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Al principio fue solo una cita.
Algo tierno que habían planeado para pasar el rato. Tiago se había tendido en la suave y larga hierba con animosidad, detallando el bello atardecer con el que se despedía la luz del sol de aquel día. Augusto a su lado, estaba tranquilo, feliz de ver a su novio más relajado después de las semanas estresantes que había tenido por su trabajo.
Había hecho bien en proponer una escapada al monte, lejos del bullicio de la ciudad y los problemas. Solo sería esa noche, sin embargo, pues la cita consistía sencillamente en admirar las estrellas en compañía. Algo cliché y romántico, justo al estilo de ellos.
—Que lugar tan lindo— comentó Tiago, fascinado. Estaban en un campo de flores, perfecto para la actividad que iban a realizar más tarde. Augusto asintió, sonriendo.
— Morgana e eu o encontramos um dia quando estávamos andando por aqui. — dijo el rubio, tomando una galleta que había traído para comer mientras, en un pequeño picnic — Eu soube imediatamente que você amaria —
—aww, que romántico— Tiago soltó unas risas, avergonzado. Sus ojos abandonaron el sol poniente a su frente solo para encarar a Augusto, quien directamente bajo los rayos dorados del astro, parecía una aparición a ojos del moreno.
Los cabellos de aquel rubio brillante ahora parecían emanar luz propia, dorada y pura como el oro mismo, y los ojos azules aclarados por la potente luz. Él era un ángel, no tenía otro nombre.
Se quedó admirando en silencio, amándolo en silencio, sin poder retirar su mirada de aquella visión. Augusto no pareció intimidarse por su ella, al contrario, puso sus ojos en él también, detallando de la misma manera aquellos ojos verdes oscurecidos levemente por la luz detrás suya, que enmarca su figura como si de un aura se tratase.
—Gracias— consiguió decir Tiago, casi en automático y sin percibir las palabras hasta que llegaron a sus labios —Por todo… —
Augusto soltó una corta respiración, similar a una risa tímida — Você não precisa me agradecer. Estou feliz que você esteja mais calmo agora .—
Tiago asintió suavemente, aproximándose un poco más a aquel hombre. Su hombre.
—Es difícil pensar en mis problemas cuando tengo a un ángel a mi lado— dijo sin más, sonriendo travieso. Sus palabras hicieron que el rostro del rubio se encendiera furiosamente en un tono rojizo, cosa que se le hizo extremadamente tierna al moreno. No era la primera vez que le decía así, pero siempre lograba sacar una reacción de él con la comparación.
— ay meu deus — Augusto soltó unas risas, apenado y Tiago no pudo evitar reírse también por su reacción, encantado. Ambos rieron alegremente por un rato, y el sol comenzó a abandonar finalmente el cielo.
Sin poder evitarlo, Tiago se animó a tomar las manos de su pareja, que aún estaban sobre su rostro e hizo un suave esfuerzo para tratar de retirarlas. Augusto no se opuso, quedando así una cercanía natural entre sus rostros.
—Por que siempre te apenas cuando te digo angel? No es queja — pregunto suavemente el moreno, realmente curioso y divertido.
Augusto simplemente no podía dejar de sonreír, aprovechando la cercanía para poner su frente sobre la ajena.
— Não sei... Isso me afeta de alguma forma, mas não de uma forma ruim. — admitió, dejando felizmente que Tiago acariciara sus mejillas con sus manos.
El moreno lo admiro en silencio nuevamente, más esta vez se atrevió a cerrar la distancia lentamente para darle un primer beso, que fue correspondido con gusto.
Fueron besos inocentes, cargados de afecto y cariño por el otro que desbordaba en ambos. Augusto se debió varias veces, aprovechando para besar también la frente, la nariz, las mejillas y el mentón de su amado, parando levemente antes de besar su cuello con delicadeza, justo en el centro, donde el tatuaje cubría la larga cicatriz.
Tiago se estremeció ante el contacto, sintiendo su corazón derretir dentro se su pecho. Ese era el lugar más importante para ambos y recibir cariño allí era la expresión más íntima de afecto que tenían.
Augusto se tomó su tiempo en la zona, adorándola como merecía, hasta que volvió al rostro ajeno. Tiago no podía estar más en las nubes en ese momento.
— Te amo — dos simples palabras que cargaban con un peso emocional indecible, musitadas en un tono dulce, intimo. El moreno tuvo que reprimirse para no chillar, incluso a pesar de que no era la primera vez que las escuchaba de esos labios.
—También te amo— susurró de vuelta, honesto, sintiendo que su boca era tomada nuevamente por el rubio a los segundos después.
Y cuando los besos comenzaron a ser un poco más profundos e intensos, Tiago abandonó la incómoda posición en la que estaba para poder sentarse más libremente sobre las piernas ajenas y continuar besándole con animosidad.
Augusto no pareció oponerse a la idea, rodeando la cintura ajena con sus brazos para apegarse más a él, sin abandonar su boca ni por un segundo.
