí para cuando lo necesito.
- Ha, ha, ha. ¿Y quién te ha dicho a ti que lo hago sin querer nada a cambio?
- ¿Eh?
- ¡Venga, levanta el culo! Has dicho que tienes miedo de quedarte atrás, ¿no? ¡Entonces vamos a entrenar juntos!
- ¡¿En serio?! – Rápidamente se puso de pie, entusiasmado. - ¡¿Quieres una batalla de beyblade conmigo?!
- ¡Claro, venga!
Pasaron un largo rato entre combate y combate, pero para ambos resultó ser muy divertido. Valt pudo dejar a un lado sus pensamientos y centrarse en lo que hacía. Zack logró tranquilizarle más de lo que creyó. Simplificarlo todo con que fuera a hablar con Joshua Burns cuando se lo encontrara era bastante útil, de esa manera su mente no perdía el tiempo creando un aluvión de preguntas que por sí mismo, Valt no sería capaz de resolver. Y no tenía pinta de que Free fuera a recuperar el habla, aunque Valt esperaba que lo consiguiera más pronto que tarde. Ni Zack ni Valt sintieron la presencia de Lui a la distancia, en lo alto de un árbol cercano. El Dragón Blanco se mantuvo de brazos cruzados, debajo de la sombra que daba la copa del árbol en el que yacía subido.
La tarde se pasó volando, y Valt pudo mantenerse alegre y tranquilo. Cuando se dieron cuenta, ya era de noche. Valt temió una bronca de Anch, y Zack empezó a reírse nada más imaginarlo, de modo que le arrastró hasta el salón del BC Sol pese al berrinche de Valt.
- ¡Ajá! ¡Con que ahí estás! – Anch le vio nada más llegar. Valt se puso más recto que un palo clavado en la tierra. - ¡¿Qué son estas horas de llegar?!
- Eh... lo siento Anch, es que... ¡Ha sido culpa de Zack, lo juro!
- Ala, ala, pero qué morro tienes. – El rubio fingió molestarse, pero comenzaba a reírse. – Di que no, Anch. Aquí nuestro chavalín se la ha pasado entre suspiro y suspiro por alguien que yo me sé.
- ¿Oooh? – Se sorprendió Anch. - ¡Vaya! ¡Qué sorpresa! No esperaba algo así. Dime, ¿Quién es la afortunada? – Preguntó, ilusionada. Valt empezó a enrojecer. – Oh sí, me suena que Silas y Sasha dijeron sobre que tenías algo con Free.
- ¿Por qué no se lo preguntamos al rey de Roma? – Zack señaló hacia atrás.
La cara de Valt pareció un semáforo en rojo, porque Anch dijo eso justo cuando el propio Free acababa de llegar, confuso ante la situación. Zack puso una mano por delante de su boca para esconder una risilla traviesa antes de arrastrar al otro rubio a la charla pese a que Valt trató de evitarlo. Free miró al pelinegro, queriendo entender lo que pasaba, haciendo que Valt se riera hecho un manojo de nervios.
- Free, ¿Es cierto? – Habló Anch, captando la atención. El aludido inclinó la cabeza. – Se rumorea que Valt y tú tenéis una relación. – El Dragón Dorado miró de reojo al pelinegro.
- Fijo que es cierto si se habla tanto de ello. – Zack echaba leña al fuego. Valt quiso morirse. - ¡Venga, no seas tímido, Twinkle Toes! ¡Si Free es tu verdadero norte no hace falta ocultarlo! ¡Ja, ja, ja!
Sin embargo, Zack utilizó demasiada fuerza y dando palmadas en la espalda del aludido, terminó empujándolo accidentalmente. Free reaccionó automáticamente para evitar que Valt se cayera, así que éste acabó dándole un beso en los morros cuando intentó agarrarse a él. Anch se llevó las manos a la boca para no gritar emocionada, y la risa de Zack fue todavía más exagerada. Free le empujó, cubriéndose con el dorso de la mano mientras su cara competía con la de un tomate.
- Ahem. – Pero lo peor estaba por llegar.
- ¡JA, JA, JA! ¡Ahora! ¡Ahora llega lo bueno! – Celebraba Zack en cuanto se giraron para ver que era Lui.
- Valt, creo que tú y yo tenemos algo pendiente. – Shirosagi crujía los nudillos de sus manos, asustando al aludido.
- Uh... Creo que mi funeral todavía no está preparado... - Dijo, antes de salir corriendo.
- ¡JAH! ¡Corre, cobarde, corre! ¡De mí no te vas a escapar, así que reza lo que sepas!
- ¡No me he aprendido el Padre Nuestro! ¡No soy católico!
- ¡Ven aquí, desgraciado!
- ¡AAAAAAAH! ¡SOCORRO!
Y se fueron haciendo escándalo, desconcertando a los demás miembros del BC Sol. Free aún se recuperaba del shock por ese beso accidental, mientras Anch hacía algo parecido a darle su bendición que fue todavía más confuso para Free, quien con una ceja arqueada contempló cómo Zack se reía sin parar, llevándose la mano a la cara mientras negaba con la cabeza. Algunos no tenían remedio...
Chapter 72: Un Mundo En Las Cenizas
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Free tenía otros planes. No se molestó siquiera en intentar detener aquella pelea entre Valt y Lui, porque ni siquiera la consideró una pelea. Conocía a Lui desde hacía tiempo como para no saber que no le haría daño a alguien que no sabía defenderse. El Dragón Blanco era muy consciente de ello, por eso siempre utilizaba lo verbal para atacar. Eso no le trajo buenos recuerdos a Free, quien caminando por los pasillos del BC Sol y bajando escaleras para salir de allí, se recordó en su preadolescencia, antes de que su ansiedad se mostrara de una manera más clara, dándoles una paliza a aquellos que discriminaban a Cristina y se burlaban de ella. Él nunca fue como Lui. En cierto modo tuvo envidia de él por ser capaz de tener ese autocontrol, y de moderarse a sí mismo con tal de saber en qué momento pasaba una línea roja. Free ni siquiera pensó en ello cada vez que utilizaba la violencia para resolver los problemas.
Tal vez su error fue implicarse tanto con Cristina. Su mente seguía confusa. ¿Cuál era su auténtico lugar en este mundo? ¿por qué él tuvo que perder a sus padres y sobrevivir a ese accidente? ¿Por qué tenía que ser él la nueva reencarnación de Dovahkiin, el hijo de Akatosh? ¿Cuál era su verdadera identidad? ¿Sólo era Dovahkiin? ¿O sólo era Free De La Hoya?
Su cabeza casi echaba humo de la lluvia de dudas que asaltaron su mente en un abrir y cerrar de ojos. No paró de caminar. Sus pies le llevaban hacia el lugar donde probablemente encontraría unas cuantas respuestas. Fue capaz de ignorar el ruido de la frenética ciudad de Barcelona gracias a que estaba demasiado ocupado en sus cosas como para caer en lo que pasaba a su alrededor. No sintió la presencia de alguien que le seguía a distancia. Free actuaba por impulso, casi en una absoluta desesperación por encontrarle algún sentido a su vida... algo que pudiera decirle quién era él en realidad, o algo que pudiera explicarle lo que le estaba ocurriendo. Nunca antes se vio tan abrumado por sus emociones.
Haciendo memoria, se recordaba a sí mismo con una infancia feliz. Recordaba a sus padres, esas dos maravillosas personas que le trajeron al mundo, incluso tenía un vago recuerdo de su abuela Danae y de una prima. Pero ahora... ¿dónde estaba toda su familia? ¿qué había sido de esa gente? ¿de sus tíos? ¿Y sus otros abuelos? Nadie. No había nadie. Es como si todos se hubiesen esfumado. Se hallaba solo en este mundo, y eso le hacía sentir que todo dependía de él porque nadie velaría por su seguridad. Pero quizá se equivocaba, en parte. La familia Kuroda le cuidó desde sus siete años, y Cristina prácticamente le adoró desde el primer momento. Tuvieron sus más y sus menos, como cualquier otro par de hermanos. Pero desde que Cristina le explicó todo aquello, y desde que Lui le mostró cuál era su origen... había una pregunta que Free se repetía en muchas ocasiones: ¿por qué la familia Kuroda le sobreprotegió tanto?
Cuando se dio cuenta, sus pies se detuvieron. Alzando la mirada, vio que era su casa, o la que sus padres compraron para mudarse a Barcelona. Sintió que el miedo comenzaba a paralizarle, así que Free tuvo que luchar contra sí mismo para impedir que su cuerpo se convirtiera en una rígida estatua con el fin de no moverse a su voluntad. Reconoció los síntomas típicos de su estrés postraumático. Era aquí. Aquí estaba aquello que a su mente le daba pavor. Era el lugar prohibido del que llevaba huyendo desde hacía tiempo. Buscó unas llaves, pero no las encontró. Eso le llevó a explorar el jardín, que continuaba dando esa sensación de abandono. Las malas hierbas habían crecido a sus anchas porque nadie se había tomado la molestia de cuidar este sitio.
Vio una puerta trasera que conectaba el jardín con el resto de la casa, y para su fortuna estaba abierta. ¿Por qué lo estaría? ¿Acaso habría venido alguien antes que él? Eso le hizo entrar en desconfianza y como un animal cauteloso, entró en la vivienda abandonada. Todo seguía igual, Free no vio señales de que algo hubiera sido cambiado de sitio. Buscó rastro de la presencia de alguien, pero pese al largo rato que se tiró intentándolo, simplemente se percató de que fue sólo una paranoia suya. A lo mejor la puerta trasera quedó abierta desde la primera vez que vino con Lui, Cristina y Jin Aizawa. Eso tuvo más sentido en su atormentada cabeza, en la cual se reprodujeron aquellos años de su niñez cuando aún vivía con sus padres. Fue como ver una película delante de él.
Se vio a sí mismo siendo aquel crío de apenas seis años que jugaba con su padre, correteando por toda la casa. Vio incluso la luz del sol entrar por las ventanas y a través de la cortina, dando una iluminación que le resultó nostálgica. El olor a pan recién hecho, porque a su madre le encantaba hacerlo en casa, y cómo él, de niño, a veces ponía la cocina hecha un desastre. Sus padres le dieron una infancia feliz, su padre le mostraba algunos beys que salían en muchas revistas que coleccionaba. Incluso cuando sus padres trabajaban, venía su abuela Danae a cuidar de él. Parecía tan real que a Free le costaba asimilar que ya nada de eso existía. Regresando a su realidad, la casa ni siquiera era la misma. Por mucho que el sol la iluminara, es como si algo se hubiera apagado hasta desaparecer por completo.
«¿Por qué tuve que sobrevivir yo?», fue lo que pensó mientras sus ojos se convertían en abundantes cascadas de agua salada. Pronto todas esas lágrimas empaparon su rostro.
Pero regresar a esta casa era algo necesario, por eso había venido. Pese a que no podía dejar de llorar, Free empezó a buscar en cualquier rincón con el fin de encontrar respuestas. Olvidó por completo el diario de Jinbei. Era lo mismo que ponerse a investigar su propia vida con el fin de entender y poder ganar un poco más de estabilidad en sus emociones. Pudo hallar álbumes de fotos, cartas, o meras notas de papel. Al parecer su padre fue un romántico empedernido, y una parte de Free se sintió identificada con ese rasgo. Pero él sabía que no era como su padre. No era una persona extrovertida ni de lejos. Puede que a lo mejor fuera más como su madre, a la que sin duda se parecía. Yolanda también era rubia, pero de ojos azules al contrario que él. Supo entonces que sus ojos eran de su padre. Bueno, en algo se le tendría que parecer al hombre.
Le llamó la atención la presencia de su abuela Danae en unas pocas fotos. Apenas había algo sobre ella. Eso extrañó a Free. Parecía que sus padres se relacionaron más con sus tíos que no con su abuela. La postura corporal de cada uno en la foto hizo que Free pudiera reconocer cierta tensión entre los que estuvieron presentes en aquellos momentos, excepto él que se distrajo con una mariposa. Alzando las cejas, le hizo gracia pensar que ni siquiera desde niño había dejado de ser el típico muchacho despistado a quien le daba absolutamente igual lo que ocurriera a su alrededor. Desde a tan temprana edad ya comenzaba a tener un mundo interior muy característico. Aunque sus padres parecieron muy felices por ser eso, sus padres. Eso le hizo sonreír. Al menos llegó a ser amado por sus padres.
«Reconócelo», escuchó una voz en su interior. «Tú eres un monstruo. Y a los monstruos sólo los odian», dejando a un lado el álbum de fotos, Free se llevó la mano izquierda a la cabeza, sujetándose el pelo. «A ti nadie te amará y lo sabes, ¿Para qué arriesgarse?».
Automáticamente vino a su mente aquel momento en el que Joshua Burns le dijo claramente que no iba a arriesgarse a amarle, haciéndole entender que no valía la pena amar a alguien como él. ¿Para qué amar a un monstruo? ¿Para qué amar algo que puede destrozarte incluso literalmente? Free se miró las manos, recordando en todas esas peleas en las que se metió para defender a Cristina, peleas en las que se sobrepasó con aquellos desgraciados que ofendieron a la actual dueña del BC Sol.
El miedo dentro de él se acentuó y quiso refugiarse de cualquier manera. Acabó de rodillas en el suelo, sin poder dejar de llorar. A medida que permanecía en un estado de alteración como ese, una emoción ya muy conocida empezó a surgir dentro de él: la ira. Su mente empezó con el estrés postraumático, y automáticamente la parte de la negación se activó. Eso provocó que su energía empezara a emanar de su cuerpo y el suelo empezara a tener pequeñas grietas a medida que su poder se iba potenciando. Ya había un viento hostil que soplaba a su alrededor, y sus ojos amenazaban con iluminarse una vez él comenzara a perder el control.
Su mundo ya no existía. Ahora era un mundo de cenizas. Todo lo que una vez tuvo ya no existía. Sólo quedaba él, y una casa en pie. No había rastro de ningún otro familiar, y mucho menos de sus padres. Esa pérdida era demasiado dolorosa, y algo más fuerte de lo que él podía aguantar. Intentar contenerse era muy complicado. Free sentía con su mano derecha cómo su corazón era sometido a mucha presión a causa de lo que experimentaba en estos momentos. No era capaz de calmarse y su mente no ayudaba. En su cabeza se repetía una y otra vez aquel accidente que le cambió drásticamente la vida. ¿Por qué tuvo que pasarle a él? ¿por qué tuvo que sobrevivir? ¿No hubo alguna posibilidad de que sus padres se salvaran? Esas preguntas y muchas más del mismo calibre eran las que taladraban la mente de Free sin parar, y que no llegaban a ninguna parte más que a un rincón sin salida.
¿De qué le servía ser la actual reencarnación de Dovahkiin si no era capaz de evitar cosas así? ¿de qué le servía hacerse más fuerte? Ahora mismo era un completo debilucho que lo único que estuvo haciendo fue huir de la realidad, de SU realidad. Sí, puede que no de forma racional y consciente. Su mente lo hizo por él. Huyó, para no enfrentarse a este dolor, a esta realidad. Huyó, para ignorar cómo la vida le había castigado de esa manera siendo un crío de siete años. Algo muy malo tuvo que hacer en sus vidas anteriores para merecer una penitencia así. Y, para no variar, su mente se encargó de recordárselo: poniendo en equilibrio el equilibrio del mundo en sus batallas contra Koslaram en tiempos antiguos, decepcionando y traicionando la confianza y la fe del elemento del agua. Incluso, irónicamente el elemento del fuego se había reencarnado en Fayna, esa antigua rival que tuvo cuando empezó el beyblade, antes de conocer a Lui. Free no quiso culparla, pero puede que hubiera sido por Fayna que su ansiedad salió a la superficie para que él tuviera en claro que existía y que tenía un problema muy serio del que no se dio cuenta... hasta ahora.
Fayna fue sólo el factor desencadenante.
Justo cuando creyó que no podría aguantar más, sintió una mano en su cabeza. Junto a él hubo la presencia de alguien cercano y familiar que Free reconoció cuando se encontró con unos ojos igual de oscuros que los suyos, los cuales volvieron a la normalidad antes de perder el control. Era su padre. Era Arnau. El cómo estaba ahí, delante de él y el por qué fue algo que Free no llegó a entender.
- Akatosh me envía. – Fue lo primero que escuchó, haciendo que todas las dudas sobre su presencia quedaran resueltas de un plumazo. – Y ya puedo entender el motivo. – Le mostró una sonrisa. – Y no te preocupes, que también te deja hablar conmigo. – Se rio, revolviendo su pelo.
Para Free fue toda una impresión. No podía dejar de mirar al hombre que se hallaba frente a él. Un hombre alto, delgado, pero de buena constitución física. De pelo desordenado y castaño, algo largo. Esos ojos oscuros lucían amistosos y sociables, al contrario que los suyos que siempre fueron más vacíos y... ¿tétricos?
- Tú... - Susurró, llevándose la mano a la garganta cuando vio que efectivamente se le estaba permitido hablar. Akatosh le dejaba. - ¡Tú no eres real! – Se alejó, señalándole. - ¡Tú...! ¡Tú estás muerto! – Le señaló, temblando y tragando saliva. - ¡Yo te vi! ¡Te vi muerto! ¡Y...!
Y acabó callándose cuando recibió un abrazo real, completamente real. Free se quedó estático intentando asimilar esto. ¿Qué ocurría? ¿Era cosa de Akatosh? ¿Acaso Akatosh podía hacer algo así? Sintió cómo su cuerpo era mecido de lado a lado de una forma suave, en un gesto que trajo nostalgia y familiaridad a Free. ¿Fue así como su padre lo meció cuando era un bebé para calmarle? El contacto era tan real que el rubio acabó suavizando su expresión, abandonándose al abrazo y siendo acogido por las manos protectoras del que era su padre, aquel padre que la vida le quitó. Arnau consoló su llanto, acariciando su espalda. Después de tantísimo tiempo, Free sentía aquella fuente de amor que le fue arrebatada desde pequeño. La fuente del amor familiar que nada podría substituirlo.
- Sé que ha sido duro para ti. – Escuchó a su padre. Poseía una voz tranquila, que invitaba a la relajación. – Y sé que ahora es difícil para ti, pero tienes que dejar de culparte por ello. Nada fue tu culpa.
- Hubiera preferido morir... - Logró decir entre sollozos, y sin fuerza. - ¿Qué sentido tiene... vivir así?
- A veces las cosas ocurren, y escapan a nuestro control. No podemos evitarlo. Son experiencias que nos ayudan a entender un poco más este mundo. Puede que esto sea duro para ti, pero sé que en el día de mañana esto te fortalecerá. – Se separó del que era su hijo, con una sonrisa. – Hubiera sido una pena muy grande para nosotros si hubieras muerto también. – Secaba aquel rostro mojado por las lágrimas.
Pero Free no dijo nada. Quería memorizar esa cara, y esa mirada tan parecida a la suya. Su padre estaba aquí, Akatosh lo trajo por él, por muy breve que pudiera ser este encuentro. Era tal y como le contó Cristina: Arnau era un hombre tan expresivo como Valt. Anda que no se le notaba.
- Vosotros... ¿me amasteis?
- Venga, ¿pero qué preguntas son esas? – Arnau le dio una colleja de las buenas. – Si no te hubiéramos amado, no habríamos querido traerte a este mundo. Así de sencillo. – Dijo, cruzado de brazos. – Antes eras un niño tan alegre... pero parece que la vida se ha cebado contigo, eh.
- Ya... - Suspiró, bajando la mirada. – Es que antes mi cabeza no funcionaba bien... y creo que sigue sin hacerlo. No dejo de ver cosas, de oírlas... - Se llevó una mano a la cara. – Me estoy volviendo paranoico. Siento como... como si no fuera yo.
- Akatosh está preocupado, y yo también. – Dijo el adulto. – Parece que tienes muchos problemas emocionales. Puedo verlo con sólo mirarte. ¿Hay algo que te esté atormentando?
De La Hoya no pudo contestar enseguida. Para su padre, Arnau, fue revelador ver cómo su hijo de repente se sonrojaba. Reconoció ese tipo de expresión enseguida, de modo que comenzó a reírse para la sorpresa de su hijo. Free se sintió avergonzado ante la idea de que Arnau le hubiera calado. ¿Es que acaso era tan evidente?
- Estás enamorado, y hasta las trancas.
- Es culpa tuya, y culpa de tus genes. – Free se cruzó de brazos. – He estado mirando las fotos, y no me puedes negar que eres un romántico sin remedio.
- Oye, que yo también tuve un padre. No me lo eches todo a mí. – Protestó. – Pero deberías darme las gracias, te he hecho un favor. – Dijo, desconcertando a Free. – Siempre has sido un niño de emociones intensas, así que no me imagino lo fuerte que tiene que ser ese amor que sientes por Voslaarum.
- Espera, ¿Y tú cómo sabes eso? – La cara de Free se puso todavía más roja. Arnau no pudo reprimir la risa. – No es divertido, ¿sabes?
- Voslaarum es el motivo que te lleva a proteger este mundo, como Dovahkiin. – Reveló. – Para evitar que destruyeras este mundo, Akatosh creó a Voslaarum para detenerte. No me preguntes por qué, porque no lo sé, pero desde entonces Voslaarum y tú siempre habéis estado así de unidos. Vuestro amor se remonta a tiempos antiguos, muy, muy antiguos.
Free contempló a su padre, bastante sorprendido. No conocía esa realidad. Lo único que sintió fue una conexión con Valt que la hacía única y especial, y que fue fortaleciéndose a medida que fueron conociéndose. Nada fue forzado, y no tenía pinta que Akatosh se hubiera preocupado en intervenir para ello. Como Dios, era bastante irresponsable. O esa era la impresión de Free. El chico miró el suelo, empezando a comprender algunas cosas.
- ¿Es por eso que mis sentimientos son tan... intensos, como dices tú?
- Sí, exacto. – Asentía Arnau. – Que tú seas Dovahkiin y que la persona que amas sea Voslaarum sólo es un factor, lo que realmente importa es el modo en el que os relacionáis en cada nueva vida. Ese amor remoto sólo es la conexión que os mantiene unidos.
- Pues eso no me ayuda. – Free se apoyó en sus piernas, llevándose las manos a la cabeza. Arnau esperó. – No puedo... amar, sin descontrolarme. – Dijo. – Cada vez que lo intento, me aterra la idea de hacer daño y no poder parar.
- Sí, eso forma parte de tus conflictos emocionales. – Arnau se acercó a su hijo, acariciando su cabeza. – En eso te pareces mucho a tu madre. Eres muy parecido a Yolanda, más de lo que pensé.
- ¿Cómo era ella?
- Uy, tenía un carácter muy fuerte. Era más tozuda que una mula cuando se lo proponía, y cuando aspiraba algún objetivo no había quien pudiera pararla. Era muy determinada. Pero también tenía su lado frágil y le asustaba mostrarlo. Tus abuelos, sobre todo Danae, fueron la causa de ello. La sobreprotegieron durante mucho tiempo, y cuando tu madre se hartó, empezaron a tener muchos problemas.
Con esa explicación, Free ya pudo hacerse a la idea. Tenía pinta de que su madre fue una mujer luchadora que tuvo que perseguir sus sueños y objetivos y mantenerse fiel a sus ideales. Tuvo la sensación de que Yolanda pasó por una vida muy dura, con unos padres que no quisieron apoyarla y que se metieron una y otra vez por en medio, a modo de obstáculo.
- Danae. – Cayó en la cuenta de ese nombre. Ya lo vio en el diario de Jinbei. - ¿Ella es mi abuela?
- Sí, era una fanática del beyblade. En su juventud llegó a ser campeona unos buenos años.
- No me jodas... - Resopló.
- ¿Por qué? ¿Tú también?
- Aún no está claro. En la última Liga Internacional tuve que abandonar la semifinal contra Voslaarum porque me lesioné. Técnicamente, eso es una derrota.
- ¡Aaaaala! – Arnau se emocionó tanto que cogió las manos de Free para llamar su atención. - ¡Así que mi hijo ya se ha convertido en campeón a tan temprana edad!
- Desde los trece, para ser exactos.
- ¡Mejor me lo pones! ¡Vaya! ¡Es alucinante! ¿Cómo se siente ser campeón? – Preguntó, haciendo que Free pusiera mala cara. – Vale, ahem... quizá no es la mejor pregunta de todas. – Se rio. – Pero estoy convencido que a Yolanda le habría encantado verte convertirte en campeón.
- Claro. Fue tan maravilloso que por eso envié a Fayna al hospital y empezaron a llamarme monstruo. Sin duda, le habría encantado.
El sarcasmo de Free fue nuevo para su propio padre. Ese rasgo le recordó mucho a Danae, de modo que se rio de nuevo antes de poner sus manos en los hombros de su hijo, sin abandonar esa cálida sonrisa. Puede que su hijo no se sintiera orgulloso, puede que después de esto continuara negando su naturaleza como uno de los mejores bladers del mundo, como el ex campeón del mundo del beyblade quizá, pero para Yolanda y para él era suficiente.
- Sigo pensando que a tu madre le habría encantado. – Insistió. – Yolanda amaba el beyblade, y fue blader unos cuantos años antes de sufrir una lesión que la obligó a retirarse. Por eso hizo Industrias Danae.
- Pensaba que no se llevaba bien con la abuela.
- En realidad, las dos supieron arreglar sus problemas, pero Danae desapareció poco después.
- ¿No sabéis dónde está?
- Lo único que nos dijo fue que se marchaba al continente asiático, no sé si a China o la India. El caso es que buscó hacer un retiro espiritual.
Algo muy específico cruzó por la mente de Free: se acordó de cuándo Ren Wu Sun le aconsejó ir a China, donde una mujer podría brindarle la ayuda que necesitaba. ¿Acaso... acaso esa mujer era su abuela? No pudo creerlo, pero el caso es que las cosas encajaban muy bien.
- Free, hijo. – Lo llamó, alzando su rostro con sus manos. – No te avergüences de ser lo que eres. Lo importante es tener un buen corazón, y a ti de eso te sobra.
- Ya, pero... - Desvió la mirada. – He hecho daño a mucha gente. – Cerró los ojos. – A Voslaarum.
- Seguro que fue por un motivo importante.
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Porque eres mi hijo. – Sonrió. – Te amé antes de que vinieras al mundo, y tanto tu madre como yo te seguiremos amando pase lo que pase. Porque eres nuestro hijo. Eres Free De La Hoya.
Chapter 73: Las Futuras Generaciones
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El camino de regreso al BC Sol fue más relajante de lo que llegó a creer. De nuevo pudo respirar la calma que le ofrecía este lugar en el que se había criado, en parte. Le había venido bien tener esa conversación con Arnau, su padre. Se sentía más tranquilo, como si parte del peso que estuvo cargando hubiera desaparecido. Claro que no lo hizo del todo, pero algo era mejor que nada. Puede que así sus alucinaciones se detuvieran... un tiempo al menos. Cuando llegó, lo primero que escuchó fue el jaleo en el gimnasio de beyblade del BC Sol al cual se acercó. Allí, vio a Raúl pendiente de Kitt y Honey, en compañía de Sasha y Rantaro.
- ¡Hombre, Free! – El dueño de Berserk Roktavor le vio. – No te quedes ahí, ven, acércate.
Sin soltar una palabra, De La Hoya aprovechó la ocasión para saber lo que hacían. Sasha y Rantaro practicaban, al igual que Kitt y Honey, los cuales mejoraban día a día. Raúl se lo pasaba bien con ellos.
- Desde que me pusiste ese entrenamiento infernal, Roktavor y yo hemos mejorado mucho. – Le decía Rantaro. - ¡Ya no explota tanto como antes!
- Hasta yo estoy sorprendida del cambio. – Añadió Sasha. Free se mantuvo en silencio, haciendo que los otros dos intercambiaran miradas, algo indecisos.
- Sigues... ¿sin poder hablar? – Rantaro señaló la garganta, haciendo que Free se encogiera de hombros. Se había olvidado de coger la libreta y el bolígrafo que Valt dejó en su cama.
- Tal vez deberías ir con tu médico de cabecera a ver si se puede solucionar. – Sugería Sasha. Free negó con la cabeza.
Ninguno volvió a insistir, en un acto de consideración con el rubio. Rantaro pronto cambió de tema y centró la atención en Roktavor para enseñarle a Free los resultados del entrenamiento especial que le puso De La Hoya en su momento. El rubio ya se figuró que esto pasaría. Fue cuestión de tiempo a que Roktavor y Rantaro empezaran a vincularse y a solucionar posibles problemas emocionales. Aunque pensar en ello le hizo tener otro conflicto interno cuando su propia mente le hizo cuestionarse por qué él no hacía lo mismo y por qué se dedicaba a perder tanto el tiempo.
- Por cierto. – Habló Sasha. – Antes Cristina te estaba buscando, Free. – Dijo. – Al parecer quiere enseñarte algo.
- Tal vez lo que ha pasado en Francia. – Rantaro lo dejó caer. Free lució confuso. – En las noticias se ha hablado de un tal Aiger que se ha dedicado a seguirle la pista a Phi para desafiarlo.
- Se dice que es un blader que está empezando a ganarse un lugar en el mundo del beyblade, a pesar de que es un completo novato. – Contaba Sasha. – Muchos estamos un poco sorprendidos porque es el único que no tiene miedo de enfrentarse a Phi pese a su bajo nivel.
- Sí, pero... - Rantaro se puso pensativo. – Wakiya me ha contado que ese tal Aiger es un blader un poco peligroso. – Miró a Free. – Tiene una energía maligna, o eso me ha dicho.
Eso llamó la atención de Free. ¿Un nuevo blader en el mundo del beyblade y ya con una energía maligna? ¿Qué era lo que estaba ocurriendo más allá de España? ¿Acaso Phi habría sido capaz de contaminar a otros bladers? ¿O fue por su culpa cuando decidió morir? Puede que la oscuridad que amenazó al planeta entero fuera la causa y hubiera tenido efectos en muchas personas. Aquello le inquietó, porque si era cierto entonces era su trabajo viajar por el mundo para intentar purificar a esas personas. La energía maligna no era compatible con la mayor parte de la gente, eso significaba que todas esas vidas corrían peligro.
Automáticamente se marchó del gimnasio con una cara muy seria.
- Creo que debería haberme callado... - Dijo Rantaro.
- Sí, opino lo mismo. – Sasha puso su mano derecha en su cadera. – Pero parece que ese tal Phi sigue causando problemas allá donde va.
- Pero ese tal Aiger es de Japón, ¿qué se le habrá metido en la cabeza para irse hasta Francia para perseguir a Phi?
- Ni idea. Hay que estar muy loco para hacer algo así. – Suspiró la joven. – Es un novato, le van a machacar.
No necesitó de mucho tiempo para llegar hasta el despacho de Cristina. ¿Cuánto tiempo llevaba sin ir allí para ver a la dueña del BC Sol? Justo cuando abrió las puertas, el sorprendido fue él cuando sus ojos se encontraron con los de Valt, quien prácticamente se le tiró a los brazos sin darle margen de reacción. Fue algo breve, porque Valt se separó antes de sonreírle. Cristina también sonreía. Curiosamente había un televisor de pantalla plana cerca de los sofás en los que él solió tumbarse a menudo.
- Parece que ya te has enterado. – Le habló Cristina. Se la notaba insegura ante la presencia del rubio. Después de tanto sin dirigirse la palabra, ninguno sabía qué hacer frente al otro o qué decirse.
- ¡Ven, Free! Siéntate. – Invitaba Valt.
El aludido accedió, al tiempo que el pelinegro se quedaba a su lado. Cristina encendió la televisión, buscando el canal. Tuvieron que tener un poco de paciencia, aunque de mientras, Valt seguía mirando de vez en cuando a Free con una sonrisa, riéndose al ver que el rubio acababa apartando la vista a otra parte, al parecer, avergonzado. Sin embargo, cuando hizo eso, Free aprovechó para contemplar a Cristina y percatarse de una bolsita que colgaba de su cuello. ¿Cómo pudo ignorar un detalle como ese? Y es que se cuestionó qué es lo que tenía dentro. Maldecía que Akatosh le impidiera el poder hablar, permitiéndoselo sólo en ocasiones puntuales, cuando consideraba que realmente lo necesitaba.
- Aquí está. – Cristina por fin lo encontró. – Sucedió hace poco, así que es una repetición.
- Resulta curioso que sea un blader de Japón el que moleste tanto a Phi, ¿verdad? – Valt se lo tomaba con gracia. – Me imagino lo mucho que eso le estará fastidiando a Phi.
- A lo mejor lo hace por algún motivo, ¿no te parece, Valt? – Cristina se encogió de hombros. Free permanecía atento a la pantalla. – No es normal que un novato en el beyblade haga ese tipo de cosas.
- Bueno, forma parte de las nuevas generaciones del beyblade. Y ya sabes lo que se dice sobre estos nuevos bladers... - Alzó las manos a la altura de los hombros. – Son bladers impredecibles que rompen los esquemas.
En cuanto dijo eso, tanto Cristina como Free miraron a Valt sin decir nada, pero diciéndolo todo claramente. Valt entendió rápidamente el mensaje, porque enrojeció.
- ¡Eh! ¡Yo no soy así! – Protestó, haciendo que sus dos interlocutores se mirasen entre ellos, Free con la boca un poco abierta antes de cerrarla cuando posó sus ojos sobre Valt. El mensaje continuaba siendo claro.
- Creo que tú también formas parte de esa nueva generación, Valt. – Dijo Cristina. – Encajas perfectamente en la descripción que se da de ella.
- Pues yo me veo más como la generación de Free. – Observó al rubio. – Sólo nos separan dos años, tampoco es tanto, ¿no?
- Los sucesos sociales fueron diferentes para vosotros dos. – Respondía Cristina. – Aunque no estoy muy segura.
Free ignoró completamente la conversación. Señaló la pantalla donde salía la batalla de Phi contra Aiger, al que por fin vieron. Valt sonreía, reconociendo el potencial de Aiger en pocos minutos. Pese a ser un novato, poseía una fuerza fuera de lo normal. Sin embargo, era visible que a Aiger todavía le quedaba mucho camino por delante. Le faltaba experiencia como blader, ya que demostraba ser un chico extremadamente impulsivo y eso se reflejaba en su estilo de beyblade tan agresivo y directo. Para Free, ni siquiera se pareció a la forma de pelear de Lui, porque Lui sí que usaba su cabeza. El Dragón Blanco era uno de esos bladers cuya inteligencia era mejor no subestimar. Y aunque pensar en él hizo que el rubio se sintiera culpable, también se acordó de las palabras de su padre Arnau: no debía avergonzarse de ser quien era, y menos por las cosas que no pudo evitar que sucedieran, ya que simplemente estuvieron más allá de su control. De todas formas, Free se culpaba y se avergonzaba de no haber podido defender a Lui en su momento. Sólo pudo salvarle de un cruel final por la oscuridad de Phi una vez que Lui ya fue derrotado. Y porque Fayna apareció en el momento ideal para evitar que a Lui le pudiera pasar algo peor.
Y, efectivamente, en la batalla Aiger mostró su tipo de energía. Para Free fue fácilmente reconocerla como del tipo maligno. Sin embargo, su intuición le llevó a sentir que no aquello era de todo menos normal. Un chico como Aiger no parecía alguien que pudiera poseer un poder semejante, y esa energía tan malvada era más característica del propio Phi. Para Free, ahí hubo una conexión. ¿Puede que fuera culpa de Phi? Y es que por mucho coraje y mucha determinación que Aiger le pusiera al asunto, fue derrotado por Phi, aunque daba la impresión de que no era la primera vez.
- La batalla acabó ahí. – Anunciaba Cristina. - ¿Qué opináis?
Valt miró a Free. El rubio parecía querer decir algo, pero no podía como ellos ya sabían. Cristina buscó algo con lo que De La Hoya pudiera escribir y con suerte encontró un cuaderno de páginas blancas que le entregó al muchacho, junto a un bolígrafo.
- Aiger es muy fuerte. – Fue lo primero que Valt dijo para romper el silencio. – Es impresionante que sea tan fuerte siendo un novato. Me recuerda a Shu.
- ¿Shu también era así desde el principio?
- He, he. Bueno... - Rascó su cabeza. – Yo empecé antes que él con el beyblade, pero en poco tiempo Shu me superó. Le consideraron un prodigio y eso...
Free terminó de escribir y eso llamó la atención de ambos, quienes leyeron lo que había escrito: «su energía está contaminada, es peligroso.». Eso los desconcertó, así que esperaron a que Free se explicara mejor, ya que volvió a ponerse a escribir algo. Cristina había dejado la televisión encendida, porque tampoco les molestaba mucho. Valt observaba al rubio, entrando en curiosidad al ver que Free usaba la mano izquierda. ¿Acaso era zurdo? Entonces, como blader, ¿por qué usaba la mano derecha?
- «Ese chico no es normal. Phi le ha hecho algo.» - leyó Cristina en voz alta. - ¿En serio lo crees, Free? – Preguntó, viéndole asentir.
- Pues, ahora que lo dices... - Valt miró a Free a los ojos. – Ya hemos visto que Phi puede hacer daño a otras personas con su energía. Mis amigos son la prueba de ello. Incluso Lui. No es muy disparatado pensar que Phi le haya hecho algo a Aiger. – Decía mientras el rubio escribía, otra vez.
- Pero no sabemos si Aiger está marcado con la oscuridad de Phi. – Cristina se mostró preocupada. – Y sinceramente... me parece un blader muy agresivo, puede que demasiado para ser un novato.
Valt no estuvo seguro, ni siquiera podía entender qué es lo que ocurría exactamente. En Japón no se topó con Aiger, quizá de puro milagro. Lo único en lo que pensó fue en que necesitarían conocerle de tú a tú para intentar obtener información al respecto... aunque esa era la especialidad de Wakiya y no la suya. Quizá le llamara después. Free llamó la atención de ellos cuando les mostró el cuaderno en el que escribió lo que él creía al respecto: «puede que Phi no necesite su oscuridad para marcar a los demás. Recordad que es Koslaram y puede transmitir su poder a personas, animales y objetos para que posean una parte de su poder. A lo mejor es lo que le ha hecho a Aiger sin que el pobre idiota se haya dado cuenta de ello.».
- Sí, eso ya tiene más sentido. – Asentía Valt.
- Espera, Free, ¿cómo es que sabes eso?
- Ah, será cosa de Akatosh. – Sonrió el pelinegro.
- ¿Akatosh? – Repitió desconcertada.
Valt miró a Free, que le hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Entonces Valt le explicó más o menos a Cristina quién era Akatosh, y quiénes eran ellos en vidas anteriores y su verdadero origen. La dueña del BC Sol no evitó quedarse boquiabierta, entendiendo de un plumazo lo que ocurrió durante las batallas de Free contra Phi. Pudo darse cuenta de que la magnitud del asunto era mucho más seria y que todo tenía que ver con algo procedente de un pasado lejano, más lejano de lo que ella podía imaginar. Contempló a Free, sin saber qué pensar exactamente. Vio en el rubio que no esperaba que ella lo comprendiera. Básicamente no esperaba nada de su parte, y eso la hizo sentir mal.
- Entonces... ¿cuál es el siguiente paso? – Cristina rompió el silencio.
- ¡Pues entrenar! – Valt se puso de pie. – Está claro que los bladers de las futuras generaciones vienen pisando fuerte ya desde el comienzo, ¡Así que no nos podemos quedar atrás! – Decía, antes de ver que Free le enseñaba algo que leyó: «sigues con el brazo roto, no puedes entrenar». – Venga Free, no seas aguafiestas... - Casi se deprimió. - ¡Me las apaño para entrenar beyblade! Ayer me lo pasé genial con Zack.
Cristina se rio, al ver la actitud infantil de Valt. Pero ella ya se imaginaba cómo de duro era para un blader no poder practicar. Sutilmente observó a Free cuando se acordó de la lesión que sufrió éste durante la semifinal de la última Liga Internacional, una lesión en forma de varios desgarros en los músculos del brazo derecho que le obligaron a permanecer ese año y medio en rehabilitación. Fue una temporada que Cristina intentó aprovechar para que Free fuera a terapia y pudiera mejorar su ansiedad, pero el rubio simplemente abandonó las visitas con la especialista porque sintió que no avanzaba y que no le servía de nada. Eso fue sin duda algo muy frustrante para Cristina, quien vio en Valt la clave para que Free pudiera apoyarse en alguien en vez de estar siempre tan solo.
- Free De La Hoya. – Entonces miraron la televisión cuando reconocieron la voz de Phi, que aparecía en pantalla. – Espero que estés preparado porque voy a ir a por ti, y por fin, destruiré a tu Geist Fafnir de una vez por todas. Nos veremos muy pronto en El Astro.
Chapter 74: ¡Sin Límites! ¡Free vs Lui!
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El ambiente se volvió tan tenso que hasta podría cortarse con un cuchillo. Cristina y Valt contemplaron el rostro de Free, antes de que la dueña del BC Sol retrocediera hasta ponerse detrás del sofá. Que Phi hubiera soltado ese desafío fue suficiente para alterar a Free, quien había ocultado sus ojos debajo de su flequillo. Fue una señal que Valt no tomó como algo bueno. Nunca lo era cuando Free hacía eso. El pelinegro temió que esto trajera consecuencias para el rubio, ya que el riesgo de que pudiera pasar cualquier cosa en un encuentro con Phi era altísimo.
- Free. – Le llamó Valt, sujetando su brazo derecho. Con ese simple gesto, Valt notó cómo el cuerpo de Free empezaba a ponerse rígido. – Yo te ayudaré a entrenar. – Dijo con firmeza, pero sin una reacción. Valt tragó saliva, sin saber qué hacer. – No podemos permitir que Phi destruya a Geist Fafnir, y lo sabes.
- Tú no puedes hacer nada, asúmelo.
Automáticamente el pelinegro y Kuroda se giraron para ver que, en la entrada yacía Lui. Estaba algo serio, fijando su atención en el rubio que no se había movido. Es como si estuviera ocurriendo algo en la mente de Free, pero nadie sabía el qué.
- Claro que puedo. – Protestó Valt. – Puedo ayudar a Free, del mismo modo que le ayudé cuando estuvo haciendo rehabilitación el año pasado.
- Déjate de chorradas. – Se acercó. – Mira, mírate bien. – Le señaló. – Con ese brazo roto no serás más que una molestia para Free. Lo que él necesita es un rival de los buenos.
- ¿Estás hablando de ti? – Valt se molestó. – Te recuerdo que yo también soy uno de los rivales de Free. – Dijo, aunque no tan convencido. Free no había mostrado tanto esa rivalidad del mismo modo que con Lui, aquí presente.
- Tú y yo tenemos algo pendiente. – Lui ignoró completamente a Valt, para ponerse delante de Free. – No me quedé satisfecho desde nuestro último encuentro en la Liga Internacional, ¿sabes? – Sonrió. – Así que... - Sacó a Brutal Lúinor. - ¿Qué me dices? ¿Quieres una batalla aquí y ahora?
El vínculo que unía a Lui con su bey, Lúinor, fue algo que Free no pasó por alto. Simplemente asintió con la cabeza, haciendo reír a Lui para rápidamente salir de allí. Cristina suspiró, un poco aliviada. Era increíble cómo la atmósfera podía cambiar con la actitud de Free. Estaba claro que la única que no trabajaba en lo que debía era ella. Valt la miró.
- Será mejor que vaya con ellos, Cris. – Le dijo el chico.
- Me parece bien, pero ten cuidado, ¿vale? Ya sabes cómo son.
- Sí, tranquila. No me pasará nada.
Valt corrió para alcanzar a los otros dos bladers. Hacía tiempo que no había un encuentro entre ellos, y tenía curiosidad por saber quién se habría hecho más fuerte, si Lui o Free, o puede que por lo contrario siguieran más o menos igualados en cuestión a su nivel. El caso es que Valt tenía que estar ahí. No quería perdérselo. Rantaro le encontró y le animó a acompañarle, captando además la atención de Silas que iba con Kitt. Así que los cuatro abandonaron las instalaciones del BC Sol para adentrarse en el bosque. Valt ya se conocía de sobras el camino hacia el estadio, el lugar favorito de Free para entrenar beyblade. La posibilidad de encontrarle ahí era siempre elevada. Kitt se mostraba nervioso, al contrario que Silas al que se le veía con ganas de ver esa batalla.
Un rayo de luz que llegó hasta el cielo les avisó que la batalla ya había empezado, así que Valt corrió para darse prisa. No quería perderse esa batalla, igual que Rantaro. Era la primera vez después de casi dos años que Lui y Free tenían un encuentro en una batalla de beyblade, haciendo que Valt se cuestionara una sola cosa: ¿Cuánto habrían mejorado esos dos monstruos?
Rápidamente los encontraron cuando por fin alcanzaron el estadio de beyblade del bosque. Valt saludó, mientras los chicos permanecían cerca de la estructura en la que se hallaban ambos bladers, que les ignoraron por completo. Lúinor atacaba de forma agresiva a Geist Fafnir, que se mantenía en el centro. Lui se reía, emocionado por tener una oportunidad como esta. Pero Free seguía inexpresivo, como solía serlo en el beyblade. Lúinor consiguió apartar a Geist Fafnir del centro, obligando a arremeter. Los dueños de ambos bey usaron sus energías antes de que eso sucediera, provocando un choque tremendo que levantó un aire muy violento antes de que tanto Fafnir como Lúinor salieran disparados del estadio, en un empate.
- Si eso es todo lo que tienes creo que vas acabar bien machacado. – Decía Lui tras recoger a Lúinor. Free le miró en silencio con Fafnir en las manos. – Admítelo... has perdido facultades.
- Oye no es plan de decirle eso. – Saltó Valt, haciendo reír a Lui.
- Nos estamos aburriendo, ¿sabes? – Pero el Dragón Blanco ignoró al pelinegro. Toda su atención caía en el rubio. – Tienes que tomártelo más en serio.
Aquellas palabras parecieron cambiar la actitud de Free. Tanto Valt como Rantaro vieron cómo esa expresión serena se convertía en una bastante más seria. Valt no entendía a Lui. ¿Qué era lo que hacía exactamente? ¿acaso se dedicaba a burlarse de Free en vez de ayudarle? ¿Qué tenía metido en la cabeza? Esa no era forma de subirle su autoestima. Y el lanzamiento de Free le dejó claro que el chico estaba distraído. Lui protestó, echándoselo en cara sin consideración alguna. Para Valt eso no era nada normal.
- Oye, Valt. – Susurró Rantaro. – Es cosa mía o... ¿Free está en la luna?
- Puede. – Se encogió de hombros, no muy convencido. – Free lo ha estado pasando mal últimamente así que...
- A este paso Lui se lo va a comer con patatas. – Dijo Silas, que no ayudó a mejorar el ambiente.
Geist Fafnir salió de la pista por lo menos en un par de ocasiones. A Lui se le notaba cada vez más molesto. Free miraba su bey, casi queriendo escucharlo. Podía oír la voz del dragón, cerrando sus ojos para verle en su mente. Fue un momento confuso para los demás, quienes vieron que Free se posicionaba para hacer otro lanzamiento que, menos mal, fue más fuerte. A Valt le llamó la atención que hasta el lanzador de Free brillara tanto. Parecía que por fin empezaba a tomar las riendas del asunto y plantarle cara a Lui como Dios manda.
- Voy a hacerte papilla. – Dijo Lui, haciendo que Free sonriera.
El rubio no esperó a que Lúinor llegara hasta Fafnir. Utilizó su energía dorada para nutrir a Fafnir y alzó la mano para hacer el gesto de una garra ante la colisión de su enemigo. De nuevo, hubo un potente choque de energías y Valt tuvo que agarrar a Kitt para que no se viera arrastrado por el violento viento que lo empujaba hacia atrás. Rantaro llamó la atención de Valt, señalando después a Free. Fueron en esos instantes en los que el pelinegro se fijó cómo poco a poco esas venas se iban marcando en el cuerpo de Free para distribuir mejor la sangre y por lo tanto, usar una mayor cantidad de potencia en la batalla. Sin embargo, Valt sabía muy bien lo que eso significaba: ansiedad. Free estaba siendo víctima de su ansiedad una vez más, y como consecuencia, su cuerpo era sometido a una tremenda presión.
Sorprendentemente la batalla continuó. Ninguno de los bey salió del estadio. Lui sonrió, casi dando la impresión de que ignoraba lo que ocurría. Pero Valt se convencía de lo contrario. Lui llevaba tiempo conociendo a Free, ¿Cómo no iba a saber distinguir algo así? Es como si Free tuviera la intención de ir más allá de sus límites... otra vez. Eso angustiaba a Valt, que temía por la salud del rubio.
- ¡No tengas piedad, Lúinor!
Hubo una segunda colisión, haciendo que ambos bladers usaran sus respectivas energías para mantener la fuerza de los bey. Lui se dio cuenta de que su cuerpo retrocedía en contra de su voluntad. Entonces dirigió sus ojos hacia Free, viendo que aquellas venas empezaban a marcarse más de lo normal. De todos los bladers que conocía, Lui sólo había visto esa especie de transformación en Free, ¿Pero por qué sólo él?
Accidentalmente, una de las ráfagas de energía descontroladas por la misma colisión entre ambas provocó un corte bastante profundo en el brazo izquierdo de Free, haciendo que comenzara a abundar la sangre. Valt temió que aquello hubiera implicado a alguna de esas venas, que sería lo más probable.
- Heh. – Rio Lui. – Veo que no sientes dolor eh. – Dijo mientras Free se miraba a sí mismo.
Efectivamente no sentía dolor. Se había hecho tantísimo daño en el brazo de la cantidad de veces que se mordió en él que ya no era capaz de sentir nada en aquella zona de su cuerpo. Se sujetó el brazo con la mano derecha, casi como si tuviera una idea en mente. Después de esa colisión, Lúinor y Fafnir salieron disparados por los aires y sus respectivos bladers los cogieron al vuelo. Free contempló su bey, que comenzó a brillar de una manera extraña, como si fuera la luz intermitente de un coche. Pero Free lo sabía: Fafnir le hablaba.
- ¿Qué está pasando? – Preguntaba Kitt.
«¿Sí? ¿Eso es lo que quieres?», pensaba Free mientras Fafnir no dejaba de brillar. «Muy bien. Intentémoslo, Fafnir.»
Extrañados, los demás vieron cómo Free parecía morderse el brazo. Valt intentó evitarlo, pidiéndoselo, pero se percató de que no hacía exactamente eso. Free succionó la sangre que emanaba de la herida de su brazo, dejándola en su boca. Para Silas y para Kitt era de lo más grotesco ver algo así. Lui arqueó una ceja cuando Free le miró para sonreírle. ¿Qué era lo que hacía? Pronto la respuesta vino sola: Free vertió su propia sangre sobre Fafnir, casi empapándolo por completo. La reacción de Fafnir no se hizo de esperar, ya que ese brillo intermitente se detuvo, simplemente para brillar con fuerza. Aparte de él, nadie pudo entender qué significaba eso.
- ¿Vas a usarlo así? – Preguntó Lui, tratando de comprender lo que pasaba. Free volvió a ponerse listo para el lanzamiento. – Bueno, luego no esperes que Fafnir no se te oxide.
Free se rio, antes de ejecutar su lanzamiento que volvió a ser distinto. Su capacidad de lanzamiento mejoraba por momentos, y eso se reflejaba en ese pequeño cambio del que Valt era testigo. Es como si en cualquier momento fueran a salir chispas del lanzador de Free para darle una fuerza sin igual a Fafnir, quien aterrizó sin problemas en el estadio sin malgastar energía antes de dirigirse hacia el centro. Pero se topó con Lúinor, y ambos colisionaban una y otra vez de una forma feroz. Alcanzaron velocidades tales que Kitt no era capaz de verlos sin perder detalle, por falta de costumbre. Era la primera vez, para él, que veía que Fafnir se comportaba de una manera más agresiva... muy poco común para un tipo energía como él.
Ninguno de los dos se rendía, ni siquiera cuando los combates se alargaban y hacían lanzamiento tras lanzamiento. Igual que Free, Lui también se fortalecía. La tensión se palpaba en el ambiente, y ambos bladers lucían agotados después de varias horas practicando beyblade sin parar de una forma muy seria. Para Valt, esta era una de esas raras ocasiones en las que Free aguantaba tanto tiempo en ese estado, y más con esa herida que todavía sangraba, aunque menos que antes. El rubio respiraba agitado y su camisa lucía húmeda por el sudor en un intento de su cuerpo para refrigerarse de la elevada temperatura, sin descartar además la presión a la que seguía sometido. Rantaro estaba asustado, creyendo que uno de los dos pudiese lesionarse de forma severa por no querer parar y continuar.
Los continuos estallidos de energía atrayeron a otras personas, porque Valt y Rantaro vieron aparecer a Zack junto a Xander y Joshua. Rápidamente hubo un intercambio de miradas entre Joshua y Valt. Para el pelinegro la presencia de Joshua era ahora mismo una molestia, más por Free que por él mismo. Pero el rubio parecía inmerso en la batalla contra Lui. Según Silas, Lui y Free ya llevaban alrededor de treinta y cinco combates seguidos incluyendo los lanzamientos. Y los que no contaron al principio por llegar tarde.
- Madre mía... - Se acercaba Zack. – Esto es emplearse a fondo eh.
- ¿Qué estáis haciendo aquí? – Preguntó Valt, ligeramente agresivo. Zack abrió los ojos, impresionado.
- Oye, tranquilo eh. – El rubio alzó las manos. – No te me subas a la yugular...
- Perdón.
- ¿Cuánto rato llevan así? – Habló Joshua. – Es demencial...
Hubo un último choque antes de que Free y Lui se miraran el uno al otro. No querían simplemente dejar esta batalla a un lado con continuos empates, con alguna que otra derrota entre uno y otro. Cuando fue a recoger a Fafnir, Free sintió que su brazo derecho empezaba a ponerse rígido. Automáticamente su mente viajó hasta las semifinales de la Liga Internacional, en su encuentro contra Valt, que fue cuando se lesionó. Gracias a eso pudo reconocer las mismas señales de su cuerpo: si continuaba podría volverse a hacer no uno sino varios desgarros musculares en el brazo. No le convenía hacerse daño antes de su batalla contra Phi, recordándose a sí mismo que tal vez podría ser la definitiva.
- Una vez... más. – Dijo Lui, agotado.
- ¡Parad de una vez! – Joshua corrió hasta ellos. – Tenéis que descansar o vais a colapsar.
- ¡Tú apártate, gilipollas! – Lui alzó la voz. - ¡¿Pretendes que paremos sólo porque tú nos lo digas?! ¡Esfúmate, nos estás estorbando!
- No voy a irme sin antes saber que al menos vais a tomar un adecuado descanso.
- Pero mira que eres pesado... - Resoplaba Lui, quien como Free, se posicionó.
- Free, por favor. – Entonces Joshua se acercó al rubio, que no le miró. – Tienes que escucharme. Necesitáis descansar.
- Joshua tiene razón. – Intervino Valt, poniéndose al lado de De La Hoya. – Si seguís así, os vais a lesionar.
- ¡¿Pero quiénes os habéis creído que sois?! – Estalló Lui, enfadado. – Os dejamos venir aquí para que sepáis cómo es una lucha de verdad en el beyblade, ¡¿Y encima os pensáis que tenéis el derecho a interrumpirnos?!
Lui continuó soltando de las suyas, obligando a Joshua y a Zack a discutir con él. Zack era más bien alguien que mediaba entre los dos, porque Joshua se alteró enseguida casi en un intento de que Free se frenara a sí mismo después de ver cómo sangraba por el brazo. El escándalo que se montó fue tremendo. Así que, por su lado, Valt se centró en Free, que no se movió ni un centímetro.
- Free, si sigues así te harás daño. – Le decía suavemente, poniendo sus manos en el brazo derecho del chico. – Por favor, déjalo ya. – Suplicó. – Puedes volver a luchar contra Lui cuando quieras, pero creo que a Joshua no le falta razón. Descansad un poco, y ya seguiréis luego.
Free contempló sus ojos, y Valt se esforzó para que el rubio viera que estaba preocupado por él, que le comprendía pero que también debía entender que descansar era necesario. De La Hoya acabó cediendo, antes de abandonar su postura para lanzar a Fafnir. Valt sonrió, sujetando la mano de Free en un gesto cercano. Aquellas venas dejaron de marcarse en el cuerpo del blader, quien obligó a Valt a sostenerlo para no desplomarse en el suelo.
- ¡Free! – Le llamaba. - ¡Free! ¡Eh! – Pero intentar hacerle reaccionar era inútil.
- ¡¿Qué pasa?! – Rantaro se acercó. Valt se encogió de hombros.
- ¡Eh, vosotros! – Los llamó Kitt. - ¡Necesitamos ayuda por aquí!
Eso surtió efecto. La calurosa discusión entre Joshua y Lui, con un Zack que estuvo intentando mediar entre ellos, se detuvo. En cuanto vieron a Free en el suelo, sujetado por Valt, Lui y Joshua se acercaron automáticamente. Lui fue el primero que procedió, tocando el rostro y el pecho de Free que continuaba respirando agitado.
- Está ardiendo. – Dijo Lui, alarmado. – Está mal, muy mal. Tenemos que volver cuanto antes. Valt, ayúdame. Cargaré con él.
- ¿Seguro que podrás?
- ¡Que sí! ¡Venga!
Joshua también echó una mano y pusieron a Free en la espalda de Lui. Fue extraño ver que alguien con un cuerpo tan pequeño pudiera con una persona más alta. Lui les demostró que le sobraba fuerza física para cosas como estas. Valt caminaba por delante para intentar orientar un poco a Lui. Los demás les seguían, tratando de llegar lo antes posible.
Chapter 75: Un Secreto Bien Guardado
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El camino hasta el BC Sol no fue sencillo para Lui, ya que, para él, Free pesaba lo suyo. Valt y Joshua trataron de ayudarle, pero el Dragón Blanco simplemente se negó. Al contrario que Joshua, Valt no insistió e incluso le marcó un límite al moreno. Lui pudo mirarle de reojo, sin haber pasado por alto cómo el pelinegro le apoyaba. Al menos pudieron llegar hasta la sede del equipo español y llevaron a Free a su habitación. Entonces Valt se detuvo, mirando a Joshua y a Zack que les seguían de cerca. Rantaro convenció a Silas y a Kitt de dejarles hacer a ellos. Últimamente a Kitt se le veía un poco diferente.
- Chicos, será mejor que esperéis fuera. – Sugería Valt. Zack pilló al vuelo sus intenciones.
- Pero queremos ayudar. – Dijo Joshua.
- Quieres ayudar. – Zack le corrigió. – No te preocupes Valt, nos quedaremos aquí.
- No, de eso ni hablar. – Protestó el moreno. – Tengo que estar con Free, él me necesita.
- También te necesitó en América y le fallaste, así que no, gracias.
La agresividad con la que Valt reaccionó fue nueva hasta para Zack. Joshua se quedó congelado en su sitio, sin entender cómo el chico que se hallaba frente a él conocía esos detalles. ¿Acaso Free se lo habría contado? Apretando las manos, no se dejó amedrentar por un blader más pequeño que él.
- Escúchame bien. – Se le encaró, señalándole. – Me parece perfecto que entre Lui y tú os queráis ocupar de Free, pero lo que haya pasado entre nosotros no es asunto tuyo, ¿te ha quedado claro?
- Sí, tienes razón. No es asunto mío, ¿pero sabes una cosa? – Contestaba Valt, todavía con esa cara de enojo. – A mí el sufrimiento de Free me importa. Intento de que no aparezca gentuza como tú que sólo sabe decepcionarle. Free ya ha sufrido suficiente, y no voy a permitirte que te le acerques en una buena temporada.
- ¡¿Disculpa?! ¡Eso no puedes decidirlo tú!
- ¡Te equivocas! ¡Claro que puedo!
- ¡¿Ah sí?!
- ¡Sí!
- Ah, chicos... - Zack se acercó a ellos, intentando intervenir.
- ¡¿Y con qué derecho, eh?! – Pero era obvio que Zack era ignorado.
- ¡Pues porque...! – Valt apretó las manos, sin saber qué decir exactamente... hasta que algo cruzó por su mente. - ¡Pues porque soy la pareja de Free!
Joshua abrió los ojos, aquello era nuevo. ¿Free ya tenía un vínculo así con alguien? Una parte de él se sintió celosa, porque, ¿qué tenía Valt que no tenía él? Puede que fuera egoísta pensar que podría tener otra oportunidad con Free después de los hechos de América que tanto le afectaron. Joshua seguía molesto porque ese rubio carismático le terminara dando calabazas, olvidándose del factor que llevó a Free a hacer algo así.
- ¡Eh, Valt! – Lui abrió la puerta, viendo el panorama. No necesitó preguntar. - ¿Todavía están estos dos inútiles aquí?
- Sí, pero ya se iban. – Respondió Valt con frialdad.
- Joshua, venga, vámonos.
- ¡No quiero! – El aludido apartó la mano de Zack, el único que no buscaba problemas. – Voy a estar con Free te guste o no.
Fue todo un desafío que enfadó todavía más a Valt. Joshua pasó por su lado, pero antes de poder acercarse al cuarto de Free, se olvidó de la presencia de Lui, quien le sujetó del brazo y le empujó con tal fuerza que lo tiró al suelo. Casi fue algo intencional. Lui se cruzó de brazos, poniéndose delante de Joshua. Su postura corporal era firme.
- Valt. – El dueño de Brutal Lúinor llamó al muchacho. - ¿Puedes ir con Free? Es mejor que no esté solo.
- Sí, claro. Pero, ¿y tú?
- Yo me encargaré de sacar la basura.
Valt no insistió. Para este tipo de cosas, Lui era mejor que él, sobre todo si era para echar a la gente. Más mal le valiera pensarlo, pero Lui tenía un carácter más fuerte y más agresivo, el ideal para que cualquiera decidiera marcharse por las buenas. A nadie le gustaba conocer a un Lui por las malas. Era peor que un demonio. Valt entró en la habitación, confiando que con Lui fuera nadie les molestaría. Buscó a Free y lo encontró en la bañera, metido en agua tibia. Aquello le extrañó. ¿No era mejor con agua fría? El rubio no estaba desnudo, sino que el Dragón Blanco parecía haberse limitado a quitarle la parte inferior de su cuerpo para su mayor comodidad. Valt se dedicó a mojar la cabeza del blader, que continuaba con los ojos cerrados.
- Te vas a poner bien, ya lo verás. – Le decía a Free. – Lui y yo te cuidaremos.
El Dragón Blanco observó que Joshua se ponía de pie. El moreno era más alto, pero eso al japonés le importaba un soberano pepino. Lui nunca se había asustado por quienes eran más altos que él. Gracias a su experiencia con Free en el lenguaje no verbal, Lui pudo ver muchas cosas en Joshua. El chaval estaba tan enfadado que apenas podía contenerse, aunque parecía hacer el esfuerzo porque Free estaba en su habitación y no Joshua no pretendía montar un alboroto. Ver todas esas emociones tan conflictivas dentro del propio Joshua fue un espectáculo para Lui. Zack se mantuvo cerca, sólo por si acaso, confiando bastante más en el autocontrol de Lui que no en el de Joshua.
- ¿Y bien? – Inquirió Lui. – Creía haber escuchado que ibas a hacer no sé qué sin importar a quién le importara a no sé quién... - Decía con sarcasmo.
- Estáis disfrutando de esto, ¿no es así? – Joshua hacía un esfuerzo para no empezar a gritar.
- Hm... no sé, ¿a ti qué te parece?
- ¡Definitivamente os pondré en mi lista negra de personas no deseadas! – Saltó. - ¡¿Con qué derecho me priváis de ver a Free?!
- ¿Y con qué derecho vienes tú a verle? – Contestó, con una ceja arqueada. – Lo que ahora necesita Free es que yo saque la basura por él. Aquí empieza a oler mal.
- Tú... ¿Acaso no tienes educación? ¡Ni Zack ni yo somos una basura!
Lui miró al rubio, antes de empezar a reírse. Zack sabía que esto no tenía nada que ver con él sino con Joshua. Lui no hablaba para meterle en el mismo saco, por eso no se daba por aludido. De hecho, era él quien frenaba a Joshua. Era obvio que el moreno podría lanzarse contra Lui en cualquier momento, porque no estaba acostumbrado a lidiar con personas como el Dragón Blanco.
- Mira... señorito Burns. – Lui se rodeó de su energía, cambiando su actitud a una más hostil pero todavía pacífica. – Estoy siendo muy paciente contigo, ¿sabes? Pero no me lo estás poniendo nada fácil. – Abandonó su sonrisa por una expresión penetrante. – Te lo advierto... si no te largas ahora no me haré responsable de lo que te pueda pasar.
- ¡¿Ah sí?! ¡¿Qué tal si lo intentas?!
- Joshua ya basta. – Intervino Zack. – No te cuesta nada dejar que Free descanse. Siempre puedes verle en otro momento.
- ¡Tú no molestes!
Zack sabía que Lui no se andaba con rodeos. Esos ojos amatistas reflejaban claramente la determinación de su dueño por impedir que Joshua hiciera un paso hacia esa puerta que los separaba de Free. Zack desconocía el origen del problema, así que trataba de mejorar las cosas. Conocía a Lui de algunos años y conocía esa tendencia del Dragón Blanco de actuar de esta forma sólo por un motivo que fuera importante para su persona.
- Joshua, por favor. – Pidió Zack. – Mira, escúchame. – Se puso delante, manteniéndolo a raya. – Free está al otro lado de esa puerta. – Señaló hacia atrás. – Y está descansando. Si sigues haciendo tanto ruido, creo que Free no podrá recuperarse bien. Eso es lo que Lui intenta decirte. – Zack sabía que no era así. Lui sólo quería destrozarle ahí mismo, pero se contenía por un motivo desconocido. – Vayámonos a tomar aire fresco y enfriar la cabeza, ¿vale? Luego podrás ver a Free si te apetece.
- Pero Zack, ¿y si me necesita?
- Él no te necesita. – Sentenció Lui. – Sólo te necesitó una vez cuando estuvo en América, pero se te dio muy bien fracasar y de paso destrozar su autoestima.
- No, eso no es así. Yo nunca...
- ¡Claro que lo es, maldito desgraciado! – Lui reaccionó enfadándose. – Si estás ciego y no eres capaz de verlo ni siquiera ahora, por mí estupendo. Pero no te voy a consentir que te acerques a Free, no después de lo que le hiciste. – Le señaló. - ¿Crees que Free estuvo alegre y feliz cuando volvió de América? ¡Pobre imbécil!
Joshua tragó saliva. Algo en él empezó a sentirse mal. ¿Y si era así? ¿Y si Lui tenía razón? Free nunca lució contento de estar en América. Siempre estuvo serio, o hacía esas sonrisas tristes y forzadas que desaparecían en segundos sólo para volver a ese rostro inexpresivo. Recordó cómo en el equipo llegó a escuchar de Trad lo preocupado que estaba porque Free bajó de peso repentinamente y empezó a comer mal. ¿Y si estar en América supuso un sufrimiento tal que provocó que el rubio acabara deprimido? Eso explicaría ese extraño comportamiento.
- A... a lo mejor... - Bajó la cabeza. – A lo mejor sí que hice algo mal...
- Heh, no voy a ser yo quien te dé la respuesta. – Dijo Lui. – Sólo te diré que fuiste tú, Joshua Burns. – Le señaló con el dedo índice, como si fuera un vulgar criminal culpable de un delito. – Tú y sólo tú destrozaste su autoestima. Por eso Free se fue. Por eso se alejó de ti.
- ¡Pe- pero yo...!
- Así que si te vuelves a acercar a él... - Le interrumpió Lui sin contemplaciones. – Me aseguraré de que conozcas la ira de un dragón. – Le enseñó el puño. – No te acerques a Free. Él es mío, ¿te ha quedado claro? Y lo que es mío no se toca.
Lui miró a Joshua por última vez, como advirtiéndole de no entrar por la misma puerta que él. El moreno se quedó con muy mal cuerpo y cabizbajo, empezando a darse cuenta de que tal vez las cosas que hizo y las cosas que le dijo a Free realmente afectaron al propio Free. Su corazón latía con fuerza por el tenso ambiente que había quedado remanente por el aura de Lui, quien se había contenido para no hacer daño a Burns. Estaba claro que el Dragon Blanco se autocontrolaba lo suficiente como para decidir quién era digno de merecer su rabia y quién no, y al parecer, era alguien muy sobreprotector. Ni siquiera Zack se había esperado esa faceta posesiva del mismo Lui, al punto de considerar a De La Hoya como algo suyo.
- Eh Joshua. – Le llamó, haciendo que alzara la cabeza. - ¿Te apetece acompañarme a dar un paseo? Seguro que eso te viene bien. – Sonrió, intentando ser amable para hacerle sentir mejor.
- Sí... sí claro. – Accedió. – Venga, vamos.
Lui suspiró después de entrar por la puerta. Se tomó unos instantes para tranquilizarse. Faltó muy poco para que su enojo fuera a más y acabara pegándole un señor puñetazo a Joshua. Desde luego se lo habría bien merecido. Pero Lui tuvo consideración por Free. No tenía claro qué es lo que sentía el rubio por Joshua, por eso optó por no usar la violencia. Puede que de lo contrario no se hubiese controlado y Burns se hubiese llevado una buena paliza. A Lui le habría encantado hacerle una cara nueva. Quizá así Joshua se lo pensaría dos veces antes de acercarse siquiera a Free.
Decidió dejar eso a un lado y fue al baño. Valt estaba sentado en una silla, vigilando a Free y la temperatura del agua. El pelinegro le miró.
- No traes buena cara. – Le dijo con calma.
- Ya, bueno. – Resopló. – Echar a ese gilipollas ha sido más complicado de lo que pensé. – Dijo, acercándose a Free para poner su mano sobre la frente del joven. Fue un gesto gentil que Valt supo ver. – Parece que está mejor.
- He vaciado un poco la bañera para poner agua fría... aunque no muy fría. Como la dejaste tibia... - Se encogió de hombros.
- Has hecho bien. Gracias Valt.
- No, gracias a ti, Lui. – Eso llamó la atención del aludido. – Si no hubieras intervenido para hacerte cargo de Joshua... - Bajó la mirada. – No habría sabido lidiar con la situación. Seguro que habría terminado dándole un hostión a ese idiota.
- Bah, pues, ¿sabes qué te digo? Que tendrías que haberlo hecho. Ese gilipollas merece lo que le está pasando. Él dañó la autoestima de Free, sólo porque este tonto de aquí... - Miró al rubio. – No hizo nada para evitarlo. Si es que no tuvo que tomar esa decisión de irse a América. Pedazo de tonto. – Se acercó más a Free. – Eres un auténtico tonto, Free. Un tontaina.
- Venga, tampoco fue culpa suya. – Valt no evitó reírse un poco al ver esa curiosa escena. – Fue culpa del equipo, de todo el BC Sol, sin excluirme yo mismo. Free se fue a América porque todos dependíamos de él, y esa era una carga injusta para Free. Pero... supongo que ninguno quisimos reconocer nuestra parte de la responsabilidad, porque fue más fácil dejar que todo dependiera de nuestro capitán.
- En realidad, son cosas que pasan. – Suspiró Lui. – Todos los equipos y todos los bladers llegan a ese punto en algún momento. Siempre dependemos de alguien más para evolucionar. A veces no siempre sale bien, y creemos que avanzamos por el mal camino. Sin embargo... yo creo que pasar por eso tiene un significado.
- ¿Cuál?
- Encontrar tu propio camino. – Sentenció, mirándole directamente. – Pasar por momentos difíciles, superándolos poco a poco, te ayuda a saber qué es lo que tienes que hacer, cuáles son tus prioridades, cómo debes hacerlo y sobre todo: conocerte mejor a ti mismo.
Valt permaneció en silencio, pero bastante sorprendido. Al parecer, Lui tenía una visión muy profunda de las cosas, y su instinto le decía que Shirosagi era quien mejor entendía a Free y su sufrimiento. Al fin y al cabo, hasta hacía poco ellos estuvieron en la cima del beyblade. Valt dio por hecho que ambos pasaron por experiencias similares y eventos a nivel social muy parecidos. Recordó lo que Cristina le dijo, sobre que tal vez no pertenecían a la misma generación en el beyblade. Valt no conocía los inicios de Free como blader, salvo las cosas que Cristina le contó. Y menos aún los inicios de Lui. Y entremedias estaba la presencia de Fayna, como esa vieja rival que Free tuvo en su preadolescencia. Puede que Fayna fuera la única en haber conocido a ese Free tan joven, y la única en haber visto esa ansiedad en su estado más puro y salvaje. Una ansiedad que no había desaparecido y aunque lo hiciera, Valt tenía claro que Free no podría olvidarse de ella por las cicatrices en su brazo izquierdo que le acomplejaban de cara al mundo.
- Lui. – Le llamó. – Tú... amas a Free, ¿verdad?
El aludido no contestó. Al menos no en ese momento. Valt lo respetó. Desde que Phi apareció para dar problemas, los dos eran conscientes que poco a poco habían acercado posturas hasta el día de hoy, metidos en el baño del cuarto de Free, preocupados por él y, sin embargo, hablando como si fueran un par de buenos amigos. La confianza que empezaba a haber entre ellos podía palparse con mayor facilidad.
- A mí siempre me han visto como si fuera un diablo. – Empezó a contar Lui. – Nací en una familia desestructurada que sólo me trajo dolor, miedo y sufrimiento. No tengo padres perfectos, pero tampoco puedo decir que ellos sean mi modelo a seguir. No estoy orgulloso de ellos. – Acarició la frente de Free, en parte para saber cómo estaba su temperatura. – Entonces descubrí el beyblade y me refugié en él. En el beyblade podía distraerme, aunque no siempre me funcionaba. Cuando crecí, hubo un torneo en Japón y me topé con Free.
- ¿Eh? ¿Con Free? – Se sorprendió. - ¿Qué hacía él allí?
- Free fue acogido por la familia de Cristina, los Kuroda. Vino de visita a Japón, supongo que por asuntos familiares del padre de Cristina. – Dijo, no muy convencido. – El caso es que de alguna manera los dos conectamos enseguida. Todavía recuerdo cuando él me miró por primera vez. Fue como si... hubiese visto a través de mí. No sé, fue abrumador.
- Quién lo diría... A simple vista parece como si os odiarais el uno al otro.
- Bah, nuestra rivalidad es así. Tenemos un carácter fuerte y eso nos hace chocar a menudo. Claro que Free y yo no siempre nos hemos llevado bien, evidentemente.
- ¿Y qué fue lo que cambió eso? – Preguntó. – Cla- claro, si quieres hablar de ello. – Le atacó su inseguridad, pensando que era demasiado desconsiderado de su parte. Lui le miró.
- Me enamoré. – Contestó directamente. – Me enamoré de este tonto del culo. – Señaló a Free. – Un día me escapé de mi casa, y deambulé por la calle sin saber qué hacer. No conocía a nadie a quien pedirle ayuda, y tampoco confiaba en que nadie fuera a ofrecérmela. Sentía que todo dependía de mí, y que debía buscarme la vida. – Contaba con seriedad. – Free apareció, como de la nada. El muy hijo de puta me dio tal susto que pensé que se me iba a parar el corazón.
- Sí... entiendo cómo te sientes. Asustar es una de sus especialidades. – Valt sonrió con torpeza. – Free es como un fantasmilla. Es tan silencioso que nunca esperas que esté ahí.
- Y que lo digas. – Resopló. – El caso es que me invitó a jugar con él al beyblade, para pasar el rato. No me preguntes cómo, porque no lo sé, pero creo que se dio cuenta de que necesitaba ayuda y simplemente me ofreció a ir con él a la casa del padre de Cristina. Pude... encontrar ese apoyo que no tuve. El padre de Cristina me prometió que haría lo posible para cambiar mi situación, así que bueno. – Se encogió de hombros. – Ese tipo cumplió con su palabra.
- ¿Tan mal... estabas con tu familia?
- Era como vivir el infierno en la Tierra. Mi padre perdió su trabajo y se refugió en el alcohol. Ya te puedes imaginar el resto.
Valt sintió un escalofrío por todo su cuerpo. Lui no lo dijo directamente, quizá porque eso todavía le entristecía. Pero no tuvo que hacerlo para que el pelinegro entendiera que sufrió violencia doméstica en casa, con posibles maltratos a nivel psicológico y emocional. Japón era un país muy exigente, donde no se valoraba al individuo como tal sino que se le valoraba por lo que aportaba a la sociedad como parte de un todo unido, parte de un grupo. El padre de Lui era el ejemplo de lo que les pasaba a las personas que no encajaban en ese sistema de pensamiento. Ahora pudo entender mejor su forma de ser, sus actitudes y sus formas de hablar. Sin duda, Lui había llevado una vida dura. Y fue a través de Free que irónicamente eso pudo cambiar.
Tenía sentido que hubiera acabado enamorándose de Free.
- Entonces, ¿por qué odias tanto a Cristina?
- Yo no la odio. Lo que odio es su actitud y su manera de pensar. Fue por su culpa Valt. Ella fue quien reprimió a Free desde la infancia. Ella le ocultó la verdad de lo que le ocurrió. Eso es lo que odio. Free ha estado sufriendo a lo tonto sólo porque esa egoísta le ha tenido miedo todo este tiempo. – Dijo, notándosele enfadado por ello. – Free era más alegre cuando le conocí.
- ¿Ah sí?
- Oh, sí. No paraba de sonreír el muy cabrón. Supongo que cuando empezó a tener ansiedad fue cuando todo cambió para él. Dejaron de verle como Free De La Hoya y pasaron a señalarle y a llamarle monstruo. Y obviamente, Cristina no hizo nada al respecto.
- Puedo entender que estés... resentido con ella. Pero... llámame estúpido, pero no veo a Cristina como la culpable de absolutamente todo.
- ¿Vas a defenderla?
- Sí. – Asintió con firmeza. – Cristina es casi de la misma edad que Free, puede que dos o tres años mayor que él. Pero ella también fue una niña cuando supo todo lo de Free. Ella sólo hizo caso a sus padres, lo que ellos le dijeron que era lo mejor para Free.
- Ya, si el único que se salva aquí es el abuelo.
- ¿Conociste al abuelo de Cristina?
- Sí, claro. – Respondió. – De hecho cuando era más joven fui parte del BC Sol una temporada.
- ¿Eeeeeeeeeeeh? – Valt alucinó. - ¡¿Qué dices?!
- Lo que oyes. Pero... empecé a sentir el deseo de enfrentar a Free, por eso me fui del equipo. Quería combatir contra él fuera como fuera. – Sonrió.
Valt no fue capaz de decir nada. Vale que era sorprendente en sí que Lui le contara todo esto, pero, ¿Qué formara parte del BC Sol años atrás? Eso sí que no se lo esperó. Menudo secreto más bien guardado que tenía escondido. Pero quizá lo más impresionante para Valt fue imaginar la situación de Lui y cómo acabó conociendo a Free, ya que gracias a él su vida cambió.
Chapter 76: El Tercero En Discordia
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El cielo se había nublado tanto que comenzaba a llover. Esas finas gotas acabaron convirtiéndose en unas más gruesas y empaparon todo lo que tuvieron a su alcance. Sin embargo, un temporal así era algo que un muchacho que caminaba por la calle ignoraba. Llevaba un paraguas, casi dando vueltas por aquí y por allá. Los truenos no le asustaban y pasaba olímpicamente de aquellos que corrían para buscar un sitio en el que refugiarse de la lluvia. La suerte estaba de su lado, porque no hacía viento, de modo que no tenía que preocuparse por el paraguas. Aunque tampoco es que mojarse supusiera un problema para él.
Alzaba la vista constantemente, tratando de no perderse. Barcelona era un lugar muy grande, y a veces las tecnologías fallaban. Usaba un GPS para orientarse. Iba hacia El Astro, aprovechando que nadie le prestaría la más mínima atención. El estadio oficial del BC Sol, uno de los mejores equipos de beyblade el mundo, y el que escondía un secreto para el mundo. Pero ese secreto, casualmente, él lo conocía. Su conocimiento se remontaba a tiempos remotos, hasta conectarse con el mismísimo Dovahkiin. Nadie podría adivinar que un chaval como él, tan joven, pudiese ser tomado como una amenaza. Phi era el único que lo había descubierto... por las malas.
El Astro se alzaba ante él, majestuoso. Lo contempló con sus ojos ámbar, sumido en sus memorias de tiempos antiguos. Le costaba creer que este lugar ancestral hubiera cambiado tanto, pero al menos todavía seguía existiendo. Casi nada de lo que llegó a conocer existía en la actualidad. Templos, monumentos y estatuas acabaron cediendo ante el paso implacable del tiempo, como si Akatosh fuera quien hubiera decidido borrar toda existencia de todo aquello. Akatosh... aquel a quien él odiaba con ganas. Tenía motivos de sobra para sembrar el caos y la destrucción por allá donde pisara. No obstante sólo alguien le frenaba: Voslaarum.
Acudir a Voslaarum era una idea que no se le hacía agradable, y menos cuando Dovahkiin y Odahviin permanecían a su lado en todo momento. Pero él sabía que tendría que hacerlo. Tendría que recurrir a Voslaarum para hacerle esas preguntas que siempre le hizo en el pasado. Sin embargo, esperar a que estuviera solo era algo que comenzaba a hartarle, pero no le tocaba de otra. Dovahkiin y Odahviin juntos era algo que no podía ignorar. Esos dos podrían destruirle en cuestión de minutos.
- Veo que es cierto. – Escuchó una voz. – Estás aquí.
Cuando se giró, se quedó mudo. Reconoció a Daigo Kurogami, que se hallaba detrás de él. ¿Qué hacía por aquí? ¿Acaso el destino se burlaba de él? Puede que sin Daigo saberlo, hubiera sido enviado por Akatosh. Esa y cientos de ideas más se le pasaron por la mente. Su desconfianza no conocía límites.
- ¿Cómo has sabido de mi presencia? – Preguntó directamente.
- Se lo escuché decir a Lui. – Se encogió de hombros. – Así que me pareció adecuado ir a buscarte para hablar contigo.
- Yo no tengo nada de qué hablar con alguien como tú. – Se recolocó la gorra. – Vienes a pedirme perdón por la paliza que me diste en el instituto, ¿verdad? – Daigo abrió los ojos cuando su interlocutor reveló sus pensamientos. – Olvídalo. No estoy aquí por ti.
- Sí, eso ya lo sé. – Daigo se acercó. – Pero de todos modos te debo una gran disculpa por lo que te hice. – Dijo, haciendo que el otro inclinara ligeramente la cabeza. – En aquella época yo era una persona diferente a la que soy ahora. Cometí muchos errores e hice daño a mucha gente.
- Que te perdone o no, eso ya da igual. Lo que sea de tu vida me importa muy poco, sinceramente.
- Y entonces, ¿por qué sigues en España? – Cuestionó Daigo. - ¿Jin?
El aludido observó el cielo, del que caían las gotas de agua. La lluvia no se detenía, haciendo del silencio algo muy presente en la atmósfera enrarecida entre estos dos. Daigo no comprendía cómo alguien como Jin Aizawa permanecía en España. ¿Sería por Lui?
- Me apetecía ver El Astro por dentro. Es la primera vez que estoy aquí.
- Pero está cerrado.
- ¿Y qué? Yo puedo entrar.
- ¿Cómo que puedes entrar? – Daigo arqueó una ceja. Jin suspiró y empezó a irse. - ¡Eh, oye! ¡Espera!
Y sin más le siguió. Jin no hizo nada, casi permitiéndoselo. Daigo sentía curiosidad. ¿Qué pretendía hacer Jin? ¿Cómo iba a entrar en El Astro cuando estaba cerrado? ¿Acaso se conocería algún rincón por el que meterse? Pues no. Nada más lejos de la realidad. Lo que vio fue cómo lograba abrir una puerta usando un par de clips. No le tomó mucho tiempo, mostrando su maestría ante este tipo de cosas. Jin le miró, señalando la entrada. Fue como si le estuviera preguntando si seguiría adelante o no. Daigo se lo pensó un par de veces antes de ir detrás de Jin. Cerraron la puerta tras ellos, para no levantar sospechas de nadie.
El Astro yacía completamente silencioso en el interior. Al contrario que Daigo, Jin no hacía ruido al caminar. Los dos miraban el alrededor después de abandonar los pasillos para encontrarse en las gradas. El Astro los recibía con su majestuosidad. Jin avanzó hasta quedar en primera fila, fijándose en el límite rocoso. Apoyó su mano y cerró los ojos.
- ¿Por qué te interesa tanto estar aquí? – Habló Daigo, sin recibir una respuesta. – Sabes que no deberíamos quedarnos, ¿no?
- Has sido tú quien ha venido conmigo por su cuenta. Yo no te he obligado a venir. – Fue lo que contestó de manera fría. – Si quieres irte no seré yo quien te lo impida.
- No puedo dejarte solo.
- Poder puedes, pero no quieres. Esa es la diferencia.
- ¿Pero se puede saber qué te pasa? – Daigo puso las manos en los hombros del chico. - ¿Qué es lo que intentas hacer?
- Aunque te lo explicara dudo mucho que lo entendieras.
- No lo sabrás si no lo intentas.
Jin se quedó callado, y para Daigo fue frustrante. Ya intuía que Aizawa se traía algo entre manos y que probablemente no sería algo bueno. Podía detenerle, pero sólo si descubría el objetivo de Jin. Y era obvio que su compañero no iba a soltarle ni una palabra. Esa mente inquieta era muy perspicaz. Puede que Jin ya se hubiera percatado de sus intenciones si había sido capaz de revelarle sus propios pensamientos. ¿Acaso podía meterse en su mente así por las buenas? Joder, pues vaya violación a su privacidad mental, ¿no?
Aizawa le empujó, para apartarle. No lo hizo con la fuerza para tirarle al suelo, así que Daigo empezó a seguir de nuevo a Jin que abandonó las gradas. Kurogami no le quitó el ojo de encima, pero Jin ya estaba al tanto de su desconfianza y de todo aquello que cruzaba por su cabeza. De repente, Jin se detuvo, así que Daigo hizo lo mismo.
- ¿Sabes? – Rompió su silencio. – No me caes bien. – Jin miró de reojo a Daigo. – Las personas como tú me dais asco.
- Ya, oye, todos hemos tenido nuestros más y nuestros menos, ¿vale? No me culpes a mí si has tenido una mala vida.
- Heh, es curioso que me lo digas tú. Eras el matón del barrio, ¿no es así? – Jin se rio de forma breve. Daigo apretó las manos, reconociendo cómo la vergüenza y el arrepentimiento le atacaban desde dentro. – Pero desde que Valt apareció en tu vida, tú empezaste a cambiar. – Se giró, para mirarle directamente. – Entonces todos tus fantasmas aparecieron para torturarte. Sólo uno sigue presente, y es el que se encuentra en tu bey.
- Para el carro. ¿Cómo sabes tú eso? No es normal que sepas esas cosas sobre mí y sobre mi vida si apenas me conoces.
- Celebro que lo pienses, pero hay cosas que escapan al entendimiento humano.
Como si fuera un mensaje subliminal, cuando Jin dijo aquello, señaló el lateral de su cabeza, casi aludiendo a su mente. Daigo le observó fijamente, entrando en tensión. ¿Quién era Jin Aizawa en realidad? Tuvo claro que no podía dejarle solo. Debía descubrir sus intenciones, antes de que hiciera nada. Por eso continuó siguiéndolo, cuando Jin ya no habló más. Daigo se dio cuenta de que descendían una y otra vez por varias escaleras, algunas de caracol. ¿Qué era lo que buscaba Jin en las profundidades de El Astro? ¿qué era lo que había ahí?
Rápidamente la estructura del edificio comenzó a cambiar a medida que bajaban. Daigo vio que esta parte no la habían modificado demasiado, manteniendo las características más importantes de lo que una vez fue en el pasado: un templo. Jin abrió unas puertas grandes, y ante ellos se halló una enorme sala con fogatas y un pilar en su centro, cubierto por cristal. Para Daigo fue de lo más extraño. ¿Qué era este lugar? Sin embargo, tuvo una sensación rara, pero nada hostil.
- Lo notas, ¿verdad? – Habló Jin. – Aquí hay una energía divina.
- ¿Una energía divina? – Repitió. - ¿Qué significa eso?
- Dime, ¿te han hablado alguna vez de Dovahkiin?
- No. ¿Quién es?
- Es el hijo de Akatosh, aquel quien creó el mundo que conocemos. – A medida que hablaba, Jin se acercaba al pilar. – Hay unas fuerzas que mantienen este mundo en equilibrio, y Dovahkiin forma parte de ellas. Pero su poder era tal que lo destruía una y otra vez, de modo que Akatosh se las arregló para limitarle a través del amor y del conocimiento. – Miró a Daigo. – Creó a Voslaarum y a Odahviin para pararle los pies.
- ¿Y qué tiene que ver todo esto con este sitio?
- Pues... - Sonrió, dándole la espalda al pilar para extender de lado a lado sus brazos. – Aquí yace concentrada la energía divina de Dovahkiin. Él se desprendió de más de la mitad de su poder para evitar destruir este mundo, y le prometió a Voslaarum que no la obtendría de regreso hasta que pudiera dominarse a sí mismo, y dominar su poder. El Astro ha servido como un contenedor de contención que ha mantenido a salvo toda esa masa de energía en su estado más puro. Y no sólo eso... - Se rio. – El Astro también es un portal que distribuye toda esa energía a todo el mundo. ¿Te imaginas lo que podría pasar si alguien perturbara ese poder concentrado?
- Oh no... - Daigo se puso pálido. - ¡¿Acaso no pretenderás...?!
- Así es. – Jin puso la mano encima del pilar, como si supiera dónde estaba tocando. – Voy a devolverle a este mundo lo que se merece después de cientos de siglos de blasfemias y calumnias. – Dijo. – Haré que todo regrese al universo original, hasta que forme parte del todo y la nada.
Antes de que Daigo pudiera alcanzar a Jin, unas sombras debajo de éste surgieron y le empujaron con fuerza en dirección contraria, alejándole. Una compuerta del pilar se abrió y Jin se metió en el interior. Daigo se levantó al darse cuenta y llegó hasta el pilar. Dar golpes no le sirvió de nada. Empezó a sentir cómo el suelo temblaba cada vez de forma más violenta. El cristal brilló con fuerza, y Daigo vio algunos relámpagos. Viendo que no podría sacar a Jin de allí, se marchó de la sala con la intención de salir de El Astro para pedir ayuda. No le costó más de ocho minutos aproximadamente, pero justo en ese momento hubo un estallido. Desde el interior de El Astro, surgió un rayo azul blanquecino que llegó hasta el cielo. Acto seguido, las gotas de lluvia se convirtieron en peligrosas agujas de hielo. Daigo se vio obligado a refugiarse bajo la estructura rocosa de El Astro, debajo de la puerta.
El cielo se volvió blanco y el hielo comenzó a hacer acto de presencia. El Astro se congeló por completo. Curiosamente no afectó a Daigo, quien observó cómo la ciudad de Barcelona sufría el mismo destino que el estadio oficial del BC Sol. ¿Esto era lo que Jin buscaba hacer? ¿y si a otras personas sí les afectaba esa energía? ¿y por qué a él no? Tuvo que dejar a un lado las dudas para llegar hasta el BC Sol. No podía hacer otra cosa.
Chapter 77: El Mundo En Apuros, ¡La Luz De La Salvación!
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El hielo se expandió por toda Barcelona, pero no se limitó a la ciudad en sí misma. Los periodistas y los medios de comunicación, y muchos testigos desde los balcones de sus casas en los altos edificios, observaron cómo el mar se congelaba completamente. Era un auténtico desastre. La temperatura se desplomaba a velocidades de vértigo, pero, más sorprendidos fueron los del BC Sol que fueron los únicos quienes curiosamente se salvaron de ese destino. Fue la única zona de la ciudad que se mantuvo intacta. Valt y Lui estaban asomados en la ventana. Soplaba un aire gélido que llegaba hasta ellos, y ambos se miraron mutuamente.
- Algo muy gordo está pasando. – Dijo Valt, quien, al girarse, vio que Free se despertaba. – Eh, mira quién ha vuelto con nosotros. – Sonrió. – Hola, Free. – Se acercó. - ¿Cómo te encuentras? – Preguntó, sin respuesta.
- Espera, espera, ¿Qué haces? – Lui puso sus manos en los hombros del rubio, que trataba de levantarse. – No estás en condiciones, tienes que descansar más.
Pero Free no quería ceder. Es como si él quisiera hacer algo que ellos no comprendían. Y es que Free se percató de lo que ocurría. Desde los pisos inferiores de las instalaciones del BC Sol, llegaron algunos como Sasha y Rantaro para avisarles de lo que retransmitían por televisión. El escándalo que se formó fue tremendo. Al parecer, el planeta comenzaba a congelarse, aunque no era un hielo completamente sólido, sí que era lo suficientemente frío para provocar un caos enorme en todas partes. Valt trataba de calmar a sus compañeros, mientras Lui se quedaba ligeramente detrás de él para dejar que Free se vistiera sin que le mirasen.
- Tenemos que hacer algo. – Habló Lui cuando Sasha se marchó porque había ruido por ahí abajo.
- ¿Será cosa de Koslaram? – Preguntó Valt, haciendo que Lui se encogiera de hombros. Free se acercó a ellos.
- Ahora que lo recuerdo, Phi fue atacado por alguien. – Dijo el Dragón Blanco. – Tal vez haya sido esa misma persona.
- Sí. Necesitamos información. A lo mejor si llamo a Wakiya...
- ¡Eh, chicos!
Zack les sorprendió con su aparición. Menos mal que no vino con Joshua. El chico había subido corriendo las escaleras, de modo que ahora respiraba agitado. Free era el único a quien no parecía importarle nada lo que ellos dijeran, porque se le notaba más inquieto que al resto.
- Todo el planeta se está congelando, ¡Nadie sabe por qué!
- He sentido que la energía proviene de El Astro. – Lui miró a Valt y éste a Free.
El rubio abrió los ojos y echó a correr sin poder permanecer ahí por más tiempo. Los tres le llamaron, pero De La Hoya no se detuvo. Lui y Valt fueron tras él, dejando a Zack confuso, pero él también empezó a correr por si necesitaban su ayuda, por poca que fuera. A pesar de que Free todavía requería de un descanso, continuaba siendo rápido. No tardó nada en abandonar el BC Sol, ignorando la voz de Cristina que le vio irse a toda prisa como a Valt y compañía.
- ¿Y a esos qué les ha picado ahora? – Protestaba Sasha. – En una situación como esta y se largan...
- No lo sé. – Suspiró la dueña del equipo de beyblade. – Pero a lo mejor... - Llevó su mano al pecho. – Intentarán hacer algo.
Sasha no pudo comprenderlo, y no intentó preguntar más. Era obvio que Cristina estaba igual que ella: no sabía nada. El resto de miembros del BC Sol se habían reunido en el comedor donde se las apañaron para enchufar una televisión. Hasta Anch estaba presente, con Honey y Kitt cerca de ella. Los niños parecían algo asustados, temiendo que ese hielo pudiera llegar hasta ellos. En la pantalla explicaban que extrañamente la propiedad privada del BC Sol que abarcaba hasta el bosque era el único lugar intacto. Cristina supo que tendría cosas que hacer, así que se puso manos a la obra. Tal vez fueran a llamarla para pedirle ayuda solidaria. Era una situación de emergencia.
Correr por la ciudad de Barcelona nunca fue tan difícil. Había hielo por todas partes, incluso debajo de sus pies. Valt ya se había tropezado más de una vez, pero Free ni siquiera se preocupó por él ya que continuó adelante y terminó dejándolos atrás. Zack ayudó a Valt a ponerse de pie, asegurándose de que estuviera bien. Lui también se alejó de ellos, aunque se había parado a unos cuantos metros, esperándoles. Fue un gesto que Valt agradeció.
- ¿Cómo demonios se ha formado tanto hielo de la nada? – Preguntaba Valt, corriendo poco a poco.
- No tengo la más mínima idea. – Contestaba Lui. – A lo mejor podremos averiguarlo cuando lleguemos hasta El Astro.
- Pues Free parece tenerlo muy claro. – Añadió Zack.
- Él tiene más contacto con Akatosh que con nosotros, puede que sea por eso.
Aquello tenía sentido. Desde que había estado en la UCI y salió del hospital, sin poder hablar, Free había comenzado a actuar de un modo extraño, al menos Valt así lo interpretaba. Como aquel baño que le preparó, viendo el miedo que había en el interior de Free, como si alguien realmente le estuviera haciendo daño. Pero obviamente, ese alguien no podía ser Akatosh.
De repente comenzó a nevar. A ninguno le sorprendió después de ver cómo la ciudad se congelaba. Si hasta el mar se había convertido en una llanura transitable, que, sin embargo, no invitaba a nadie a pasar por encima. Cualquiera temía que ese hielo se rompiera y acabara congelado o muriendo por hipotermia. La clave era El Astro, donde todo comenzó desde allí.
- ¡Eh, chicos! – Alguien les llamó y Valt se detuvo, reconociendo automáticamente esa voz.
- ¡Daigo! – Exclamó alegre. - ¡Menos mal que estás bien!
- Eso digo yo... - Respiró agitado por haber estado corriendo. – Ha pasado algo malo, ¡Muy malo!
- Cuánto lo siento, no lo sabíamos. – Respondió Lui con sarcasmo. – Dinos algo que no sepamos. – Se cruzó de brazos.
- ¡Es Jin! – Los miró cuando alzó la cabeza, extrañándolos. - ¡Jin es quien ha hecho todo esto! ¡No sé cómo ni por qué! ¡Empezó a decir cosas muy extrañas y...!
- ¿Jin? – Lui arqueó una ceja. – Pensaba que ese desgraciado ya habría vuelto a Japón.
- Pues no. Al parecer se ha quedado en España.
- ¿Le conoces? – Valt miró a Lui.
- Se podría decir que sí. Fue el que me ayudó a... olvídalo, es una historia muy larga. – Resopló. – Pero, ¿Qué tiene que ver Jin en todo esto?
- Me encontré con él delante de El Astro, y aunque estaba cerrado, Jin se las apañó para entrar. – Un dato que a Lui ya le era familiar. Seguro que ese chico problemático habría aplicado su «toque Jin». – Para ser la primera vez que veía El Astro, se lo conocía demasiado bien. – Contó Daigo. – Acabamos... como en una sala subterránea en la que había un pilar de cristal. Jin dijo que había... una energía divina o yo qué sé el qué, el caso es que...
- No puede ser. – Le interrumpió Lui, que se acercó a Daigo, cogiéndole de la ropa. - ¡¿Me estás diciendo que ese imbécil ha decidido meternos en este follón?!
- Creo que eso era evidente desde el principio... - Se reía Zack, recibiendo una mirada asesina que le hizo callar. – Estamos en un buen lío. – Lui soltó a Daigo.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? – El pobre de Valt se sentía perdido, pero vio la alarma en los ojos amatistas de Lui.
- Es él. – Dijo, desconcertando al chaval. – Ha vuelto.
- Creo que no te estoy pillando.
- Aquel de quien Akatosh nos advirtió. El vacío.
Eso bastó para que Valt lo entendiera de una sola tirada. Daigo y Zack se miraron entre sí, sin comprenderlo mucho. Pero Lui no quiso dar más explicaciones y empezó a correr. Los demás le siguieron. Para Valt eso era nuevo. ¿Jin Aizawa era el enemigo de quien Akatosh les habló a Lui y a él? Quién lo diría. Ese chaval no tenía pinta de ser alguien peligroso con quien tuvieras que andarte con ojo. No daba esa sensación. Sólo era una persona extraña que se salía de todos los parámetros establecidos por la gente a través de los estereotipos. Jin no se ajustaba siquiera a algo «normal». Precisamente era lo que le dijo a Daigo. Jin iba más allá de la comprensión humana.
Por fin llegaron hasta El Astro. Para Valt fue un shock ver el estadio oficial del BC Sol completamente congelado. Se notaba que había sido aquí donde se había originado todo el caos que se expandía por el planeta como el mismo hielo. Valt intentó llamar a Free, pero Lui le tapó la boca.
- Tenemos que ser prudentes. – Habló en voz baja. – Ya sabes lo que pasa en las películas: nunca hay que saludar cuando un lugar es tan hostil.
Aquello le dio gracia a Valt, que asintió. Sin embargo, sintió una sensación y desconcertando a sus compañeros, se dirigió hacia las gradas. En ellas estuvo buscando algo, casi a ciegas. Zack miró a Lui, tratando de hallar respuestas, pero el chaval sólo se encogió de hombros. Valt se acercó al límite de las gradas, apoyándose con las manos. Justo en ese momento una voz sonó en su cabeza:
«Voslaarum... ¿Qué significado tiene este mundo? ¿Por qué Akatosh lo creó? ¿Y por qué lo amas tú?».
De alguna manera él conocía esa voz. No era la de un adolescente. Tampoco parecía... humana. Era una voz grave, aunque un tanto estridente. Llevando su mano al pecho, empezó a cuestionarse cosas como la identidad de aquello que le hubiese dejado ese mensaje. Lui le devolvió a la realidad cuando tocó sus hombros. Estaba relativamente cerca de él.
- Tenemos que seguir, Valt. – Escuchó.
- Sí. Lo siento. Me he quedado traspuesto.
Lui le analizó con sus ojos, intuyendo que había algo que Valt no quiso compartir con él en ese momento. Supuso que por la situación que ahora tenían entre manos. Asintiendo con la cabeza, los dos abandonaron las gradas junto a Zack y Daigo, este último guiándoles hacia Jin, aunque no era tan necesario. Lui y Valt recordaban este lugar, y su aspecto desde tiempos ancestrales. Era el conocimiento que habían ido acumulando de varias vidas pasadas. Ellos seguían siendo Odahviin y Voslaarum. Sin embargo, Lui todavía no entendía el motivo de su propia existencia. Dovahkiin nunca pudo darle la respuesta, y Akatosh jamás se puso en contacto con él... salvo en su vida actual. ¿Por qué? Eso era precisamente lo que Lui quería saber.
Bajaron por unas cuantas escaleras, algunas de ellas de caracol. A Zack le sorprendió ver cómo la estructura del edificio cambiaba según descendían. Para Lui y para Valt fue algo parecido a sentirse en un sitio conocido, algo parecido a sentirse en casa. Este sitio fue el refugio de ambos desde hacía mucho tiempo atrás, y cuando se miraron entre ellos no sólo lo supieron, sino que también se sintieron conectados entre ellos. Un vínculo ancestral todavía los mantenía unidos, y a su vez, los entrelazaba directamente con Dovahkiin y con Koslaram.
No obstante, el hielo les traicionó, haciéndoles rodar hacia abajo. Fue doloroso, y muy desagradable. Zack y Daigo estuvieron bien. A Lui le sorprendió verse encima de Valt, ¿Acaso le habría abrazado con la intención de protegerle de los golpetazos? Hubo cierta tensión entre ellos cuando se miraron el uno al otro, aunque Valt terminó sonriéndole.
- Espero que no te hayas hecho daño, Lui. – Fue lo que le dijo. El aludido frunció el ceño, sin comprender el subidón de vergüenza que le atacó y que se reflejó en su cara, ligeramente roja.
- Que sí, lo que sea. Venga, continuemos. – Se apartó automáticamente, aunque la risa de Valt crispó sus nervios.
Ni Zack ni Daigo comprendieron la situación, pero Kugorami continuó guiándoles hasta que llegaron a la sala que les mencionó antes. El hielo estaba presente en cada rincón y daba una imagen hostil y peligrosa. Eran como grandes agujas que podrían atravesarte en cualquier momento. En el centro, se hallaba el pilar, completamente iluminado. Ahí estaba Free que trataba de abrirlo con su energía, pero el pilar no cedía ni un poco. Valt y Lui corrieron hasta él.
- ¿Cómo demonios se ha metido Jin ahí dentro? – Preguntaba Lui. Free no pudo responder, por mucho que quisiera.
- Parece que hay un botón secreto. – Valt miró un punto del pilar, ligeramente más hundido. – Lo que no sé es por qué se ha metido dentro.
- Quizá porque fue aquí donde Dovahkiin selló más de la mitad de su poder. – Pudo contar Lui, haciendo gala de unos conocimientos que Valt no sabía que él tenía. – Lo que no entiendo es por qué le interesa ese poder. – Se encontró con los ojos de Free, casi como si el rubio se lo explicara, pero sin hacerlo.
- ¿Y si tiene algo que ver con que sea el vacío? – Habló Valt, sacándolos a ambos de sus pensamientos. – Puede que hasta haya sido él quien atacara a Phi, pensadlo.
- Eso tendría sentido.
Pero Lui sentía que algo se le escapaba. En sus vidas anteriores conoció a ese tercer enemigo que surgió de la separación de Koslaram y Dovahkiin cuando formaron un solo ser en aquel universo primitivo, pasando a ser un tabú para el mundo. Una entidad que nunca debió existir, la primera de todas que formó parte de este mundo casi burlando la voluntad del mismísimo Akatosh. Ese era el vacío. Y ahora había regresado en calidad de enemigo, lo cual no eran buenas noticias. Lui sabía lo peligroso que era, ya que Jin lo acababa de demostrar congelando el planeta entero. Entonces una idea pasó por su cabeza: ¿Y si el ataque contra Phi fue por un motivo especial? Lui había observado que Free pudo absorber parte de la oscuridad de Phi cuando éste se descontroló, así que, ¿Por qué con Jin habría de ser distinto? Técnicamente, Jin era la tercera fuerza principal del universo, la única que había sido completamente negada. Puede que por eso Jin estuviera tan enfurecido por ello. El mundo le había odiado prácticamente desde el inicio.
Usando sus energías combinadas, nada parecía cambiar. Jin usaba el poder concentrado de Dovahkiin para contaminarlo con el suyo y cambiar sus propiedades, eso sin descartar la posibilidad de que Jin hubiera absorbido parte de ese poder. Si eso era así, y además ya poseía el de Phi... Fue una idea escalofriante para el propio Lui. ¿Qué era lo que pretendía hacer Jin esta vez?
- ¡Ah! – Los tres fueron alejados del pilar por el poder concentrado que había en el interior del mismo.
- ¿Estáis bien? – Zack se acercó a ellos.
- No tiene buena pinta. – Dijo Daigo, al lado de Valt.
Los tres se levantaron. Free puso mala cara, culpándose a sí mismo. Era su poder. Era algo suyo, así que debía de hacer algo... ¿pero el qué? Ignorando la charla de Valt con el resto, Free se acercó al pilar, llamando la atención del resto. Era inmune a su propio poder, de modo que aquel rechazo previo fue cosa de Jin. Puso la mano en el pilar, cerrando los ojos.
- Espera, Free. ¿Qué estás haciendo? – Preguntaba Valt, que intentó acercarse, pero Lui le detuvo cogiéndole del brazo.
- No. Quieto.
- Pero Lui...
- Déjale hacer. Sea lo que sea... - Contempló al rubio. – Tenemos que dejar que intente lo que sea que esté haciendo.
El pelinegro no pudo objetar nada. Sólo lució preocupado por Free. A medida que el rubio concentraba su energía, empezó a haber un choque con la que había en el pilar. Era la de Jin, que trataba de rechazarle. La presencia de relámpagos y temblores se hizo muy presente. Lui era consciente del riesgo. Ahora mismo, a Free le podía pasar cualquier cosa. Pero no le sorprendía ver esa faceta de nuevo. Free nunca había tenido miedo de sacrificarse a sí mismo por aquello que era importante para él. El rubio lo sabía: todo lo que él amaba estaba en peligro. Por ello, se esforzaba por protegerles a ellos, al BC Sol, y mantener una promesa del pasado.
Los relámpagos rodearon a Free, que no retrocedió en ningún momento. El chico continuó concentrando su energía, intentando llevarla al máximo. No se trataba de destruir el pilar, sino de obligar a Jin a salir del mismo, porque también estaba sometido a mucha presión. Se escuchó un ruido desde el exterior, más allá de los muros de El Astro. Zack y Daigo observaron el techo, sin saber qué era, pero Lui y Valt abrieron los ojos. Pudieron reconocer la presencia de Akatosh.
Desde alguna parte surgió una luz dorada que se mezcló con la de Free. Eso pareció darle una ventaja aplastante ya que el pilar terminó abriéndose y la energía de su interior se encargó de hacer salir a Jin de muy mala manera. El chico acabó chocándose de espaldas contra una pared. Lui y Valt intentaron ir a por él, pero qué sorpresa que Daigo se puso de por medio mientras Free entraba en el pilar bajo la atenta observación de Zack.
- ¡Alto! – Daigo tenía los brazos extendidos de lado a lado. Jin también estaba confuso al verle hacer eso.
- ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Apártate, idiota! – Exigía Lui. Daigo negó con la cabeza.
- Si pensáis hacerle daño, entonces olvidadlo. – Contestó. – Sé que nos ha puesto a todos en peligro, pero pienso que actuar con más violencia no nos llevará a ninguna parte.
- ¡¿Pero tú eres imbécil o qué?!
- Daigo tiene razón. – Habló Valt. – Creo que... podemos darle una lección a Jin sin tener que hacerle nada.
- Por su culpa el caos está por todas partes, eso sin olvidar que el planeta está congelado. – Señalaba Lui a Jin. - ¡No podemos dejar que se vaya de rositas como si nada hubiera pasado!
- Ya lo sé, Lui. – Respondió Valt. – Pero...
Entonces la sala se iluminó completamente de luz dorada, haciéndolos callar. Jin miró hacia arriba, mirando las partículas de luz que se movían de un lado a otro. El hielo empezó a desaparecer rápidamente y unas ondas doradas atravesaban los muros de El Astro sin causar daños, expandiéndose por toda la región y más allá. Un rayo de luz fue disparado hacia el cielo, volviéndolo a la normalidad. Duró un rato, hasta que el pilar se abrió para dejar salir a Free que se desplomó en el suelo. Lui y Valt corrieron hacia él, siendo el pelinegro quien lo sostenía.
- Eh, Free. – Lo llamó.
- No sé cómo lo has hecho, pero lo has conseguido. – Dijo Lui.
- Free, ¿Estás bien?
Los dos vieron preocupados cómo el rubio cerraba los ojos y su cuerpo se convertía en un peso muerto. Ambos intercambiaron miradas antes de dirigirlas hacia el pilar completamente cerrado y que parecía volver a funcionar con la misma normalidad que antes.
Chapter 78: Narcolepsia
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Habían tenido que regresar al BC Sol, donde además, encontraron a muchas personas allí que no eran parte del equipo. Cristina les tuvo que explicar la situación a raíz del repentino congelamiento global, casi como si hubiera habido una Edad de Hielo que se había detenido. Ni a Lui ni a Valt les hizo mucha gracia. Ellos vigilaron a Free desde que lo tumbaron en la cama de su cuarto, contando con la ayuda de Zack y Daigo para llevarse a Jin, aunque éste no quisiera. El rato que llevaban ahí, sentados en una silla cada uno, fue prolongado. Esperaron a alguna reacción por parte del rubio, pero las horas pasaban y no la había.
Zack llamó a la puerta, así que Lui le abrió.
- ¿Puedo pasar? – Pidió. El Dragón Blanco se hizo a un lado, a modo de respuesta antes de cerrar tras el rubio. - ¿Cómo está?
- Sigue igual. – Valt se encogió de hombros. – Es como si estuviera profundamente dormido, pero algo me dice que no lo está.
- ¿Y no será que Jin le ha hecho algo? – Zack miró a Lui.
- No hay forma de saberlo.
- ¿Ni siquiera usando vuestras energías? – Esa idea fue algo que no se plantearon ninguno de los dos. – Tenéis que intentarlo.
Se sintieron estúpidos. ¿Cómo no lo pensaron antes? Valt fue el primero en intentarlo, concentrándose. Un aura azul con pigmentos de oro rodeó su cuerpo y se extendió por el de Free. Lui y Zack aguardaron, confiando en que eso pudiera ofrecer alguna respuesta. Era cuestión de tener paciencia, porque no se podía hacer deprisa y corriendo. Valt consiguió conectarse con la energía de Free y abrió los ojos, con mala cara. Lui no lo pasó por alto.
- ¿Qué pasa, Valt? – Preguntó, sin poder contenerse.
- Su energía no está fluyendo. – Alzó la cabeza.
- ¿Qué? ¿Estás seguro?
- Completamente.
Lui se acercó para comprobarlo, haciendo que Valt se apartara. Ninguno sabía qué podía pasar si ambos trataban de conectarse con Free a la vez. Optaron por la prudencia. Observar cómo Lui se ponía tan cerca de Free, despertó parte de los celos de Valt, quien tuvo que dejar eso en un segundo plano porque no era el momento. Así como él, Lui reaccionó de la misma forma.
- Es verdad. No está fluyendo.
- ¿Y... eso es malo? – Se atrevió a preguntar Zack.
- Si la energía no fluye significa que hay un problema importante. – Contestaba Lui. – A lo mejor es verdad... Puede que Jin le haya hecho algo.
- Tenemos que ir a buscarle.
- No. Alguien tiene que quedarse. Si la energía de Free no fluye, tendremos que pensar en alguna manera para que lo haga.
- ¿Y cómo?
- Puede que si vuestra energía es compatible con la suya... - Zack lo dejó caer.
- En ese caso tienes que hacerlo tú, Valt.
- ¿Quién, yo? – Se señaló a sí mismo, mirando a Lui que asintió con la cabeza. - ¿No prefieres hacerlo tú?
- No. Mi energía es más agresiva, podría perturbar la de Free. Puede que no me guste, pero tengo que admitir que Akatosh te creó precisamente para el bienestar de Free con respecto a este mundo. – Dijo, sin importarle si Zack lo escuchaba. – Tiene sentido pensar que tu energía está diseñada para mantener a raya la de Free y eso sólo significa que eres el único que puede ayudarle en estos momentos.
- Vale, pero, ¿Cómo se supone que lo voy a hacer?
- Si sabes cómo fluye tu energía por tu interior, tendrás que hacerte una idea para hacer fluir la de Free de la misma manera. – Contó. – Y tú te vienes conmigo a buscar a ese desgraciado. – Señaló a Zack.
- Cualquier cosa avísanos, eh, Valt.
- Sí, claro.
Se quedó solo con De La Hoya en un abrir y cerrar de ojos. Valt se concentró de nuevo para intentar visualizar su energía y seguir las indicaciones de Lui sobre cómo hacer fluir la de Free. Debía ser cuidadoso, ya que la energía de Free era diferente, obviamente. Se acercó al blader, a una escasa distancia física al punto de tocar su frente con la del otro. El cuerpo de Free estaba a la temperatura que tanto lo caracterizaba, por eso Valt supo que estaba bien. Su energía reaccionó con la de Free, de modo que la usó para moverla desde el interior del rubio. Confiaba que esto funcionara.
Lui había bajado varios pisos de las instalaciones del BC Sol. Por mucho qué, era completamente incapaz de localizar a Jin y eso le extrañaba, y al mismo tiempo le frustraba. Siendo la tercera fuerza principal del universo, en teoría tendría que poder hacerlo. ¿Pero por qué no era así? ¿Acaso... acaso la energía de Jin era tan diferente? ¿Hasta qué punto? ¿Y por qué motivo? Zack le seguía de cerca, hasta que, como el Dragón Blanco, oyeron un par de voces que reconocieron bastante bien. Siguiéndolas, llegaron hasta el campus donde encontraron a Daigo discutiendo con Jin por una banalidad. Al parecer esos dos ya se conocían de algunos años.
Viendo la situación, Lui comprendió que Daigo trataba de arreglar algo con Jin, como si le hubiese hecho algo en el pasado. Zack se acercó, saludándolos. Automáticamente Jin localizó a Lui, a varios metros de ellos. Hubo una atmósfera hostil por la actitud de ambos.
- ¿Interrumpo algo? – Preguntaba Zack.
- Intentaba convencer a este cabeza hueca de hablar las cosas, pero no quiere escucharme. – Contestó Daigo. – Por más que insisto es como hablarle a una pared.
- Pues tendrás que dejarlo para otro momento. – Escuchó la voz de Lui. – Ese desgraciado tiene que venir conmigo.
- Vaya, cuánto cariño me has cogido de repente. – Decía Jin.
- Has tratado de matarnos a todos con esa idea genocida de congelar el planeta entero. Es lo más lógico.
- Ya... bueno – Jin se encogió de hombros. – Alguien como tú no lo entendería... ¿o puede que sí?
- Déjate de gilipolleces y mueve el culo, necesito hablar contigo.
- ¿Sobre qué?
- Sobre tu poder. – Le señaló. – Free no es capaz de despertar. Su energía ha dejado de fluir, y sé que eso sólo puedes decírmelo tú como el causante de todo este problema.
Jin se quedó callado. Se olvidó por completo de la presencia de Zack y de Daigo, los cuales estaban un poco perdidos. ¿Qué era lo que Jin le había hecho a De La Hoya exactamente? Sin embargo, los pilló desprevenidos cuando Jin se desplomó en el suelo. Daigo se acercó automáticamente, llamándolo. Lui fue el único que se mantuvo en su postura, desconfiado. Pese al esfuerzo de Daigo, fue inútil. No hubo forma de despertar a Jin. Zack se acercó, y al igual que Kurogami, confirmaron que Jin sólo se había dormido de forma repentina. Ambos se miraron, completamente extrañados.