Cuando finalmente se dieron una pausa para respirar, ambos jadeando ligeramente, el rubio llevó una de sus manos a la mejilla ajena, llamando su atención.
— Você quer...? — preguntó simplemente, sonrojado como estaba por los besos calurosos y una sonrisa de medio lado, tímida.
Tiago supo enseguida a qué se refería y asintió con certeza. Se sentía mucho más cómodo en ese momento con las interacciones más íntimas que podían tener, aunque sería la primera vez que intentarían alguna fuera de casa… y mucho más a la intemperie. La idea, lejos de intimidarlo como le hubiera parecido si pensara con la cabeza fría, lo encendia mas de alguna manera.
Tenía certeza de que en ese momento, eso era lo que quería. Quería a Augusto allí.
— Basta me dizer e pararemos, ok? — aseguró Augusto, con su calmada preocupación por los límites de su amado. Tiago no pudo evitar sentirse amado y respetado por esas pequeñas conformaciones de afecto.
—Seguro— el moreno se acercó de nuevo a su boca, devorandola con ansias. Sus piernas se enrollaron en el torso de Augusto, quien volvió a tomarlo de la cintura para mantenerlo lo más cerca posible.
El calor que sentía ahora era indudable, y la fricción entre ambos cuerpos era simplemente gloriosa.
Ansiado por más y mucho mas confiante para dar iniciativa en ese escenario, Tiago se deshizo dolorosamente del abrazo en el que estaban para comenzar a desabotonar torpemente su camisa, siendo auxiliando en los pocos instantes por Augusto, entre suaves risas que mantenían ese ambiente cálido y confortable entre ambos.
Una vez su camisa estuvo abierta, las manos de Augusto encontraron su camino por su torso, sin retirarla realmente. Tiago jadeó, amando la sensación casi fantasmal de aquellos dedos delgados y fríos trazando las líneas de su abdomen y costillas, hasta descender por su ombligo y el camino oscuro de vellos que desaparecía por debajo de su pantalón. Tuvo que contener un gruñido.
— Você é lindo demais — La voz de Augusto le hizo estremecer. Era calmada, pero con ese toque serio que la volvía tan sexy en esas situaciones. Lo volvía loco.
—Gus- — Tiago gimoteo en un tono avergonzado… patético. Los cumplidos siempre sacaban ese lado suave en él que se esforzaba mucho en ocultar para los demás… pero no para Augusto.
El rubio sonrió suavemente, casi de forma inocente y siguió acariciando su cuerpo como si se tratara de una bella estatua, algo que debía ser adorado con el tacto.
Afectado por los tratos y un poco frustrado por estar más expuesto, el moreno decide intentar provocarle también, por lo que con torpeza comienza a mover la parte inferior de su cuerpo contra la ajena, aun pegado al máximo a él por la posición. Pudo sentir como se tensaba el rubio ante el repentino movimiento a través del tacto en su piel.
Su reacción le motivó a seguir moviéndose, de forma torpe que compensaba con su animosidad, logrando sacar un par de sonidos rotos en Augusto.
—Me vas a volver loco— Tiago musitó entre dientes, volviendo a juntar sus labios en otro beso, sin detener por un segundo sus atenciones.
No pasó mucho para que las manos de Augusto se reacomodaran sobre la cintura ajena y le ayudaran a mecerse más libremente sobre él.
Pero era cuando Tiago por fin se había dignado a ayudar a quitar la camisa de Augusto que sintieron las primeras gotas caer.
Cuando menos lo esperaron, comenzó a llover ligeramente, no lo suficiente para mojarles por completo, pero sí para advertirles sobre la necesidad de buscar un techo.
— Ah, espera, Titi, acho que ele é melhor que a gent-... — el rubio nunca pudo terminar esa frase porque fuera de todo pronóstico, Tiago volvió a besarle, pegándose a él obstinadamente.
Todo pensamiento racional en Augusto murió a partir de ese momento y tan solo se dejó llevar.
Y así de rápido como vino la lluvia, ambos ya habían escalado la situación a algo mas candente.
Quizás era la primera vez que Tiago estaba dándose la oportunidad de llevar las cosas a donde quería, cosa que de alguna manera no hacía más que encantar aún más a Augusto. Sin saber cómo y de repente, se encontraba recostado con el moreno aun sentado sobre su torso. Pudo ver su rostro determinado y ansioso mientras se apuraba con su típica torpeza en desabrochar su pantalón. La lluvia comenzaba a caer enserio cuando Tiago comenzó a moverse de nuevo sobre él, ahora con un contacto más directo sobre su miembro, que únicamente se encontraba atrapado todavía por el boxer.
Augusto gimió, viendo como Tiago cubría sin vergüenza alguna su erección con su trasero (ahora también en boxer), movimentandose con naturalidad y decisión. Él también jadeaba, aun con la camisa desabotonada sobre sus hombros, dándole una visión deliciosa al rubio bajo él.