- ¿Qué hacemos? – Preguntó Zack. - ¿Lo llevamos a algún sitio?
- Sí, claro. – Contestaba Lui. – Donde yo le tenga bien vigilado. Ya no podemos fiarnos de ese desgraciado.
Después de lo que Jin había hecho, a ninguno le extrañaba que Lui se mostrara así de agresivo. Habían descubierto que Jin no era alguien completamente fiable, pero tal y como Daigo y Valt lo creían, Jin debía de tener sus propios motivos y sólo era cuestión de descubrir cuáles eran. Daigo recordó las palabras de Jin antes de meterse en ese pilar. Sólo lamentaba que ahora De La Hoya estuviera en tal situación. ¿Qué es lo que le habría pasado exactamente?
***
Cuando se despertó, se halló en una habitación. Se quedó sentado tras comprobar que fue tumbado en la cama. A su lado reconoció a Daigo que acabó durmiéndose. Justo por la puerta vio aparecer a Zack con un zumo en la mano. Iba al lado de Joshua Burns, al que claramente Jin no conocía.
- Por fin te despiertas. – Dijo Zack, con una sonrisa. - ¿Cómo te encuentras?
- ¿Este es el chico que ha causado todo el desastre? – Joshua estaba sorprendido. ¿Cómo un chaval tan... delgaducho como Jin fue capaz de crear semejante caos?
- Sí, se llama... ¿Jin? – Miró al pelinegro.
- ¿Quiénes sois vosotros? – Habló el aludido.
- Yo me fui para relajar un poco a Lui. Al parecer está enfadado contigo.
- Bueno enfadado... yo diría que furioso. – Añadió Joshua. – Pero me cuesta creer que alguien como tú haya hecho lo que ha hecho.
- ¿Qué es lo que te ha pasado antes? – Zack se sentó en la orilla de la cama. – Te dormiste así por las buenas, sin avisar.
- Ah, ¿Eso es lo que me ha pasado? – Jin alzó las cejas. Los otros dos asintieron con la cabeza.
- A Daigo le has asustado. – Miró a Kurogami, todavía echando la mona. – Parece que se preocupa mucho por ti.
Jin no comentó nada al respecto. Desde que se había topado con Daigo delante de El Astro, el chaval no le había dejado en paz. Es como si quisiera ganarse su perdón sí o sí, lo cual le resultaba extraño. Jin no tenía costumbre de recibir tanta atención por parte de alguien. Si bien, todo el mundo le ignoraba, o actuaba como si no existiera. Él ya se acostumbró a ese sentimiento. El ser humano actuaba así frente a algo que no entendía, y para qué engañarse... Jin sabía que él se salía de todos los parámetros, convirtiéndose en algo anormal, casi en un tabú. Ese mismo tabú con el que cargó gracias a Akatosh. Menudo dios tan hipócrita.
- Tengo narcolepsia. – Dijo Jin directamente, rompiendo el silencio.
- ¿Narcolepsia? – Repitió Joshua. Era evidente que no comprendía el significado de esa palabra.
- Una enfermedad del sueño.
Reconocieron al instante esa voz. Vieron que era Lui. Ninguno notó su presencia. Jin inclinó la cabeza, poniendo mala cara. Justo en ese momento, Daigo se despertó, rascándose los ojos medio dormido. La presencia del Dragón Blanco enrareció el ambiente, que al menos no se puso tenso. Al parecer, Lui estaba más tranquilo y eso se notaba. Zack podía percibirlo, del mismo modo que percibía la desconfianza de Lui hacia Jin pese a que ambos eran amigos... o eso creía.
- ¿Por qué no me lo has dicho antes? – Fue lo primero que soltó Lui, observando fijamente a Jin. - ¿Por qué no me has contado tu relación con este mundo?
- Porque no lo ibas a entender hasta que no despertaras como el ser que eres.
- Así que me conoces.
- Sé quiénes sois todos vosotros. – Lui entendió perfectamente ese plural. – Pero vosotros no sabéis quién soy yo.
- Estoy convencido que Free ya debe de saberlo.
- ¿Ah sí?
- Sí. – Respondió con firmeza. – Sé que él está en contacto constante con Akatosh.
- Akatosh. – Se rio Jin. – Vaya un dios más patético. Todo un farsante.
Ninguno comprendió aquello. Ni siquiera Lui. Lo único en lo que pensaba Shirosagi era que tal vez Jin odiaba a Akatosh porque éste negó su existencia y la convirtió en un tabú, o al menos eso fue lo que le contaron de él al respecto. Esa existencia que nació burlándose de la voluntad de Akatosh, surgiendo de la nada. Entonces una idea pasó por la mente de Lui: ¿Y si no fuera así? ¿y si Jin tuviera su origen? Puede que no estuviera tan equivocado. Puede que ese origen fuera más allá de la misma existencia de Akatosh. ¿Pero era eso algo posible? ¿Había algo más allá de Akatosh?
- Creo que deberías contarnos por qué has hecho lo que hiciste en El Astro. – Habló Daigo, inesperadamente.
- ¿Y por qué tendría que hacerlo? – Aquella respuesta mosqueó a Kurogami.
- ¿Quizá porque has sido tú quien nos ha metido a todos en este lío? – Contestó. – Vamos, piénsalo. ¿Qué beneficio sacas con congelarlo todo? Tú también vives en este mundo.
- ¿Y qué te hace pensar que soy parte de este mundo? Ni siquiera tengo un motivo para amarlo al contrario que vosotros. Por mí este mundo puede irse al infierno con todos vosotros juntos, no os echaría de menos a ninguno.
- Será mejor que cooperes con nosotros, Jin. – Sugirió Daigo. – Algunos de los que estamos aquí podrían intentar hacerte hablar por la fuerza.
- ¿Eh? ¿Qué significa eso? – Preguntó, un tanto molesto por haber oído eso. - ¿Insinúas que vas a darme de hostias para que os cuente lo que sé? Entonces... - Empezó a darse golpes en la mano, mirando directamente a Daigo. – Atrévete si es que tienes cojones. No me das miedo, ni tú ni ninguno de vosotros. – Decía, cabreando a Daigo.
- Sólo intentamos hacer esto de manera pacífica, pero no lo estás poniendo fácil. – Daigo se contenía, sorprendiendo en parte a Jin.
Lui suspiró.
- La vida de Free puede estar corriendo peligro. – Habló Shirosagi entonces para dar seriedad al asunto después de esa conversación que para él era completamente absurda. – Su energía ha dejado de fluir y Valt se está ocupando de ello. No sé por qué ha ocurrido, pero sospecho que tu poder es lo que lo ha provocado. – Contó. – Este mundo depende de la existencia de Free, así que más te vale cooperar.
Jin puso mala cara al mirar a Lui. Era obvio, para él, que con Odahviin las bromas eran muy escasas. Ahora mismo, Odahviin no estaba negociando ni mucho menos. Estaba mirando por el bienestar de este mundo, haciendo gala de aquello que representaba: la sabiduría y su inteligencia para la guerra. Ese antiguo dragón invicto en cada conflicto bélico.
- Por favor, Jin. – Pidió Zack. – Nosotros quizá podamos... no sé, ayudarte en algo. Lo que sea. Pero si Lui tiene razón y una vida depende de ti, por favor, ayúdale.
- Yo no gano nada con vosotros dándome la lata. – Fue lo que contestó el aludido. – Vosotros protegéis este mundo, ¿no? Pues yo no quiero protegerlo, sino destruirlo.
- ¿Por qué ibas a querer algo así?
- Porque este mundo no es el mundo al que yo pertenezco. Quiero volver a mi hogar, pero este mundo no puedo llamarlo hogar.
Desde luego esas palabras fueron confusas para todos los presentes, excepto para Daigo. Él recordó lo que Jin dijo en El Astro, antes de liarla de esa manera. ¿A lo mejor tenía alguna relación? Dirigió su vista hacia Lui, quien captó enseguida el mensaje gracias a su capacidad con entender el lenguaje no verbal. Y luego insultaba a Free por no comunicarse como una persona normal. Sin embargo, Lui también se dio cuenta de que Jin estaba al tanto de lo que hacían. Las habilidades que poseía Aizawa todavía eran un completo misterio para el propio Lui.
- Aunque os dijera algo, no serviría de nada. – Jin bostezó. Empezó a sentirse adormilado. – Free... no se despertará...
- ¿Cómo que no lo hará? – Aquello alarmó a Lui.
- La ener... gía de...
Y sin más, Jin volvió a dormirse. Daigo tuvo que sujetarle para que no se cayera de la cama. Eso los dejó a todos con la palabra en la boca. Ahora estaban peor que antes. Fuera lo que fuera, Jin parecía ser el único que podría ayudar a Free.
Chapter 79: Una Llegada Inesperada En España
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Dos semanas después...
El aeropuerto era más grande de lo que pensó. Se las había apañado para volar hasta Francia gracias a un conocido que ahora iba con él. Observando de lado a lado, lo único que Aiger veía era gente y más gente. ¿Qué se supone que tenía que hacer ahora? ¿Cómo iba a saber dónde estaba Phi si ni siquiera estaba convencido de que siguiera en Francia? Esas y muchas más dudas acabaron por hacerle enfadar y gritar como un poseso, llamando la atención de los que iban y venían. Su compañero aprovechó la ocasión para comprar algo a lo que hincarle el diente antes de acercarse a Aiger una vez que el muchacho terminó de hacer escándalo. Menuda forma de evitar pasar vergüenza ajena.
- Se supone que me ibas a echar una mano. - Protestaba el joven de pelo castaño recogido en una alta coleta.
- ¿Y no lo estoy haciendo? - Contestó con ironía.
- Tú eres el de los planes.
- Uh, ah... es verdad. Caray, qué despiste...
- ¡¿Pero es que acaso se te había olvidado?! - Aiger alzó la voz, perdiendo la paciencia.
- Mmm... Aiger. - Le llamó, antes de soltar una risilla. - ¿De verdad quieres que te responda a eso?
- ¡AAAAAAAAAH! ¡NO TE SOPORTO! - Terminó estallando. - ¡Muy bien! ¡Ya me buscaré yo la vida!
- Como si eso fuera a ser tan fácil...
Los dos caminaron por el aeropuerto de Francia. Daba la impresión de que el colega de Aiger simplemente seguía al joven para ver qué es lo que éste haría, y, de mientras, le tocaba un poco las narices. El castaño daba vueltas por aquí y por allá, haciéndose un lío y perdiéndose en el proceso. Que el planeta se congelara y estuviera volviendo a la normalidad catorce días después no era precisamente alentador. Muchos vuelos se cancelaron cuando ocurrió, de modo que muchas personas todavía estaban organizándose, así como muchas empresas y sus servicios. Ya era un milagro que hubieran podido dejar Japón sin pensar en las consecuencias. O al menos Aiger no las tuvo en cuenta siquiera.
- Oye, Aiger. - Habló el mayor de los dos. - Estaba pensando... - Llevó su mano al mentón, mientras las escaleras mecánicas hacían su trabajo. - ¿Phi no mencionó que iba a destrozar a a no sé quién en España? - Soltó, casi dejándolo caer.
Aiger se quedó parado mientras las escaleras los subían a ambos sin que ellos tuvieran que hacer el esfuerzo. Miró a su compañero, albino, antes de caer en la cuenta. ¡¿Cómo pudo ser tan idiota?! ¡Claro! ¡Eso es lo que había que hacer! Sin mediar una palabra más allá de un <<maldita sea>>, Aiger echó a correr. Su amigo fue tras él sin problema alguno. Volvieron a dar tumbos por el aeropuerto. Aiger trataba de recordar por dónde se compraba el billete de avión para poder ir hasta la Península Ibérica, y su colega se limitaba a seguirle. Parecía divertirle toda esta situación.
Conseguir el vuelo hacia España fue un desafió para la de por sí poca paciencia de Aiger. El chaval tuvo que dejar que fuera su amigo el que se ocupara de ello, por ser mayor de edad y el que técnicamente estaba responsabilizándose de él. Menudo favor le hacía. Aiger ni siquiera pensaba en que pudiese haber segundas intenciones por detrás e incluso algún interés peligroso que su compañero le ocultara a propósito. Él nunca pensaba en ello, porque no era bueno dándose cuenta de ese tipo de cosas. Por ello, llegó hasta el avión sin mayores complicaciones. Sólo tendría que esperar un tiempo bastante corto hasta que aterrizaran en Barcelona. Y afortunadamente para Aiger, así fue. Pronto pisó tierra catalana y el ajetreado aeropuerto le dio la bienvenida. Otro más para la lista.
- ¿Sabes por dónde tenemos que ir?
- Bueno, no tenemos ni idea de dónde haya ido Phi. - Respondió el mayor de forma relajada. - Sería conveniente encontrar un sitio en el que alojarnos. - Miró a Aiger. - A no ser que prefieras dormir en la calle. - Se encogió de hombros.
- ¡¡Con todo ese hielo ni muerto!! - Señaló los edificios y parte del suelo que todavía tenía hielo encima, todo a través de los ventanales.
Escuchó la risilla de su compañero al que asesinó con la mirada. Preguntando a la gente, que amablemente les ayudaba a los dos para darles la dirección, lograron salir de allí y pedir un taxi. La idea era ir al hotel más cercano a preguntar. Para Aiger fue perder el tiempo, por ello, no pudo más y decidió ir por su cuenta. Pero fue un craso error. Acabó perdiéndose por Barcelona, desorientado y dando vueltas por la misma manzana a la que regresaba una y otra vez. Aquello le hizo gritar en plena calle, maldiciendo al universo por burlarse así de él. Refunfuñando, terminó chocándose con alguien y caer al suelo.
- ¡Eh! ¡Mira por dónde vas! - Alzó la voz, molesto.
- Ay, qué daño...
- ¿Uh? Espera, yo te he visto antes en alguna parte. - Dijo entonces Aiger al ver a quién tenía delante. - Tú no serás... ¿Zack The Sunshine?
Rápidamente el rubio reaccionó y se sorprendió. Reconoció a Aiger, básicamente porque el chico salió por televisión un par de veces contadas y tuvo la suerte de verlas en esos momentos. Lo primero que a Zack se le pasó por la cabeza fue cuestionarse qué hacía Aiger aquí, en España, tan lejos de Japón. ¿Sería una señal y Phi ya habría llegado? Si eso era así, entonces eran malas noticias para Free De La Hoya.
- Aiger Akabane, ¿cierto? - Sonrió antes de ponerse de pie. - Lo siento mucho, caminaba distraído. - Levantándose, se quitaba el polvo de la ropa por la caída. Luego extendió su mano con la intención de ayudar a su nuevo interlocutor. - ¿Te has hecho mucho daño?
- Qué va. He pasado por cosas peores.
Zack reconoció en ese instante que Aiger se sentía muy seguro de sí mismo. Casi parecía alguien que no se asustaba por nada, en una actitud impetuosa y puede que demasiado impaciente. Le pareció un chico de lo más peculiar. Automáticamente pensó en Valt, y una idea cruzó por su mente.
- Bien. Pues mucho gusto en conocerte, Aiger. No esperaba que fueras uno de mis fans.
- ¿Qué? ¿Perdón? - Arqueó una ceja antes de señalarle con el dedo. Era un mal hábito que tenía. - ¡¿Quién te ha dicho a ti que soy tu fan?! - Saltó inmediatamente en un arranque de los suyos. Demasiado mal carácter como para manejarlo. - Es sólo que he venido con un amigo, pero el muy inútil sólo perdía el tiempo así que... decidí apañármelas solo.
- Vaya, vaya. Ahora entiendo por qué luces tan desorientado. Es la primera vez que vienes a Barcelona, ¿verdad, Aiger?
- ¿Tanto se nota? - Aquella respuesta hizo reír a Zack.
- Sí, bastante. Pero no te preocupes. - Chascó los dedos, haciendo un sonido. - Has tenido mucha suerte de haberte topado conmigo, ¿sabes? Sé exactamente lo que necesitas.
- ¿Ah sí? - Se sorprendió. Zack asintió.
- ¡Claro! ¡Ven conmigo! Voy a llevarte a un sitio que te encantará. Luego ya llamaremos a tu amigo y le diremos que venga.
La curiosidad podía con Aiger, que caminó junto a Zack. Le seguía para saber a dónde irían. El rubio tenía clara la dirección que él no, obviamente. Lo único que hacía Aiger era charlar un poco con Zack al que impresionó cuando le reveló lo fuerte que se consideraba a pesar de haber empezado en el mundo del beyblade desde hacía dos meses. A Zack le llamaba la atención esa faceta tan confiada, pero de nuevo, su percepción le hizo sentir, como si fuera un radar, que algo en Aiger... no encajaba. Fue una sensación que no supo explicar y eso le provocó cierta inquietud. ¿Estaría haciendo mal al llevar a Aiger hasta el BC Sol? De buenas a primeras, no le parecía una mala persona, pero, si eso era así... ¿Qué era lo que no encajaba en Aiger exactamente?
Fue una pregunta sin respuesta.
Más pronto que tarde terminaron llegando a las instalaciones del BC Sol tras coger un par de buses para evitar parte del trayecto a pie. Barcelona era demasiado grande como para planteárselo siquiera. Aiger aprovechó para contemplar la frenética actividad de la ciudad ahora que gran parte de las carreteras se deshicieron del hielo que impidió el tráfico varios días. Sin duda, a Aiger le gustó este sitio. Aquí tenían que haber cosas más allá de su imaginación. Pero se quedó alucinando cuando reconoció El Astro y luego las instalaciones del BC Sol del que tanto se habló desde que él era un crío. Hacía muchos años que el BC Sol era considerado uno de los mejores clubes de beyblade del mundo, y del que habían salido bladers fuera de lo normal. ¿Con qué tipo de monstruos se toparía? ¿Podría derrotarlos?
- ¿Quieres conocer a los bladers que hay aquí? - Ofrecía Zack.
- ¡Eso ni lo preguntes! - Aiger estaba que no podía controlar la emoción. - ¡Qué ganas tengo de saber quiénes son!
- Anda, sígueme. Es por aquí.
Por supuesto, en cuánto entraron a la propiedad privada del BC Sol, Aiger notó la diferencia de la temperatura entre la zona del BC Sol y el resto de la ciudad. Todo lo que abarcaba el BC Sol era un lugar completamente intacto donde el hielo no había llegado, como si algo lo hubiera frenado. No vio hielo por ninguna parte, al contrario que por el resto de Barcelona donde había edificios enteros congelados todavía. No pudo entender el por qué, pero pronto se olvidó de eso. Varios miembros del club le vieron en compañía de Zack, y Aiger conoció a algunos como a Silas Karlisle, a Kuza Ackerman y a Sasha Gooden. A los tres los recordaba del mundial ese en el que él hubiese deseado participar, pero por aquel entonces todavía no era blader y ni siquiera tuvo un bey... además de no tener la edad mínima para ello.
Las sorpresas no se detuvieron ahí. Zack le presentó a Joshua, a quien Aiger reconoció porque su hermana era una viciada de las películas del famoso actor de Hollywood. Pronto sintió el deseo de tener una batalla de beyblade y no reprimió el impulso de desafiar a Joshua e incluso a Zack. Eso llamó la atención de otros como Daigo, Clio Delon y Xander. Raúl apareció como de la nada, con esa risilla tan característica suya.
- Así que quieres vértelas con Joshua, eh, chaval.
- ¿Y quién es usted?
- Oh, él es Raúl. - Kuza se encargó de presentar al hombre entrado en años que acarició su barba. - Es el actual entrenador del equipo.
- ¿Pero no lo era un tal Trad? - Para Aiger era confuso.
- Trad se marchó con con los Raging Bulls de América hace ya bastante. Creo que debe estar ayudando a Shu Kurenai con el club. - Contó Raúl, haciendo memoria. - Los chicos buscaron a alguien y, en fin, me tocó a mí echarles una mano. Hi, hi, hi. - Y volvió a reírse. - Es una larga historia, pero ahora veamos de qué eres capaz. - Dijo antes de ponerse a caminar.
- Más te vale esforzarte, porque no te lo voy a poner fácil, chico. - Decía Joshua, con una sonrisa.
- No lo querría de otra forma. - Aiger se mostró confiado. - ¡Voy a ganarte, ya lo verás! ¡Achilles y yo somos un buen equipo! ¡Te haremos morder el polvo!
En medio de aquello, Zack se había mantenido como un observador muy atento. La presencia de Aiger Akabane, y ese misterioso amigo que mencionó, no le pareció una mera casualidad. Puede que formara parte de los planes de Phi. No era secreto para nadie cómo Phi derrotó a Aiger unas cuantas veces de una manera muy humillante. Hasta donde había visto de él, Zack tenía claro que Aiger era parte de ese colectivo de bladers que tenían muy mal perder y se tomaban la derrota como algo muy negativo. Desde luego era todo un chaval orgulloso y lanzado, pero eso le añadía interés a la situación que vivían aquí en el BC Sol.
Rápidamente hubo mucho ruido en el gimnasio de prácticas de beyblade del BC Sol. Eso atrajo a más personas, muchas de las cuales no eran siquiera parte del club sino que Cristina ofreció ayuda solidaria para acogerlas debido a lo que Jin había provocado y de lo que ella ya estaba al tanto gracias a Lui. Justo en esos momentos, para Kuroda fue una sorpresa reconocer en su interior el tremendo alivio que le hacía sentir la presencia de Lui entre sus bladers... y al lado de Free. No imaginó que fuera a quedarse tanto tiempo, pero ahora mismo era lo mejor. La tranquilizaba más de lo que creyó en un primer momento.
Justo caminando por el pasillo se lo encontró. Hubo cierta tensión entre ambos cuando sus miradas se cruzaron. Su relación siempre fue... fría. Muy poco cercana.
- Pensé que estabas con Free. - Ella rompió el silencio.
- Tú lo has dicho: estaba. Valt se ha quedado con él.
- ¿Es seguro dejarle solo con Free? - Preguntó, haciendo que el otro arqueara una ceja.
- ¿Qué pasa? ¿No confías en Valt?
- No estoy diciendo eso. Claro que confío en él. Es sólo que... no quiero que se coma la cabeza por lo que le ha pasado a Free con todo el tema de Phi y lo que ha ocurrido con Jin Aizawa.
- No te preocupes por él. - Suspiró, poniendo las manos en jarra. - Valt está bien, y estará bien. Creo que ayudar a que Free se mantenga con nosotros le gusta. Supongo que le hace sentirse útil por él.
Cristina no pudo ignorarlo. Demasiado tiempo conviviendo con Free y su peculiar forma de comunicarse como para pasarlo por alto. En esas últimas palabras notó un deje de amargura en la voz de Shirosagi. Y en esos ojos amatistas reconoció la frustración y la rabia. Ella no dijo nada al respecto, a sabiendas de que Lui reaccionaría mal. Este chico siempre había sido especialmente reservado con sus cosas. Puede que Free y otras personas contadas con los dedos de una sola mano conocieran con más profundidad el mundo de Lui. Sobre todo Free. Cristina pensó en ello. No podía ni imaginarse qué era estar en la piel de Lui Shirosagi, siendo la clase de persona que era, y ver con impotencia el hecho de no poder hacer algo para mejorar la situación actual de Free. La frustración y la rabia siempre fueron sentimientos que persiguieron a Lui, del mismo modo que a Free. Eran sentimientos que esos dos ya tenían muy interiorizados y con los que se habían familiarizado para reconocerlos a la mínima y poder evitar cualquier inconveniente o conflicto.
- Iba a ver qué está pasando ahí fuera. Se oye mucho jaleo.
- Cierto. - Reaccionó Cristina, saliendo de sus pensamientos. - ¿Te apetece... que vayamos juntos?
- Me da igual. Como quieras. - Y él se encogió de hombros.
Chapter 80: ¿Un Nuevo Miembro En El BC Sol? ¡Sentimientos A Flor De Piel!
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El gimnasio de prácticas de beyblade del BC Sol estaba bastante más lleno de gente de lo que Cristina y Lui esperaron. En las gradas vieron a las personas que Cristina ayudó con el tema del congelamiento global en todo el mundo, aunque poco a poco el BC Sol iba recuperando su habitual rutina. Lui se percató de la presencia de Aiger y algo en él llamó su atención. ¿Qué hacía un novato de turno enfrentando a Joshua Burns? Zack hacía de árbitro mientras los bladers se preparaban, de modo que los dos recién llegados decidieron quedarse cerquita para ver la contienda.
- ¿Ese no es Aiger Akabane, el blader que salió por televisión? – Cristina cayó en la cuenta de la identidad del chico al hacer memoria y reconocerlo por su apariencia física.
- Claro, he tenido tanto ocio que no me he separado del sofá para ver la televisión. – Soltó Lui con sarcasmo.
- Yo nunca olvido una cara. No esperaba que ese chico fuera a venir hasta aquí. – Miró a Shirosagi. – Es el blader que enfrentó varias veces a Phi, aunque no le fue muy bien...
En cuanto escuchó eso, el semblante pasota de Lui cambió a uno de sorpresa. Es cierto que había tenido que lidiar con muchas cosas y apenas tuvo tiempo libre, sobre todo cuando la condición de Free requería de una vigilancia tan constante. Pero ver que el blader que desafió a Phi hasta en varias ocasiones ahora se hallaba aquí, en el BC Sol... no era una casualidad. Su intuición le hizo saber que esto debía ser una señal. Y de nuevo, su prudencia habló, haciendo reaccionar su lado protector. Se preocupó por el bienestar de Free, sin saber explicarse el motivo. Todo era eso: pura intuición.
- Entonces nos ha ahorrado el tener que ir a buscarle. – Lui se cruzó de brazos, para esconder su reciente inquietud. – Veamos qué es lo que puede hacer.
Habitualmente el Dragón Blanco no tenía interés por los novatos. No lo tuvo ni por Valt ni por Shu Kurenai cuando estos dos empezaron en el beyblade y se toparon con él, así que no lo iba a tener por Aiger ni mucho menos. El chico, sin embargo, era un escandaloso de cuidado, pero parecía pasárselo bien contra Joshua. A los dos se les veía bastante concentrados. No obstante, conforme la batalla continuaba, la actitud de Aiger iba cambiando. Lui le notó... más agresivo y hostil. Eso se reflejaba en Achiles, el bey de Akabane. Lui no perdió detalle alguno sobre el cómo se desenvolvía el combate. Mientras que Joshua se lo tomaba como un pasatiempo un tanto violento, Aiger iba sin una estrategia en mente. Usaba la fuerza bruta de Achilles para atacar directamente, y eso no siempre le funcionaba contra Joshua y su buena defensa. Básicamente Achilles no llegaba a tocar correctamente a su enemigo para asestar un buen ataque.
Aiger se impacientaba a tal punto de no querer esperar más. Cuando usó su energía, abrumó a Joshua que se vio derrotado en un abrir y cerrar de ojos de forma inesperada, al menos, para él.
- ¡¿Eso es todo lo que tienes, eh?! – Bramó Aiger, sin controlar su repentino enojo. - ¡¿No decías que no me lo ibas a poner fácil?! ¡Eres un manta!
- Vaya, qué sorpresa. No esperaba perder... - Dijo Joshua, tratando de mantener la calma al ver a Aiger tan alterado y con el pelo desordenado y libre de la goma que lo sujetó antes.
Pero Aiger apretaba las manos, casi conteniendo las ganas de gritar y puede que por consideración con Zack, que había sido muy amable con él. Pero eso no le duró mucho y dejó salir un chillido que obligó a la mayoría a taparse los oídos. Casi se dejó las cuerdas vocales. Cristina puso mala cara, mientras Lui se ponía muy serio. Sus ojos amatistas contemplaron cómo Cristina reunía el valor más que suficiente para acercarse a Aiger y lograr hacerle reaccionar con un tremendo bofetón que le hizo girar la cara.
- Ya es suficiente. – Habló Kuroda, rompiendo el tenso e incómodo silencio que se formó cuando Aiger dejó de hacer escándalo. – No sé cuál es tu problema, pero no puedes llegar aquí y comportarte así. Lo siento, pero no voy a tolerártelo.
- Eh, Cristina. – Se acercó Zack. Aiger bajó la cabeza. – Discúlpame, es culpa mía. Yo pensé que estaría bien si le traía hasta aquí.
- Lo entiendo, Zack. – Le miró. – Pero como comprenderás este es mi club. – Ella se mostró firme, y un tanto inflexible, aunque dispuesta a escuchar. – Me parece bien que hayas traído a Aiger, pero me preocupa que con esa actitud pueda provocar algún accidente. Ya sabes que nuestra situación no es muy favorable ahora mismo.
- Ya... lo siento mucho. Estoy convencido de que Aiger es un buen chico, sólo necesita un poco de paciencia. – Zack rascó su cabeza. – Pero, ¿Podrías darle otra oportunidad, por favor? Veo en Aiger un gran potencial y quién sabe... - se encogió de hombros. – Puede que sea capaz de ayudarnos con lo que sea.
La sugerencia de Zack hizo que Cristina se mostrara pensativa. Aiger había vuelto a calmarse y la expresión de su rostro reflejaba lo muy consciente que era de su reciente comportamiento negativo. Lui se mantuvo al margen, sin la intención de intervenir. Él respetaría la decisión que fuera a tomar Kuroda, al fin y al cabo, tenía razón. Este era su club, como herencia de su abuelo Jinbei. Ella suspiró.
- No nos vendría mal contar con el apoyo de más bladers. – Fue lo que dijo Cristina, haciendo que Aiger levantara la cabeza para mirarla.
- ¡¿En serio?! – Se alegró el chico. - ¡¿Puedo quedarme entonces?!
- Sí, siempre y cuando te controles y no te pongas a gritar tanto. – Accedió Cristina.
- ¡¡HURRAAAA!! ¡ME QUEDO! ¡ME VOY A QUEDAAAAAR! ¡JO, QUÉ PASADA!
- ¡¿Pero no has escuchado lo que te acabo de decir?! – Protestó, haciendo reír a Zack.
- ¡Te prometo que no te arrepentirás! – Aiger le enseñó el puño de forma amistosa.
Asomado por la ventana, Valt disfrutaba de la fresca brisa del aire que corría y que jugaba con la cortina blanca que había a su lado. Llevaba días ocupándose de Free y de asegurarse de que su energía fluyera. Hasta el momento no tuvo problemas, salvo por repentinas fiebres cuya causa nunca supo. Pero es como si Free no tuviera intenciones de despertarse. Habían pasado catorce días, y mañana iban a ser quince. Free todavía no daba señales. Seguía tumbado en su cama, como si continuara en un sueño profundo. Para Valt era en parte doloroso debido a los recuerdos que tenía de Free en la UCI del hospital de la ciudad. Ni siquiera Lui estaba seguro de si Free corría o no algún peligro. Lo único que sabían es que aparentemente no le pasaba nada, ya que de lo contrario el planeta volvería a oscurecerse como la vez anterior cuando Free decidió encontrarse con la muerte. Aquello era un completo misterio aún. No lograron descubrir qué fue lo que Free quiso hacer tomando una decisión tan drástica.
Cuando se giró, se acercó al rubio y cogió una de sus manos, al sentarse en la orilla de la cama. Aunque se sintiera bien porque ayudaba a la persona que amaba, en su interior se hallaba ese miedo que despertaba una vocecita que le hacía entrar en una paranoia para hacerle dudar del bienestar de Free. La última vez que De La Hoya estuvo en un estado semejante fue en la UCI, y eso les llevó a esa crítica situación de la que por suerte pudieron salir airosos. ¿Pero iba a ser así? ¿Qué tal si Free no regresaba? No. Eso no podría suceder. Akatosh no lo permitiría. Era por Akatosh que Free volvió la vez anterior. Él le devolvió a la vida, ni Valt ni Lui dudaban de eso. Pero Akatosh era el típico dios que sólo intervenía cuando realmente hacía falta, en vez de ir apareciendo de tanto en tanto para salvarles el pellejo... lo cual no les vendría nada mal. Pero Valt era consciente que Akatosh no era así. Como creador de este mundo, sólo tomaba cartas en el asunto cuando el propio mundo corría peligro.
Akatosh tenía fe en ellos.
Entonces se sorprendió cuando vio que Free comenzaba a reaccionar. Tragó saliva, conteniéndose para controlar su lado impulsivo. Pronto sus ojos castaños fueron encontrados por otros oscuros. Valt no soltó la mano de Free, de hecho, la apretó un poco como intentando demostrar parte de su alegría.
- Hola Free. – Saludó, al darse cuenta de que el rubio intentaba hacerlo a su manera. Todavía no podía hablar. – Espera, déjame ayudarte.
Aproximándose a De La Hoya, le ayudó a sentarse en la cama. Fue un momento en el cual se pudo palpar la tensión emocional que los dos compartían. Ambos sabían que había muchas cosas que necesitaban discutir al respecto, hablarlo, pero mientras Free se frustraba por no poder hacerlo, Valt demostraba tener la suficiente madurez como para animar al rubio, esperar y darle su tiempo. Y sin duda eso tenía un buen efecto en De La Hoya, al percibir toda esa comprensión.
- Por fin te has despertado. – Le dijo Valt, con una sonrisa. - ¿Puedo... darte un abrazo?
Free le miró y se encogió de hombros. Valt se lo tomó como un sí y no tardó nada en reducir la distancia física que los separaba. Ese cuerpo caliente le dio la bienvenida a través de su elevada temperatura que para el pelinegro siempre había sido especialmente agradable. Puede que no hiciera especialmente frío, pero eso no quitaba el hecho de que a Valt le encantara establecer ese contacto físico con Free. Él nunca solía decirle que no. El chico sintió cómo el rubio lo estrechaba y dejaba ir el aire de sus pulmones en un gesto relajado por tenerle entre sus brazos. Valt cerró los ojos y disfrutó de esos momentos. Esconder parte de su rostro entre el cuello y el hombro derecho de Free le permitió poder olisquearle para captar su aroma. Aunque ahora era un pelín desagradable por la falta de higiene (el pobre necesitaba una buena ducha), pero Valt ya estaba acostumbrado.
Muchas veces a Free se le olvidaba lavarse, bien fuera porque tenía mil y un cosas en la cabeza y se le iba el santo al cielo, o también porque se quedaba en Babia sumido en su mundo como el muchacho vago y despistado que era en muchas ocasiones. Valt ya se habituó al olor de Free cuando éste olía a osito.
- Espera, voy a darte papel y boli para que puedas hablar. – Valt miró a Free antes de apartarse.
El rubio aprovechó para mirar la ventana después de reconocer su cuarto. No se tomó ni la molestia de querer saber cómo había llegado hasta aquí. Valt volvió a sentarse a su lado, mirándole con una sonrisa mientras le entregaba una libreta y un bolígrafo. Para Free esto era mejor que nada. Lo primero que escribió fue cuánto tiempo llevaba en la cama.
- Han pasado casi quince días. – Fue lo que le respondió Valt, haciendo que el otro abriera los ojos. – Sí, supongo que cuesta creerlo. – Bajó la cabeza. Los recuerdos de la UCI atormentaron su mente. Tuvo que hacer un esfuerzo para lidiar con esas emociones y sentimientos. – Entre Lui y yo te hemos cuidado. – Sonrió. Free volvió a escribir: «¿Lui sigue aquí?». – Pues claro que sí. Ha vigilado de que nadie viniera a molestarte. Se ve que se preocupa muchísimo por ti.
Aquello supuso un alivio inesperado para el propio Free. Le gustaba tener a Lui cerca de él. Sentía que así podía estar mejor y podía evitar que a Shirosagi le pasara algo. La impotencia que tuvo cuando fue a Japón ocultando su identidad todavía seguía presente. Le dolía en el alma ver a Lui tan cubierto de vendajes en aquel hospital de Japón. Si no fue herido de gravedad era por Fayna. Ella prácticamente le salvó la vida. Justo preguntó por ella al escribirlo en la página de la libreta. Valt se encogió de hombros.
- Antes de que nos salvaras el culo, Fayna desapareció junto a Abzu. No sabemos nada de ninguna de las dos. Lui ha intentado averiguar algo al respecto, pero no lo ha conseguido. Yo quise ayudarle, pero... - Infló las mejillas y se cruzó de brazos, en un gesto infantil. – Me dijo que me inflaría a hostias como me atreviera a intentarlo. Gilipollas.
Free no pudo contener la risa, y eso animó a Valt. Hacía mucho que no veía al rubio con una expresión así. Realmente le sentaba muy bien sonreír. Entonces contempló en silencio cómo el rubio acercaba su mano para acariciar su mejilla izquierda mientras se ponía un tanto serio. A través de esos ojos, Valt pudo distinguir la inquietud. Free se preocupaba por él.
- No pasa nada. – Le sonrió, tocando su mano mientras inclinaba la cabeza para aceptar la caricia del rubio. – He estado bien. No me he apartado de ti ni un minuto. – Comentaba. – Después de lo que hizo Jin en El Astro y de que te trajéramos, tu energía dejó de fluir. Eso nos asustó, pero Lui fue el único que pudo mantener la calma. Me dijo que me ocupara yo de mantenerla activa por ti, porque según él, yo soy el único que puedo hacerlo. Al parecer somos más compatibles de lo que pensaba.
Fue de una manera lenta cuando Free levantó sus cejas mientras sus mejillas se volvieron ligeramente rojas al escuchar esas últimas palabras. La atmósfera entre ellos se enrareció. Valt sujetó las manos del rubio, haciendo que éste soltara el bolígrafo. Aún en silencio, el pelinegro de acercó a De La Hoya, que bajó su cabeza y entrecerró la mirada. Valt tuvo que quedarse quieto, sin querer pifiarla con Free. No podía ignorar su propia tensión sexual, la misma que le pedía a gritos desnudar al chico que tenía delante y conocer su cuerpo de una buena vez. Y de alguna manera, Valt veía que Free percibía sus intenciones. Pero estaban tan nerviosos que ninguno se atrevía a dar el paso. Valt por inexperiencia, y Free por miedo.
Chapter 81: Un Novato Problemático
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- Jeh. Pero mira lo que hay por aquí. – Lui había decidido acercarse hasta quedarse delante de Aiger. – Parece que tenemos a un novato hambriento.
- ¡¿Y tú quién...?! – Aiger iba a soltar una de las suyas, pero reconoció enseguida al Dragón Blanco. - ¿Lui Shirosagi? – Preguntó sorprendido. - ¿Qué diablos se te ha perdido por el BC Sol?
- He, he, he. Qué importa eso. – Contestó. – Para ser un novato de tres al cuarto, te tomas demasiado en serio el beyblade eh. Eso me gusta.
- ¿Qué? ¿No me digas que te apetece un combate?
- Uy, me lo acabas de quitar de la boca. – Se rio. – Brutal Lúinor necesita un calentamiento y tú eres el candidato ideal.
- ¡¿Cómo que un calentamiento?! ¡No me subestimes por ser un novato! ¡Si quieres un combate por mí bien! ¡Achilles y yo te ganaremos y lamentarás haber dicho eso!
- Sí, sí. Bu, bu. – Lui movió su mano de arriba abajo, en un modo burlón. – Buen trabajo intentando darme miedo, pero tendrás que demostrarme de qué eres capaz.
- ¡Pues venga! ¡¿A qué estamos esperando?!
Aiger tardó más y menos en colocarse en el primer estadio de beyblade que pilló de los que había en el gimnasio de prácticas del BC Sol. Cristina no lució contenta con esta situación, al contrario que Lui. Él se lo pasaba pipa. Al fin y al cabo... enfadar a la gente era su especialidad. Ni siquiera el mismísimo Free De La Hoya era la excepción. Zack se acercó para hacer de árbitro una vez más. El resto, como Joshua, permanecieron como un público fiel. El moreno aprovechó la ocasión para quedarse al lado de la dueña del BC Sol.
- ¿Listos, chicos? – Avisó Zack.
- ¡Voy a ir a por todas, Lui!
- Perfecto. De lo contrario no sería divertido.
Y se hizo la famosa cuenta atrás antes de los dos lanzamientos al unísono. La potencia de Lui sorprendió a Aiger, quien decidió empezar con un buen ataque con la intención de debilitar a su oponente. Achilles desplazaba a Brutal Lúinor de un lado a otro del estadio, pero resistía bien. Lui sonreía con confianza antes de decidir que era hora de arremeter. El impacto contra Achilles le hizo chocar contra el muro del estadio de forma violenta y por un segundo Aiger temió una derrota por fuera de pista. Menos mal que Achilles aguantó bien. Sin embargo, la risa de Lui no le inspiró seguridad.
Shirosagi era como un gato que jugaba con él. Y se notaba a través de Brutal Lúinor. Achilles casi no tenía descanso pese al esfuerzo de Aiger por mantener el ritmo y seguir contraatacando. Podía ver que Lúinor era un bey fuerte, y en cuanto pensó eso, su mente se encargó del resto. Dudó de sí mismo, y sus miedos se hicieron presentes en su corazón.
- ¡Cómetelo con patatas, Lúinor!
- ¡A por él, Achilles!
Ambos usaron sus energías y efectivamente, Lui sintió algo extraño en Aiger. Algo... oscuro. No dijo nada al respecto. Como Aiger, Lui contempló cómo ambos bey colisionaban, así como sus resonancias. Eso creó un viento algo fuerte que arrastró los pies de Aiger hacia atrás. Los bladers vieron que sus bey salían volando, pero antes de caer, Achilles explotó.
- La victoria es para Lui Shirosagi por un fin explosivo. – Anunciaba Zack.
- ¡¡AAAAH!! ¡Eso no se vale! – Aiger alzó la voz. - ¡Una vez más, Lui!
- Mmm... - Observaba a Lúinor. – Nah, ya no vale la pena.
- ¡¿QUÉ DICES?!
- Aún eres un debilucho. – Se encogió de hombros. - ¿Cómo ibas a vencerme si sólo llevas dos meses desde que empezaste el beyblade? Tienes unas expectativas absurdas.
- ¡AAAAH! – Gritó de nuevo y mostró a Achilles con una cara de enojo tremenda. - ¡¡No voy a dejar que te vayas sin haberme dado la revancha!! ¡¡Sólo has tenido suerte!!
- Aterriza de una vez. Alguien como tú no podrá vencerme a mí.
- ¡¡Porque tú lo digas!!
- En realidad... - Lui señaló al bey de Akabane. – Ni siquiera eres capaz de controlar a Achilles adecuadamente. Si fueras un blader decente, habrías pulido algo tan básico como eso. Es evidente que sólo eres el típico novato que quiere comerse al mundo, pero el mundo te está comiendo a ti. Aunque... no es lo único, ¿verdad?
Esas últimas palabras desconcertaron a Aiger que se puso a gritar como un histérico y salió corriendo de allí para evitar una pelea. Los demás espectadores quedaron confundidos ante tal situación. Para Joshua aquello era bastante más familiar. Ya tenía su experiencia con los comentarios fríos y humillantes de Free De La Hoya cuando fueron compañeros del mismo equipo. Una parte de él echaba de menos esos momentos, mientras que la otra no. En el fondo, Free le inspiraba miedo. No por la persona que era sino por sus extremismos. Free era la clase de blader a quien no le importaba su salud o su cuerpo a la hora de practicar beyblade si su deseo de aplastar a todos aquellos que aparecían ante él para desafiarle era complacido. Joshua nunca vio tal determinación, tal violencia y tal obstinación en una persona. Le resultaba hasta patológico.
- Creo que te has pasado un poco, ¿no crees? – Zack miró a Lui.
- Bah, que se joda.
- No, en serio. ¿No te sientes mal ante la idea de haberle ofendido?
- Mira, Zack, si me sintiera mal por cada vez que le hablara así a alguien no podría vivir. – Resopló. – Me da igual cómo se sientan los demás o lo que piensen. Eso no va a solucionar mi vida. – Dijo, alejándose para ir hasta donde estaba Cristina.
Hubo silencio entre ellos. Kuroda no rompió el silencio. Permaneció a la espera de que Lui hablara, si quería. Era una actitud que le funcionaba con Free, pero claro, Free y Lui eran muy diferentes. El Dragón Blanco la analizaba con la vista, haciéndole un buen repaso. Para Cristina fue incómodo.
- Ya lo veo. – Lui se cruzó de brazos. – Estás pensando en meter a Aiger en tu equipo, ¿verdad?
- Todavía está por decidir. – Respondió de inmediato.
- No deberías hacerlo.
- Tú no eres un miembro del BC Sol, así que te agradecería que no te metieras en los asuntos técnicos del club.
Sorprendentemente Lui se marchó sin comentar nada más al respecto. A Cristina se le hizo extraño, pero terminó suspirando. Fuera lo que fuera, no tenía por qué escuchar al Dragón Blanco. Él ya no formaba parte del BC Sol. Pero metiéndose en su mundo, la mente de Cristina se imaginó la posibilidad de que Lui le pidiera una plaza para volver al BC Sol. Su lado sentimental, su nostalgia, sería incapaz de negarle una petición así a Shirosagi. Pero su lado lógico hizo saltar la alarma. Se preocupó por Free. Tener a esos dos juntos en el mismo lugar era como poner una olla a presión que podría estallar en cualquier momento. No cabía duda que tanto Free como Lui eran esos eternos rivales que entrarían en una disputa y acabarían llegando a las manos. Total, eso ya había pasado muchas veces.
Lejos de allí, Lui paseaba sin pensar hacia dónde se dirigía. Simplemente caminaba sin un rumbo en concreto. El comportamiento de Aiger en cierto modo le resultaba extraño. ¿Qué tipo de blader que apenas llevaba dos meses practicando con el beyblade ya mostraba esa obsesión por combatir y ganar? Le recordó mucho a Free años atrás, cuando la actitud de De La Hoya empezó a cambiar hasta volverse un chico tétrico que rara vez mostraba piedad contra sus oponentes. En aquel entonces, Free no se limitó a derrotar a sus enemigos sino también a desmoralizarles y atacarles la autoestima para herirles e incluso hasta literalmente. Fayna era uno de los mejores ejemplos.
Pero, ¿Acaso lo de Aiger tendría un motivo? Era un novato. Un maldito novato. No le parecía normal que tuviera tanta agresividad acumulada. ¿Y si era a causa de Phi? ¿y si era parte de los planes de Phi? Ese desgraciado provocó un caos terrible en Japón. Resultaría difícil pensar que Aiger no se hubiera visto afectado de alguna manera.
- ¡Eh, Lui!
Pronto reaccionó. A varios metros vio a Valt que le saludaba con la mano mientras se tomaba la libertad de coger a Free con la otra. Sin embargo, los ojos amatistas del Dragón Blanco se abrieron cuando encontraron a De La Hoya ahí, de pie, mirándole. Antes de que se diera cuenta, su cuerpo se movió solo. Corrió con ganas para sorprender al rubio con un fuerte abrazo. Valt tuvo que soltar a Free y alejarse un paso, siendo testigo de la escena.
Lui se aferró a De La Hoya, sintiendo cómo este último lo rodeaba con sus brazos y le acogía en su cuerpo. Fue un momento que Lui apreció con el corazón. Había estado muy preocupado por Free desde que le vio pasarlo tan mal desde su último encuentro con Phi, ya que no pudo ser en Japón cuando fue a salvarle de la oscuridad del dueño de Dread Phoenix. Desde entonces el Dragón Blanco no dejó de pensar y de tener muy presentes los sentimientos de Free. No podía evitarlo. Simplemente le amaba.
- No sabes cuánto me alegra verte. – Fue lo primero que le dijo, viendo esa cálida sonrisa y un asentimiento por parte del rubio, que señaló su garganta. - ¿Todavía no puedes hablar?
Free se encogió de hombros.
- Free preguntó por ti, así que salimos para buscarte. – Comentó Valt. - ¿Qué? ¿Va todo bien, Lui?
- Sí, es sólo que... pensaba en muchas cosas. Nada nuevo.
- Oh vale. ¿Quieres dar un paseo con nosotros?
- Bueno. No me puede venir mal.
De La Hoya contempló la escena. Se dio cuenta que Lui ocultaba algo, pero lo que más llamaba su atención era la actitud de estos dos. De repente parecían llevarse mejor que antes, incluso Valt había notado que a Lui parecía pasarle algo, porque lucía estresado. Al final, y gracias a Valt, Lui terminó contándolo. La presencia de Aiger en el BC Sol sorprendió a Free y a Valt, haciendo que este último se entusiasmara y saliera corriendo para encontrar a ese chico. Menuda manera más extraña de dejarles a solas. ¿Habría sido intencionado?
- Sinceramente es sólo un novato que lleva dos meses metido en el beyblade. – Habló Lui tras un rato. – Pero hay algo en él que no me inspira confianza. – Ese comentario hizo que Free le mirase de manera interrogante. – Es su energía. Me recuerda mucho a la de Phi. Y eso no puede ser nada bueno. – Observó a Free, que abrió sus ojos por segunda vez. – Y luego está Cristina. – Resopló. - Esa tonta tiene la intención de invitar a ese chico a unirse a vuestro club. Ya le he dicho que no debería, pero tampoco espero que me haga caso.
Eso bastó para que Free se pusiera serio. Confiaba en el criterio de Cristina, pero aún más en el de Lui. Sólo un blader con gran experiencia, como el propio Shirosagi, podía ver el potencial y el lado negativo de otro blader, al contrario que el dueño de un club de beyblade. Lui se detuvo cuando notó que Free dejaba de caminar. No necesitó preguntar. La respuesta a la pregunta que pasó por su mente estaba en la cara del rubio.
- Oh no. ¿No me digas que vas a enfrentar a ese novato? – Habló. Free sólo le miró. – No vale la pena, en serio. Ese panoli aún tiene que pulir las cosas más básicas como blader... - Dijo. Pero Free le dio la espalda y procedió a irse. - ¡¡Eh!! ¡¿A dónde vas?!
Free se quedó quieto, pero le miró de reojo. Lui entendió el mensaje: el Dragón Dorado quería ir por su cuenta. A saber qué es lo que tenía pensado hacer. Pese a su inquietud, Lui dejó que Free se fuera. No era plan de alterarlo ahora que había vuelto a su lado. Pero pensar en eso le avergonzó.
- ¡Mierda! – Protestó consigo mismo, dándose palmadas en las mejillas. - ¡Yo no soy tan cursi! Maldita sea. – Resopló antes de caminar. – Pues nada, es hora de molestar un poco. – Dijo, yendo hacia el gimnasio de prácticas del BC Sol donde probablemente encontraría a Valt.
Chapter 82: Aiger Y El Dragón Dorado
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De alguna manera terminó en un bosque que no conocía de nada. Mirando de lado a lado, Aiger trataba de recordar por dónde había venido. Simplemente salió corriendo tras su encuentro con Lui. ¿Cómo había podido perder de una forma tan fácil? ¿Acaso Phi tuvo razón y todavía no era un blader digno de enfrentarlo? Si hasta Lui se había reído de él en su cara por ser un debilucho. Esas palabras le hicieron gritar y dar patadas a lo primero que tuvo más cerca. No podía contener sus sentimientos y menos la ira. Aiger sentía que, como blader, no avanzaba como debería. A él le daba igual que sólo llevara dos meses. Tenía que lograr fortalecerse y así hacerse más fuerte para darle su merecido a Phi. Sin embargo... ¿cómo iba a lograr eso?
Era un novato. No tenía experiencia en el beyblade, o al menos no tanta como Lui Shirosagi. Aiger no sabía qué era lo que había que hacer para salir del estancamiento en el que se había metido de lleno. Deseaba ser un blader digno de Achilles. ¿Lo conseguiría?
Pensó en ello mientras caminaba por el bosque que yacía en calma y en silencio. Aiger percibía que este lugar era diferente. No sabía por qué, pero tal vez esa... diferencia fuera el motivo por el cual ese hielo tan desagradable que aún cubría Barcelona no pudo castigar este hermoso paraje pacífico. La vitalidad del bosque podía disfrutarse hasta con la vista gracias a los vivos colores del monte. Aiger tuvo la sensación de que este sitio era algo así como un espacio sagrado. Pero claro, era sólo su impresión. Tenía demasiada imaginación y no podía negarlo: le encantaba este bosque, el cual le brindaba esa paz y esa relajación que tanto solía faltarle.
- ¡Ah! – Tropezó. - ¡¡AAAAAAH!!
Resbalón. A causa de una roca desgastada, acabó rodando colina abajo. El golpe que se dio le dolió, pero a causa de eso, Aiger ignoró parte del dolor en el tobillo derecho. Su cerebro se centró más en la caída en sí. No sintió molestias al ponerse de pie. Quitándose el polvo de la ropa, miró detrás de él. No había sido desde una gran altura, pero de todas maneras no fue algo agradable. Decidió seguir adelante y se adentró todavía más en el bosque. Le sorprendía que un lugar tan grande fuera propiedad del BC Sol. Al pensar en el club, recordó lo que Cristina le dijo y sintió ilusión de poder tener la posibilidad de pertenecer a un equipo tan genial como ese. Fijo que en el BC Sol aprendería a ser un mejor blader, aprendería más sobre Achilles y cómo fortalecer su vínculo con su bey. Todo fuera con el fin de derrotar a Phi de una vez por todas. Ese desgraciado ya rompió a Achilles hasta en dos ocasiones y Aiger tenía miedo de que aquello volviera a repetirse.
Era mejor mantenerse fuera del alcance de Phi todo cuánto pudiera hasta que fuera capaz de hacer algo al respecto. En su interior, Aiger reconoció que necesitaba ayuda, pero era tan orgulloso que no estaba dispuesto a pedirla y mucho menos a aceptarla. Creía firmemente en que podría hacerlo él solo.
- ¿Eh? – Entonces se detuvo. Había una persona delante de él. – No puede ser... tú... tú eres...
- Aiger Akabane, ¿verdad?
- Espera, ¿Cómo es que me conoces? – Se señaló a sí mismo. «¿Qué está haciendo Free De La Hoya aquí? ¿Y cómo ha podido encontrarme con lo enorme que es este bosque?», pensaba Akabane, tratando de saber cómo el rubio le había localizado en un abrir y cerrar de ojos.
- Al parecer serás el nuevo miembro del BC Sol. – Free ignoró su pregunta trivial, yendo directamente a lo que le interesaba.
- Eh, sí, supongo...
Aiger no pudo ignorarlo por más tiempo. La atmósfera había cambiado repentinamente. Para él todo se volvió más oscuro. Free le miraba no sólo de una forma impasible sino también de una tan extraña que Aiger no pudo entenderlo. Detrás del rubio, Aiger vio a un dragón que no se mostraba precisamente amigable. Era como tener a un peligroso depredador delante de sus narices. Para Aiger resultó muy intimidante. Su cuerpo tembló ligeramente mientras sudaba por el estrés que provocaba la adrenalina en su organismo como si realmente se hallara en una situación en la cual tuviera que luchar por su supervivencia. Aiger no supo qué hacer. Tampoco conocía las intenciones de Free De La Hoya, al que vio muchas veces por televisión, especialmente sus enfrentamientos contra Phi.
Tenía ante él a un blader que ya era considerado una leyenda. A alguien a quien otros bladers consideraban un monstruo. ¿De verdad que Free De La Hoya sería tan cruel como lo habrían descrito?
- No voy a permitir eso. – La voz de Free le sacó de sus cavilaciones. ¿Cuánto rato había pasado desde que se quedaron mirándose el uno al otro?
- ¿Cómo dices?
- No estás a la altura de pertenecer al BC Sol.
- Tú no eres nadie para decidir eso. – Aiger apretó las manos. - ¿Qué? ¿Acaso todos los bladers de alto nivel sois así? ¿Vais por ahí discriminando a otros por ser novatos o inferiores?
- Bah, por mí piensa lo que quieras. – Contestó, evadiendo una absurda disputa que él ya se venía a venir. – No voy a dejar que formes parte del BC Sol, eso es todo.
- ¡Ja! Como si fuera a hacerte caso así por las buenas. Que seas un blader de gran influencia no significa que yo tenga que escucharte, ¿vale? ¡Haré lo que me dé la gana!
- No. Ya sabía que no lo harías. – Le sorprendió con esa respuesta. – Es por eso que estoy aquí.
Eso dejó a Aiger confuso. ¿Qué era lo que pretendía Free? O mejor dicho... ¿qué era lo que hacía? ¿leerle la mente?
- ¿Ya sabías dónde estaba yo? – Preguntó sin respuesta. - ¿Cómo ibas a poder encontrarme? Este bosque es demasiado grande. Demasiado como para saber exactamente dónde encontrar a quien sea.
- Eso ahora no importa. Encontrar a gente como tú no es tan complicado... - Inclinó la cabeza hacia la derecha. Su expresión seguía siendo impasible, pero atenta.
- ¡¿Me estás vacilando?! ¡Apareces de la nada y empiezas a soltarme esas gilipolleces! ¡¿Pues sabes qué?! ¡A tomar por el culo! ¡No pienso escucharte! ¡Ni a ti ni a Lui! ¡Por mí os podéis ir los dos a la mierda! – Señaló al rubio con un enojo tremendo. - ¡Me da igual ser un novato! ¡Pienso derrotaros a todos a como dé lugar! ¡Y si me quieren en el BC Sol, no seré yo el que diga que no!
- Eso aún está por verse. – Fue lo que escuchó de Free, quien hablaba de manera relajada y sin alzar la voz. De La Hoya puso sus manos en los bolsillos de su pantalón.
A Aiger le pilló desprevenido esa actitud. No tenía punto de comparación con la de Lui. La persona que tenía delante de él no se tomaba ni la molestia de defenderse de sus comentarios o de sus insultos. Free pasaba olímpicamente de lo que quisiera decirle o no. Y una parte del japonés sintió envidia. Él no era capaz de hallar esa calma y mucho menos comportarse de una forma tan distendida. Conocía a Free De La Hoya desde hacía tiempo porque era un gran blader, pero Aiger no esperó que el rubio fuera así de... pasota, y menos tan despreocupado. Y, aun así, este blader podía transmitirle un aura de advertencia para hacerle entender que debía de andarse con ojo. Esa aura tétrica le avisaba de que le convendría no cruzar ciertos límites.
Era como tener a un dragón dorado y manso enfrente y que no dudaría en destrozarle para convertirle en su cena sin que él pudiera siquiera reaccionar. Este chico... Free De La Hoya, sí que era peligroso. Era el monstruo que ciertamente le describieron, sólo que era más pacífico... e impredecible.
- ¡Solucionemos esto con un combate, Free! – Habló Aiger, mostrando a Achilles.
- Vale. Venga. – Fue la respuesta tan simple que dio.
Aiger siguió a Free, casi sin dejar de mirarle. El rubio permanecía más atento al bosque y eso al castaño le extrañó. ¿Qué es lo que hacía De La Hoya? Tuvo claro que se conocía el bosque mucho mejor que él, casi como si hubiera pasado aquí toda su vida. El viento soplaba allá por donde Free pasara, dejando tras de sí un silencio sepulcral más típico de los cementerios. Mirando a su alrededor, Aiger tuvo la impresión de que... ¿el bosque hablaba con Free?
Más pronto que tarde llegaron a un estadio. La estructura en la que se hallaba le recordó a Aiger a unas antiguas ruinas de vete a saber cuánto tiempo. Su corazón tuvo una palpitación. Definitivamente este sitio era de todo menos normal.
- ¿Por qué me has traído aquí? – Aiger rompió el silencio, viendo un estadio de beyblade delante de él.
- Te diré lo que vamos a hacer. – Contestaba Free. – Tendremos un combate. El primero que consiga tres puntos gana. No habrá revanchas. – Explicó.
- Vale. – Sonrió con confianza. – En ese caso prepárate, porque ni Achilles ni yo nos vamos a contener.
- Las reglas son sencillas. – Ignoró sus palabras. – Un punto por fuera de pista. Tres puntos por final explosivo.
- ¡¿Qué?! ¡¿Tres por fin explosivo?! – Se sorprendió. - ¿No deberían ser dos?
- Si me vences, serás digno de entrar en el BC Sol. – Entonces Free se puso más serio, sujetando a Fafnir con la mano. – Hasta que no me derrotes, no podrás entrar en el BC Sol.
- ¡¿Y quién te has creído que eres para hacer algo como esto?!
- Soy el capitán del BC Sol, el que decide si tú estás fuera o dentro.
La expresión de Free intimidó a Aiger. Estaba claro que De La Hoya se lo tomaba realmente en serio. Bromas aparte, Aiger era consciente que tenía delante de él a uno de los mejores bladers del mundo, puede que del mejor. El asunto de si Valt era o no el número uno era algo que al parecer todavía estaba debatiéndose mucho en el mundo del beyblade, y lo que más sorprendía es que no habían pedido un combate entre él y Free para decidirlo.
- Muy bien, Free. Acepto el desafío. – Habló Aiger tras estarse callado al pensar un poco en esta situación. No llegaba a entender por qué De La Hoya hacía esto. - ¡Achilles y yo te ganaremos y podremos estar en el BC Sol! – Mostró su bey al rubio, que esbozó una sonrisa.
- Veamos si puedes seguirle el ritmo a Geist Fafnir.
Lo primero que Aiger vio fue que el bey de Free De La Hoya estaba cubierto de sangre. Eso fue completamente desconcertante. Era la primera vez que veía algo así. ¿Qué es lo que le habría pasado al blader que yacía frente a su persona para que su bey tuviera un aspecto así? ¿No había pensado siquiera en limpiarlo? Sin embargo, cuando vio que Geist Fafnir brillaba ante la presencia de Achilles, Aiger sintió una palpitación en su interior.
- ¡¿Eh?! – Reaccionó cuando vio que Free se posicionaba. - ¿Y tu lanzador?
- Yo no lo uso. Lo lanzaré con la mano.
- ¿Con la mano? – Arqueó una ceja. - ¡¡Deja de tomarme el pelo!! ¡¿Piensas que puedes ganarme sin usar un lanzador?!
- Sí. Míralo por ti mismo.
Y con un gesto de la mano, Geist Fafnir aterrizó de forma grácil y lenta por el estadio bajo la inexpresiva cara de su blader. Aiger apretó las manos. ¡¿Cómo se atrevía?! Odiaba cuando se burlaban así de él, y claramente Free De La Hoya le subestimaba. A su manera, era peor que Lui Shirosagi. Este rubio de las narices no le consideraba ni siquiera un blader por el que valiera la pena esforzarse. Tenía que darle una lección.
- No me hagas perder el tiempo. – Le habló Free. – Fafnir y yo te estamos esperando.
Aiger resopló y haciendo la cuenta atrás, hizo su lanzamiento. No se detuvo siquiera a pensar en alguna estrategia. Pasó directamente al ataque. Conforme Achilles impactaba contra Fafnir, Aiger se dio cuenta de que algo no iba bien.
- ¡¿Qué está pasando?! ¡Fafnir...! ¡Fafnir se está acelerando! – Dijo, incrédulo. En silencio, Free sonrió. - ¡Pero...! ¡Eso es imposible!
- ¿No me digas? – El tono de Free fue sarcástico. – Observa: estoy quitándote energía y sacando provecho de ella.
- ¡Pero se supone que ningún bey hace eso!
- El mío sí... - Inclinó la cabeza. – Obviamente.
Los ataques de Achilles no parecían hacerle ni cosquillas a Fafnir, que se atrincheró en el centro y de ahí no se movía. Aiger apretó las manos, antes de insistir con los ataques. Aquello hizo que Free se acordara de un tiempo atrás, cuando Valt fue el novato de turno del BC Sol y se tiraba la tarde entera entrenando a su lado, los dos metidos de lleno en una amena batalla amistosa. A Free le sorprendió sentirse tan nostálgico, y darse cuenta de que el Valt actual ya no era el Valt de aquel entonces. Había evolucionado, haciéndose más fuerte. Eso despertó su lado tóxico y competitivo que ensombreció su estado de ánimo.
- ¡Ahora Achilles!
- Esto se ha terminado. – Ocultó su mirada debajo de su flequillo. - ¡Fafnir! ¡Geist Spin!
Fafnir brilló con fuerza y creó un remolino desde el centro del estadio. Achilles se vio atraído y colisionó contra su enemigo antes de salir volando por los aires y caer fuera de la pista. Free pestañeó, un poco sorprendido.
«¿No ha explotado?», fue lo que pensó.
Aiger recogió a Achilles, mirándolo antes de dirigir su vista hacia Free. ¿Esta era la fuerza de uno los mejores bladers del mundo? No. Evidentemente, Free no se estaba empleando a fondo. Es como si simplemente le pusiera a prueba para ver de qué era capaz. Le obligaba a enseñarle sus habilidades, reservándose él las suyas. Desde luego a Aiger le pareció injusto, pero en una situación así no le quedaba de otra. Tenía que ganarse el respeto de Free De La Hoya, y derrotarle... derrotarle a cualquier precio, sin importar lo que tuviera que hacer.
- Uno a cero, eh, Free. – Sonrió Aiger, sujetando su lanzador con mucha tensión. El aludido no lo pasó por alto, y se intuyó algo. Algo malo.
- No te queda margen de error, Aiger. – Respondió.
- Ya... - Sonó seco. – Pero, ¿sabes qué? Voy a vencerte. ¡Así que prepárate, Free De La Hoya! ¡Haré lo que sea para que sepas quién es el que manda aquí!
El aura de Aiger se mostró tan oscura que Free rápidamente entendió lo que pasaba. Demasiados encuentros con Phi, luchando contra él, como para no darse cuenta. ¿Así que este era su mal presentimiento? Observó cómo Aiger se posicionaba y concentraba su energía, dejando salir descargas eléctricas de energía oscura.
«Me lo temía.», pensó. «Eres peligroso. Tengo que pararte aquí y ahora antes de que sea demasiado tarde para ti, Aiger.»
Free sacó su lanzador y como su joven contrincante, también concentró su energía dorada. Rápidamente las venas de su cuerpo fueron dilatándose y marcándose en su piel a medida que se extendían. Sus músculos aumentaron su tamaño por la presión a la que fueron sometidos. Y justo en el lanzamiento, el lanzador de Free brilló y salieron chispas cuando Fafnir salió disparado hacia el estadio. Como fue de esperar, Aiger no demoró mucho en optar por la ofensiva, haciendo que Fafnir tuviera problemas para llegar hasta el centro. Eso obligó a que Fafnir se mantuviera a la defensiva, aguantando los ataques de Achilles mientras ambos bey se deslizaban por el estadio.
Free alzó la mirada, contemplando con ella cómo Aiger sonreía de una forma macabra. Fue muy evidente para él que el castaño no controlaba su energía, porque gran parte de ella no era suya. Free reconoció que esa energía que le causaba problemas a Aiger era la de Phi. Eso empeoraba la situación. Al parecer, Aiger era un caso muy raro. Esa energía oscura era como un potente veneno muy difícil de tratar. El que Aiger pudiera aguantarlo hacía que Free entendiera que era un chico fuerte. Pero Free se preocupó por él precisamente por eso. Que Aiger fuera fuerte no lo hacía invulnerable. Tarde o temprano, su cuerpo acabaría cediendo ante la energía ponzoñosa de Phi. Esto sólo era el principio.
Fafnir llegó al centro, por fin. Pero Achilles no desistió en sus ataques.
- ¡¡Achilles, vamos a por todo!! – Dijo Aiger, con una cara sombría.
El chico se concentró y la goma del pelo no logró contenerlo, dejando suelto el cabello que se alzó hacia arriba, desafiando así la gravedad. Free se puso serio e hizo lo mismo, para nutrir a Fafnir con su poder. La tremenda colisión creó un rayo que llegó hasta el cielo y un violento viento que arrastró hacia atrás a Aiger.
- ¡Ahora! – Reaccionó Free cuando vio que el driver de Fafnir finalmente tocaba el suelo del estadio. - ¡Ahora Fafnir! ¡Absorb Break!
Fue en un abrir y cerrar de ojos. Achilles fue apartado de manera brusca por Fafnir que recorrió el estadio en una completa circunferencia dejando tras de sí una estela de energía dorada mientras Free yacía rodeada de la suya propia, con más descargas eléctricas. Antes de que Aiger pudiera reaccionar, Achilles recibió un poderoso ataque por parte de Fafnir que no pudo soportar, terminando por explotar. Aiger cerró los ojos y gritó antes de desplomarse en el suelo.
Chapter 83: Un Lazo En Desarrollo
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Contempló a Aiger en el suelo y en completo silencio. La energía oscura que una vez emanó del chico parecía haber desaparecido. Pero Free sabía que eso no era así y que ese poder se ocultaba dentro del propio Aiger. Era un muchacho con una fuerza que no le pertenecía, pero que, sin embargo, podría llegar a usar a su favor si llegaba a tener cierto manejo sobre ella. Free veía ese potencial. Aiger no había venido hasta el BC Sol por nada. No era una casualidad. Y el pensar que fuera cosa de Akatosh sólo le molestó más. Cuánto más se acercaba, cuánto más se conectaba a su naturaleza como la actual reencarnación de Dovahkiin, más en mente tenía el no querer depender siempre de Akatosh en una actitud rebelde.
En estos momentos, Free vio pasar toda su vida actual por su cabeza. Todo lo que vivió, lo que le ocurrió y lo que todo eso le hizo sentir. Desde el más lejano pasado hasta el presente más reciente. Con un rostro completamente serio, se daba cuenta de que se refugió en otras personas cuando no fue capaz de enfrentar ciertas situaciones. Cristina fue la que más apareció en sus memorias, en sus recuerdos cuando su vida dio ese giro tan drástico. Y luego Joshua cuando abandonó al BC Sol. Se sintió furioso consigo mismo.
Aproximándose, sujetó a Aiger de la camisa para tirar de ella y levantarle a medias del suelo. Justo en ese momento escuchó la llegada de alguien. No necesitó mirar para saber de quiénes se trataban.
- ¿Free? – Ese era Valt. Su tono de voz demostró cierto miedo en él. - ¿Qué... qué has hecho?
- ¿Qué hace ese chico aquí? – Lui fue directamente a lo que importaba. Free no hizo ni dijo nada.
Lui y Valt intercambiaron miradas, desconcertados. Valt se sintió inseguro. Estaba viendo al Dragón Dorado con esas venas muy marcadas en todo su cuerpo, y con una actitud extraña pero impredecible. Como Lui, Valt creyó conveniente quedarse a distancia por pura prudencia. Ninguno de los dos sabía cómo podría reaccionar Free. Sin embargo, el silencio se alargaba y la tensión no hacía más que aumentar.
- ¿Qué le has hecho al chico, Free? – Habló Lui, con firmeza en la voz. Aiger no lucía herido, ni con signos de violencia.
El rubio soltó a Aiger de forma brusca antes de alzar la cabeza para dirigir su atención a sus compañeros. La vacía mirada del Dragón Dorado, quien tenía su cabeza inclinada de una forma excesiva, asustó a Valt, quien no comprendía la situación, ya de por sí muy confusa. Pero más confuso fue el hecho de que Free les diera la espalda y se marchara sin soltar una palabra. El rubio desapareció entre la vegetación, como un ciervo silencioso que quería estar tranquilo. Fue cuando los dos se acercaron para asegurarse de que Aiger se encontraba bien.
- Parece que Free no le ha hecho nada. – Dijo Valt, más aliviado.
- Creo que sólo han tenido una batalla de beyblade, a decir por cómo tiene el pelo el tío este. – Lui fue observador al mirar a Aiger.
- Será mejor que nos lo llevemos de aquí.
- Sí, estoy de acuerdo.
Lui sostuvo a Aiger y junto a Valt, fue al BC Sol. Miraron aquellas ruinas antiguas por última vez antes de irse. En el BC Sol, dejaron a Aiger en la enfermería donde un pequeño equipo médico se ocupó de él. Los dos decidieron esperar fuera, para hacer tiempo. Al principio permanecían callados, recordando lo sucedido en el bosque. Nunca antes la presencia de Free les había resultado tan violenta como en aquellos instantes. Valt todavía podía sentir no sólo el miedo sino también la sensación de que unas agujas frías se le clavaban en el cuerpo. Si le pasaba algo a Free, ellos lo ignoraban completamente. Y para ambos era frustrante. Free había decidido mantenerse inexpresivo, apartándolos de toda posibilidad de echarle una mano. Es como si el rubio hubiera decidido no contar con la ayuda de nadie más y sacarse las castañas del fuego por sí mismo.
- ¿Deberíamos preocuparnos por Free, Lui? – Valt rompió el silencio, incapaz de contenerse. El Dragón Blanco suspiró.
- No lo sé.
- Vamos, tú le conociste antes que yo. ¿Nunca le has visto así?
- Sólo una vez, pero fue hace mucho y por una razón. Ahora no estoy seguro de si haya o no una razón detrás.
Los dos resoplaron. Jugar a las adivinanzas con Free era perder el tiempo. Pero eso inquietó todavía más a Valt, quien miró a Lui. Si ni siquiera él podía ver a través de Free, puede que eso quisiera decir que el asunto era serio. A Valt todavía le costaba una barbaridad saber interpretar las señales de Free, pero cuando éste se ponía en un modo tan inexpresivo ya era prácticamente imposible.
- ¿Crees que sea por su ansiedad? – Preguntó Valt.
- Puede que su ansiedad sólo sea un factor. – Lui se cruzó de brazos. – En cuanto le hablé de Aiger, su actitud cambió por completo.
- ¿Eh? ¿En serio? – Vio a Lui asentir.
- Vi en sus ojos el deseo de conocer a Aiger a través de una batalla de beyblade. Puede que haya sido eso lo que haya pasado. Pero no tenemos manera de saberlo. – Se encogió de hombros.
- ¿Qué es lo que tiene que tener Aiger para que Free haya reaccionado de ese modo?
- Su energía. – Contestó de forma contundente, llamando la atención de su interlocutor. – Aiger tiene una energía que no es suya. – Miró a Valt. – A mí, personalmente, me recuerda mucho a Phi.
Valt no necesitó hacer más preguntas. Lui acababa de decírselo todo. Automáticamente todo encajó en su mente a través de esas simples palabras. La actitud de Free tenía un motivo. Poniéndose serio, Valt recordó los encuentros de Free contra Phi y en su mente asaltó una duda: ¿Acaso Free estaría castigándose por sus derrotas? Valt conocía con bastante precisión a Free como para no saber que éste era la clase de persona que podía llegar a atormentarse muchísimo por sus fallos. Free era demasiado exigente y también extremadamente duro consigo mismo. Pero era exactamente por eso por lo que Free era capaz de autosacrificarse por un bien mayor, tal y como lo demostró cuando abandonó el BC Sol para irse con los Raging Bulls en Estados Unidos.
- Desde su último combate contra Phi... Free ha ido de mal en peor. – Valt bajó la cabeza, mientras se apoyaba en el balcón en el que estaban los dos. – Ha estado mal desde que acabó en la UCI.
- Veo que todavía te martirizas por eso. – Eso sorprendió al pelinegro, que posó sus ojos sobre Lui. – Sé que es duro ver a un ser tan querido en un sitio como en la UCI. Puedo comprender bien lo que estás sintiendo... y lo que sentiste en esos momentos.
- Lui...
- Te lo dije, ¿recuerdas? – Lui hizo una sonrisa forzada impregnada de tristeza y frustración. Valt no lo pasó por alto. – Mi vida ha sido un infierno gracias a mis padres. – Apoyó su mentón en la palma de su mano. Observaba el exterior. – Aunque mi madre ha cometido muchos errores, lo hizo creyendo que era lo mejor para mí y eso es lo que cuenta.
- Tu madre... ¿estuvo en la UCI? – Pensar en esa idea hizo que Valt se sintiera especialmente empático con el Dragón Blanco.
¿Hasta qué punto podía entenderle Lui? Cada vez estaba más sorprendido por la profundidad que éste le demostraba. Debajo de todo ese orgullo y toda esa agresividad... se escondía una persona sensible. Era tal y como le dijo Free en una ocasión: Lui era más frágil de lo que parecía, y usaba su peor cara para esconder su mayor debilidad. Era como la misma naturaleza. Valt recordó la película de Guerra Mundial Z, donde una frase se le quedó grabada en la mente: «la naturaleza muestra su peor cara para esconder su talón de Aquiles».
- Por desgracia sí. – Lui se había tomado su tiempo para responderle a esa pregunta. – Mi padre nunca quiso dejarla en paz, así que tuvo la brillante idea de cruzar una línea roja. Eso nos marcó a todos. – Suspiró. – Por eso digo que sé cómo te sientes. Que no me sienta orgulloso de mis padres no implica que no los quiera.
- Si yo fuera tú tal vez habría acabado odiándolos...
- Sí, eso es lo que habría hecho cualquiera en mi lugar. – Se rio. – Llámame cursi, pero allá donde lo ves, Free hizo que cambiara mi mentalidad sobre ello. – Eso pilló a Valt desprevenido. – A través de Free pensé que no había necesidad de buscar culpables. Las cosas simplemente ocurren y van más allá de nuestro control. – Miró a su compañero. – Como nosotros, por ejemplo. Estamos metidos en el lío de Phi y ahora en el jaleo que Jin ha provocado. Y obviamente no podemos hacerlo todo nosotros. Siempre hay algo que se encuentra fuera de nuestro control, y no por eso somos culpables de algo que no podemos manejar. Eso fue lo que les ocurrió a mis padres. Se dejaron llevar por situaciones que jamás controlaron.
Valt no pudo decir nada. Contemplaba el rostro de Lui, viendo cómo todo eso le afectaba por mucho que lo hablara intentando que no lo pareciera. Pero hasta el Dragón Blanco era expresivo, a su manera. Lo era mucho más que el Dragón Dorado. Valt agradecía que Lui se mostrara más accesible en ese sentido, porque gracias a eso reunió el valor para darle un abrazo que sorprendió al propio Lui. No hubo necesidad de hacer algún comentario. Shirosagi se limitó a aceptar ese abrazo. Su orgullo le recriminó por haberle contado todo eso a Valt, pero su corazón lo agradeció de forma sincera. Fue como quitarse un peso de encima. De alguna manera eso le hizo sentirse más conectado con Valt.
- Has tenido una vida difícil, Lui. – Escuchó a Valt cuando éste se separó de él. Le miraba directamente. – Tanto tú como Free habéis tenido vidas difíciles. Me gustaría decir que os comprendo, pero sé que no es así. No sé qué se siente estar en vuestra piel, pero créeme, me preocupo por vosotros.
- Valt, no tienes que...
- ¡Por eso buscaré la manera de haceros más felices! ¡A los dos!
- ¿Eh? ¿A los dos?
- ¡Sí! ¡A los dos! – Asintió, apretando el puño. - ¡Tú déjamelo a mí, Lui!
Había llegado la tarde y con ella, la calma se abrió paso en el BC Sol. La televisión seguía encendida, para mantenerse al tanto de las últimas noticias. El hielo todavía continuaba presente en Barcelona, aunque cada vez había menos. El BC Sol y todo el bosque era el único lugar que se mantuvo intacto. Muchos trataban de darle alguna explicación, pero todo quedaba en un punto muerto donde las teorías morían por sí solas. Cristina estuvo ocupada atendiendo a las personas que acogió dentro del BC Sol de forma temporal. No hubo rastro de Free por ninguna parte.
Lui y Valt se quedaron juntos incluso después de comer. Rantaro les había invitado a ir de paseo, pero sorprendentemente, Valt prefirió hacer compañía al Dragón Blanco. Los dos se hallaban en la enfermería una vez el equipo médico terminó de ocuparse de Aiger. El chico dormía en la cama, tranquilamente. Por aburrimiento, los dos bladers se dedicaron a jugar al piedra, papel y tijeras para hacer tiempo. Valt ya se había llevado unas cuantas collejas cuando le ganaba a Lui, quien no aceptaba sus derrotas y de esa manera continuaban entre revancha y revancha.
Era la primera vez para ellos compartir tanto tiempo juntos, sin pensar en Free.
- ¿Cuándo crees que se va a despertar? – Valt miró a Aiger. – Estoy deseando combatir contra él...
- Mira que eres impaciente. – Protestaba Lui, cruzándose de brazos. – Además, todavía tienes el brazo roto. – Le señaló. - ¿Cómo pretendes practicar beyblade?
- ¡Usando la boca!
- Deja de vacilarme. – Puso mala cara. Valt se rio. – Tal vez deberían revisarte para saber cómo vas, ¿no?
- La semana que viene Cristina me acompañará al hospital para acudir a la cita con el médico que se ocupa de mí.
- ¿Cristina? – Arqueó una ceja. - ¿Y eso por qué?
- Bueno, técnicamente no soy residente en España y todo el asunto es un follón. Cristina me ayuda mucho con eso. – Contó. – Además, soy menor de edad así que...
- Bueno, Free también lo es. Y yo también. Y todos los del BC Sol.
- Ya, ya lo sé. Pero es más complicado cuando estás en un equipo fuera de tu país natal.
- Sí, lo entiendo. La burocracia de los cojones... - Resopló.
Valt se rio al ver la actitud infantil de Lui. Poder apreciarla no era algo que ocurriese todos los días. Fue un momento relajante para los dos. Debían aprovechar ahora que las cosas yacían en calma, pues nunca sabían en qué momento podría cambiar eso. Valt se acercó a Lui y le cogió de la mano, llamando su atención.
- ¿Qué te pasa?
- Nada. Sólo quería darte... ¿las gracias? – Inclinó la cabeza al mismo tiempo que se encogía de hombros.
- ¿Eeeeh? – Lui volvió a poner mala cara. La actitud de Valt le recordó mucho a la de Free en sus momentos más diabéticos. - ¿Y eso a qué viene ahora?
- Es que... verás, nosotros no nos llevábamos tan bien hace algún tiempo atrás. El que eso haya cambiado me hace muy feliz.
Esas palabras tuvieron su efecto en Lui, quien sintió presión en sus mejillas. Pronto le invadió la vergüenza y las ganas de abofetear al chico que estaba delante de él, ocupando parte de su espacio personal.
- Me gusta que estés aquí, en el BC Sol. – Escuchó de repente. – Hasta he visto que Cristina se siente más tranquila contigo aquí presente.
- Bueno, como comprenderás no puedo dejaros a vuestra suerte. – Contestó, queriendo mostrarse distante. Miró a otra parte de la sala y todo. – Todo se iría por la borda si os dejara solos. Tú eres un completo irresponsable, y Free es un suicida. Alguien tiene que poneros los pies en la tierra.
- ¡Ja, ja, ja! Sí, supongo que sí.
- No te estás dando cuenta de que te estoy insultando, ¿verdad? – A Lui le dio un tic en el ojo ante la actitud de Valt.
El pelinegro simplemente se rio, mirándole y desconcertándole al mismo tiempo. Lui creyó firmemente que Free estaba empezando a ser una mala influencia para Valt. Pero para su mala suerte (o tal vez buena, siempre dependía del punto de vista), Lui los tendría que aguantar a los dos de ahora en adelante. Abandonarlos a su suerte no era una opción y menos cuando el Dragón Blanco sabía que todavía tenía una cuenta pendiente con Phi. Ese desgraciado no se iba a salvar.
Chapter 84: La Tregua
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- Hombre, por fin te despiertas.
- ¿Uh? ¿Es... de día?
Después de dos días enteros, Jin Aizawa se despertaba en una cama que no era la suya y en un lugar que le costó reconocer: el BC Sol. El símbolo del bey club estaba en una de las paredes. Encontró a Daigo Kurogami a su lado, el mismo que hace unos años le dio una paliza injustificada cuando fue el matón del barrio. Aquello todavía estaba pendiente de resolverse. Jin bostezó, más dormido que despierto.
- Me tenías un poco preocupado. No hubo manera de despertarte. – Escuchaba a Daigo, que yacía sentado en una silla, cerca de él. - ¿Suele pasarte? Lo de quedarte dormido, digo...
- Me pasa cada dos por tres... - Jin rascaba sus ojos, en una actitud un tanto pasota debido a su somnolencia. – Me siento cansado... ¿Cuánto rato llevo aquí?
- Pues... las últimas cuarenta y ocho horas.
Jin se quedó mirando a Daigo, casi tomándoselo a broma. El pelinegro se encogió de hombros, y Jin no reconoció atisbo de mentira en su interlocutor. Ni siquiera en su mente. Volvió a bostezar, tentado a volver a echar la mona. Cristina no tuvo problemas en mantenerles a los dos, total, era más la gente que no era parte del club que pululaba por las instalaciones del equipo. Menos mal que Kuroda puso como condición el que no accedieran a los cuartos privados de sus bladers. Ya había habido alguno que otro que intentó aprovecharse e incluso algunos fans que quisieron incordiar a Free sólo para fracasar en el proceso. Free De La Hoya era un experto evadiendo a la gente y esfumándose como un fantasmilla. Menudo pieza estaba hecho.
- ¿Has estado... aquí? – Alcanzó a preguntar Jin. Daigo asintió.
- Alguien tenía que cuidar de ti, ¿no?
- No lo sé. – Se encogió de hombros. - ¿Por qué lo has hecho?
- Porque quise hacerlo. – Fue la respuesta tan simple que le dio. – Es cierto que, después de lo que has hecho, como que no deberíamos ser tan permisivos contigo, pero se trata de tu salud y no se juega con la salud de nadie.
Menuda sorpresa. El matón del barrio que conoció aquella vez por accidente ya no estaba delante de él. En su lugar, ahora era un chico con una comprensión que le pillaba desprevenido y con la guardia bien baja. Jin no supo cómo reaccionar. No supo a cuántos habría matado en su intento de congelar el planeta entero, eso si es que había matado a alguien. No comprendió la actitud de Daigo.
- Eres raro. – Fue lo primero que dijo tras un rato. Daigo se echó a reír.
- Es todavía más raro que me lo digas tú, ¿no te parece?
- Yo soy normal.
- Y yo también.
- No, tú no.
- Venga ya.
Jin inclinó la cabeza, no muy convencido. Esa conversación era absurda y tonta... pero no pudo negar que era agradable y hasta divertida. Daigo se apoyó en la cama, echando un suspiro. Jin pudo percibir su relajación. ¿Acaso este chico se habría preocupado tanto por él? No. Eso no podía ser. Nadie se preocupaba por él. Nadie lo haría. Él no se preocuparía por alguien como él, por el tipo de persona que era. Por la clase de «cosa» que era.
- A pesar de lo que has hecho... - Escuchó de nuevo a Daigo. – Tu hielo no ha llegado hasta aquí. El BC Sol entero se ha quedado intacto.
- No me sorprende. – Sopló.
- ¿Ah no?
- No. Es cosa de Dovahkiin.
- ¿Quién?
- Dovahkiin.
- ¿Y quién es ese?
- No sé, tal vez, ¿Free De La Hoya? – Contestó con un tono sarcástico.
- Pensé que cuando me contaste aquello era una coña o algo.
- Yo nunca hago coñas. – Protestó.
- Así que... - Daigo se puso derecho, mirando a Jin. – El que estemos a salvo de todo ese hielo, ¿ha sido gracias a Free?
- Eso me temo. – Bostezó. – Ese desgraciado lleva mucho tiempo viviendo por aquí. La energía que emana de él queda impregnada en este lugar. Por eso el BC Sol no se ha congelado.
- Oh vaya, es una pena. Este desgraciado iba a invitarte a dar un paseo.
Aquello los hizo reaccionar de inmediato. Jin se asustó, y es que en la puerta se encontraba el mismísimo De La Hoya, que había escuchado la conversación... o parte de ella. Ninguno de los dos supo cuánto rato llevaba el rubio ahí. Su cara impasible no les permitió saber qué era lo que se le pasaba por la cabeza, ni siquiera Jin pudo hacerlo por mucho que lo intentara. Aizawa arqueó una de sus cejas, no muy confiado.
- ¿Qué es lo que pretendes exactamente? – Preguntó directamente. – Pasear conmigo... tú me estás vacilando, ¿no?
- Bueno no puedo negar que es divertido tomarle el pelo a los demás. Pero no es el caso. – Miró a su interlocutor. – Ahora que te has despertado, tenemos que zanjar un asunto tú y yo.
- ¿Y si no quiero? Me da mucha pereza levantarme de esta cama.
- Jin, llevas ahí dos días. – Tuvo que recordarle Daigo, recriminándole. – Te vendrá bien mover las piernas.
Automáticamente Jin puso mala cara. Free no aguantó su risilla, lo cual no ayudó a Aizawa que acabó cediendo. Su pereza hacía que sintiera su cuerpo más pesado. Free se apartó de la puerta para dejarle pasar, antes de encontrarse con los ojos púrpuras de Daigo.
- Voy con él. – Le dijo, pero antes de poder seguir caminando, una mano se posó en su pecho.
- No. Tú mejor espera aquí.
- No puedo, ¿y si se duerme o algo?
- Sé bueno y espera aquí.
Free se alejó, dejando a Daigo con su recientemente hallada frustración. Menuda manera de decirle que sobraba en esa situación. Es como si De La Hoya hubiera percibido sus intenciones y hubiera sabido que le consideraba una pequeña amenaza para Jin después de lo que éste hizo. Puede que hubiese estado mal, realmente mal, pero Daigo confiaba en que había una razón detrás. Con lo debilucho y frágil que era, Jin no parecía alguien especialmente peligroso. Aunque claro, con lo que había provocado él solito... Daigo entró en confusión a causa de eso. Se debatió entre lo bueno y lo malo.
Jin siguió a Free en todo momento. Los dos iban despacio, al parecer, tenían la misma poca prisa por deambular por cualquier parte. A Jin le extrañaba la actitud tan relajada y tranquila del rubio. Por mucho que poseyera habilidades psíquicas, Jin no era capaz de meterse en la cabeza de Dovahkiin del mismo modo que antes. Algo había cambiado en el rubio. Algo lo suficientemente significativo como para que su poder no volviera a funcionar. Dovahkiin todavía se reservaba sus sorpresas. Bostezó varias veces, limitándose a ir tras el blader. Salieron de las instalaciones del BC Sol por una puerta trasera para evadir a algunas personas que no eran parte del bey club y se adentraron en el bosque.
La calma pronto los envolvió. Free todavía permaneció en ese silencio. Jin pudo ver con claridad cómo la energía dorada del rubio emanaba de su cuerpo y se expandía por el bosque, que, en respuesta, se la devolvía en forma de energía natural, limpia y pura. Era algo así como un intercambio, en una comunicación única y especial. Este bosque era quizá el lugar más espiritual y con más carga energética de toda la zona de Barcelona. Y todo gracias a la conexión que tenía Free con este sitio, y lo que su energía era capaz de hacer. Desde luego, la energía de Free era verdaderamente un tesoro irrepetible en este mundo. Sus efectos poseían una amplia diversidad dependiendo para qué fuera a utilizarse, y sobre qué: animal, cosa o persona.
Continuaron adentrándose en el monte, hasta que Jin se vio delante de un lago de aguas cristalinas con una pequeña isla en el centro. Abrió los ojos al sentir que este era un punto donde la energía de Free se concentraba más que en otros rincones del bosque.
- Sé que buscas venganza por lo que he hecho. – Jin rompió el silencio. – Y sé que la buscas por lo que te he hecho a ti.
- Venganza. – Repitió en voz baja. – Sí, eso fue lo que pensé al principio cuando desperté tras casi quince días. – Permaneció de espaldas a Jin. – Pero luego sentí que no era correcto. Total, me hiciste un favor.
- ¿Perdón? – Jin llevó su mano detrás de su oreja derecha. - ¿Cómo que un favor? ¿Qué favor?
Free se giró y la expresión gentil que había en su cara hizo que para Jin fuera un poco abrumador. ¿Qué es lo que estaba pasando exactamente? La respuesta de Dovahkiin era completamente diferente a la que él esperó e incluso la que imaginó. No hubo ni un pequeño atisbo de agresividad u hostilidad. Sólo había... gratitud. Pero, ¿gratitud por qué?
- Hace un tiempo... pude estar con mi padre. Fue cuando volvía a casa por mi cuenta. Me habló mucho de mi madre. Desde ese día tuve... una espina clavada en el corazón. – Llevó su mano al pecho, cerrando los ojos. – Quise... estar con ella después de lo que nos ocurrió, pero sabía que no podía. Hasta que apareciste tú.
- Deberías guardarme rencor por lo que he hecho. De hecho, tendrías que estar enfadado. – Jin se encogió de hombros. - ¿Por qué no lo estás?
- Porque tú me has enviado con mi madre. Durante esos casi quince días me has permitido estar con mi madre, ¿no es así?
Jin abrió los ojos. No pudo dar una respuesta concisa. Dovahkiin no había necesitado ir a buscarle para darse cuenta de algo como eso. Esa era la razón por la que no había enojo en la energía del rubio, ni en su interior. Por mucho que lo intentara, Free no iba a enfadarse con él.
- ¿Cómo sabías que quería estar con mi madre? – Fue la pregunta que le hizo Free. Su voz era tranquila y relajada. Jin desvió la mirada.
- ¿En serio tengo que responder a eso? ¿De qué te sirve? No soy alguien en quien puedas confiar.
- Sé perfectamente quién eres. Y también sé lo que quieres y lo que buscas. – Eso hizo que Jin se sorprendiera. – Sé de dónde provienes.
- ¡Deja de vacilarme! – Alzó la voz. - ¡¿Por qué iba a creer en ti?! ¡¿Y por qué creerías en mí?!
- Porque comprendes lo que es sentirse en mi situación. Puede que no te haya pasado lo mismo, pero...
Sin terminar de hablar, Free se giró y se acercó a él para sostener su brazo y obligarle a ponerle la mano en su pecho. Jin tragó saliva, un tanto asustado. Todo esto era confuso, pero empezaba a ser demasiado abrumador para su persona. Demasiado como para aguantarlo. Notaba cómo latía ese corazón, así como la elevada temperatura de ese cuerpo del que emanaba una energía tan pura como aquella.
- Sé que puedes sentirlo. – Le habló Free. – Lo que yo estoy sintiendo, también lo sientes tú, ¿verdad?
- Tú... - Murmuró. - ¿Cómo es que tú...?
- Me di cuenta de que poseías esa habilidad desde el momento en el que me ofreciste a llegar hasta Lui yendo a Japón. Sólo tú serías capaz de hacer algo como aquello. Sentiste mi sufrimiento en tu corazón y eso te empujó a querer ayudarme.
- Suéltame... - Intentó alejarse, pero Free le tenía bien sujeto. - ¡¡Que me sueltes!! – Cerró los ojos, bajando la cabeza.
- Hagamos una tregua. Tú y yo. – Dijo el rubio, sin soltar a su interlocutor. – Dentro de poco tendré mi encuentro con Phi. Probablemente sea el último en mucho tiempo. Tú eres inmune a su poder, así que necesito que me apoyes, aunque sólo sea esta vez.
- Eres un estúpido. ¿Qué te hace pensar que me voy a poner de tu parte? Estoy loco, pero no tanto.
- Si lo haces, podré darte lo que tanto estás buscando en este lugar. – Free le soltó antes de crear una esfera de energía con su mano. – Te entregaré mi poder.
Jin contempló el rostro de Free. El chaval hablaba más en serio que nunca. No había duda en él. Jin tuvo la sensación de que el rubio sabía perfectamente lo que pasaría de ahora en adelante, aceptando las consecuencias. Jin se vio tentado a aceptar. Ya poseía el poder de Phi, y sólo le quedaba quitárselo a Free, aunque eso no lo había conseguido... hasta ahora. Ahora era cuando tenía su oportunidad. Irónicamente, Free se la estaba ofreciendo en bandeja.
- ¿Por qué harías algo tan peligroso? – Tuvo que preguntar, desconfiado. – Koslaram no me quiso entregar su poder, así que, ¿Por qué lo harías tú?
- Porque sé que no tienes mal corazón. – Free sonrió. – No sé qué es lo que Akatosh te hizo antes de mi existencia, pero sé que estás tratando de compensar un poco las cosas. Piénsalo. Si no hubiese sido por ti, yo no habría llegado hasta Lui y él habría muerto por la oscuridad de Phi. Sin Lui, quién sabe cómo estaríamos ahora mismo. Probablemente todo se habría complicado a puntos insospechados sin él.
- Sólo... - Jin desvió la mirada. – Sólo sentí el amor que guardas por él. Por eso lo hice. No es como si ninguno de vosotros me importara realmente.
- ¿Y no será que tú también le guardas amor?
Escuchar eso fue un golpe bajo para Jin.
- Eres capaz de sentir en carne propia los sentimientos de los que te rodean, así que imagino que parte de esos sentimientos permanecen en tu interior.
- ¿Y no te molesta? – Preguntó Jin. - ¿No te molesta que alguien como yo te haya robado parte de ese amor que tienes por Odahviin?
- No. No me molesta. – Free mantuvo su sonrisa y puso su mano sobre el hombro de Jin una vez deshizo la esfera de energía. – El amor es ilimitado. No importa qué es lo que ocurra. A Voslaarum, a Odahviin... a ellos les amaré siempre.
- Eres un cursi de mierda...
Aquello provocó la risa de Free. Sí, era exactamente lo que Lui le diría, como si lo viera. Sólo faltaría el golpe para rematarlo todo. Al parecer, Jin también era orgulloso a su manera.
- Bueno, ya lo sabes. – Inclinó la cabeza. – En esta nueva vida no he tenido la oportunidad de amar tanto como me hubiese gustado. Mis padres me fueron arrebatados antes de tiempo, y me costó mucho aprender a amar de nuevo. Tú me comprendes perfectamente. Amé y sigo amando a mis padres, pero a ellos los perdí. Por eso sé que amo con más fuerza a Valt y a Lui. Y ese amor que siento prevalecerá.
- ¿Cómo estás tan seguro? ¿Y si Phi les destruye?
- Ya lo hizo en unas cuantas ocasiones hace muchas vidas atrás. – Free se apartó, para mirar el cielo. – Y por eso volvería a destruirle a él y a este mundo por ellos. – Eso hizo que Jin abriera los ojos, entendiendo lo que eso quería decir. – Así como por culpa de tu hermano. – Dijo. – Para mí... este mundo no tiene sentido si Lui y Valt no están en él. Ellos dos son los que me atan a este mundo, y por ellos lo defiendo. Ellos son felices viviendo en este mundo, así que no seré yo quien les arrebate aquello que es importante para ellos.
Jin se quedó callado. La profundidad de ese amor era demasiada como para aguantarla. Pero le sorprendía la intensidad con la que sentía el corazón de Free. Gracias a eso, pudo entender mejor por qué Dovahkiin se dedicó a destruir tantas veces este mundo en vidas anteriores, obligando a Akatosh a reconstruirlo todo desde cero. Hasta alguien como Dovahkiin necesitaba razones para proteger este mundo en el que ahora vivían todos.
- Si te ayudo con Phi... ¿cumplirás tu palabra? – Habló Jin tras varios minutos. - ¿Me entregarás tu poder?
- Sí. Te lo prometo.
El joven miró al rubio antes de asentir y marcharse de allí. No quiso permanecer ahí por más tiempo. Desapareció de la vista de Free, mientras la suya propia se llenaba de agua salada. Su corazón se había empapado por completo de los sentimientos y las emociones del rubio, y al contrario que éste, Aizawa no pudo reprimir todo aquello. Tuvo que dejarlo salir en forma de lágrimas. Y además de eso... por primera vez en cientos de siglos, por fin, alguien confiaba en él y se daba cuenta de sus verdaderas intenciones.
Chapter 85: Meditación
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Tras varios días de calma constante, el BC Sol pudo recuperar su tranquilidad habitual. El hielo había ido desapareciendo de Barcelona, así que la gente fue volviendo a sus respectivos hogares y a sus respectivas rutinas. Eso alivió a Cristina, quien ya no tenía que estar tan pendiente de la comodidad de sus bladers y la curiosidad de las personas a las que acogió durante ese estado de alarma. Jin Aizawa se quedó en el BC Sol, y al parecer, vigilado por un Lui desconfiado que merodeaba por los alrededores. Sin embargo, la persona que más destacaba era Aiger. El chaval había montado un escándalo de narices en cuanto descubrió que estaba lesionado. Un esguince en el tobillo le impedía practicar beyblade, y una parte del chaval culpó a Free por ello, pese a que De La Hoya no tenía nada que ver. Cristina tuvo que llamarle la atención varias veces por su comportamiento.
Zack y Daigo también permanecieron en el BC Sol. El primero porque insistía en que era el protector de Twinkle Toes, o sea, Valt. Y el segundo simplemente porque la salud de Jin le importaba, aunque este último no es el caso que le hacía. Jin solía regresar al bosque, sin perderse gracias a sus espíritus que velaban por él. Había sido el único en descubrir un extraño comportamiento en Free De La Hoya, quien acabó llamando la atención incluso sin desearlo. Por supuesto, Lui fue el primero en darse cuenta. Free frecuentaba muchísimo El Astro, hasta el punto de quedarse allí un tiempo prolongado para ponerse a meditar delante del estadio de beyblade. Ninguno supo entender la razón, pero Lui empezó a preocuparse.
Un día decidió ir también al estadio oficial del BC Sol, y para su sorpresa, Valt le siguió. Parecía que el pelinegro quería descansar un poco después de juntarse tanto con Aiger.
- ¿Y no hace otra cosa? – Preguntó Valt, extrañado. Lui le había contado la situación.
- Pues no. – Se encogió de hombros, con una cara algo seria. – Por eso quiero ir a ver qué pasa. No es normal que Free haga esto de una forma tan repentina.
Valt contempló a Lui, sin saber qué decir. Decidió callarse y acompañarle. No necesitaron de mucho tiempo para llegar hasta El Astro. Ese edificio siempre era imponente y majestuoso. Un señor que limpiaba allí y que solía conocer a muchos bladers de vista, les reconoció.
- Oh, sois vosotros. – Se acercó arrastrando un cubo de la basura. – Tenéis que ser amigos del chico que ha venido antes, ¿no es así?
- ¿Hablas de Free? – Valt alzó una ceja.
- Si es rubio, entonces sí somos sus amigos.
- Por supuesto, es un chico rubio. Llevaba una cara muy seria cuando le vi. No sabría decir si estaba preocupado o qué, pero últimamente suele venir a menudo por aquí.
- Muchísimas gracias, señor. – Sonrió Valt. – Iremos a hablar con él, si no le molesta. ¿Tiene las llaves?
- Sí, por supuesto. Siempre me toca limpiar así que bueno... - Señaló la puerta con el pulgar. – Está abierto, podéis pasar si queréis.
- Estupendo. Vamos, Lui.
El Dragón Blanco lució más que desconcertado cuando Valt le arrastró cogiéndole del brazo. Aquel hombre continuó con su trabajo, como si nada. Al parecer se escaqueaba de su labor de vez en cuando, quizá para tomarse un descanso. El interior del El Astro lucía completamente diferente cuando no estaban las luces encendidas. Era sin duda un lugar muy silencioso. Sin embargo, no todo yacía a oscuras completamente. Una luz dorada lo iluminaba desde alguna parte. Los chicos se guiaron al sentir la presencia inconfundible de Free. Yendo por las gradas, pronto vieron al rubio sentado delante del estadio, meditando.
Ambos intercambiaron miradas, tratando de descubrir qué era lo que hacía De La Hoya. Valt sabía que Free tenía preferencia por pasarse las horas muertas en el bosque del BC Sol, así que, ¿por qué ahora venía hasta aquí para ponerse a hacer eso?
- Espera, no está meditando. – Escuchó el susurro de Lui, que hablaba en voz baja. Valt le miró. – Está usando su energía... creo que con la intención de bañar El Astro con su poder.
- Pero, ¿es posible hacer algo así?
- Sí – asintió. – Pero requiere de mucho aguante. – Lui dirigió su vista amatista hacia el rubio. – Free lleva varios días viniendo aquí para hacer eso, y tiene pinta de que permanece aquí por un tiempo prolongado. Usar su energía de esa manera... debe ser difícil incluso para él.
- ¿Lui? – Le llamó Valt. – Crees... ¿Crees que deberíamos intervenir?
- No estoy seguro. Free sabe lo que hace. O casi siempre lo sabe. – Lui no se olvidó que el rubio era un completo suicida en muchas ocasiones. – Debe tener algo en mente para venir hasta aquí sólo para hacer eso.
- Hace poco que se despertó después de que Jin intentara congelarnos a todos. – Decía Valt, en un tono preocupado. – Fue complicado hacer fluir la energía dentro de Free y...
- Ya lo sé, ¿vale? – Le interrumpió, fastidiado. – Pero no creo que tengamos que hacer nada.
- No opino lo mismo. – Valt apretó las manos. – No quiero que le ocurra nada, Lui. Y... y haciendo eso que está haciendo ahora...
- Deja de preocuparte tanto por él. – Lui volvió a interrumpirle por segunda vez, aunque con más firmeza. – Sé que ha hecho cosas arriesgadas y tomado decisiones drásticas, pero tenemos que confiar en él. Sea lo que sea, lo está haciendo con un objetivo en mente.
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Porque le conozco desde hace mucho.
Eso fue suficiente para que Valt resoplara y tuviera que resignarse. No obstante, eso no significaba que le gustara quedarse de brazos cruzados. Temía por la salud de Free, aunque él no parecía forzarse. Simplemente se quedaba ahí sentado, usando su energía de forma constante y ya está. ¿Acaso no valía más la pena tratar de entrenarse para su próximo encuentro contra Phi? Al acordarse de él, Valt tuvo un mal presentimiento. Algo en su interior reaccionó nada más ver la figura de Koslaram en su mente. Phi no había tenido piedad de Free, y ya le había hecho mucho daño. ¿Quién no le decía que eso volvería a pasar? Y, a pesar de todo, él no tenía permitido inmiscuirse. Menuda rabia.
- Vámonos.
- ¿Lui?
- Venga, vamos.
- Pero...
- Aquí no hacemos nada. Venga, mueve el culo.
Lui se alejó de allí, sin esperarle. Valt miró a Free una última vez, antes de seguir al Dragón Blanco. Desde que De La Hoya había demostrado que tenía cierto temor a acercársele, Valt se sentía... como obligado a respetar esa distancia, por mucho que le doliera. Le dolía pensar que Free todavía se culpaba por aquel rayo que lanzó contra Phi y su hermano Hyde, el rayo que él mismo recibió voluntariamente para proteger a esos dos. Valt no se había olvidado de ello, y, de hecho, volvió a revivir esos instantes en su mente después de salir de El Astro. Lui notó su actitud, pero no hizo nada en concreto. No era la primera vez que veía a Valt pensativo. Mientras no volviera a ver ese rostro tan triste...
Shirosagi contempló a Valt cuando se acordó de aquel día en el que pudo volver a España tras enterarse del destino que acabó encontrando Free. Encontrarse a Valt en semejante estado en el hospital era algo que, al parecer, dejó mella en él. Justo ahora Lui se percató de que, desde entonces, había estado bastante más pendiente de Valt y había pasado más tiempo a su lado. No supo cómo sentirse exactamente y eso era lo último que le faltaba ya. Su mente se hallaba en una actividad frenética dada la situación en la que se encontraba, y esto ya lo remataba todo.
- Venga, date prisa. Pronto será la hora de comer, y tengo hambre. – Lui optó por distraerse y dejar esos pensamientos a un lado. Sostuvo a Valt de la mano, para obligarle a caminar más deprisa. No quería volver a avergonzarse como un estúpido.
Valt le miró, un tanto sorprendido por esa acción. Lui no era como Free, tuvo que repetirse mentalmente. Y lo repitió varias veces mientras iban los dos al BC Sol. Sin embargo, Lui no tenía que ser como Free ni mucho menos. El chico descubrió que le hacía feliz tener al Dragón Blanco a su lado. Habían pasado muchas cosas, y para bien o para mal, Lui estuvo ahí en todo momento. Valt había aprendido a cogerle cariño, y a confiar en él... porque sabía que Lui no era el tipo de persona que le daría la espalda. Y, aparentemente, sus sentimientos eran correspondidos de alguna forma. Valt lo veía. Lui había comenzado a darle más importancia a cómo se sentía, y trataba de sacar soluciones, pensándolas por los dos.
Sonriendo, Valt se aferró a la mano de Lui. El Dragón Blanco iba por delante de él, de modo que no pudo ver su reacción. Ojalá hubiera podido.
Cuando llegaron al BC Sol, Valt vio que Lui optaba por darse una ducha primero, así que no objetó nada. Se reunió con sus amigos en el comedor, donde Anch le saludó alegremente en lo que Kitt y Honey corrían hacia él para darle un abrazo. Después, recogió la bandeja de la comida que Anch hizo para él y se sentó con los demás. Valt se percató de la ausencia de Cristina. Puede que tal vez estuviera en su despacho, total, tampoco sería nada nuevo.
- ¿Alguno sabe cuándo se va a largar el novato que llegó hace poco? – Silas fue el primero en hablar, mientras removía un poco el arroz para enfriarlo lo suficiente para no quemarse la lengua.
- ¿Mm? ¿Te refieres a Aiger? – Saltó Rantaro.
- ¿A quién más si no?
- Pues ahora que lo dices... - Se mostró pensativo.
- No tiene pinta de que vaya a marcharse. – Intervino Sasha, que estaba con ellos en la mesa. – He oído que se va a quedar con nosotros, aquí, en el BC Sol.
- Será una broma, ¿no?
- ¿Por qué? ¿Qué pasa, Silas? – Tuvo que preguntar Valt, que había estado guardando silencio. - ¿Es que acaso Aiger no te cae bien?
- Para tu información... - Señaló a Rantaro con el tenedor. – Tengo a este idiota como compañero de habitación, y por si se te ha olvidado, también tengo al cantamañanas de Kuza y su maldita cacatúa. Así no hay quien duerma.
- Oye, que yo apenas te molesto, amigo.
- ¡¿Qué apenas me molestas?! ¡Roncas como un león marino, chaval!
- ¡¿Disculpa?! ¡Eso no es verdad!
- ¿Ah sí? Con que esas tenemos, eh. Pues muy bien. Ya verás cuando te grabe.
- ¡Pero bueno! – Protestó el rubio. – Oye, Valt, ¿Lui no estaba contigo?
- Ah, he, he. Está duchándose. Yo tendría que hacer lo mismo, pero... - Miró su brazo en el cabestrillo. – Es un poco... tedioso hacerlo con esta escayola puesta.
Sus compañeros se miraron entre sí. Ellos ya se imaginaban el panorama, obviamente. Silas continuó comiendo, mientras Rantaro parecía pensar en algo... otra vez. Kitt pareció un poco triste porque Valt tuviera un brazo roto, hasta que Rantaro tuvo que llamar la atención con su próximo comentario:
- Si no mal recuerdo, Shu y los demás se curaron gracias a que Free fue a Japón, ¿no es así? – Claro que esa parte también la sabía gracias a que Valt se lo contó un par de días atrás. – Entonces... ¿cómo es que no te ha curado a ti, Valt?
- Pues ahora que lo mencionas...
- Puede que su energía no esté hecha para eso. – Silas se encogió de hombros.
- ¡Como si eso fuera a tener sentido! – Intervino una voz.
Automáticamente reaccionaron. Vieron a Zack llegar, acercándose tras saludar a Anch que estaba pendiente de ellos por si comían bien o no. El rubio se puso a un lado de la mesa, como presidiéndola. Los demás permanecieron atentos a él.
- ¿De qué hablas tú ahora? – Silas rompió el incómodo silencio que se había formado.
- Lamento interrumpiros, pero no he podido evitar escuchar vuestra charla.
- Menudo cotilla estás tú hecho. – Escupió Karlisle.
- Oye, eso ofende.
- Heh, es la verdad, payaso.
- A ver, que nos desviamos del tema. – Tuvo que intervenir Valt. – Zack, ¿tú sabes algo?
- Obviamente, Twinkle Toes. De lo contrario, ¿crees que estaría aquí?
- ¿Acaso...? – Rantaro miró primero a Valt y luego a Zack. - ¿Acaso la energía de Free tiene propiedades curativas?
- No sólo eso, amigo mío. – Sonrió Zack. – Esa energía posee muchas habilidades bastante útiles. La primera de ellas es bastante evidente, ¿no? – Alzó las manos a la altura de los hombros. – Tan sólo pensad por qué el BC Sol y todo su bosque es lo único que no se ha congelado tras la liada de nuestro estimado Jin.
- ¿Insinúas que eso ha sido obra de Free? – Sasha arqueó una ceja.
- Por supuesto. Esa energía también puede actuar como un campo protector en lugares específicos. Tiene sentido que este rincón de Barcelona se haya salvado, teniendo en cuenta que Free ha estado viviendo aquí por muchos años. Además...
- ¿Además qué?
Zack llevó la mano al mentón, como pensando algo. El resto tuvo que aguardar en una espera impaciente. Valt apretaba la cuchara. Era curiosísimo que Zack supiera tanto. Tal vez fuera gracias a su madre. Pero, al menos, estaba obteniendo algunas respuestas. Lo que acababa de contar sobre cómo la energía de Free actuaba en algunos sitios le dio una idea de lo que podría estar haciendo en El Astro, meditando allí sin parar. ¿Y si Free trataba de anular la energía de Phi, contrarrestándola con la suya al bañar El Astro entero con su poder? Eso tendría bastante sentido, pero, ¿funcionaría?
- Es posible que... - Murmuró.
- Venga, suéltalo ya. – Dijo Silas, poniendo mala cara. – Cht, desde luego, qué tipo... venir aquí para ponernos en tensión.
- Ya ves. – Asintió Sasha.
- Es sólo una suposición, pero... - Zack miró a Valt, sobre todo a Valt. – Es posible que la gente que haya sido purificada por Free se haya vuelto inmune al poder de Phi.
Valt abrió los ojos, entendiendo al instante lo que eso quería decir. Shu y los demás aparecieron en su mente, pero el que más lo hizo fue el propio Lui Shirosagi.
- ¡¿QUEEEEEE?! – Gritaron Silas y Rantaro.
- ¡Tienes que estar de broma! ¡¿Eso es siquiera posible?! – Silas se puso de pie.
- No lo sé, no lo sé. – Zack movía las manos delante de él con una torpe sonrisa. – Acabo de decir que es una mera suposición, ¿vale? Tendría que hablarlo con mi madre a ver qué opina ella.
- En serio, chicos, nos estáis dando la comida hoy. – Protestó Sasha.
- Es verdad... - Valt bajó la cabeza. – Zack. – Sonrió enseguida, mirando a su amigo. – Te agradezco que quieras ayudar tanto, pero, ¿te importaría dejarlo para otro momento?
- Oh, claro. Perdón. ¿Os molesta si me uno a vuestra comilona? Tengo bastante hambre, todo sea dicho.
- Claro, sin problema.
- Mira que llegarás a ser... - Bufó Silas, haciendo reír al resto.
Gracias a eso el ambiente cambió. Los demás hablaron de cualquier cosa, y, por supuesto, las bromas de Zack no pudieron faltar. Por primera vez, Rantaro vio que Valt se quedaba bastante al margen. Su amigo estaba serio, quizá demasiado. Rantaro se recriminó mentalmente por haber soltado su comentario de antes, pero hasta Zack parecía haber confirmado sus sospechas sobre Free y esa capacidad para curar a los demás. Si gracias a Phi se hallaban en una situación tan complicada, y puede que hasta peligrosa, ¿Por qué razón Free no había curado a Valt? Le resultó... extraño.
El escándalo montado por Zack atrajo a otro curioso. A Valt se le iluminó la cara cuando vio que era Lui. Le faltó tiempo para ponerse de pie e ir hacia él.
- ¡Lui! ¡Por fin estás aquí!
- Uh, pensaba que ya habíais terminado de comer. – Se dio cuenta que no estaban solos, obviamente. Shirosagi contempló los ojos de Valt, como analizándole. - ¿Va todo bien, Valt?
- ¿Eh? ¡Claro! ¿Qué iba a ir mal? – Sonrió.
Lui no se convenció. Demasiado tiempo acostumbrado a ver a través de los ojos de Free De La Hoya, como para que ahora apareciera Valt intentando esconderse de él. Era un libro abierto... demasiado abierto. Lui le caló enseguida, pero decidió dejarlo para otro momento. Puede que Valt sólo estuviera pretendiendo estar bien delante de sus amigos con el fin de no preocuparles. Cuántas veces no habría visto eso en las personas, incluyéndole a sí mismo en el saco.
- ¿Lui? – La voz de Anch le hizo reaccionar, girándose. – He supuesto que vendrías con ganas de comer un rico arroz. Toma, espero que te guste.
- ¿Es para mí? – Preguntó, acercándose. La mujer se rio.
- ¡Claro, hombre! ¡Hay que comer bien para crecer!
Lui no supo cómo tomarse ese comentario. ¿Esta señora le estaría llamando bajito en su propia cara? Eso le hizo resoplar después del tic nervioso que tuvo en su ceja derecha. Valt tuvo que contener la risa, antes de invitarle a unirse a sus amigos. Lui aceptó, simplemente para que Valt pudiera sentirse mejor.
***
La luz que iluminó El Astro durante varias horas finalmente desapareció. Desde delante del estadio, Free abrió los ojos. El chico se tomó unos momentos para descansar, mientras las gotas de sudor bajaban por su piel debido a que su temperatura corporal había subido por haber estado usando su poder de esta manera. Su cuerpo se sentía rígido. Tumbándose en el suelo para sentir el frío del mismo, Free contemplaba el techo cerrado de El Astro. Con su mano derecha sujetaba a Geist Fafnir, que por fin había limpiado tras su última batalla contra Aiger.
Se tomó un rato, hasta que decidió ponerse de pie. Su cuerpo cargaba con tal tensión que Free tuvo la sensación de que, si se apoyaba demasiado, uno de sus dos tobillos podría romperse y todo. Reconoció el dolor muscular de su espalda y que se extendía hasta los dorsales para continuar por el pecho y continuar hacia el abdomen en forma de fatiga. Mal asunto para él.