Nunca pensó que ver las gotas de agua comenzando a deslizar por el torso y abdomen desnudos de su novio mientras este parecía animado por montarle iba a ser una visión tan erótica. Jamás pensó que algo así pasaría siquiera, a decir verdad.
Ellos nunca fueron de ese tipo de sexo arriesgado, pero de alguna manera y a pesar de las circunstancia en las que estaba, se seguía sintiendo como algo de ellos.
Algo romantico y erótico a la vez.
— Titi por favor — Augusto lloriqueo, sintiendo que no iba a aguantar mucho de aquella forma. Tiago también pareció de acuerdo con aumentar el nivel, así que antes, sacó un condón que guardaba por precaución en el bolsillo de su pantalón (idea de Rafael) y lo abrió sin muchas dificultades con los dientes.
Todo aquello se sentía irreal. La lluvia caía a su alrededor, la podía sentir deslizándose por su piel ahora empapado, la podía ver sobre el cuerpo todavía vestido de augusto, pegando la ropa a su silueta delgada. Pero muy a pesar del frío ambiente, él se sentía tan caliente que era imposible detenerse ahora.
— Você não precisa que eu te prepare? — preguntó preocupado el rubio, mientras veía como Tiago simplemente sacaba su miembro ya erecto al aire y lo envolvía con aquel plástico.
—N-no hace falta
— Tiago, é necessário.
Tiago soltó un suspiro resignado. Aquello era impropio de él, él casi nunca era del tipo que se apresuraba para tener penetración, pero por alguna razón se encontraba más desesperado ese día. Supuso luego que era por aquel boost de valentía que estaba sintiendo por la situación.
Dejó entonces que el rubio lo guiará a su regazo nuevamente mientras este se erguía para poder quedar sentado, teniendo cuidado en no apoyar el peso de su cuerpo en su pierna mala. Al estar ambos empapados no necesitaron muchos más preparativos, al cabo de los segundos Tiago ya estaba jadeando bajo al sentir la intromisión de aquellos dedos delgados en su interior apretado.
Augusto compensaba perfectamente la molestia dejando besos en su cuello y nuca, movimentandose con cuidadosa rapidez hasta que dejó de sentir tanta resistencia. Tiago gimoteó, algo desesperado.
— Ya está, anda— apresuró, sintiendo escalofríos por el contraste frio de las gotas que aun caían sobre ellos y el calor de su cuerpo junto al de Augusto.
— Você está muito ansioso — El moreno contuvo un gemido lastimero al sentir los dientes del rubio cerrarse sobre su oreja de forma floja pero demasiado tentadora.
— No lo alargues más, Augusto, anda— protestó, elevando un poco más su cuerpo hasta que sintió que su entrada encajaba con el miembro ajeno. — Te quiero ahora. N-no cuestiones, solo hazlo —
Sus palabras fueron como combustible para el más alto, quien sin esperar más tiempo se sumergió en sus carnes, tomando a Tiago de las caderas para controlar su avance. El moreno gimió sin contenerlo, sintiendo tanto alivio como resistencia a pesar de las preparaciones previas.
La lluvia comenzaba a menguar a su alrededor, pero eso era lo que menos les importaba a ambos. No cuando sus cuerpos lograban moverse a un compás tan perfecto. Tiago sentia las gotas caer por su cabello ante las embestidas de su amante; el cuerpo mojado expuesto a la intemperie en aquella batalla interna de frío y calor. Las manos de augusto de aferraban como podían a sus caderas mientras él le montaba de espaldas, jadeando.
Rápidamente se cansó de no verle al rostro, por lo que se detuvo únicamente para girarse, sentándose esta vez de frente a aquel ángel ahora empapado como él, que le veía con aquella mezcla de voracidad y afecto que amaba tanto. Persiguió sus labios hasta alcanzarlos y le besó entre gemidos mientras continuaba moviéndose, perdido en la nebulosa sensación de placer.
No estuvieron mucho rato, fue rápido llegar al climax con una situación así de candente. El moreno sintió el preciso instante en el que Augusto se deshizo entre gimoteos en su interior, y él mismo tampoco pudo aguantar mucho más. Hundió su rostro en el hombro del rubio sentándose por última vez sobre él y quedando estático tras ello.
Ambos se tomaron su tiempo para recomponerse, ahora abrazados y jadeantes. Tiago soltó unas risas, incrédulo ante lo que acababa de suceder.
—Eso fue… wow
— foi bom demais — Augusto soltó unas risas también y lo abrazo por el torso, feliz. El moreno se movió de nuevo únicamente para poder quedar frente al rostro de su amado, sonriente y sonrojado.
— Ay, ahora si me esta dando frío — Tiago se pegó más al cuerpo ajeno al sentir un escalofrío helado acariciando su piel.
—E… A gente va ficar doente…— Agusto se incorporó un poco con dificultad. —É melhor ir embora agora antes que a chuva piore.—
Tiago asintió, saliendo de encima de Augusto para comenzar a vestirse nuevamente.