Alzando la mano, contempló su bey sin cambiar su seria expresión.
«He almacenado mi energía mientras meditaba por varios días aquí en El Astro», pensó. «Ni siquiera sé cuántos van ya... pero... al menos podré darle un uso», suspiró, cerrando los ojos. «Y... aun así...», puso su mano izquierda sobre su pecho. «Todo mi cuerpo está como... agarrotado», frunció el ceño. «Me pregunto si podré resistir hasta el día de mi batalla», suspiró. «Fafnir... cuántas veces no te habré decepcionado. Sin embargo...», apretó la mano. «Un último esfuerzo. Sólo te pido un último esfuerzo para derrotar a Phi», acercó su bey a su pecho. «Todo se decidirá en la próxima batalla», y miró de nuevo a Fafnir con cierto pesar. «Y es probable que sea nuestro último combate juntos. Este cuerpo... probablemente este cuerpo no aguante tanto. Pero... eso no importa, ¿no es así, compañero? Tengo que ganar, sí o sí. Y si tengo que hacerme pedazos... entonces que así sea».
Chapter 86: Conexión Misteriosa...
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El día se le había pasado volando. Free no tuvo en cuenta siquiera su condición. Reposar en El Astro le vino bien, pero continuó entrenándose en el bosque, ejerciendo un sobresfuerzo a su cuerpo. Y es que para cuando se percató, el cielo yacía completamente oscuro mientras él se encontraba tirado en el suelo con la ropa hecha un desastre y alguna que otra hoja enredada en su pelo rubio. Respiraba agitado, pues no había parado en su sesión de ejercicios por hacer. Básicamente los de siempre. Era la manera en la que él disfrutaba de hacer deporte, aunque también era por pura costumbre.
Sin embargo, perdió la noción del tiempo. Se acordaba tanto de que su batalla contra Phi que sencillamente se centró en intentar fortalecerse... aunque fuera sólo un poco, a pesar de la posibilidad de que eso fuera en vano. Free no había considerado ni una sola vez el haber derrotado a ese tipo. Y eso generaba en su interior una frustración con la que no era capaz de lidiar.
Entonces abrió los ojos. Su cuerpo no le respondía. Intentó moverse, y tuvo dificultades para ir cambiando de postura. El esfuerzo que tuvo que hacer fue mayor del que pensó. Se sintió como si fuera un pesado ladrillo. Y por poco se caía al suelo de muy mala manera cuando consiguió ponerse de pie. Aunque conocía la respuesta de antemano, Free se preguntó de todas maneras qué era lo que le ocurría. Su cuerpo temblaba, y, tuvo la sensación de que sentía frío... su cuerpo se sentía frío.
«Heh... qué irónico...», pensó. «Casi no puedo ni dar un paso...».
Apretó la mandíbula, frustrado y enrabietado consigo mismo. Su cuerpo le traicionaba. Era tal la carga muscular que tenía que cada movimiento implicaba sentir dolor. Free resopló, a sabiendas de que le costaría volver al BC Sol... eso si es que llegaba.
Apretó la mandíbula, frustrado y enrabietado consigo mismo. Su cuerpo le traicionaba. Era tal la carga muscular que tenía que cada movimiento implicaba sentir dolor. Free resopló, a sabiendas de que le costaría volver al BC Sol... eso si es que llegaba.
Cada paso era doloroso, pero no le quedaba de otra. Tenía que avanzar sí o sí. Era algo así como un esfuerzo adicional que tenía que hacer dado que su cuerpo se empeñaba en no querer obedecerle. Free era consciente que no podía quedarse quieto, ya que de lo contrario puede que no fuera capaz de moverse más. ¿Cuántas horas llevaba fuera? ¿cuántas desde la última vez que vio a Valt y a Lui después de su batalla contra Aiger? Y no sólo ellos. El resto del BC Sol se preocuparía si él no aparecía. Puede que tampoco fuera la primera noche que no dormía allí, pero esta vez era diferente. Esta vez necesitaba estar allí, ni que fuera para intentar recuperarse físicamente. Estaba hecho polvo. Free tenía la sensación de que acabaría perdiendo el conocimiento por puro cansancio... después de los días que llevaba visitando El Astro, usando su energía sin parar y de manera constante, para luego ir a entrenarse... era obvio que esto acabaría sucediendo.
«No. ¿Será que me he vuelto más débil?», se cuestionó mentalmente a medida que caminaba por el bosque.
Pero entonces, salió de sus pensamientos rápidamente. Se había distraído, tropezándose y cayendo cuesta abajo, rodando de forma bastante violenta debido a la inclinación del terreno. Terminó metido en un riachuelo y el agua estaba muy fría. Eso empeoró las cosas.
- Maldita sea...
***
Silencio. Demasiado silencio... excepto en su mente. Siendo bien entrada la noche, lo único que hacía Valt era dar vueltas en su cama. No podía conciliar el sueño, ni calmar sus pensamientos. La inquietud era más fuerte que él. Miró hacia su izquierda, viendo aquella cama vacía que pertenecía al Dragón Dorado del BC Sol. Una cama vacía, donde él no encontraría el calor de su dueño, aunque sí su aroma. Valt sólo trataba de seguir el consejo de Lui y relajarse un poco, en vez de preocuparse tanto por Free cuando éste podía cuidarse solito. Pero Valt sabía que eso no era del todo cierto.
Free pasaba tiempo solo, puede que demasiado. Valt recordaba las veces en las que el rubio regresó hecho un auténtico desastre tras esas duras sesiones de entrenamiento que tanto disgustaban a Cristina, y con razón. Es como si Free no supiera cuándo detenerse en su excesiva exigencia. Precisamente por eso Valt se preocupaba.
«Es cuestión de tiempo a que un día de estos vuelva lesionado...», pensó. Cerró los ojos y suspiró antes de decidir que prefería estar sentado en la cama. - ¿Debería... ir a buscarle? – Y miró de nuevo aquel lecho solitario. – Free... ¿qué haremos contigo, colega? – Resopló.
En cuanto volvió a quedarse callado, el silencio regresó de forma casi inmediata. No era algo que molestara a Valt. A Free le gustaban los lugares así, donde no hubiese tanto ruido. Y, observando el cuarto de nuevo, Valt tuvo la impresión de que seguía siendo... demasiado vacío. Recordó el momento en el que regresó a España e intentó contarle a Free todo lo que Cristina le dijo a él, sólo para terminar sabiendo por boca del propio Free que éste había recuperado su pasado. Era obvio que Free no buscaba vincularse a su pasado. No había fotos de él en ninguna parte de esta habitación. Puede que Free ni siquiera tuviera fotos de su familia o ni se hubiese interesado en intentar encontrarlas.
«A lo mejor...», Valt bajó la cabeza. «¿Sigue siendo demasiado duro para él?».
Valt odiaba esto. Odiaba esta distancia que sentía que Free impuso entre los dos. El rubio ni siquiera había querido acercársele de nuevo, como temiendo la posibilidad de hacerle daño. Una parte de Valt no entendía esa actitud tan irracional. Y todo empeoraba ante el hecho de que Free no pudiera hablar. Sin duda alguna, Phi había conseguido joderle a lo grande. Pero... algo le decía a Valt que Phi tampoco era completamente malvado. Llevándose la mano al pecho, se convenció de la veracidad de ese pensamiento.
Pasado un rato, Valt supo que no podría conciliar el sueño. Demasiadas cosas en las que pensar. Sentado en la cama, contempló aquella que yacía vacía pocos pasos de la suya. Le costaba creer que Free se hubiera alejado de él de esa manera. No era justo. Valt suspiró y levantándose, abrió el armario del rubio aprovechando que éste no se encontraba presente. Puede que tampoco le molestara si le veía curiosear entre sus cosas... de nuevo. No se enfadó en las ocasiones anteriores, así que no creyó que fuera a ocurrir en esta.
Lo primero que hizo fue coger la caja de los discos de música del cantante Bob Marley. Desde que pasó a ser el compañero de habitación de De La Hoya haría cosa de un año, esa caja siempre había estado ahí, en el mismo rincón acumulando polvo. Se notaba que Free no la tocaba. Y, contemplando cada CD, Valt intentaba comprender por qué Free poseía tanto material de Bob Marley. ¿Por qué precisamente de Bob? De cantantes los había a patadas. Pero esto, y las cosas relacionadas con el beyblade, era lo único que poseía Free. Era lo único que había en este cuarto que perteneciera a De La Hoya. No había nada más que pudiera mostrar una parte del pasado de Free, algún indicio de su vida personal, antes de que se conocieran incluso. Sólo recordaba esa foto que Cristina le enseñó en su momento.
El pequeño Free de aquella imagen que le mostró la dueña del BC Sol no tenía punto de comparación con el Free de ahora. Un niño de mirada inocente, pero que mostraba inseguridad... quizá por el miedo. Era obvio que Free ya no era ese niño temeroso. Él ya no se escondía. Sólo... sólo parecía huir de sí mismo.
No tenía pinta de que Free tuviera algo para escuchar los discos CD de Bob Marley. Esta habitación era demasiado espaciosa precisamente por la ausencia de cosas en ella, más allá de lo imprescindible como las camas, los armarios, las mesitas de noche e incluso el baño y una ventana. Guardando la caja, Valt optó por seguir curioseando. En la parte de arriba encontró una carpeta que cogió y puso encima de la cama del rubio para abrirla. En el interior vio muchos papeles con dibujos muy precisos de los diseños anteriores de Fafnir. Eran los diseños pensados por Free, dibujados de su puño y mano.
- Cómo se nota que sabes dibujar bien, tú al menos no haces garabatos. – Dijo Valt en voz alta, para acabar riéndose. - ¿Cómo se lo hará Raúl para entender mis dibujos?
Echó un resoplido, antes de seguir mirando. Entonces, vio un diseño que no era de Fafnir. Se trataba de un bey diferente, completamente distinto. Era muy similar a un bey que él vio antes... aquel que Cristina le enseñó.
- Crisfree Onírica. – Se acordó entonces del nombre. Y también se acordó de lo que la dueña del BC Sol le explicó en esos duros momentos en el hospital acerca de ese bey.
Fue el primer bey de Free. Uno que compartió con Cristina. Una creación de dos personas. En el diseño parecían haber las alas de un hada en relieve, y las garras de un dragón. Y en el centro, Valt contempló la figura de aquella criatura que le salvó de Phi cuando Abzu apareció por primera vez. Esa criatura capaz de volar a velocidades vertiginosas, y cubrir amplias distancias. Era la personificación de Crisfree Onírica convertida en algo real gracias a los deseos de aquellos que la crearon. Valt se puso serio. Si Free todavía conservaba hasta el diseño de Crisfree Onírica sólo significaba una cosa: ese bey debió de significar muchísimo para él.
Cristina y Free todavía no se habían vuelto a hablar, por ello, Valt dio por sentado que Cristina no había tenido la oportunidad de contarle nada a Free... o puede que le hubiese estado ocultando que ella guardó ese bey durante tanto tiempo. Cerrando los ojos, Valt pensó en ello. Puede que Free se hubiese apartado de Cristina buscando algo en concreto... o esperando a que algo sucediera. Le recordó mucho a cuando Free se marchó a América tras dejar el BC Sol, sólo con el objetivo de que el equipo mejorara y se hiciera más fuerte para que no dependiera de él. ¿Acaso estaría haciendo algo parecido?
Justo en ese momento la puerta se abrió. Valt se giró de inmediato, quedándose sorprendido al ver que se trataba del propio Free. El silencio que hubo se convirtió rápidamente en uno incómodo.
«¿Es que siempre va a llegar cuando estoy mirando sus cosas?», fue lo que pensó Valt.
De La Hoya le miraba fijamente, aunque Valt tenía la sensación de que el rubio no se encontraba bien. Y sus sospechas parecieron ser ciertas cuando tuvo que correr para que Free no se desplomara en el suelo. Lo sujetó a tiempo, aunque tuvieran que estar en el suelo.
- ¿Free? – Le llamó Valt en voz baja, haciendo que el aludido le mirara. - ¿Estás bien?
Obviamente no hubo una respuesta. De La Hoya cerró los ojos, apoyando su cabeza en su pecho. Valt se preocupó. De nuevo ocurría. Free llegaba hecho un desastre. Tuvo que hacer acopio de paciencia, antes de mover el brazo derecho del rubio para ponerlo detrás de su cuello e intentar ponerse de pie. Esos ojos oscuros volvieron a posarse sobre él.
- Venga, colega. Tienes que poner de tu parte también. – Valt se esforzaba para ayudarle a llegar a su cama ni que fuera. – Eso es. Así, así. – Dijo en cuanto Free se dejaba ayudar para que su compañero no cargara con todo su peso.
Al final pudo llegar a la cama. No le importó tumbarse pese a que era evidente que necesitaba una ducha. A Valt no le costó quitarle las zapatillas para que al menos se sintiera mejor. Y en su silencio, Free lo agradeció y casi que eso se reflejó en su mirada ya que Valt le sonrió antes de sentarse a su lado. Pero menuda fue la sorpresa que se llevó cuando el rubio se acercó a él, como arrastrándose por la cama para no hacer demasiado esfuerzo y ponerse encima de su regazo. Era como un perro, sólo que sin serlo.
Valt se rio un poco, antes de acariciar ese pelo rubio completamente desordenado, encontrando hojas enredadas en el proceso.
- ¿Qué demonios has estado haciendo? ¿Te has traído el bosque contigo o algo? – Dijo, conteniendo la risa. Free hizo un sonido con los labios al resoplar, un sonido que recordaba mucho al de los caballos. Eso hizo gracia a Valt. – Si quieres... puedes bañarte o lo que sea.
Free pareció mirarle de reojo. Valt esperó. El rubio no mostró muchas ganas, pero, igualmente se apartó con toda la intención de ir a la bañera. Valt se dio cuenta de los rígidos movimientos que hacía De La Hoya, motivo por el cual se puso de pie para ayudarle. Los ojos de ambos se encontraron, y la tensión pudo palparse en esos instantes. Valt tuvo que contenerse. Poco a poco llevó a Free hasta el baño antes de dejarle solo para ir a buscarle ropa limpia. Escuchó el agua correr desde donde estaba, y se quedó frente al armario sólo para darle tiempo a su compañero. Aunque imaginar que tal vez estaría desnudándose no le ayudó mucho. ¿Por qué siempre tenía que sentirse así cuando yacía a solas con De La Hoya?
Se sentó en la cama, sin saber si debía o no entrar por la puerta del baño. Pudo oír algún que otro ruido. A saber lo que haría Free ahí dentro. Entonces, Valt cayó en la cuenta de la carpeta que no guardó en el armario del rubio. Acercándose para devolverla a su sitio, recordó el asunto del bey Crisfree Onírica y la supuesta conexión que tenía con Free. A Valt le costaba creer que De La Hoya hubiera tenido un bey anterior a Fafnir. Desde que le conoció, siempre pensó que Fafnir fue el primero y el único bey, pero, aparentemente, se equivocaba.
- ¿Free? – Tocó la puerta, esperando fuera. En ese instante, se acordó de un detalle: su compañero no podía hablar. ¿Cómo se supone que iba a responderle? Valt hizo una mueca, de nuevo, sin saber qué hacer. - ¿Puedo pasar? – A la porra. No perdía nada por preguntar.
Lo único que hizo fue aguardar unos momentos. Un par de minutos que a él se le antojaron demasiado largos. Poniendo la mano sobre el pomo, decidió abrir y asomarse. Vio a Free metido en la bañera, sin mirarle. Valt se inquietó y se fue acercando poco a poco, quedándose tan quieto como una estatua en cuanto esos ojos oscuros se clavaron en él. Valt tragó saliva, temiendo haber cometido un error. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Free volvió a cerrar los ojos tras soltar un pesado suspiro. De forma inconsciente, Valt inclinó la cabeza. Entró en curiosidad.
- Te he traído el pijama para que te lo pongas cuando salgas. – Dijo después de dejarla sobre la tapa del retrete antes de guardar silencio. – Free... ¿va todo bien? – Preguntó, sin alzar la voz. Se apoyó en el lateral de la bañera con los brazos, viendo que Free apoyaba su cabeza sobre el dorso de sus manos. Era su manera de aceptar su cercanía... por ahora.
Valt sonrió, quedándose ahí sin hacer nada más. Total, tampoco podía. A su manera, Free trataba de comunicarse y era algo que agradecía. Ya era mucho que hubiera decidido venir y acercársele de esa forma. Hasta alguien como Free necesitaba momentos de calma, de lo contrario, acabaría volviéndose loco.
El rato que pasó fue prolongado. Valt tuvo la sensación de que Free se quedaba dormido ahí metido en el agua caliente. Aquello le supo extraño. Entonces el rubio pareció reaccionar, ya que se encontró de nuevo con sus ojos oscuros. Justo en ese preciso instante, Valt percibió que algo iba mal y con la mano derecha acarició el rostro de su compañero. Abrió un poco más su castaña mirada cuanto notó que esa blanca piel se sentía más fría que de costumbre, incluso después de permanecer dentro de la bañera. En silencio fue testigo de cómo Free intentaba salir, pero por alguna razón su cuerpo no le obedecía. Fue incómodo para Valt, que tragó saliva sin poder evitar que su cara se enrojeciera por la vergüenza al reconocer su propia tensión sexual.
Por esta vez decidió no decir nada y optó por echarle una mano a Free, quien pudo apoyarse en él antes de tener la toalla al alcance. Valt no se alejó de él viendo que el rubio tenía problemas para moverse.
«¿Hasta qué punto se habrá entrenado?», fue lo que pensó el dueño del cabello negro. En esta ocasión no usaba la diadema. - ¿Qué pasa? – Se percató de que Free le miraba. - ¡O- oh sí, vale! ¡El pijama! Iré... iré a por él.
Resultaba embarazoso. Era la primera vez que tenía a Free ahí, a su lado, tal y como Dios lo trajo al mundo. Valt resopló en el baño, sin poder apartar ese detalle de su cabeza.
«¿Qué demonios me está pasando?», pensó con fastidio. Permaneció ahí unos minutos. Tal vez así, Free tuviera tiempo para secarse.
Ahora mismo se le había presentado una oportunidad de oro. Desde que comenzó a sentir cosas por De La Hoya no había podido ignorar el creciente interés que empezó a tener hacia el cuerpo del rubio, así como tampoco los celos ante el hecho de que Lui Shirosagi compartiera un nivel de confianza con Free completamente distinto... y más profundo. Eso todavía le confundía más, porque hasta eso le ponía celoso. Que sí, que vale, que conocía sus sentimientos por Free, pero, ¿Y lo que empezaba a sentir por Lui? ¿Era algo correcto? Además... era tan obvio que Free amaba a Lui... Resultaba extraño cómo todo eso provocaba tal tormenta de emociones y sentimientos en su interior. Es como... si estuviera dividido, pues por una parte estaban sus sentimientos románticos por Free, y por la otra los que comenzaban a surgir por Lui. ¿Acaso era eso algo normal?
Se miró en el espejo, sin saber qué pensar. Tocó el cristal con la mano izquierda, tratando de poner orden en su corazón.
- Pareces confundido. – A él llegó una voz que le hizo reaccionar enseguida.
Sin darse cuenta su entorno había cambiado. Ya no se hallaba en el cuarto de baño, preocupándose de inmediato A su alrededor sólo había oscuridad excepto por un pilar que tenía luz en su interior, como si fuera translúcido... pero sin serlo, obviamente. Pétalos de flores volaban de aquí para allá. La energía de este lugar era hostil, pero... había una más presente, otra energía que, sin embargo, se le hacía completamente familiar.
- ¿Dónde...?
- Aquí arriba.
Cuando alzó el rostro, Valt se topó con un muchacho que tenía pinta de ser más mayor que él, pero su instinto le avisó de que eso no era del todo... correcto. Sus ojos castaños se toparon con unos amatistas que poseían gentileza y frialdad al mismo tiempo, la frialdad causada por la soledad que emanaba de ese joven de cabello blanco que vestía prendas holgadas, sujetando un bastón que recordaba al que usaban los magos.
- ¿Quién eres tú? – Preguntó sin poder contenerse. Valt empezó a sentir una serie de sentimientos que no se le antojaban para nada extraños. Por pura intuición estableció una conexión entre ese joven y él mismo. - ¿Cómo me has traído hasta aquí?
- No creo que eso sea relevante. – Fue la respuesta que escuchó.
- No me vas a decir quién eres, ¿verdad?
- ¿Para qué? Un nombre es fácil de olvidar, ¿no es así?
Valt pestañeó. Aquel comentario le hizo tener la sensación de que iba con un doble sentido. No obstante, no pudo pillar el significado detrás de esas palabras. Fuera lo que fuera, debía regresar cuanto antes. No quería preocupar a Free.
- Si no me vas a contar nada, ¿por qué me has traído hasta aquí? – Preguntó con una voz más firme. Entonces vio cómo aquel joven inclinaba la cabeza, en un gesto que Valt conocía perfectamente.
- Eres muy observador, ¿no? Quién diría que verías lo que hay debajo de ti con tal facilidad.
Valt no pasó por alto aquel sarcasmo. Demasiado acostumbrado a convivir con Free, o tratar con Lui, como para ignorarlo. Al mirar al suelo, observó una especie de símbolo debajo de sus pies, que se extendía hasta un metro. ¿Qué demonios era eso? ¿Y qué demonios era este lugar?
- ¿Tú has hecho esto?
- ¿Eso es lo que te dice tu famoso instinto? – Soltó, desconcertando a Valt una vez más. – Ese sello es más antiguo que yo.
- ¿Un sello, dices? ¿Qué sello?
- El Reino de los Sueños se conecta con ciertas personas del mundo terrenal a través de sentimientos que son percibidos a través de un tipo de sello específico. – Contó. – Resumiéndolo de forma simple... el corazón de un habitante del mundo terrenal puede conectarse con una persona del Reino de los Sueños.
- Entonces es tal y como yo creía. – Dijo Valt. – Tú y yo estamos conectados, ¿verdad?
Silencio. Esa fue la contestación. Para Valt fue suficiente. Ese revelador silencio lo dijo todo. Ahora le tocaba averiguar qué era lo que le unía a este personaje salido de la nada.
Chapter 87: La Llegada De Los Kuroda
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Era por la mañana cuando se despertó, o eso pensó él. Respiró un poco agitado antes de poder calmarse gracias en parte a dos cosas: un conocido calor hallado a su lado, y el sonido de la lluvia. Estaba lloviendo, pronto se dio cuenta de ello. Sin embargo, sonrió cuando giró la cabeza. A su derecha se encontraba Free durmiendo apaciblemente, muy ajeno al clima que les había venido a visitar. Para Valt fue un momento de paz.
Recordó lo que le pasó anoche, y recordó a aquel personaje albino de cabello blanco y ojos amatistas, el de prendas holgadas que casi parecía un mago de verdad. No conocía la identidad de ese individuo, pero Valt sentía que no poseía mal corazón... de lo contrario no le habría dejado marchar. Tuvo la sensación de que aquel tipo sólo quiso conocerle, como si fuera un mero capricho. Pero su intuición le decía que era de todo menos eso... un capricho. La falta de las memorias de sus vidas pasadas empezó a cobrar relevancia para él. ¿Quién fue en sus distintos pasados? ¿Fue una buena persona? ¿Qué clase de errores cometió? ¿A quién defraudó? ¿Traicionó a alguien? ¿Hirió a alguien?
El quejido de Free le sacó de ese aluvión de preguntas. Valt logró reaccionar, contemplando que el rubio soñaba. Tuvo curiosidad en saberlo. Acarició la mejilla de De La Hoya en su matutino silencio. Quién le iba a decir a él que algún día un sosiego como este lograría calmarle. Tal vez era porque Free dormía a su lado, como confiándole su bienestar y seguridad, sabiendo que no le haría ningún daño. Valt arropó al blader con la manta para que no tuviera frío. Había refrescado por el cambio de temporal. Pensó que no pasaría nada malo si se quedaba un poco más en la cama. Total, Free necesitaba descansar después de las condiciones en las que volvió ayer... y él no tenía nada mejor que hacer con un brazo roto que todavía seguía curándose. No podía practicar beyblade, así de claro se lo dijeron tanto Zack como Lui.
Valt estaba seguro que Lui le daría una buena paliza si le pillaba haciendo lo que no debía. Pero, ¿desde cuándo se preocupaba tanto el Dragón Blanco por él? Al caer en la cuenta, Valt se acordó. Los dos, Lui y él, comenzaron a volverse algo así como dos buenos amigos inseparables. Shirosagi no se había apartado mucho de su lado desde que volvió de Japón y llegó a España con Free en la UCI tras los hechos de aquella batalla contra Phi. Aquello jamás se le olvidaría en la vida. Ver a Free ser atacado por Abzu sin saber el motivo (ni siquiera ahora, de hecho), la desesperación de esos instantes en los que supo que la vida del rubio pendía de un hilo muy fino, y que la suya también estaba en riesgo... la manera en la que Hyde le ayudó, y luego... luego el asunto del hospital. Quizá, lo que más le sorprendió fue el cambio de actitud en Lui.
Hubiese esperado cualquier otra de él, salvo esa comprensión.
Metido en la cama, Valt pensó mucho en el Dragón Blanco y las cosas que éste le contó. Odiaba sentirse así. Tanto Free como Lui habían tenido una vida muy dura y habían tenido que espabilarse como mejor pudieron incluso con la ayuda de terceros. Pero, ¿Y él? Él siempre tuvo a su familia a su lado. A sus padres, a sus hermanos, a sus abuelos. Nunca le faltó el cariño ni el calor de una familia que se preocupaba por su bienestar. Todo eso era algo que, en cierto modo, Lui había dejado de tener. Y era aún peor en el caso de Free. De La Hoya lo había perdido prácticamente todo, y lo que era más desolador de aquello es que ningún otro familiar pareció preocuparse por él.
Odiaba sentirse así. Odiaba sentir que no podía comprender a estos dos dragones. Pero ellos, a su manera, agradecían sus buenas intenciones escuchando e intentando estar ahí para ellos. Ninguno de los dos esperaba más de él. Para Valt era demasiado... bonito, amable, lo que fuera. El caso, es que Free y Lui confiaban en él. Pero las cosas no hacían más que complicarse y podrían cambiar drásticamente en la próxima batalla que Free tendría contra Phi. Eso le angustiaba, porque Free no había estado muy fino estos últimos días, además de haber perdido su capacidad para hablar o manejar el relámpago. Tal vez... tal vez Free sentía que la presión era demasiada, y no era para menos. La gente y el mundo entero podrían depender del resultado de su próximo encuentro. ¿Qué pasaría si salía mal?
Valt cerró los ojos y sujetó una de las manos de Free mientras escuchaba el sonido de la lluvia y los truenos que estremecían hasta la tierra. Debía relajarse, en vez de estar pensando de esa manera. Puede que hasta Lui le reprochara si llegaba a contárselo. Pero era una posibilidad que no podía ni debía ser ignorada. Valt sabía que la condición mental de Free había salido muy perjudicada, de lo contrario, su comportamiento no habría cambiado tanto. Y ahí estaba... durmiendo a su lado, hecho un ovillo.
«Es demasiado adorable cuando duerme...», fue lo que pensó Valt mientras observaba al rubio. Tampoco era la primera vez que durmieran juntos, sobre todo el invierno.
Unos toques en la puerta interrumpieron brevemente el silencio. Valt tuvo que levantarse para abrir, topándose con los ojos amatistas de Lui. Él le miró expectante. Fueron unos momentos incómodos para Valt, sobre todo al recordar lo que estuvo pensando hasta hacía unos pocos minutos atrás sobre el Dragón Blanco. Decidió hacerse a un lado, ofreciéndole pasar en una actitud taciturna por razones que pronto Lui entendió al ver a Free descansando. Miró a Valt, con la pregunta escrita en la cara. El dueño de pelo negro temió despertar a Free si empezaba a hablar. Por esa razón, cogió a Lui de la mano para obligarle a acompañarle al baño, desconcertando a su compañero en el proceso.
- ¿Qué pasa? – Pudo preguntar cuando estuvieron solos.
- Quiero que Free siga durmiendo, eso es todo. – Contestó en voz baja.
Lui hizo una mueca, arqueando una ceja. ¿Acaso habría pasado algo que Valt no quería contarle?
- A estas horas suele estar más que despierto. – Habló el Dragón Blanco al percibir una rara tensión en Valt. El chico miraba el suelo en vez de a él. Lui se mantuvo callado, pensativo. – No me digas que habéis discutido...
- ¿Cómo íbamos a poder hacerlo si no puede?
- No sé – se encogió de hombros. - ¿Pretendes que me dedique a adivinar para saber lo que ocurre? – Puso su mano derecha en la cadera. Trataba de mostrarse paciente.
Valt no le miró. Seguía sintiendo esa incomodidad. A él acudieron esos sentimientos que, bien sabía él, no podía ignorar. Tener a Lui delante y tan cerca era sin duda complicado. No sabía qué hacer o decir... aún si Lui sólo hubiese venido para comprobar el estado de Free.
- Escucha, idiota. – Inesperadamente, Valt se vio obligado a levantar la cabeza cuando Lui sujetó su mentón. – Tienes una cara horrible, así que, ¿Me lo vas a contar o no?
- Hm... - Hizo, desviando la mirada. – Es difícil... - Rascó su mejilla, empezando a ponerse nervioso mientras sus mejillas le traicionaban al ponerse tan coloradas como un pimiento. «¿Qué diablos se supone que tengo que decirle?», pensó.
Lui le contempló, en silencio. Valt no supo lo que podría estar imaginando su compañero. Ya conocía la mente inquieta de Lui, por eso, no evitaba asustarse creyendo que tal vez ya le habría calado. Después de todo, a este chico se le daba bien el ver a través de cualquiera. Y él era un libro abierto...
- Vale, de acuerdo. – Entonces Lui le soltó. – No te voy a obligar a que lo sueltes.
- Eh... gracias, supongo. – Respondió automáticamente, conteniendo un resoplido. «Joder, ahora me siento mal. ¿Por qué me está pasando esto a mí? En serio tío...».
- De cualquier manera... - Lui se acercó a Valt, haciéndole tragar saliva en una reacción inconsciente. - ¿Cómo está?
- Dormido. – Valt necesitó unos instantes para situarse. Esa cercanía repentina le había descolocado. – Ayer... Anoche llegó hecho un desastre.
- Bueno, es un pingajo. Nada nuevo.
- Sí, ya... pero... Parecía que sentía dolor o algo. Sé que Free se entrena muy duro, pero, ¿Y si algún día regresa lesionado?
- Obviamente será culpa suya. No es algo que podamos evitar.
- Pero Lui...
- Pero nada. Cuando se despierte ya veremos qué hacer.
Valt no se convenció. Le preocupaba lo que Free estaba haciendo. Se exigía en exceso. Aún suerte que ayer volvió por su cuenta. No obstante, mirando a Lui, Valt entendió que se preocupaba demasiado. Tuvo que recordarse lo importante que era intentar ayudar a Free cuando éste lo necesitase, y que tampoco podían estar tan encima de él. Bajó la mirada, echando un resoplido. Ni siquiera pensar en eso le quitó la pesadez de encima. Lui tuvo que devolverle a la realidad cuando le cogió de la muñeca y le obligó a salir tanto del baño como del cuarto, sin darle tiempo a ver a Free antes de dejarle solo. Resistirse fue inútil. Lui tenía más fuerza que él.
- ¿A dónde me llevas?
- A desayunar, ¿qué otra cosa si no?
- Oh, claro...
Pasó tanto tiempo tumbado en la cama, mirando a Free y metido en sus pensamientos que básicamente se le fue el santo al cielo. En el comedor del BC Sol se encontró con varios de sus compañeros. Anch le echó una bronca tremenda por llegar tan tarde, y Valt fue lo suficientemente listo como para desviar la atención y lograr así que se olvidara de Free. Lo que le sorprendió fue que Anch también regañó a Lui, antes de volver a la cocina para darles la primera comida del día.
- ¿No has desayunado?
- Pues no, ¿vale? – Se cruzó de brazos. – Creía que el pingajo de Free y tú vendríais.
- Oh... - Pestañeó. - ¿Lui? – Se acercó a él.
- ¡¿Qué te pasa ahora?! – Se irritó antes de mostrarse desconcertado cuando Valt sujetó sus manos, casi invadiendo su espacio personal al ponerse demasiado cerca.
- Gracias, es muy bonito de tu parte que nos quisieras esperar para desayunar juntos. Si lo hubiera sabido, yo...
- ¡¡Cállate, imbécil!! – Automáticamente Lui interrumpió a Valt pegándole en la cabeza, provocándole un chichón de los buenos. - ¡¿Quién ha dicho que os estaba esperando, pedazo de gilipollas?! ¡Yo jamás esperaría a dos perdedores como vosotros!
- ¡Lui! ¡Eso me ha hecho daño! – Protestaba Valt. - ¡Pero bueno! ¡¿Se puede saber por qué me pegas?! ¡No es justo!
- ¿Se puede saber qué os pasa?
Los dos vieron que era Rantaro, que se había acercado al estar oyendo el jaleo. Sasha y el resto comían en una mesa. No había rastro de Cristina. Bueno, ella no solía estar por aquí a estas horas. Últimamente pasaba más tiempo en su casa en vez de ir y venir por las instalaciones del BC Sol. Parecía que la joven atendía un asunto importante.
Lui resopló, cruzándose de brazos una vez más. Valt se tocaba la cabeza, mirando al rubio y señaló a Lui de forma acusadora.
- Es él, que es un pedazo de bully.
- Heh. Tú quieres recibir de nuevo, ¿verdad, Valt? – Dijo con un aura asesina rodeándole.
- En, venga. Así no es forma de empezar el día. – Intervino Rantaro. – Pero bueno, ¿A qué viene esta discusión que tenéis los dos? Es tan... repentina.
- Ha empezado él, lo juro. – Valt continuaba señalando a Lui a quien se le quedó mirando, hasta caer en la cuenta. Sonrió de tal manera que se le puso la cara de travieso que tenía a veces. – Pero creo que ya sé por dónde van las cosas. – Fue lo que comentó, desconcertando a los otros dos. - ¿Sabes qué es lo que pasa, Rantaro?
- ¿Qué?
Valt volvió a acercarse a Lui, sujetando su brazo izquierdo en una especie de abrazo. El Dragón Blanco sentía que su paciencia llegaba a su límite. Valt continuaba echando esa risilla de niño travieso, ignorando que cierto dragón empezaba a arder en ganas de darle una buena lección. Rantaro era el único que no pillaba nada de nada, el pobrecillo sólo miraba esperando a ver si Valt se decidía a hablar, aunque no hacía más que mirar a Lui.
- Este tío de aquí es un tsundere que flipas, Rantaro. – Y lo soltó. Mientras el aludido se sorprendió, el pelo de Lui pareció una llama azul encendiéndose por arte de magia mientras la vena izquierda de su sien se inflaba.
- Muy bien. – Lui apretó las manos, como echándole vapor a sus puños usando su propio aliento. – Te vas a enterar tú de lo que vale un peine.
- ¡¿Eh?!
Valt no tuvo tiempo a reaccionar de la lluvia de golpetazos que empezó a recibir, ya de buena mañana. Rantaro tuvo que taparse la cara por cada golpe que oía mientras Valt suplicaba inútilmente. No eran golpes serios ni mucho menos. Era evidente que Lui simplemente se contenía, llenándole a Valt la cabeza de chichones. El chaval acabó en el suelo, dolorido, mientras Lui parecía quitarse el polvo de las manos tras el esfuerzo e ir a desayunar en la mesa. Desde lejos, Sasha y el resto le miraban, para nada preocupados. Eso ya era habitual.
- ¿Valt? – Rantaro se acercó. – Dime que te ha dejado al menos con un par de neuronas...
- Ug... Rantaro, no tiene gracia.
- Je, je. Perdona. No era mi intención.
Los dos se miraron y Valt terminó riéndose. Rantaro no estuvo convencido de si era porque su buen amigo se había quedado tonto después de los golpes de Lui. Anch, desde la barra que daba con la cocina y el salón, los veía con una sonrisa... aunque después regañó a Kitt por bostezar de forma ruidosa. Eso ya era una costumbre. Valt y Rantaro se rieron, haciéndole compañía a Lui, quien no rechazó un poco de compañía.
- Parece que no va a dejar de llover hoy, eh. – Dijo Rantaro.
- Tiene toda la pinta de que vamos a tener que quedarnos aquí hasta que el temporal diga de mejorar.
- Jo, va a ser muy aburrido. Es más divertido cuando podemos entrenar beyblade... - En cuanto soltó eso, Valt no pasó por alto la mirada afilada de Lui. - ¡Cla- claro que yo debo seguir descansando y eso! ¡Una auténtica pena!
- Tratar de engañarme es inútil. – Escuchó a Shirosagi. – Escúchame bien, Valt. – Le señaló con un cuchillo, algo que le asustó. – Ya sabes lo que te pasará si te pillo practicando beyblade en tu condición, ¿verdad?
- ¡Ve- venga Lui, de tranqui colega! ¿Cómo iba a practicar beyblade con un brazo roto?
- ¿No lo habías hecho antes con Zack? – El comentario de Rantaro le sentó como si le tirasen un cubo de agua fría. Lui sonrió de forma poco confiable... y segura.
- ¡¿Pero qué dices?! ¡Claro que no, Rantaro!
- ¿Seguro?
«¡¡Pero será bocazas!!» .
- Bueno, bueno, bueno... - Lui se puso de pie, crujiendo sus nudillos. Valt sintió que su vida terminaba ahí mismo contemplando esos ojos amatistas. – Parece que alguien va a tener que enseñarte qué significa portarse bien.
- No... no, no... - Murmuró. – L- Lui...
Y entonces, antes de que nada pasara, cuando las puertas del salón fueron abiertas, los presentes reaccionaron inmediatamente. Lui se giró, ya que estaba de espaldas a la entrada y salida de la sala. Él no pudo evitar sorprenderse y abrir la mirada por la impresión de ver a las personas que acababan de llegar. Se quedó paralizado ahí mismo.
Era la familia Kuroda, los padres de Cristina.
Chapter 88: ¿Un Completo Idiota?
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La aparición de los Kuroda había cambiado la atmósfera en su totalidad. Valt no pudo sorprenderse más, viendo cómo esa pareja saludaba a Anch, quien lucía más alegre que nunca en una obvia familiaridad con ellos. El resto de los presentes permanecían al tanto, muchos sin saber si acercarse o no. Kitt y Honey fueron los primeros en acercarse, como no, dando la talla como acostumbraban a hacer. Valt se fijaba mucho en ellos. Eran los padres de Cristina, eso resultaba evidente a simple vista. Sin embargo, le seguía pareciendo increíble el parecido de la dueña del BC Sol con su madre. ¿Y qué decir del padre? Se notaba que era una persona exigente, un rasgo que sin duda Cristina había sacado de él. No obstante, se mostraba como un hombre sociable y amable al que le gustaba recibir a los demás con una sonrisa.
- Qué sorpresa, no esperaba ver a los padres de Cris por aquí. – Rantaro rompió el silencio.
- Y que lo digas. ¿Qué, Rantaro? ¿Te apetece que nos acerquemos para saludarles?
- Claro, ¿por qué no? – Sonrió.
- Lui, ¿te apuntas?
- Cht... qué remedio.
Valt contempló a su compañero. Su actitud era un tanto diferente, y eso despertó su curiosidad. Lui ya conocía a los recién llegados después de todo lo que había vivido. Aun así, Valt se preguntó por qué el Dragón Blanco estaría con ese humor.
- ¡Vaya! ¡Mira quién está aquí! – La mujer pronto se percató de la presencia de ellos tres, y no tardó mucho en abrazar a Lui con fuerza. – ¡Lui! ¡Qué alegría verte, cariño! – Y enseguida se separó para mirarle, acariciando su rostro con afecto. Una cercanía así no fue ignorada por Valt. – Fíjate cuánto has crecido. La última vez que te vi eras más pequeño, una cosa así diría – intentó reflejar la altura de Shirosagi en aquel tiempo que ella recordaba, usando su mano.
- Un placer volver a verla, señora Laura. – Lui sentía un tic nervioso en su ceja derecha. Él era muy consciente de su estatura, y sabía a la perfección que no era una persona alta precisamente.
- ¿Cómo que «señora»? – Reprochó ella. - ¿Qué es eso de tratarme de usted, jovencito?
- Uggg... - Lui se puso de morros, aguantando su mal humor.
- Te conozco desde que eras un crío, lo menos que puedes hacer es... - Y se puso pensativa. - ¿Qué tal un «te he echado de menos» con un abrazo?
- Cht... sí claro, cómo n... ¡HEY!
Y mientras Lui recibió el achuchón del siglo, el hombre que yacía junto a la mujer se reía por la escena. Lucía contento, a pesar del día de perros que hacía. Era una lluvia intensa, pero los dos estaban secos. Obviamente habrían venido en coche, quizá con algún chófer y todo. Valt se vio observado por el padre de Cristina, así que se acercó.
- Valt Aoi, ¿verdad?
- Sí, mucho gusto. – Extendió la mano. - ¿Usted es...?
- Kuroda Endou, un placer.
- El placer es mío, señor Endou. – Contestó mientras ambos se estrechaban la mano. – Mire, este chico de aquí es Rantaro Kiyama. Uno de mis mejores amigos. Aquí le conocemos mucho como "El Amo".
- ¿Qué hay? – Saludó. – Uh, quiero decir... Encantado, señor Endou.
- He, he. Venga chicos, no hace falta ser tan cordiales. Mi mujer y yo hemos venido porque nuestra hija, Cristina, se puso en contacto con nosotros. Sabemos que están ocurriendo cosas terribles, y lamentamos mucho no poder seros de ayuda.
- Oh, qué va. Está bien así. – Dijo Valt. – Cristina estará más tranquila si nadie más se ve involucrado, especialmente vosotros que sois sus padres.
- Señor Endou. – Habló Rantaro, captando la atención del aludido. - ¿Ya conocíais a Lui?
- Por supuesto que sí. Estuvo en el BC Sol como uno de los bladers más talentosos. Pasó una larga temporada aquí, en España, cuando su madre nos dio su consentimiento antes de que ella empezara a formar parte de nuestra gran familia. ¡Ja, ja, ja, ja!
«La madre de Lui...», pensó Valt, recordando lo que el Dragón Blanco le llegó a contar. Mirándole, todavía siendo achuchado por aquella mujer. «¿Será que por fin podrá hablar con ella? Debe de llevar tiempo sin poder hacerlo...».
- No tenía ni idea de que Lui hubiera formado parte de nuestro equipo, es increíble. – Rantaro lucía gratamente sorprendido. - ¿Cómo es que nadie nos dijo nada?
- Digamos que fue cosa de una rivalidad con Free. – Habló Endou. – De hecho, fue gracias a Free que nosotros conocimos a Lui. Se conocieron en un torneo local de la ciudad.
- Está claro que el mundo es muy pequeño...
Endou se rio, sin negar aquella opinión. Su sonrisa de volvió un poco torpe cuando contempló que su esposa todavía seguía agobiando a Lui en aquel abrazo. ¿Acaso estaría intentando matarle a base de besos? Espera un momento, ¿Se podía morir por algo así? Ese pensamiento le provocó una risa, sobre todo viendo lo fastidiado que estaba el chaval que no era capaz de liberarse de los fuertes brazos de la pelirroja. Pero, al devolver sus ojos azules en Valt, se percató de que éste parecía como... enfadado, o molesto. Se le hizo extraño.
- Cristina nos dijo que eras el nuevo compañero de habitación de Free.
- ¿Eh? Ah, sí. Desde hace un año o por ahí.
- Mm... ya veo. – Puso su mano en su mentón.
- ¿Tan extraño es? – Valt alzó una ceja, desconcertado.
- Bueno, un poco nada más. Él siempre ha sido como un gato. Es muy suyo. Cuando era más joven, Lui era el que se pasaba el tiempo a su lado – Valt comprendió al vuelo el significado de esas palabras. – Pero una vez que Lui se marchó del BC Sol, Free no quiso volver a tener que compartir su espacio personal.
- Suena como si se hubiera tomado muy a la tremenda lo de Lui.
- He, he. Qué te puedo decir, Rantaro – se encogió de hombros. – Aunque no lo parezca, Free es una persona de sentimientos muy intensos.
Valt suspiró.
¿Por qué de repente se sentía mal? Era absurdo. ¿Quizá estaría celoso de esa mujer por abrazar a Lui con esa libertad? ¿O estaría celoso del propio Lui por poseer tal cercanía con Free? Por un instante, su mente le jugó una mala pasada al hacerle creer que le dejaban a un lado. Pronto se percató de que no era cierto y que simplemente sus sentimientos y emociones se habían puesto en su contra. ¿Qué puñetas se suponía que debía de hacer? Esta situación comenzaba a incomodarle a niveles preocupantes.
Necesitaba poner orden dentro de sí mismo, y en su corazón. Aprender a diferenciar qué sentía por Free y qué sentía por Lui. No era normal tener una división de este tipo en su interior. Algo estaba haciendo mal. Y puede que lo ignorase por tener la respuesta frente a sus narices, total, tampoco sería la primera vez que pasara.
- Señor Endou – entonces Valt salió de su ensimismamiento. – Disculpe, pero es que tengo que ir a ver cómo está Free. La última vez le dejé durmiendo en su cama.
- Claro, tranquilo. Ve.
El chico ni se lo pensó dos veces para salir corriendo. Rantaro no sospechó nada, y Lui... bueno, digamos que Lui continuaba siendo el prisionero de los brazos de la esposa de Endou. La mujer le tenía bien agarrado como una osa amorosa poco dispuesta a soltar lo que tanto le gustaba, en este caso, apachucharle. Tanto mimo crispaba los nervios de Shirosagi, quien al mismo tiempo se recriminaba mentalmente por no ofrecer ningún tipo de resistencia. Él, a su manera, estaba feliz por volver a ver a los padres de Cristina, aunque una parte de su interior se apenó por la ausencia de su madre... de nuevo.
Fue entonces que se percató de que Valt no estaba. Eso le molestó.
«Pero será traidor...», pensó. «El idiota ese se larga sin decirme nada. Pedazo de gilipollas...», resopló. «Si es que es un completo idiota. Esta te la guardo Valt Aoi».
El dueño de Valtryek subía las escaleras hecho un auténtico lío. Hasta la diadema que sujetaba su pelo se había quitado dado que no paraba de desordenarse el cabello. Al final, subiendo tan despacio, decidió sentarse en un escalón casi en el último piso. La puerta del cuarto de Free andaba cerca. Valt suspiró no una sino dos, tres y hasta cuatro veces. Tenía las manos en la cara, metido en su propia encrucijada emocional. No era capaz de entender lo que le ocurría. ¿No era que hasta hacía poco tiempo atrás no aguantaba ni la presencia de Lui?
«Y sin embargo... ahora es totalmente diferente. Es como con Free...», pensaba. «Pero, esa mujer... es la madre de Cristina», y eso era taaaan obvio... «Y está casada», su mente hizo una pausa en la que se dedicó a hacerle imaginar al pobre chaval una posible boda entre la esposa de Endou y el propio Lui. - ¡Aaaaaah! ¡Deja de pensar en eso! ¡Maldición! ¡No pienses, Valt! ¡Aaaah!
Se desordenó el pelo, casi dando la sensación de que era por la mañana y que no se había peinado. Bueno... eso era cierto, técnicamente. Pero Lui era el culpable. Él era el culpable de todo... sobre todo de lo que le pasaba en estos momentos. Suspiró otra vez, habiendo perdido la cuenta de los suspiros que había hecho ya, y se puso de pie. Caminó hasta quedarse delante de la puerta de la habitación de Free... pero ni siquiera se atrevió a tocar el pomo. ¿Qué cara tendría ahora mismo? Necesitaba un espejo.
- La próxima vez que vea a Lui le voy a cantar las cuarenta. – Murmuró. – Por culpa suya estoy así, y esto no está pagado. – Continuaba hablando consigo mismo. – Aunque... ¿Lui sabrá cocinar? – Puso sus dedos en el mentón antes de que su vista se encontrara con una oscura. – U- uh... eeh... esto... Hola, Free. – Alzó la mano. «Mierda, ¿Me habrá oído? Está claro que estas cosas sólo me pasan a mí». Pensó hecho un manojo de nervios. ¿Por qué De La Hoya tenía que pillarle siempre en los peores momentos? Vaya una... - Eh... su- supongo que te estarás preguntando qué diablos hago aquí sin haber entrado, ¿no? – Sonrió con una torpeza sin precedentes.
Free siguió mirándole, poniendo una mano en la cadera a la espera de una respuesta.
- E- es que... verás, colega. – Señaló. – No podía mover el pomo de la puerta.
Fue automático. Lo primero que hizo Free fue pestañear, para mostrar parte de su desconcierto, antes de arquear una ceja. Valt intentó leer en su interlocutor lo que éste estaría pensando.
- ¡E- es en serio! ¡No te miento! ¡Es que tengo las manos mojadas y...! – Observó cómo Free las contempló sin necesidad de moverse. – Uh, aunque ahora están secas. Es... es raro.
«Vaya un completo idiota...», fue lo que pensó De La Hoya al ser consciente del panorama. «Como siempre dando la nota. Vaya un idiota sin remedio...».
- Eh, ¿Free? Me dejas... ¿me dejas pasar? – Preguntó, viendo que el aludido se cruzaba de brazos. – No. Ya veo que no.
- ¡TÚ, TRAIDOR, TE HE PILLADO!
- ¡¿Lui?!
Valt tragó saliva. Estaba acorralado. Free no parecía dispuesto a echarle una mano, sino a que simplemente se iba a limitar a ver la escena. Lui Shirosagi avanzaba a paso un tanto apresurado, hasta quedar delante de Valt. El chaval se temió lo peor. Una paliza, unos cincuenta chichones más en la cabeza... cosas de esas. Oía la respiración de Lui en su gesto enfadado, con esa furiosa mirada. Aunque bueno, esa expresión agresiva siempre estaba así. Es como si Lui nunca estuviera feliz.
- ¿Qué es eso de largarte sin más? ¡Me has dejado tirado! – Enseguida, Lui le señaló de manera culpable.
- ¿Eh?
- Yo casi ahogándome por culpa de Laura y tú vas y me dejas a un lado. ¡Eso no se hace!
- Espera, ¿querías que yo te... salvara? – No evitó hacer una sonrisilla ante esa última pregunta.
En su silencio, Free no ignoró el hecho de que la vena derecha de Lui se inflara. Lo que vino después fue un señor golpe en la cabeza que Valt recibió. Lui puso sus manos en sus caderas, todavía con esa expresión de enojo en la cara.
- ¡¿Salvarme?! ¡¿Quién?! ¡¿Tú a mí?! ¡JA! No me hagas reír. – Dijo. - ¿Cómo ibas a salvar tú a nadie si eres un completo idiota!
- ¡Yo no soy un completo idiota! ¡Tal vez el completo idiota seas tú!
- ¡HA, HA, HA, HA! Mira tú con lo que salta el panoli este. – Y se encaró a Valt. – Vamos, hasta este equipucho de tercera está de acuerdo conmigo. Eres un completo idiota.
- Tú apenas les conoces, así que cierra la boca tan grande que tienes.
Se concentraron en hablar tanto entre ellos que ignoraron cuando Free se acercó. Lui miró al rubio, antes de comerse el suelo por un golpe que recibió. Valt se quedó mudo, no literalmente para su fortuna. Las manos de Lui habían adoptado la postura legendaria de los fans del rock y el heavy metal del bueno. Valt contempló a Free, a quien vio indiferente... como si haber hecho eso formara parte de algún extraño y violento hábito.
- ¿L- Lui...? – Valt lo zarandeó con el pie. - ¿Estás...? ¿Sigues vivo? – Preguntaba viendo algunos tics nerviosos en el cuerpo del aludido. – Free, colega, te has pasado más de cincuenta pueblos. – Dijo antes de ver cómo el rubio chocaba el puño derecho con la palma de su mano. – Sí, creo que será mejor que me calle... - Sonrió nervioso. «O puede que sea yo quien reciba más de cincuenta puñetazos. ¡No me quiero quedar sin neuronas!», se llevó las manos a la cabeza.
Free entró en el cuarto para coger la libreta y escribir algo. Luego dejó la nota en el suelo antes de cerrar la puerta. Para esos instantes, Lui ya había podido reaccionar y junto a Valt, miraron lo que el rubio había puesto en el papel:
CONOZCO A LOS IDIOTAS MÁS IDIOTAS DEL MUNDO. USAD UN ESPEJO PARA CONOCERLOS.
- Ugg... - Valt casi se deprimía.
- He, he... - Lui apretó el papel, arrugándolo. – Creo que ya sé a quién voy a invitar para su próximo funeral. – Y empezó a dar golpes en la puerta. – ¡¡Sal de ahí, canalla!! ¡Es muy cobarde dejarnos una nota para insultarnos, pedazo de imbécil! ¡Sal si tienes huevos! ¡Te voy a enseñar quién es el verdadero idiota aquí! ¡Venga! ¡Da la cara, Free!
- Lui...
- ¡¿Y a ti qué te pasa?! – Se giró en cuanto escuchó a Valt. – Joder, cualquiera diría que se te ha bajado el hierro de golpe. Estás blanco no lo siguiente, chaval. – Dijo riéndose, tras acercarse y flexionar las piernas para ponerse a su altura. – Venga, no seas patético. No puedes permitir que los comentarios de ese gilipollas te afecten así.
- No, no es eso, Lui.
- ¿Y entonces qué es?
- Es que... - Hizo una pausa. – Huh, ju, ju... somos unos completos idiotas.
Lui se lo quedó mirando unos momentos muy breves antes de llevarse la mano a la cara.
Chapter 89: La Llegada Del Viajero
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Barcelona aún no se había deshecho del hielo. Todavía quedaba en muchas calles, parques y jardines, eso sin contar las casas privadas. Ya se pusieron en marcha los primeros dispositivos para limpiarlo todo, y deshacer el hielo usando la sal. La inseguridad todavía se palpaba en el ambiente, siendo un sentimiento que un joven era capaz de sentir a medida que avanzaba por la calle. Contemplar su alrededor le dejó bien claro que algo muy serio tuvo que haber ocurrido para que una ciudad tan enorme luciera de esta forma.
Entonces vio que el medallón de oro que colgaba de su cuello brillaba ligeramente, así que lo sostuvo con la mano derecha.
«Está cerca de aquí.», pensó mirando hacia el frente. «Me pregunto cuál será su aspecto...».
Las instalaciones del BC Sol estaban extrañamente silenciosas, excepto el gimnasio donde entrenaban unos cuantos. Silas descansaba en las gradas, mientras Honey se divertía practicando con su hermana mayor, Sasha, y con Kitt de invitado. Raúl los observaba de cerca, en una postura distendida y relajada. La lluvia había parado, así que podían estar por los alrededores mientras no volviera a hacer mal tiempo. Las voces en el gimnasio hacían eco, de modo que cualquiera podía acudir.
Pero algo importante parecía estar sucediendo dentro. Lui y Valt contemplaban la mansión de los Kuroda, apartada más allá de unos jardines. Los dos lucían preocupados cuando vieron a Free entrar por aquellas puertas. Ninguno era capaz de apartarse de ahí, pues esperaban a ver al rubio regresar. Pero eso no sucedía. Valt era el que estaba más nervioso. Lui mantenía la calma a sabiendas de que Endou y Laura habían venido en un mal momento, pues De La Hoya no era capaz de hablar.
Sin embargo, otro asunto le traía de cabeza desde hacía varias horas...
- Oye, Valt. – Rompió su silencio, captando la atención del aludido. – Dime, por casualidad no sentirás algo... ¿raro?
- ¿Huh? – Inclinó la cabeza. - ¿Raro? ¿Cómo qué?
- No estoy seguro – se encogió de hombros. – Tengo una sensación rara en el pecho.
- ¿No será porque estás preocupado por Free?
- No. Es diferente. ¿Cómo explicarlo? Es como si las sorpresas no fueran a terminarse.
Valt no pudo entender la recién inquietud del Dragón Blanco. Ni siquiera sabía a qué se refería. Él no sentía nada raro, pero él no era Lui. Imaginó que sería cosa de los poderes del legendario dragón divino del conocimiento, Odahviin. Sólo Odahviin era capaz de percibir algo que para los demás sería imposible. Y es como si Lui estuviera sospechando de algún próximo evento, pero no tenía por qué ser malo, ¿cierto?
De mientras, la Mansión Kuroda continuaba tan silenciosa como habitualmente. En el salón, se encontraban los dueños de la propiedad: Endou y Laura, en presencia de Cristina y Free. El rubio se había sentado en el largo sofá con cara impasible, a la espera de que alguien iniciara la conversación que sabía que tendría lugar. Si Cristina se mantenía callada era precisamente por respeto y educación a sus padres. Ellos ya estaban al tanto de lo ocurrido con De La Hoya, era la razón por la que habían venido cancelando citas y viajes pendientes.
- Así que no puedes hablar. – Endou miraba al joven frente a él, a cierta distancia y que se limitó a afirmarlo con la cabeza. - ¿Ha sido cosa de ese peligroso blader llamado Phi? – Y esta vez dirigió su castaña mirada hacia su hija.
- Sí. – Respondió ella. – Desde que Phi ha aparecido, todo se ha vuelto más peligroso.
- Muchos bladers han salido heridos, según las noticias. – Añadió Laura.
- Hm – suspiró Endou. – En ese caso será mejor que no os pongáis en el camino de ese hombre. – Ese comentario hizo que Free abriera los ojos. – Sois mi familia, y no quiero que salgáis heridos por culpa de ese lunático. Free, sé que te cuesta entenderlo, pero es por tu bien.
El aludido no hizo más que ponerse de pie, con cara de pocos amigos. Endou se sorprendió al contemplar una mirada tan llena de furia como esa. Tragó saliva. No entendió la razón, pero percibió algo extraño. ¿Este era el niño que él acogió en su casa? No parecía ni el mismo.
- Papá, mamá, yo... - Habló Cristina. – No creo que sea bueno pedirle eso a Free.
- Pero hija, ¿qué estás diciendo? – Reaccionaba Laura. – Si Free ha estado en la UCI y ahora no puede hablar, ¿esperas que nos quedemos de brazos cruzados?
- Tu madre tiene razón. Tenemos que protegeros. – Intervino Endou, sujetando la mano de su esposa. – Ya habéis intentado detener a ese hombre y no habéis podido. Ya está, no hay más.
- No, papá, no lo entiendes. Es que Free... - Miró al rubio, que resopló y empezó a irse. - ¿Free?
- ¡Free! – Lo llamó Endou con dureza. - ¡¿A dónde crees que vas?! ¡Nadie ha dicho que puedas irte! – Pero el rubio no le hizo ni caso. - ¡Free! ¡Free no te...!
Y hubo un portazo que no le dejó ni terminar la frase. Endou protestó, mientras Laura suspiraba. Cristina tenía sus manos tras su espalda, sujetándolas entre sí para esconder su tensión. Si por ella fuera, explicaría mejor la situación, pero, conociendo a sus padres, la tomarían por loca y creerían que eran cuentos baratos. En ese tipo de cosas, Endou era escéptico. Historias como un dragón conocido como Dovahkiin y demás, sería algo que él jamás aceptaría.
- ¿Qué haremos con ese chico? – Resoplaba Endou. - ¿Tan difícil es hacerle entender que sólo queremos protegerle?
- Él... - Cristina rompió de nuevo su silencio. – Él ama el beyblade con todo su corazón. No podéis pedirle que lo abandone, porque no lo hará.
- Hija... - Laura se llevó la mano a la boca.
- Puede que Free haya perdido contra Phi, pero... - Bajó la cabeza antes de subirla. - ¡Yo confío en que logrará derrotarle de una vez por todas! ¡Aunque haya perdido, él...! ¡Él ha buscado la manera de hacerse más fuerte y se ha ido acercando poco a poco a la victoria!
- Pero hija, tienes que entender que...
- No dejaré que Free se arriesgue de esa manera. – Endou se levantó. – Ahora mismo voy a ir a buscarle.
El bosque era siempre el lugar ideal en el que quedarse cuando no quería saber nada de nadie. La calma que abundaba en este sitio era lo que en parte le ayudaba a tranquilizarse. Puede que dejar a Endou con la palabra en la boca no hubiese estado bien, pero Free se conocía lo suficientemente a sí mismo como para no imaginar cómo hubieran terminado las cosas si hubiera optado por quedarse allí. Dijera lo que dijera, ese hombre no iba a ceder en su pensamiento. Y él ya había lidiado antes con esa cabezonería con Cristina. Para que luego ella dijera que no se parecía a su padre... pues menos mal.
No obstante, cuando empezó a prestar atención al bosque, detectó que algo era diferente. Su instinto le indicó la ruta a seguir. Habitualmente el bosque se comunicaba con él, pero, esta vez, parecía como si le tratara como a un intruso. Aquello era verdaderamente extraño. ¿Qué estaría pasando? A medida que avanzaba, Free tenía la sensación de que no estaba solo. Y efectivamente, así fue.
Llegó a un lago de aguas cristalinas. Le sorprendió ver que el ciervo del que era amigo, se hallaba bebiendo agua junto a un muchacho que iba muy tapado. Free alcanzó a ver que del cuello de ese joven colgaba un medallón de oro con la silueta de un dragón sin determinar bien su aspecto. Es como si fuera una antigüedad. Pero, antes de que pudiera acercarse siquiera, se percató de que ese muchacho le había visto y se fue corriendo antes de que Free terminara de aproximarse. De La Hoya se quedó desconcertado, sin entender a qué había venido eso. Pero aquello da igual. Para su fortuna o desgracia, la lluvia regresó.
- Oh, puñeta.
Fue momento de volver. Se quedó empapado para cuando llegó al BC Sol. Valt y Lui fueron los primeros en encontrarse con él, y ambos intercambiaron miradas sin saber qué pensar.
- Venga, vamos antes de que pilles un resfriado. – Valt se acercó.
Lui se limitó a seguirles. Tenía la sensación de que algo se le pasaba por alto. Y es que todavía no había podido quitarse de encima esa extraña sensación de la que le habló antes a Valt. Free pudo darse una ducha de agua caliente una vez en su cuarto. Valt y Lui le dieron su espacio, esperando fuera del baño. Era por el mediodía y los dos empezaban a tener hambre así que se reunieron con los demás, sabiendo que Free bajaría en cuanto estuviera listo.
Free encontró su habitación solitaria. Secaba su pelo con una toalla que tenía sobre la cabeza. Sin embargo, lucía pensativo.
«El collar que llevaba ese chico... me suena de haberlo visto antes, pero, ¿cuándo?», se cambiaba de ropa de mientras. En un día como este, no apetecía salir mucho. «¿Y quién era ese chico? ¿Por qué se fue corriendo? Acaso... ¿estaría huyendo de mí?», intentaba averiguar, aunque sólo fueran meras hipótesis.
Estuvo un rato ahí, antes de decidir que tenía hambre y que quería comer. En el salón había mucho bullicio y se topó con el equipo entero. Los únicos que faltaban eran los Kuroda. Free imaginó que Cristina habría optado por pasar tiempo en familia. Eso sería lo más lógico.
Fue a sentarse con Valt y compañía. No había rastro de los Cinco Grandes, pero mejor para él. No quería empezar a pensar en todavía más cosas, de lo contrario, le explotaría la cabeza. A pesar de que el ambiente era agradable y animado, Free no ignoró la seriedad de Lui. ¿Habría ocurrido algo en su ausencia? Antes de siquiera preguntarle nada, buscó a Jin con la mirada y efectivamente le vio en una mesa del fondo con Daigo. Le resultó raro que Valt no estuviera con su amigo, pero tal vez habría querido permanecer junto a Lui. Últimamente estos dos pasaban mucho tiempo juntos y eso seguía llamando su atención.
- ¿Free? – Le llamó Valt. - ¿Ha ido todo bien? Ya sabes... con los padres de Cris. – Dijo, viendo que el chico se encogía de hombros, como restándole importancia. De nuevo sintió presión en su cuello.
- Ellos no pueden hacer nada. – Habló Lui. – Ni siquiera son conscientes de la auténtica situación. Y aunque les contáramos nada, no nos creerían.
- ¿Tú crees? No lo hemos siquiera intentado.
- No vale la pena. El señor Endou no cree en cosas como dioses y divinidades. Si le dijéramos sobre Akatosh y demás... seguramente nos dirá que todavía somos unos críos.
- Huh, pero... - Valt no supo qué pensar.
Lui y Free conocían bien a los padres de Cristina. Y el rubio no había hecho ningún gesto para desacreditar los argumentos de Lui, así que... no tenía por dónde meterse. Sólo pudo suspirar, y seguir comiendo. Free no prestó mucha más atención. Su mente regresaba en aquel momento en el que vio a ese muchacho tan extraño. ¿De dónde había salido? ¿Y quién era? Sin embargo, eso no era lo que más nervioso le ponía. A pesar de que lo tuvo frente a sus ojos, Free no sintió su presencia. Claramente ese chico estuvo ahí, a distancia de él, pero por alguna extraña razón, no desprendía ninguna energía. ¿Qué significaba eso? ¿Acaso habría alucinado o algo?
Valt tuvo que ir al baño, así que se quedó ahí junto a Lui. Free se sintió observado y se topó con los ojos amatistas de Shirosagi. Supo de inmediato que el Dragón Blanco tenía algo que decirle, pero no era el mejor lugar ni momento para ello. Rantaro estaba en la misma mesa que ellos dos, así como Silas y Kuza con un Clio que se había acoplado.
- Bueno, yo iré a entrenar, que me hace falta. – Dijo Lui, aunque ese no era el mensaje que quería dar. Free bien lo sabía. – Más te vale venir, Free. Así podré machacarte de lo lindo.
El rubio se limitó a sonreír, viendo que su compañero se iba. Rantaro le contempló, un pelín preocupado.
- Parece que te la tiene jurada eh. – Dijo, haciendo que De La Hoya se encogiera de hombros. – Será mejor que os toméis las cosas con calma, Free.
El chico simplemente dejó ir el aire de sus pulmones antes de comer un poco antes de dejar la bandeja de la comida para que Anch se hiciera cargo. Tras eso, abandonó el salón para reunirse con Lui en el gimnasio. No necesitó más de seis minutos para ello. El Dragón Blanco estaba apoyado a un lado de la puerta de entrada, de brazos cruzados.
- Menos mal que has venido, me has hecho esperar. – Free se hubiera reído ante ese comentario. – He intentado decírselo a Valt, pero parece que él todavía necesita aprender más de su poder. – Empezaba a decir mientras el rubio le miraba atentamente. – Creo que tú también has tenido que notarlo, ¿verdad? Hay algo que no se siente de la manera habitual. No puedo describir el qué, ni si es cosa de alguien. Es tan sutil que es complicado hacerme a la idea.
«¿No se estará refiriendo a...?», pensó Free acordándose del chico que vio en el bosque.
- Pienso que deberíamos ir con cuidado, creo que no estamos solos.
El silencio que hubo entre ellos fue un poco tenso. Lui pudo ver a través de los ojos oscuros de Free. Él tenía algo que decir, pero ahora no podía. No tenía nada con lo que comunicarse. Fueron a sentarse en las gradas mientras fueron que algunos bladers iban llegando. Valt los saludó cuando llegó con Rantaro y Silas. Otros como Kuza y Clio practicaban junto a Daigo. Ninguno les dijo nada, después de la excusa de Lui de que querían descansar después de unos buenos lanzamientos. Nunca estaba de más inventarse una mentira piadosa para desviar la atención, total, ahora Free no era capaz de hablar. Sabían que Aiger seguía en la enfermería, y Free tuvo curiosidad en saber cuándo se despertaría ese chico tan ruidoso. Puede que Lui tuviera razón. Muchas sorpresas podrían estar a punto de ocurrir. Pero él no tenía la sensación de que fueran a ser algo malo.
Todavía recordaba aquel encuentro con ese extraño chico en el bosque. Su mente no podía dejarlo a un lado. No sólo ese collar le era familiar sino el muchacho en sí también. Es como si una parte de él intentara hacerle entender algo, ¿Pero el qué? A pesar de las dudas, su intuición le decía que ese joven no era malvado. No tuvo la oportunidad de ver el rostro completo de aquel individuo porque iba tapado con una capucha, tal vez por la lluvia, y porque ese flequillo rubio tampoco se lo permitió, pero al menos conocía parte de las características de su cuerpo. Y ese collar era lo más llamativo de todo.
Al final se vio arrastrado por Lui para practicar un poco y eso despejó su mente. ¿Por qué su mente se empeñaría en acordarse tanto de un extraño? Al menos se divirtió practicando beyblade con Lui, mientras oía a Valt protestando con Raúl porque su brazo todavía no se había curado. Tanto Lui como él vieron que Valt se iba una vez la lluvia amainó. Los dos intercambiaron miradas y se encogieron de hombros.
De camino a la ciudad, Valt caminaba sin rumbo. Miraba su brazo lesionado en el cabestrillo, frustrándose. ¿Cuánto tiempo tardaban este tipo de lesiones en curarse? Qué rabia todo. Resoplando, acabó caminando por las tiendas del barrio más cercano al BC Sol. El Astro se veía de lejos sin mucha dificultad, ya que fue construido en un terreno inclinado hacia arriba que parecía una pequeña colina. Sin embargo, percibió algo. El sonido metálico de un tilín, como si fuera una especie de instrumento, llegó a su mente. No se cuestionó cómo ni por qué, pero comenzó a seguirlo. Ignoró por completo que el cielo resonaba con los truenos que no anunciaban nada bueno.
Pronto la tormenta volvería a la carga.
Entonces al cruzar una esquina, sus ojos castaños se toparon con unos azules cuyo dueño se hizo a un lado y le sujetó antes de que Valt se cayera al suelo de un resbalón. Respiró un poco agitado, pero al menos se había ahorrado quedar mal.
- Uf, gracias. – Dijo. – Se me había olvidado que el suelo estaba mojado, si es que no sé dónde tengo la cabeza. – Se rio, hasta que vio que aquel muchacho se le quedaba mirando.
En esos momentos, esos ojos azules le parecieron especialmente solitarios. Eran muy diferentes de los de Free o los de Lui. Pero era una mirada muy bonita que le hizo sentir curiosidad.
- ¿Quién eres? – Le preguntó. - ¿Nos conocemos de algo? Es que me resultas familiar.
- Sólo soy un viajero, no me prestes atención. – Escuchó esa voz suave, y ligeramente en un volumen bajo.
- ¡E- espera! – Le detuvo antes de que el otro le diera la espalda con la intención de dejarle ahí. – Estás empapado, ¿te has quedado sin paraguas o algo?
- Algo así.
- Tiene pinta de que va a llover, ¿por qué no vienes conmigo? – Señaló hacia atrás. El dueño de esos ojos azules le contempló, hasta sonreír y asentir.
- Está bien. Tú ganas.
- ¡Yaaay! – Celebró. – Ven, es por aquí.
Chapter 90: El Legado De La Vida Pasada
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Aprovechando que todavía no llovía, Valt intentó darse prisa para llegar al BC Sol. Tomar un atajo en dirección al bosque ayudaría a ir más rápido. Junto a él iba aquel muchacho rubio que parecía estar bastante desorientado mirando su entorno, como si no tuviera costumbre de vivir en una ciudad. Bueno, no le culpaba. Pobrecillo. Aunque él venía de Tokio, la capital de Japón, Valt admitía que Barcelona tampoco se quedaba corta. Si ya era así, ¿cómo sería Madrid?
- El cielo está enfadado. – Valt escuchó al rubio, llevando sus ojos castaños hacia arriba.
- ¿Lo dices por los truenos que retumban? – Preguntó. Desde ese punto de vista su interlocutor sí que tenía razón, o esa es la sensación que tenía.
No hubo respuesta, y eso extrañó a Valt. Su nuevo amigo no lucía como alguien comunicativo, pero se recordó a sí mismo que acababa de conocerle y que no sabía si el rubio estaría en alguna mala situación. Lo llamativo de él, aparte de ese collar, era el bastón con forma de dragón que sostenía. En la mente de Valt llovieron cientos de dudas al respecto. Un tirón de la mano del otro le hizo reaccionar a tiempo, antes de cruzar por un semáforo en rojo. Su pie fue salvado de ser aplastado por las enormes ruedas de un camión de carga que pasaba justo por delante.
- Gracias – llevó la mano a su cabeza, sonriendo con torpeza. – Esto...
- Amarillo. – Dijo rápidamente.
- ¿Amarillo? ¿Así es cómo te llamas? – Le vio asentir. Para Valt fue aún más extraño. – Yo soy Valt, Valt Aoi. Mucho gusto Amarillo. – Le extendió la mano, que le fue estrechada por el contrario. - ¿Qué te trae por Barcelona? No tienes pinta de ser por aquí.
- Como ya he dicho, soy un trotamundos. – Se puso a su lado, esperando a que la luz roja del semáforo pasara a ser verde. – Voy de aquí para allá.
- Oh... Has tenido que ver muchas cosas recorriendo el mundo, ¿verdad?
- Eso aporta mucho conocimiento. Vine a Barcelona para averiguar qué estaba pasando.
- Vaya, cómo corren las noticias – Valt empezó a reírse. – Dudo mucho que fueras a creerme si te lo contara.
- Eres libre de hacerlo. La opinión de alguien como yo no tiene importancia.
Cuando escuchó aquello, Valt se sintió extraño. Desde que se topó con este muchacho, ese sentimiento familiar hacia él no hacía más que aumentar. Pero desde luego, por mucho que tirara de memoria, nada venía a ella. Ni siquiera de sus vidas pasadas como Voslaarum. Este chico rubio no aparecía en ningún momento de su larga existencia. Sin embargo, una parte de él le indicaba que la persona que se hallaba a su lado era de todo menos humano, al menos, no era un humano ordinario.
- ¿Vamos o qué? – El rubio le sacó de sus cavilaciones mientras cruzaba por el paso de zebra.
- Eh, ah, sí. Perdona.
El camino hacia el bosque se hizo en silencio. El cielo no dejaba de sonar gracias a esos truenos que esperaban ansiosos para darse a conocer. Los ojos azules de Amarillo permanecían pendientes del alto firmamento, como si estuviera esperando algo, aunque también parecía pensativo. Valt intentaba distraerse con la excusa de mantenerse al tanto de por dónde iba, ya que no sería la primera vez que fuera a perderse por el bosque.
- Oye, señor Valt.
- ¿Señor? Ja, ja, ja. Por favor, ¿acaso tengo pinta de ser un adulto?
- Lo siento, es la costumbre. Quería preguntarte... ¿tú vives en este lugar?
- ¿En Barcelona? Bueno, técnicamente sí. Quiero decir, yo vengo de Japón, pero vine aquí, a España, y me instalé una vez me aceptaron en el BC Sol.
- El BC Sol... suena como si fuera una comunidad o algo.
- Es un equipo de beyclub, el mejor del mundo. – Sonrió. – Me sorprende que no lo conozcas...
- Tiene sentido si piensas que no practico ningún deporte. Suelo viajar mucho, así que no estoy al tanto de lo que hacen las personas.
- ¿Sólo te dedicas a viajar?
- Sí, es mi trabajo.
El bosque estaba en calma, como si la amenaza del cielo no fuera nada de lo que preocuparse. Valt se conocía un poco este lugar, pero había zonas a las que todavía no había ido. No sopló el viento. A pesar de la tranquilidad del ambiente, Valt percibía que el bosque yacía como... muy callado. Pensó en algún tema de conversación por la reciente incomodidad, pero no tuvo mucha suerte. Era más el sentimiento de familiaridad que sentía hacia su nuevo compañero que cualquier otra cosa. No quería empezar a preguntar de forma descarada con tal de conocerle más y mejor, y menos cuando el rubio no se mostraba muy comunicativo. Sus razones tendría.
- Señor Valt, deberíamos buscar un refugio. – Habló Amarillo contemplando el cielo.
- Sí, tienes razón. – Las nubes se habían puesto tan oscuras que en cualquier momento caería el diluvio del siglo. – Por desgracia... sólo conozco un sitio al que podemos ir, pero está lejos. – Dijo, viendo pensativo a su interlocutor.
- Podría subirme a un árbol alto para intentar saber por dónde queda.
- ¿No será un poco peligroso? Digo... no me gustaría que por mi culpa te cayeras.
- No te preocupes, estoy acostumbrado a romperme los huesos.
Valt se lo quedó mirando, sin saber qué pensar.
- Ven, sube. – Le ofreció su espalda.
- ¡¿Eh?! ¡¿Yo también?!
- ¡Claro, hombre! Eres tú quien conoce el refugio, ¿no? No tiene sentido si sólo subo yo.
Valt se puso un poco pálido. No le hacía mucha gracia la idea de estar en lo alto de un árbol, y menos ante un tipo al que aparentemente no le importaba sufrir heridas y lesionarse. Él ya tenía suficiente con un brazo roto. ¿Cómo se suponía que se agarraría bien al rubio?
- No tengas miedo, señor Valt. – Le habló Amarillo entonces. Esa sonrisa llena de confianza le sorprendió. – Si estás conmigo no te pasará nada.
- Vale, de acuerdo. Me fiaré de ti, pero sólo por esta vez, ¿vale?
- Ha, ha, ha. Muy bien.
Amarillo se agachó para quitarse la capa que cubría su cuerpo, la cual, Valt no supo cómo, usó como una especie de cuerda para que él pudiera estar bien agarrado incluso cuando Amarillo se puso de pie, cargando con él sin necesidad de sujetarle. ¿Cómo lo habría hecho?
- Espero que esto funcione... - Dijo Valt, empezando a dudar. - ¿Qué pasará si nos caemos?
- Huh, pues... - Amarillo alzó el dedo, mirándole de reojo con una sonrisa simple. – Con toda probabilidad con los sesos bien repartidos por el suelo.
- ¡Esperaba que me animaras, no que me hicieras imaginar algo tan grotesco! – Amarillo empezó a reír.
- Ya te lo he dicho, señor Valt. – Y acto seguido, Amarillo se acercó a un árbol que para él se le antojó como el más adecuado. – No importa lo que pase. Si estás conmigo, no sufrirás ningún daño.
- Amarillo... tú...
- Estaré encantado de que me uses de escudo.
Valt se quedó callado ante esas palabras. Amarillo comenzó a subir el árbol, tomándoselo con calma. Valt por su lado empezaba a arrepentirse. A cada paso que daba Amarillo, los dos se alejaban del suelo firme y seguro. Para cuando se quiso dar cuenta, la altura ya era importante. Por eso se sujetó lo mejor que pudo al rubio usando el bastón que éste llevaba, notando cierto mal olor. Justo en ese momento se percató de que Amarillo lucía un poco sucio, ¿Cuánto tiempo habría pasado desde su último baño?
En lo alto del árbol, Valt indicó la dirección a la que debían ir. La sorpresa vino cuando Amarillo le pidió el bastón sólo para lanzarlo muy lejos. Valt quiso preguntar, pero en un pestañeo se movieron de lugar, justo donde el bastón había llegado. Aquello fue repitiéndose a medida que Amarillo hacía lo mismo una y otra vez. Valt tuvo claro que era alguna clase de técnica, que a su vez demostraba que Amarillo no era una persona normal. De hecho, incluso ahora, no sentía la presencia de su compañero que se tomaba la molestia de seguir cargando con él.
- Es aquí. – Avisó Valt cuando reconoció la antigua entrada rocosa que ocultaba el templo de Akatosh. – Aquí podremos refugiarnos de la lluvia.
Amarillo le ayudó a bajarse de su espalda, de modo que Valt pudo ir proceder para guiar a su compañero que rápidamente se topó con el ancestral lugar de culto que había sido ocultado durante mucho tiempo. El olor a polvo era evidente dadas las condiciones de las instalaciones. Al poco de que ellos entraran ahí, la tormenta regresó. El cielo comenzó a descargar con fuerza, aumentando la sensación de frío.
- Un lugar bien curioso, sin duda. – El rubio rompió el silencio, contemplando la escultura de un hombre anciano que a su vez tenía un lado de la cabeza con la forma de un dragón.
- Cuando vine aquí por primera vez, creí que se trataba de una iglesia abandonada. – Valt se acercó. – Pero resultó ser un templo. – Dijo, viendo que Amarillo tocaba la inscripción en la que figuraba el nombre de Akatosh.
Valt no supo qué hacer. Le sorprendía un poco que Amarillo no comenzara a hacer preguntas. Se supone que es lo que haría cualquier viajero o turista que quisiera encontrar nuevos conocimientos o curiosidades. Pero la actitud de Amarillo distaba mucho de ser así. Ese tipo de silencio, tan revelador, le recordaba mucho a Free.
- ¿Cómo has hecho lo de antes? – Preguntó Valt, con un tono de voz más serio. – Ese teletransporte.
Amarillo suspiró mientras que con la mano derecha agarraba el medallón de oro que colgaba de su cuello. Valt se impacientó, ligeramente detrás del rubio. Necesitaba encontrar las respuestas a sus dudas, sobre todo al por qué tenía ese sentimiento de familiaridad hacia este chico. ¿De qué le conocía? ¿Y por qué una parte de él creía firmemente en que podía poner toda su confianza en alguien al que supuestamente acababa de conocer?
- Es algo que aprendí hace mucho. – Habló Amarillo. – Es normal que desconfíes de mí, si fuera tú, yo tampoco me fiaría de mí. – Alzó la mirada, todavía de espaldas a Valt.
- Tú... ¿has venido aquí con algún propósito?
- Puede. ¿Qué interés tienes en saberlo? – Ahí estaba la respuesta evasiva que tanto odiaba el pelinegro.
- He pasado por muchos problemas últimamente, sólo quiero asegurarme de que no seas tú quien vaya a provocar algunos de más. – Dijo seriamente. - ¿Quién eres?
- He venido tras la búsqueda de mi maestro.
- ¿Eh? ¿Tu maestro? – Valt arqueó una ceja mientras Amarillo se giraba. El breve brillo de ese medallón captó la atención de su vista. – Espera un momento... ese collar...
- Es el legado de la vida pasada de mi maestro. Me lo entregó hace mucho tiempo.
- Ese maestro tuyo... ¿qué clase de persona es? – Preguntaba Valt, viendo cómo Amarillo sonreía de una forma tan dulce que no supo explicar por qué su propio corazón latió con fuerza durante unos breves segundos.
- Es la persona más especial de mi vida, pero debido a que este mundo y las personas que viven en él le preocupaban tanto, tomó la decisión de intentar hacer algo al respecto. Pero tranquilo, señor Valt – Puso una mano sobre el hombro derecho del joven. – No es alguien por quien debas preocuparte.
Valt tragó saliva, todavía ligeramente alterado. Algo estaba sucediendo y él no se enteraba. Por alguna razón, Amarillo respondía de una forma ambigua, poco clara. Más que despejar sus dudas, sólo provocaba que en su mente nacieran otras cientos de ellas. Pero si algo sabía es que sentía que ese collar le pertenecía. Lo recordaba de parte de su vida anterior, de la que, sin embargo, reconoció tener lagunas... como si faltaran trozos de memoria que hubieran sido arrancados como si de papel se tratara.
Tuvieron que quedarse los dos juntos ahí metidos para dejar pasar la tormenta. Valt miraba a Amarillo de vez en cuando. Y es que le tenía ahí, a su lado, pero es como si al mismo tiempo no hubiera nadie. Amarillo no emanaba ninguna presencia.
- ¿Amarillo? – Le llamó.
- Dime.
- Antes... cuando estabas mirando la estatua de Akatosh... parecías contento.
- Siempre es motivo de alegría para mí encontrarme con cosas nuevas. Soy un viajero, así que disfruto de ese tipo de momentos. Nada relevante.
- No sé por qué, pero, cada vez que dices que no es importante, no soy capaz de tomármelo en serio.
- Pff, ha, ha, ha. Sí, ¿verdad? Me suele pasar.
- ¿De verdad que estás aquí sólo de paso?
- Así es. No tengo pensado quedarme mucho tiempo. – Respondió. - ¿Estás triste, señor Valt?
- Deja de llamarme señor, me haces sentir como si fuera un viejo. – Protestó, viendo sonreír al rubio. Pero de nuevo, esos ojos azules lucieron solitarios. – Es sólo que me gustaría que te quedaras, un tiempo al menos.
- Vaya, eso es mucho teniendo en cuenta que no deberías confiar en mí.
- Ya lo sé, pero es algo que va más allá de lo que puedo entender. – Valt llevó su mano al pecho. – Siento como si te conociera de algo, tu compañía se me hace especialmente agradable.
- ¿Es tu instinto quien te dice eso o es tu alma?
Esa pregunta repentina pilló desprevenido a Valt. Esos ojos azules le contemplaban con una casi solemne calma, como si su dueño no tuviera prisa en obtener una respuesta. Pero... Amarillo desprendía un aura solitaria. Valt se acercó para poder contemplarlos mejor, como si no quisiera perderse ni un detalle. Amarillo no se movió de su lugar, sentado en el interior de la entrada rocosa junto a Valt. El tiempo pareció detenerse. Sólo quedaba el sonido de la lluvia y el estruendo de los truenos retumbar la tierra desde el cielo.
Ninguno supo cuánto rato pasó. Aquella observación fija y mutua terminó cuando los primeros rayos del sol se asomaron a medida que las nubes se alejaban, despejando el cielo. Es como si nada hubiera ocurrido. Sólo quedaba el bosque empapado con algún que otro charco de agua por en medio. El canto de los pájaros regresó, y el viento volvió a modo de bienvenida al buen tiempo, trayendo consigo el sonido de la relajación gracias a las hojas habitando la copa de los árboles.
Amarillo fue el primero en ponerse de pie al ver que la tormenta había terminado.
- Creo que ahora podremos volver al BC Sol sin problema. – Dijo Valt, poniéndose por delante. – Deberías venir conmigo, Amarillo. Te hace falta una ducha.
- Sí, supongo que tienes razón. Pero, ¿estarán conforme tus seres queridos?
- Oh, ya lo creo. Son muy sociables. Ya verás qué pronto les gustarás. ¡Venga, vamos!
Valt se alejaba a paso animado. Amarillo le contempló antes de que un pájaro azul se posara en su hombro y captara su atención. Él se limitó a sonreír, en su revelador silencio.
Chapter 91: La Esencia Del Pasado
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Justo cuando llegaron al BC Sol, a Valt le sonó el estómago. Amarillo se mantuvo taciturno, pero muy pendiente de su nuevo entorno. Parte de él lucía como ausente, o esa es la sensación que le transmitía a Valt. No se encontraron con nadie antes de entrar en las instalaciones del beyclub. Amarillo se detuvo frente a unas escaleras que conducían a los dormitorios de los miembros del equipo español.
Valt se acercó.
- ¿Ocurre algo, Amarillo? – Preguntó sin respuesta. Vio al rubio profundamente sumido en sus pensamientos, pero cuya expresión parecía impactada por alguna razón. - ¿Amarillo? – Insistió, poniendo su mano sobre el hombro del chico.
- Ah, perdona. Me he quedado en Babia.
- Oye, ¿de verdad que estás bien? Empiezas a preocuparme.
- Lo estoy. No pasa nada. – Sonrió. - ¿Aquí es donde vive el señor Valt? – Esa forma de preguntarlo se le hizo extraño al propio Valt.
- Sí, así es. Pero no estoy solo. Hay más personas aparte de mí. Pero estará bien si antes te presento a Anch, ¡Ya verás! ¡Cocina de maravilla! ¡Ven, es por aquí!
Amarillo se dejó arrastrar por el pelinegro, ya que éste sostenía su mano. El pajarillo azul continuaba posado sobre su hombro. Amarillo miró de reojo las escaleras antes de perderlas de vista. Valt caminaba muy deprisa, evidentemente, buscando la comida de la mujer que había mencionado y a la que pronto conoció cuando llegaron al salón. La sala estaba vacía salvo por alguien: Cristina, la dueña del BC Sol.
- ¿Valt? – Kuroda decidió aproximarse, sobre todo cuando Amarillo captó su atención.
- ¡Ah, Cris! No sabía que estabas aquí. ¿Dónde está Anch?
- Está con mis padres, me dijo que vendría en un rato. Esto... ¿Quién es el chico que te acompaña?
- Se llama Amarillo, es mi nuevo amigo.
- Hola. Mucho gusto de conocerla, señorita.
Amarillo se tomó la libertad de sostener las manos de Cristina sin dejar de moverlas hacia arriba y hacia abajo, en una alegría peculiar e infantil. Valt sonrió, notando el buen ambiente, a pesar de que para Cristina esto fuera muy confuso.
- ¿Eres... un blader? – Preguntaba Cristina.
- No, qué va. Soy un simple viajero.
- Ya, claro... oye... es cosa mía, ¿o hace un poco de mal olor?
- Es que Amarillo necesita una ducha. – Valt intervino rápidamente. – Le ofrecí ayuda para que descansara aquí antes de seguir con su viaje, ¿verdad?
- Sí, es cierto. Lo siento mucho, cuando eres un viajero cuesta bastante encontrar lugares en los que limpiarte, sobre todo si no llevas dinero encima...
- ¿Te importa que se quede con nosotros, Cris?
- Huh... bueno... - Suspiró. – No veo por qué no, pero no sé dónde va a dormir... No tenemos más camas.
- No se preocupe, señorita. – Sonrió Amarillo. – No necesito una cama para dormir.
- ¿Eh? ¿Pero qué dices?
Aquello fue muy extraño, pero cuando Anch apareció quedó en un segundo plano. Valt no tardó en pedirle comida, olvidándose de Amarillo que se presentó cuando la mujer le vio y le invitó a comer algo. Valt y Cristina se sentaron en la mesa, Amarillo optó por quedarse frente a la barra que lo separaba de la cocina.
- Así que... un nuevo amigo, eh. – Habló Cristina, frente a Valt. - ¿Sabes de dónde viene?
- No. Y tampoco me lo ha dicho, pero tiene pinta de que viene de lejos.
- ¿Y no te resulta... sospechoso?
- La verdad no. Cuando lo vi por primera vez tuve la sensación de que le conocía de algo. Pero bueno, je, je – rascó su cabeza en un torpe gesto. – Si te soy honesto, me sigo sintiendo igual.
- Creo que no deberías haberle traído, Valt. – Dijo Cristina, con una expresión seria pero preocupada. – No sabemos quién es. Después de todo lo que ha ocurrido hasta ahora, ¿de verdad no piensas que es extraño que aparezca alguien de la nada?
- Cristina, sé que no te falta razón, pero... si Amarillo fuera tan mala persona, y si fuera un enemigo, ¿no te parece que habría tenido tiempo más que de sobra para aparecer y perjudicarnos?
- Sí, pero...
- Además, ese collar que lleva... es mío.
Cristina se sorprendió, no sólo por esas palabras sino por cómo Valt lo había dicho de una forma tan severa. La dueña del BC Sol observó a Amarillo desde donde estaba sentada, haciéndose preguntas al respecto. Ella ya conocía parte de la antigua historia sobre Akatosh, la cual tenía ahora su relevancia en los tiempos actuales. No por algo, Free, Lui y Valt parecían estar en medio del asunto. Y no sólo eso. No pudo olvidarse de Fayna, la chica de fuego. Luego estaban Phi y Jin, aunque nadie conocía del todo el objetivo de Jin. Y ahora, de la nada, aparecía ese chico rubio llamado Amarillo.
- ¿Cómo sabes que ese collar es tuyo?
- Akatosh me dio las memorias de mis vidas anteriores, al menos la mayoría de ellas.
- ¿A qué te refieres? ¿Hay cosas que no puedes recordar?
- Hay muchas cosas de mi vida pasada que están como en blanco. Por mucho que lo intento, no soy capaz de acordarme. Pero sé que ese collar lo tuve hace tiempo. Era mío. Fue un regalo de Akatosh para que ayudara a traer la paz a este mundo.
- Tal vez si le preguntas, ese chico a lo mejor...
- No. No lo hará. Antes de venir al BC Sol hemos estado hablando y es muy parecido a Free. Habla sin decir más de lo que necesita.
- Pues, tal vez...
- Chicos, aquí tenéis la comida. – Intervino Amarillo. Valt y Cristina se callaron automáticamente. – Está recién hecho así que es mejor que aprovechéis.
- Bueno, yo no es que tenga mucha hambre...
- Señorita, estoy convencido de que le vendrá bien comer algo, aunque sea un poquito.
Cristina no supo qué decir. Amarillo se sentó junto a Valt, y los dos comenzaron a zampar. La dueña del BC Sol se fijó que, efectivamente, el collar que colgaba del cuello del rubio parecía ser una reliquia antigua. Tenía que ser de oro macizo por el brillo, además de las buenas condiciones en las que estaba, como si el tiempo no hubiera transcurrido sobre el objeto.
- Prométeme que después de esto te darás un baño, Amarillo.
- ¡Te doy mi palabra! ¡Pff, ha, ha, ha!
Aunque ella no tenía poderes especiales ni mucho menos, tuvo que admitir que no percibió ninguna hostilidad por parte de Amarillo. De buenas a primeras, lucía como un chico simplón que no tenía nada mejor que hacer que deambular por el mundo, como si fuera un alma perdida que se movía sin un destino. Por mucho que pudiera caerle bien, Cristina sentía que algo en Amarillo no le encajaba. Es como si el chaval no estuviera siendo sincero.
- Eh... ¿por dónde está el baño? – Habló Amarillo.
- Es por ese pasillo, a mano derecha. – Señaló Cristina.
- Gracias, señorita. Enseguida vengo.
Los dos se quedaron solos mientras Anch continuaba en la cocina. Valt siguió comiendo, restándole importancia a la ausencia de Amarillo. Cristina era la única que no se fiaba de ese chaval. Le parecía demasiada casualidad, aunque no pudiera negar el hecho de que Valt tuviera razón. Si Amarillo tuviera intenciones de desearles algún mal, ¿por qué entonces habría desaprovechado tantas oportunidades? No tenía pinta de que fuera un enemigo.
También estaba el asunto del collar. Ese misterio debía ser resuelto, y cuánto antes, mejor.
Amarillo pasó por delante de las escaleras, sin embargo, para él aquel instante fue como si sucediera a cámara lenta. Se sintió observado por unos ojos amatistas, con los cuales se encontró con los suyos azules antes de quedarse quieto mientras el dueño de aquella mirada se quedaba a una distancia prudencial de él. Amarillo no se giró. El silencio que hubo era tan tenso que se podría cortar con un cuchillo.
La presencia que había detrás de él era fuerte, pero no le era extraña.
- ¿Quién eres tú y a qué has venido? – La voz era hostil, poco amigable. Amarillo percibió que, la persona que le observaba le consideraba un enemigo. – No me suena de haberte visto por aquí antes.
- Sólo estoy de paso. – Dijo antes de girarse.
Los dos tuvieron una gran impresión del otro. Lui tuvo una sensación rara, pues un sentimiento de familiaridad se abrió paso en su interior. Para Amarillo fue algo parecido, sumándose a la enorme cantidad de recuerdos que vinieron a su mente. De mientras, los ojos agudos de Lui reconocieron el collar que portaba el rubio.
- Me resultas familiar, ¿te he amenazado antes? – Habló Lui, sin recibir respuesta. – Heh, eres muy hablador, ¿eh? Muy bien. – Se acercó y en cuanto sostuvo el collar con su mano, Amarillo le agarró de la muñeca.
- Suéltalo inmediatamente. – Amarillo endureció su tono de voz, lejos de mostrarse relajado. Algo así no fue ignorado por Lui.
- Este collar no te pertenece a ti, ¿por qué razón lo tienes contigo?
Dos miradas afiladas se cruzaban entre sí. Lui reconoció que, delante de su persona, se hallaba alguien que distaba mucho de ser humano. Era alguien... muy parecido a él. La prueba estaba en la fuerza que poseía el rubio. Esos dedos se clavaban en su antebrazo con la intención de infringir dolor con tal de que lo soltara. Pero Lui no tenía la intención de hacerlo.
- Este collar me fue entregado hace tiempo. Pero supongo que no me vas a creer, ¿verdad... Odahviin?
Lui abrió los ojos, muy sorprendido. En ese momento, supo que el rubio no era alguien precisamente normal. Incluso teniéndolo enfrente, es como si al mismo tiempo no hubiera nadie. Este chico no desprendía ninguna presencia. Se acordó del momento en el que le hizo saber a Valt de su inquietud, cuando notó que algo se sentía como anómalo. Todo apuntaba a que era causa de este chico que, curiosamente, traía consigo un collar que Lui conocía.
A su mente vino todo su pasado como Odahviin en sus diversas vidas.
- No puede ser... tú eres...
- Dadas las circunstancias, me veo obligado a pedirte que no reveles mi identidad. – Amarillo se cubrió con la capucha de la capa que portaba. – Es para el bien de todos.
- No tiene sentido. Si de verdad eres quien yo creo, entonces, ¿por qué empeñarte en ocultarte?
- Pronto lo sabrás, Odahviin. Tú sólo hazme este favor, ¿de acuerdo? – Sonrió, poniéndose casi de espaldas. – No le digas nada a Voslaarum.
Y tras aquellas palabras, Lui vio desaparecer al chico. Se quedó ahí de pie, todavía sorprendido. Contempló su mano, todavía sintiendo tanto el tacto del collar como la propia mano del rubio. La presencia de ese chico tenía que tener algún significado importante.
«Después de cientos de siglos desaparecido... ahora vas y regresas», pensó Lui seriamente. «Sólo espero que no sea en calidad de enemigo». Apretó la mano en un puño.
Chapter 92: Corazón En Un Puño
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Una semana había transcurrido. Las cosas mejoraron en Barcelona, ya que el hielo fue desapareciendo en ese corto periodo de tiempo. Pero algo más importante iba a comenzar y aquello no era otra cosa que el enfrentamiento entre Phi y Free De La Hoya. Mucha gente estuvo insegura al respecto, pues la mayoría recordaba lo que ocurrió en las ocasiones anteriores en las que esos dos se encontraron. Valt echó de menos a Amarillo, a quien le perdió la pista el mismo día en el que le conoció, ignorando por completo que Lui guardaba un tipo de información muy valiosa.
El Dragón Blanco se limitó a mantenerse como un espectador. Intentó ayudar a Free, pero éste no dejó de ir a El Astro para concentrar allí su energía. Al igual que Shirosagi, Valt sintió la misma preocupación. Ninguno sabía qué es lo que ocurriría, y no les parecía seguro que la gente fuera a ver el encuentro, pero no tuvieron el control sobre las masas. Los dos tenían que apechugar y seguir adelante, creyendo que Free lo conseguiría.
En El Astro se respiraba una atmósfera de calma que en el fondo escondía una enorme tensión. A medida que las gradas se llenaban y el público era cada vez mayor, el comentarista comenzó a darle ambiente al asunto. Cristina vino con sus padres Endou y Laura con la intención de que ellos dos vieran con sus propios ojos lo que ella no había podido contarles. La duela del BC Sol tenía consigo a Crisfree Onírica en el interior de la bolsita que colgaba de su cuello.
Lui y Valt estaban sentados muy cerca el uno del otro, pero ninguno no dejaba de vigilar el entorno. Podían percibir la energía de Free hallada en este lugar, pero no fueron capaces de saber si eso formaría parte de la estrategia de Free. Sin embargo, un sonido metálico llegó hasta los oídos de Valt. Pudo sentir la presencia del collar que portaba Amarillo y no fue capaz de resistir la necesidad de ir tras esa sensación. Era algo más fuerte que él. Lui se hizo a la idea, así que le dejó hacer. El Astro era muy grande, así que esperaba que Valt no se perdiera, porque todavía sería muy capaz de ello.
En uno de los pasillos, Free caminaba con tranquilidad mientras se mentalizaba para lo que estaba por venir. No obstante, una voz le hizo detenerse:
- Una vez más, el destino de todos está en juego. Me pregunto si esto acabará alguna vez... – Free pudo ver a un muchacho no más alto que él, de hecho, era ligeramente más bajo, escondido en la sombra de una esquina, apoyado en el muro con los brazos a cada lado de su cuerpo en una actitud abierta.
Algo dentro de él reaccionó. Era algo que iba más allá de un simple lazo. Ese chico, de alguna manera, estaba conectado a su alma.
- ¿Quién eres?
- Eso no importa. – Cerró los ojos. – Lo único que importa es lo que vaya a pasar. No tiene pinta de que vaya a ser nada bueno.
- Tú no eres de aquí. ¿De dónde has venido? Ni siquiera puedo percibir tu presencia, así que deduzco que no eres una persona ordinaria.
- Con que no me consideres un enemigo es suficiente. Sólo estoy aquí por si ocurre algo, no me prestes atención.
Free le observó, sin saber qué pensar. Incluso tirando de memoria no era capaz de recurrir a sus recuerdos de vidas pasadas. Sólo encontró lagunas en blanco, como si algo o alguien las hubiera borrado de manera intencionada. Fue confuso que le hizo sentirse alarmado. ¿Cómo es que no se dio cuenta antes?
- Ese collar que llevas no es tuyo. – Dijo entonces. – ¿Conoces a su propietario? – Preguntó mientras esos ojos azules se abrían, para contemplar el objeto.
- Quién sabe... - Se encogió de hombros y se acercó a Free, pero sin mirarle directamente. Estaba de perfil, mirando al frente. – Sólo déjame decirte una cosa. – E hizo una pausa, dejando en vilo al otro. – Si no derrotas a tu enemigo esta vez... sucederán cosas terribles de cara al futuro más próximo e inmediato. Tus seres queridos, tú y todos correréis un gran peligro.
- Imagino que por eso estás aquí. Sé sincero, chico. – Free miró al otro, girándose para estar cara a cara. – Te envía Akatosh, ¿verdad?
- No. He venido por voluntad propia. – Sonrió. – Si fracasas, vais a necesitar un escudo que todo lo aguante, ¿no es así? Las últimas veces tuvisteis mucha suerte, pero ese tipo de cosas no vuelven a ocurrir.
- Pero... ¿quién diablos eres tú?
- Ya te lo he dicho. Quien yo sea o deje de ser carece de relevancia ante algo que deberías preguntarte en su lugar: si tú caes, ¿quién detendrá a Koslaram?
De La Hoya abrió los ojos, siendo dejado atrás por el muchacho que se alejó caminando a paso relajado. ¿Acaso le estaba prediciendo lo que iba a ocurrir en este enfrentamiento?
- ¿Por qué se supone que has venido? – Preguntó Free, haciendo que su interlocutor se detuviera para girarse y sonreírle.
- He venido para proteger el equilibrio de este mundo. Si alguno de los dos cae ante el otro, el escudo eterno tiene que asegurar vuestro destino. Ése es mi deber. Caigas tú o caiga Koslaram... mi propósito es asegurarme de que sigáis con vida sin importar qué es lo que tenga que hacer.
- O sea que no estás del bando de nadie. – Apretó la mano. «¿Quién es este tipo? ¿y de dónde ha salido? No es... alguien normal».
- A pesar de tu antigüedad sigues pensando igual, eh. – Se giró. – Te seré sincero, Dovahkiin. – Dijo antes de ponerse serio. – Esto no se trata de bandos, ni de quién es tu enemigo o tu aliado. Esto se trata simple y llanamente de mantener al mundo en equilibrio. En vuestras manos está el que me obliguéis hacer una cosa u otra. Pero sea la que sea, tened por seguro los dos que os voy a parar los pies y si lo veo necesario os despojaré de vuestros poderes. Tú verás lo que haces.
Valt corrió por los pasillos, pero no tuvo suerte. No logró encontrar a Amarillo, algo que tampoco le sorprendería, recordando que ese chico era capaz de teletransportarse e impedir que otros sintieran su presencia, la que de algún modo podía suprimir. Al que sí vio fue a Free y no dudó en acercarse para darle un abrazo que De La Hoya agradeció en su silencio. Las palabras de aquel chico que habló con él hacía poco le había puesto nervioso, como si le hubiera dicho lo que iba a pasar intentara lo que intentara. Pero era más el miedo de que alguien pudiera arrebatarle su poder. ¿Acaso eso era posible? ¿Existía alguien así?
Valt le sonrió, otorgándole una calma que Free había perdido a causa de ese misterioso joven. Contempló al pelinegro, quien no soltó sus manos. Estaría bien si también hubiera venido Lui, pero Free se conformaba. Esto era mejor que nada.
- Ten mucho cuidado, Free. – Le dijo Valt, haciendo asentir al aludido. – Lui y yo estaremos pendientes, y si pasa cualquier cosa, intervendremos. No te preocupes, ¿vale? No estás solo en esto.
Pero ambos lo sabían: en esta ocasión no estaba ninguno de los elementos presentes. Ni siquiera Fayna y su ardiente deseo de lucha. Tendrían que espabilarse ellos solos. Free notaba que Valt apretaba un poco sus manos, mostrando su preocupación. Phi no debía ser subestimado, Free era consciente de ello. Si cometía ese error, sería aplastado sin misericordia. Ni siquiera estaba seguro de si funcionarían las medidas que había tomado. Había mucho en juego.
Sintió su corazón en un puño.
Antes de ir al estadio, el abrazo de Valt calmó su ansiedad. Incluso ahora, su corazón latía con fuerza debido a una mezcla de emociones entre las cuales destacaba el miedo. El público lo recibió alegre, y el bullicio era casi insoportable a sus oídos. Y tener a Phi delante no mejoraba las cosas. Con la vista buscó a ese joven misterioso y le vio sentado asomado en primera fila, en la parte derecha de El Astro y ligeramente detrás de la posición de Phi. Esos ojos azules lucían atentos y hasta fríos. Mientras el comentarista hablaba, las palabras de ese muchacho rubio pasaban una y otra vez en la mente de Free.
- ¿Qué pasa, De La Hoya? – Phi le sacó de sus cavilaciones, ajeno a lo que ocurría. – Tiene pinta de que estás asustado. Espero que no retrocedas ahora, no quisiera tener que ir a las malas contigo. – Se rio. – Pero déjame decirte que Fafnir y tú vais acabar destruidos, muy pronto lo verás. – Se posicionó para prepararse para un lanzamiento.
El corazón de Free latió a velocidades vertiginosas. ¿Era miedo? ¿O era adrenalina? Fuera lo que fuera, estaba claro que ahora ya no había marcha atrás. Pero ni aunque intentara hacerlo, Phi no le permitiría huir. Aunque le tranquilizaba el hecho de que Valt y Lui estuvieran presentes para apoyarle, no podía dar por hecho que eso fuera a servir. Ellos todavía no dominaban completamente sus poderes, así como él.
Cerró los ojos, mientras la voz del misterioso joven regresaba a su cabeza:
«En vuestras manos está el que me obliguéis hacer una cosa u otra. Pero sea la que sea, tened por seguro los dos que os voy a parar los pies y si lo veo necesario os despojaré de vuestros poderes».
Chapter 93: Aquí donde el destino se decide, ¡Adiós Geist Fafnir!
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Free cerró los ojos, silenciando el bullicio en su mente. Alejó las palabras de Phi de su cabeza. Ya venía preparado para este encuentro. Después de tantos enfrentamientos contra Phi, había aprendido muchas cosas de él. Por eso se tomó la molestia de meditar durante días en este mismo lugar en el que ahora yacía de pie. Y así tendría que ser hasta el final. No podía caer. No ahora. Si aquel chico rubio con el que se encontró antes tenía razón con su predicción, entonces no iba a permitir que se cumpliera.
De nuevo sintió la presión en su garganta. No podía hablar. Eso significaba que Akatosh seguía pendiente de él. Miró a Phi con decisión, sacando su lanzador. Eso hizo sonreír a su rival.
- Eso ya me gusta mucho más. Pero más te vale entretenerme, de lo contrario voy a tener que buscar la emoción en otra parte.
En respuesta, Free sólo puso a Fafnir en su lugar. Phi inclinó muy ligeramente la cabeza antes de echar un suspiro. No iba a poder razonar con este chico. Su intento por utilizar su miedo en su contra al parecer no funcionaría. Bueno, tampoco esperaba menos de su eterno enemigo.
- ¿Listos, bladers? – Avisó el árbitro.
Free sentía su corazón en sus oídos a medida que la cuenta atrás tenía lugar. Y cuando los lanzamientos se hicieron, todo dio comienzo. De La Hoya sentía todas las miradas sobre él, especialmente las de sus seres más queridos. Cristina había venido, pudo percibir su presencia y junto a ella había algo más que perturbaba su concentración. Intentaba mantener la mente en su sitio y controlar lo mejor posible sus emociones. Phi sabía ponerlo en apuros, pues cada intento que hacía con Fafnir resultaba inútil. Sin duda era un tipo astuto capaz de predecir hasta a alguien como él. Obviamente esta batalla no iba a resultar nada fácil.
Miró a Phi, quien sonreía de forma maliciosa. Free veía la energía oscura que comenzaba a rodear a ese hombre. Dread Phoenix colisionó con fuerza con Fafnir y Free se quedó sorprendido cuando lo vio salir de la pista, mientras el árbitro anunciaba el resultado. Sosteniendo a Fafnir con la mano, Free se percató de las intenciones de Phi.
«Me atacará en cuanto tenga una oportunidad. Si intento defenderme, usará su poder contra los demás.», pensaba con un rostro serio. Dirigió sutilmente su mirada hacia atrás, hacia las gradas. «No puedo exponerles a tal riesgo, no a ellos.», apretó a Fafnir con la mano.
- Me estoy empezando a aburrir. ¿De veras es eso lo que te queda? – Habló Phi, sacando al rubio de sus cavilaciones. – Sea lo que estés pensando, te aseguro que no te funcionará conmigo. El destino de Fafnir está en mis manos, igual que el tuyo.
La batalla continuó tras aquella pequeña pausa. La tensión era tal que hasta se podía cortar con un cuchillo. Desde las gradas, Valt localizó a Amarillo al otro lado de las mismas, detrás de desde donde se encontraba Phi. Abrió los ojos, sorprendido, cuando vio a Jin cerca de él. ¿Qué hacía Jin aquí? Ese era otro de los que no había que ignorar, no con la que había liado hacía poco. Lui se percató de lo que Valt observaba, y no puso buena cara.
- Si intenta hacer algo le pararemos. – Susurró Shirosagi al lado del pelinegro después de poner su mano en el hombro del chico para llamar su atención. – No te preocupes. – Se cruzó de brazos, sonriendo. – A la mínima que haga algo sospechoso le lanzaré tal rayo que se le van a fundir todas las neuronas.
- No creo que Jin esté aquí para perjudicarnos, aunque tampoco pongo las manos al fuego por eso.
- No podemos fiarnos de él. No sabemos si se aprovechará cuando las cosas vayan mal.
- Estoy convencido que Free tiene un plan. Ha estado viniendo aquí durante muchos días usando su energía. No me parece que sea simplemente por querer meditar en un sitio nuevo, más allá del bosque.
- Quién sabe. – Se encogió de hombros. – Ese perturbado es impredecible hasta para mí en muchas ocasiones. – Ese comentario llamó la atención de Valt. – Lo único que realmente me preocupa son sus emociones.
- ¿Sus... emociones?
- Tú quizá no te hayas dado cuenta todavía, pero las emociones son la gran debilidad de Free. Es lo que hace que él pierda el control y se vuelva violento.
Valt recordó todas las veces en las que Free dejaba de razonar, o momentos en los cuales le costaba hasta escucharle, como cuando intentó matar a Phi sin importarle si se llevaba a su hermano gemelo por delante. Un desagradable escalofrío le recorrió la espina dorsal. No quería volver a ver algo así. Puede que el lado más oscuro de Free le asustara demasiado como para siquiera ser capaz de aguantarlo en su imaginación. Pudo comprender la inquietud de Lui.
La primera colisión entre las energías de los dos bladers no tardó en ocurrir. Sin embargo, se notaba que Phi era un rival duro para Free. Había gente que animaba al rubio, pero Valt y Lui sabían que De La Hoya ahora mismo hacía caso omiso al público. Estaba completamente concentrado en lo que tenía que hacer, concentrado en la persona que se hallaba frente a él. Era su destino. El mismo destino que había estado jugándosela durante mucho tiempo. Y aún tenía coraje para mirarlo de cara y enfrentarlo con todas las consecuencias. Eso era tener determinación.
Phi se rio de forma siniestra, como más pendiente de querer pasar un buen rato. Fafnir y Dread Phoenix chocaban una y otra vez, y en cuanto Fafnir se liberaba, el segundo tardaba muy poco en salir tras él, en una actitud acosadora sin detener su persecución. Con las colisiones, las defensas de Dread Phoenix saltaron y quedaron en el estadio tiradas. Phi sabía sacarle gran provecho a eso, acorralando a Fafnir en el proceso. Para Free era complicado lidiar con ello. Era capaz de evadir las defensas de Dread Phoenix cuando éste las golpeaba para lanzárselas en su contra y así desviar a Fafnir de su trayectoria, pero no siempre lo lograba. Justo como ahora.
Dread Phoenix corrió a tal velocidad que tardó muy poco en desplazar nuevamente sus perdidas defensas, y volver a colisionar contra Fafnir que fue acorralado entre su enemigo y el anillo de la armadura del mismo. Eso provocó tal fuerza y fricción entre ambos que obligó a Free a aumentar el uso de su energía para compensar los posibles daños que Fafnir estuviese recibiendo. Dread Phoenix empujaba a Fafnir hacia abajo, contra el estadio y eso provocó que el resorte conductor del bey cediera y tuviera contacto con el piso.
Free no dudó en pasar al contraataque. Fafnir ganó un inmenso poder y salió disparado, recorriendo todo el estadio dejando una estela dorada tras de sí antes de chocar brutalmente contra Dread Phoenix. Lo hizo con tanta potencia que provocó que el bey enemigo acabara saliendo de la pista. Free frunció el ceño ante la ausencia de un final por explosión. Aun así, respiraba agitado por la energía que ya había tenido que utilizar.
- Hm – hizo Phi, tras coger su bey. – Veo que te estás esforzando mucho, eh. – Sonrió. – Eso está bien, pero no lo suficiente. – Extendió sus manos. - ¡¡Tienes que entretenerme más como el buen juguete que eres!! ¡Sigue entreteniéndome hasta que os destruya a Fafnir y a ti, a los dos, de una buena vez! – Free apretó la mandíbula con Fafnir en la mano. – Ah, ¿pero qué es esa forma de mirarme? Te voy a enseñar lo que pasa cuando se me mira de esa forma.
Rápidamente Phi se rodeó de su oscuridad y comenzó a dar golpes en las gradas. Eso asustó tanto a la gente que muchas personas salieron corriendo de allí. Valt reaccionó, enfadándose, pero Lui le detuvo a tiempo, negando con la cabeza para indicarle que aún era muy pronto para intervenir. Eso frustró a su compañero en gran medida. ¿A qué demonios esperaban? ¡Phi no tenía buenas intenciones, eso lo sabían de sobras!
Sorprendentemente, Free permaneció serio sin haber perdido la calma. Aquello llamó la atención de Phi, y también la de Amarillo. De La Hoya cerró los ojos y concentró su energía. Aunque no era la suya natural. Phi abrió los ojos cuando vio cómo la marca que él solía dejar en sus víctimas aparecía en el hombro del rubio, cuyos ojos se volvieron tan oscuros como par de agujeros negros. Free se agachó y puso su mano sobre el suelo. Usando la energía oscura, automáticamente apareció un sello de luz que se extendió más allá del estadio, rodeándolos a ellos y al árbitro que retrocedió sin entender qué puñetas pasaba. Acto seguido, una serie de cúpulas fueron formándose, de más pequeña a más grande conforme se alejaba del centro. Esta vez fue el turno de Phi para poner mala cara.
- ¿Qué es esto? – Preguntó, mirando su alrededor. - ¿Cuándo lo has hecho? – Miró a Free, sin recibir una contestación. – Ya veo. Lo tenías planeado desde antes de esta batalla. Vaya... - Sonrió. – Debo reconocerlo: eres un genio. Supongo que es lo que tendría que esperarme de un monstruo como tú.
Free no se hizo de esperar y puso el lanzador por delante. Phi continuó con esa expresión molesta. No se había imaginado siquiera que el chico que tenía enfrente iba a jugársela de esta forma. Con esas cúpulas, de poco le valdría su poder. No cuando el poder de la luz, el que debilitaba y purificaba el suyo, le rodeaba por completo. Ya no le sería posible utilizar a nadie para provocar a De La Hoya. El rubio había utilizado muy bien sus cartas, aunque hubo un detalle que a Phi no se le pasó por alto. De mientras, colocó a Dread Phoenix en su lanzador.
- Veamos pues cuánto tiempo aguanta tu cuerpo, Dovahkiin. – Volvió a sonreír.
La batalla continuó su curso. Desde las gradas, Lui localizó a Amarillo. Una parte de él se sorprendió. De veras que ese tipo no emanaba presencia alguna. Incluso mirándole desde esa distancia es como si no hubiera nadie allí. Sus ojos amatistas se vieron observados por otros azules. Hubo un contacto visual entre Lui y Amarillo, y este último le mostró una pequeña sonrisa, antes de señalar el centro con ambos bladers enfrentándose. Era la manera de Amarillo para indicarle a Lui que prestara más atención a lo que ocurría en vez de perder un valioso tiempo mirando donde no debía.
Menudo tío listo.
El marcador seguía empatado uno a uno. Ni Phi y Free se rendían. Eso no hacía más que aumentar la tensión. Sin embargo, conforme más tiempo avanzaba, más se iban mostrando los efectos del poder de Phi en el cuerpo de Free. El rubio comenzaba a escupir sangre mientras la marca de su hombro se expandía por su cuerpo. Phi sonreía victorioso, muy satisfecho de contemplar el dolor en su enemigo. Lo único que odiaba con ganas eran esos ojos llenos de determinación. Free no se estaba dejando vencer por su poder y conservaba muy bien la cabeza en vez de perder la cordura como les había pasado a muchos otros bladers. Sin embargo, pronto lo entendió cuando vio algo más... o a alguien más. Era la figura de un hombre adulto que acompañaba a Free en todo momento. Un hombre con los mismos ojos. Se trataba del padre de Free. Su alma protegía a su hijo.
Pero Phi no fue el único en percatarse de aquello.
Free a veces retrocedía a causa de cómo Phi usaba su poder contra él. El viento dentro de la cúpula del centro era fuerte. Free usaba la oscuridad que absorbió de Phi en encuentros pasados para protegerse y tener una mayor resistencia. No obstante, su cuerpo le estaba diciendo claramente que no era una fuerza compatible con la suya. Si no se daba prisa, ese poder iba a consumirlo por dentro. Aun así, Free no iba a tirar la toalla. No le importaba si debía destrozarse en el proceso. Todos dependían de esta batalla. No podía permitir que pasaran cosas malas en el futuro. No podía permitir que la predicción de Amarillo se hiciera realidad. Al menos las cúpulas servían para frenar a Phi.
- Se nota que eres tan sólo un chaval de dieciséis años. – Escuchó a Phi. – Si de verdad creías que hacer todo esto te salvaría estás muy equivocado. ¡Y ahora mismo te lo pienso demostrar!
Lo primero que ocurrió fue el aumento de la fuerza en Dread Phoenix. Fafnir se vio acorralado entre su enemigo y las defensas caídas del mismo, ambos colisionando. La cúpula del centro acabó rompiéndose debido a la fuerza de las energías que chocaron en su interior. Free abrió los ojos cuando fue testigo de cómo Fafnir acababa hecho pedazos literalmente. Hubo un silencio sepulcral cuando ocurrió aquello. Lo próximo que vino fue un dolor agudo que obligó a Free a caer de rodillas al suelo. Aún gracias que pudo poner los brazos por delante de sí mismo cuando Phi se rodeó de su energía oscura y arremetió una y otra vez contra él, dejándolo debilitado en el suelo. Free volvió a escupir más sangre.
Desde el suelo, Free contempló cómo Phi concentraba su poder y con una brutalidad sin precedentes, logró romper las cúpulas que todavía yacían por encima de su cabeza. Valt y Lui se miraron entre sí y automáticamente salieron corriendo con la idea de llegar hasta Free y protegerle. Pero el tiempo no estaba de parte de ellos.
Phi miró a Free, extendiendo de lado a lado sus brazos y formando enormes garras. Free apretó la mandíbula, sabiéndose en peligro e indefenso. Su cuerpo no quiso obedecerle y no lograba moverse. Ni siquiera podía alcanzar a Fafnir hecho añicos literalmente con una de sus manos.
- Este es tu fin, Dovahkiin. – Se reía Phi. - ¡Es hora de que te vayas al infierno!
Free vio cómo esas garras eran dirigidas hacia él. Cerró los ojos, esperando lo que nunca vino. Cuando miró hacia adelante, vio sorprendido cómo alguien se había puesto por en medio: era el chico rubio que conoció antes en uno de los pasillos de El Astro. Era él quien estaba aguantando todo el poder de Phi e incluso absorbiéndolo sin ningún tipo de problema. Sin embargo, Phi logró atravesar aquel cuerpo justo en el mismo momento en el que Valt y Lui lograron llegar. El pelinegro abrió los ojos al ser testigo de aquello, y sólo pudo gritar:
- ¡AMARILLOOOO!
Chapter 94: El Escudo Que Todo Lo Aguanta: ¡El Dragón Amarillo!
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Amarillo cayó al suelo con un agujero en el pecho y la parte izquierda de la ropa rota y manchada de sangre. Para Valt, aquello le trajo el mal recuerdo de cuando Free decidió encontrarse con la muerte de forma voluntaria. Su imagen de él en la UCI del hospital le hizo reaccionar de inmediato. Corrió hacia Amarillo, sosteniéndolo con sus brazos. Lui se quedó al lado de Free, mirándole.
- ¿Estás bien? – Le preguntó el dueño de Lúinor. El rubio asintió, más pendiente de Amarillo.
- ¡¿Por qué siempre tienes que hacer las cosas así, Phi?! – Valt alzó la voz, muy enfadado. - ¡¿Es que sólo sabes resolverlo todo haciendo daño o qué, eh?!
- Oh por favor, ¿vas a venir a hacer un drama de algo tan tonto como eso? – Phi sonrió de forma malévola, señalando a Amarillo. – Haznos un favor a todos y ve a tirar la basura.
- ¡¿Pero cómo te atreves...?!
- ¡Valt! – Le llamó Lui. – No caigas en sus juegos.
- ¡Pero Lui...!
Justo los sonidos de unos chasquidos extraños llegaron a los oídos del pelinegro. Al devolver su vista sobre Amarillo se dio cuenta de que las heridas estaban cerrándose por sí mismas. Ese cuerpo se regeneraba solo ante sus ojos. Valt creyó que alucinaba. ¿Qué porras ocurría aquí?
- ¿A- Amarillo?
Pronto, Valt fue testigo de cómo esos ojos azules se abrían y le miraban. Menuda impresión que se llevó. Aquel agujero se había cerrado completamente. Sólo quedó la sangre remanente en el suelo. Amarillo alzó su mano para tocar el rostro de Valt.
- No pasa nada... señor Valt. – Susurró, al tiempo que se reincorporaba y comenzaba a levantarse ante la atónita mirada de todos. Salvo Lui, ninguno parecía estar comprendiendo lo que aquí sucedía. – Estoy bien.
- ¿Qué es esto? – Phi lució completamente desconcertado. – Deberías estar muerto. ¿Cómo es que sigues vivo?
- ¿Sorprendido, Koslaram? – Sonrió Amarillo. Valt le miraba, aún en el suelo de rodillas. – Señor Valt, Odahviin – giró su cabeza. – Por favor, llevaos a Dovahkiin de aquí.
- Espera, ¿Y qué hay de ti? ¡Te acaban de atravesar! – Valt se puso de pie, mirando el pecho del rubio.
- Ahora no hay tiempo para explicaciones. Dovahkiin necesita vuestra ayuda.
- Si os pensáis que os dejaré huir esta vez, vais muy equivocados. – Phi se mostró molesto, alzando los brazos de nuevo. – No importa cuánto te cures, voy a destruirte.
Amarillo creó una barrera justo a tiempo cuando a Phi le dio por atacar. Hubo una enorme cantidad de descargas eléctricas por la colisión de ambas energías. Valt se puso ligeramente detrás de Amarillo, y no muy lejos de Free sólo por si las moscas. Lui se estaba encargando de poner a De La Hoya en su espalda con el objetivo de llevárselo de allí.
- Señor Valt, marchaos. – Insistió Amarillo cuando Phi dejó de atacar, todavía con esa expresión enfadada en su cara.
- ¡No voy a dejarte solo ante ese desgraciado! – Señaló al dueño de Dread Phoenix. - ¿Y si te ocurre algo? ¡No, ni hablar!
- No te preocupes. – Le dijo con mucha confianza. Cerró los ojos y los abrió para mirar a Phi con una sonrisa. – Si el Dragón Amarillo os protege... vosotros nunca seréis heridos.
- ¿Dragón Amarillo? – Valt abrió los ojos como un par de platos.
- Te lo dije antes, señor Valt, cuando nos conocimos. Estará bien para mí si me usáis de escudo. Conmigo de vuestro lado no os ocurrirá nada a ninguno.
- Valt, vámonos. – Intervino Lui. Valt le miró, con la protesta escrita en el rostro. – No podemos quedarnos aquí, tenemos que irnos.
- ¡No pienso permitirlo!
Sin embargo, antes de que Phi hiciera nada, se vio inmovilizado por unas cadenas que surgieron del cuerpo de Amarillo. Valt retrocedió, sin perderse un detalle de lo que acababa de suceder. Seguía sin querer dejar atrás a Amarillo a pesar de lo que éste le había dicho antes. Por suerte, Lui ya se había alejado de allí, permaneciendo en las puertas de la salida para esperar a Valt.
- Prométeme que regresarás con nosotros, Amarillo.
- Claro, eso sin duda. – Respondió. – Deja que yo me ocupe de esto.
Valt asintió y se marchó corriendo con Lui. Los dos se dieron prisa en alejarse de allí. Phi hubiera hecho algo, pero entre que estaba encadenado y que Amarillo se hallaba frente a él, fue completamente incapaz de mover un solo dedo para impedir la huida de esos muchachos. Pronto se vio liberado de aquellas cadenas y su dueño permaneció de pie, bloqueándole la opción de iniciar una persecución para alcanzar a Dovahkiin. Phi contempló al rubio, ignorando a la gente que salía corriendo de allí.
- Eres muy valiente enfrentándote a mí tú solo. – Habló Phi, caminando para ponerse de espaldas al estadio de beyblade, el que ahora no iba a utilizar más. – Así que... formas parte del grupo de dragones que existe en este mundo.
- Veo que estás bien informado. Eso me ahorrará darte explicaciones de más.
- Dime, ¿Cuál es tu relación con esos chicos? No tiene pinta de que te conozcan de mucho.
- Muy avispado. – Cerró sus ojos, llevándose la mano al pecho. – Soy el escudo que todo lo aguanta. – Sonrió. – Así que tengo malas noticias para ti, Koslaram: no vas a poder vencerme.
- Mmm – hizo de forma pensativa. – Eso ya lo he oído antes... ah sí, fue tu queridísimo Dovahkiin. Qué lástima que haya acabado tan mal, ¿no te parece?
Hubo un momento en el que los dos se miraron sin decir nada. Phi se sintió extraño. Sus juegos mentales no funcionaban. Al menos no con ese joven. Aquellos ojos azules no habían perdido su firmeza y en ningún instante mostraron algún indicio de inseguridad o temor. No podía esperar menos de otro dragón.
- Dovahkiin y tú seguís pensando igual sin importar cuánto tiempo transcurra. – Amarillo rompió su silencio. Eso hizo que Phi se pusiera serio. – No sois tan distintos...
- Cierra la boca, ¿qué sabrás tú? Sólo eres un crío.
- Koslaram. – Le llamó. – Aún estás a tiempo de ir por el buen camino. Me gustaría resolver esto sin usar la violencia.
- Pues tengo noticias para ti: no pienso escuchar lo que un mocoso como tú tenga que decirme. Has dejado huir a mi presa, así que no voy a tener piedad de ti, así que prepárate.
Amarillo suspiró.
- Al menos lo he intentado.
***
- Creo que aquí estaremos a salvo.
Lui había dejado a Free apoyado en el tronco de un árbol. Habían conseguido huir hasta el bosque aprovechando que la zona estaba protegida por la energía del Dragón Dorado. Valt aún lucía preocupado por Amarillo, no obstante, parte de sus pensamientos regresaban una y otra vez a lo que vio antes. Fue testigo de cómo las heridas de Amarillo se cerraban solas y se regeneraban ante él. Nunca antes vio algo parecido. Y, sentándose al lado de Free, no evitaba pensar en ello una y otra vez.
- Y a ti – Lui se puso a la altura de Free. – Mira que hay que ser gilipollas para hacer algo como eso. ¿Qué querías? ¿morir? ¿suicidarte? – Decía con mala cara. De La Hoya resopló. – Es un coñazo que no puedas hablar. No nos vendría mal.
- Supongo que habrá que esperar. – Valt se encogió de hombros. – Pero Lui, ese chico... Amarillo. ¿A ti te suena de algo? – Preguntó. – Antes mencionó que era el Dragón Amarillo, pero...
- Forma parte de los dragones de las leyendas, así como nosotros.
- ¿Dragones de las leyendas?
- No estoy seguro de cuántos somos en total, pero hay muchos otros dragones sueltos por ahí que tuvieron influencia en este mundo. Nosotros tres somos los más importantes, y, por desgracia, Phi también.
- ¿Y qué hay de ese chico? ¿De verdad es otro dragón?
- Sí, y es quizá el más importante de los que somos, sin contarnos a nosotros. – Contestó. – De hecho, Amarillo es sólo una parte de su nombre como el Dragón Amarillo.
- ¿Cómo sabes eso?
- Recuerda que soy Odahviin, el Dragón del Conocimiento. Hay poco que yo no sepa, al menos si tiene algo que ver con la creación de este mundo. – Suspiró, sentándose en el suelo. – Me sorprende que no te acuerdes de él.
- Bueno, Free tampoco tiene pinta de hacerlo. – Miró al rubio que les había estado escuchando.
- Hostias, por poco se me olvida que está aquí.
- ¡Lui! ¡Cómo te pasas, hombre! ¡Eso está muy feo!
- ¡¿Y a mí qué me cuentas?! ¡Es este que está mudo!
Rápidamente Valt comenzó a reír, sobre todo por la mueca que hizo Free al verse ignorado e incluso casi olvidado por el propio Lui. Ser incapaz de hablar tenía sus desventajas, y comenzaba a creer que tal vez no estaría preparado para todas ellas. Lui resopló, esbozando luego una pequeña sonrisa. Al menos en el bosque se respiraba paz y si Phi lograba vencer a ese otro chico rubio y llegaba hasta aquí, ellos lo notarían. En silencio, Lui contempló que Valt continuaba intentando acordarse de algo. No le dijo nada, tenía más interés en el estado de Free, quien de vez en cuando seguía echando sangre por la boca.
- El Dragón Amarillo... - Susurró Valt. – Definitivamente no me acuerdo de él. No sé si llegué a conocerle.
- Pues claro que le conociste. – Lui se cruzó de brazos. – Los dos. – Miró a Free. – Pero bueno, ¿ninguno os acordáis?
Los dos intercambiaron miradas antes de observar a Lui y negar con la cabeza, haciendo que el otro se llevara la mano en toda la cara. Esto no podía estar pasándole a él. ¿Acaso las tonterías no tenían su límite?
- Tal vez si supiéramos su nombre... - Valt se encogió de hombros, no muy convencido de que esa idea fuera a funcionar.
- Será mejor que esperemos a que regrese, así podremos pedirle explicaciones. Se supone que los tres hemos despertado nuestros poderes y obtenido nuestros recuerdos de vuelta. No me cuadra que no os acordéis de ese chico. Si es que estuvo con vosotros en vuestra vida pasada. ¿No me estaréis tomando por idiota?
- Lui, nosotros nunca haríamos eso. Aunque tampoco estaría mal.
- ¡¿Quieres morir?!
Y Valt acabó riéndose mientras Lui protestaba y le insultaba. Free alzó la cabeza, para mirar el cielo, acordándose de aquel medallón de oro que llevaba el Dragón Amarillo, el que tanta impresión le causó.
***
- ¿Has tenido suficiente? – Amarillo miraba a Phi con un rostro serio. Por primera vez, el dueño de Dread Phoenix se encontraba malherido en el suelo por culpa de alguien que no era Fayna.
- No entiendo... nada. – Dijo. - ¡¿Cómo es posible?! – Alzó la cabeza. No hubo respuesta. - ¡Con todo lo que has recibido deberías haber muerto ya!
Amarillo estaba cubierto de sangre. Tenía la ropa hecha jirones, bastante destrozada. Obviamente no le había importado lo más mínimo tener el aspecto que ahora tenía, aunque tampoco parecía contento por ello. Lo que más destacaba era quizá la presencia de un manto de escamas de oro que cubría su cuerpo. A pesar de todos sus intentos, Phi ya no encontraba la manera de herir al muchacho que se hallaba de pie ante él. Aquellos ojos azules se habían transformado en la mirada de un dragón. Y, no obstante, la presencia del rubio continuaba completamente suprimida. Es como si no estuviera ahí.
- Koslaram... - Entrecerró la mirada. – Dime, puedes oírla, ¿verdad? – Eso captó la atención del aludido. – Tu alma te está llamando.
- Deja de decirme tonterías. – Dijo con un tono enrabietado en la voz. Se fue poniendo de pie. - ¡No pararé hasta matarte! ¡¿Me has oído?!
- Sí – esbozó una sonrisa impregnada de tristeza. – Me gustaría mucho que eso sucediera.
Aquello desconcertó a Phi, quien acabó en el suelo tras gritar cuando de repente un relámpago llegó hasta él. Amarillo se giró. Menuda sorpresa cuando se encontró con los ojos amatistas de Lui. Al parecer, el Dragón del Conocimiento había decidido regresar. Y fue acercándose hasta quedarse a cierta distancia. Amarillo cambió la expresión de su cara por una más impasible, aunque la melancolía seguía muy presente en sus ojos. Phi tenía espasmos en el suelo a causa de la electricidad, quejándose en el proceso.
Amarillo se dio media vuelta y caminó hasta quedar delante de Lui. Los dos se miraron en silencio, aunque Shirosagi le hizo un buen repaso con sus ojos.
- Has vuelto. – Habló Amarillo. Lui se encogió de hombros.
- Valt me lo pidió. De los dos, él es quien mejor puede defender a Free.
- Lo sé. Pero gracias por venir. Como puedes ver no hacía falta.
- ¿Tú crees? – Inclinó un poco la cabeza, poniendo la mano derecha en la cadera. – Pues yo pienso que sí. Ir empapado en sangre no es algo que esté de moda, ¿sabes?
Amarillo abrió los ojos, como sorprendiéndose antes de sonreír.
- Odahviin – le llamó con suavidad. – Veo que el tiempo ha hecho un buen trabajo contigo.
- ¿Qué puñetas significa eso exactamente?
- Creo que ya podemos retirarnos. – Dijo, ignorando su pregunta. – Por cierto – extendió sus manos. – Creo que esto es de Dovahkiin, ¿verdad?
Lui no pudo dar crédito a lo que vio. Al parecer, Amarillo se había tomado la molestia de coger las piezas rotas de Fafnir, todas ellas, y las había estado guardando en sus puños mientras luchaba contra Phi. Alzó sus ojos, contemplándole.
- Sigues siendo igual de raro que siempre, Dragón Amarillo.
- Bueno – se encogió de hombros. – Ya lo sabes. Yo soy el más bizarro de todos los dragones.
- Yo no lo diría así, pero bueno. – Lui cogió las piezas rotas de Fafnir. – Al menos... no estás herido – se le hizo raro decir eso.
- Si lo estuviera no podría considerarme vuestro escudo. El cuerpo del Dragón Amarillo sirve para este tipo de cosas – llevó su mano al pecho. – Soy el escudo que todo lo aguanta, y eso jamás cambiará.
- Venga vamos, Valt y el idiota de Free te están esperando. Hay mucho que hacer.
Amarillo asintió, siguiéndole. Y aunque en silencio, Lui logró ver restos de hielo por el lugar. Sin embargo, no había señales de Jin por ninguna parte. ¿A dónde se habría ido?
Chapter 95: Zeno, La Voz De La Sabiduría
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Habían podido llegar hasta las instalaciones del BC Sol donde gobernaba una relativa calma después de lo que sucedió. Free yacía tumbado en la cama, así que Valt y Lui cuidaban de él, aunque el segundo había conseguido la ayuda de Cristina para darle ropa nueva a Amarillo, el cual ahora se encontraba con ellos, en la otra cama libre que había, la que Valt había estado ocupando desde que se convirtió en el compañero de cuarto de Free. Tanto el pelinegro como Shirosagi miraban al Dragón Amarillo, al que también le había dado por dormir. Ninguno supo si era por el esfuerzo que podría haber supuesto para Amarillo enfrentar a Phi, tal vez con la ayuda de Jin. O eso era lo que Lui sospechaba.
- ¿Lui? – Valt miró a su compañero. - ¿Qué vamos a hacer ahora? No tiene pinta de que Free pueda vencer a Phi. – Bajó la cabeza.
- Ahora sólo podemos esperar a que se despierten los dos. – Se cruzó de brazos. – Hemos tenido suerte esta vez. Si no fuera por el Dragón Amarillo, tal vez Free no lo hubiese contado.
Valt no dijo nada, no hizo falta. Sabía que Lui tenía razón. Fue Amarillo quien salvó a Free sin ni siquiera importarle salir herido. Valt todavía no comprendía lo que ocurrió en El Astro, en aquellos momentos cuando fue testigo de cómo el cuerpo del rubio se regeneraba. Fue como ver un truco de magia del que no eras capaz de encontrar alguna explicación. Él se sentía preocupado, pero era probable que no fuera el único. Por eso se acercó a Lui y se sentó a su lado, pero de caras a él. Llamó la atención del Dragón Blanco cuando apoyó su frente en el hombro derecho del otro.
- ¿Qué pasa? – Preguntó desconcertado. Valt negó con la cabeza. – No me jodas tú también, estoy cansado de jugar a las adivinanzas. Como si con Free no fuera suficiente. – Resopló.
- Quiero darte las gracias, Lui.
- ¿Eeeeh? – Eso terminó por confundirlo, sobre todo cuando vio que Valt sujetaba sus manos.
- No hubiese podido mantener la calma de no haber sido por ti. No sé qué locura habría hecho de no haber estado tú ahí a mi lado. Por eso... muchas gracias, Lui.
Shirosagi contempló a Valt en silencio, pestañeando. Acabó suspirando, girándose para sorprender al chico con un inesperado abrazo que no dudó en corresponder. Lui no le dijo nada, al menos no en estos instantes. Para Valt no fue necesario. Para él un abrazo valía más que mil palabras juntas. Sabía que Lui era una persona muy compleja, puede que tanto como lo era Free. Y para Valt ese abrazo fue más agradable de lo que siempre imaginó. ¿Quién le habría dicho que, detrás de toda esa violencia y esa faceta de tipo duro se encontraba una persona con tal inteligencia emocional como Lui? Valt nunca habría adivinado que Shirosagi poseía una comprensión de estas características. Haber pasado por tantas dificultades les había enseñado mucho el uno del otro.
- Parece que os lleváis mejor de lo que pensaba. – Una voz les hizo separarse inmediatamente. Valt abrió los ojos.
- ¡Amarillo, te has despertado!
Menudo pedazo de abrazo le cayó al rubio que se quedó completamente descolocado por ello. Lui respiró más aliviado. Ya había comenzado a preocuparse más de la cuenta por ese chico que miró a Valt en cuanto este se separó.
- ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo?
- Deja de atosigarlo, hombre. – Lui le llamó la atención.
- Pero Lui, Amarillo podría haber muerto por culpa de Phi – Valt se acercó a su compañero, protestando.
- ¿Pero qué mierda es esa? Deja de decir idioteces, ¡Idiota!
- ¡¿Cómo que idiota?! ¡Tú eres el idiota más grande que conozco!
- ¡Eso tendría que decírtelo yo a ti, pedazo de burro!
El Dragón Amarillo miraba aquella escena muy sorprendido. Tenía las cejas alzadas y los ojos bien abiertos, haciendo una mueca con los labios. Era la primera vez que veía a esos dos mantener una discusión tan amistosa y llena de confianza como esa. De hecho, era la primera vez que veía cómo el tiempo había suavizado el fuerte y agresivo carácter de Odahviin, el dragón que recordaba como intratable y al que nadie se podía acercar sin acabar destrozado y bien muerto. Sin embargo, cuando se acordó de eso, no evitó sentirse aterrorizado. Una pregunta asaltó su mente sin permiso: ¿Cuánto tiempo había pasado desde que decidió poner a salvo el mundo? Escondió sus ojos debajo de su rubio flequillo hasta que una mano le distrajo, devolviéndole a la realidad. Al levantar la cabeza, vio a Valt.
- ¿Amarillo? – El chico lucía preocupado, parecía haberse dado cuenta de que algo iba mal. - ¿Estás bien?
- Ah, sí. Lo siento. Sólo pensaba.
Valt siguió mirando al muchacho, sin convencerse mucho. Amarillo lucía estar bien ahora, así que optó por dejar eso a un lado. Se giró para mirar a Free que continuaba dormido.
- Free aún no se ha despertado.
- Déjalo. Ya se despertará. – Dijo Lui. – No hay nada que podamos hacer.
- Él antes absorbió parte de la energía de Phi, ¿no será eso algo malo?
- No. – Sorprendentemente fue Amarillo quien respondió. – No le ocurrirá nada.
- ¿Cómo estás tan seguro? – Preguntó Valt. – Free estaba escupiendo sangre, lo vi claramente.
- Dovahkiin y Koslaram son capaces de tener una parte del poder del otro dentro de ellos. Si lo piensas, es como el Yin y el Yang. Hay una parte del opuesto en el otro.
El pelinegro se quedó mudo. Ese tipo de conocimiento no se lo esperó de alguien como Amarillo. Lui fue el único que no se sorprendió por ello. Valt buscó una silla, sentándose cerca del Dragón Amarillo que se apoyó en el respaldo de madera de la cama, con un par de cojines detrás.
- ¿Cómo es que sabes eso? – Valt necesitó romper el silencio. No era capaz de seguir conteniéndose. - ¿Quién... quién eres realmente?
El rubio miró a Valt con cierta seriedad. Esa mirada azul caló hasta el alma de Valt, que tuvo la sensación de que aquellos ojos veían a través de él. Por un momento se sintió desnudo ante aquella persona. Lui suspiró.
- Me presentaré de nuevo, señor Valt. – Habló. – Mi nombre es Zeno, y soy el Dragón Amarillo. Fui el primer dragón después de Odahviin que conoció al Dovahkiin original.
- E- entonces... ¿eso significa que perteneces a la primera generación de dragones?
- Así es. Vine a este mundo mucho antes que tú, señor Valt. He estado cuidando del equilibrio del ciclo de vida y muerte mantenido por Koslaram y Dovahkiin durante todo un ciclo.
- ¿También eres más antiguo que Odahviin? – Valt señaló a Lui muerto de la curiosidad. Shirosagi arqueó una ceja, aguantando las ganas de darle una hostia en toda la cabeza.
- Supongo que sí. Aunque Odahviin fue el cuarto dragón en existir.
- ¿Hm? – Valt y Lui pestañearon a la vez y se miraron. - ¿El cuarto? – Zeno asintió.
- ¿Quién es el tercero?
- El Dragón del Vacío. Alduin. Actualmente vosotros le conocéis con el nombre de Jin Aizawa.
Aquello les cayó como un cubo de agua fría. Era aquel tercero en discordia del que tanto se preocuparon antes. Tenía sentido que fuera Jin con todo lo que ese había provocado hacía poco tiempo. Lui se llevó la mano a la cara, sintiéndose de lo más estúpido. ¿Cómo es que no había caído antes en la cuenta? Entonces pensó en la posibilidad de que Jin no estuviera del todo consciente de su verdadero origen, su verdadera identidad. Y tenía pinta que eso a Zeno no le importaba demasiado, lo cual hizo que Shirosagi se preguntara algo: ¿desde hacía cuánto que lo sabía?
- Él me ayudó con Koslaram. Al parecer... Alduin tenía un pacto con Dovahkiin. – Zeno miró a Free tumbado en aquella cama, aunque por poco tiempo.
- Eso no tiene sentido. Jin es un enemigo. – Dijo Valt. – Aunque bueno... tampoco estoy tan seguro.
- ¿Pero qué estás diciendo? – Le reprochó Lui. – Pues claro que es un enemigo, ¿es que eres tonto o qué?
- Pero Lui...
- «Pero Lui» mis cojones. – Se adelantó. – Casi congela el mundo entero él solito, ¡Y no niego que haya habido víctimas!
- No creo que Jin sea del todo malvado. – Valt insistió. – Zeno, tú tienes que saberlo.
El rubio cerró sus ojos, echando un suspiro.
- Lo que yo diga no importa. Lo único que cuenta es lo que os digan vuestras almas.
- No me vengas con esas, Zeno. – Lui le señaló. – Al contrario que nosotros, tú eres el único que no puede reencarnarse. Así que habla.
- Espera, ¿A qué te refieres, Lui? – Se sorprendió Valt al oír eso. – Zeno, ¿es eso verdad?
- Sí. Sobre mí pesa una terrible maldición que no me permite morir.
Valt abrió los ojos, y Lui cerró los suyos. Para el pelinegro aquello fue aún más desconcertante y sólo le entraron ganas de seguir preguntando. Si era así... si Zeno no podía morir, entonces eso significaba que llevaba viviendo durante mucho, mucho tiempo. Valt no se imaginaba lo que era tener una vida tan longeva, le parecía hasta imposible de soportar. ¿Cómo Zeno lo habría logrado? Y más importante: ¿durante cuántos años había estado vivo? Automáticamente, como el Dragón del Amor y la Justicia, Valt se preocupó por los sentimientos que Zeno pudiera estar ocultando en su interior.
Sin embargo, cuando Valt vio cómo Zeno entrecerraba sutilmente sus ojos, se percató de que le había pillado de pleno. El Dragón Amarillo sabía lo que tenía en mente. Valt se vio descubierto en aquel silencio que tan revelador fue para él.
- No tenéis que preocuparos por Alduin. Al menos no ahora. – Habló Zeno. – Alduin no busca haceros daño. Lo que él busca es algo tan sencillo como un poco de amor y entendimiento.
- Qué tontería. Ese tío está loco, aunque no puedo negar que cuando quiere es una gran ayuda. – Dijo Lui. – Pero tú no sabes en qué lío nos metió, Zeno.
- Sí que lo sé. – Lui abrió los ojos. – Vi lo que ocurrió.
- ¿Perdón? – Lui arqueó una ceja. - ¿Cómo es eso siquiera posible?
- Estuve conectado con la energía de este mundo durante mucho tiempo. – Zeno bajó la mirada. Valt vio una enorme tristeza en él. – Eso me permitió ser alguien omnipresente, así que lo vi.
Otro silencio se formó. Lui ya comenzaba a ponerse nervioso, aunque al contrario que él, Valt parecía tener problemas para saber cómo contenerse. Zeno se daba cuenta de sus reacciones, así que por eso vigilaba con lo que decía. Miró de reojo a Free de forma sutil, suspirando otra vez.
- Ahora es momento de pensar en qué vais a hacer. – Dijo Zeno de repente antes de que Valt fuera capaz de bombardearle a base de preguntas que el rubio estaba convencido que no respondería. Sólo observaba a Valt con añoranza y dolor, unos sentimientos que el propio Valt no era capaz de entender el motivo. – En su estado actual, Dovahkiin no puede derrotar a Koslaram.
- Pero podrá conseguirlo. – Valt se puso de pie. - ¡Sólo tiene que seguir intentándolo y...!
- No, señor Valt – Zeno negó con la cabeza. – Koslaram es mucho más poderoso y en estos momentos tiene la cabeza donde debe tenerla. Es por eso que Dovahkiin ha sido derrotado varias veces. Él ha perdido de vista su objetivo y mientras siga sin escuchar su alma no alcanzará la victoria.
- Escuchar... ¿su alma?
Zeno asintió y se puso más serio que antes. Lui notó el cambio enseguida.
- Es momento de que os separéis los tres. Odahviin – el rubio miró a Lui. – Voslaarum – y luego a Valt. Después desvió sus ojos hacia Free sin mencionarle a él, pero dando a entender lo mismo.
- Eso sería firmar nuestra sentencia de muerte. – Dijo Lui. – Si Phi viene a por nosotros, será mucho más fácil para él darnos caza. No tiene sentido que hagamos eso.
- Es verdad, la fuerza está en el grupo y el trabajo en equipo. – Valt miró al Dragón Blanco.
- Os habéis olvidado de algo importante. – Zeno captó la atención de ambos. – Me tenéis a mí. – Sonrió. – Yo me aseguraré de que Koslaram no os vaya a buscar. De todos modos, también tengo que hablar con él.
- Pero bueno, ¡¿Y tú de qué parte estás?! – Valt no controló el arrebato de enfado que le dio. - ¡Phi nos ha dado muchísimos problemas! ¡Free murió una vez y estuvo a punto de morir otra vez! ¡A ti te atravesó el pecho y a Lui casi se lo carga!
- Oye, gracias por recordármelo – Comentó Shirosagi con sarcasmo y cruzándose de brazos.
- ¡¿Y tú vas y dices de hablar con ese desgraciado?! ¡Lo que hay que hacer es acabar con él de una buena vez!
Tanto Lui como Zeno se vieron sorprendidos con aquel comentario tan agresivo y extremo de Valt. No era típico de él sugerir el asesinato de alguien, básicamente porque no iba con su forma de ser. Valt respiraba agitado y todo. Zeno supo a qué venía eso y cuál era el origen de todos esos sentimientos. Dada su antigüedad y su sobrada experiencia, pocas cosas eran ignoradas por sus ojos. A pesar de su apariencia de adolescente de diecisiete años, era un viejo atrapado en un cuerpo joven. Lo único que no era tan joven era su alma, ya de por sí rota y destrozada.
- Señor Valt. – Zeno usó un tono de voz muy suave. - ¿Quieres matar a Koslaram?
- ¡Pues ahora mismo sí, sinceramente! Estoy muy harto de todo esto, ¡Es por su maldita culpa! ¡¿Por qué demonios la tiene tomada con Free?!
- Ya veo. – Zeno cerró sus ojos.
- Oye, cálmate un poco – Lui se puso de pie, cogiendo a Valt de la muñeca. Automáticamente se encontró con los ojos castaños del chico.
- ¡¿Cómo quieres que me calme con todo lo que está pasando?! ¡Lui, todavía seguimos en peligro! ¡Y Phi no parará hasta matar a Free!
- Free ya murió una vez, recuerda. Y aun así la luz de este mundo... no desapareció. – Murmuró esas últimas palabras. - ¿Cómo es que Phi no murió?
Valt alzó las cejas, dejando de fruncir el ceño. No había siquiera pensado en un detalle como ese. Los dos miraron a Free, que seguía durmiendo ajeno a esa conversación. Zeno se mantuvo callado, siendo testigo de la escena.
- Es verdad – dijo Valt. – Phi no murió. ¿Tal vez fue porque Rantaro tenía una parte del poder de Free?
- No. – Respondió Zeno en lugar de Lui. – Fue por mí.
- ¿Tú? – Preguntaron ambos, sin dejar de sorprenderse.
- Soy el hijo primogénito del Dovahkiin original. Gran parte de su esencia vital me la otorgó a mí. Es por eso que no importa si muere. La luz de este mundo no desaparecerá si uno de los dos se mantiene con vida.
Pronto se dieron cuenta de que el Dragón Amarillo estaba repleto de enigmas por todas partes. Ni Valt ni Lui sabían qué pensar al respecto. Es como si el universo les hubiera sonreído al traer a Zeno como un gran aliado. Es como si el Dragón Amarillo supiera lo que ahora debían de hacer, como si supiera qué respuestas dar, las que ellos buscaban. Lui y Valt intercambiaron miradas, otra vez. Tenía pinta de que, esta vez, iban a poder contar con la voz de la sabiduría mientras Zeno decidiera permanecer con ellos, lo cual tampoco era muy seguro.
- Decidamos ya de una vez lo que tenemos que hacer. – Lui rompió aquel incómodo silencio. – Matar al desgraciado de Phi es una opción. Yo lo veo.
- No es una opción, Odahviin. – Zeno cerró sus ojos. – Si matáis a Koslaram, mataréis a Dovahkiin.
- ¿Qué? Eso no puede ser. – Valt se puso pálido.
- No podéis destruir la oscuridad sin destruir la luz en el proceso. Una cosa no puede existir sin la otra.
- ¿Y qué hay de ti? – Preguntó Lui. - ¿Desaparecerías?
- No. Por desgracia yo seguiré viviendo incluso si este mundo desaparece. Forma parte de mi maldición. – Respondía, abriendo la mirada. – Como ya dije antes tenéis que separaros los tres y mejorar por vuestra cuenta. Dovahkiin tomará su decisión antes que vosotros, así que sólo os queda a ambos pensar en lo que haréis.
- No veo bien separarnos... No quiero estar lejos de Free, él me necesita.
- Él no te necesita. – Las palabras de Zeno sentaron como un latigazo para Valt. – Los dos sois perfectamente capaces de vivir por vuestra cuenta. Pero ahora ambos necesitáis resolver vuestros asuntos emocionales de forma independiente. No hay nada que puedas hacer por Dovahkiin.
- Pero Zeno... ¿de verdad que no? – El aludido negó con la cabeza.
- Dovahkiin debe resolver muchas cosas que no guardan relación contigo. Debe encontrarse a sí mismo, y no lo conseguirá mientras permanezca en este lugar.
- ¿Y qué hay de Lui? – Valt señaló a su compañero.
- Odahviin ya sabe lo que tiene que hacer desde hace tiempo – Zeno sonrió. Aun así, la melancolía no desaparecía de sus ojos envueltos en una expresión triste que casi parecía permanente. – ¿No es así, Odahviin?
Lui bajó la cabeza, como si el suelo fuera lo más interesante del mundo tan de repente. Cerró los ojos y asintió.
- Sí. Tienes razón. – Contestó. – Creo que será lo mejor para nosotros. – Alzó su rostro. – Es hora de separar nuestros caminos.
Chapter 96: Horizontes Nuevos
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Los días de pausa que transcurrieron fueron notorios para todo el mundo. Todavía se respiraba un ambiente de intranquilidad. Nadie estaba seguro de lo que iba a pasar. Phi no había vuelto a dar señales y muchos eran los recelosos que no se confiaban. Muchos bladers habían salido a las calles pidiendo que esta situación se detuviera, que no era justo lo que ocurría, y mucha era la gente que los apoyaba, sobre todo las familias de las víctimas de ese hombre. Los conflictos no se hicieron de esperar, y muchas manifestaciones pacíficas acabaron convirtiéndose en todo lo contrario. La ira de los bladers se notaba, y los más radicales aprovechaban la ocasión para intentar traer de vuelta los tiempos oscuros del beyblade, tiempos oscuros que lograron tocar a su fin gracias a Free De La Hoya.
Y precisamente Free era el más desconectado de todos estos sucesos. Desde que había despertado, se había tomado un tiempo para recuperarse. Una vez fue capaz de volver a caminar por su cuenta, visitó el bosque todos los días para meditar. Ni Valt ni Lui le hicieron compañía por petición de Zeno, quien aseguró que el rubio necesitaba tener tiempo para sí mismo, sin nadie a su alrededor, con el fin de poner en orden su cabeza. Fue algo que a Valt y a Lui no les pareció bien, pero que de todas maneras entendieron. No es como si pudieran estar encima de Free todo el tiempo.
Quizá, la única buena noticia para Valt eran las llamadas de Vani. Aquella chica al final se había convertido en una amiga en la que se podía confiar. Valt se sintió agradecido por haberse equivocado después de la mala impresión que tuvo de ella. Obviamente, todas las personas respondían ante un por qué a sus acciones, a su forma de ser. Vani no era la excepción. Ella le mantenía informado de lo que pasaba en Japón, y la situación no era del todo mala allí después de lo que sucedió. Eso también alivió a Lui, quien supo que sus compañeros de equipo se encontraban bien.
- Dejadle a su aire. Va a tomar tiempo hasta que asuma lo que está pasando. – Fue lo que Zeno les dijo a ambos ante la actitud distante de Free, quien no había vuelto a sonreír.
Valt hubiera preferido estar junto a Free, darle apoyo o ánimos, como siempre había hecho. Tratar de inspirarle de nuevo, de darle esperanzas. Pero no se veía capaz de desoír los consejos de Zeno. Era lógico que Free se mostrara tan abatido. Nada de lo que había intentado había funcionado contra Phi. Una y otra vez terminó derrotado, y de muy mala manera. Y Valt se sentía frustrado. No podía hacer lo que mejor se le daba: ofrecerles una visión optimista a las personas, aunque en este caso fuera a Free. La situación ya era de por sí complicada en España, y pronto en todo el mundo tenía pinta. No es como si Free fuera a sonreírle por unas pocas palabras que él dijera después de haber vivido en carne propia cómo todos sus esfuerzos fueron en vano y su enemigo continuaba ganándole.
El bosque yacía en calma. El agua fluía por un lago con una isla en su centro. Zeno permaneció apoyado en un árbol cercano, contemplando a Free De La Hoya ahí sentado, meditando, o tal vez reflexionando. La segunda opción se le antojaba más probable que la primera. Meditar en un momento así no le iba a servir de nada. Ya no. Zeno suspiró y se aproximó hasta la orilla, donde se sentó. Sus ojos azules fueron encontrados por otros oscuros. Hubo un contacto visual entre Free y él. En aquel instante, el viento sopló, como queriendo decir algo.
- Eres tú... - Susurró.
- Hola. – Zeno esbozó una sonrisa. - ¿Te molesto?
Free bajó la cabeza, negando con la misma. Zeno no necesito preguntar por su estado de ánimo, pues ya estaba siendo testigo del mismo. Una parte de él se apenó, pero la otra no. Tuvo que recordarse a sí mismo su deber para con el equilibrio del mundo. Aun así, sabía que todavía podía ayudar.
- ¿Qué es lo que ha fallado? – Free rompió su silencio. – Todo lo que he intentado hacer, todas las ideas que tuve para derrotar a Phi... nada ha funcionado.
- Koslaram es tu nemésis. Es lógico que no te resulte sencillo lidiar con él, y matarle no es una opción. – Decía Zeno, dejando que Free echara un suspiro.
- Me he vuelto muy débil... - Se miró las manos. – Tan débil que ni siquiera puedo proteger lo que me importa. Phi ha hecho daño a mucha gente, y ha herido a mis seres queridos... sin que yo haya podido hacer nada. ¿Qué es lo que ha fallado?
- Mira el lado positivo: al menos el mundo sigue existiendo.
- Pero tú dijiste que si no vencía a Phi nos esperaría un terrible destino.
- Sí, y lo mantengo. – Zeno cerró sus ojos, ocultando sus manos debajo de las mangas de su vestimenta que había sido reparada.
Free se llevó las manos a la cabeza, apoyando los codos en las rodillas. Se sentía tan hundido que para Zeno era demasiado evidente. El poderoso Dragón Dorado había tocado fondo, y no era capaz de levantar cabeza. Por eso, Zeno se puso de pie y caminó sobre el agua. Al verlo, Free abrió los ojos ante tal hazaña. ¿Cómo podía hacer eso? Zeno se puso delante de él, sin invadir su espacio personal al mantener cierta distancia física entre ambos. Flexionó sus piernas para quedarse a su altura. Sus ojos azules mostraron una vasta comprensión, como si estuviera entendiendo a la perfección sus sentimientos.
- Tu perspectiva es lo que te ha llevado hasta este punto. – Habló, desconcertando a De La Hoya. – Desde el momento en el que decidiste actuar por tu cuenta, sin pedir ni buscar ayuda, te condenaste a ti mismo a terminar así.
- ¿Qué? – Se sorprendió. – Eso no puede ser. Yo... sólo quería evitar que los demás se pusieran en peligro.
- Tienes que entender que tus seres queridos harán lo que sea para protegerte si ven que son capaces. Seres queridos como el señor Valt, u Odahviin. En esta vida, Odahviin decidió amarte, por eso se ha mantenido a tu lado.
Free observó la mirada de Zeno, quien no abandonaba esa sonrisa comprensiva y cálida, que a su vez, tenía un deje de tristeza.
- No es malo que quieras proteger aquello que amas, pero no puedes pretender que todo dependa de ti. Hay cosas que simplemente escapan a nuestro control. – Dijo Zeno. – Además... - Cerró sus ojos. – Otra de las razones por las que has sido derrotado varias veces es porque te has desconectado de ti mismo.
- ¿A qué te refieres?
- Koslaram sabía que tu corazón se estaba rompiendo por no haber sabido encajar los recuerdos de un pasado que tu mente bloqueó. – Free se quedó anonadado. ¿Cómo porras sabía eso este chico? ¿Le había leído la mente o qué? – Tienes tantas cosas que resolver contigo mismo que todos tus conflictos internos han sido tus verdaderos enemigos. Koslaram se dio cuenta, y se aprovechó.
- Ese desgraciado...
- No puedes culparle. Estoy convencido de que tú hubieses hecho lo mismo en su lugar.
Eso frustró a Free. Se sintió atacado, pero sólo porque era la pura verdad. Este chico no estaba diciéndole algo que no supiera. Aunque también hacía que entrara en mayor confusión. Ya no podía cambiar lo que había ocurrido. Y no podría manejar las consecuencias que iban a acontecer... o que ya estaban aconteciendo, mejor dicho. El beyblade estaba en peligro, y el mundo continuaba en peligro. ¿Qué le quedaba por hacer? Seguramente, hiciera lo que hiciera, sólo volvería a fracasar.
- ¿Por qué me tocó ser el Dovahkiin de la nueva era? – Fue lo que preguntó con la mirada baja. – Estoy cansado de serlo...
- Tú no eres Dovahkiin sino Free De La Hoya. Ser el nuevo Dovahkiin no te define. Dovahkiin es un dragón divino que reencarna en un nuevo ser humano, pero es la tarea de ese humano decidir qué camino tomar.
- Pero tú...
- Sólo eres Free De La Hoya, el ser humano que tiene el deber de traer el equilibrio al mundo. Nada más que eso. Olvídate de los asuntos políticos, de los asuntos sociales. Eso son cosas que la gente debe resolver por su cuenta. No te corresponde a ti darles las soluciones.
- ¿Y cómo se supone que voy a traer el equilibrio al mundo? Mírame... Sólo soy alguien que no deja de perder, de fallar en todo lo que hace.
- Es por eso que debes tomar una decisión. – Zeno puso su mano en el hombro derecho de Free, captando su atención. – Es verdad que has sido derrotado. Es verdad que has fallado. Eso ya no puedes cambiarlo. Lo único que te queda es mirar hacia adelante y pensar en qué es lo que quieres hacer.
- ¿No es obvio? – Se encogió de hombros. – Quiero volverme más fuerte. Quiero que los demás se sientan protegidos conmigo. Quiero defender lo que me importa, lo que me es valioso. Pero ahora mismo... - Cerró los ojos. – Es imposible.
Zeno se apenó en su silencio. Free estaba más afectado de lo que imaginó, aunque ya se lo esperó. Tantas derrotas sobre sus hombros pasaban factura, para bien o para mal. El caso es que Zeno veía que el chico no lo estaba encajando de la mejor manera, y eso no tenía un buen efecto en su interior. Pero le sorprendía el que Free no se diera cuenta de cómo jugaban sus emociones con él. Zeno era capaz de reconocer los bloqueos emocionales de los que el chico era víctima. Tal vez, Free ni fuera consciente de ello. Y aún menos el cómo esos bloqueos influían en su energía, en su poder... en su alma.
Zeno podía oír el alma de Free gritar, como si quisiera liberarse. Tanto dolor era difícil de ignorar.
- Debes ganar el equilibrio dentro de ti mismo antes de poder traer el equilibrio al mundo. – Zeno volvió a romper el silencio, haciendo que Free le mirase. – Y existe una manera de que puedas conseguirlo.
- ¿Y cuál es?
- Los cuatro elementos esperan por ti junto al gurú que te ayudará a trabajar en tu ser espiritual. Debes reunirte con ellos.
- Pero... eso significa que... - Zeno asintió.
- Tu tiempo aquí ha terminado.
Fue como si un nuevo horizonte se abriera para él. Free pensó en ello incluso en los próximos cuatro días en los que continuó manteniendo su distancia con el resto. Ignoró por completo cómo eso molestaba a Lui y cómo entristecía a Valt. De La Hoya por fin tenía la sensación de poder seguir adelante gracias a su conversación con Zeno. De nuevo tenía opciones. Aún podía hacer algo. A pesar de todas sus dudas, Zeno no respondió ni una sola de ellas. Le dio la oportunidad de descubrirlas por su cuenta.
Por la noche, Free había terminado de preparar la bolsa con la que siempre iba a un lado u otro cuando salía. Todo el BC Sol estaba en silencio, pero por los pasillos se topó inesperadamente con alguien: Cristina. Ella se sorprendió y alzó la mano, como queriéndole decir algo, pero no pudo al ser testigo de la clase de sonrisa con la que el rubio la miró. Entonces lo supo inmediatamente: era una despedida. Él se iba. No pudo detenerle, sólo verle marchar con el corazón oprimido en el pecho por la tristeza que afloró en ella en forma de lágrimas que escaparon a través de sus ojos. Era la peor de las despedidas. Lo que ella nunca quiso que ocurriera, y que finalmente había ocurrido.
Cristina cerró sus ojos, tapándose la boca para no hacer ruido por sus sollozos. Sus rodillas tocaron el suelo. Entonces, sintió una mano en uno de sus hombros. Y, al girarse, se topó con Zeno.
- No hay que estar triste, señorita. – Habló en voz baja. – Este es el principio de un nuevo camino hacia el gran cambio.
Chapter 97: Hasta Que Volvamos a Vernos, ¡Es Hora de Hacernos Más Fuertes!
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Tras la noticia se había quedado en shock. Y, al contrario que Lui, él no pudo reprimir las lágrimas que convirtieron sus mejillas en un par de cascadas de agua salada. El Dragón Amarillo se hallaba frente a ellos, junto a Cristina, la dueña del BC Sol. Valt pataleaba en el suelo, gritaba e incluso insultaba al aire. Era su manera de desahogarse. Lui sólo apretaba las manos en puños, manteniéndose callado mientras una tormenta de emociones tenía lugar dentro de él.
- ¡¡No pienso dejar que se vaya!! – Valt seguía alzando la voz. - ¡¡No!! ¡Esto no es justo!
- ¡Valt! – Cristina trató de detenerle, pero fue inútil. El chico salió corriendo demasiado rápido.
- ¡Señor Valt!
Zeno fue tras el pelinegro que no se detuvo en ningún momento. Lui también los siguió, temiendo alguna locura por parte de su compañero que se vio atrapado entre cuatro paredes de roca en cuanto salió del edificio. Lui vio sorprendido aquel dominio del elemento de la tierra por parte del rubio. Valt daba golpes en las paredes desde dentro.
- ¡¡Sácame de aquí, Zeno!! ¡Sácame ahora mismo!
- Señor Valt, tienes que calmarte. – Decía el aludido. – No puedo permitir que vayas tras Dovahkiin.
- ¡¡Cierra la boca!! ¡Todo esto es culpa tuya! ¡Fuiste tú quien habló de separarnos! ¡¿Crees que no lo sé?! ¡De seguro se lo habrás dicho a Free también! ¡Por eso se ha marchado!
- Valt – se acercó Lui sabiendo que el otro le escucharía desde el otro lado de la pared de roca que tampoco era demasiado gruesa, sólo lo suficiente para contenerle. – Free se marchó por voluntad propia. Estoy seguro de eso.
- ¡¿Por qué tendría que creerte?!
- Porque le conozco desde hace tiempo. Él ha hecho este tipo de cosas antes, lo sabes tan bien como yo. – Su voz sonaba calmada, pero el Dragón Amarillo era consciente de cuánto se estaba conteniendo Shirosagi.
Al menos era necesario que uno de ellos mantuviera sus emociones bajo control. Era obvio que ese sólo podría ser Lui. Aun así, a Zeno le dolía esta situación. Una parte de él se cuestionó si era lo correcto, y, su voz interior respondía de forma afirmativa. Esta era la mejor forma de hacer las cosas.
- Zeno no tiene la culpa.
- ¡Cállate! ¡No intentes convencerme! ¡Desde que él ha aparecido, las cosas han empezado a cambiar de esta manera y no me gusta nada! ¡Nada de esto me está gustando!
- Estaríamos muertos de no ser por él. Y moriremos si no nos separamos ahora. Estar juntos nos hace un blanco fácil. Zeno está haciendo lo que es mejor para nosotros.
Valt dejó de responder ante las palabras de Lui. El pelinegro, desde el interior del cubo de roca en el que había sido atrapado, se dejó de caer de rodillas al suelo, sin dejar de llorar. Daba golpes en la pared, pero ya no eran los mismos golpetazos que daba con aquella rabia desmedida. Ahora eran golpes que servían para liberarse del sufrimiento que estaba sintiendo en estos momentos. Lui se mantuvo delante, esperando pacientemente. No le quedaba de otra. Conocía a Valt lo suficiente como para no saber que el chico requería de tiempo para calmarse. Él comprendía todo ese ímpetu y toda esa negación. No es como si él lo estuviera pasando bien, pero alguien debía poner orden.
- Esto no es justo... - Sollozaba Valt desde ahí dentro. - ¿Por qué Free tuvo que irse?
Zeno suspiró y cerró sus ojos. Acto seguido, se acercó al cubo de roca, introduciéndose en él para encontrarse con Valt. Se sentó de rodillas delante de él, captando su atención. El rubio se apenó profundamente por aquellas lágrimas.
- Dovahkiin lleva mucho tiempo arrastrando una gran carga emocional – comenzó a explicar Zeno con calma. – Hasta ahora, él se ha estado sacrificando una y otra vez por el bienestar de todos vosotros, y del mundo. Pero a medida que lo hacía, a medida que él se empeñaba en seguir adelante... sus demonios internos se encargaron de provocar su caída. No fue Koslaram quien le ha hecho tanto daño sino su oscuridad dentro de él. – Valt pestañeó, sin haber dicho nada. – Dovahkiin no ha encajado bien nada de lo que le ha ocurrido, y ha dejado que toda esa mugre emocional envenene su espíritu y bloqueen su cuerpo y su mente.
- Pero Free ha estado bien. Vale, sé que lo ha pasado mal al igual que todos nosotros, pero... - Zeno negó con la cabeza.
- Desde el momento en el que recordó su pasado, él dejó de estar bien. Nadie le ha enseñado cómo lidiar con sus demonios internos y cómo resolver sus problemas emocionales. Es por eso que ahora ha de hallar un nuevo camino para encontrarse a sí mismo. Necesita conectarse consigo mismo y buscar su propio equilibrio. Pero lamentándolo mucho, eso es algo que no puede lograr en este lugar. Su tiempo aquí se ha terminado. Es por eso que se ha marchado. Él lo sabía. Él ya llevaba mucho planteando la idea de hacer un retiro espiritual.
- ¿Y tú por qué se lo permites? ¡Nosotros podríamos ayudarle! ¡¿Es que acaso siempre tiene que marcharse cuando algo sale mal?!
- No se trata de eso, señor Valt. – Zeno cerró los ojos. – La ayuda que nosotros podríamos darle no es la ayuda que él necesita recibir. Dovahkiin debe hallar las respuestas con alguien que sepa otorgarle los conocimientos que su espíritu necesita. – Miró al chico, acercando su mano a él para posarla sobre la suya. – Sé que es difícil para ti comprender algo tan profundo, pero confío plenamente en que lograrás entenderlo con el tiempo. Todos debemos buscarle un significado a nuestro sufrimiento, y eso no te excluye a ti.
Valt no lució seguro ni convencido todavía. Fue por eso que Zeno se puso de pie y le dejó ahí dentro para que reflexionara. Valt no intentó salir de allí a sabiendas de que, de todos modos, el Dragón Amarillo volvería a encerrarlo entre cuatro paredes de roca tal y como ya había hecho hacía unos momentos. Lui miró a Zeno, en busca de respuestas al no saber lo que había ocurrido ahí.
- Tomará tiempo para que acepte lo que ha ocurrido. Es hora de darle su espacio.
- ¿Estará bien ahí dentro? – Lui señaló el cubo de roca. Zeno asintió.
- No es mi intención dejarlo encerrado para siempre. Pero es necesario que esté solo para que reflexione. No podemos dejar que vaya tras la búsqueda de Dovahkiin.
- Sí, fijo que eso es lo primero que haría. Como si lo viera. – Lui puso su mano derecha sobre su cadera.
- Debemos mantenernos al margen del retiro de Dovahkiin. No podemos interrumpir su progreso, mucho menos ahora que ni siquiera ha empezado.
- ¿Cuánto crees que podría tardar en volver?
- No lo sé. – Zeno se encogió de hombros, negando con la cabeza. – Dovahkiin ha hecho un retiro espiritual en cada nueva vida, pero siempre ha dependido mucho del tipo de persona que ha sido a lo largo de esas vidas pasadas. El tiempo que pueda necesitar en la actual dependerá de qué tan arraigada esté su mugre emocional.
- ¿Mugre emocional?
- Las emociones también pueden bloquear el flujo de la energía dentro de uno mismo e impedir un correcto funcionamiento de la misma. Eso siempre provoca la falta de control en uno mismo en muchos aspectos. Deberías prestarles atención a tus emociones, Odahviin – Zeno le señaló. – Te hace falta a ti también.
Lui asintió, dándole la razón. Pero luego miró el cubo de roca. Un gesto así no fue pasado por alto por Zeno, quien sonrió agradecido. Se alegraba que el dragón divino, Odahviin, hubiera cambiado tanto con el tiempo. Aunque le costaba aceptar los cambios en general, a Zeno le alegraba cuando esos cambios eran positivos a pesar de las malas circunstancias que se podían vivir en el proceso.
- Odahviin.
- ¿Hm? – Lui miró a Zeno, quien sonrió de una manera que él no logró entender.
- Gracias.
- ¿Eh?
Zeno se dio la vuelta y se alejó de allí, dejando a Lui completamente descolocado. ¿Gracias por qué? Pestañeando, perdió de vista al rubio. Desde luego era una persona a la que no lograba entender, aunque tampoco se extrañó. ¿Cómo iba a entender a alguien que llevaba casi diez mil años viviendo? A pesar de esa apariencia joven de diecisiete años, Lui sabía de sobras que Zeno era realmente complejo. Cuando le miraba, no evitaba preguntarse qué clase de cosas habrían visto esos ojos y por qué tipo de experiencias habría pasado Zeno para convertirse en alguien considerado no sólo una esencia sagrada sino la voz de la sabiduría a la que muchos respetaban. Y, aun así... Zeno desprendía un aura cálida y brillante como el sol para quien supiera verla, pero que al mismo tiempo yacía impregnada de una soledad tan profunda que daba hasta miedo tratar de averiguar cuál era su límite... eso si es que lo había.
A Lui le impresionaba lo pacífico que se mostraba Zeno. Sin duda alguna, él habría pasado por épocas sangrientas más típicas de conflictos bélicos creados por las personas de esos tiempos remotos.
El día siguió su curso y Lui tuvo que preparar sus maletas. Valt había continuado encerrado en aquel cubo de roca improvisado por Zeno, quien le había ido trayendo comida y agua, sin tratar de decirle nada más. Se respiraba mucha tensión entre esos dos. Lui ya había visto cómo las palabras de Valt habían sido dolorosas para Zeno. Tal vez el rubio se culpaba por lo que sucedía, aceptando que, a pesar de eso, era algo que debía suceder. Era necesario. Era por el bien de todos, de ellos. Zeno sólo lo hacía por ellos.
- ¿Qué es lo que harás tú cuando yo me vaya? – Lui estaba sentado junto a Zeno en un banco de madera del campus.
- Me quedaré con el señor Valt. Tal vez le sugiera la idea de viajar por el mundo.
- Así que viajar por el mundo. – Lui se apoyó en el respaldo de madera de su asiento, mirando el cielo. - ¿Con qué propósito?
- El señor Valt ha estado aquí por mucho tiempo. – Zeno bajó la mirada. – Si él quiere mejorar y hacerse más fuerte, debe abrir su mente a nuevos horizontes que le permitan tener una sabiduría abierta y flexible.
- ¿A qué te refieres?
- Es importante extraer la sabiduría de muchos lugares diferentes. Si se extrae de un solo lugar, se convierte en un conocimiento rígido e incompleto, pero si extraes el conocimiento de diversos sitios, comprendiendo a los demás, a los otros elementos y a las otras naciones... todo ese conocimiento, toda esa sabiduría te ayudará a ser alguien completo. – Explicó. – Quiero que el señor Valt aprenda eso. Pienso que le puede venir bien.
- Jeh – sonrió Lui. - ¿Sabes? Yo lo veo. Desde que le conozco, ese idiota siempre se ha estado preocupando por los demás para que resuelvan sus problemas, aunque muchas veces él ha ignorado los suyos.
- Por eso es importante que no se quede aquí. Su deber en este mundo está en la gente, y está con Dovahkiin.
- Pero ahora él se ha ido. – Zeno asintió. – Y a pesar de todo, ¿quieres seguir ayudándole? – Lui le miró. - ¿Por qué quieres ayudarnos? Para ti sería muy fácil dejarnos a nuestra suerte.
- Sí, es verdad. Pero no puedo hacerlo. – Zeno puso su mano sobre su pecho. – Mi corazón y mi alma me dicen que este es el camino que debo recorrer. Yo existo para defenderos de cualquier peligro, y también existo para ser vuestro guía. Lo demás no me importa. Os he amado en todas y en cada una de vuestras vidas a cada uno de vosotros. Para mí, eso es lo que realmente importa.
Lui se sorprendió, aunque luego esbozó una sonrisa, despeinando al rubio para mostrarse amistoso. Eso provocó la risa de Zeno, la que tampoco duró mucho. Pronto gobernó el silencio entre los dos. Observaban el cielo, viendo las nubes pasar de forma pacífica y sin prisa. Es como si el tiempo se detuviera, pero Zeno era demasiado consciente de ello. El tiempo jamás se detenía. Para los dragones como Odahviin y el resto de mortales, el tiempo siempre corría en contra hasta que sus vidas tocaban a su fin. Pero, para él, era una condena eterna que nunca terminaba. Él era el único que realmente podía decir que tenía todo el tiempo del mundo. No importaba si era traicionado, o si alguien intentaba perjudicarlo. Al final, todo eso se lo llevaba el tiempo y se acababa convirtiendo en un lejano pasado.
- Es hora de que me marche. – Lui se puso de pie. Zeno le miró. – Iré a Japón. Tengo cosas que hacer allí.
- Bien. – Zeno asintió. – Procura resolver tus bloqueos emocionales también, Odahviin.
- No temas. – Le sonrió. – Al contrario que a Free, a mí no me dan miedo mis demonios internos. – Posó su mano sobre la cabeza del chico. – Cuida de Valt. Él te va a necesitar.
Zeno asintió, sin poder decir nada. Odiaba las despedidas.
- Ah y... cuídate tú también, ¿vale? Ahora eres parte de nosotros.
- Me vas a hacer llorar... - El rubio bajó la cabeza.
Lui suspiró y acabó por abrazar a ese joven que se quedó atrapado entre sus brazos y con la mirada bien abierta. Intentó separarse, pero Lui no le dejó. No hubo necesidad de más palabras, y al menos, Zeno no ofreció más resistencia. Por primera vez se vio capaz de corresponder a un gesto como ese.
- Iré al aeropuerto. – Dijo Lui tras separarse. – Quizá tú no sepas lo que es eso, pero...
- Estoy seguro que el señor Valt querrá ir para despedirse. – Zeno se adelantó. Lui asintió. – Sé que necesitas ir primero a ese sitio.
- Cómo lo sabes – resopló. – Si no lo hago, no seré capaz de dejar atrás a ese idiota. El sólo pensarlo hace que no quiera hacerlo.
- Eso es una buena señal, Odahviin. Por fin el tiempo te ha enseñado lo que es el amor.
- No me seas cursi, Zeno. – Protestó, haciéndole reír. - ¡Y no te rías de mí en mi cara!
Menudo hostión que le arreó al rubio, quien lloriqueó por el chichón que le salió en toda la cabeza. Lui se cruzó de brazos, no queriendo saber nada. No duró mucho ese momento, pero cogiendo las maletas, Lui miró a Zeno y éste asintió, viéndole marchar después hasta que le perdió de vista. Acto seguido, la tristeza invadió los ojos azules del Dragón Amarillo. Tuvo que contener sus emociones para no ponerse a llorar. Odiaba con ganas las despedidas. Para él nunca eran buenas. Se quedó ahí de pie, viendo todavía la dirección por la que Lui abandonó la propiedad privada del BC Sol a cargo de la familia Kuroda.
Hoy sería el último día en que le vería hasta que regresara.
Pasado un rato, volvió al cubo de roca que deshizo con su dominio de la tierra en un par o tres de gestos con las manos. Valt se sorprendió, mirándole mientras se ponía de pie. Automáticamente buscó a Lui al no verle cerca.
- ¿Y Lui?
- Te espera en el aeropuerto.
Valt abrió los ojos y tardó más y menos en salir corriendo. Zeno le dejó marchar, echando un pesado suspiro. Esta clase de situaciones nunca eran agradables para él, pero tampoco para nadie. Zeno estuvo seguro de que, tras esto, probablemente Valt le guardara algún tipo de rencor. El pelinegro no estaba hecho para quedarse solo, aunque, claro, solo no iba a estar. Pero ya no sería capaz de quedarse junto a Dovahkiin u Odahviin. Ellos se marcharían hasta que decidieran sentirse preparados para volver. Y eso iba a tomar tiempo.
El aeropuerto estaba lleno de gente, como habitualmente. Se notaba que había una relativa normalidad. Valt se fijó en la lista de vuelos para Japón y como un desesperado buscó a Lui de un lado a otro. Se chocaba con algunas personas e incluso con postes de metal, acabando algo mareado. Por primera vez se sintió como... desesperado. En su sano juicio jamás se separaría de Lui o de Free, y no soportaba el que esto estuviera sucediendo. Una parte de él seguía culpando a Zeno. Una parte de él continuaba enfadada con el Dragón Amarillo. Pero era por la falta de comprensión ante lo que estaba por venir.
Subiendo unas escaleras y corriendo por un pasillo, Valt extendió la mano.
- ¡¡LUI!! – Gritó. Su voz sonó como un fuerte eco que hizo que el dueño de aquel nombre se girara.
Automáticamente hubo un abrazo entre ellos. Lui había abierto los brazos para acoger a Valt con ellos. El chico se aferró a él, a su ropa. Ya era el segundo abrazo que le daba a alguien. Todavía se sentía un tanto sorprendido por el simple hecho de que Zeno se hubiese dejado abrazar. De todos los dragones, el Dragón Amarillo era el que más se rehusaba a establecer contacto físico.
- Por favor, no te vayas. – Le miró, separándose un poco de él. - ¡¡Yo puedo volverme más fuerte, de veras!! ¡Te prometo que lo haré! ¡Pero no te vayas!
- Eh venga, cálmate. – Puso sus manos en los hombros del chico. – Nada de esto es culpa tuya. No es culpa de nadie.
- ¡Pero si fue Zeno quien...!
- Zeno nos está protegiendo. – Se adelantó, haciendo que el chico abriera los ojos. – Sé que es difícil para ti, pero trata de comprender.
- L- Lui...
- No te preocupes – sonrió con su habitual confianza. – Esto sólo nos hará más fuertes. Ten fe.
Valt bajó la mirada, aún llena de lágrimas la tenía. Pero su cabeza fue alzada cuando Lui sujetó su rostro.
- Es hora de hacernos más fuertes, Valt. – Le dijo, haciendo asentir al chico que frunció el ceño con más decisión. Lui también asintió.
- Cuídate mucho, Lui. Recuerda que te estaré esperando.
- Jeh, cómo eres. – Suspiró. – Hasta que volvamos a vernos, Valt.
- Hasta que volvamos a vernos, Lui. Buen viaje.
Chapter 98: De Regreso A La Tierra Natal
Chapter Text
Su vuelo ya había zarpado. Contemplaba el paisaje que se hacía más pequeño a medida que se alejaba. El viaje iba a constar de casi dieciséis horas. Lui dejaba España con un gran peso en el corazón. Miraba por la ventana, todavía manteniendo a raya sus emociones. Le parecía mentira que, después de tanto tiempo, fuera a volver a Japón. Había pasado por muchas cosas en Barcelona, y sin duda, la más importante, fue conocer cómo era Valt realmente. Todavía se acordaba del momento en el cual Free estuvo en la UCI y Valt le recibió directamente con un abrazo. Fue el saludo menos esperado de todos.
Ahora se lamentaba dejar aquel chico atrás.
A medida que avanzaba el tiempo, las luces del interior del avión cambiaban, hasta ser de un tono azul oscuro para proporcionar un buen descanso a los tripulantes, incluyéndole. Fue un buen momento para taparse más con el abrigo blanco y suave que solía usar y liberar parte de sus emociones en forma de lágrimas. ¿Quién iba a decirle que una despedida así le iba a doler? Aunque más le había dolido lo que había hecho Free. Ese insensato se había marchado sin decir adiós siquiera. Puede que aquello fuera lo que más trabajo le costaría perdonar.
Incluso él, como Odahviin, el Dragón del Conocimiento, también debía seguir aprendiendo cosas nuevas. No era igual que Zeno. Probablemente Zeno habría vivido esa experiencia una gran cantidad de veces. Lui sabía que, por muchas vidas que tuviese, jamás alcanzaría al Dragón Amarillo en sabiduría. Zeno le llevaba una sobrada ventaja. Ese chico rubio había estado vivo durante prácticamente poco más de diez mil años. Lui miró sus manos. Aún tenía la sensación de aquel abrazo que le había dado a Zeno. Ya era muchísimo que el Dragón Amarillo se hubiese dejado abrazar cuando lo normal era que mostrara un miedo irracional hacia el contacto físico. Lui bien lo recordaba gracias a sus vidas pasadas. Y ahora que por fin se habían reencontrado... le tocaba separarse de nuevo.
Una parte de su corazón se preocupaba por Valt. Y la otra, independientemente de merecerlo o no, se preocupaba por Free. Lo que Phi les había hecho no podía ser reparado. Y les tocaba aprender de ello. Era tal y como Zeno había dicho: era tiempo de que se tomaran una pausa para prestar atención a lo que había dentro de ellos. Era tiempo de pensar. Y era tiempo de reflexionar. Pero esos no eran los únicos deberes de Lui.
Cerrando sus ojos, se acordó de una petición un tanto peculiar que Zeno le hizo días antes...
***
- ¿Odahviin?
Lui se giró cuando escuchó aquel nombre con el que ya se había familiarizado. Sus ojos amatistas se encontraron con unos azules en los cuales nunca ignoraba aquella inquietante melancolía que parecía ser permanente en aquella mirada.
- Hola Zeno. ¿Qué pasa? – Vio que el rubio se acercaba a él. Ambos eran prácticamente de la misma altura.
- Como sabes, vuestros caminos van a separarse dentro de muy poco. – Lui asintió, todavía desconcertado.
- Espero que no vengas a decirme con que has cambiado de opinión. – Dijo, pero no hubo respuesta excepto cuando Zeno bajó brevemente la mirada. - ¿Qué es lo que sucede? ¿Has sentido algo?
- Sí. He detectado la presencia de otro dragón. – Anunció, provocando que Lui abriera los ojos.
- ¿Estás seguro de eso?
- Completamente. – Zeno puso su mano sobre su pecho. – Conozco de sobras este sentimiento.
- ¿Y qué sugieres que hagamos?
- Es probable que tu nuevo sendero te lleve a un encontronazo con ese dragón. Necesito que, cuando te marches, intentes buscarle dentro de tus posibilidades sin dejar de lado tu entrenamiento espiritual.
- Tiene que ser muy importante para que estés tan serio. Pero, dime una cosa, ¿cómo podré reconocerlo cuando me lo encuentre?
- Llegado ese momento, tu alma te lo dirá. – Zeno sonrió. – Es difícil ignorar al Dragón del Arcoíris.
***
Lui echó un pesado suspiro.
No le importaba que Zeno le hubiera pedido algo como aquello. Quizá era una muestra de lo mucho que el Dragón Amarillo confiaba en él en realidad. Resultaba reconfortante encontrarse con una cara conocida sin importar cuántas nuevas vidas tuviera. En el fondo, Lui tuvo que reconocer que había echado de menos a Zeno después de que este último acabara en paradero desconocido con rumores y mitos poco esperanzadores acerca de cómo se había lanzado al espacio-tiempo para perderse en el flujo del tiempo mismo. Lui sabía que Zeno era muy capaz de hacer eso, de intentar borrarse de toda posible existencia.
El Dragón Amarillo era el único que de verdad ansiaba la muerte.
- «Así que el Dragón del Arcoíris, eh». – Pensó Shirosagi con los ojos cerrados. La luz del sol aún entraba por la ventana que él había tapado. Estas horas de viaje le estaban sirviendo para bien. – «Me pregunto qué clase de persona será...».
Zeno no le había dado ninguna pista, dado que tampoco era capaz de visualizar a cada nuevo dragón en su nueva vida con una envoltura humana. Él simplemente percibía a los dragones, sin importar la distancia. Por eso le había dicho aquello. Probablemente ese nuevo dragón se hallaría en Japón, y como él era el único que se dirigía precisamente hacia allí, era al que le tocaba encontrarlo. Pero total, la pereza la tenía igual. ¿Cómo se suponía que iba a encontrar a alguien con lo grande que era Japón? A lo mejor por eso Zeno le recomendó tomarse su tiempo para ello. Aunque tampoco es como si pudiera anunciar por su país de origen que se buscaban dragones, como si eso fuera a funcionar. Hasta para él parecía una auténtica gilipollez.
Japón le recibió con el frío típico de Hokkaido, su tierra natal. Era bien entrada la noche, y unas pocas luces se veían más allá del aeropuerto. Cuando Lui salió de allí tras cruzarlo de punta a punta, tuvo sentimientos muy encontrados en aquellos instantes. Contuvo el aire que respiró unos instantes en sus pulmones, contemplando el gélido paisaje cubierto por la cortina de nieve en forma de ventisca. Se sintió en casa, pero, al mismo tiempo, fue como si hubiera pasado una eternidad. A medida que caminaba hacia la casa de sus tíos, Lui miraba su alrededor.
Eran las mismas calles angostas y largas en las que creció correteando siendo un niño. Las mismas que le enseñaron cómo tratar con los abusones de toda la vida. Ahora estaban desiertas, como marcando una ancha distancia en aquel tiempo de su infancia.
- Estoy en casa... - Se dijo a sí mismo. El vaho salió de su boca en forma de vapor que se perdió en el aire frío.
Hokkaido no siempre tenía este paisaje hostil y lleno de nieve por todas partes. Pero sí que era cierto que en esta zona del mundo resultaba muy fácil para que las temperaturas bajaran más allá del cero. Lui sólo necesitaba de su abrigo para seguir avanzando hasta llegar a su hogar. Sus tíos pronto le recibieron muy contentos, sobre todo después de verle llegar de una sola pieza. En aquel calor familiar, Lui echó de menos a su madre que trabajaba junto a Endou Kuroda, el padre de Cristina. A veces el mundo era muy pequeño.
- ¿Cariño? – Su tía se acercó a él. – Sé que el viaje se te habrá hecho largo. Por eso he preparado un baño caliente para ti.
- Muchas gracias, tía Sakura. Perdonad por no haber avisado antes.
- No te preocupes. Lo importante es que has llegado. – Ella sonrió antes de darle un abrazo. – Recuerda que nosotros siempre estaremos aquí para lo que necesites.
- Sí, vale. Lo tendré en cuenta.
- Espero que disfrutes del baño. Tómate tu tiempo, ¿de acuerdo? Aún tengo que hacer la cena.
Lui asintió y dejó que la mujer se fuera. Su tía Sakura era quizá la persona más cariñosa que él conocía. Y ahora mismo, agradecía los gestos de cariño que le daba. Parte de los sentimientos con los que cargaba de alguna manera se le hacían como insoportables pero soportables al mismo tiempo y era confuso para él. Su cabeza estaba demasiado calmada para lo que acostumbraba. ¿Sería cosa del carácter pausado y pacífico de Hokkaido? ¿o tal vez era el clima con el que le había recibido?
El agua caliente de la bañera le protegió de las gélidas temperaturas del exterior. La calma que se respiraba en el ambiente no le resultaba muy normal. Lui miraba la pequeña rendija que dejaba salir el vapor hacia afuera. Era de noche, y podía ver las estrellas en el cielo nocturno. Cerró los ojos y echó un pesado suspiro, hundiendo su barbilla y sus labios en el agua.
- «Es como si nada hubiera ocurrido... todo es tan... todo sigue igual que antes aquí en casa», pensaba. Frunció el ceño, sintiéndose no sabiendo si triste, enfadado o frustrado. Muchas emociones habitaban en su corazón ahora mismo. – «Esto no es lo que yo había esperado. ¿Qué se supone que tengo que hacer?».
Por debajo del agua, Lui abrazó sus piernas. De repente se sintió inseguro. Todo estaba en calma, demasiado para su gusto. Y no era capaz de entender el motivo. Se encontraba en casa con su familia, con sus tíos, los cuales le habían recibido con los brazos abiertos dándole el espacio que ellos sabían que él necesitaba. Su tía Sakura se esmeraba por hacerle sentir bien, hacerle sentir cómodo y respetar los momentos en los que quería estar solo y tener su espacio. Y su tío solía intentar animarle, darle consejos. Y, al pensar en él, a Lui le invadieron las dudas.
- «¿Debería contarle lo que ha sucedido? Pfff, como si fuera a creérselo. A cualquiera que le parecería un cuento chino». Pensaba frustrado. «Pero, si he vuelto... ¿por qué me siento así? Es como si... estuviera en tierra de nadie».
Eran sentimientos confusos. Estaba feliz por haber regresado con sus tíos, a pesar de echar de menos a su madre que seguía trabajando junto a los Kuroda. Pero, una parte de él no se sentía capaz de permanecer aquí. Sus pensamientos volvían una y otra vez a España, con Free, con Valt... con Zeno. Es como si después de haber pasado por tantas cosas no fuera capaz de relajarse y mucho menos estar lejos de esos dos. Y por un lado se alegraba mucho de haberse reencontrado con Zeno, y ahora se apenaba el no haber podido pasar más tiempo con él.
- «Zeno cuidará bien de Valt, pero entonces... ¿por qué me sigo preocupando?», se llevó las manos a la cara. – Esto no tiene sentido...
Siguió sintiéndose de esa forma extraña incluso durante y después de la cena. Se limitaba bastante a escuchar las anécdotas de su tía Sakura, y cómo avergonzaba a su tío Ashiketoku por algunos despistes que el hombre solía tener. Fue gracias a ellos dos que para Lui aquello se le hizo muy ameno y ligero, teniendo la cabeza tan cargada de cosas. Sakura pareció percibirlo, así que le recomendó ir a descansar. Lui se sorprendía de cómo su tía cuidaba de él, habiendo preparado previamente su habitación mientras dejaba que la cena se hiciera, aprovechando que él se había estado dando un baño.
Su tía Sakura era una mujer trabajadora, y entregada a la familia. Era una leona mimosa, hasta que le tocaba sacar las garras y los colmillos. Siempre era mejor no hacerla enfadar. Aunque claro, eso no sorprendía mucho a Lui. Las mujeres de su familia eran todas de armas tomar. Y le había tocado heredar ese tipo de carácter que resultaba agresivo a simple vista. Si algo diferenciaba a su familia de las del resto, era que aquí las mujeres eran las que decidían. Por eso su tío no solía llevarle mucho la contraria salvo cuando era necesario. Aunque Lui ya había visto que, en líneas generales, sus tíos eran una pareja feliz que, pese a las típicas discusiones de la vida, acababan haciendo las paces. Ashiketoku era como un oso amoroso con su esposa. Ambos estaban muy unidos, y eso se notaba.
Lui suspiró una vez se tumbó en su cama. Era un futón de lo más cómodo y calentito. Y no era para menos, pues en Hokkaido abrigarse era una norma. Y Lui adoraba el frío, pero por ello odiaba el calor más que ninguna otra persona. Intentó conciliar el sueño en medio de la oscura habitación. La ventisca que le recibió previamente al llegar a Hokkaido había amainado, pero todavía había algunas nubes que cubrían el cielo nocturno. Lo único que quedó remanente fue la baja temperatura.
Empezó a dar vueltas por la cama, tratando de coger el sueño. Pero justo cuando se relajaba y cerraba los ojos, aparecía la figura de Phi con aquella horrible sonrisa en el rostro, y riéndose de una forma tan escalofriante que le helaba hasta la sangre. Acababa despertándose cuando a su cabeza venía el recuerdo de la batalla que tuvo contra él en Japón cuando tuvo la osadía de meterse con su equipo de beyblade. Se quedó sentado en el futón, respirando muy agitado y con el sudor cubriéndole. Miró por la ventana, con los ojos bien abiertos al ser presa del miedo.
«Trata de centrarte en tu entrenamiento espiritual, Odahviin. Hay cosas que debes resolver contigo mismo».
Cerró la mirada cuando las palabras de Zeno acudieron a su mente. Gracias a eso logró tranquilizarse un poco, antes de contemplar sus manos temblorosas. Entrecerró los ojos, comprendiendo en ese momento lo que realmente ocurría. Había pasado por tanto que hasta había ignorado cómo eso le pasaba factura. Era posible que incluso él tuviera estrés postraumático. Habían sido muchas cosas, pero quizá, la que más le afectaba, era la experiencia que tuvo al enfrentarse a Phi y estar a las puertas de la muerte. Zeno parecía haberse dado cuenta de que aquello era lo que más le carcomía por dentro, mucho antes de que el propio Lui fuera capaz de verlo con tanta claridad como ahora.
- Así que de esto se trata el entrenamiento espiritual, eh... - Dijo, suspirando. Se sintió más tranquilo. Entonces bajó la cabeza. – Tú siempre percatándote de todo antes que nadie, ¿verdad... Zeno? - Y dirigió su vista de nuevo hacia la ventana. – Valt... ¿cómo te estará yendo todo a ti?
Tras un rato de estar sentado, Lui volvió a tumbarse. A ver si lograba dormir, aunque tenía toda la pinta de que iba a ser una noche difícil para él.
Chapter 99: Introspección
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De pasar a estar acompañado a estar solo de esta manera fue un cambio que a Valt no le gustó. Incluso pasados varios días, el muchacho trató de mantenerse ocupado en la medida de lo posible a pesar de que Cristina se mostraba preocupada por esa actitud. Ella de vez en cuando buscaba respuestas preguntándole a Zeno, pero el rubio nunca dejaba nada en claro salvo que Valt debía de adaptarse a la situación. En el BC Sol se respiraba mucha calma. Algunos como los Cinco Grandes habían vuelto a sus países de origen. Pero para Valt su normalidad todavía estaba lejos de regresar. Sin Lui y sin Free... se le hacía hasta complicado conciliar el sueño sin tener pesadillas en las que Phi iba incluido.
Esa misma noche, Valt salió de su habitación. Por la ausencia de Free, no se veía capaz de ir al cuarto del rubio. Huía de todo estímulo que pudiera recordarle a él o a Lui, ya que, de lo contrario, sería capaz de hacer lo que hizo en su momento yendo a Japón sin avisar a Cristina siquiera e ir a buscar a sus dos compañeros. No le gustaba estar solo. Nunca le había gustado. Él no estaba hecho para eso. Prefería rodearse de gente.
- Parece que no puedes dormir. – Una voz le sacó de sus pensamientos. Al alzar su mirada castaña, se encontró con una azul.
Valt reconoció a Zeno, y no puso buena cara. Todavía estaba molesto con él.
- ¿Y eso qué te importa? – Contestó de malas maneras. – Lo que yo haga no es asunto tuyo.
- Escucha, señor Valt... sé que te sientes enfadado conmigo por lo que ha sucedido y...
- ¡¿Cómo no voy a estar enfadado?! – Le interrumpió, alzando la voz. – Desde que has llegado no han parado de haber cambios en mi vida. Primero Free coge y se larga sin más quién sabe a dónde, ¡Ni siquiera sin decirle nada a nadie! Y luego es Lui quien decide volver a Japón sólo porque a ti se te ocurre la brillante idea de que separarnos es la mejor opción. Por si fuera poco, decides quedarte aquí, en el BC Sol, como si no hubiera más sitios. ¡¿Quieres que continúe?!
Zeno contempló al muchacho en silencio, permitiendo que Valt desahogara parte de esa rabia que mostraba. El rubio se mantuvo tranquilo, entendiendo el punto de vista de Valt. Y entonces, esbozó una pequeña sonrisa que desconcertó por completo al pelinegro.
- Ese no es el auténtico problema, ¿verdad? – Zeno habló con calma. – Tu problema es que no sabes estar solo. – Valt abrió los ojos al oír eso. Menuda clavada. – Si me he quedado aquí es precisamente para ayudarte a trabajar en tu lado espiritual.
- Lado espiritual, lado espiritual, lado espiritual – repetía Valt, aún frustrado. - ¿Qué se supone que significa eso exactamente?
- Significa que debes empezar a deshacerte de todo ese apego que sientes hacia tu entorno y a la gente de tu entorno.
- ¿Apego? ¿En serio? – Usó un tono irónico en la voz. - ¿Me estás queriendo decir que el amor que yo siento en realidad es apego?
- Sí. – Zeno se atrevió a contestar con total sinceridad. Valt se sintió ofendido.
- No me lo puedo creer. Esto no me está pasando.
- Señor Valt...
- ¡Ni señor ni hostias! – Alzó la voz enseguida. - ¡¿Quién te has creído que eres para venir y soltarme todo eso, eh?!
Zeno cerró los ojos y suspiró.
- Sígueme. Hablemos de esto en otra parte. Aquí despertaremos a los demás.
- Cht, como sea.
Valt siguió al rubio. No iba a dar media vuelta y volver a su habitación como si nada. Total, dormir no iba a poder, y menos ahora. No soportaba la idea de que viniera alguien, quien fuera, y le dijera que sus sentimientos no eran más que apego. Lo que él sintiera o no era una cuestión suya, de nadie más. Pero parecía que Zeno tenía otros planes. Zeno parecía dispuesto a entrometerse incluso en los asuntos más personales de su vida, y a Valt pensar en esa posibilidad le hacía enfadarse todavía más. Casi que su idea loca de ir a por Lui y buscar a Free le resultaba más atractiva que quedarse a escuchar lo que tuviera que decir un tipo como el Dragón Amarillo.
El silencio y la calma gobernaban el entorno de fuera del edificio. Valt contempló la luna llena y, por algún motivo, volvió a acordarse de Lui. Nunca antes le había echado tan de menos como ahora, aunque fuera sólo para oír sus insultos y sus protestas. A fin de cuentas, los dos habían compartido mucho tiempo juntos, y se habían apoyado y protegido el uno al otro en momentos tanto peligrosos como difíciles. Como cuando Free estuvo en la UCI porque decidió encontrarse con la muerte, un recuerdo que a Valt le seguía pareciendo terrible. Seguía teniendo pesadillas por eso también.
Venir al bosque le hizo sentirse un poco más en calma, básicamente porque este lugar estaba impregnado con la energía de Free. Eso le hacía tener la sensación de estar junto al rubio, a pesar de que no estuviera físicamente presente. El bosque, desde que llegó por primera vez al BC Sol, tenía un algo que lo hacía diferente... y especial. Siguiendo a Zeno, llegó hasta un lago, pero no era el mismo lago en el que Free solía meditar. El monte era tan grande que poseía una gran variedad de rincones y lugares en los que estar: los ríos, o los pequeños riachuelos, formaciones rocosas como pequeñas montañas y cascadas... era un lugar muy rico en su propio ecosistema.
- ¿Has estado aquí todos estos días? – Preguntó Valt, rompiendo el silencio.
- Sí. Es importante mantenerse en contacto con la naturaleza.
- Y... ¿por qué razón eres el Dragón Amarillo?
- Bueno – Zeno suspiró. – Eso es una historia muy larga, señor Valt. No estoy aquí para que nos centremos en mí sino en ti.
- ¿Sabes? Esa no es una buena manera de que confíe en ti. Me has estado mintiendo desde que te conocí.
- En realidad no.
- En realidad sí. – Protestó. – Admítelo.
- No puedo admitir algo que no es cierto. – Le miró de reojo. – Te dije que me llamaba Amarillo, pero Amarillo es sólo una parte de mi nombre como el Dragón Amarillo. Si lo piensas, verás que tiene bastante sentido.
- ¿Y por qué no simplemente optaste por decirme tu nombre real?
- Aunque no lo creas, hay oídos y ojos que están donde no se les puede ver ni oír. – Valt arqueó una ceja. – Hasta este momento, era mejor que mi identidad no fuera conocida.
Zeno se detuvo cerca de la orilla del lago. Valt se quedó como a un metro de distancia de él, mirando de un lado a otro, tratando de entender por qué el rubio le había traído a este lugar. El agua fluía de forma natural por aquel lago, seguramente gracias a algunas vías subacuáticas que no podían ser vistas desde la superficie en la que estaban ellos. Valt descubrió, al mirar el suelo, que Zeno iba descalzo. ¿Dónde tendría sus zapatos? ¿y por qué no los usaba? Este tío era un misterio andante.
- Antes que nada – hablaba Zeno, de espaldas a Valt. – Me gustaría decirte que estoy aquí para ayudarte. Pero para eso necesito preguntarte una cosa, señor Valt.
- ¿Qué es? – Observó cómo el rubio se giraba. Valt tuvo la sensación de que esos ojos azules, en esa expresión tan vastamente comprensiva y cálida, eran capaces de verle hasta el alma. Se sintió... expuesto. Era una sensación muy extraña.
- Eres la nueva vida del Dragón Rojo, Voslaarum. Dime, ¿has tenido contacto con tus vidas pasadas?
- ¿Eh?
Aquello era algo nuevo. ¿Vidas pasadas? Se repetía Valt mentalmente. Nunca había pensado en una cosa así. De hecho, ni siquiera creyó en que eso existiría. Se había preocupado tanto por resolver los problemas con los que estuvo lidiando junto a Lui que no tuvo tiempo a analizar ese tipo de ideas. Miró sus manos, desconcertado. Para Zeno, aquella reacción fue más que suficiente.
- Ni siquiera sabes de lo que estoy hablando, ¿verdad?
- Eh, es que... bueno, verás...
- Está bien. No necesitas explicármelo. – Zeno cerró sus ojos. – Has pasado por mucho, así que tiene lógica.
Valt parpadeó. Con esas simples palabras, Zeno le dio a entender que tenía conocimiento de lo que había ocurrido en su vida, pero Valt no sabía desde cuándo. Desde luego que Zeno estaba rodeado de enigmas por todas partes. Él simplemente no encajaba en un parámetro que pudiera considerarse normal. Zeno... se salía precisamente de todo parámetro conocido.
- En los tiempos antiguos, algunos dragones fueron inmortales. – El rubio le devolvió de nuevo a la realidad. Se sentó en el suelo, con un pie encima de la pierna izquierda. La conocida posición del loto medio. – Pero esa inmortalidad les fue retirada con el tiempo. A excepción de dos dragones, para el resto fue obligatorio tener un ciclo de vida y muerte eterno, es decir – alzó sus ojos hacia Valt. – El Samsara.
- ¿Yo pertenezco a esos dragones? – Valt imitó a Zeno, y se sentó delante de él. De repente, los conocimientos que poseía el rubio habían despertado su interés.
- Voslaarum pertenece a la segunda generación de los dragones divinos. Por aquel entonces ya no habían dragones inmortales.
Oír eso hizo que Valt pensara automáticamente en el propio Zeno. Si era el Dragón Amarillo, ¿se suponía que tampoco era inmortal o cómo iba la cosa? Lo que el rubio sabía parecía superar con creces a los propios conocimientos de Odahviin, o sea, Lui.
- Cada dragón ha ido reencarnando en una nueva vida, y cada vida está conectada a las vidas pasadas que haya habido antes. – Contó Zeno. – Para que lo entiendas – le señaló. – Antes de ti existen muchas otras personas cuyo espíritu permanece dentro de ti. Son tus vidas pasadas. Los anteriores Voslaarum.
- Pues... nunca se me pasó por la cabeza algo como eso. ¿Cómo crees que puedo conectarme con mis vidas pasadas?
- Hasta ahora sólo te has preocupado de los problemas que has tenido a lo largo de tu vida. Para hacerlo sencillo: te has centrado sólo en el plano físico, no en lo espiritual. – Contestó. – Pienso que hacer un poco de introspección sería lo más conveniente.
- ¿Intro... qué?
- Introspección. – Repitió. – La capacidad de uno mismo de observar nuestros pensamientos y sentimientos. Es decir... observar nuestro yo interior.
- Eso no suena muy fácil.
- Es cuestión de que te dediques a mirar el mundo que hay dentro de ti. Tu propio universo. Para eso meditar es una buena forma de conseguirlo. Vas a necesitar tiempo para lograrlo y afortunadamente eso es de lo que dispones ahora mismo.
- ¡¿Eeeeeh?! ¡¿Tiene que ser ahora?!
- Sí.
- ¡Pero Zeno...!
- Cuanto antes empieces a trabajar en tu lado espiritual, más preparado estarás para lo que está por llegar. – Dijo. – No te preocupes, señor Valt. Este bosque y yo te ayudaremos.
Eso fue confuso para Valt, quien no pudo hacer más que acceder. Le parecía mentira que el enojo previo que tuvo antes se hubiera calmado tan rápido. A lo mejor era gracias a este sitio, en plena naturaleza. Este bosque siempre había calmado sus emociones más intensas cuando eran negativas. Es como si el propio bosque fuera en sí mismo una entidad inteligente y... espiritual.
A partir de ese día le siguieron otros tantos. Valt venía a menudo al mismo lago para probar de meditar, aunque no fuera realmente lo suyo. Le costaba entender por qué a Free le gustaba tanto y era capaz de pasarse las horas muertas en un mismo lugar, completamente quieto. Zeno intentaba darle consejos, aunque ambos sabían de antemano que meditar iba a costar. Valt se conocía lo suficiente como para no saber que él era la típica persona hiperactiva a la que no podías pedirle que mantuviera el culo quieto. Pero el chico se esforzaba. Zeno no le pedía precisamente que hiciera como Free, sino que simplemente meditara durante cinco minutos e intentara pasar más tiempo meditando de forma progresiva. Y Valt agradeció esa flexibilidad a la hora de hacer las cosas.
Poco a poco la iniciativa de Zeno fue dando resultado. La famosa práctica de los cinco minutos empezaba a dar sus frutos. Valt comenzaba a sentirse más cómodo meditando, aunque al principio fuera sólo para acostumbrarse. Pero los primeros efectos empezaban a notarse en forma de visiones que acudían a su cabeza. No eran visiones de posibles vidas pasadas, sino de situaciones por las que él había pasado... sobre todo las más difíciles, y complicadas a nivel emocional. Valt, pronto reconoció sus bloqueos y empezó a comprender mejor la postura de Zeno por la que le estuvo criticando días atrás al enfadarse con él.
Se sorprendió de lo perspicaz que era el Dragón Amarillo.
- ¿Podrías ayudarme? – Estaba delante del edificio del BC Sol, mirando a Zeno que salía de allí, tras haberle puesto al tanto de la situación en la que se encontraba en estos momentos.
- Sí, a lo mejor podamos resolver qué es lo que te está ocurriendo. – Respondía Zeno, aliviando al joven que mostró una pequeña sonrisa inconsciente que su cuerpo hizo para relajarse. – Ven, vayamos al bosque.
- ¿Otra vez?
- Es mejor hacer este tipo de cosas en un sitio tranquilo donde no haya distracciones. Así tu energía no se verá alterada.
Valt se encogió de hombros y acabó accediendo.
Desde luego el bosque era como un santuario natural. Valt ya notaba el cambio cuando entraba o salía de este paraje tan bien conservado gracias a la familia Kuroda. El monte tranquilizaba sus emociones como si fuera magia. Claramente era por la energía pura que se hallaba presente, y que se escondía a través de la energía remanente de Free que todavía impregnaba cada rincón. Una vez llegaron al lago juntos, Valt decidió acercarse a la orilla del lago y dejando su torso desnudo tras la petición de Zeno, quien sólo tuvo que poner una mano en la espalda del joven y concentrarse un poco. Al pelinegro le tocó esperar.
Aquella sensación extraña que solía sentir cuando se veía observado por los ojos azules de Zeno regresó a él. Fue como si su universo interior estuviera siendo contemplado de una forma suave y progresiva, demostrando así el carácter pacífico de su dueño. La verdad es que a Valt le gustaban los ojos de Zeno, pese a no saber el motivo. Se le hacía algo familiar, como si ya los hubiera visto antes... como si ya hubiera conocido a Zeno en alguna vida pasada.
Pero hasta ahora no había podido contactar con ninguna de sus vidas pasadas.
- ¿Zeno? – Le llamó Valt cuando notó que el aludido se apartaba. Se giró para mirarle. Zeno tenía una cara un poco seria. - ¿Y bien? – Inquirió, inquieto.
- Es lo que yo me temía. – Respondió. – Tienes tanta mugre emocional que tu energía se está bloqueando. No está fluyendo de forma adecuada dentro de ti.
- Uh... ¿debería... asustarme?
- No, pero sí preocuparte. – Respondió tan directamente que Valt abrió los ojos.
- ¿Y qué puedo hacer?
- Abrir tus chakras. De ese modo podrás hacer una mejor introspección de ti mismo y quién sabe – se encogió de hombros. – Puede que eso te ayude a establecer contacto con los Voslaarum anteriores a ti. ¿Te apetece intentarlo?
- Hmm... - Bajó la mirada. - ¿Crees que sea seguro hacerlo?
- Eso dependerá de ti. Yo sólo puedo avisarte de que una vez comiences, tendrás que seguir adelante sin detenerte ya que, de lo contrario, esos chakras abiertos podrían cerrarse de nuevo.
Valt suspiró, poniendo su mano en su pecho.
- Prefiero esperar un poco. No te importa, ¿verdad?
- Claro que no. – Zeno esbozó una sonrisa. – Estoy aquí para enseñarte, pero eres tú quien debe marcar el ritmo. Aún tenemos tiempo, así que no te preocupes. Puedes seguir meditando para seguir con tu introspección. Me quedaré cerca por si necesitas algo.
- Vale. – Asintió viendo cómo el rubio se ponía de pie y se alejaba. – Zeno. – Le llamó, haciendo que el aludido se girara. – Yo... siento mucho lo de antes, ya sabes... cuando pagué contigo mi enfado. No estuvo bien.
Zeno se acercó a Valt y, con una cálida sonrisa en su rostro, puso su mano derecha sobre la cabeza del muchacho que no apartó su mirada de aquella azul que ahora mismo le contemplaba.
- Está bien. No he estado molesto contigo por eso ni una sola vez. – Decía Zeno en voz baja. – Las cosas pasan y uno debe adaptarse. Tú sólo necesitabas de ese tiempo, señor Valt.
- ¿En serio que no estás... enfadado ni un poquito?
- Qué va. Yo nunca sería capaz de enfadarme contigo, señor Valt. Menos aun cuando puedo comprender a la perfección tus sentimientos. Así que tranquilo, por mí no ha habido ningún problema.
Valt suspiró.
- ¿Entonces... sin rencores? – Zeno asintió.
- Trata de no forzar tu meditación, ¿de acuerdo?
Valt asintió y dejó que Zeno se alejara, para dejarle proceder con lo que había estado haciendo estos últimos días. Al menos, Valt sabía que, si le ocurría cualquier cosa, Zeno acudiría enseguida. Eso mejoró su estado de ánimo. Al menos... ya no se sentía tan y tan solo. Aunque Zeno no estaba pendiente de él todo el tiempo, lo cierto es que le ayudaba en lo que realmente necesitaba. Pero superar sus bloqueos emocionales dependía de sí mismo, y no de Zeno.
Era hora de tomarse las cosas con más calma.
Chapter 100: Free Solo
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Contemplaba su reflejo en un espejo roto de unos baños públicos que pudo encontrar. Su rostro estaba lleno de magulladuras y con un buen moratón rodeando su ojo izquierdo. Su cuerpo presentaba las mismas lesiones superficiales con algún que otro corte y la ropa algo rota. Había tenido que abrigarse, dado el clima cambiante del lugar. Creyó que llegar a China sería fácil, y realmente lo fue. Sin embargo, lo complicado era desenvolverse en un país que no conocía. Le habían robado el dinero, y como un completo debilucho, no había sido capaz de mostrar resistencia. Sólo le quedaba su bolsa con la ropa que traía junto a la pequeña caja en la que yacía Fafnir hecho pedazos, literalmente. Desde entonces había dependido de las peleas callejeras organizadas en los suburbios más pobres donde la gente se dedicaba a hacer apuestas. No era lo que ganaba, pero le llegaba para tener algo de comer.
Frunciendo el ceño, Free bajó la mirada mientras se apoyaba en el lavabo. Había caído bajo, muy bajo. Nunca imaginó que tocaría fondo de esta manera en algún punto de su vida. Se sentía miserable y sin esperanza. Su energía no fluía y no era capaz de usarla. Había perdido su conexión con su poder sin que fuera capaz de comprender la causa. La sensación de vulnerabilidad le hacía tener constantes luchas internas consigo mismo y su creciente inseguridad. Si hubiera tenido un móvil o cualquier cosa para poder comunicarse con Cristina... no lo habría dudado dos veces.
Pero estaba solo. Estaba completamente solo.
- ¡Eh! ¡Date prisa ahí dentro! ¡Tengo una emergencia! – Alguien golpeaba la puerta bloqueada por un pestillo de seguridad. Free se asustó, mirando hacia atrás. Echó un suspiro y decidió acercarse para abrir.
- Todo tuyo.
Y simplemente se alejó de allí. Había una pequeña neblina que hoy cubría la ciudad de Guilin en la que él se encontraba. No era capaz de leer chino, dado que tampoco lo había estudiado así que eso le hacía estar muy perdido... más de lo que ya estaba. No se sentía como él mismo. De hecho, es como si se hubiese perdido a sí mismo, incluyendo su identidad como tal. Había ido de mal en peor desde que se dio cuenta de su desconexión con su poder y su energía interior. Era vulnerable y una presa fácil. Quizá por eso le agredieron para robarle el dinero. Nunca antes fue tan terrible dormir a la intemperie.
Miedo. Esa primaria emoción del ser humano era lo que ahora dominaba y resumía su vida.
Y conforme caminaba por aquella larga y ancha calle a esas horas del anochecer, esa escalofriante sensación de ser observado regresó a él. Free miró de un lado a otro, hasta encontrarse con una versión de sí mismo a varios metros de su persona. Free retrocedió, asustándose. Pero intentar huir era sólo un motivo para que aquel fantasma le persiguiera, como siempre lo hacía. Un fantasma que, al contrario que él, le atacaba con energía que le resultaba completamente real. Acabó cayendo al suelo tras recibir la primera oleada de energía, antes de poder evadir otra ráfaga.
- ¡¡Déjame en paz!! – Gritó, dándole una patada a un cubo de la basura que rodó lejos de su alcance haciendo ruido.
- Eh, muchacho – una anciana se acercó a él. - ¿Estás bien? ¿Necesitas que llame a un médico?
Free se percató de que varias personas le habían estado mirando, murmurando. Al parecer le tomaban por un desquiciado mental, o directamente creían que se había vuelto loco. Ambas cosas encajaban bastante bien en su cabeza desde su punto de vista. No había orden ni paz en su cabeza, por no hablar de sus emociones... ese tipo de alucinaciones de aquel fantasma eran constantes, y por las noches, eran las pesadillas en las que Phi aparecía las que no le dejaban dormir. Por eso tenía unas ojeras tan horribles. Nada más mirarle, cualquiera podía ver que él tenía un serio problema.
- No. Estoy bien. No necesito ayuda. – Free no comprendió qué era lo que esa mujer quería decirle, pero sus intenciones eran evidentes. Cogió la bolsa que había terminado en el suelo y se fue de allí.
Aquellas personas siguieron observándole mientras el muchacho se alejaba. Algunas se miraron entre sí mientras un par de ellas se encogían de hombros.
- ¿Deberíamos ayudarle? – Preguntó un hombre joven. – Tiene un aspecto terrible.
- Yan-Yan ya se ha ofrecido para echarle una mano, pero se ve que no quiere. – Otro hombre con barriga cervecera alzó ligeramente las manos.
- Pobre muchacho – suspiró la aludida, bien entrada en años. – Debe estar pasando por algo muy malo.
- Venga, Yan-Yan, volvamos a casa.
- Sí.
Free continuó caminando por la calle. El miedo se reflejaba en sus ojos oscuros. Ahora mismo sólo buscaba huir, tratando de no pensar. Desafortunadamente, eso no siempre funcionaba. Su mente era toda una experta en recordarle sus problemas, sus errores, sus frustraciones y... todos esos «sus» que él prefería olvidar. De repente, es como si todos sus miedos se hubieran convertido en auténticos demonios que disfrutaban de su sufrimiento. Se acordaba de las veces que llegó a ser herido tanto en el colegio por los abusones al defender a Cristina, o en el beyblade cuando conoció a Fayna por primera vez y acabó en el hospital por su culpa. Ese fue quizá el momento en el que más miedo sintió después de perder a sus padres, algo de lo que también era capaz de acordarse.
Se tuvo que apoyar en una farola cuando la ansiedad salió a flote. Su cuerpo ya le había estado dando señales a través de los temblores y la taquicardia que empeoró con su hiperventilación. El sudor fue lo próximo que se hizo presente a medida que los recuerdos pasaban por su mente como si realmente los estuviera reviviendo. La crueldad de Fayna en aquellos tiempos oscuros del beyblade mantenidos a causa de las generaciones anteriores que les habían dejado un futuro como aquel en ese entonces. Su cuerpo todavía se acordaba de aquel dolor, y, de alguna manera, es como si todavía creyera estar pasando por aquello sin importar los años transcurridos.
Mirando a su derecha, abrió los ojos cuando reconoció el coche rojo destrozado en el accidente de tráfico que sufrió siendo un niño. Vio a sus padres en la parte delantera, muertos por el potente choque, dejándole a él como el único superviviente. Sus piernas temblaron tanto que no fueron capaces de sostener su cuerpo por más tiempo. Y, al mirar a su izquierda, se encontró con la escena en la que luchó contra Phi y lanzó aquel relámpago que le dio de lleno a Valt.
Retrocedió como pudo con los pies, intentando alejarse de todo aquello que continuaba reviviendo una y otra vez como una interminable película que se repetía sin parar. Acabó cogiendo la bolsa y, tropezándose, obligó a su cuerpo a levantarse para salir corriendo. Se chocó con algunas personas en el proceso, a las cuales empujaba llevado por el pánico. Pero, al acercarse a un puente con el río Li debajo, otra de sus visiones se hacía presente al presenciar cómo Abzu salía del agua y se veía a sí mismo siendo atacado por ella para sentenciarle a una muerte segura. A esa muerte a la que él decidió entregarse al reflexionar los días previos a ese encuentro. ¿Por qué su mente le atormentaba con ese momento? ¿Qué es lo que sucedía dentro de su cabeza? Algo iba mal... MUY mal.
Sus pies le frenaron en la tierra firme, paralizado ante lo que presenciaban sus ojos. Ver la figura de Phi y su rostro sonriendo con aquella maligna expresión no le ayudó. No pudo moverse cuando vio al blader aproximarse a él y extender su mano con toda la intención de querer hacerle daño.
- Tu era ha terminado aquí, Dovahkiin – escuchó, pese a ser sólo una alucinación que, no obstante, era muy real para él.
Abrió los ojos, antes de ser capaz de reaccionar gracias al claxon de un coche que por poco no le atropellaba de no ser porque el rubio se apartó a tiempo. Aun así, el sonido y las luces demasiado fuertes del vehículo habían contribuido a empeorar su situación, ya de por sí penosa. Free se acercó a un muro de un edificio cualquiera para apoyarse con la mano izquierda y llevar la derecha a su cabeza, la cual le dolía a horrores. No podía huir de lo que fuera que le estuviera pasando, pero tampoco tenía la fuerza de voluntad para enfrentarse a ello. Su enemigo era invisible. Y era un enemigo al que no había conseguido descubrir todavía. No sabía siquiera a lo que se enfrentaba. Eso complicaba el hecho de saber si lo que le sucedía era o no real, si era algo creado o no por su mente. Ya no se fiaba ni de sí mismo.
Una gentil mano arrugada captó su atención. Estando de rodillas en el suelo, alzó la cabeza y se encontró con la misma anciana de antes, iba acompañada por dos hombres relativamente jóvenes, pero de edades distintas. Uno parecía ser joven, el otro tenía pinta del típico empresario autónomo estresado de toda la vida con esa barba y esa camisa desabrochada en la que asomaba cierta panza que algunos hombres de cuarenta años solían tener ya. Free se sorprendió. ¿Cómo se las había arreglado esta anciana para encontrarle?
- Queremos ayudarte. – Le habló el hombre joven, que, al parecer, hablaba su mismo idioma. Vaya una casualidad. – Ellos son mi abuela y mi padre: Yan-Yan y Jong Ji. – Hizo un ademán.
- Gracias, pero no necesito ayuda – Free desvió la mirada. – Estoy bien.
Los otros tres intercambiaron miradas mientras el muchacho se dedicaba a traducir. Hablaron entre ellos, sin que Free pudiera entender nada. Yan-Yan sujetó su mano derecha, mostrándole una gentil, pero preocupada sonrisa.
- Mi abuela insiste en invitarte a casa. No tienes pinta de encontrarte nada bien. – Free resopló. - ¿Al menos tienes dónde pasar la noche?
- No. – Bajó la cabeza. – Pero, ¿por qué ibais a ayudarme?
- Mi abuela sabe que eres una buena persona y que te está pasando algo muy malo. Ella tiene un sexto sentido para estas cosas. Es como un radar.
Free miró a la mujer.
- Está bien... gracias, supongo. – Dijo, dejando que Jong Ji le ayudara a ponerse de pie.
- Yo me llamo Jong Feng. Mucho gusto. ¿Cuál es tu nombre?
- Free.
Por primera vez en dos semanas tenía un techo en el que dormir. Jong Feng y su familia resultaron ser unas personas muy agradables y hospitalarias. Le dejaron tomarse un baño de agua caliente mientras su ropa se limpiaba. Nunca antes vio su cuerpo tan cubierto de golpes, rasguños, magulladuras y demás lesiones. Contemplaba el agua de la bañera en silencio, y aún con el temor reflejándose en sus ojos. No podía parar de pensar en lo que había sucedido en su vida, y las veces en las que falló cuando todo dependió de él... incluso tomando decisiones drásticas como cuando se entregó a la muerte sin avisar previamente a nadie. Tuvo mucha suerte de regresar a la vida gracias a Akatosh, pero, ¿qué habría sucedido en caso contrario? Probablemente Phi, como la nueva reencarnación de Koslaram, hubiese empezado una era de diez mil años de oscuridad y el mundo habría cambiado radicalmente. Por su culpa, Valt, Lui y todos los demás habían pasado por situaciones terribles que, tal vez, les hubiesen resultado más sencillas si él se hubiese tomado la molestia de contarlo para que todos se organizaran. Pero en el fondo sabía que sus compañeros habrían evitado que él decidiera morir.
La cena fue tranquila, y Jong Feng le enseñó un mapa para explicarle por dónde tenía que ir si deseaba llegar a Yangshuo, la ciudad del sur de China a la que él se dirigía. Free no prestaba mucha atención. Sabía que se acabaría perdiendo tarde o temprano gracias a los letreros chinos que él no sería capaz de comprender... como hasta ahora. Y, llegada la hora de dormir, de nuevo las pesadillas le impidieron conciliar el sueño, interrumpiendo su descanso. Free se despertaba agitado y algo sudado. Para cuando se quiso dar cuenta, ya era de día.
Yan-Yan le había preparado bastante comida para que tuviera un viaje más ameno y sencillo sin tener que preocuparse por el dinero. Free lo agradeció, aceptando el abrazo de aquella mujer. Jong Ji le había entregado una chaqueta verde con capucha que Free decidió ponerse para cubrirse, de ese modo la gente no le reconocería tan fácilmente. Sólo desayunó un poco antes de despedirse de la familia y de Jong Feng. Ahora todo dependía de él.
La falta de dinero no le dejó comprar un billete para ir a Yangshuo en tren, Free se vio obligado a ir a pie. Y la forma más segura era a través de las montañas. O al menos, esa fue su idea. Total, si durante estas dos últimas semanas habría sobrevivido con tan poco, dudaba mucho que fuera a ser peor en aquellos parajes salvajes y desconocidos para él. Eso era mucho mejor que perderse en un lugar repleto de gente donde podía ser asaltado de nuevo como la vez anterior. Sin dinero, lo único que le quedaba de valor era Fafnir. Luego tenía la comida que, sabía él, tendría que aprender a administrar para no quedarse sin.
Pero el camino resultó ser peor de lo esperado.
Adentrándose en medio de las montañas, su mente volvía a hacer de las suyas. Resbalando, acabó en una zona pantanosa debido a la humedad del territorio en el que abundaba el agua gracias al río Li y otros pequeños riachuelos que cruzaban las montañas. Free abrió los ojos cuando reconoció a ese fantasma que llevaba acosándole desde que había comenzado a estar en desbalance consigo mismo, a partir del momento en el que Phi optó por desgastarle mentalmente con cada encuentro. Desde luego le había funcionado esa estrategia.
- Tú no eres real. – Se puso de pie. – Sólo estás en mi mente.
Vio cómo aquel fantasma de ojos brillantes abría muy sutilmente los ojos antes de comenzar a atacarle. Gritando, Free comenzó a correr, huyendo. Pronto se supo perseguido por aquel acosador que no dejaba de ser él mismo. Era una lucha consigo mismo, esa persona que fue en el pasado y que todavía seguía en su mente como el peor de los demonios a los que no deseaba enfrentarse, sin querer encontrar la razón al por qué. Lo único que le pedía el cuerpo era huir. Era su instinto de supervivencia, y su agudo estrés lo que le hacían actuar de esa forma irracional.
Acabó cayendo al suelo, rodando de forma violenta. Pero fue capaz de recuperar su bolsa. Sin embargo, al intentar avanzar, se frenó de golpe cuando vio la figura de sus padres cubiertos de sangre y con serias heridas.
- ¿Por qué nos abandonaste, Free?
- ¡Tuviste que quedarte con nosotros!
Fue como una película de terror que experimentaba en carne y hueso. Free retrocedió, a pesar de estar manchándose con el barro. Giró su cabeza cuando percibió cómo ese fantasma le alcanzaba. Free respiraba agitado, poniéndose de pie para salir corriendo una vez más, tratando de no mirar hacia atrás mientras oía los gritos de sus padres, los que él una vez tuvo. Más lo único que hacía era adentrarse en las montañas sin tener ni idea de hacia dónde iba. Simplemente corría. Para él su vida dependía de ello.
Esquivaba las ráfagas como podía, aunque algunas le daban, tirándole al suelo. Afortunadamente era capaz de seguir levantándose para alejarse de allí todo cuanto pudiera. Alcanzó una gruesa liana con sus manos para ir más deprisa, sin embargo, una garra le sujetó con fuerza. Free se agarró, intentando subir, evitando caer a medida que la liana se iba rompiendo. El muchacho sudaba como nunca, presa del pánico. Miraba hacia atrás, viendo a esa versión de sí mismo seguir tirando de él con la liana incluida por la que se sujetaba el rubio, quien acabó cayendo hacia abajo desde una altura importante cuando la liana finalmente cedió.
- ¡No...! ¡¡AYUDA!! – Gritó desesperado, hasta perder el conocimiento por el golpetazo que se llevó.
Al abrir los ojos necesitó unos momentos para situarse debido a su vista borrosa. Reconoció un techo de madera, y un olor extraño provenir de algún lugar muy cerca de él. Se fue reincorporando, llevándose la mano a la cabeza y quejándose levemente. Entonces, se percató de que se encontraba en un futon, el que probablemente le habría proporcionado un buen descanso hasta despertarse. Pero aquello le sorprendió.
- ¿Ya te sientes mejor? – La voz de una mujer llegó hasta sus oídos. Parecía una especie de templo chiquitín, muy pequeño, lo justo para que viviera una persona ahí.
Free movió sus ojos hasta ver a una persona de prendas budistas, completamente calva dada la tradición de esta religión. Esa persona removía con una cuchara de madera un caldo puesto en un pequeño fuego.
- ¿Qué ha pasado? – Preguntó, al ver que su interlocutora hablaba su mismo idioma. Eso ya no era una casualidad. - ¿Dónde estoy?
- Fuiste encontrado a medio camino de las montañas, colina arriba. Tuviste suerte. Nadie pasa por allí.
- Ugg... - Cerró sus ojos por el dolor de cabeza. Fue algo breve. – Un conocido mío me dijo que debía ir a Yangshuo para conocer una gurú.
- Yanshuo queda a varios kilómetros de aquí. La verdad es que ibas en dirección contraria. Pero dime, ¿qué te trae por estos parajes?
- He venido a recibir ayuda espiritual. Me hablaron de una mujer que podría echarme una mano. Tal vez... ¿se trate de ti?
- Quién sabe. Puede que sea yo. Si tus instintos como Dovahkiin te han traído hasta aquí, entonces deberías hacerles caso.
- Espera, ¿me reconoces?
- En una manera de hablar. Fuimos muy cercanos cuando eras niño.
Free se puso de pie, abandonando el futon. Entonces se acercó a esa mujer que se giró, mirándole con aquellos ojos azules. El muchacho reconoció aquel rostro, afectado por el paso de los años. Abrió sus ojos oscuros que dejaron caer lágrimas.
- No puede ser... ¿abuela Dafne? – Habló en voz baja. Ella se rio con las manos en la espalda.
- Encantada de volver a verte, Free. Y bienvenido a China. Espero que estés listo para tu entrenamiento espiritual.
FIN
